Disclaimer: One piece no me pertenece.
□ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □
High school time
By kasumi_21
□ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □
Capítulo II: Mala suerte
Nami no lo había vuelto a ver.
Luego de su último encuentro, en un día de Noviembre y bajo los copos de una prematura nieve; el niño del sombrero de paja no había aparecido nuevamente en el local. Y claramente aquello no tenía relación con que había cambiado todos sus turnos para realizarlos en la mañana e intentaba ayudar en la cocina lo más que podía en los días festivos. Si Sanji-kun sospechaba algo, caballerosamente había fingido indiferencia y había accedido con facilidad a sus caprichos.
Se había mantenido en completa tranquilidad hasta Diciembre, donde el periodo de fiestas había aumentado la demanda y las posibles propinas fueron demasiadas tentadoras para seguir omitiéndolas. En aquel periodo de vacaciones no lo había vuelto a ver y no podía importarle menos.
□ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □
Nami luchó con la sensación emocionada en su estómago, que se había intensificado en esos días y que ahora inconscientemente la había obligada a realizar todas sus tareas con admirable velocidad. Ahora que las festividades ya habían pasado, que el horario de Le petit Baratie había vuelto a la normalidad y que por fin tenía algo de tiempo libre; fue natural para ella retomar su atención hacia el mapa de la ciudad que aún no podía concluir. Por lo mismo, justo ese día y luego de desayunar con Nojiko, que ya había vuelto a las clases; salió presurosa hacia el paradero de buses para tomar aquel que la llevaría al sector sur de la ciudad.
Ataviada con un largo abrigo azulado, jeans y botas; inició una carrera rápida por los callejones cubiertos de nieve. Sabía que empezaría a nevar desde el mediodía y por ello no podía permitirse ningún minuto de atraso. Una capa importante de escarcha podría entorpecer su búsqueda de datos y, con el trabajo en el café y la preparación del examen para entrar a la secundaria, no tendría otra oportunidad para explorar en mucho tiempo.
Perdida entre sus pensamientos, Nami notó tardíamente que había cambiado de dirección en una calle desconocida y no reconocía ninguna de las casas del lugar. Sin embargo, recordaba bien el mapa dibujado y logró crear una ruta alternativa con tanta rapidez, que ni siquiera detuvo el ritmo de su carrera. Estaba por doblar en una de las calles, justo al lado de una casa de dos pisos, de color crema y de agradable arquitectura; cuando un bulto pequeño y blanquecino en el suelo llamó su atención y debió detenerse ante el peligro de una colisión. El brusco movimiento logró su cometido, pero Nami terminó por perder el equilibrio y caer dolorosamente sobre sus manos y piernas. Cuando los ojos castaños buscaron el culpable de la situación, con el único deseo de descargar su furia por la situación ridícula, su identidad la dejó en silencio por un momento.
Era un perro.
Justo frente a ella y sin ninguna expresión, un perro la observaba directamente. Su pelo era blanquecino, pero no lo suficiente para camuflarse con la nieve que se acomodaba sobre su cabeza. Y a Nami aquello le sorprendió aún más, sabía que había nevado la noche anterior y también parte de la madrugada. Entonces, ¿Hace cuánto tiempo que este perro había estado aquí?
La pelinaranja se acomodó hasta estar sobre sus rodillas y con algo de temor por su respuesta, llevó su mano sobre la cabeza del can y limpió la escarcha. No fue sorpresa que su pelaje también estuviera frío.
– ¿Qué estás haciendo aquí afuera? Deberías estar bajo techo, especialmente ahora que nevará – Nami le dijo, aun acariciándolo y buscando crear fricción para generar calor. De pronto se dio cuenta de su estúpido actuar – ¿Y que estoy haciendo yo hablando con un perro? Ridículo – se susurró a sí misma y si el animal la había entendido, no dio muestra de ello.
Luego de un rato, cuando estuvo segura de que había retirado toda la nieve y que el perro no la mordería por su insistencia, Nami cambió su estrategia. Con un movimiento suave pero firme y en el costado derecho de su pequeño cuerpo, la chica empujó al can tratando de moverlo. No lo consiguió.
– En serio, ¡¿qué pasa contigo?! – Ella le gritó frustrada e, imperturbable a ella, el animal sólo lamió su pata derecha con indiferencia – ¡Ugh! –
La niña se obligó a mantener la calma, recordando de pronto que no tenía tiempo para perderlo en un perro callejero y que faltaban pocos minutos para que el bus que necesitaba pasara. Con un profundo suspiro, buscó rápidamente algo en su mochila y luego de prepararlo; reinició su camino.
□ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □
Ya pasaba el mediodía y, como lo había pronosticado, abundante nieve caía sobre la ciudad. Finalmente Nami había conseguido los datos que necesitaba y ahora iba de camino a casa para el almuerzo.
Algo preocupado por el extraño perro que había conocido en la mañana, su camino se desvió buscando encontrarlo y con su innata habilidad, no fue algo difícil. Reconoció la sombrilla naranja en el suelo que, con una tela verde sobre ella, se asemejaba a una mandarina. Era un paraguas de claro diseño infantil, pero que aún utilizaba por ser obsequio de Bellemere-san.
Se acercó lo suficiente para reconocer el pelaje blanquecino del animal y comprobar que se había quedado bajo la sombrilla desde que se había ido.
– ¿En serio? ¿Sigues aquí? – El perro la miró con indiferencia y ella gimió con frustración. Supuso que prestarle una de sus posesiones más preciadas no alcanzaba para ganar su simpatía – ¡¿Por lo menos has comido algo?! –
– ¿Eres la señorita de la sombrilla? – una voz ronca la llamó de improvisto y arrodillada frente al perro, Nami vio a un anciano a su lado. En ambas manos cargaba un platillo para perros, rebosantes de comida – gracias por ayudar a Shushu –
– ¿Shushu? – El hombre imitó su posición en silencio, dejando los platillos en el suelo. De inmediato el animal se acercó moviendo alegremente la cola, aunque su expresión indiferente no había cambiado – ¿es su perro? –
– Es de un amigo –
– ¿Y por qué está aquí afuera? ¡Seguirá nevando por lo menos hasta mañana! – La voz de Nami había nacido con evidente molestia, reflejando la preocupación que sentía hacia un perro que acababa de conocer y la naturaleza de su corazón. Aquel detalle no pasó desapercibido por el hombre, que permaneció en silencio mientras sacaba del bolsillo de su abrigo una prenda para mascotas. La colocó sin dificultad en el cuerpo de Shushu que siguió comiendo con avidez, demostrando su confianza hacia el anciano. Aquel hecho calmó la ansiedad de la pelinaranja.
