Waooo mucha gracias a la persona que agrego el fic a sus fav *O* espero con este cap conseguir aunque alg rew jijijij :3 espero que lo disfruten porque desde aqui la historia se pone buena! Recuerdn que sus comentarios y sus opiniones me alientan y me interesan :3 abrazos y besos!
Capítulo Uno: Natsu
Las risas sonaron en la cocina, mientras Lucy, Aries y Loke disfrutaban de un desayuno informal, sentados en unas sillas alrededor de la zona para comer, en la isleta central. Loke se había ofrecido para cocinar unas (más que pasables) excelentes tortillas, acompañadas de tostadas, fruta fresca, café y zumo. Después, incluso se ofreció para recogerlo todo, ordenando a las chicas que permanecieran sentadas. Mientras trabajaba, escuchó su relajada conversación.
—Tengo que decirte, Aries, que has descubierto un tesoro. —
En el fregadero, Loke se giró para mostrar una sonrisa burlona hacia Lucy, acompañada de un guiño
—Sting no levantaría ni un solo dedo para ayudar en la cocina, este es uno de los muchos motivos por los que rompí con él.
—¿Has roto con Sting? —preguntó Aries incrédula—. Creí haberte oído decir que era el tipo perfecto para ti.
—Sí, pues el señor Perfecto ha resultado tener unos cuantos defectos que no se podían dejar pasar. Incluido el hecho de que no quería más hijos.
—Oh no, Hay. Cuanto lo siento.
—Está bien, hermanita, me enteré de que era un pésimo padre. —Se giró para incluir a Loke, que se había dado la vuelta para escuchar—. Sting tiene una hija de un matrimonio anterior, pero en realidad no la quiere, la abandona con sus padres en cuanto puede. Estos están encantados de quedarse con su nieta, por supuesto, pero hasta la madre de Sting admite que no pasa suficiente tiempo con ella.
Con gesto disgustado, Loke continuó con la limpieza de la encimera.
—¿Cómo es posible que alguien pueda abandonar a su propio hijo de tal manera? —preguntó Aries con tristeza, mientras permanecía sentada con la vista clavada en la mesa y frotaba distraídamente su vientre. Lucy la miró con creciente sospecha y una gran sonrisa extendiéndose por su cara.
—Aries, ¿estás embarazada?
Aries alzó la vista con rapidez, para encontrar la expectante mirada de Lucy y después buscó la mirada de Loke. Su expresión resultó inexpresivamente neutral. Dejaba la decisión en manos de Aries. Lucy observó como una lenta sonrisa se extendía por el rostro de su hermana.
—Sí —confesó.
—¡Oh, Dios mío! —gritó Lucy —. Es maravilloso. —La abrazó con fuerza
mientras la mecía entusiasmada, hasta que se percató de lo que estaba haciendo—. Te estoy batiendo como a una coctelera, no me dejes hacerlo —la regañó. Sus ojos brillaban con lágrimas de felicidad, a la vez que saltaba de su silla y se acercaba a Loke—. Te voy a dar un abrazo, tipo grande —le avisó y echó sus brazos alrededor del cuello de Loke, besándole ruidosamente en la mejilla.
Loke le devolvió el abrazo, riéndose ante el entusiasmo que demostraba.
—¡Mamá y Papá van a alucinar! —declaró mientras volvía a su silla—. Estarán en el séptimo cielo con su primer nieto, y puedo asegurarte que me quitarán de su punto de mira —confesó, cuando Loke regresó a su asiento—. Se pasan el tiempo lanzándome sutiles indirectas sobre lo bueno que sería tener un nieto.
Observó cómo Loke cubría los hombros de Aries con el brazo y la acercaba para plantar un dulce beso en su sien.
—Me alegro de que lo apruebes —replicó con voz grave, mostrando una clara alegría en su tono. Lucy rio, con los ojos brillantes por las lágrimas no derramadas.
—¿Estás bien? —la preguntó Aries. La sonrisa de Lucy se amplió.
—Os amáis el uno al otro —contestó—. Es tan dulce que estoy estupefacta.
—También estás chiflada —la acusó Aries con cariño.
