(N/A) Sailor Moon y cia le pertenece a Naoko Takeuchi. La historia es MIA y sólo será publicada en FanFiction. Queda PROHIBIDA cualquier tipo de reproducción.
Capítulo II
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Civilización. Día dos
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Serena miró con extrañeza su departamento perfectamente amueblado. Aquel lugar que había sido su hogar por años le resultaba un sitio desconocido y solitario. Después de la agitación que había sido su llegada, con los medios de comunicación exaltados ante el retorno de la hija perdida del empresario hotelero Wilson y el famoso ex-jugador de rugby profesional, pensó que aquel lugar sería el más adecuado. Su padre había estado reticente, seguramente agobiado de dejarla ir de nuevo, pero ella amorosamente le explicó que necesitaba un poco de espacio y que aquella misma noche lo recibiría gustosa para que cenaran. Como buen padre que era, Kenji comprendió las necesidades de su hija y las antepuso a las suyas. Sin embargo, no era la soledad física lo que angustiaba a Serena, sino el que Darién no estuviera allí con ella.
Verlo abrazar con desesperación a su pequeño hijo, había sido como un huracán golpeándola. Había estado extasiada de apreciar su inmensa felicidad, pero ver a aquella pelinegra compartiendo aquel reencuentro, entre sus brazos y besándolo con júbilo, había destrozado su corazón. No pudo evitar llorar, aún entre los brazos de su padre, viendo esa escena. Al oír el consuelo de su progenitor, le aseguró que eran lágrimas de emoción y le solicitó que se fueran de aquel lugar repleto de gente, ya que se sentía un tanto asfixiada. Y así, se fue sin despedirse del hombre al que amaba.
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Darién permanecía recostado en la cama de Armando, con su pequeño dormido en sus brazos. Acarició sus cabellos negros con devoción, agradecido de cada respiración tranquila. El niño de seis años no se había querido separar en ningún instante de su lado, de alguna manera temiendo que desapareciera en cualquier momento. No había sabido del accidente, su madre no había tenido el corazón para decírselo por lo que había decidido decirle una mentira blanca: que su padre se había quedado trabajando en el extranjero. Sólo fue conciencie de todo lo ocurrido ante el ajetreo de las personas que los habían recibido.
Con delicadeza, se apartó de él ya que deseaba darse un baño. Rei le sonreía, apoyada en la puerta, admirando la escena y le tomo la mano para que ambos abandonaran la habitación.
-¿Quieres que prepare un poco de café?- consultó con voz suave, aun sosteniendo su mano con tibieza.
-Primero deseaba tomar un baño- se solicitó- Pero avísame y tomaremos un café, juntos.
La pelinegra le regaló una sonrisa suave y besó su mejilla para luego dejarlo sólo en el pasillo. Caminó con parsimonia hacia el baño y se miró al espejo mientras se quitaba la ropa. Se había afeitado en el barco que los trajo nuevamente ya que pensó que a Armando le llamaría la atención verlo con una tupida barba, puesto que siempre iba bien afeitado. Su piel tenía un tono bronceado y su rostro, al igual que su cuerpo, se veía más delgado que lo habitual.
Abrió la regadera y una vez bajo ella, se permitió pensar en Serena. En el puerto había apreciado como su padre la había sostenido, seguramente de la misma manera en que él aferraba a Armando, mientras correspondía con idéntica intensidad. Lo único que había llamado su atención fue que cuando Kenji Wilson se había acercado a él para agradecerle emotivamente haber cuidado a su preciada hija, ella se las había ingeniado para no devolverle la mirada ni un solo momento. Inmediatamente después, se retiraron.
La había sentido tan distante, como si él hubiera sido un completo extraño y aquello le había dolido profundamente. Seguramente pronto se reencontraría con su prometido, quien según su padre se encontraba en el extranjero en aquel momento. Suspirando, decidió que debía pensar con claridad antes de tomar una decisión respecto a ella.
Una vez aseado y con ropa cómoda, se dirigió hacia la cocina donde Rei aguardaba en silencio, pérdida en sus pensamientos. Se sentó junto a ella, donde descansaba una taza vacía, llamando por fin su atención. La pelinegra tomó la tetera que descansaba en la estufa y le sirvió de la intensa bebida. Cuando Darién dio el primer trago, comprendió lo mucho que había extrañado aquel simple brebaje.
-¿Cómo fue todo en mí ausencia?- consultó, rompiendo el silencio que reinaba hasta ese momento.
-Al principio fue duro- suspiro mirándolo con tristeza- Fue un completo caos, no sabía qué hacer o a quién pedir ayuda, más aún cuando anunciaron la suspensión oficial de la búsqueda. La NZR[1] estuvo presente en todo momento, fueron realmente amables. Nick también me acompañó, especialmente con la prensa.
-Le agradeceré al presidente de la NZR, fue un gran gesto de su parte- sentenció Darién con la mirada fija en su taza- No hace falta que te diga que no me sorprende lo de Nick, él siempre ha sido como un hermano para mí.
-Esta tarde se comunicó conmigo el presidente Thompson- le anunció mientras se paraba para dejar su taza en el fregadero- Cuando le dije que estabas con Armando, me pidió que no te molestara, pero quiere verte lo más pronto posible.
El pelinegro frotó su cuello, abatido ya por el cansancio. Rei, con una sonrisa de comprensión, tomo su mano y sin decir nada lo llevo a la habitación principal para que descansaran.
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Civilización. Día quince
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Los días pasaban con desesperante lentitud, pensó Serena en su despacho mientras miraba el ventanal. La monotonía de la rutina se había adueñado de su vida y se sentía como una mala actriz fingiendo que todo estaba bien para los demás. Lo único nuevo había sido la llamada de Diamante avisándole que aquella tarde llegaría a la ciudad y quería llevarla a cenar. Debía admitir que le había sorprendido la tranquilidad con la que se había tomado su retorno, pero a la vez estaba agradecida con su apatía. Para ella era imposible reanudar una relación siendo que amaba a otro hombre, aun cuando este ya no fuera parte de su vida.