– ¿Ves el campo de girasoles? – Él le preguntó con suavidad y una sonrisa que rayaba en la melancolía. Los ojos almendrados de Nami buscaron de inmediato, encontrando un pequeño rectángulo de césped justo al lado de la casa blanquecina. Plantada en ella, unos diez girasoles luchaban por conservar su color dorado frente a la nieve sobre sus pétalos. Extrañamente Nami nos los había notado en la mañana, aunque eran sus flores favoritas. – Mi amigo y su esposa encontraron a Shushu en la calle cuando era un cachorro, cuando aún eran novios. Luego de casarse y cuando decidieron tener su primer hijo, un desafortunado accidente le quitó la posibilidad a ella de tener familia y cayó en una profunda depresión. A pesar de que intentaron muchas cosas, no lograron sacarla de ese estado. Pero mi amigo y Shushu nunca se rindieron. Él recordó que ella siempre había soñado con una casa que había visto cuando niña, junto a un campo de girasoles, así que ellos la construyeron para ella – El hombre elevó la mirada hacia el lugar, recordando la sonrisa esperanzada de su amigo y los ladridos entusiastas de un Shushu. Recordaba particularmente el brillo seguro de sus ojos, la decisión inamovible de que traería a su esposa de vuelta – Lo lograron y en esta casa guardaron sus más hermosos recuerdos –
La voz del anciano se había oscurecido durante el relato y Nami logró identificar la leve oscilación en su voz que era de pura melancolía. Sus ojos almendrados se suavizaron, empatizando con el probable desenlace de la historia.
– ¿Qué pasó con ellos? –
– Ella falleció hace unos años atrás y él… hace tres meses, enfermó gravemente – Las manos del hombre acariciaron al perro, que seguía indiferente – ese día se despidió de Shushu y ya no pudo volver –
Se quedaron en solemne silencio por un momento, sólo perturbado por el viento que elevó los copos de nieve que cubrían sus abrigos.
– Shushu… ¿aún lo espera? –
– Eso es lo que dicen los vecinos, pero yo no lo creo – la certeza en la voz del hombre le aseguraba que no mentía – Shushu es muy inteligente y es seguro que sabe lo que pasó con mi amigo. Creo que está aquí porque quiere proteger a esta casa que es su tesoro –
Los ojos de la pelinaranja estudiaron nuevamente el lugar, deteniéndose justo en la pared que daba hacia el campo de girasoles. Justo en la esquina y casi imperceptible, se encontraban tres manchas que parecían ser dos huellas de manos humanas y una de un perro. El tiempo lo había desgastado.
– Entonces no entrarás a pesar del frío – Nami esta vez habló con Shushu, con una sonrisa cansada. El perro la miró por unos segundos desinteresado y luego siguió con su comida.
– Estará bien – El hombre le aseguró – además si se pone muy frío, vendré por él –
Nami se levantó finalmente, conforme con la respuesta y recordando de pronto que aún tenía que almorzar para ir a trabajar. Además todavía tenía que revisar los ejercicios de matemáticas en los que había fallado el día de ayer.
– Bien, debo irme – ella levantó su mano a modo de despedida – Nos vemos luego –
– ¡Señorita, su sombrilla! –
– Está bien – ella sonrió y luego miró a Shushu – te la prestaré por ahora – y como era lo esperado, el perro sólo bostezo.
□ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □
Era un hermoso día de Abril, la primavera estaba en su apogeo y las flores de cerezo cubrían de alegres colores las calles principales. Y a Nami no podía importarle menos.
Como era lo esperado, por su inteligencia y el riguroso estudio que había realizado, la pelinaranja había aprobado el examen de ingreso con la máxima puntuación. Por lo mismo, ahora caminaba ataviada con un uniforme celeste estilo marinera y se preparaba mentalmente para el discurso de ingreso, el cual tendría el honor de realizar.
Con un suspiro cansado y sutilmente tembloroso, Nami se obligó a seguir su camino y no ceder a la tentación de volver a casa y fingir una enfermedad. Ella sabía que inconscientemente había dilatado su periodo de vacaciones, era la principal razón por la cual no ingresó inmediatamente a un colegio a pesar de estar en las mismas condiciones que Nojiko, pero aquello la había salvado apenas unos meses.
Un escalofrío cubrió rápidamente su cuerpo cuando pudo visualizar el edificio que sería su nuevo colegio y sus latidos se elevaron en frecuencia por el pánico. De forma inevitable llegaron a ella sus últimos recuerdos escolares, los mismos que la habían atormentado a modo de pesadillas en las últimas semanas. Sabía que era ridículo pensar que le ocurriría lo mismo en aquel lugar, Arlong había sido apresado por la marina y estaban tan lejos de su ciudad natal que ni siquiera debían saber de quien se trataba; pero la sensación de estar entrando a una cárcel no cedía de su pecho apretado.
Nami enlenteció el ritmo de sus pasos reflejando su propia indecisión, pero casi de inmediato volvió a la rapidez habitual. Ella no se permitió dudar más. Se lo debía a su pueblo, a aquellos marinos que lucharon por salvarla, a Gen–san, a Nojiko que se había sacrificado para vivir con ella y a Bellemere–san que la había criado para ser una mujer fuerte. Ella no dudaría, aceptaría lo que viniera con una sonrisa.
Con un nuevo sentimiento de convicción, la niña recorrió los metros que le faltaban y se obligó a mantener su atención en otros asuntos. Estaba reflexionando sobre sus palabras para el discurso de ingreso, más por responsabilidad que por real motivación, cuando un chico llamó su atención. Estaba justo en la entrada del instituto, con su uniforme de completo color negro y el pantalón arremangado hasta las rodillas. Lo último se opacaba ante un vistoso sombrero de paja y unas simples sandalias.
Espera, ¡¿Qué?!
Ella contuvo el aliento y un rezo inconsciente se empezó a formar en su cabeza, rogando para que aquello que temía no fuera cierto. Tratando de calmarse con fría lógica, Nami se convenció a si misma que no era el único niño con cabello negro que existía en Japón y que probablemente tampoco era el único que utilizaría un sombrero con el uniforme escolar. Aunque podía reconocer algunas de las coceduras que estaban en la parte superior y que ella misma había realizado…
No. Debía ser alguien más, tenía que ser alguien más.
– ¡¿Cuál es el problema?! – escuchó como él gritaba con clara irritación y Nami finalmente notó que discutía con un adulto. Era el hombre que cuidaba de Shushu y, según lo último que ella sabía, era el director de aquel lugar.
– No es el uniforme adecuado, debes arreglarlo – para su sorpresa el hombre no parecía molesto, más bien intentaba razonar con aquel niño.
– ¡Eso ni siquiera es una razón! – Él protestó e inevitablemente Nami estuvo de acuerdo con ello – ¡Sólo es estúpido! –
– Cuida tus modales, Luffy – la tensión que se adivinaba en la voz del hombre, le aseguraba que había empezado a enojarse.
