Una vida llena de magia.

Capítulo 2: Volando

Lily estaba con los brazos cruzados sobre la mesa del Gran Comedor y apoyaba la mejilla en el dorso de las manos medio dormida. Contemplaba abstraída su vaso lleno de zumo de naranja. Todavía le dolía la espalda por haber dormido sentada. Se había despertado una hora antes que el resto del castillo y tardó unos segundos en darse cuenta de en dónde estaba y por qué se hallaba allí. Se había quitado la manta y desabrochado la bata comprobando que estaba toda sudada, por lo que fue sigilosamente a darse una ducha antes de la batalla campal que seguramente se desarrollaría al sonar los despertadores.

Mary estaba sentada a su lado devorando su tazón de cereales. Ninguna había notado la ausencia de la pelirroja en toda la noche. Las mesas estaban llenas a pesar de haber llegado relativamente pronto. En aquella época los asientos no estaban distribuidos como sería en el futuro, sino que se le asignaba en su primer día un asiento a cada alumno y únicamente se sentaría en ese los siete cursos de Hogwarts. De esa forma se habían conocido ellas dos (aunque no entablaron amistad de verdad hasta pasado un tiempo), y también así habían conocido a los merodeadores. Quienes, por cierto, llegaron en ese mismo instante para desayunar, los cuatro se sentaban al otro lado de la mesa. Por suerte estaban muertos de sueño y sus caras no se esforzaban en ocultarlo. "Mejor", pensó Lily, no estaba para aguantar las absurdas disputas que a veces tenían Mary y Sirius por un par de bollos que se quedaban al fondo de la fuente.

Al fin espabiló cuando le cayó encima el nuevo número del Profeta. Se enderezó y desenrolló el periódico. Pasaba las páginas sin encontrar ninguna noticia que le llamase en especial la atención. Volvió a enrollarlo, dejándolo a un lado.

- Son más interesantes los nuestros – comentó Mary, quien tenía un diario muggle en las manos y había observado lo que hacía Lily. Ella también era hija de la gente "no mágica".

Mary observaba la bandada de lechuzas que atravesaba el Gran Comedor entregando las cartas. Una parda dejó caer un sobre encima de ella y lo cogió al vuelo. Extrajo la carta y la desdobló con nerviosismo. Un minuto después respiró aliviada.

- ¿Qué dice? – le preguntó Lily.

- Le han hecho nuevas pruebas y pronto comenzará el tratamiento. De momento, todo marcha bien – anunció Mary aunque no se la veía muy convencida.

A finales de primavera habían detectado un tumor maligno en la madre de Mary. Estaba algo avanzado, lo que asustó bastante a la joven y a sus dos hermanos, pero el cirujano dijo que no había nada que temer.

Recibieron los nuevos horarios y echaron un vistazo a lo que les tocaba esa mañana.

- ¡No me jodas! ¿Dos horas seguidas de Historia de la Magia? Yo piro clases, así de sencillo. Lily, toma apuntes – le ordenó Mary a la pelirroja cuando se levantaron de la mesa.

- Sí anda, yo en clase voy a estar sobando, menudo muermo.

- ¿Y entonces a quién se los copio? Éste suele pedirlos a finales de trimestre para la media.

Al instante las dos se fijaron en la espalda de Remus, quien iba delante de ellas con los otros merodeadores para salir del Gran Comedor.

- Hey, espera – Lily lo agarró por el hombro y éste las miró -. ¿A que eres bueno y nos haces un pequeño favor?

- El muy tonto va y dice que sí – se quejó Sirius cuando salían de la Sala Común con las mochilas en dirección a la primera clase.

- No podía negarme, al menos ellas me lo pidieron por favor, no como otros.

- Pero nosotros somos amigos, no necesitamos pedírtelo – argumentó James.

- Vaya amigos – murmuró Remus.

- A Cornamenta le hubiera gustado que se los pidiese Evans – se burló Peter.