Dio una última mirada a su escritorio, cerciorándose que todo estuviera en orden, tomó sus pertenencias y se dispuso a marchar hacía el restaurante donde habían quedado con Ante para cenar. Él, caballeroso como siempre, se había ofrecido a buscarla pero ella había declinado el ofrecimiento. La pasiva Serena había muerto en la isla y pensaba trasladar su nuevo yo a su antigua vida, aun cuando la tristeza ensombreciese su presente.
Una vez en el lujoso establecimiento, fue guiada hacia el bar, donde Diamante aguardaba tomando un whisky. Se saludaron con un incómodo beso en la mejilla y Serena tomó asiento a su lado mientras pedía una copa de vino.
-Te ves diferente.
-Sí, baje de peso en la isla- aceptó encogiéndose de hombros.
-No, me refiero a que algo en ti cambio- aquello era una afirmación- No sé qué es, pero te sienta bien.
-Me dijo papá que te fuiste poco antes de que me encontraran- decidió cambiar de tema- Me sorprendió que me hablaras recién hasta hoy.
-¿Sin rodeos, eh?- sonrió con derrota, mirando su ambarina bebida- No fuiste el único que cambió en este tiempo, Serena. Te creí muerta desde el primer momento, aún estoy aturdido de verte aquí, sentada a mi lado. La realidad es que me sumergí en un estado deplorable, alejándome de tu padre para no lastimarlo. No era justo para él verme tan abatido y matar sus esperanzas.
La rubia sonrió levemente ante sus palabras. Sabía que había sido duro para su novio y estaba segura del sincero cariño que sentía por su padre.
-Me hundí en el trabajo. Pase días y noches metido en mí oficina, tratando de abstraerse de pensar. Fue cuando la conocí- tomó aire mientras su rostro, que aún no le devolvía la mirada, se contraía de angustia- Trabajaba allí desde hacía mucho tiempo, pero nunca le presté atención. Creo que no importa cómo, pero ella se convirtió en lo único que me mantenía a flote. Al principio me brindó simplemente su amistad, pero se fue transformando en algo muy fuerte.
-¿Ella te hace feliz ahora?
-Si… me saco del pozo en el que en hundí con tu desaparición- agachó aún más la cabeza, avergonzado- Pero volviste y yo te he hecho una promesa. Te pido perdón por mi debilidad y si aún estás dispuesta…
-No es necesario, Ante- le aseguró colocando su mano en su hombro. Por primera vez, el rubio le devolvió la mirada y se sorprendió al ver que ella sonreía- Tenías razón. Esta experiencia me ha cambiado en lo más profundo. No quiero seguir con el compromiso porque me he dado cuenta que no te amo. Pero al igual que tú, no quería herirte ya que te aprecio sinceramente por todos los años que estuvimos juntos. Si estás con alguien y esa persona te ayudo en el momento en que más lo necesitaste, eso me hace enormemente feliz y quiero que estén juntos.
Sin poder contenerse, Ante la estrechó en un sentido abrazo que reflejaba el alivio ante sus palabras. Serena se rio por su impulsividad y separándose un poco acarició su mejilla con ternura en su rostro.
-Lo único que te exigiré como retribución, es que mantengamos nuestra amistad- le sonrió mientras él la soltaba- Creo que nuestra mesa ya está lista y para serte sincera, deseo aumentar todo el peso que he perdido.
Aun riendo, Ante pasó su brazo por sus hombros y caminaron juntos siguiendo al mozo quien les había anunciado que su mesa estaba lista.
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Civilización. Día dieciséis
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La reunión con el Presidente Thompson en Wellington había salido mejor de lo que había planeado. Después de preguntar por su familia, lo reprendió por haber aceptado esa entrevista en Australia asegurándose que ellos desconocían su deseo de ser entrenador y de haber informado sus intenciones le habrían ofrecido un puesto allí. El pelinegro se mostró sorprendido por tal afirmación y sin permitir réplicas, el presidente le ofreció el puesto como entrenador de los Blues[2], por pedido mismo del presidente del club. Darién aceptó gustoso y acordaron que empezaría la próxima semana.
Nick, quien lo había acompañado a aquel viaje en el Northern Explorer[3], le invito a que desayunaran juntos para festejar. Después de diez horas de viaje, más la hora de su reunión, Darién se ofreció a pagar. Su amigo hacia comprendido que aún era demasiado fresco su último viaje en avión, por lo que había accedido a que fueran en tren.
Una vez en la cafetería, se sentaron en un rincón apartado donde no los molestaran. Desde el accidente, la gente se acercaba a mostrarle su afecto y a pedirle un autógrafo como en los viejos tiempos.
-Todo esto te resulta extraño ¿verdad?- consultó su mejor amigo una vez que la mesera tomó su pedido- La ciudad, la gente, el bullicio…
-¿Soy tan evidente?- suspiró, pasando su mano por su cabello recién cortado, olvidando nuevamente que ya no lo llevaba largo.
-No. Puedo verlo porque te conozco desde los nueve- le sonrió comprensivo- No creo que estar perdido tanto tiempo no dejara una huella en ti, aunque tampoco fue fácil para nosotros.
-Es verdad, algo cambió- bajó la mirada ante el recuerdo de Serena. No quería que Nick descubriera la culpa en su rostro- Estar expuesto a algo tan desequilibrante me llevó a descubrir muchas cosas que no sabía de mí mismo, algunas buenas. Otras no tanto.
-¡Hey! No te sientas mal, no vinimos aquí a deprimirnos- sentenció el castaño palmeando con brusco cariño su hombro.
La mesera regresó con el pedido en aquel momento, permitiendo a Darién dar un respiro. Recordar la isla era confuso: por los momentos de angustia y por los maravillosos compartidos con Serena. Miró distraído a una mesa cercana, donde había dos jóvenes que conversaban amenamente y distinguió que la charla rondaba alrededor de una revista de prensa rosa.
-Te lo juro, Mary. En cuanto vi la portada ¡supe que tenía que comprarla! Es el reencuentro romántico del año.
-¿Qué quieres que te diga? Entre Diamante Black y Darién Shields ¡elijo al último! Aunque no puedo negar que Serena Wilson es una suertuda.