Nami caminó lo suficiente para finalmente poder ver el rostro del chico, reconociendo sus grandes ojos negros y la cicatriz que cruzaba su mejilla izquierda. Su entrecejo se había fruncido en una expresión molesta, pero que carecía de la ferocidad que a ella le había mostrado.
– No te estoy diciendo estúpido a ti, viejo – Extrañamente el director no lo silenció – ¡Es a esta estúpida regla! –
– ¿Cuál es tu razón entonces? ¿Por qué no quieres ocupar el uniforme como te digo? –
El chico se cruzó de brazos con seriedad y su mirada se endureció por la convicción. Y aunque ni siquiera lo conocía, Nami sabía que sería imposible hacerle ceder.
– Es mi policía –
– ¿Policía? – el niño giró la cabeza hacia un costado, contrariado.
– ¿Polinesio? –
– ¿Qué? –
– ¿Poli... polígono? –
– ¿Política? –
– ¡Eso es! ¡Política! –
Nami entrecerró sus ojos con molestia, reprochándose por haberse detenido a escuchar una conversación sin sentido como aquella. No podía creer que todo este tiempo había estado evitando a alguien tan idiota como ese pelinegro, era ridículo.
Ya decidida en alejarse de allí, la pelinaranja le dio una última mirada al niño, sólo y únicamente por curiosidad, justo en el momento en que los ojos de él se desviaron a su rostro e hicieron contacto con los suyos. El corazón de Nami dio un salto.
– ¿Qu-? – la voz de la niña murió de forma abrupta, silenciada por la sensación en caída libre que se había producido en su estómago. La sensación de pánico era completamente diferente a la que había sentido cuando era aún más pequeña.
Sin cambiar su atención hacia otro lugar, los ojos del niño seguían fijos en ella y su rostro en blanco no ayudaba a su preocupación. Ella espero en absoluto silencioso, aguardando por su reacción. Sintió que habían pasado millones de minutos cuando los ojos negros se ampliaron sutilmente y él pareció reconocerla.
– Ah, ¡Tú! – y en ese mismo instante, Nami sabía que debía irse. Se volteó apresurada para seguir su camino – ¡chica ladrona! ¡Hey, detente! –
– ¿Nami–chan? – sintió como el director la llamaba, había iniciado una relación amistosa desde que Nami pasaba a saludar a Shushu luego del trabajo.
– ¡Aún me debes una disculpa! –
Ella aumento la velocidad de sus pasos, decidida a esquivar a aquel chico violento. Él mismo que en su segundo encuentro la había reconocido de inmediato y que ahora se había demorado un tiempo ridículo en notarla. ¡¿Qué pasaba con él?! ¡¿Es que acaso su imagen había dejado tan poco impacto en ese niño?! ¡¿Y qué le importaba a ella que él no la recordara?!
Enfurruñada, caminó directamente hacia el tablero de anuncios, orando silenciosamente para que el chico violento no fuera su compañero de clase y no tuviera que toparse con él más de lo necesario.
□ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □
Luffy sabía desde pequeño que el mundo estaba lleno de misterios. Todo había comenzado cuando tenía apenas unos cuatro años y los colores variantes del cielo llamaron poderosamente su atención. Siendo el más joven entre sus hermanos, fue natural para él preguntarle a los mayores. Y aunque Sabo, amable y paciente, le contó cosas extrañas sobre ondas de luz, nubes y algo llamado estratosfera; la explicación de un irritado Ace sobre que era algo misterioso tuvo mucho más sentido. Y así Luffy entendió que el cambio de color de los cerezos, el vaivén de las olas y la nariz de Usopp eran un misterio.
Estaba reflexionando sobre sus pasados descubrimientos, cuando sus ojos recorrieron los campos verdes del instituto y se encontró con el último misterio. Justo ahora, que estaban en medio del almuerzo y que se había adueñado del asiento trasero del salón que daba hacia la ventana, el cual era su asiento favorito y su desafortunado compañero tuvo que resignarse a compartir con él; Luffy tuvo una perfecta visión de la chica ladrona. Estaba sentada en los pies de un árbol, con las piernas estiradas y con una pequeña caja de almuerzo sobre su falda. Desde su posición, el pelinegro pudo identificar unos rollos de huevo y unos pulpos de salchicha. Se veían sabrosos.
Una gentil brisa meció el corto cabello naranja, haciéndolo brillar intensamente cuando varios haz de luz se colaron por entre las hojas del árbol y lo iluminaron parcialmente, asemejándolo al color oscilante del fuego. Y a pesar que sabía que el cabello de Zoro era de un extraño color verde y el otro día había visto a una chica con una larga coleta celeste; no podía entender porque el color misterioso de la chica ladrona llamaba tanto su atención. Supuso que era algo normal, eso explicaría porque la mayoría de sus compañeros se volteaban a verla cuando caminaba por los pasillos.
– ¡Nami–chan! – una voz la llamó desde el campo y junto a ella apareció una chica de gafas con oscuro cabello azul. Luffy no conocía su nombre, pero sabía que era una niña espadachín que siempre molestaba a Zoro.
Cuando llegó finalmente donde estaba la pelinaranja, bloqueo su visión. Desde su actual posición, Luffy no podía escuchar de qué hablaban, sin embargo su posición cómoda le hacía pensar que era algo bueno. Finalmente Tashigi se movió hacia un costado, lo suficiente para que el pelinegro lograra ver la sonrisa alegre en los labios cereza de Nami. Una alegría que no alcanzaba sus ojos. Era molesto.
– ¡Hey Luffy! ¿Qué estás haciendo? – De improvisto Usopp llegó a su lado, con una mueca relajada y amistosa. Aunque de inmediato imitó las acciones del moreno – ¿Qué estás mirando? –
Para sorpresa del chico de cabello rizado, su visión daba exactamente hacia donde se encontraba la chica pelinaranja del otro día. La misma camarera que había chantajeado a Luffy hace unos meses atrás y que se encontraba en uno de sus cursos en paralelo. Y aquello era extraño, porque Luffy no era el tipo de persona rencorosa y estaba seguro que ya debería haberse olvidado de lo que había sucedido entre ellos.
– Luffy – inconsciente de los pensamientos de su amigo, el pelinegro seguía apoyado junto a la ventana y con su atención en la chica ladrona. Desconociendo el estudio que estaban haciendo de ella, Nami ahora reía alegremente junto a la peliazul. Una sonrisa que Luffy sabía que era mentira – ¡Luffy! – Sin cambiar su posición, los ojos negros se dirigieron a Usopp con una expresión neutra y le demostraron que estaba interesado en lo que hablaba – ¿Por qué estás vien–? –
Un rugido fuerte y claro se produjo en el abdomen del niño y corto las palabas de Usopp. Luffy se inclinó hacia adelante, con las manos abrazando a su estómago y una expresión de completa tristeza.
