"Y cruzarás el anochecer
Siempre y cuando puedas seguir..."
En ese lugar, definitivamente, se sentía en paz. Una parte de él lo hacían sentirse tremendamente culpable, ya que había sido lo demasiado tonto como para no darse cuenta que, estando con su familia, con Kaoru, quizás encontraría lo que tanto tiempo había estado buscando. Quizás si no fuera por Hama, que definitivamente lo había hecho entrar en razón, nunca se habría dado cuenta de lo que estaba sintiendo.
Se sentía cansado por el viaje, pero aún así, deseaba compartir ese ratito con Kaoru, que sonreía ampliamente cuando lo veía, mientras que ella caminaba de un lado para otro, preparándole un baño. Fue cuando pasó junto a él, que la afirmó de un brazo y la obligó a sentarse a su lado.
-Pero…- protestó ella, tratando de soltarse –tienes que bañarte… apuesto que te ayudará a relajarte y a que te sientas mucho mejor… eso es lo que me hace sentir cuando me siento estresada.
-Apuesto que a todos les pasa eso- contestó él, con una suave sonrisa, pero en vez de soltarla, la acercó más a él, hasta que pudo juntar su frente con la de ella –pero en estos momentos eso no hará que me relaje… sino que sentirte cerca lo hará…
Kaoru cerró los ojos ante el contacto, soltando un suspiro. Había deseado muchas veces que él volviera, por Dios que lo había extrañado… desde que había decidido dejar el dojo, cuando Kenji no pasaba ni los cuatro años, todo se había vuelto un tormento. Pasaba las tardes mirando su ropa, a veces abrazándola para intentar sentir su olor, su calor, su cercanía… para mantener la esperanza que él, en algún momento, podría ser libre de todos los fantasmas que no lo dejaban vivir en paz.
Después de su primera partida, se podría decir que iba y volvía, pero sólo por unos días. A pesar que se sentía contenta de su visita, se preocupaba más por él. Cada vez volvía más callado, más ausente… como si se estuviera bloqueando de todo a su alrededor. Eso fue lo que sintió cuando, casi cuatro meses atrás, había dejado el dojo para recomenzar con otro viaje… esa fue una de las pocas veces con lo que se quedó con su corazón completamente destrozado.
Ella lo había conocido como el vagabundo amable, quizás triste, pero que intentaba salir adelante, expiar sus culpas… pero también ella fue testigo de cómo, poco a poco, comenzó a cambiar. La culpa lo carcomía, no se consideraba digno de ser feliz, por lo que su matrimonio, en vez de darle la paz que ella esperaba, lo fue hundiendo más… ¡y ella sin poder hacer nada para hacerle entender!. Podía recordar la impotencia que sentía cuando lo veía sentarse con esa triste mirada, y esa sonrisa que le daba, cargada de tristeza, cuando ella lo descubría…
Con el nacimiento de Kenji, pensó en la posibilidad que él se calmaría por un tiempo, y así fue… pero en algún momento todo tendría que volver… Kaoru, en ocasiones, se preguntaba cuánto era capaz de castigarse un hombre sin volverse loco… cuánto sería capaz de resistir Kenshin antes de querer lanzarse por un acantilado pidiendo perdón a todos los que mató.
-Ken…- murmuró ella, sin abrir los ojos y disfrutando del suave contacto que ambos tenían en esos momentos –Ken… ¿qué fue eso que me dijiste… eso que ya no dejarías el dojo…?
Ambos abrieron los ojos y se miraron, aunque sin alejarse. Kaoru, como pocas veces en todos esos años en que él estuvo viajando, pudo ver el mismo brillo en los ojos de él, que cuando lo conoció. Sin entender demasiado la razón, pudo darse cuenta que Kenshin estaba cambiado, ¿es que acaso habría encontrado esa paz que tanto buscó?
-Kaoru-dono…- dijo él, suavemente –durante todo este tiempo, he estado buscando algún motivo, algo que me de a entender que merezco vivir, a pesar de todo el daño que hice hace años- ella iba a hablar, pero él puso uno de sus dedos en su boca, para que mantuviera el silencio –usted no entiende… lo difícil que es para mí todo esto… sabe que soy un hombre intranquilo, al que su pasado no lo deja en paz… por eso me marché, porque deseaba que ustedes estuvieran tranquilos durante el tiempo que me diera cuenta de todo…
-Pero tonto…- Kaoru se corrió para evitar que él la continuara callando, de pronto se sentía algo molesta -¿es que tú no entiendes que el tener un hogar es suficiente motivo para vivir?, ¿el ver a tu hijo crecer no es lo suficientemente importante como para no estar presente?
