¡Hola! Y, he aquí, la continuación del fic^^ Espero que os guste, nos leemos al final ¡Disfrutar!
Disclaimer: Naruto no me pertenece... Ni siquiera el pedo que se tira (?). Sin embargo, le uso a él y a sus amigos para mis locuras XD
«Un regalo para papá»
—Parte II—
—Dale esto—una gota de sudor corrió por la frente de Sarada y negó levemente—. ¿Por qué no? Éstas no tienen picante.
—No creo que una simple bolsa de patatas sea el tipo de regalo que a papá le guste—contestó y ChōChō frunció el ceño.
—¿Cómo que una "simple bolsa de patatas"? Por Dios, Sarada, son las que traen consomé—alzó el producto y lo agitó varias veces frente a la otra—. ¡Consomé!
—Eh, no... No me refería a eso—pero la de piel oscura no la escuchó por seguir hablando sobre las frituras y las ventajas de que éstas fueran de consomé—. Yo, debo irme. Gracias por la idea, ChōChō—Sarada se levantó de la banca y dejó el dinero sobre la mesa, aunque no hubiera dado una mísera mordida a su hamburguesa.
—¿Entonces lo considerarás?—preguntó la otra, mirándola con un brillo en los ojos.
—... Claro—y se dirigió a la salida del restaurante donde se había encontrado con la Akimichi para pedirle una idea sobre qué podría darle a su padre. Rió levemente cuando recordó aquella ocasión en la que juntas fueron en búsqueda del padre de ella—y el de ChōChō, pero eso fue sólo un malentendido—, le encontraron y la de cabellos rojizos le ofrecía a Sasuke de sus papitas, pero éste sólo se la quedaba mirando un poco extrañado.
Definitivamente las papitas no eran una buena opción.
Tan metida iba en sus pensamientos que no prestaba atención al camino que, inevitablemente, chocó con algo—o más bien una persona—haciéndola casi caer al suelo de culo. Sin embargo, aquello se evitó porque la sujetaron por la muñeca.
—¿Estás bien?
Sarada asintió y abrió los ojos—que había cerrado al sentirse cerca del suelo—, mirando a su salvador y víctima de su falta de atención—. Sí, gracias, Inojin.
El aludido la soltó, sonriendo levemente—. Deberías poner más atención por donde caminas—cerró los ojos—; cualquier otro te habría dejado caer—Sarada se sonrojó un poco y miró a otro lado, tratando de alejar la repentina incomodidad—. ¿Puedo preguntar por qué estabas tan distraída?
Uchiha se lo pensó, tal vez sería bueno platicar su reciente dilema y así a lo mejor encontraría una solución—. Bueno... ¿Sabes? Mi padre volverá mañana a Konoha.
El rubio alzó las cejas y miró interesado a la otra—. ¿Tu padre? ¿El maestro de Boruto?
—Sí—contestó casi rechinando los dientes, aún era incómodo hablar de eso—, como sea... Estoy teniendo algunas dificultades con respecto a su regalo—el Yamanaka la miró interrogante—, por su cumpleaños, dentro de cinco días.
—Vaya—dijo él, colocando una mano sobre su barbilla.
—Sí.
Pasaron unos largos minutos sin decirse palabra alguna, Inojin mirándola a ella y Sarada al suelo. Fue tan largo el silencio que ella no lo soportó y decidió cortarlo—. ¿Y bien?
—¿Y bien?
—¿Tú qué crees que podría regalarle?—dijo, conteniendo su molestia. Se estaba desesperando.
—Oh, eso—el de ojos claros no se lo pensó y contestó—. Dale algo muy costoso.
La chica de anteojos miró incrédula al otro—. ¿Cómo dices?
—Sí, papá me contó que una vez leyó en un libro que lo que a una persona le gusta es que gasten mucho dinero en ella, y que los cumpleaños son una fecha importante para hacerlo con más razón.
—¿E-eso... dijo?—tuvo un tic en su ojo derecho.
Inojin asintió, totalmente convencido de sus palabras. Sarada suspiró. No imaginaba a su padre como ese tipo de personas caprichosas en cuanto a dinero y lujos se tratase. Eso más bien era de la madre del joven frente a ella.
—B-bueno... La tendré en cuenta. Gracias, Inojin—y se alejó de ahí, casi corriendo. El rubio, por su parte, la despidió moviendo su mano de un lado a otro.
Una vez que se hubo alejado lo suficiente de aquél chico, soltó un grito de frustración. ¡Qué ideas tan locas! Primero ChōChō con comida que, seguramente, su padre detestaba y luego Inojin con su extraño consejo sobre gastar en exceso. ¡Ni que fuera millonaria como la familia del Hokage!
Se sujetó la cabeza con ambas manos, tratando de tranquilizarse. ¡Su padre volvía mañana y su cumpleaños sería en siete días! Debía pensar rápido, pues su regalo debía ser el mejor.
Mejor que el del idiota de Boruto.
"—A tu padre no creo que le agrade celebrar su cumpleaños, así que si vas a regalarle algo, deberías darle algo sencillo. Pero pon todos tus sentimientos en él".
Sin quererlo, las palabras de Sakura vinieron a su mente. Bajó la mirada, sintiéndose mal de pronto al haber olvidado aquél consejo. Su madre conocía a su padre, por algo le había dicho aquello. Suspiró con pesadez, si iba a darle algo a Sasuke, sería con mucho cariño y no por impresionarlo.
Claro que, aquello también podría ser posible.
Pero, lo importante era que ella pusiera todo el amor que le tenía en él, para que así de alguna manera...
