Todos los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi… la Grande
PADRE SUSTITUTO
Sesshoumaru y su corte van de regreso a la aldea. No desea enfrentar lo que se le viene encima, pero acepta que dio su palabra. Y con todo el honor que posee, cumplirá con ella, así le cueste la vida.
-¿Señor Sesshoumaru?
-Dime, Rin…
-Ahome… ella… ¿como se encontraba cuando usted la dejó en la aldea?
-Inconsciente. Supongo que ya debió volver en sí. Hay que vigilarla.
-¿Usted cuidará de ella?
-Sí
- Esteeee… y… ¿Su brazo… era del Señor Inuyasha?
-Sí… ya no me hagas mas preguntas…
El resto del camino transcurrió silencioso, meditativo uno, interrogante, otros. La cercanía de la aldea se hizo presente con el golpe de olores que llegaron a la sensible nariz del Taiyoukai.
Se había olvidado de Tessaiga.
Sabía que la había dejado en la cabaña donde Ahome. Pero nunca había reflexionado realmente en las implicaciones de la muerte de su dueño…
-Será de su hijo… - "creo que les oí hablar de cachorros… entonces, lo mas seguro es que sean dos… o hasta tres" piensa Sesshoumaru.
Cuando llegan a la aldea, todas las personas que encontraban a su paso, le hacían una reverencia, y le presentaban sus condolencias. Eso lo hizo sentirse verdaderamente extraño. Él no conocía a nadie de éstos humanos. Nadie le conocía la suficiente como para pensar que le dolía…
Vaya que le dolía.
Pero aún con el temor que le tenían, esos ningen se acercaron a él… ¿Qué otra lección habría de aprender?
Ya se encuentran todos frente a la puerta de la cabaña, donde un aroma a hierbas tranquilizantes y lágrimas, llenaban el ambiente. También pudo percibir el olor a sangre, aterrorizándose con la idea de que Ahome hubiese sufrido un aborto. ¿Cómo justificar tal falla ante su hermano?
Entra casi arrancando la cortina que servía de puerta, encontrando, para su total alivio, a Ahome dormida, con su enorme vientre aún ahí, y rodeada por todos los que le querían. Se acerca lo suficiente para olfatearla bien. Es cuando descubre el origen del olor… ella se ha hecho rasguños… en la cara y en los brazos. El monje también ostenta algunos, quizá donde la detuvo…
-Sesshoumaru… -Sango se dirige a él, como si se tratara de un viejo amigo – que bueno que has llegado… ella no está nada bien, y los bebés no se han movido desde ayer…
-Nos gustaría, a ser posible, que la llevaras a su época, creo que necesita ser atendida por los médicos de allá… -Miroku no deja de acariciar la frente sudorosa de Ahome mientras habla- Cuando despertó, tuvo una crisis terrible…
-Te lastimó –no era una pregunta
-No realmente… no sé como va a superar esto… lo importante es que se recupere…
-Ambos estaban tan ilusionados –Kaede habla sin levantar la vista del suelo, su vergüenza es mayor de lo que puede soportar – no puedo creer… ¿Cómo es posible que mi hermana fuera capaz…?
-No sigas… -Sesshoumaru cierra los ojos, en un intento desesperado por olvidar el sufrimiento que le llena – mejor… explíquenme… ¿Cómo puedo llevarla a su época?...
-Inuyasha era el único que podía, además de ella… suponemos que tu también debes poder hacerlo… después de todo, son… eran… -Shippo, pierde la voz, y no puede terminar la frase, anegados sus ojitos en lágrimas. Inuyasha era como un padre para él.
Rin corre hacia el pequeño kitsune, y lo abraza, consolándolo con gran ternura. Trata de ponerse en su lugar… ¿Qué sería de ella sin su querido protector?... desearía morir!
Tras una larga conversación, en que le aclararon todos los detalles de los que ellos estaban enterados, Sesshoumaru se dirige al pozo…solo.
-Pero Sesshoumaru… ¿no te la llevarás contigo? –Pregunta Sango
-Primero debo probar si el pozo me permite pasar… si no es así, no tiene caso que la mueva ahora…
-Oh!
Pero el pozo si le permite el paso. Algo en ello le causa un extraño malestar al Youkai. La esencia de su hermano parece grabada allí a fuego. Regresa sobre sus pasos, y recoge a la joven mujer, para llevarla junto a su familia. Agradece en su interior que los humanos tengan el olfato tan pobre, si no, el aroma podría haberla terminado de trastornar.