– ¡Tengo hambre! – dijo con un quejido y Usopp se golpeó en la frente. Había notado que la mesera pelirroja estaba justo en medio del almuerzo y la mirada intensa que Luffy le había dirigido era seguramente para la comida de su bento.
– ¡ACABAS DE COMER HACE MEDIA HORA! –
– ¡Aun tengo hambre! – y su quejido desapareció en un segundo, siendo reemplazado por una sonrisa emocionada – ¡Sanji! ¡Tal vez trajo comida hoy y me la da como la otra vez! –
– ¡Era su almuerzo y tú sólo lo sacaste! ¡No te lo regalo! – Usopp intentó razonar con él, pero ya era imposible.
– ¡Sanji! ¡Comida! ¡SANJI! –
Y Luffy se preparó para correr hacia las salas de los de tercer año, no sin antes dar una mirada rápida a la chica que permanecía recostada en el césped y que conversaba animada con la chica de lentes. Y él se preguntó por un momento como serían sus verdaderas sonrisas.
□ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □
Las primeras semanas ya habían pasado y Nami estaba agradecida de que por fin se hubiera acostumbrado al ritmo. Aun cuando era una chica brillante, ella estaba segura de eso; no haber acudido por un año a clases la había dejado fuera de práctica y había sido complejo coordinar los horarios de la secundaria junto con los turnos en Le petit Baratie. Sin embargo, Sanji había sido paciente y había estado de acuerdo en reducir sus días de trabajo hasta que se sintiera cómoda. Justo ese día tenía descanso y ahora caminaba por una de las estrechas calles ataviada con su uniforme marinero y una bufanda roja alrededor del cuello. A pesar de que estaban en plena primavera y era temprano, el cielo se había cubierto de nubes grises y la temperatura había descendido como la había pronosticado. Había tomado las medidas para ello, pero no sabía si Shushu había seguido sus consejos cuando lo visitó en la mañana, por lo que había cambiado su recorrido habitual hacia su casa para pasar a verlo.
Distraída entre sus pensamientos y con el pliegue de la bufanda que se negaba a ceder a sus manos frías, Nami caminó por el lado de la acera sin interés en sus alrededores. Por eso fue una completa sorpresa cuando volteó en una de las calles y se encontró justo en la mitad de una pelea callejera.
La imagen era algo que no podría olvidar fácilmente. En la mitad de un pequeño sitio eriazo se encontraban tres adolescentes con los uniformes de su colegio, erguidos y rodeados por los cuerpos de unos diez chicos en el suelo. Nami logró reconocer en sus atuendos que pertenecían a otros institutos y que probablemente eran de la preparatoria; y aun así todos permanecían temblorosos y derrotados.
Aun impactada por lo que veía, los ojos chocolate de la chica volvieron hacia el trío que permanecía ileso y reconoció rápidamente sus características. A pesar de que los tres estaban a espalda de ella, la pelinaranja notó el cabello verde y las tres fundas de katana que descansaban en la cadera del chico a la derecha; y también el pelo rubio y el humo que escapaba de un cigarrillo en la mano del muchacho de la izquierda. Y justo en el centro, claramente más pequeño y con su característico sombrero de paja meciéndose tras su cuello, se encontraba el chico violento. Se había sacado el saco del uniforme y su blanca camisa arremangada hasta los codos, estaba bañada de manchas de sangre.
– ¡Se los diré una vez! – Escuchó como él gritaba, con clara furia – ¡ya déjenlo tranquilo! –
En ese instante, uno de los chicos de preparatoria se levantó con dificultad y caminó de forma errática hacia el pelinegro. A pesar de la dificultad en sus movimientos, se había desplazado con velocidad y ahora amenazaba con atacar por la espalda al trío. Ella no alcanzó a gritar una advertencia cuando un objeto golpeó al atacante justo entre sus escápulas y lo llevó a caer con un gemido adolorido. El niño violento ni siquiera se volteó a verlo.
Sorprendida por el repentino ataque, los ojos almendrados de Nami buscaron al posible aliado y se encontró con el chico de larga nariz justo en el techo de un container cercano. Estaba lo suficientemente cerca para poder identificar sus características físicas, pero no tanto como para mostrar una puntería tan exacta. Él de verdad era bueno en ello.
Junto a él se encontraba otro muchacho, de cara regordeta y con el mismo uniforme de sus compañeros. Su rostro estaba completamente magullado, pero logró reconocer el intenso cabello rosa y las gafas gruesas que ahora estaban quebradas. Según recordaba se llamaba Coby, era uno de sus compañeros de clase y el más molestado en los primeros días por el inusual tono de su pelo. Aunque las burlas se habían detenido cuando un misterioso chico con sombrero de paja, que ella sabía con seguridad quien era, había amenazado con patearles el trasero si seguían con ello. Bastó sólo una semana y la llegada de los matones de su curso a clases llenos de heridas, para que todos se silenciaran y ella consolidará su decisión a permanecer alejada de aquel idiota pelinegro. El mismo que ahora había dejado sus puños visibles a los costados de su cuerpo, mostrándole las gotas de sangre que caía sin cesar de ellos.
– ¡Ahora entreguen el dinero que le robaron a Coby! – su voz rugió con fuerza y a pesar de su voz infantil, fue suficiente para estremecer el cuerpo de Nami. Sin saber cómo reaccionar, ella se quedó quieta y alejada de ellos.
– ¡Ah! ¡Nami–san! – hubiera pasado desapercibida, que era su plan, si no fuera porque el radar de Sanji–kun se había activado y ahora la saludaba con emoción. Hubiera sido todo normal si no fuera por las gotas de sangre sobre sus zapatos.
Iba a responder a su llamado y luego desaparecer de aquel lugar, cuando el rostro del pelinegro se volteó parcialmente hacia ella y fue testigo del brillo iracundo en su ojo derecho. Los mechones de su cabello negro se habían desordenado sobre su frente, generando una sombra oscura y peligrosa sobre su infantil mirada. Sus pupilas contraídas y el color rojizo de la sangre que cruzaba toda su mejilla derecha, le daban un aspecto enloquecido que ella nunca había visto.
Sabía que debería estar temblando de miedo en ese momento, era seguro que con esa expresión más de uno de sus oponentes se había orinado encima; sin embargo su sorpresa estaba lejos de aquel sentimiento. No sabía cómo pero ella lo entendía, que detrás de esa violencia él buscaba proteger a alguien. Y de alguna forma ella estaba de acuerdo con eso.
– ¿Nami–san? – la voz de Sanji la devolvió a la realidad y se percató que todo ese tiempo había estado manteniendo la mirada hacia el chico violento. Él había hecho lo mismo y como si de un acuerdo se tratara, ambos detuvieron su conexión al mismo momento.