"Tus sentimientos y emociones van a alcanzarlo, porque los dos están conectados"
Sonrió levemente al recordar las palabras que le dijo su madre cuando ella se quejó de esa extraña relación que mantenía con Sasuke. Sacudió la cabeza, ya no importaba. Ahora se daba cuenta del impacto de esa frase, ahora sabía qué podría darle a su padre, ahora...
—Sarada.
Casi le da un infarto ante el sonido de aquella voz tan grave, tan estricta. Giró lentamente y miró con los ojos bien abiertos ante la persona que la había llamado.
—P-papá...
Sí, Uchiha Sasuke había vuelto a Konoha muy pronto, demasiado para su gusto. Pero, ¡qué importaba! Él estaba ahí, y ella con tantos sentimientos revoloteando con locura en su interior que la impedían moverse o decir algo más.
Tanta fue su emoción que olvidó lo que planeaba regalarle.
Sentada en el tejado de su casa—recién reconstruida—Sarada se encontraba de brazos cruzados, con una expresión serena en su rostro. Mas, si alguien se acercaba lo suficiente podría notar que su ceja derecha tenía un leve temblor. No era para menos, su padre había vuelto el día anterior y ella había olvidado lo que iba a darle.
Vaya mierda.
Pero, está bien, pensó; por una parte estaba contenta, y no sólo ella, sino también Sakura. Recordó cuando ambos llegaron a casa y, sorpresivamente, la pelirosa iba llegando del trabajo. En cuanto ella iba a saludar a su hija, vio a su marido y, repentinamente, comenzó a llorar.
De alegría, claro.
Nuevamente, habían tenido una bella convivencia en familia. Todos felices.
—¡Maldición!—... o al menos, no tanto.
—¡Sarada! ¿Qué pasó?—Sakura soltó el cesto de la ropa que acababa de descolgar de los lazos en el jardín y miró hacia arriba, preocupada ante el grito de su hija—. ¿Estás bien?
—No es nada, mamá—frunció el ceño y se levantó, sintiendo un leve dolor en el trasero por haber pasado un buen rato en esa posición.
... Pero por otra parte.
—Cariño, debo irme ya al trabajo. Dile a Sasuke-kun que he dejado la comida en el refrigerador; también dile que probablemente llegue tarde hoy y también dile que...
—Entiendo, mamá—la cortó, mas Sakura no la reprendió o algo por el estilo, pues sabía que su pequeña era así.
Además de que aún seguía sensible por el regalo de su padre.
Dejó salir una leve risa cuando recordó la noche anterior. Sarada le contó que había encontrado el regalo perfecto para Sasuke, pero que, irónicamente, la presencia de éste hizo que lo olvidara.
Negó con la cabeza y se dirigió hacia la puerta principal—. ¡Nos vemos, Sarada!
Y se fue.
Dejó salir un suspiro resignado, nada ganaría con seguir molesta y frustrada. Si quería darle un buen obsequio a su padre—y sin que éste se enterara—, debía empezar por salir de casa. Faltaban cuatro días para el veintitrés y no tenía ni una idea.
No, las de ChōChō e Inojin no contaban.
Y no, no planeaba preguntarle a Boruto.
Volvió a suspirar y caminó por el tejado, dio un salto, cayendo de pie al suelo; bajó la mirada y ella también salió de la residencia. ¿A dónde? Ni ella lo sabía.
No supo cómo ni por qué, pero cuando alzó la vista se dio cuenta de que había llegado a los campos de entrenamiento; hizo un leve puchero y miró a su alrededor, no había nadie. Un gran silencio—a excepción del trinar de los pájaros—era lo que había; muchísimo mejor que ir a los columpios del parque y balancearse hasta que la inspiración llegara a ella. Sí, tal vez podría quedarse un rato ahí a pensar más sobre aquel asunto, en completa paz y...
—¡Kage Bunshin no Jutsu!
... el parque ya no sonaba tan mala opción.
Dos clones del Uzumaki menor se plantaron frente a ella, mirándola con una sonrisa zorruna. Sin embargo, Sarada sólo les vio con aburrimiento.
—¡Vaya! Pero si es la Uchiha más rara que existe—se burló el verdadero Boruto que venía saliendo de entre unos arbustos—. ¿Qué te trae por aquí? No me digas, ¿vienes a pedirme consejo respecto al regalo de Sasuke-sensei?
Ella frunció el ceño y se cruzó de brazos—. Sigue soñando, Boruto idiota—ahora fue turno del aludido de arrugar el entrecejo—. Para tu información, yo ya tengo listo mi regalo—mintió, pero él no prestó atención a ello—. ¿Y tú? ¿Ya lo tienes?
—¡Por supuesto 'ttebasa!—gritó, obviamente él también estaba mintiendo, pero aun así, Sarada no dijo nada—. Y puedo asegurarte que será mejor que el tuyo—la señaló al igual que sus clones y exclamaron un "¡Así será!" al unísono.
—Sí, sí, lo que digas—le restó importancia al agitar su mano en el aire de forma floja.
—¡Argh...! ¡Eres imposible 'ttebasaaa!—dijo con rabia, deshaciendo el jutsu—logrando que los clones desaparecieran—, y alejándose de ahí a grandes zancadas. La Uchiha sonrió de medio lado y, hasta que ya no sintió cerca al otro, dejó salir un largo suspiro. Era obvio que ninguno tenía la más mínima idea de qué hacer.
¡Segundo capítulo! Bueno, el próximo a lo mejor sale más largo XD
¡Gracias por sus comentarios, Favoritos y Follows! Me hacéis tan feliz *^*
Bueno, sinceramente, hoy no tengo tiempo de contestar, pero que sepáis que la encuesta sigue en pie. ¡Vamos! A mi perfil, votar y listo ^^
¡Hasta la próxima!