—Eso también —admitió Lucy alegremente, emocionada por el insulto de su hermana—. Vamos Loke, te ayudaré a terminar de limpiar, y tú, querida hermana, te quedarás sentada.
—Lucy —se quejó Aries—, el bebé no nacerá hasta dentro de ocho meses, no vayas a creer que voy a empezar a tomármelo con calma desde el principio.
—No obstante, tengo la intención de no echar a perder a mi sobrino o sobrina, y creo que voy a comenzar desde este mismo momento.
* * *
Después de terminar la limpieza, Loke entró en su despacho para realizar algunas llamadas telefónicas referentes a su trabajo. Lucy no estaba segura de cuál era exactamente su profesión, Aries le había explicado vagamente de qué se trataba; era un trabajo independiente, algo así como que estaba especializado en algún tipo de mediación. A pesar de la deliberada imprecisión de Aries, Lucy sabía que había algo más. No la presionó, sabiendo que se lo contarían en su momento.
Esta era una de las ventajas de haber conocido a alguien durante toda una vida. Después de un rato, sabías cosas de ellos por el simple hecho de haber compartido tanto tiempo.
Una vez que Loke se dirigió hacia su trabajo, Lucy acompañó a Aries a su librería, donde ella y Virgo, la mejor amiga de Aries y socia de su negocio, organizaron una ruidosa y alegre reunión. La amistad de Aries con Virgo se había ampliado para incluir a Lucy, y las tres pasaron la mayor parte de su crecimiento juntas.
El día pasó rápidamente entre el trabajo y la charla amena, con la que se fueron poniendo al corriente de las noticias de cada una. Lucy quedó impresionada con la librería y resultó evidente que los clientes también lo estaban, dado el gran número de ellos que entraron y salieron en el transcurso de las horas. Cuando la tarde llegó a su fin, Lucy decidió compartir una pequeña información que se había guardado. Después de que el último de los clientes se marchara, y mientras estaban ocupadas ordenando, se dirigió al frente de la librería y se detuvo delante de la sección de novedades.
—¿Sabéis? —dijo con voz claramente audible—, mi libro quedaría estupendo aquí.
—¿Y de qué sería el libro, Luce? —preguntó Aries con indulgencia.
—El de suspense romántico, con una gran carga erótica, que escribí y que fue aceptado para su publicación hace unas semanas.
Aries se quedó mirando fijamente a Lucy, buscando algún signo de que hablaba en broma. No apreció ninguno.
—Hablas en serio. —Aries se giró hacia Virgo—. Habla en serio. —Su mirada regresó con incredulidad hacia Lucy—. ¿Hablas en serio?
Ante su gesto afirmativo, Aires y Virgo se precipitaron sobre ella, envolviéndola en un abrazo.
—¿Por qué no nos contaste que estabas escribiendo un libro? —preguntó Virgo.
—Sí, ¿por qué no nos lo dijiste? —repitió a su vez Aries, mientras la daba otro abrazo, junto con un vengativo pellizco en el brazo.
—¡Ow! —se quejó—. ¿Ya ha averiguado Loke que te encanta pellizcar?
—Sí —contestó complacida—. Pero no te preocupes por él. También consigue anotarse algún tanto.
—Puedo imaginármelo —dijo Virgo, moviendo las cejas de manera insinuante.
Aries se ruborizó mientras Lucy y Virgo intentaban contener las risas.
—Bueno —las amonestó—. ¿Podéis dejarlo ya? —Fijó su mirada en Lucy—. Explícate hermanita.
Lucy frunció la nariz ante el tono de hermana mayor de Aries.
—Hace unos años, se me ocurrió la idea de escribir un libro. Ya sabes lo que me gusta leer. —Aries hizo un gesto afirmativo y Lucy continuó—. Escribí media docena de capítulos y perdí el interés, por lo que le dejé de lado. El año pasado sentí de nuevo la necesidad, desenterré el material que ya tenía escrito y lo leí por encima. —Se rio—. ¡Era malísimo! Sin embargo, continuaba con esa necesidad, y pensé que algunas ideas eran realmente buenas, así que lo intenté de nuevo —explicó entusiasmada, con los ojos brillantes—. De hecho, me entregué totalmente a ello. Decidí no comentar nada hasta haberlo terminado y que lo hubiera visto un editor. Si era rechazado, lo mantendría enterrado, para quizá intentarlo un par de años más tarde.
