Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen. Son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation. Fic sin fines de lucro.
Nunca te amé
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Capítulo 2: ¿Será verdad?
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Con un suspiro, Milo terminó por salir de la cabaña de la Amazona de la Cobra. Se quedó varado ahí unos instantes, tratando de reprimir sus impulsos asesinos sobre Aioria. Se sentía destrozado por sus propias suposiciones y al ver las cosas de esa manera, por primera vez decidió que lo mejor era hacerle caso a Camus y no actuar impulsivamente, aunque aquello le estaba resultado como una tarea titánica a realizar.
Tan sumido en sus pensamientos estaba hasta que sintió un estruendoso movimiento azotar el suelo no muy lejano de donde se encontraba. Grande fue su impresión al notar al Santo de Piscis estrellado en el suelo. Se le podía ver con los dientes apretados al igual de los ojos, en un intento por reprimir las ganas de quejarse del dolor que la caída le había provocado.
ㅡAfrodita… ¿qué pasó? ㅡLe cuestionó Milo, una vez estuviera a su lado, estirando una mano para ayudar al Santo de Piscis a reincorporarse.
ㅡNo es nada… ㅡLogró musitar. Se estiró y movió la cabeza hacia los lados haciendo ejercicio de cuello para alivianar la tensión.
ㅡ¿No es nada? ㅡMilo arqueó una ceja. ㅡ ¿Perdiste una apuesta con Máscara de Muerte o qué? Digo… no es que me agrade alabar tu poder, pero no creo que sea fácil que cualquiera te haya mandado a volar…
El de Piscis no dijo nada. Simplemente se dedicó a sacudir los vestigios de polvo y tierra que se habían pegado a su ropa por la caída. Últimamente se le veía el semblante más taciturno y eso era algo extraño. Ni si quiera soltaba aquellos comentarios sarcásticos o egocéntricos que a veces decía. Era algo no muy propio de él y todos ya se habían acostumbrado a su particular humor.
Milo estaba a punto de decir algo más cuando de repente una mujer de hermosos cabellos rubios y una silueta definida gracias al leotardo rosa que portaba, se aproximaba hacía ellos. La Amazona en cuestión se acercó lo suficiente como para mirar a Afrodita y de no ser por la máscara que llevaba puesta hubieran notado su semblante fúrico y molesto.
ㅡNo vuelvas a acercarte a mí. ㅡFue todo lo que dijo la mujer, refiriéndose a Afrodita. Este simplemente suspiró y ladeó la mirada. Milo seguía con cara de signo de interrogación, la mujer le miró y de igual manera le dedicó una mirada fulminante, cosa que pasó desapercibida por el Escorpión ya que la máscara le impedía ver el semblante de aquella joven, aunque por el tono de voz con el que se dirigió a Afrodita denotaba que estaba muy lejos de estar de buen humor.
La amazona continuó su camino. Milo parpadeó un par de veces confundido y miró a Afrodita.
ㅡ¿Ella te mandó a volar hasta acá?
Como respuesta Afrodita asintió. Milo abrió los ojos, sorprendido.
ㅡPero ¿por qué?
No cabía de la impresión. Sabía que las Amazonas podían llegar a ser fuertes… pero que un Santo de Oro se doblegara ante ellas tan fácilmente tampoco era cosa de todos los días.
ㅡEso es algo que no te importa. ㅡEscupió Afrodita molesto, recuperando un tono más típico de él.
ㅡSeguro viste su cara y te sentiste celoso de que es más bonita que tú. ㅡBromeó Milo, un poco divertido por la situación. Afrodita frunció el ceño, pero sus facciones se suavizaron hasta terminar en un rostro apacible y una sonrisa tenue que escondía un poco de maldad en ella.
ㅡQuien sabe… Shaina también tiene un rostro muy bonito ¿no crees? ㅡComentó como que no queriendo la cosa. Milo dejó de sonreír y con una mirada asesina encaró a Afrodita.
ㅡ¿Tú qué rayos sabes? ㅡConsultó, furioso. ㅡ¡Ni si quiera has visto su rostro!
ㅡ¿Ah? ㅡCuestionó Afrodita, con sorna. ㅡ¿Quién dice que no lo he visto?
ㅡ¿Qué? ㅡMilo no cabía de su impresión. ㅡ¿Has visto el rostro de Shaina?
ㅡAsí es, ㅡRespondió Afrodita, soplándose unos mechones que le caían en el rostro. ㅡSe quitó la máscara frente Aioria hoy en la mañana, en el coliseo. Hasta se puso a llorar en sus brazos. ㅡAfrodita negó divertido, sin la intención de sonar como un chismoso, pues sabía que todo lo que estaba contando Milo ya lo sabía pues había visto como él había contemplado la escena junto a Camus sin que ambos fueran percibidos por los que habían armado aquel pequeño teatro. ㅡSé que eso ya lo sabes. De hecho, me sorprende verte tan tranquilo por ese hecho.