– Sólo pasaba por aquí, Sanji-kun – Nami explicó con tranquilidad, una reacción completamente anormal para cualquier chica que hubiera presenciado aquello – Tú deberías apúrate, tu turno en el restaurant empezará en poco tiempo –
Y para sorpresa de todos los hombres presentes, la chica de doce años se paseó justo por sobre todos los cuerpos vencidos. Saltándolos y apoyándose lo suficiente para conservar su equilibrio cuando parecía perderlo.
Se despidió finalmente con indiferencia, siguiendo su camino hacia la casa de Shushu y preguntándose cuánto dinero habría en las billeteras que había robado.
□ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ
– ¡Hey, TÚ! –
Había reconocido su voz con alarmante facilidad.
A pesar de estar en cursos separados, en el mismo nivel pero en clases distintas de todos modos, aquel pelinegro molesto siempre se encontraba corriendo o gritando por todos lados. Justo como ahora, donde su voz había provenido desde uno de los pasillos cercanos que daba hacia su espalda.
Nami decidió omitirle como solía hacerlo y siguió su camino hacia la biblioteca. Estaba buscando un lugar tranquilo para pasar el receso de la mañana.
– ¡¿Por qué no respondes?! ¡Grosera! – Ahora sabía que él buscaba a una chica, aunque no tenía ni un poco de interés por ello. Aumentó la velocidad de sus pasos – ¡Que te detengas, maldición! –
– Luffy–san, espera – Nami identificó una segunda voz, aunque no logró reconocerla. Parecía que luchaba con algo – ¡Espera por favor! ¡Nami–san! –
Ella se volteó con notoria sorpresa, que cambió rápidamente a una expresión serena y aburrida. Frente a sí, el niño del sombrero de paja caminaba con pasos rápidos y certeros, sin ser perturbado por el peso de Coby que intentaba evitar sus movimientos cogiéndolo por un brazo. Estaba enojado, pero el brillo de sus ojos era completamente sereno en contraste con lo que había visto días antes.
– ¡Grosera! – él reclamó cuando estuvo justo frente a ella y Nami comprobó nuevamente que él era mucho más pequeño. Elevó su mentón para hacer uso de la diferencia de estatura. – ¡¿Por qué no te detuviste cuando te estaba llamando?! –
– Tú no me llamaste – ella enfatizó cuando se cruzó de brazos y él pareció aún más molesto.
– ¡Claro que te llame! ¡Te grite "hey, tú"! –
– L-Luffy-san – ya desistiendo de su meta inicial, Coby sonrió nerviosamente al pelinegro – eso no cuenta como un llamado –
Luffy lo miró con sorpresa y ante su expresión de idiota, los ojos de Nami se entrecerraron. A pesar de todo lo que había sucedido entre ellos, que en realidad no era mucho, ella no lograba entender por qué él la molestaba tanto.
– ¿No cuenta? – tal vez porque era un idiota.
– ¿qué es lo que quieres? –
– ¡No me interrumpas cuando estoy hablando! – él gritó, irritado.
– ¡Eres tú quien me estaba buscando! – y Nami le refutó, con los dientes apretados.
– ¡Hey Luffy! ¡¿Qué estás haciendo?! – interrumpiéndolos, Usopp llegó desde uno de los pasillos cercanos y caminó hasta ellos. Cuando notó la presencia de Nami, completamente molesta y que daba un poco de miedo, su sonrisa cambió a una mueca asustada – ¡Gyah! ¡La mesera endemoniada! –
– ¡No se llama así! – le corrigió Luffy – se llama chica ladrona –
– ¡Eso ni siquiera es un nombre! – Ella le gritó, enfadada – ¡Y no me digas así! –
– ¿No es tu nombre? – Luffy parecía realmente contrariado – ¿entonces por qué me dijiste que te dijera así? –
– ¡Yo nunca dije algo como eso! ¡Fuiste tú quién empezó a llamarme de esa forma! – y para sorpresa de la pelinaranja, el niño del sombrero llevó sus manos al estómago y se puso a reír fuertemente.
– ¡Shishishi! ¡Eres tan rara, chica ladrona! –
– ¡Me llamo Nami! – Ella endureció su mirada, causando que Coby y Usopp retrocedieran unos pasos, pero sin causar ninguna reacción en el pelinegro. Él sólo seguía riendo escandalosamente.
– ¡jajaja! ¡Tan graciosa! –
– ¡¿Qué es lo que quieres?! – el tono de su voz nació más oscura que en cualquiera otra oportunidad y pareció devolverle la atención al pelinegro. Él se irguió de su posición y sus ojos grises la observaron con seriedad.
– Devuélvelo –
– ¿De qué hablas? – ella parecía realmente confundida.
– ¡Le robaste el dinero a esos tipos, ¿verdad?! – Nami supuso que se refería a los adolescentes de preparatoria que había visto en la pelea del otro día – ¡devuelve el dinero! –
– ¡NO! ¡Es mío! – Los ojos castaños brillaron con intensidad, haciendo aún más notoria la certeza y el descaro de ella – ¡El dinero que se roba pasa a manos del ladrón! ¡Ahora es mío! –
Los ojos de Luffy se abrieron por el asombro, su expresión daba cuenta que había sido testigo de una epifanía.
– ¡Ah! ¡Así es como funciona! – se comentó a si mismo mientras golpeaba una palma con un puño – tiene sentido –
– ¡No lo tiene! – tras suyo y golpeando el aire, Coby y Usopp intentaban hacerlo entrar en razón. El último se acercó a Luffy y lo tomó por los hombros.
– ¡Escucha Luffy! Que un ladrón te robe no lo convierte en dueño de lo que roba, ¡Por eso es un crimen! – El chico de cabello rizado lo meció con violencia y el entrecejo de Luffy se frunció por la sensación molesta – ¡ella sólo aprovecho la oportunidad! –
– No es mi culpa que aquellos tipos fueran tan idiotas – Nami se defendió con una expresión indiferente. Luffy sonrió.
– ¡En eso tiene razón! ¡Eran unos idiotas! ¡Jajaja! –
– ¡Esa no es excusa! ¡Concéntrate! – Usopp le ordenó aún con sus manos sobre sus hombros y meciéndolo con fuerza. La única respuesta que recibió fue el aumento de la fuerza en la risa del pelinegro – ¡Que te concentres! ¡Maldición! –
– ¡shishishishi! –
– ¡¿No te acuerdas del pan del otro día?! – ante la frase, la voz de Luffy murió lentamente y se quedó mirándolo por un momento. Pasaron varios segundos hasta que el niño pareció entender lo que pasaba y recordó aquello de lo que su amigo hablaba. Su expresión cambio de inmediato a una molesta y sinceramente ofendida.