Lucy sonrió ampliamente y encogió los hombros con cierta timidez.
—No me lo rechazaron. Por lo tanto, he guardado en bolsas todo mi trabajo en Sistema de Datos y me voy a dedicar a la escritura con dedicación exclusiva.
—¿Dejas el trabajo?
—Sí, Aries, deseo hacer esto y tengo mucho dinero ahorrado, por si lo necesito. Ya sabes lo tacaña que soy. Y he pensado que —se lanzó jadeante—, ahora que te has ido a vivir con Loke, ¿querrías alquilarme tu casa? Quiero decir, si no tienes ningún plan para ella.
Lucy observó atentamente a Aries para captar su reacción, reconociendo una mirada algo aturdida. Lo último que quería era alterar a su hermana, sobre todo en su estado actual, pero esto era muy importante para ella. Lucy sentía que su vida estaba a las puertas de un cambio radical y, de alguna manera, trasladarse aquí, a Whispering Springs, estaría… bien.
—¿Estás bien? —preguntó Lucy, mostrando cierta agitación en su voz. Necesitaba la aprobación de Aries.
—Estoy bien. Solo necesito sentarme un momento —contestó. Se dirigieron hacia uno de los rincones de relax dispersados por la librería, para el disfrute de los clientes, y se sentaron sobre un cómodo sofá—. Me has tomado por sorpresa. Realmente has pensado todo esto, ¿verdad?
Lucy hizo un gesto afirmativo con gran seriedad.
—Bien, si estás segura de que es lo que quieres, la casa es tuya. —Aries tomó la mano de su hermana—. Pero ya sabes que eres bienvenida si prefieres quedarte con Loke y conmigo, ¿verdad?
—Hermanita, ya sé que me dejarías quedarme con vosotros, pero es lo último que necesitas en estos momentos. Loke y tú acabáis de empezar una nueva vida juntos. —Oprimió la mano de Aries—. No necesitas a una hermana medio loca conviviendo contigo.
—No estás loca —negó Aries, con un visible temblor en su labio inferior. Con los ojos húmedos por las lágrimas, Lucy le dirigió una acuosa sonrisa burlona.
—Ahora no os echéis a llorar las dos —ordenó Virgo, captando la gran carga emocional del ambiente—. ¡Esto merece una celebración! La hermanita pequeña va a ser una escritora famosa y, además, se viene a vivir a nuestra ciudad. ¿Me puedes firmar un autógrafo? —preguntó con fingido entusiasmo, con los ojos muy abiertos mostrando gran apasionamiento. Aries esbozó otra acuosa sonrisa.
—¿Alguna vez has tenido ganas de darle una bofetada? —le preguntó Lucy a su hermana mientras le dirigía una mirada enfurruñada a Virgo.
Esta retrocedió con fingido horror y las tres se rieron, rompiendo la tensión del momento.
—Podríamos ir en coche hacía la casa —les dijo—. Tengo que recoger algunas cosas y así puedes ver la zona para cerciorarte de qué es lo que quieres. Si mal no recuerdo, había helado de mantequilla de maní en el congelador — dijo con una sonrisa—. Podríamos hacer algo con él, ya que estamos de celebración y todo eso.
Con un coro de ansioso consenso se dirigieron a la casa de Aries. Esta llevó a Lucy como pasajera. Virgo las siguió en su propio coche, para poder irse directamente a su casa cuando hubieran terminado. Mientras recorrían la ciudad en dirección a la zona periférica donde se hallaba la casa de Aries, Lucy se dedicó a admirar el paisaje.