- Dudo que lo hiciera, impongo demasiado – se jactó James.

- Ahora va de chulo pero luego sólo se atreve a besarla cuando duerme – le hizo recordar Remus para pincharlo.

- ¿Vale ya con el tema, no? Despierta habría recibido un bofetón – se defendió su amigo.

- Pero los besos no tienen gracia si sólo se entera uno de los dos, aunque fuese un simple pico – explicaba Sirius cuando llegaron a las escaleras.

Bajaron y desaparecieron por ellas. Un minuto después Lily y Mary salieron de su escondite en la esquina del pasillo. Al final las dos habían decidido escaquearse de la primera clase e iban a pasarla en la Sala Común, pero escucharon a esos hablar y se detuvieron a cotillear un poco. Lily estaba roja por la ira.

- ¡¡Lo mato!! ¡Yo lo mato! Para una vez que no discutimos por tonterías, va él y se aprovecha de mí.

- ¿Aprovecharse de ti? Tía, ni que te hubiese sobado las tetas. No es para tanto…

- ¡¿Qué no es para tanto?! Me besa sin mi permiso y dormida, ¿y me dices que no es para tanto? Es como ha dicho Black, los besos sin que uno no se entere no tienen gracia.

- Ah, ¿pero te hubiese gustado estar despierta?

- ¡Sí!

- Luego le habrías dado una bofetada.

- Ya.

- ¿Entonces? – sonaba muy contradictorio.

- Bah, déjalo – dijo Lily exasperada entrando en la Sala Común.

- Eh, eh, espera. A ti Potter te hace tilín.

- N-no. Una cosa es que esté bueno, y otra muy distinta que me caiga mal.

- Ahhh, pero he acertado.

- No es un tilín de gustar en ese sentido.

- ¿Y entonces de qué es? ¿Atracción física?

- Últimamente las aciertas todas.

- Si es que yo… ¡No me cambies de tema!

- No creo que haya nada más que decir – sentenció Lily dejándose caer en un sillón.

- Siempre igual, a veces tengo la sensación de que huyes de los tíos.

- Imaginaciones tuyas.

- Un momento. Si él te ha besado, eso significa…

Lily la miró sin comprender. Mary en ocasiones tenía la sensación de que su amiga se hacía la tonta cuando le interesaba.

- Le gustas – terminó la frase.

- Imposible – declaró Lily al instante.

- ¿Por qué no?

- Sabes de sobra que es un ligón, les anda tirando los tejos a todas las chicas con las que se cruza hasta que ellas acceden. De momento la única que no se ha rendido soy yo y pienso seguir sin hacerle caso. A mí no me van las cosas de un día.

- Por probar no pierdes nada – dijo Mary intentando persuadirla. Lily no dijo nada, simplemente subió por las escaleras hacia el cuarto sin mirarla -. ¡No te pongas así! Sólo era una sugerencia – añadió siguiéndola -. A este paso te van a acabar tomando por estrecha, tienes 15 años, espabila, va siendo hora de estrenarse.

- Que sí… – oyó decir a Lily.

A la hora de comer encontró en el tablón de anuncios el papel que anunciaba el día de las pruebas para cazador. Se sorprendió bastante al ver que serían la semana siguiente, debían de tener mucha prisa para comenzar los entrenamientos.

Así, el poco tiempo libre que le dejaba la montaña de deberes lo empleaba en practicar para la prueba en un claro donde nadie la molestaba.

Llevaban unos pocos días de clase y los profesores se habían puesto ya muy pesados con el asunto de los TIMOS, exámenes que los alumnos de 5º veían muy lejanos pero los maestros insistían en que estaban a la vuelta de la esquina.

- ¿No vienes a animarme? – le preguntó Lily con tristeza a Mary el día de la prueba.

