Capítulo 2: Abandono
—¿Kagome, a dónde te habías metido? —preguntó Shippo con preocupación saltando al hombro de la joven.
Ella le sonrió apenas y acarició la cabeza pelirroja del zorrito para calmarlo. Sango y Miroku también la observaban dubitativos, pero prefirieron mantenerse en silencio en espera de la respuesta de su amiga.
—Solo quería caminar un poco—mintió restándole importancia al asunto con un movimiento rápido de la mano—, me encontré un animal herido en el camino así que me entretuve intentando asistirlo.
—¿Y? ¿Pudiste ayudarlo? —preguntó Sango con una pequeña sonrisa.
Ella asintió.
—Un poco, no se mostraba muy reacia a recibir ayuda.
—Debería tener cuidado con ese tipo de criaturas salvajes del bosque, señorita Kagome—repuso Miroku con preocupación en su tono de voz—hay algunas que son muy peligrosas allí afuera, ayudar a alguna podría ser muy riesgoso, sin mencionar que si esa criatura se encuentra lastimada, podría llegar a atacarla para defenderse.
Ella asintió nuevamente recordando el gruñido gutural que Sesshomaru había proferido al percatarse de que ella se le estaba acercando. Luego volvió a sonreír ante la imagen del demonio que de a poco iba sosegándose hasta tal punto de aceptar su ayuda, al menos un poco.
—Por suerte se calmó cuando supo que mis intenciones eran buenas.
—¿Qué tipo de criatura era? —preguntó Shippo sintiéndose preocupado por el animal en cuestión.
—Un… un perro—repuso ella, bien, no estaba mintiendo del todo.
—Que extraño, un perro por estos bosques…—Miroku se acarició la barbilla, pensativo—¿Tal vez sería un lobo?
—¿Por qué no lo trajiste con nosotros, Kagome? —volvió a preguntar Shippo con tristeza.
—Ahhh…—ella enrojeció un poco, se sentía invadida de preguntas y poco a poco comenzaba a sentirse nerviosa, no sabía hasta dónde podría sostener la mentira si es que seguían bombardeándola—…bueno pues… era bastante arisco, haber intentado traerlo aquí no hubiera resultado en absoluto.
—Pobrecillo—murmuró Sango, distraída, acariciando a Kírara.
Kagome suspiró y se sentó junto al fuego con ellos, luego se quitó la gran mochila amarilla y comenzó a sacar comida del interior y le entregó un paquete de ramen a cada uno de los presentes, así como unas cuantas croquetas para Kírara.
—Los compré ayer mismo, así que está fresco—dijo, luego sacó un quinto paquete de ramen y lo observó un largo instante antes de hablar—este… es para Inuyasha.
Su voz tembló un poco al decir el nombre del hombre mitad bestia en un susurro. Cierto, por un segundo había olvidado que él se había marchado casi sin decir nada después de divisar a lo lejos una de las serpientes recolectoras de almas de Kikyo. Bajó el paquete y lo volvió a introducir en la mochila sin decir más. Los presentes parecieron notarlo y Shippo con rapidez le quitó el ramen de las manos antes de que ella pudiera reintroducirlo en la mochila.
—Pues si no regresa me lo comeré yo.
—No puedes, te hará mal comer tanto—lo reprendió Miroku.
—Deja que se lo coma, Inuyasha se lo merece—murmuró Sango con cierto tono de veneno en la voz.
Kagome sonrió con tristeza otra vez intentando ocultar las ganas de llorar ante sus amigos. Ellos estaban siempre allí, haciéndole compañía y brindándole apoyo en los momentos en los que más los necesitaba, como aquel, en el que se sentía tan sola. Su simple compañía producía que su dolor no fuera tan agobiante, sin embargo, al momento en el que cada uno se preparó para dormir, ya entrada la noche, contempló cómo Miroku se acercó a Sango más de lo normal para poder descansar lo más cerca de ella posible; Kírara se acurrucó cerca del fuego junto con Shippo; y ella se introdujo en su propia bolsa de dormir un poco más distanciada. Sus ojos vagaron hacia el horizonte, allá donde la oscuridad no le permitía ver lo que se escondía detrás de los árboles; pero estaba segura de saber lo que estaba sucediendo en aquel lugar donde sus ojos no alcanzaban a ver. Se recostó y observó el fuego crepitar hasta que la llama se redujo al punto de apagarse y volverse cenizas. No podía dormir, la sensación de abandono que sentía era más fuerte que ella, el calor de la amistad que los demás le habían brindado se habían disuelto al igual que el fuego en el aire una vez que todo quedo en silencio, en el ruidoso silencio de la noche.