-¡Ni que lo digas! Y yo sufriendo por Peter…
Una mano se atravesó ante su mirada, rompiendo la burbuja de Darién. Su mejor amigo lo miraba con una ceja arqueada, en señal de interrogación.
-Perdón, creí escuchar mi nombre- le explicó cuando Nick volteo disimuladamente la cabeza para observar a las dos adolescentes, quienes seguían en su mundo.
-Creo que estaban hablando de tu co-equiper de supervivencia, Serena- el castaño se encogió de hombros mientras endulzaba su café, sin prestar demasiada atención a lo que perturbaba a su amigo- Esta mañana vi en mi celular que la fotografiaron reencontrándose con su prometido, quien recién volvió de viaje.
Aquella noticia le cayó como un golpe al estómago. Sabía que era lógico que ambos retomaran con sus vidas pero el frío distanciamiento de la rubia y ahora aquella noticia, no ayudaban. Sería un estúpido si negaba que la extrañaba, no obstante la oleada de celos que estaba experimentando era demasiado nueva para él.
-¿Qué tal es ella?- consultó curioso.
-Es una mujer extraordinaria- sentenció aún intentando relajar la tensión de su cuerpo- Al comienzo era realmente tímida e insegura. Eso me motivó a que necesitaba mantenernos con vida hasta que llegara la ayuda. Estar completamente solo, en esa situación, no era una opción. Hubiera perdido la cabeza.
-Tiene mucho sentido.
-Pero cambió de actitud al poco tiempo. Creo que ella también comprendió que nos necesitábamos al 100% para sobrevivir y no caer en la locura.
La charla prosiguió sobre asuntos más triviales, aunque Darién no logró exorcizar de su mental la imagen de Serena y aquella noticia. Sólo una vez que estuvieron nuevamente sobre el tren, se permitió pensar libremente en ella mientras Nick dormía a su lado.
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Civilización. Día veintinueve
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Sentada en su despacho, Serena leía los casos que habían cerrado por ella sus compañeros del bufet, en tanto estudiaba los nuevos. Miró su reloj de pulsera y abrió su agenda para ver quién sería la primera cita del día. Media hora después, su secretaria le anunciaba que su clienta ya había llegado.
-Buenos días, permiso- saludo respetuosamente una castaña mientras entraba.
-Buenos días señorita Miller. Por favor, tome asiento- respondió poniéndose de pie.
La mujer suprimió nerviosamente la distancia que las separaba, sentándose en el cómodo sillón que descansaba frente a su escritorio. Contra su pecho, sostenía una pesada carpeta, como si fuera lo más importante del mundo. Serena le regaló una sonrisa, ya que no sabía porque, pero aquella joven le había causado una muy buena impresión.
-Dígame ¿En qué podemos ayudarla?
-He venido, porque sé que sólo usted podría entenderme- suspiró, con rostro afligido- Mi hermano, Sebastián, viajó con usted en aquel terrible vuelo.
Serena, quien se encontraba relajada, adoptó una pose más rígida al sólo oír aquella afirmación.
-Él murió, como la mayoría que fueron en el avión- una lágrima surcó su mejilla, pero su voz se mantuvo serena- Desde que supe de su muerte, comencé a investigar a la empresa aérea. Ellos nunca nos dieron contención durante el mes de búsqueda hasta encontrar el fuselaje. Durante todo ese tiempo, logré entrevistarme con uno de los trabajadores del aeropuerto, quien me aseguró que el avión no estaba en condiciones para volar. Una semana después, aquel muchacho fue trasladado por la empresa a otro aeropuerto.
-¿Tiene alguna prueba de aquella versión?- logró preguntar costosamente Serena. Un terrible nudo en la garganta se había formado ante tal información.
-No, pero lo que sí sé es que la empresa adujo que no había quedado suficiente del avión para hacer alguna pericia técnica- suspiro, reconociendo que estaban en un punto muerto- Después de mucho esfuerzo, logré hacer esta cita con usted pero yo no soy la única que está buscando justicia. Somos muchas familias, incluidos los familiares de la tripulación.
-¿Qué quieres que haga, Lita?- consultó mirándola fijamente a los ojos.
-Su padre fue muy amable con todos nosotros durante aquel mes. Cuando supimos que encontraron el avión, confirmando el accidente, él siguió por su parte buscándola- sonrió con aprecio- Él tenía los recursos para prescindir de exigirle a la empresa y creo que también sospechaba la avería de ese avión. Cómo sabe, éste se desvió de la ruta de viaje que debía seguir, aunque la empresa echó la culpa a los pilotos.
Serena permaneció en silencio por unos instantes, analizando el panorama. La realidad era que nunca quiso saber qué había ocurrido esa noche y cómo había terminado con Darién en una isla tan apartada de su destino. Su padre había querido decirle, pero ella no había querido oír nada.
-¿Qué llevas en esa carpeta?
-Son todos los datos de las personas que iban en ese avión y lo poco que pudimos recopilar- le explicó, entendiéndola para que la tomara.
-Haremos esto, Lita. Estudiaré esta documentación y te llamaré para que veamos qué podemos hacer al respecto ¿sí?
-Antes que nada, señorita Wilson- la interrumpió, avergonzada- La mayoría de nosotros no tenemos dinero para solventar sus honorarios. Sabemos que los juicios son costosos y que su tiempo es valioso.
-Has hecho bien en venir a mí, Lita- le sonrió con cariño- Todos hemos sufrido con este terrible accidente y ahora, quiero al igual que tu saber la verdad y que si existe responsabilidad por parte de la aerolínea, que esta se haga cargo del daño que ha causado.
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Civilización. Día treinta y nueve
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Parado en medio del campo de juego, Darién observaba cómo los jugadores se ejercitaban. Con su planilla en mano, anotaba cada una de las observaciones que iba haciendo sobre las virtudes y defectos de cada jugador. Era un grupo realmente bueno y se entregaban con la misma pasión que lo había hecho él años atrás. Se encontraba tan concentrado que cuando su celular sonó, decido en un primer momento ignorarlo al no saber quién era el remitente. No obstante, la insistencia del sonar comenzaba a desconcentrar al equipo, por lo que molesto decidió contestar.