Cuando sale del pozo, con ella en brazos, la Señora Higurashi, que aseaba el ya de por sí pulcro patio del templo, lanzó un grito, y se arrojó hacia ellos.
Sesshoumaru se sintió intimidado ante la profunda ansiedad de la dama.
Una vez en la casa, y tras un largo suspiro, le explica a la familia de su cuñada, lo que ha sucedido…
De nuevo, permanece incrédulo ante la reacción de todos. Lloran como si se les hubiera partido el alma en pedazos…
-Pero... ¿Pero como…? – dice la mamá- ¿Cómo.. si… apenas hace unos días estuvieron aquí? Ahh! Pobre de mi niña! Va a ser madre! Y estará sola!
-No… yo estaré con ella – El youkai, que ha descubierto, para su gran consternación, que allí nadie le teme, les mira con firmeza – lo juré… se lo juré a mi hermano…
-Usted… ¿Usted es un youkai, cierto?
-Sí
-¿Es por eso que es tan frío? –La señora le mira tristemente
-¿Hm? –no sabe que responder
-Mi hija necesitará mucho apoyo… por el momento, creo que la llevaremos a la clínica, hay que conocer el estado de los bebés
-Señora… ¿Cómo sabe que se trata de mas de un cachorro?
- Al oírle hablar así, fue como oír a mi yerno… -la señora suspira enternecida- lo sabemos, por que en los estudios salen los dos bebés… no quisieron saber el sexo… tengo las imágenes del ultrasonido… ¿quiere verlas?
-Sí –"¿Ultrasonido? ¿De que rayos habla?"
Souta corre en busca de las fotos, para mostrárselas al cuñado de su hermana. Cuando las entrega, Sesshoumaru nota una mirada anhelante en el chiquillo. Tendría que hablar con él al respecto. Pero sería mas adelante.
La sorpresa al ver las imágenes no tiene igual. Puede distinguir, con un poco de ayuda, las dos figuras, claramente definidas. Su corazón da un vuelco. Esos son sus sobrinos. Llevan su sangre… la sangre de su padre… la sangre de su hermano menor… y esa cosa los dejaba ver claramente.
Ahome despierta atontada… al ver a Sesshomaru, recuerda lo que le ocurre. Su dolor es infinito. Unos brazos tibios y conocidos la acunan suavemente, cantándole una tonadilla infantil. Reconoce el calor de su madre, que de inmediato la reconforta y alivia. Su hermanito también se acerca a ella, rodeándola y colocando su carita en su vientre.
Como los había necesitado.
Poco a poco, con el dulce trato, recupera la calma perdida. Le explican que deben ir al médico, le cuentan de cómo llegó hasta allí. Ella observa a Sesshoumaru… algo en sus ojos ha cambiado. Sigue frío, distante… pero en el fondo de sus pupilas parece haber… ¿dolor?
Ahome resiste el impulso de correr a abrazarlo.
-Debemos salir, Sesshoumaru, por favor, espérenos aquí –le pide la señora
-No, iré con ustedes
- No! con esa ropa llamará demasiado la atención… puede ser un peligro…
-Pero… - no esta acostumbrado a obedecer a nadie
-Por favor, no se preocupe. El lugar a donde vamos esta muy cerca, el taxi ya se encuentra en la puerta, y no tardaremos mucho. Su médico está al tanto de que es un caso urgente, y la atenderá de inmediato…
-No te preocupes, Sesshoumaru… estaré bien… luego arreglaremos lo de tu ropa…
-Hm
Ambas mujeres llegan a la clínica. El médico, informado del trágico deceso del marido de la joven, (se dijo que había sido un accidente en el extranjero… cosa no muy distante de la realidad) que durante los estudios siempre se encontraba presente, la atiende de inmediato, casi saliendo a la puerta de la institución a recibirla. Todo el mundo parece muy preocupado por ella. Tras tomar una muestra de sangre para el laboratorio, es llevada para el chequeo de los bebés.
Los corazones parecen latir apropiadamente. En la imagen del ecograma, aparecen ambos, tranquilos, pero no dormidos. Casi pareciera que están quietos para no molestar a su madre. En cuanto sienten la plaquita del aparato, comienzan a refunfuñar. Siempre ha sido así. Ambas mujeres sonríen.