Un sonido a lo lejos la sacó de sus pensamientos y agudizó el oído. Creía estar segura de lo que se trataba y, una vez que observó entre sus ojos semi cerrados un aori rojo que se paseaba alrededor del campamento buscando restos de comida, apretó los puños con rabia. Escuchó a Inuyasha gruñir al percatarse que se habían comido todo el ramen, sin embargo, su gruñido no era como el de Sesshomaru, sino más suave, no expresaba aquel sentimiento asesino.
—Kagome—susurró Inuyasha posando una de las manos sobre el hombro de ella y zarandeándola con suavidad para, según lo que él creía, despertarla—. Kagome ¿Ya no queda ramen?
Ella abrió los ojos apenas y lo observó de tal manera que el hombre mitad bestia palideció y le quitó la mano del hombro. La mirada de la joven lo había atravesado como una lanza, incluso él podría jurar que le había dolido el impacto que produjo en su persona. Él entornó la mirada ámbar e intentó sonreír un poco para apaciguar la tensa situación.
—Vamos, Kagome, no he comido nada desde esta tarde ¿Por favor? No dejaré de insistirte hasta que me digas dónde tienes el resto de la com-
—Abajo.
No hay necesidad de decir que pasó luego. Kagome se volteó dentro de su bolsa de dormir dándole la espalda a Inuyasha que se encontraba estampado contra el suelo con el resto de las miradas entre curiosas, sobresaltadas y adormiladas de sus amigos.
Sonrió cuando sintió su cuerpo ser invadido por un calor placentero, no podía creer que aquella cosa había funcionado con tanta eficacia. Apenas llevaba muy poco de amanecido y la luz del sol comenzó a iluminar cada objeto con el que se topaba a su paso, incluso el libro que reposaba a pocos metros de él. Sus ojos ámbar volvieron a posarse en el pequeño objeto que hacía pocas horas había arrojado y sus pensamientos volvieron a vagar en dirección a la mujer propietaria. Y en aquel entonces en el que su mente podía pensar con más claridad, se preguntó qué significaba aquello que había leído hacia unas horas, no es que le importara, pero la curiosidad lentamente comenzó a invadirlo. Había escrito que se encontraba en una situación que no podía soportar y que seguramente debería convivir con ella de por vida ¿Quién o qué la hacía sufrir tanto? Sabía por la forma en la que le había sonreído el día anterior que ella se encontraba invadida por una profunda tristeza, una tristeza tal vez reciente. Chasqueó la lengua y, casi sin pensarlo, se estiró otra vez para alcanzar el libro. Volvió a sujetarlo en la mano, lo abrió y leyó la primera página que encontró escrita en él.
"Hoy ha vuelto a suceder, ya siento que cada vez me cuesta más expresar lo que siento cada vez que oigo aquel sonido, el de las serpientes recolectoras de almas zumbando en mis oídos. Es como escuchar el anuncio de que algo malo sucederá. No es el caso para él, claro, para él es símbolo de esperanza y podría jurar que su corazón empieza a latir en su pecho con ansiedad. Pero para mí, para mí es como si unas manos invisibles me cubrieran con un telón oscuro como a un mueble antiguo que ya nadie quiere usar."
Sintió, muy a lo lejos, unos pasos que se acercaban acelerados. Con rapidez se puso de pie, no pensaba volver a dejar que aquella mujer se le acercara, mucho menos una vez que había permitido que lo ayudara tanto sin él habérselo pedido, no quería seguir sometiéndose a situaciones incómodas con ella. Sintió un dolor punzante en el pecho donde se había encontrado el fragmento corrompido, tal vez no le había dado el tiempo suficiente a aquella pócima para que aliviara todo lo que todavía residía en su interior. Sin embargo, se alejó del lugar con agilidad y se escondió entre las copas de árboles más altos justo cuando veía la negra cabellera de la mujer que se asomaba entre los verdes arbustos. Se escondió un poco más sin despegar los ojos de ella, la observó mirar alrededor buscándolo y finalmente suspirar con una pequeña sonrisa.
—¿Ya se fue? —se preguntó a sí misma y sonrió nuevamente—Vaya, no hay remedio con este hombre—luego observó el árbol en donde él se había encontrado recostado y divisó el recipiente vacío de la medicina que le había entregado el día anterior, lo levantó con una mano y lo examinó todavía sonriendo—. Qué testarudo, y aun así se la bebió.