Whispering Springs era una de esas pintorescas y tranquilas ciudades, con una zona comercial interesante, diversa y no muy grande. También disponía de pequeños barrios donde las casas no eran reproducciones unas de otras, y se encontraban lo suficientemente alejadas como para permitir cierto aislamiento a los residentes. Los patios estaban limpios y muy bien cuidados. Flores de diferentes tipos crecían alineadas e incluso daban forma a los jardines, estaban situadas en jardineras sobre los alfeizares de las ventanas y formaban pasillos en la zona peatonal. Grandes árboles atestiguaban el hecho de que el lugar tenía profundas raíces y no se podía clasificar como una urbanización aparecida de la noche a la mañana. Había una sensación de tranquilidad y solidez en el lugar que la llegó a los huesos, haciendo que se sintiera inmediatamente como en casa.
Cuando entraban en el camino de acceso a la casa de Aries, Lucy vio que ya estaba aparcada allí una camioneta. Llevaba un logo en el lateral que anunciaba Diseños Dragneel.
—¿Qué es lo que hará Natsu aquí? —preguntó Aries en voz alta.
—¿Quién es Natsu?
—Natsu Dragneel. Es el mejor amigo de Loke.
Salieron del coche y, cuando Virgo se las unió, caminaron hacia el porche que daba paso a la puerta de entrada. Aries probó el picaporte. No estaba cerrado y dio un paso al interior.
—¿Natsu?
—Aquí —llegó la respuesta, ligeramente apagada.
Lucy sintió como un involuntario temblor se deslizaba por su espalda. Algo en aquella voz profunda y potente golpeó un punto desconocido de su interior. La sensación no resultó desagradable y le desconcertó sentirse afectada por alguien a quien todavía no había visto. Su curiosidad creció bruscamente. Virgo y ella siguieron a Aries hacia la cocina.
Delante del fregadero, tomando la última cucharada del helado de mantequilla de maní, se encontraba el ejemplar más magnífico de belleza masculina que ella hubiera visto jamás. «Señor ¿Es que todos los hombres de esta ciudad eran unos portentos físicos?» Parece que había llegado al lugar ideal, pensó, mientras una onda de anticipada tensión la recorría.
Natsu Dragneel, totalmente relajado, se apoyaba contra el fregadero mientras terminaba su helado. Un metro y ochenta y cinco centímetros de altura llenaban sus vaqueros y su camiseta de tal manera que llamaban la atención de una mujer. Duro, musculoso y fuerte en los lugares correctos. Su hermosa pero severa cara estaba enmarcada por un cabello rosáceo, que le hacía ver un aspecto algo salvaje debido a las rebeldes hebras y que relucían bajo la luz del sol que penetraba a través de la ventana de la cocina. Sus cejas enmarcaban unos brillantes ojos azules-verdosos, protegidos del sol gracias a unas abundantes pestañas, mientras que una recta nariz señalaba el camino a unos labios invocadores de calientes pensamientos y noches repletas de sensuales besos. Su cálida piel, de un tono trigueño, estaba bronceada por el sol.
Natsu pasó su vista de Aries a Virgo de manera amistosa antes de detenerse ostensiblemente sobre Lucy. Sintió como el estómago se estremecía cuando él capturó su involuntaria y fascinada mirada de admiración. Raspando los últimos restos del helado en el envase, Natsu fijó en Lucy toda su atención, mientras se concentraba en limpiar la cuchara con la boca. Su lengua realizó cosas malvadas y maravillosas en aquel trozo de inanimado y desagradecido metal. Cosas que desencadenaron un fogonazo de calor por sus venas.
Un acaloramiento que comenzó en su vientre y fluyó hacia abajo como cera caliente. El resultado fue una humedad instantánea en sus bragas. Mientras toda la humedad de su cuerpo viajaba hacia el sur, el fuego de sus venas cargó hacia el norte. Lucy sintió como una ola de calor se esparcía por su pecho, garganta y mejillas. Natsu le dio a la cuchara un último y sensual lametón antes de sonreír.
Esta fue una lenta, malvada y provocadora sonrisa, como si fuera conocedor del efecto producido y estuviera muy, muy complacido. Irritada y mortificada por la facilidad con la que Natsu había conseguido tal reacción en ella, Lucy se sintió instantáneamente insultada. El hombre estaba demasiado seguro de sí mismo.