-Hola ¿Quién habla?- consultó de no muy buena forma.
-Hola Darién, soy Serena. Disculpa si te hablo en mal momento.
Su voz lo tomó por sorpresa, dejándolo mudo por unos instantes. Después del tiempo transcurrido, no pensó que fuera posible aquella llamada. Ya se había resignado a que sus vidas seguirían camino opuestos.
-Discúlpame. No sabía que era tu número y estaba trabajando.
-No tienes que disculparte, fue mi culpa. Te llamaré en otro momento.
-No, no- se apresuró a decir antes que ella finalizará la llamada- Sólo dame un segundo.
Rápidamente, Darién le indicó a uno de sus asistentes técnicos que se encargara de lo que quedaba del entrenamiento y que les dijera a los jugadores que no se olvidaran de los próximos exámenes médicos. En cuanto terminó, se apartó velozmente del campo de juego, hacia la entrada de los vestidores.
-Ahora sí.
-Te llamaba porque necesito que hablemos en persona sobre algunas cosas importantes que tienen que ver con nosotros- le explicó sucintamente- ¿Es posible que nos veamos hoy después de mi trabajo?
-Sí, no tengo ningún compromiso- aceptó extrañado- ¿Dónde quieres que nos veamos?
-Necesito que sea en mi apartamento. No puedo permitir que nos saquen fotografías si nos reconocen.
Aquella petición le sonó aún más extraña. Serena se había esforzado en todo ese tiempo a crear una barrera entre ambos, por lo que le parecía curioso que solicitara que su reencuentro fuera en un lugar privado. Pero teniendo en cuenta que estaba comprometida con otro hombre, no le pareció descabellado.
-No tengo problema, sólo dime tu dirección y la hora.
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No podía negar que estaba nerviosa, caminando aleatoriamente por su sala de estar. De ser una opción, no se habría vuelto a acercar a Darién. Aunque lo extrañaba tan dolosamente, prefería aquel sentimiento a interponerse ante su familia. Suspirando, tomó el vaso de agua que descansaba en la mesita de café y se sentó en su otomana color gris suave. Suspiró, sintiéndose abatida, mientras miraba sus pies descalzos. Había adquirido el mal hábito de no tolerar demasiado tiempo cualquier tipo de calzado, quizás porque extrañaba también la sensación de la arena en sus pies.
Golpearon suavemente a la puerta, sacándola de sus pensamientos. Aun temblando, dejó nuevamente el vaso sobre la mesita y suprimió los pocos metros que la separaban de la puerta. Ni bien abrirla, confirmó que volver a ver su rostro sería un golpe duro de sobrellevar.
Parado, como si el mundo le perteneciera, se encontraba mirándola fijamente. Llevaba una simple camiseta de color negro que se adhería a su anatomía, haciendo juego en ese sentido con sus jeans desgastados, donde tenía escondidas sus manos. Ahora llevaba el cabello tan pulcramente recortado como el día que lo conoció y sin el más mínimo rastro de barba. De alguna manera, ese contraste con su amante de la isla le recordó que aquel hombre no era suyo.
Por su parte, Darién también apreció a su anfitriona. Su dorada melena suelta seguía tan larga y ondulada como antes, aunque su piel había retomado su tono cremoso y pálido. Su cuerpo estaba dolorosamente oculto por una holgada camiseta gris plomo y unos jeans desgastados estilo boyfriend. Pero sus ojos celestes y sus rosados labios seguían siendo su punto más hipnótico.
-Pasa, por favor- le dijo, ocultándose un poco tras la puerta.
El pelinegro entró en silencio mientras admiraba aquel departamento que, de alguna manera que no comprendía, gritaba por todos lados que Serena era su dueña. Coincidía con la imagen mental que había creado mientras conducía hasta allí.
-¿Puedo ofrecerte algo de tomar?- consultó contra la puerta, observando como su presencia se apoderaba de aquel ambiente.
-Un café, por favor- contestó enfrentándola nuevamente- Es muy bonito tu apartamento.
-Gracias.
Tratando de interponer la mayor distancia posible, se apresuró a dirigirse a su cocina. De alguna manera que no entendía, su masculino aroma se había esparcido por todo el lugar rápidamente, provocándole una extraña sensación de ahogo. Cuando estaba sacando dos tazas de una de las alacenas, lo vio entrar y tomar asiento en el desayunador, a poca distancia, frustrando sus planes de tranquilizar su enamorado corazón ante su presencia.
-Me sorprendió tu llamado- comenzó a hablar mientras estudiaba su espalda- Pensé que ya no ibas a hablarme nunca más, debido a tu prolongado silencio.
-Pensé que necesitabas tiempo con tu familia- sentenció encogiéndose de hombros, tratando se sonar tranquila- Me pareció lo más lógico.
-¿Acaso yo te hice suponer que no me interesaba saber de tu bienestar? ¿O pensaste que podría interferir en tu reencuentro con tu prometido?
Aguardó unos instantes en silencio, esperando su respuesta. Pero Serena parecía estar completamente concentrada en ver aquellas dos tazas sobre la mesada de mármol claro. Sintiéndose un tanto vencido, decidió ir al grano.
-En fin ¿A qué debo que hayas roto con tu silencio?- consultó cruzándose de brazos, impaciente.
-Hace algunas semanas vino a mi estudio jurídico una mujer- respondió mientras vertía el agua caliente en las tazas- Un familiar de una de las víctimas del accidente. Desde entonces, estuve investigando al respecto.
-Rei me comentó que estuvo muy unida a los otros familiares durante la búsqueda del avión, pero que se distanció una vez que encontraron el fuselaje hundido y sin poder recuperar los cuerpos.
Serena le entregó su taza y Darién pudo apreciar que trataba de ocultar cierta molestia en sus facciones. Siempre que se molestaba con él, sus labios se contrarían en un rictus muy particular. Comprendió que la mención de Rei no le era indiferente. Y egoístamente, aquel dato lo llenó de cierto placer al apreciar que no era indiferente para ella.