Sesshomaru frunció el ceño ofendido ¿Quién se creía que era para decir eso de él? En realidad, no podía negar que su orgullo era un poco más grande que cualquier otra cosa, por lo que incluso escuchar ese tipo de afirmaciones hacia su persona le molestaban bastante. Durante unos segundos olvidó las deudas que hacía pocas horas tenía con ella y deseó darle una lección.
Kagome hizo girar el frasco en sus manos. Por un segundo había albergado la esperanza de encontrar al demonio todavía allí. No pensaba que Sesshomaru ansiara verla, por supuesto, pero tampoco se imaginaba que se iría con tanta rapidez, como queriendo evadirla. Exhaló un triste suspiro: se había levantado ni bien había salido el sol para ir a verlo y comprobar si se encontraba bien, se había alejado del campamento casi en puntas de pie para no despertar a nadie, mucho menos a Inuyasha que sabía que tenía un oído bastante agudo. Una lágrima rebelde cayó por su mejilla. Era una ingenua ¿Acaso se sentía tan desesperada qué buscaba una forma de distracción de sus tan agobiantes emociones en alguien tan poco predecible como Sesshomaru? Por unos segundos deseó que él siguiera allí, deseaba ocuparse de algo o de alguien por unos momentos y olvidar la agonía que últimamente sentía cada vez más seguido en su día a día.
El demonio perro olfateó el aire cuando sintió el aroma salado en su nariz. Entornó la mirada, esa humana sí que era peculiar. Por un segundo sintió el impulso de bajar y preguntarle qué es aquello que la atormentaba tanto y de lo que había escrito en aquel libro que todavía sujetaba en su mano y que decidió ocultar entre su ropa. Sin embargo, no bajó, puesto que sintió la presencia de otro ser no muy lejos, ese olor a mezcla de sangres.
Era Inuyasha.
Quizo alejarse con rapidez del lugar, sin embargo, al comenzar a moverse, volvió a sentir una punzada en el pecho que lo obligó a encorvarse de dolor. Gruñó por lo bajo tocando el lugar afectado y maldiciendo su suerte.
—¿Qué haces aquí?
Kagome exhaló un grito ahogado y se volteó para ver a Inuyasha que aterrizó a su lado y observó los alrededores con curiosidad. Ella de repente lo caló con la mirada y no respondió a su pregunta, sino que cruzó los brazos y se dio media vuelta para regresar de donde había llegado.
—Kagome, respóndeme.
—¿Qué quieres? —respondió con sequedad.
—Quería saber por qué te fuiste del campamento sola.
—No es de tu incumbencia—refunfuñó y siguió caminando.
—¡Si lo es! —dijo su hermano y la sujetó por el brazo para retenerla—Me preocupé al saber que te habías ido quién sabe dónde sin protección de nadie.
Ella lo observó a los ojos con sorpresa, luego lentamente apretó los dientes. Era un descarado y un caradura. ¿Después de haberla dejado sola durante la mayor parte del día anterior ahora venía a decirle que se preocupaba por ella? Cuando Kikyo aparecía en escena ella era dejada de lado, olvidada, como si no existiera. A él poco le importaba lo que a ella le pasara mientras él se iba por ahí en busca de Kikyo. Intentó todo lo posible por no responderle y se zafó de su agarre de un tirón.
Accidentalmente, el frasco que tenía escondido en su mano cayó al suelo y llamó la atención de Inuyasha. Ella palideció e intentó levantarlo, pero él fue más rápido y lo elevó a la altura de los ojos, luego lo olfateó.
Sesshomaru palideció, sus pupilas de dilataron e intentó volver a ponerse de pie, era imposible, apenas podía mover su cuerpo, mucho menos huir.
—¿Qué haces? ¡Dame eso! —refunfuñó Kagome intentando recuperar el frasco.
Inuyasha alzó la mano para silenciarla, cosa que funcionó. Luego entornó la mirada y volvió a observar a su alrededor, esta vez con una pequeña sonrisa en su rostro. Llevó una mano a Colmillo de Acero y le devolvió el recipiente a Kagome con la otra.
—Sé que estás ahí…—canturreó Inuyasha arrastrando las palabras y olfateando el aire—…muéstrate, no actúes como un cobarde, Sesshomaru.
El demonio apretó los dientes, pero no respondió a su llamado, no iba a hacerlo.
—Si no vas a salir por tu cuenta entonces yo mismo haré que lo hagas —exclamó mientras desenvainaba a Colmillo de Acerco y, con un rápido movimiento para invocar el Viento Cortante, despedazó los árboles que rodeaban el escondite de su hermano. Este gruñó nuevamente del dolor y, todavía cubriéndose el área afectada, aterrizó en el sueño, no muy lejos de ellos.