Vuelven a casa, apenas un par de horas después. En la cima de las escaleras del templo, un muy, pero muy estresado demonio-perro, se pasea incesantemente de un lado a otro, nervioso. Varias veces estuvo tentado a ir tras ellas. Era fácil seguir su rastro. Pero el niño nunca se lo permitió. Siempre aludió al hecho de que su hermana podría sentirse tensa y nerviosa por su presencia, y eso sería malo para los bebés.
¿Los bebés?... él prefería llamarles cachorros… así les había llamado su hermano.
Al fin las divisa, y se tranquiliza, al verlas bajar de esa extraña cosa que habían llamado taxi… a diferencia de Inuyasha, que siempre gruñía amenazador a todas las cosas nuevas que veía en este mundo, él era demasiado digno para ello, así que se limitó a observar… si algo no le daba buena espina, bajaría y lo destrozaría… así de simple.
Observa a Ahome, tomar la mano de su madre, y subir penosamente los primeros escalones. Se sostiene el vientre, como si fuera algo muy pesado, mientras ambas sonríen. El notar las dificultades de la mujer, y la agitación que parece sentir al apenas subir los primeros peldaños, le molesta. Baja de un salto hacia ellas…
- Se- Sesshoumaru! – grita ella cuando es alzada en vilo, y se encuentra de pronto transportada por aire… pero en realidad no se asusta. Su Inuyasha solía hacer lo mismo con demasiada frecuencia – Aghh!
-Tienes demasiados problemas con esos escalones… no es bueno – el Taiyoukai la pega contra sí, una sensación extraña se concentra en su plexo solar…- ¿Qué fue eso?
-Muchas gracias, en realidad si es algo pesado.., ah! Eso! ¿Lo sentiste?... woow! Eres más sensible que Inuyasha! Y con todo y armadura!
-No me has dicho que fue…
La señora Higurashi casi acaba de subir las escaleras, cuando la estampa que le recibe le produce una gran tristeza…
El demonio, con la blanca cabellera idéntica a la que tenía Inuyasha, y un porte muy similar, (Claro que Sesshoumaru emanaba un aura de poder y antigüedad), miraba a su hija con algo muy cercano a la ternura…
-Esos fueron los bebés… se movieron cuando te sintieron…
-¿Se movieron?
-Si... lo mismo hacían cuando Inuyasha estaba cerca…
-Supongo que podían sentir la energía de mi hermano… y ahora sienten la mía, eso es por que son fuertes… -Sesshoumaru no sabe como debe sentirse ante eso- es natural, si llevan la sangre del Gran Inu-no-Taisho…
-También llevan tu sangre… son los hijos de tu hermano… -ella deja salir las lágrimas que le han atenazado durante toda la tarde- los hijos de mi Inuyasha… mi amor….
-Yo…
Literalmente lo salvó la campana. En cuanto vieron a Ahome llorar, todos los miembros de su familia corrieron hacia ella. Así que Sesshoumaru solo observó la forma en que la atendían. Se quedaría esa noche, y las que fueran necesarias, para vigilarla. Estaba seguro que Rin y Jaken serían protegidos por los amigos de la mujer… ese monje, la exterminadora, incluso el kitsune los mantendrían a salvo.
Esa noche, se decidió que Ahome dormiría con su madre. Sesshoumaru quería permanecer en la misma habitación, pero se lo negaron.
-Sesshoumaru… se ha puesto a pensar… ¿que pasaría si durante la noche, ella despierta y lo ve? Su parecido con Inuyasha es impresionante… podría provocarle alguna crisis el solo ver su cabello… -la señora habla con toda la razón…
-Sí, señor… usted se puede quedar en mi habitación… o en la de Ahome… pero es que ése es un cuarto de chica… -le explica Souta
- Permaneceré afuera… es lo mejor… -sale de la casa, y de un salto, se acomoda en el techo, recostándose. – "no creo poder convivir tan de cerca con éstos humanos… Inuyasha! ¿Qué me has hecho?"
En el interior de la casa, la familia Higurashi en pleno, se encuentra reunida en la recámara de la matriarca, escuchando la explicación de Ahome. Quiere que todos entiendan la vida y circunstancias que rodean al Youkai, para que le comprendan y no le molesten.
-Ya debe ser demasiado difícil para él tener que cuidarme… y estar aquí por mí… hay que dejarle ser, y sobre todo, él no es como Inuyasha… el es frío, distante. Su corazón es el de un demonio puro, pero aunque no lo acepte, es muy noble…
-¿Que hizo cuando sintió a los bebés?-pregunta el abuelo
-Oh! Fue muy dulce… me dijo que eran fuertes… como el padre de ellos… sus ojos cambiaron de expresión!