– ¡Es cierto! – Se volteó con rapidez hacia la pelinaranja, que lo observaba sin atisbo de miedo – ¡Devuélveme mi pan! –
– ¿Qué pan? – ella meció su rostro hacia un costado, confundida.
– ¡El pan de melón que me robaste de mi almuerzo! – Nami se mordió los labios de inmediato, notando que finalmente él la había descubierto. Recordaba que ese día había olvidado su propia caja de almuerzo y cuando él pasó a su lado con un montón de envases de comida comprados en el colegio; ella había aprovechado la oportunidad. No esperaba que notara la falta de sólo uno, al parecer él podía ser realmente detallista cuando se lo proponía.
Ella se obligó a permanecer serena.
– Tú el otro día no me dejaste propina, así que tome ese pan como una – era una clara excusa, pero tenía una razón. Él podía ser detallista con la comida, pero no tanto como ella lo era con el dinero – Estamos a mano –
– ¡Ah! – Luffy pestañeó un par de veces y volvió a golpear su puño en su propia palma – Tiene sentido –
– ¡QUE NO LO TIENE! – a su lado, Usopp golpeó su cabeza con un rostro similar a los tiburones.
– ¡Shishishi! ¡Así que si eres una ladrona, chica ladrona! –
– ¡Me llamo Nami! –
– ¡Luffy! ¡Concéntrate! – Aún con algo de esperanza para hacerlo entender, Usopp volvió al pelinegro para sacudirlo desde los hombros – ¡Lo que ella dice no tiene sentido! –
– ¡Shishishi! – riendo alegremente, la atención del chico violento seguía en Nami – ¡Te dejaré pan de propina la próxima vez! –
– ¡No lo quiero! –
– ¡Luffy! – La sacudida fue aún más violenta – ¡No funciona así! – y Usopp por fin logró que el pelinegro lo mirara con irritación.
– ¡¿Qué?! ¿Entonces cómo? –
– Escúchame – finalmente el chico de cabello rizado lo soltó y con paciencia, empezó a explicarle – La propina es algo que es voluntario, lo dejas cuando tú mesero te atiende bien o es amable contigo –
– ¿Entonces no tiene que ser dinero? –
– ¡¿Me estas escuchando?! – Usopp golpeó sus hombros con las manos tensas, irritado – ¡Es cuando lo merece! – Luffy asintió, con extraña seriedad.
– ¿Podría ser comida también, no? –
– ¡Es cuando lo merece! –
– ¿Y si le dejo a Chopper por unos días? –
– ¡Que me escuches maldita sea! –
Nami ya no pudo controlarlo. Antes que siquiera pudiera tomar una medida para ello, su risa nació estridente y furiosa desde lo más profundo de su garganta. Tan intensa que luego de unos segundos, sus mejillas y estómago dolían, su respiración se hizo dificultosa y una traviesa lágrima había quedado prendada a sus largas pestañas. Había encogido su cuerpo y cuando intento levantarse, sus ojos almendrados que ahora brillaban como el caramelo, se ubicaron frente al chico de sombrero de paja.
– ¡JAJAJA! ¡e–eres tan idiota! – ella se secó una lágrima con innata gracia, aún con su mirada hacia él y con sus mejillas sonrosadas por el esfuerzo. Él se había quedado observándola con aquella expresión en blanco de la cual ya se estaba acostumbrando, la misma que lo hacía ver tan estúpido – ¡Pff! ¡jajajajaja! –
– Hey… Nami–san – Coby se acercó a ella, preocupado por la intensidad de su risa pero lo suficientemente contagiosa como para hacerlo sonreír – ¿te encuentras bien? – Aún encorvada, la pelinaranja se obligó a mantener la calma y recomponerse.
– ¡Jeje! Sí, lo siento – unas risas traviesas nacieron de sus labios, pero logró manejarlas de inmediato. Cuando recobró la compostura, Nami cogió un sobre blanco que llevaba en los bolsillos de su falda y se la mostró al pelirrosa – esto es tuyo, ¿verdad? – Coby la miró con sorpresa, pero aun así tomó lo que ella les estaba entregando. Sus ojos se ampliaron cuando reconoció un buen monto de billetes dentro de él – iba a pasártelo en la pelea, pero preferí hacerlo cuando volvieras a clases – ella le explicó con una sonrisa suave y sincera.
– ¡Ah! Pero… es más de lo que me habían robado – él señaló de inmediato, cuando notó que le había entregado el monto equivocado y dando muestra de su honestidad característica. Nami sólo sonrió.
– No te preocupes, digamos que lo otro son los intereses – ella le guiñó un ojo con una expresión tan bonita, que hizo que Coby se sonrojara. Se inclinó hacia Nami con profunda gratitud.
– Muchas gracias, Nami-san –
– Nos vemos – sin esperar alguna respuesta del chico violento, que había iniciado una escena de forma innecesaria, ella reinició su camino y se perdió tras uno de los pasillos.
Por su parte, los ojos grises de Luffy se quedaron observando fijamente la espalda de la chica y permanecieron en el mismo lugar en donde ella había desaparecido. A pesar de que había sucedido hace algunos segundos atrás, en su mente aún podía revivir la sonrisa alegre y genuina de la pelinaranja, reconocer el brillo suave en sus ojos almendrados y el lindo color rosa que había sobre sus mejillas. Aún podía sentir el aleteo emocionado en su pecho cuando por fin había sido testigo de aquella expresión que tanto había esperado, era una sonrisa sublime que sobrepasaba por mucho las que él había imaginado en esos días. Era definitivamente algo que tenía que ver de nuevo, aunque tuviera que exponerse a que ella lo llamara idiota… Espera…
– ¡HEY! ¡Me llamó idiota! – a su lado, Usopp suspiró con profunda desesperanza.
– Eres lento –
□ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □
Ya habían pasado algunos meses, el verano había llegado, se acercaban los exámenes de final de semestre y el sentimiento hacia su nuevo instituto no había cambiado.
No era un mal lugar, ella lo sabía. Sus compañeros eran amables, los profesores siempre se encontraban atentos a sus pedidos y había tenido la suerte de estar en una clase distinta al del niño violento de sombrero de paja; pero aún no podía hallar una real emoción cuando iniciaba la jornada. Ahora mismo, cuando se estaba preparando y atando su corto cabello en dos colitas bajas, Nami sabía que la única motivación que tenía era evitar la preocupación de Nojiko.
Los ojos almendrados se oscurecieron repentinamente, cuando fue consciente que Arlong aún tenía control en sus memorias y pensamientos. Se preguntó a sí misma si alguna vez podría olvidar lo ocurrido y vivir como una chica normal.
– ¡Nami! – Nojiko la llamó de pronto, mientras entraba a su pieza con clara agitación. La pelinaranja sabía que el instituto de su hermana estaba más lejos y por ello tenía que salir más temprano. Se obligó a sonreír de inmediato – ¡Te deje el desayuno en la mesa! ¡Y también el almuerzo! –
– Gracias – y su exclamación emocionada incluso la sorprendió a ella misma, era una perfecta actuación.