Estaba decidida a demostrarle que no era ninguna virgen influenciable. Enderezó la espalda, levantó la barbilla y le dirigió una mirada furiosa, sin tomar en cuenta las miradas intrigadas de Aries y Virgo. Natsu le lanzó una obstinada sonrisa y devolvió su atención a Aries
—Espero que no te importe —dijo, indicando el cartón vacío—. Son mis honorarios.
—¿Honorarios por qué? —preguntó con una sonrisa desconcertada.
—Loke me mencionó que tenías una ventana rajada en la sala de estar. Me ofrecí para sustituirla. —Tiró el cartón y aclaró la cuchara—. Hola Virgo, me alegra volver a verte.
—Natsu—devolvió el saludo—. ¿Cómo va tu negocio de arquitecto? ¿O quizá no debería preguntar, ya que has caído hasta tener que sustituir ventanas a cambio de un helado?
—Me gusta regresar a lo básico de vez en cuando —rio— El negocio va excelentemente. ¿Conoces a Lissana Strauss?
Virgo hizo un gesto afirmativo.
—Acaba de recibir un maravilloso y enorme cheque de su viejo esposo. Parece que sospechaba que la estaba engañando y contrató a un detective privado para sorprenderlo in fraganti. Cuando terminó el proceso de divorcio, su imagen valía más que mil palabras. Y un montón de dinero en efectivo. Está pensando en realizar alguna renovación en aquel mausoleo donde vive. Va a ser un trabajo muy interesante.
—Hmmm, ¿está pensando solo en la renovación de la casa o tiene en mente alguna otra renovación más personal? —preguntó Virgo en broma.
Estaba bien enterada de la reputación de Natsu. Era el preferido entre la población femenina local y no tan local.
—Imagino que de ambas cosas —contestó Natsu, lanzándole un malvado guiño.
Aries carraspeó. —Ahora no estoy tan segura de querer presentarte a mi hermana.
Lucy, que había observado el intercambio entre Virgo y Natsu con involuntario interés, se sintió disgustada por sus proezas con las mujeres. La irritación que sentía era sobre sí misma. «¿Por qué demonios debería importarme lo que hace?» Se preguntó antes de decir en voz alta
—No seas tonta, Aries. —Su tono de voz fue cortante y frío—. Si el señor Dragneel decide disfrutar de aventuras amorosas con sus clientes, es asunto suyo. —Le ofreció la mano—. Lucy Heartfilia, encantada de conocerle.
Natsu trasladó su mirada turquesa a la amplia sonrisa de Lucy, tomando su mano. En el pasado, había conocido a hombres que la habían desnudado con los ojos, pero, por cómo la miraba Natsu en esos momentos, se podría pensar que este hombre en realidad ya la había visto desnuda. Se quedó perpleja ante el reconocimiento inexplicable y el calor que reflejaban sus ojos. Este hecho le produjo una oleada de carne de gallina por toda su piel. Una repentina imagen de Natsu desnudo se presentó ante ella para su propia inspección por una imaginación demasiado activa. Con gran esfuerzo Lucy conservó la calma, manteniendo su expresión neutral.
—Llámame Natsu. ¿Puedo llamarte Luce? —Ante su gesto afirmativo, él aplicó un suave masaje al presionar su mano—. Lo que tienes que tener en cuenta, Luce, es que un hombre no siempre acepta lo que le ofrecen. Tal como estoy seguro que no lo haces tú. —Su voz transmitía una suave advertencia. Lucy se indignó.
—Tienes razón, Natsu—concordó dulcemente, mientras, deliberadamente, retiraba la mano de la de él—. Hay cosas que una mujer no podría tolerar — agregó con frialdad.
A pesar de su irritación, Lucy no pudo negar la carga eléctrica que hizo que su piel se erizara donde sus manos se habían tocado. El calor que fluía de las yemas de sus dedos barrió como una ola por su brazo, llegando a todo su cuerpo y haciendo que su temperatura se elevara un poco más. La sensación era parecida a sumergirse en una cálida y acogedora bañera.