- Mañana tengo que entregar un trabajo de Runas (ya sé lo que piensas, ¿un trabajo la 2ª semana de clase), y voy muy atrasada, para poder terminarlo a tiempo tendré que pasarme parte de la noche en vela. Claro que me gustaría ver sus caras cuando te presentes, pero lo otro es más importante, ésta y Astronomía son las clases que más me gustan. Y…

- Vale vale, no hace falta que me cuentes tu vida, lo entiendo – la cortó Lily.

- Suerte.

- Gracias.

Lily se despidió de su amiga y salió a los pasillos por el hueco del retrato, en una mano llevaba su escoba. Por unos instantes, recordó cómo la había conseguido. Debió de ser en 2º. Una tarde, se encontró abandonado en una mesa de la Sala Común un catálogo de escobas. Lo había estado ojeando sin interés hasta que se detuvo en una página. Allí se mostraba una escoba distinta a las demás. Las cerdas que constituían el cepillo de la escoba eran de color ultramar, y el palo blanco. Nadie hubiera querido una escoba tan destacante y que ofrecía contraste con el resto de escobas marrones, pero ella se la compró, porque era barata y además le parecía muy mona. Pronto esa serie acabó descatalogada por bajas ventas, pero ella se sentía orgullosa de tener una. En la parte destinada al mango se podía leer su nombre grabado en la madera: Laderia.

Pronto descubrió que era algo más que una escoba de colorines. Ligera, ágil, resistente y fácil de manejar. No destacaba por ser de las más rápidas, pero tampoco era lenta. Al comprarla, venía con un folleto que explica que poseía un hechizo especial que permitía ponerse en pie sobre ella al propietario estando en el aire, lo que la hacía ideal para un cazador. Sin embargo, había que ser cuidadoso porque era temporal y si se caía no lo iba a pasar precisamente bien.

En el campo de quidditch estaban reunidos todos los jugadores de Gryffindor para ver las pruebas. El capitán era muy duro y exigente, así que quienes quisieran ser el nuevo cazador debían enfrentarse a todos los jugadores, excepto al buscador.

Los aspirantes estaban sentados ocupando dos bancos. Como no encontraba sitio, se sentó en el suelo, pasando desapercibida. Las gradas estaban vacías excepto por los capitanes del resto de las casas. Los pocos que la vieron pensaron que sólo había ido a mirar. Mejor, así mayor factor sorpresa.

El capitán fue llamando a los aspirantes a medida que el anterior terminaba la prueba. Casi todos lo habrían hecho bien si no fuera porque no contaban con enfrentarse al equipo entero, algo para lo que sólo unos pocos tenían la resistencia preparada. Muchos llegaban agotados ante los postes de gol, y pocos de ellos lograban marcar un tanto. La decepción en el rostro del capitán resultaba evidente. Cuando los bancos quedaron vacíos, el equipo de reunió para discutir.

- De tantos sólo hay un par que puedan servir, y eso si los entrenamos duramente – comentaba afligido el capitán examinando sus anotaciones.

- Así vamos a perder mucho tiempo – se quejó uno de los golpeadores.

- ¿Seguro que no queda alguien más? – preguntó un cazador exasperado.

- Es lo que hay – contestó su capitán.

Lily al final decidió levantarse. Había tardado un poco porque su cuerpo se resentía. Le dolía el culo de haber estado tanto tiempo en el suelo. Fue ante ellos y entonces el capitán se fijó en ella.

- Estamos ocupados, ¿querías algo? No nos sobra el tiempo.

- Soy la última – declaró la pelirroja.

- ¿La última? – repitió éste. Entonces todos se fijaron en que llevaba una escoba.

Las caras superaron sus expectativas. Rió entre dientes. En un solo gesto se mezclaban la curiosidad, la sorpresa, la extrañeza, y un pequeño recelo. Esto último no supo pensar si era porque no estaban acostumbrados a la idea de tener otra vez chicas en el equipo, o porque la escoba les parecía mala.

El primero en reaccionar finalmente fue el capitán. Seguía sin estar convencido, pero tenía que cumplir con su papel.

- Está bien, coge la quaffle y prepárate en el centro del campo.