-Muchos de ellos creen que el avión tenía un desperfecto antes de salir- continuó hablando, alejándose nuevamente para apoyarse contra la mesada, dejando un saludable espacio entre ellos- Después de mucho investigar con mis peritos forenses privados, yo también lo creo.
-¿Me estás diciendo que nos hicieron subir a un avión que no estaba en condiciones de volar?
Su furia recorrió sus venas como un torrente embravecido. Estuvo a punto de perder la vida y no ver nunca más a su hijo porque personas inescrupulosas no quisieron perder su dinero. Molesto, se levantó de su asiento y camino en aquel reducido espacio, mientras Serena tenía la mirada clavada en su cálida bebida.
-No solo eso. No quieren hacerse cargo del hecho y culpan a la tripulación que murió en ese mismo viaje. Es por todo esto que he decidido iniciar el juicio contra la aerolínea.
-Te agradezco que me lo dijeras antes, pero ¿Qué tiene esto que ver conmigo? No creo que me llamaras solamente para esto.
-Necesito que estés de mi lado cuando esto empiece. Pienso aprovechar la exposición mediática a nuestro alrededor para impulsar la causa y contar así con el apoyo de la opinión pública. Muchas de estas familias quedaron exhaustas financieramente por haber perdido a un familiar y creo que es importante devolver un poco, después de lo afortunados que fuimos.
Por fin, Darién detuvo su caminar exaltado para mirarla con detenimiento. Por primera vez, fue consciente del porte cansado que tenía la rubia. Suspirando, volvió a tomar asiento y bebió de su café. Sonrió, tontamente, al comprobar que se encontraba delicioso.
-Tienes todo mi apoyo en esto- le aseguró, aun sonriendo- Haremos que se arrepientan de lo que hicieron.
-Hay algo más…
Ante aquellas palabras, Serena levantó la mirada para conectar inmediatamente con sus ojos. Se veía nerviosa, abrazándose a su propio cuerpo intentando vanamente darse consuelo. Aquella imagen le recordó súbitamente a la Serena del primer día en la isla: insegura y angustiada. Darién comprendió que lo que estaba por decir era mucho más importante. Se removió un poco en su asiento, intentando ser lo más paciente posible ya que se notaba que le era algo difícil de decir. Mil ideas asaltaron su mente, quizás el problema con la aerolínea era aún más grave de lo que había admitir.
-Tranquila, sea lo que sea, veremos cómo lo resolveremos. Sabes que tienes mi apoyo. Confío en tu criterio.
-No sé cómo decirlo- admitió notoriamente vencida, bajando la mirada.
-Sólo dispara.
-No es tan sencillo, Darién- suspiró frustrada.
-Sólo inténtalo.
Tomó aire profundamente con los ojos cerrados y volvió a dirigir su mirada celeste, aún con cierto temor.
-Estoy embarazada.
Las palabras de Darién murieron súbitamente en su garganta ante aquella revelación. Su mente se disparó como un rayo, intentando darle sentido a tal afirmación en un mar de posibilidades ¿Quién era el padre? ¿Su prometido o él? Si era del primero ¿Deseaba que se enterara por su boca? Y si era de él…
-Estoy de diecisiete semanas- continuó en un susurro, pero al ver su cara de confusión perdió la paciencia- Tres meses de embarazo.
Con un impulso, Darién se puso de pie y suprimió la distancia que los separaba para estrecharla en sus brazos. Serena, sorprendida por la reacción, permaneció unos instantes quieta sin saber cómo debía proceder. Decirlo ya era muy duro, pero ahora entre sus brazos, sintió la dolorosa necesidad de que permaneciera a su lado. Mintiéndose que sólo lo permitiría en ese momento, correspondió al abrazo hundiendo su rostro en su pecho, aceptando el consuelo de su calidez y la urgencia de sentir aquello que había perdido.
Lo que en un principio fue un acto de alegría y consuelo, fue mutando en la necesidad de tenerla contra él y sentir su cuerpo una vez más contra el suyo. Su propio cuerpo gritaba, como un adicto en abstinencia que caía rendido una vez más ante su droga. La había extrañado aún más de lo que había pensado y al tenerla nuevamente entre sus brazos comprendió lo miserable que había sido en ese mes.
-Te lo digo porque sé que no puedo ocultarte algo así- le explicó solemne, mientras escuchaba su agitado corazón- Pero no significa que te esté pidiendo algo. Esto no cambia que tú tienes tu familia y yo entiendo eso.
-¿Qué significa eso?- consultó molesto, separándola sólo lo suficiente como para ver su rostro- ¿Aún pretendes seguir con Diamante? ¿O sólo no quieres que sea parte de la vida de este bebé?
-Mi relación con Ante acabó ya hace semanas- le informó contrariada.
-Pero en las revistas…
-La prensa vio lo que quiso ver- concluyó suspirando frustrada- Diamante no ha dicho nada para desmentirlo porque aún no había tomado una decisión sobre este embarazo. Él está con otra mujer.
-¿Y qué es lo que quieres hacer?- interrogó con miedo, tomando su rostro entre sus manos- Sé que poco cuenta para ti mi opinión, pero yo sí quiero a este bebé. Nada es más importante que él, aun cuando todo se complique.
-¿Te has detenido a pensar en Rei?- contraatacó tratando se soltarse de su agarre.
-La vida de mi hijo o hija vale mucho más que todo el odio que pueda sentir ella hacia mí. Y aunque no lo creas, ella es una excelente mujer y sé que llegará a comprenderme.
-¿Qué harás entonces?
El silencio se instaló en la habitación, como un pesado témpano de hielo. Aunque no lo quisiera admitir, Serena tenía un punto. Para poder reconocer a ese bebé, debía romper con Rei y por consiguiente lastimar a Armando, quien aún se mostraba afectado por los casi tres meses de separación con él. Necesitaba un momento de paz para reflexionar cuál era la mejor forma de proceder.
La miró fijamente, aun sosteniendo su rostro para que no escapara, y sin decir nada la alzó entre sus brazos, sintiendo que aún no era para él ningún esfuerzo levantarla. Camino hacia la sala de estar y con delicadeza tomó asiento en el gran sofá, quedando Serena sobre su regazo.