Kenshin no contestó. Se dio cuenta que Kaoru también estaba herida con sus decisiones. Y no podía culparla… si ya mucho lo había sorprendido cuando ella le aseguró que lo esperaría hasta que ambos pudieran vivir en paz, no podía pedirle que no lo culpara de lo solos que ella y Kenji habían estado esos años.
-… No se trata de eso, Kaoru-dono- murmuró él –porque usted no sabe lo importante que son para mí, y que fue por eso mismo fue decidí alejarme… no quería que ustedes me vieran peor de lo que ya estaba.
-Somos tú familia, ¡soy tu esposa!- le gritó Kaoru, tratando de una vez que entendiera -¡se supone que todo lo tenemos que vivir juntos, pero tú te aislaste durante estos años, sacándome de tu vida como si fuera un sucio estropajo!
-Claro que no…- Kenshin trataba de permanecer tranquilo ante las palabras de ella. No era que se iba a enojar, pero no quería tentar la suerte –pero… en parte sabías perfectamente que esto podría pasar en algún momento. No me estoy justificando, tú sabes mejor que nadie que no me gusta que tú sufras.
-En ese caso, ¿por qué me dejaste?- le preguntó ella, en un murmullo –no tienes idea lo mal que lo pasé cuando no estabas junto a mí, cuando Kenji me preguntaba por ti y yo no sabía qué contestarle… ¿cómo le explicas a un niño de cinco años que su padre lo único que quería era estar muerto?
-Kaoru…
-No, Kenshin- el que ella comenzara a derramar lágrimas le hizo pensar que quizás no todo estaba tan perfecto como cuando la abrazó, al llegar al dojo. El pelirrojo sabía que recuperar a su hijo le iba a costar un poco, pero… ¿cómo confortar a Kaoru, que había sufrido por su culpa desde que se habían conocido? –yo… he tratado de entenderte, lo he intentado, de verdad… pero no puedo, no comprendo que te empeñes tanto en sufrir. ¿Por qué no puedes olvidar?, ¿por qué no puedes considerar que ya pagaste todo lo que hiciste?
Kenshin la miraba nada más. Ella se había alejado un poco de él y había comenzado a llorar, tapándose la cara con las manos. Una vez más se sintió culpable, una vez más la estaba haciendo llorar… ¿cuántas veces lo habría hecho, estando él lejos?. El pelirrojo suspiró y miró el cielo. Recién había comenzado a anochecer. Se puso de pie, aguantando sus deseos de abrazarla y pedirle perdón por hacerla derramar nuevamente lágrimas por él.
-Kaoru-dono- comenzó, ella, desde su lugar, lo observó con cierta tristeza –toda la culpa que tengo sobre mí, jamás quise que usted la sintiera, pero nunca lo he logrado. Desde que la conozco, usted ha tenido que soportar a enemigos de Battousai, hombres que deseaban que pagara todos los pecados que cometí… eso mismo hacía que yo no le confesara lo que de verdad sentía por usted. Pensaba que… al intentar estar con usted, haría que perdiera esa inocencia que tanto me hechizaba, pero hubo un momento que no pude soportar tenderla cerca y no hacer nada por… nosotros. No quiero que se moleste, pero es muy poco probable que usted entienda lo que me pasa… no ha matado a nadie, ni ha tenido el cargo de conciencia al destruir tantas vidas… pero una persona muy especial me hizo comprender qué era lo que estaba buscando, y ahora, gracias a ella, puedo sentirme más tranquilo…
El pelirrojo volteó a verla, y Kaoru pudo ver su sonrisa. Abrió los ojos sorprendida… hacía años que no veía esa sonrisa en él. Era genuina.
-Comprendí que… mi paz estaba con ustedes. Ella me dijo que el compadecerme y el no aceptar la oportunidad que la vida me había dado, era…
Kaoru se acercó a él y lo abrazó. Kenshin sonrió más al sentir el contacto y la besó.