—La experiencia me ha enseñado que una persona puede adquirir gran cantidad de tolerancia —afirmó Natsu en un ronco gruñido mientras daba un paso para acercarse—. Incluso se puede llegar a disfrutar de algo que al principio pudo parecer antipatía.
Entornó los ojos de manera sensual, una mirada que sin duda había seducido a muchas mujeres imprudentes. Lucy no se dejaría capturar tan fácilmente, y dio un paso hacia atrás, alejándose e inspirando profundamente para intentar tranquilizarse. Resultó ser un error. El suave y sutil olor de Natsu invadió sus fosas nasales.
—A veces una persona no siempre está segura de lo que quiere, y se requiere de alguien más que les lleve hacia una experiencia que muy fácilmente podría cambiar su vida —insistió Natsu.
—¿Y qué pasa si esa persona está totalmente satisfecha con la vida que lleva?
—¡Oh,Lucy! —Natsu sacudió la cabeza con fingida tristeza—. A pesar de eso, creo que hasta la satisfacción más perfecta puede ser mejorable. —Le obsequió una mirada que quemaba por su intensidad—. Creo que siempre hay tiempo para un cambio en la vida de las personas. No hay nada como agitar las cosas e intentar algo nuevo. ¿No estás de acuerdo?
Lucy se relajó un poco, mientras una sonrisa renuente aparecía en sus labios. Su irritación se convirtió rápidamente en diversión. Obviamente Natsu era un hombre que usaba su atractivo sexual para sus conquistas, pero tenía cerebro e ingenio para dirigir aquellas devastadoras miradas. Sus bromas no solo estimulaban sexualmente, sino que, además, divertían.
Elevó la frente de manera orgullosa y le dirigió una mirada de consideración.
—Aunque esté de acuerdo en que no hay nada malo en probar algo nuevo, eso no significa que automáticamente sea algo bueno para ti. Esto último podría resultar muy, muy malo.
—Y para algunas personas lo malo puede ser estimulante.
—Eso es cierto. Ser imprudente y salvaje puede resultar atractivo, pero a menudo la gente se lamenta cuando retorna la serenidad.
—He descubierto que hay ciertas cosas sobre las que el intelecto no debería influenciar. Algunas veces es mejor dejar actuar al instinto.
—¿Y qué pasa si tu instinto te dice que corras antes de que sea demasiado tarde?
—En realidad correr también podría estar bien. No hay nada como la emoción de una buena persecución.
Lucy había abierto la boca para contestar cuando Virgo estalló en carcajadas. Se giró para descubrir que Virgo y Aries observaban el claro intercambio de insinuaciones. Aries les miraba fijamente, con el asombro reflejado en sus ojos.
—Esto hace que haya valido la pena que nos quedáramos sin el helado de mantequilla de maní —rio Virgo—. Tal vez deberíais dejarlo en empate.
Lucy miró a Natsu, captando el leve brillo de sus ojos.
—Estoy de acuerdo si él lo está —ofreció.
Natsu inclinó la cabeza como aceptación.
—Por mí muy bien, teniendo en cuenta que yo tenía la mejor mano.
—Si tú lo dices —resopló Lucy.
—Oh, dulzura, no es que yo lo diga.
—Tú solamen…
—¡Alto! —gritó Aries—. Me estáis mareando. Natsu, ¿has terminado con la ventana? —Él hizo un gesto afirmativo—. Muy bien, gracias por el arreglo, ha sido un estupendo detalle. Vete a casa. ¡Lucy!, si dices una palabra más, te amordazo!
Sus palabras de protesta quedaron amortiguadas por el sonido del teléfono móvil de Aries.
—¿Diga? —contestó Aries, manteniendo un ojo vigilante sobre Natsu y Lucy, mientras Virgo se giraba para intentar acallar sus risas—. Hola cariño. No, todo está bien. Estamos en mi casa. Necesitaba recoger algunas cosas y, además, Luce quería ver el barrio. ¡Oh, tengo muy buenas noticias! Luce ha decidido venirse a vivir aquí, va a alquilar la casa.