- Pero, capitán…

- Ni peros ni nada. Vosotros también a vuestras posiciones de defensa – interrumpió a su compañero con una mirada severa. Todos obedecieron en el acto.

Lily agarró la pelota roja y se colocó en posición de despegue esperando la señal del capitán. Observó la disposición que adoptaban los jugadores. Lo que tenía que hacer era sencillo, aparentemente. Esquivar a los cazadores y las bludgers enviadas por los golpeadores y, por supuesto, marcar un tanto.

El capitán era el segundo de los cazadores. Una vez que estuvieron todos en posición, el sonido de un silbato irrumpió en el aire y Lily despegó dando una patada al suelo.

Pronto comprendió por qué los aspirantes llegaban agotados a los postes, los jugadores de Gryffindor eran puros acosadores, ni un respiro se podía permitir si no quería perder la quaffle o ser golpeada por las bludgers.

El asunto que más la preocupaba era marcar un tanto. Sin embargo, no quería marcarlo y punto, le gustaba hacer más de lo que esperaba el resto. Se le ocurrió a mitad de camino lo que haría. Era una jugada muy arriesgada que vio en un partido de la liga nacional, pero no debería salirle mal en teoría dada la función especial de su escoba, y lo había ensayado, pero no era lo mismo hacerlo sola que con guardián incluido.

Seguía estando a medio camino de los postes cuando súbitamente comenzó a ascender casi en vertical, alejándose del alcance de las bludgers y los cazadores. Ahora venía la prueba de fuego, si dudaba la había cagado.

Detuvo el ascenso e inició el descenso en diagonal directamente hacia los postes, pero iba bocabajo en vez de la postura convencional, no le gustaba esa sensación pero no había otra forma de hacer lo que se proponía. Las bludgers le pasaron silbando cuando estaba ya muy cerca, y lanzó la quaffle. Llegó hasta el poste derecho, el que más lejos tenía, pero no marcó. La quaffle había rebotado en el marco del aro y ya caía.

El guardián se lanzaba a por ella cuando Lily atrapó la pelota ante sus atónitos ojos todavía bocabajo en la escoba y acto seguido giraba hacia arriba. La golpeó como se hacía al sacar en volleybol, dicho saque era su especialidad cuando jugaba en el colegio, podía llegar muy lejos. Para su completa satisfacción, marcó en el poste central, eso por unos instantes le infló el ego. Todo había sucedido en unos segundos y Lily había conseguido lo que se proponía: llamar la atención.

La jugada consistía en lanzar la quaffle a uno de los postes de los extremos sin intención de marcar, rebotando la pelota y obligando al guardián a abandonar su puesto frente al aro central, el más difícil de marcar. Así, el cazador descendía junto al guardián demasiado concentrado en atrapar la pelota, se hacía con la pelota y acto seguido subía para marcar en cualquiera de los tres postes libres.

Lily descendió hasta pisar la hierba húmeda dando las gracias. Tenía un poco de vértigo a decir verdad, esperaba que se le pasara con el tiempo. Al aterrizar se percató orgullosa de unos aplausos y unos silbidos que procedían precisamente del grupo de aspirantes.

Se tomó unos instantes para arreglarse el revoloteado cabello. Nota mental: a partir de entonces se lo recogería con una goma, si la seleccionaban, claro está.

Giro la vista hacia campo, donde ya se hallaban todos los jugadores observándola de hito en hito. Rupert, el capitán, les miraba como buscando su opinión, pero resultaría inútil discutir. Había que admitir la verdad.

Tras meditar unos últimos segundos, dubitativo, finalmente se acercó a ella. Parecía muy azorado pues se le distinguía un leve rubor en las mejillas, como si no supiera donde meterse.

- ¿Lily Evans? – empezó él.

- ¿Sí?

- Bienvenida al equipo – le comunicó Rupert tendiéndole una mano que ella estrechó con una sonrisa de oreja a oreja.