– Nami – el tono de Nojiko era serio y supo que no la había engañado. Nami contuvo un suspiro ante su propia torpeza, ella era su hermana, la persona que más la conocía y la única a la cual no lograba engañar – ¿Estás bien? –
La pelinaranja calló, reflexionando sobre la posible conversación y lo cansada que estaría después de ella. No era algo que quisiera en este momento.
– Hablemos más tarde – respondió con suavidad y Nojiko, sin necesidad de dar explicaciones, lo entendió.
– Está bien –
– Ahora vete y lleva un paraguas – y aunque estaba amaneciendo con un brillante sol y un cielo completamente descubierto, Nojiko siguió su consejo.
□ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □
Nami había llegado aquel día con su sombrilla de mandarina al colegio, por su diseño infantil rápidamente llamó la atención de sus compañeros y generó burlas de algunas chicas ante el inminente día soleado que los esperaba. La pelinaranja permaneció imperturbable a ellas, pero cuando finalizó la jornada escolar y estridentes gotas caían por toda la ciudad; se despidió de ellas con una dulce sonrisa.
La inesperada lluvia, aunque no para ella; había oscurecido la luz natural de la ciudad y hecho desaparecer a la mayoría de las personas que transitaban a esa hora. Supuso que nadie disfrutaría de un día como aquel en pleno verano y todos habrían optado por sus hogares como posible refugio, eso explicaría por qué Le petit Baratie había tenido tan pocos clientes ese día.
Con un suspiro frustrado por las pocas ganancias del día, Nami se dirigió hacia su casa con extraña lentitud. Estaba a mitad del camino cuando se acordó de Shushu y su probable presencia bajo la lluvia; decidió cambiar de ruta en el mismo instante.
Estaba por llegar a la esquina donde se encontraba la casa blanquecina, cuando un grito furioso la detuvo. Ella conocía esa voz, era la misma que en el último tiempo podía reconocer incluso en una multitud.
– ¡S-Suelta ese girasol! – Era el chico violento, Nami lo sabía; aunque lo que enfrió su sangre no fue su presencia, si no lo endeble que parecía su voz – ¡GYAH! –
La pelinaranja se apresuró hacia el lugar, escondiéndose tras la esquina que daba había la casa de Shushu. Sus pupilas se contrajeron cuando notó finalmente lo que sucedía.
Reconoció rápidamente al chico violento, derrotado sobre el suelo con su rostro hacia el piso y con su mano derecha sosteniendo el tobillo de un hombre de extraño cabello blanquecino. A su lado, Shushu luchaba violentamente contra un tipo de cabello largo y negro, tratando de morderle; pero sólo logrando que lo pateara sin piedad hacia un costado. Reconoció también a un hombre con una nariz de payaso, con una de sus mejillas magulladas, el sombrero de paja sostenido por tres cuchillos que lo cruzaban en el centro y sentado justo en el campo de girasoles que estaba completamente destruido. Nami cubrió su boca rápidamente, intentado silenciar una exclamación de horror de sus labios.
– S-Suéltalo – Luffy susurró y, aunque su voz reflejaba el cansancio por la batalla, Nami logró reconocer la decisión en sus ojos. El hombre de cabello blanquecino lo miró con irritación y de inmediato empezó a patearlo en la espalda.
– ¡Ya déjame niño! – Aún con los golpes que estaba recibiendo, el pelinegro se negó a ceder y utilizó toda su fuerza para sostener aquel tobillo – ¡QUE ME SUELTES! –
– E-el… ¡EL GIRASOL! – su voz gruño con fuerza y el cuerpo de Nami se estremeció. Se percató de la única flor indemne, descansaba en el puño del hombre que atacaba a Luffy y ya había perdido su raíz. – ¡REGRESALO! –
– ¡Estúpido niño! – el hombre cambió su método, golpeándolo ahora justo en el costado de sus costillas, con fuerza y repetidamente. Aun así no logró que él lo dejara en libertad.
Los ojos de Luffy nuevamente fueron visibles y esta vez, el hombre de la nariz roja también reconoció la inamovible decisión en ellos. Una que le recordó a un viejo rival.
– Ya basta Mohji – le interrumpió el hombre de la nariz roja, levantándose con molestia – ya dale la estúpida flor –
– P–pero señor Buggy, este niño… – Mohji parecía contrariado, aunque se había detenido – él lo golpeó –
– Ya no importa – con un movimiento rápido, dejó caer el sombrero destruido junto al cuerpo de Luffy, donde lentamente se estaba creando una poza de agua. El niño levantó con dificultad parte de su rostro, lo suficiente para mirarlo directamente – vámonos – sin esperar respuesta, el líder inició su camino justo donde Nami permanecía oculta. Ella retrocedió lo suficiente para que no la encontraran.
– P–pero… – aún sin moverse, Mohji permanecía perturbado por la actitud de Buggy. Cabaji apareció a su lado, siguiendo al hombre con nariz de payaso.
– Ya escuchaste al señor Buggy, deja al niño – Derrotado, Mohji dejó caer la flor e hizo el ademan de aplastarla. Lo hubiera conseguido, si no fuera por la mano del niño que se interpuso en su camino y evitó el movimiento de sus pies. Aun cuando estaba tan débil como para levantarse, aquel pelinegro tenía la fuerza suficiente para detener sus patadas. Mohji apretó los dientes con furia.
– ¡MALDITO NIÑO! –
– Ya déjalo – imperturbable a su personalidad explosiva, Cabaji lo regañó con seriedad – ahora apúrate –
Atenta al sonido de sus pasos sobre la mojada acera, Nami esperó en la mitad de la calle con seriedad. Inició su propio camino cuando fue consciente de su cercanía y planificó su encuentro justo en la intersección de la esquina. Como lo planeo con rápida antelación, se encontró con el líder en el momento exacto.
– ¡Kya! – Nami gritó suavemente cuando chocó con el cuerpo del hombre de la nariz roja, provocando que su paraguas cayera al suelo junto al resto de sus cosas y ella quedara completamente apoyada en él por unos segundos. Buggy no notó su actuación.
– ¡Quítate niña! – y con un empujón nada suave, tiró a Nami hacia donde estaba Cabaji y Mohji.
– ¡Kya! – ella exclamó, con un rostro y una voz de completa vulnerabilidad. Ambos hombres reaccionaron a la misma vez, sosteniéndola en cada costado y creando un contacto directo con la pelinaranja – Muchas gracias – ella les regaló una sonrisa agradecida, haciendo resplandecer su innegable belleza.
– Ten cuidado – Cabaji la estabilizó con suavidad y luego siguió a su líder sin mirar hacia atrás.