-Es una gran persona, ya que se ha preocupado muchísimo por ti… puedo ver su carácter solitario, pero también me doy cuenta de que algo tiene de Inuyasha en él… -repunta la señora.
-Sí, por eso, hay que evitarle disgustos… ¿oíste Souta?... él no es como Inuyasha… no intentes jugar con él! No lo molestes demasiado!
-Pero… hermana… -Souta luce realmente triste – yo no deseo molestarle…
-hay que darle los menos problemas posibles –sigue Ahome- ya sé que eres muy buen niño, hermanito… pero es que él… me recuerda tanto…
Sesshoumaru escucha toda la plática desde su puesto. Le sorprende el hecho de que a pesar de lo ocurrido, toda esa familia aún tenga cabeza para preocuparse por su comodidad. Sobre todo ella. Pero lo del niño tendría que arreglarlo pronto.
Y había descubierto algo nuevo.
No le molestaba cuidarla… no le causaba una gran alegría, pero tampoco le molestaba…
Escuchó a todos irse a la cama. Poco después, el ritmo de las acompasadas respiraciones de las mujeres y el niño, así como los ahogados ronquidos del anciano, le fueron provocando somnolencia. Claro, una somnolencia parcial, ya que él jamás perdía por completo el sentido…
Cuando el sol era apenas una leve amenaza en el horizonte, se levantó rápidamente para ir a revisar, antes de que despertara, a Ahome. Ella dormía sobre su costado, de espaldas a su madre. Había arrojado lejos las sábanas, obviamente por el calor, y su ropa de dormir no cubría totalmente su cuerpo.
Sesshoumaru vio moverse algo en ella… notó la forma de un bulto que se aventaba con fuerza… luego, del otro lado, otro bultito respondía con la misma intensidad. Casi se asustó… ¿Cómo le hacían para no romper la piel, y salirse?... ella emitió un quejido, y se llevó la mano hacia el lugar donde los bebés se retorcían, para acariciarlos suavemente… rápidamente se tranquilizaron.
¿Alguna vez él vería algo así… de su propia semilla?
Nunca se había puesto a pensar en eso. No le interesaba mucho, en realidad era bastante joven… su padre tuvo a Inuyasha teniendo bastantes siglos de edad… incluso, cuando lo tuvo a él, era bastante mayor de lo que él mismo era ahora.
Era mejor no preocuparse por eso en este momento.
Abandona la habitación, y se acomoda sobre el árbol del tiempo.
Ya tenía bastante con los cachorros de su hermano, y con Náraku aún vivo.
-Los atacará. Sobre todo ahora que la sacerdotisa resucitada ha muerto definitivamente. – se dijo- es natural que quiera tomar el trozo de la perla que ella purifica. Querrá matarla, y con ella… la descendencia de Inuyasha.
-¿Qué piensas? – Ahome lo tomó desprevenido. La había oído llegar, pero no esperó que le hablara- hace rato que estás allá… ¿vienes a desayunar?
-No como alimentos humanos…
- Eso lo sé… Inuyasha me lo dijo hace tiempo… pero, creo que puedes hacer un intento, al menos por mi madre, que desde hace una hora se esta desviviendo preparando comida solo por ti…
-No lo creo…
-Entonces… ¿Qué es lo que comes?
-Humanos… -voltea al cielo con fastidio
-¡¿queeee! –Ahome se lleva una mano a la boca, espantada…
- Quiero decir, que son demasiado curiosos… no tienes por que indagarme nada…
-AY! Casi me infartas del susto! No vuelvas a hacer eso!... y dime… ¿que comes?…
- Esta bien, comeré con ustedes…
-Sesshoumaru…
-¿Que? –el ya se encuentra frente a ella en el suelo. Se le ve tan pequeña, y tan redonda
-Supongo que tu olfato debe ser aún mas fino que el de Inuyasha… y sé que eso te puede dar problemas tratando con nosotros…
-¿Hm?
- Por eso… por favor, si algo así te afectara… no dudes en decírnoslo, incluso con la comida, o con nosotros… haremos lo posible para que tu estancia no sea tan martirizante…
-¿Cómo es esto posible?
-¿Que cosa?
-¿Cómo es posible, que a pesar de todo, te preocupes por mí?... yo vine a cuidarte… no a que me cuidaran…
-Justo por eso… por que nadie mejor que tú para proteger a mis hijos… mi Inuyasha te lo pidió, por eso se que lo haces por honor… y eso es lo que mas me mortifica… que tengas que soportar demasiadas cosas, por ése honor.