-No quiero que sigas sufriendo por mí culpa- le dijo él, en un murmullo –ahora entiendo que mi lugar está con ustedes, que todo lo que estaba buscando sólo usted y Kenji pueden dármelo… Kaoru-dono, siento mucho lo que ha tenido que pasar por mí culpa… si pudiera hacer algo para menguar un poco lo mal que ha tenido que pasar desde que nos conocimos…
-Podrías empezar sacando el "dono" de tú vocabulario- le dijo ella, sonriendo –o al menos me conformo con mi nombre, nada más…
-Eh… lo inten…
-¡No!- lo interrumpió ella, enojada -¡te pedí que lo hicieras el día que nos casamos y aún no eres capaz!- le gritó, Kenshin se asustó un poco y se alejó. Quizás su integridad física estaba corriendo peligro –quizás si soy un poco más extremista en ese sentido se te quite la mala costumbre…- Kenshin vio con horror la cara de malvada que puso Kaoru al imaginar los posibles castigos que le haría cada vez que dijera el "dono" al decir su nombre –bueno, para empezar con algo simple, digamos que simplemente comenzaré con suaves golpes con la shinai… y si sigues insistiendo te dejaré pegado a la pared, ¿¡entendiste, Himura!?
Kenshin soltó una risita, divertido. Sí, definitivamente era la vitalidad de ella lo que le ayudaba a continuar con su vida, era ella la que le transmitía esos deseos de vivir. Recordó una vez que había reconocido (aunque sólo a su mente), que desde el momento que se había hecho un vagabundo, los motivos para vivir se habían terminado. Si moría defendiendo a alguien que lo necesitara no le molestaría en lo absoluto, de hecho, hasta estaba la posibilidad de que lo hubiera agradecido, ya que en esos tiempos pensaba que en el único momento que podría descansar de verdad, era muriendo… enterrando su nombre definitivamente.
Pero todo eso fue hasta que llegó a Tokio… específicamente a cierto dojo en que la dueña poco menos le exigió que se quedara y le ayudara a levantar su dojo. Después de eso su vida cambió, para mejor… comprendió que él sí tenía motivos para vivir, por sus amigos, por Kaoru… ¿en qué momento, después de la batalla con Shishio, terminó por olvidar todo eso que había aprendido en esos días en Kyoto?
-Lo intentaré, Kaoru-do…- Kenshin alcanzó a esquivar un golpe lanzado por Kaoru, y riendo un poco afirmó su mano, para luego besarla –ahora te aceptaré ese baño que me ofreciste hace rato…
Kaoru sonrió, y robándole un último beso, fue a preparar todo para que él se bañara. Kenshin la observó sonriendo alejarse de él… nuevamente parecía aquella muchacha de 17 años que, aunque algo gruñona, la mayor parte del tiempo era lo suficientemente fuerte como para mostrar una sonrisa… esa sonrisa que lo había cautivado y que lo calmaba como nada más…
Una vez hace un tiempo, conversando con Megumi, ella le había dicho algo que lo había perturbado…
"No me gustaría decirte esto, pero estoy preocupada por ella" le había dicho ella aquella vez. Kenshin sólo la había mirado con melancolía… esperando lo que ella le iba a decir "Kaoru ya no es la misma de antes, Kenshin… ¿sabías que ya no sonríe tanto como antes, cuando estabas aquí?. A veces se pasa tardes entera abrazada a la ropa que dejas acá… Ella te ama, Kenshin… yo se que tú también lo haces, pero… ¿no crees que se lo demostrarías mucho mejor quedándose a su lado?. No me gusta que sufra, y menos por tú culpa"
"Porque no lo merezco" había dicho aquella vez, sintiéndose aún peor. Él, que había hecho sufrir a tanta gente, no merecía que alguien sufriera por él… pero su perspectiva había cambiado después del golpe que le había dado Sanosuke.
"¡Baka!" le había dicho su amigo luchador, a la vez que lo golpeaba con fuerza en la cabeza "No es eso, es porque tú también mereces vivir una vida tranquila, ¿cuándo vas a entenderlo?"
Aunque aquella vez había poco menos "ignorado" lo que sus amigos le habían dicho, después comprendió a qué se referían.
-Kenshin- la voz de Kaoru llamó su atención –está todo listo, puedes ir a bañarte.
-Gracias- sonrió él, acercándose a ella y robándole un beso -¿quieres que después prepare la cena?