Kagome lo observó con sorpresa, no se imaginaba que él iba a seguir allí, definitivamente escondido de ella; luego observó a Inuyasha al instante e intentó razonar con él antes de que cometiera una locura.
—Está herido ¿No lo ves?
—Lo huelo, hay veneno en su sangre… ¿Cómo llegaste a un estado tan lamentable, Sesshomaru?
No obtuvo respuesta al comienzo, su hermano mayor exhaló aire con pesadez y se enderezó un poco mostrando una postura de superioridad que en aquel momento no sentía puesto que el dolor era mucho más difícil de soportar estando derecho. Sin embargo, no podía mostrar debilidad o dolor frente a su medio hermano, frente a la vergüenza que Inuyasha representaba para los demonios.
—No vengo a pelear, Inuyasha—respondió al fin, con una voz serena, recatada, como si nada le sucediera, y es que estaba haciendo todo el esfuerzo posible por no sonar afectado por el dolor.
En aquel momento aparecieron detrás de ellos el resto del equipo: Sango, Shippo y Miroku que todavía mostraban aquel aspecto adormilado pero sobresaltado ante tanto alboroto que había causado el hanyou.
—¿Entonces por qué estas tan cerca de nosotros? ¿Qué buscas?
—Nada de tu incumbencia.
Shippo se subió al hombro de una pálida Kagome para vitorear a su amigo.
—¡VAMOS INUYASHA! ¡HAZLO PURÉ!
Ella estaba temblando de pies a cabeza. Esta vez no temía por su amigo, aquel que estaba luchando allí contra el demonio puro, sino que por primera vez era el otro era el que se encontraba en graves problemas. El que realmente se sentía acorralado era el mayor.
Ahí estaban nuevamente. Ambos hermanos mirándose a los ojos con esas ganas de destrozar al otro como siempre, con ese rencor y esa rivalidad que solo ellos compartían. El resto de los presentes, los que habían sido dejados de lado, observaban el panorama con nerviosismo: estaban del lado del hermano más joven, por supuesto, como siempre; temían por su seguridad puesto que sabían que el mayor era mucho más poderoso. Sin embargo, en aquellos momentos, ellos no estaban al tanto de la condición tan delicada de Sesshomaru.
—Entonces si no me vas a decir, voy a sacártelo por las malas—gruñó el hombre mitad bestia y se abalanzó a su hermano.
En un rápido amago por defenderse, Sesshomaru sacó su espada Tokiyin, pero su fuerza se encontraba muy reducida y no se podía comparar con la de un ileso Inuyasha y, en un forcejeo, el hermano menor mandó a volar la espada del otro y se abalanzó contra el desarmado con Colmillo de Acero en alto, listo para darle el golde que, solo él y Kagome sabían, sería de gracia de una vez por todas. Inuyasha sonrió triunfal. Iba a ganar, finalmente iba a ponerle fin a esa rivalidad de hacia tanto tiempo. Iba a demostrar quién de los dos era el más poderoso.
El demonio perro dio un paso atrás y en un rápido y desesperado intento por protegerse, se protegió con el brazo.
—¿Despídete de tu patética vida! —le gritó su hermano menor y blandió a Colmillo de Acero para acabarlo de una vez por todas.
—¡ABAJO!
Los ojos dorados del youkai bajaron nerviosos al collar que rodeaba el cuello de su hermano, lo vio brillar con intensidad antes de que una poderosa fuerza brotara de él y ganara tanta gravedad como para estamparlo contra el suelo. Colmillo de Acero voló de sus manos y se clavó no muy lejos de su dueño.
Todos los gritos ahogados de los presentes se unieron en uno. La persona que había conjurado la maldición sobre Inuyasha había dado un paso al frente con decisión y observaba la situación con dureza en su mirar. Sesshomaru observó a su hermano furtivamente antes de aprovechar la distracción para reunir las pocas fuerzas que le quedaban y, finalmente y a duras penas, alejarse del lugar sobre su estola. Sin embargo, a medida que se alejaba, sus ojos se clavaron nuevamente en aquella mujer que había detenido la pelea en el momento justo, ella no lo miraba, sino que sus ojos oscuros estaban fijos en el hanyou ahora, los otros dos humanos detrás de ella comenzaron a murmurar cosas por lo bajo. Él frunció el ceño cuando se percató de que Tokijin había quedado tan lejos de su alcance que no pudo ser capaz de recuperarla. No había tiempo de hacerlo en aquel momento si es que quería seguir con vida, por lo que se alejó de ellos a más velocidad.