Lucy observó la lenta y depredadora sonrisa que curvó los labios de Natsu, mientras sus ojos relucían con un brillo intenso y salvaje. Un escalofrío de incertidumbre encogió su estómago y frunció el ceño, preguntándose si era posible que sus ojos pudieran provocarle esas sensaciones. El brillo en los ojos de Natsu fue tan fugaz que dudaba de haberlo visto de verdad. De mala gana, decidió que debió ser cosa de la luz que entraba por la ventana.
Aun así, la dejó cierta sensación de inquietud. Brillo o no, aún tenía una sonrisa satisfecha por la contienda.
No le dio oportunidad de contestarle que no se hiciera ilusiones. Sin decir más, se giró y se dirigió hacia la sala de estar para recoger la caja de herramientas. A escondidas, le vio irse. «Maldición, el hombre sabía moverse», pensó y después ahogó un gemido cuando se agachó para recoger sus herramientas dispersas. La visión de aquel pequeño y firme trasero, cubierto por unos estrechos vaqueros, le hizo la boca agua. De mala gana trasladó su atención a la conversación entre Aries y Loke.
—A propósito, Natsu está aquí. Arregló la ventana. Ha sido algo muy dulce que te acordaras. —Escuchó un momento y Lucy sonrió cuando observó como el rubor cubría las mejillas de su hermana—. Oh bien…Ya pensaré en eso — contestó Lucy con un leve ronroneo en la voz—. Sí, está aquí mismo. Bien. ¿Natsu? Loke quiere hablar contigo.
Natsu tomó el teléfono que Aries le ofrecía y se retiró a la sala de estar. Mientras hablaba con Loke, Aries enfrontó a Lucy.
—¿Qué pasa contigo? —le preguntó.
—¿Qué? ¡No soy yo, es él!
—Empezaste tú. Y para tu información, creo que más te vale alejarte de él. No es precisamente un tipo común.
—No soy ninguna virgen inexperta, Aries. Puedo cuidar de mí misma.
—Incluso si lo fueras, estoy segura de que Natsu sería feliz de ayudarte con eso —dijo Virgo sarcásticamente—. ¿Viste la manera en que te miró? Sentí cómo el calor lo inundaba todo —dijo, abanicándose.
Lucy sonrió a Clare (aprovechando la ausencia de él), para ir directa hacia los hechos más calientes de la situación.
—Bueno, puede ahorrarse su calor —les aseguró—. Estoy estupendamente de temperatura.
—Estoy de acuerdo con eso —interrumpió Natsu—. Caliente. —Le devolvió el teléfono a Aries, que se despidió de Loke.
Los ojos de Natsu capturaron los de Lucy. Ardían con un suave tono turquesa, un claro y sutil resplandor que prometía convertirse en un rugiente infierno si se le alimentaba adecuadamente. Otro rubor se deslizó a lo largo de todo su cuerpo y Lucy se obligó a permanecer derecha, sin mostrar ningún tipo de reacción.
Natsu trasladó su atención a Aries.
—Loke me ha pedido que haga una minuciosa inspección de la casa. Dado que tú hermana va a quedarse aquí, quiere que esté en perfectas condiciones. Dijo que me avisarías si hay algo en particular que necesites que se haga, o se repare —le dijo—. Si te parece bien, me quedaré con la llave que me dio Loke. Mañana traeré algunos hombres para comenzar con el trabajo.
—Eso suena muy bien, Natsu. Entonces regresaremos mañana para recoger el resto de mis pertenencias. Te pasaré una lista con las cosas que creo deberías revisar.
—De acuerdo —contestó y, recogiendo su caja de herramientas, se dirigió hacia la puerta—. Señoras, ha sido un placer, como siempre. —Le lanzó a Lucy una intensa mirada que le dijo todo—. Te veré mañana, Luce.
—Bien, no quiera Dios que mañana sea un buen día para mí —contestó sarcástica.
Reconociendo claramente la atracción que sentía por Natsu, estaba segura de que una relación con él sería muy probablemente de lo más peligroso. Natsu sería un dolor que terminaría por padecer.
Natsu soltó una carcajada y continuó hasta la puerta.
Lucy le vio salir, con un ceño fruncido desfigurando su cara. Algo en aquellos endiablados ojos le resultaba terriblemente familiar.