-Ah, no. Tenía pensado que fuéramos al Akebeko, ¿qué te parece?- sonrió ampliamente Kaoru –podrás ver a Tae y pasaremos a buscar a Kenji, que fue con Yahiko durante la tarde.
Kenshin asintió y fue a bañarse. La mención de su hijo lo hizo sentir algo de nervios. La última vez que lo había visto sólo habían tenido una fría conversación, el niño no lo quería… o quizás sí, como le había dicho Kaoru, pero se sentía muy herido por las ausencias de su padre durante casi toda su niñez.
El pelirrojo sabía que lo más difícil que tendría que hacer, era ganarse la confianza de su hijo. Estaba consciente que le iba a costar bastante, porque su hijo, al parecer, era bastante orgulloso (quizás tanto o más que Kaoru), pero estaba decidido a ganárselo… esa era su próxima meta, junto con intentar darle todo el cariño y amor que se merecía.
Kaoru estaba feliz, nuevamente irradiaba energía positiva, como hacía años. Kenshin había vuelto, y por fin de manera definitiva… ella lo sabía, lo conocía, esa sonrisa que le había dado, era tan diferente a las últimas que le había dedicado las veces que la iba a ver, y que se marchaba días después. Al parecer, Kenshin al fin había encontrado la paz que tanto estaba buscando.
Según lo que él mismo había dicho, una señora lo había ayudado a comprender… cuánto le gustaría conocerla, para agradecerle lo que había hecho por ellos.
Ratito después Kenshin volvió con ella. Se había cambiado ropa, usando un gi oscuro y una hakama blanca. Sonrió al verlo tan tranquilo.
-Te ves bien- dijo Kaoru, poniéndose de pie y acercándose a él –ese es mucho más decente que el gi rosa que usabas…
-Me gusta más decir que era fucsia- sonrió Kenshin -¿por qué todos dicen que era rosa?
-Porque lo era, Kenshin… lo era.
Tomados del brazo, ambos salieron del dojo, conversando.
-Oye, Ken… y esa mujer que me dijiste que te ayudó… ¿cómo se llama?, ¿quién era?
-Su nombre es Hama- contestó él –la iba a ver de vez en cuando, tenía complejo de mamá conmigo, algo así como tú- Kenshin rió un poco y Kaoru se sonrojó –entonces estaba obligado a pasarla a ver de vez en cuando… y la última vez… quizás ella notó que algo extraño me estaba pasando… y dando en el clavo con lo que me dijo, hizo que me diera cuenta de ciertas cosas y finalmente decidí volver con ustedes.
-Me gustaría agradecerle a esa señora lo que hizo por nosotros- sonrió Kaoru.
Llegaron al Akebeko y al entrar, la primera persona que vieron fue a Tsubame, que salió a recibirlos.
-¡¡Himura-san!!- exclamó la chica, feliz al ver al pelirrojo -¡Qué alegría verlo!
-Gracias, Tsubame-dono- sonrió Kenshin.
-Iré a decirle a Yahiko y a Kenji, ambos están arriba.
Tsubame fue al segundo piso del Akebeko, en donde Kenji y Yahiko jugaban con unos dados (juego enseñado por Sanosuke)
-Yahiko, Kaoru y Kenshin están aquí- le dijo ella.
-¿¡Kenshin!?- el joven se puso inmediatamente de pie, feliz, y miró con una gran sonrisa a Kenji –tú papá regresó, vamos con él.
Contrario a lo que esperaba, el niño apretó los labios y los puños, pero igual se puso de pie. Yahiko se dio cuenta de ello pero no quiso hacer comentarios al respecto. No era el momento.
Ambos fueron con la pareja, que ya había ordenado comida, y se sentaron con ellos.
Tanto Kenshin como Kaoru pudieron darse cuenta que Kenji, su hijo de diez años, era el único que no participaba de la alegre conversación. Al primero, esto le causó algo de tristeza, pero tratando de animarse se dijo que no era tarde… que nunca lo sería para intentar recuperar a su hijo.
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Hola, aquí el segundo capítulo del fic. Espero les haya gustado... y se haya entendido. No se por qué, cuando lo escribía como que me perdía de las ideas... es raro, lo sé...
Las frases que salen al inicio, son de la canción de La Ley, "Bienvenido al anochecer"
Gracias a Oriana-dono, Yuki-dono, Inua035, Okashira Janet y a todos los que leen el fic. Estaré esperando sus comentarios sobre este cap. Que estén bien!!
