Orgullo.
Para la mayoría de la estúpida población el orgullo era algo malo, sin embargo ellos no veían más allá de la idea de la superioridad de algunos hombres. Incluso corrían a pedirle concejos a EL, sin pensar que de esa forma alimentaban su orgullo. Pero realmente era ínfima la forma en la cual lo alimentaban. Esos comentarios no lograban llenarlo. El único que lograba hacer que esa absurda sensación de satisfacción se hiciera presente era su compañero de piso, el doctor masoquista que le seguía a donde el fuerza. –Voluntariamente o no- Ese era uno de los inconvenientes que tenia de Watson.
.- ¿Descubrió usted al asesino?- Sherlock se giro lentamente, como si un telón se estuviera abriendo para presentarle al público al cual le dictaría su resolución. Y como siempre en primera fila se encontraba John.
.- Por supuesto, parecerá cosa de novelas… Pero en esta ocasión puedo asegurar que se trata del mayordomo- Todos le miraron sorprendidos ¿El mayordomo?- Como recordaran la copa que se encontraba a la par del cadáver estaba perfectamente pulida, su traje impecable, sus zapatos lustrados. Incluso al portal de la muerte se veía como todo un noble. Lo único fuera de lugar era el parche que le cubría su ojo, eso era lo único que no estaba. Ya que el parche se encontraba en el bolsillo derecho del mayordomo, tal vez un trofeo.
.- ¿Por qué un mayordomo mataría a su señor?- Demando Lestrade.
.- Porque tenían un acuerdo… En fin, caso resuelto- Camino fuera de la mansión, por supuesto que Watson caminaba tras de él.
.- Es usted increíble, el mayordomo. Quien lo hubiera imaginado- Y ahí estaba otra vez esa extraña sensación en el estomago, esa calidez. Y la sonrisa socarrona que se presenta cuando el orgullo acaba de comer. Y con esa nueva sensación reanudaron el camino a casa.
…
Perdón la demora, pero me operaron de apendicitis. Esta historia me quedo medio extraña, pero espero que les agrade. Nos veremos mañana con el siguiente sentimiento AMISTAD.