La rubia, quien aún no comprendía porque no se había resistido, observó detenidamente como él la manipulaba como una muñeca de tela, acomodándola en su regazo, atrayéndola contra su pecho. Se encontraba encerrada en un hechizo, donde su cuerpo se resistía a separarse de su calor y consuelo. No obstante, no pudo ocultar su sorpresa cuando sintió como sus manos se colaban por dentro de su holgada camiseta y acariciaban con ternura su vientre ligeramente abultado. Aquella acción la desarmó por completo.
-Ayúdame a encontrar una solución- le solicitó apoyando su barbilla sobre su cabeza- Pero no me hagas que renuncie a esto.
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Civilización. Día cuarenta y uno
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Abrió la puerta de su hogar cargando las últimas compras del supermercado, cuando lo vio sentado en la sala de estar mirando televisión. Aunque no se lo había dicho, aún no se acostumbraba del todo a que hubiera regresado a su vida. Nunca se lo quiso admitir, pero sus esperanzas murieron el día que encontraron el fuselaje y como era de costumbre, su carácter le obligó a seguir con su vida por el bienestar de su hijo.
-Hola- le regaló una sonrisa- ¿Y Armando?
-Está en su cuarto, jugando- le respondió, levantándose para seguirla a la cocina- ¿Qué tal tu día?
-Nada fuera de lo común- se encogió de hombros, dejando las bolsas en la mesada y comenzando a sacar los productos.
Ambos permanecieron en silencio por unos instantes. Aunque ninguno lo quisiera admitir, entre ellos se había instalado una extraña incomodidad que jamás habían vivido. Amigos durante su infancia y luego novios en el instituto, siempre se habían complementado bien, por lo que aquella situación era anómala para ambos.
-Rei, creo que debemos hablar- suspiró Darién cuando la pelinegra termino de ordenar todo en las alacenas. Tomó asiento en la pequeña mesa de tres espacios y la miró con tristeza.
-Sí, creo que ya es hora- aceptó, recogiendo su cabello en un improvisado recogido- Algo cambió entre nosotros.
-Lamento haberte hecho sentir eso.
-Aquí no hay culpables, Dar. Si la relación no va por buen camino, es responsabilidad de los dos.
-El problema es que no he sido completamente sincero desde que volví.
Sin más prólogos, Darién comenzó a relatar lo que había sido su experiencia en aquella isla: su necesidad de supervivencia, su relación con Serena, la desesperanza cuando el tiempo pasaba y no eran rescatados y, finalmente, como había mutado su situación con la rubia.
-Serena me dio un motivo por el cual no morir por la desesperación. Quizás lo que te cuento te parezca acelerado, pero cada día en esa isla me parecía una eternidad y no sabíamos si saldríamos con vida de allí. Nos sostuvimos el uno al otro, pero soy consciente que para ello tuve que traicionarte.
Rei miraba perdidamente la mesa, con una expresión de tristeza que le partió el alma. Sabía que era demasiado duro lo que estaba confesando y estaba dispuesto a soportar todo su dolor y llevarlo como una carga para el resto de su vida.
-Yo también busque consuelo en otros brazos, Darién- reconoció estoica- Fue sólo una vez, motivada por el alcohol y la desazón. En aquel momento, no sentí culpa alguna, era lo que necesitaba. Comprendo lo que tratas de explicarme.
Aquella confesión sorprendió notoriamente a Darién. Jamás había conocido a alguien más leal que la pelinegra. Siempre habían coincidido en sus fuertes convicciones morales, y aunque él había sucumbido a la desesperación y al deseo, nunca habría imaginado de ella quizás también había perdido las esperanzas en su regreso. No podía juzgarla, aun si él no hubiera hecho nada con Serena.
-El problema es, que todo en esta vida tiene consecuencias- decidió continuar con lo que quería decirle- Después de un mes sin saber nada de ella, recibí una llamada.
-Está embarazada- afirmó mirando fijamente sus ojos, sin enojo, pero si con tristeza. Rei siempre había sido una mujer muy intuitiva- ¿Qué vas a hacer?
-No lo sé, Rei- suspiró sintiéndose derrotado.
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Civilización. Día cuarenta y dos
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Sentados en un bar aquel viernes por la noche, ambos amigos permanecían en silencio. Darién había recurrido a su mejor amigo para tratar de encontrar una solución a su incierto panorama.
-¿Qué te dijo Rei después?- consultó seriamente, sin mirar su rostro.
-Que me apoyará ante cualquier decisión que tome- suspiro, dando un trago a su cerveza.
-¿Eso quiere decir que está dispuesta a seguir junto a ti si decides no dejarlos?- su voz salió estrangulada, conteniendo el enojo.
-Sé que estás molesto, Nick- el pelinegro escondió su rostro entre sus manos- Soy consciente que después de lo que hice, no debería permanecer a su lado pero Armando…
-¡Demonios, Darién!- sin poder contenerse, Nicholas golpeó la mesa con su puño- Ambos sabemos que elijas lo que elijas, te harás cargo de ese bebé como corresponde y jamás dejarás de lado a Armando. Entonces la cuestión realmente es: ¿Tú quieres estar con Rei o con Serena?
Darién permaneció en silencio, un poco sorprendido por la efusividad de su amigo y otro por no saber qué responder. Si seguía a su corazón, la elección era Serena. Pero aun sentía algo por Rei y no quería tirar por la borda la familia que había formado junto a ella. Sin mencionar que ya se había hecho público la boda secreta de Diamante y aquel embarazo seguramente también sería de interés para la prensa.
Aún más molesto por su prolongado silencio, Nick dejó el dinero de su cerveza y se fue furioso del bar. El pelinegro suspiró comprendiendo el enojo de su mejor amigo ante su gran secreto y porque también quería mucho a su mujer e hijo.
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Rei se encontraba ya recostada en su cama cuando su celular sonó, informándole que le había entrado un mensaje. Estoy afuera, sentenciaba escuetamente. Extrañada, se levantó del lecho y colocándose una bata de seda, se dirigió a toda prisa hacia la puerta, no sin antes cerciorarse de que Armando estuviera dormido.