- Jamás comprenderé a los humanos…
-Oye… no me has dicho que te gusta comer…
-¿Jamás me dejarás en paz?... ¿verdad?
- Tal vez…. ¿te parezco demasiado insistente?
- Terca…
Entran a la casa, donde la mesa servida los espera. Sesshoumaru tiene la capacidad, aprendida por supuesto, de inhibir un poco su sentido del olfato. De otro modo, el simple hecho de pasar cerca de una aldea o un destacamento militar, lo mataría, o al menos lo dejaría insano.
Trata de comer, y reconoce que la comida de ésta época es agradable. Le señora se esmeró en cosas que lo le dañaran mucho. Así que él se propone no ser descortés.
Tres días pasan en completa calma. Sesshoumaru ha pasado un par de veces a través del pozo, solo para asegurarse que todo esté bien en ambos lugares.
La última vez, le reciben con la noticia de un rumor que se ha extendido a lo largo y ancho de esas tierras. Náraku ha presumido su invulnerabilidad, ya que Inuyasha y Kikyo han muerto. Nada hay que le detenga ahora… irá en busca del fragmento de la perla, ya que la sacerdotisa de las ropas raras, se encuentra débil y sola…
Que estúpido…
Ella nunca pudo estar mejor cuidada…
¿Acaso Náraku no sabía, que no hay enemigo peor, que un familiar herido? Y no cualquier pariente… sino el mas poderoso Demonio de ese lado del mundo.
-Tengo que volver al Sengoku –explica Sesshoumaru a Ahome, quien lo escucha sentada en su cama – Náraku amenaza con aparecer, y tengo que estar ahí para destruirle.
-Entonces, iré contigo…
-No! ¿Estás loca?
-¿Se te ha olvidado, querido cuñado, que soy la única que puede purificar la perla? –dice Ahome, seriamente- si sigue teniéndola en su poder, nunca podrás vencerle… nadie podrá…
-NO! no vamos a poner en riesgo a los cachorros, bajo ninguna circunstancia!
-Entiende, Sesshoumaru… iré, te guste o no… por que es indispensable que lo haga! Yo tampoco lo deseo, menos por que ahora todo me recordará a mi esposo… pero si no vencemos a Náraku, todo el sacrificio habrá sido en vano!
-Hablas con razón, pero aún así… tendrías que ser muy precavida… jamás despegarte del grupo…
-¿Grupo, ¿Te unirás a nosotros?
-¿No lo he hecho ya?
- ¿Cómo es posible que hayas cambiado tanto?... Cuando nos conocimos, casi me mataste…
- Cuando nos conocimos, no esperabas cachorros, ni había tenido trato con Inuyasha…
-¿Entonces? Supongo que nos tomaste cariño! –ella sonríe, feliz
-¿Cariño? ¿Bromeas?... no hagas que me arrepienta de haber dado mi palabra…
-Perdón… de pronto se me olvidó con quién hablaba… no te molestaré mas… - la anterior felicidad desapareció por completo.
Sesshoumaru empezó a sentir algo raro… no le había gustado cortarle aquella alegría. Se sentía ¡Culpable!... así que la dejó preparar todo para el regreso.
Ahome, con una gran mochila, y un par de enormes bultos, se despidió de su angustiada familia, prometiéndoles regresar a salvo. Sesshoumaru tomó todo aquello, con mucho desagrado, y se dirigió al pozo…
-¿Por qué traes todo esto?
- Son cosas que necesito… y algunos presentes… -responde ella
-Exageras… -pero en realidad, todo lo que ella necesitara, le sería concedido, así que eso lo dijo más que nada, por entablar conversación… y ver en que estado se encontraba
-¿Por qué me miras así, Sesshoumaru?
- hm
-Ayy! Ya regresaste a la modalidad silenciosa…
A su regreso al Sengoku, una gran consternación se apoderó de los amigos de Ahome… pero tras la misma aclaración que antes diera al Taiyoukai, entendieron que era indispensable su presencia ahí. Así que, en ese momento, todos juraron solemnemente, protegerla con sus vidas.
Sesshoumaru presenció todo aquello en completa impasibilidad. Su mirada penetrante se detuvo un momento en cada uno de los miembros de ese cerrado grupo.
La ceremonia había sido atestiguada, no habría marcha atrás, ni perdón para el que se acobardara…
Continuará…