Destruyendo su máscara de niña débil, Nami se quedó viendo al trío con una fría mirada. Cuando desaparecieron tras una gruesa capa de lluvia, ella estudió las billeteras que les había sacado y contó el dinero que había logrado reunir. Esperaba que fuera suficiente para restaurar el campo de girasoles.
Apurándose hacia donde se encontraba el chico violento y su amigo perro, la pelinaranja cogió el paraguas caído junto con su bolso de la escuela. Encontró al pelinegro aún en el suelo, ahora con su rostro hacia el cielo y con su mano izquierda cogiendo el sombrero de paja. A sus pies se encontraba Shushu, con el único girasol salvado entre sus dientes.
Se acercó a ellos sin dudar, descubriendo a cada paso como su visión parecía mejorar y la lluvia dejaba de ocultar las heridas de sus cuerpos. Ahora ya podía reconocer la coloración rojiza en algunas partes del pelaje blanquecino de Shushu.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para proteger al can con su propio paraguas, Nami logró identificar el cuerpo malherido del chico violento. Había múltiples heridas en su cuerpo, magulladuras que ella estaba segura se transformarían en hematomas en los siguientes días; y lesiones cortantes en su rostro y antebrazos. Por la forma en que su torso se mecía, ella supo que estaba respirando de forma superficial. Se preguntó si aquello era por el cansancio o por alguna lesión en sus costillas.
– H–hey, chica ladrona – él la llamó con una voz y una sonrisa débil, tanta que ella ni siquiera se preocupó en contradecirle. Se quedó mirándolo por un momento, recorriendo con su mirada las múltiples heridas en su rostro y su cuerpo, tratando de encontrar la razón por la cual lo había hecho.
– Te patearon el trasero – ella le dijo con una expresión neutra, aún sin preocuparse de cubrirlo de la lluvia o de la heridas de su cabeza que no parecían que dejarían de sangrar. Para su sorpresa, él empezó a reír.
– ¡Shishi–! – él se obligó a callar, hasta el movimiento de su estómago hacía que sus costillas dolieran, pero aun así su sonrisa permaneció sobre sus labios. Los ojos almendrados seguían fijamente en los de él, con una incertidumbre bien oculta tras ellos.
– ¿Por qué lo hiciste? – Nami le preguntó cuándo finalmente se decidió – ¿por qué ayudaste a Shushu? ¿Lo conoces? – y su respuesta pudo perturbarla más de lo que esperaba.
– ¿Shushu? ¿Quién es Shushu? – Luffy inclinó su cabeza hacia un costado, ella sabía que no mentía.
– ¡Él es Shushu! – la pelinaranja señaló al perro que estaba justo a sus pies, siendo protegido de la lluvia bajo su paraguas.
– ¿Shushu? ¡T–tienes un nombre raro! ¡Shi–! – y detuvo su risa nuevamente, cuando el dolor aumentó.
– ¡¿Entonces cómo?! ¡Si ni siquiera sabes que está pasando aquí, ¿por qué lo ayudaste?! – Con su expresión en blanco, los iris de Luffy se unieron a los castaños, reconociendo un dolor de largo tiempo y una desesperación que no tenía que ver con su situación actual. Él podía percibir como la pelirroja estaba buscando inconscientemente su ayuda.
La lluvia había aumentado la fuerza de sus gotas, rompiendo intermitentemente el silencio que había rodeado a ambos niños. Él se acomodó lentamente, apoyándose en un muro cercano y generando una leve inclinación en su torso. Desde esa posición tenía mayor visión del rostro de la chica, así como de sus mejillas humedecidas por la lluvia y del brillo carmesí oscilante de sus ojos. Ni las gotas que caían en su rostro, ni el frío que atacaba a su cuerpo empapado y herido fueron capaces de destruir aquella unión.
– Eso es obvio – le respondió luego de un momento, mirándola directamente y dedicándole una suave sonrisa. Era la primera vez que ella la veía – él necesitaba ayuda –
Y con esa simple frase, Nami supo que sus defensas habían caído.
Ya no había vuelta atrás.
□ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □ Φ □
□ Φ □ Φ □
Continuará!
Hey, ha pasado un tiempo pero realmente soy muy lenta para hacer las actualizaciones. Espero que lo hayan disfrutado como yo cuando lo escribí.
Por cierto, algunas notas. La diferencia de edad que tienen los mugiwara se mantendrá en este fic. Como trate de explicarlo mas arriba (espero que se haya entendido), luego de ser salvada de Arlong (que luego mencionare por quien fue) Nami deja su ciudad y cambia de colegio; pierde un año asi que por eso esta en el mismo nivel que Luffy y Usopp.
Otra cosa, es que Luffy aún sigue siendo un niño (en la última escena tiene unos doce años, porque sucede después de Mayo) y por eso, veía que era poco realista que pudiera vencer a Buggy siendo un niño. Aunque sus características generales no han cambiado. (espero haber entendido lo suficiente el personaje de Luffy para que no sea muy Occ, aunque como última reflexión; Oda siempre da la impresión que Luffy es un personaje un poco simple, pero me da la impresión que es mucho mas complejo de lo que uno podría imaginar).
Bien, eso hora del rincón de responder reviews! (RxRxR!)
FalknerZero: muchas gracias por tu comentario! Me había llegado el comentario que habías publicado en la otra historia de drabbles y realmente me avergoncé! Gracias por las palabras de aquella vez (aunque no creo que sea una de las mejores que andan por aquí). He visto tu perfil algunas veces y he notado que tienes un montón de fics LuNa, y eso es genial! Por mi poco tiempo, casi no me puedo pasar a leer regularmente; pero estoy muy conciente que debo ir a leerlos. ¡Aunque sea de a poco! Sé que eres realmente un luchador por nuestro ship y realmente admiro eso! Un abrazo de bepo de vuelta!
Mara1451: muchas gracias por tu comentario. Espero que en este capítulo también te guste la redacción y ojala también en el futuro, cuando en los próximos capítulos empiece a trabajar con otros personajes. ¡Nos leemos!
Onepiecefan: Muchas gracias! Ojala este capítulo también sea de tu agrado.
Melissa: Gracias! Perdón por la demora, pero aquí esta la nueva entrega! Espero te guste.
Guest: Muchas gracias. Aquí esta la continuación, según mis cálculos deberían ser unos diez capítulos. ¡Buena lectura!
Dangerous love 'LuNa: muchas gracias por el review! Espero continuar con el próximo capitulo muy pronto.
Carolina: jajajajja me encanta ese meme y comprendo completamente la emoción. Gracias por tu comentario y aquí esta la continuación. ¡Espero haya sido de tu agrado!
Muchas gracias por los reviews y también por los Fav!
Esperemos que la diosa de la inspiración me ayude en la próxima entrega!
I'll see you!
Kasumi 21