Maldijo por lo bajo al darse cuenta:
Ella le había salvado la vida nuevamente.
—Kagomeee… —bramó Inuyasha comenzando a reincorporarse del pozo que su propio cuerpo acababa de crear en la tierra—¿¡Por qué hiciste eso!?
La aludida no respondió. A sus espaldas, Miroku y Sango la observaron confundidos, también Shippo que preguntó con su voz infantil:
—¿Por qué detuviste a Inuyasha, Kagome?
—Es que… —comenzó a hablar ella, le temblaba apenas la voz— …no podía soportarlo, no puedo soportar verlos pelear ¿¡Es que deben estar peleando todo el tiempo!? —esta vez lo dijo gritándole con rabia—¿Por qué no pueden hablar como personas civilizadas? ¡Estabas a punto de matarlo! ¡Y sabías que él estaba mal herido! ¡Esa fue una jugarreta muy sucia, Inuyasha!
—Si, ¿¡Y cuantas veces ha estado él a punto de matarme a MI sin importar el estado en el que yo me encontraba!? — Inuyasha se levantó del suelo para enfrentarla, sus ojos destellaban de rabia.
—¡Pero no lo ha hecho, esta vez es diferente! —respondió igual de enojada.
—Ya basta—interrumpió Miroku posando su cetro en el suelo con decisión por lo que ambos enmudecieron y observaron al monje con atención mientras hablaba—. La señorita Kagome tiene razón, Inuyasha, estabas peleando con una gran ventaja de tu lado por lo que no había dudas de que ganarías. Sin embargo, eso no hubiera sido justo si es que toda tu vida has deseado superar y derrotar a tu hermano, debes hacerlo en condiciones de igualdad y solo así sabrás que lo has superado—al decir esto, Inuyasha rodó los ojos con frustración—. Además, Sesshomaru parecía encontrarse seriamente envenenado, ¿No es así, señorita Kagome?
Ella dio un respingo ante su pregunta, luego parpadeó un par de veces.
—¿P-Por qué me lo preguntas a mí?
—Porque ese frasco vacío que llevas en las manos contenía la pócima para aliviar los efectos del veneno más poderoso.
Shippo exhaló un grito.
—¡Es cierto! Recuerdo cuando ambos fuimos en busca de esas hiervas cuando Miroku había absorbido los insectos venenosos de Naraku con su agujero negro.
—¿Entonces… el perro que habías ayudado… era Sesshomaru, Kagome? —indagó Sango entre asustada e incrédula.
—¿QUÉ? —bramó Inuyasha y luego echó la cabeza hacia atrás, riendo con descaro—Kagome nunca ayudaría a una lacra como Sesshomaru ¿verdad, Kagome?
Ella bajó la cabeza, sin responder y, por ende, desmintiendo a su amigo.
Él parpadeó y luego frunció el entrecejo sin poder creerlo.
—¿Kagome? —preguntó ante el silencio de ella—tú no eres una traidora ¿Verdad? —luego rio—sería muy cómico que de repente me enterara que me abandonaras para reunirte con mi hermano a escondidas.
Hubo un silencio sepulcral de parte de todos.
—Inuyasha…—murmuró Sango queriendo que el hanyou guardara silencio antes de seguir metiendo la pata.
—Abajo.
Hubo un brillo violáceo seguido de otro estruendo a medida que Kagome se internaba en el bosque de regreso al campamento.
—Este nunca entiende—comentó el zorro negando con la cabeza repetidamente.
CONTINUARÁ
¡Buenas noches!
Primero quiero agradecer de todo corazón la cantidad de reviews y story alerts que recibí en el primer capítulo, sinceramente no esperaba recibir tantos, pero les estoy sumamente agradecida y a cambio me adelanté en escribir este nuevo capítulo.
Quiero comentar también que me tomé el trabajo de dibujar una portada para la historia (pueden verla en mi perfil antes de entrar a ella), tomé la imagen original de Inuyaha y Kagome y la redibujé con la mano de Sesshomaru (también espero que eso sea de su agrado).
También quiero aprovechar para anunciar que cambié mi nombre de usuario de "Aiko Hitomi" a uno que ahora utilizo en la mayoría de las redes: "Starebelle".
¡Nuevamente quiero volver a agradecerles y espero que este capitulo les guste!
¡Nos vemos dentro de poco!