-¿Qué haces aquí?- consultó azorada al observar que se encontraba notoriamente exaltado.
Pero él no respondió, tomándola en sus brazos para besarla apasionadamente. Rei no pudo resistirse, ya que había extrañado secretamente aquel toque íntimo durante todo ese tiempo. Sentía que su exigencia era guiada por la furia y la pasión que experimentaba su cuerpo, pero lejos de intimidarla, aquel torrente de furiosa exigencia la excitó aún más. Había necesidad en su toque y ella se sintió feliz de despertar esas sensaciones en él.
-No puedes quedarte con él- sentenció entre besos mientras recorría su cuerpo con sus manos- Durante todo este tiempo, me he sentido una basura por haber estado contigo, pero él también te traicionó.
-Ambos lo hicimos- objeto, aun correspondiendo a sus caricias.
-Sí, pero yo no me permití pelear por ti porque es mi mejor amigo. Pero ahora no me importa.
Nick los condujo hacia la cocina, consciente de que Armando podría despertar en cualquier momento. Sin dificultad la subió sobre la mesada de mármol, obligándola a abrir sus piernas para estrechar aún más sus cuerpos.
Rei sabía que estaba haciendo mal. Sabía que aquello rompería la amistad entre los dos hombres, pero no podía contenerse. Había amado a Nicholas desde que era una adolescente, sin embargo había elegido a Darién porque el castaño había sido indiferente a su amor y prefería estar con muchas mujeres. El padre de su hijo, en cambio, era la seguridad que la pelinegra tanto deseaba y con el tiempo, había llegado a amarlo de igual forma. Pero ahora el Darién ya no la amaba, aunque se negara a reconocerlo. En su ausencia había sucumbido a aquel lejano amor de adolescencia.
Nick por su parte, había descubierto tarde que a quien quería era a Rei. Su posición privilegiada de jugador de rugby lo había cegado con la fama y las mujeres. Sólo cuando ella aceptó a Darién comprendió su error. Pero adoraba a su mejor amigo y decidió hacerse a un lado para que ambos fueran felices. Nunca había advertido los sentimientos de la reservada pelinegra hasta que, producido el accidente, se encontró consolándola. Ambos pensaban que era imposible que Darién hubiera sobrevivido, ya que no había indicios que dijeran lo contrario. Aquella noche fue Rei la que dio el primer paso, desinhibida por el alcohol. El correspondió sin esfuerzo, pero no sin sentir que estaba traicionando a su mejor amigo.
Cuando supieron la noticia de que estaba vivo, decidieron tomar distancia. Pero aquella noche, Nick no sintió remordimientos. Su mejor amigo no elegía sin vacilar a la pelinegra y él no podía permitirse perderla otra vez.
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Recostada en el sillón, escuchó como llamaban a la puerta. Le resultó extraño ya que no esperaba a nadie y había empezado a llover con fuerzas. Dejó los expedientes que estaba estudiando de lado y se dirigió hacia la puerta para mirar por la mirilla. Inmediatamente abrió la puerta al descubrir a un empapado Darién quien se veía profundamente angustiado.
-Darién… ¿Qué haces aquí? Estas completamente mojado.
-Necesitaba verte- suspiro derrotado. Se notaba que había tomado un poco de más.
Sin decir nada más, Serena agarró su mano y lo condujo hacia el baño principal que se encontraba en su habitación. Preparó la ducha y buscó en los armarios toallas. El pelinegro la observaba en silencio mientras ella disponía todo a su alrededor.
-Necesitas entrar en calor o te enfermaras. No puedo permitir que eso pase estando embarazada- le explicó mientras lo ayudaba a quitarse la camisa negra. Sentir sus manos rozando su piel le hizo rememorar lo fácil que era perder el control en su presencia, además de peligroso- Aun tengo un poco de ropa deportiva de Ante. Cuando estés listo, tomaremos algo caliente ¿sí?
Darién acepto igual que un niño, perdido en el movimiento de sus labios color ciruela y terminó de desvestirse mientras ella se retiraba. Una vez listo, y pasado un poco el efecto del alcohol, encontró la ropa que le había dejado sobre la cama y se dirigió hacia la cocina.
Serena, colocó ambas tazas en una bandeja y le sonrió al descubrirlo en la puerta, observándola. Le solicitó que fueran a la sala de estar y una vez en ella se acomodaron en el sillón, dejando la bandeja en la mesita del café. Bebieron en silencio, en medio de un ambiente relajado. Una vez que terminó con su café, tiró de ella para que se sentara sobre su regazo. Serena aceptó dulcemente, recostando su rostro contra su pecho mientras sentía como sus manos buscaban rápidamente su vientre.
-Estar así contigo me llena de tranquilidad- le explicó mientras olía el perfume de su cabello.
-Yo también lo siento así.
-¿Cómo has estado?- consultó haciendo que le devolviera la mirada.
-Concentrada en el caso- le explicó mirando los expedientes que aún descansaban la mesa- Logré que el bufet lo aceptara y tengo a mi disposición al nuevo abogado de la firma. Acaba de salir de la universidad, pero es muy bueno.
-¿Y con respecto a Diamante y la prensa?
-La verdad, es que no dejo de sorprenderme- suspiro derrotada- Él quería esperar un poco más, especialmente porque no había hablado con mi padre aún. En cuanto al embarazo, se lo dije aquel día, porque no quería que pensara que era de Diamante y que me estaba abandonando.
-¿Le dijiste que era mío?- consultó tenso.
-No hace falta ser un genio para hacer cálculos, Darién- arqueó una ceja, desafiante- De todas maneras, le dije que no lo sabías y que no quería decírtelo aún, por lo que no abrirá la boca.
-Le conté todo a Rei- confesó, con un nudo en el estómago por la situación.
Serena lo miró sorprendida por tal revelación y se incorporó un poco para poder ver mejor su rostro, apoyando sus manos sobre su pecho.
-¿Y bien?- consultó agitada.
-Fue comprensible- Darién se acomodó mejor, intentando atraerla una más, pero la rubia no cambió de posición- Ella también estuvo con alguien mientras me pensaba muerto, por lo que no se sentía en posición de juzgarme. Comprendió que te necesitaba en aquel momento y no le sorprendió que estuvieras embarazada. Sólo me preguntó cuál era mi decisión y que ella la aceptaría.
El dolor golpeó el pecho de Serena, haciéndola sentir miserable. Su rival era mucho más honrada y madura de lo que ella sería jamás. Además, las palabras de Darién respecto de ella no eran demasiado alentadoras. La había necesitado, en pasado y sin más. No había un sentimiento de amor como el que la consumía a ella por dentro. Sintiéndose terriblemente mal, intentó abandonar los brazos de Darién, sin éxito.
El pelinegro había captado perfectamente su expresión de dolor y desilusión ante sus palabras. Comprendía que aquella situación era igual o aún más dolorosa para ella, debido a la incertidumbre de estar sola. Ver su dolor partió algo en su interior y cuando percibió que quería abandonar sus brazos, la retuvo. No podía permitir que Serena lo rechazara, no lo soportaría. Sin medir consecuencias, como cada vez que estaba con a su lado, tomó nuevamente su rostro entre sus manos y la besó con desesperación. Con sólo sentir sus labios, su adormecido corazón dio un salto, llenándolo de ansias.
Serena se resistió en un primer momento a aquel beso, pero su voluntad no era inquebrantable y con dolor terminó sucumbiendo ante la necesidad de sentir las migajas que podía darle. Se aferró a su cuello, exigiendo aún más. Ahora comprendía que, si Darién le solicitara que fuera simplemente su amante, ella lo aceptaría con derrota. Había logrado ser estoica y permanecer firme ante su ausencia sólo porque había interpuesto una barrera de distancia. Entre sus brazos, sabía que no tenía voluntad ante la presencia de aquel hombre. Más aún, llevando en su cuerpo un vínculo eterno con el pelinegro.
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Civilización. Día cuarenta y tres
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Abrió la puerta de su hogar tratando de no hacer ruido. Eran las primeras horas de la mañana y había permanecido toda la noche junto a Serena, ambos recostados en su sillón. Aunque había querido con toda su alma, no la había hecho suya porque sabía que hasta no tomar una decisión, aquello sólo la lastimaría aún más. Sin mencionar a Rei.
No fue hasta que dio unos pasos que se percató de la presencia de dos personas en el sofá de la sala de estar, resguardados por la penumbra que aún reinaba. Camino sin hacer ruido hasta que se percató de, allí como había hecho él horas antes con Serena, se encontraban dormidos Nick y Rei. Los miro detenidamente. La pelinegra llevaba puesta aquella bata de seda borgoña que le había regalado su madre el día que nació Armando, mientras que el castaño dormía con su pecho desnudo y sin sus zapatos. Como si de un puñetazo en el estómago se tratara, llegó a su mente un recuerdo:
Poco tiempo después de su regreso, había invitado a Nick para que cenaran en su casa. La comida transcurrió amenamente, como muchas veces antes de su accidente. Cerca de la medianoche, el castaño se excusó diciendo que ya era tarde y debía levantarse temprano al día siguiente pero Armando se mostró desilusionado con su partida.
-¿No te vas a quedar a dormir?- consultó tristemente- No importa que papá haya vuelto, aún puedes quedarte en el sofá.
A continuación, Nick le aseguró nerviosamente que era imposible pero que pronto lo buscaría para que fueran al parque a jugar. La pelinegra, por su parte, se removió un poco tensa bajo su brazo y liberándose de su agarre, tomó al niño informándoles que iría a recostarlo.
Rei había reconocido que también lo había engañado, pero nunca había mencionado con quien. Nicholas se había mostrado profundamente irritado por su indecisión, pero pensó que era por el cariño que tenía por la pelinegra y su amistad de años. Pero ahora, las piezas del rompecabezas comenzaban a tomar forma en su mente, al ver a los dos abrazados en un íntimo contacto que nada tenía de amistoso ahora ante sus ojos.
Conteniendo su dolor y furia, se dirigió en silencio hacia la habitación de Armando, quien aún seguía dormido, aunque pronto despertaría. Con suavidad, lo llamó.
-Buen día, papá- lo saludó con una sonrisa. Armando siempre había despertado de buen humor desde que era un bebé.
-Buenos días campeón- le revolvió un poco el cabello- ¿Te gustaría que fuéramos a desayunar cerca del parque?
Como había previsto, su hijo aceptó rápidamente la idea. Comenzó a vestirlo con premura. No podía permanecer demasiado tiempo allí sin despertar una violenta reacción y no quería que Armando viera la misma imagen, aunque quizás ya lo había hecho antes.
Una vez listos, lo tomo en brazos y se dirigió por la casa que aún estaba relativamente a oscuras. Darién le advirtió que no hicieran ruido, ya que su madre seguramente estaba cansada y sería bueno dejarla dormir un rato, para tener una "salida de hombres". Pero lo que no advirtió fue que Armando había tomado uno de sus juguetes poco antes de que lo levantara y cuando intentaba abrir la puerta lo más silenciosamente posible, aquel automóvil de juguete se le cayó, provocando un estrepitoso ruido.
Rei y Nicholas se despertaron la instante, sobresaltados por el sonido. La pelinegra observó como Darién tenía en brazos a Armando, mientras él intentaba distraerlo para que no los percibiera. Miró su cuerpo para descubrir su bata desalineada y siendo consciente del torso desnudo de Nick, levantó la mirada hacia el pelinegro, quien la miraba con desaprobación. Antes de que Rei pudiera expresar una palabra, Darién se había marchado.
[1] NZR: Selección de Rugby de Nueva Zelanda, oficialmente apodada como All Blacks.
[2] Blues: Equipo masculino de rugby de la ciudad de Auckland.
[3] Northern Explorer: Tren de pasajeros de larga distancia entre Auckland y Wellington (capital de NZ).
Hola a todos! Lamento la tardanza, pero quería que el capítulo quedará perfecto. Gracias por los comentarios de apoyo al fic, realmente los aprecio muchísimo. Espero que me digan que les parece la historia. Gracias y besos a todos!