ㅡ¡Cállate! ㅡEspetó molesto. ㅡSi te atreves a decir a alguien que viste su rostro te juro que yo mismo te desaparezco del mapa. ㅡAmenazó, furioso. Afrodita elevó las manos hacía los lados en señal de demencia y sonrió divertido.
ㅡDescuida, descuida. No diré nada. ㅡNegó con la cabeza, todavía divertido por la situación. ㅡPero yo que tú me preocuparía más por Aioria. ㅡSoltó un largo suspiro y su rostro adoptó una actitud ya más seria. ㅡ¿Sabes? No es que me interese crear cizaña entre ustedes tres, pero hablando las cosas de una manera más seria, incluso yo me sorprendí. Shaina no es una mujer que deje entrever sus sentimientos tan fácilmente.
Milo se sorprendió por el cambio de actitud tan repentino de Afrodita. Éste último le dedicó una mirada y le cerró una mano en el hombro.
ㅡLo sé. ㅡFue lo único que pudo responder el Escorpión.
ㅡEspero que no sea lo que estás pensando. ㅡAfrodita soltó a Milo y dio media vuelta para regresar a Las Doce Casas. ㅡNos vemos.
Milo se quedó varado de nuevo, solo con sus pensamientos. Miró al cielo, el sol pronto se pondría en el horizonte para dar paso a la noche. Bajo el rostro y se dedicó a caminar entre las cabañas de las Amazonas, dispuesto a ir a una en específico. Cuando sus pasos lo dejaron hasta la cabaña que buscaba se sorprendió ver como la Amazona rubia que antes hubiera amenazado tan fieramente a Afrodita ahora hablaba con Marín, quien era a quien él buscaba.
ㅡ¿No sabes para que nos solicita Athena, June? ㅡLe cuestionó la pelirroja a la menor. Ella negó con la cabeza.
ㅡAl igual que tú, llegué hoy al Santuario. Así que tan pronto me han informado la situación te he venido a avisar a ti también. Nos quiere mañana a medio día en el salón del trono.
ㅡMuchas gracias June. ㅡMarín sonrió tras la máscara pero no duró mucho esa sonrisa pues ambas notaron que ya no estaban solas en la entrada de la cabaña de la Amazona del Águila. Milo yacía apenas a unos cuantos pasos de distancia de ellas. June frunció el ceño, molesta. No le agradaba para nada el Escorpión y aunque quería que Shaina fuera feliz, todavía le costaba trabajo tragar esa relación. Sin embargo, respetaba las decisiones de su amiga.
ㅡ¿Buscas algo? Shaina no está aquí. ㅡHabló June con un tono de voz molesto, cosa que no pasó desapercibido por Milo y Marín, esta última sorprendida, pues conocía a June y sabía que ella en general mantenía un semblante amable y respetuoso ante las personas, aunque no fueran de su confianza.
ㅡLo sé. ㅡMilo frunció el ceño. ㅡNo es ella a quien busco. Quiero hablar con Marín. No me vayas a mandar a volar, por favor. ㅡEscupió esto último en tono sarcástico. June apretó los puños ante el comentario, sin embargo apenas pasados unos instantes destensó sus hombros y suspiró. El tono de su voz se relajó.
ㅡDe acuerdo. Me iré. ㅡAclaró, ya más tranquila. Milo podría haber jurado que en esas simples palabras se permitía apreciar un dejo de tristeza casi imperceptible. Para Marín, ese hecho fue más claro. ㅡNos vemos mañana ¿si? ㅡCuestionó la Amazona de Camaleón con un tono de voz más amistoso. Marín asintió y así, June se fue.
ㅡSé que nunca le agradé. ㅡMilo aclaró.
ㅡ¿Cómo esperabas que lo hiciera? Mataste a su maestro. ㅡHabló francamente Marín. Milo cerró los ojos y negó con la cabeza.
ㅡLo sé. ㅡSuspiró. ㅡY su perdida hubiera sido terriblemente lamentable si Athena no lo hubiera traído a la vida también. ㅡLevantó el semblante y abrió los ojos, mirando directamente a Marín. ㅡSin embargo, June debe saber que hemos sido entrenados para la guerra. Morir no es sólo nuestro destino individual, también debemos estar preparados para perder aquellos a quienes apreciamos.
ㅡSin embargo, Milo, ㅡHabló Marín con un tono de voz sosegado. ㅡGeneralmente esperamos la muerte por parte del enemigo. No por parte de nuestros propios compañeros.
ㅡEs parte de la vida recibir apuñaladas por la espalda. ㅡUna punzada azotó el corazón de Milo. Definitivamente aquel no era un buen tema para hablar, considerando todas las dudas que ya se arremolinaban en su interior. ㅡAlbiore no fue el único a quien traicionaron. De hecho, es respetable que él se haya dado cuenta del engaño del Santuario mejor que varios Santos de Oro… incluyéndome. ㅡSonrió ligeramente. ㅡEs por eso que no busco el perdón de June. Es un error que yo mismo no me perdono por mi incompetencia.
Ladeó la mirada y Marín notó que esa conversación estaba tornándose a terrenos delicados. Suspiró y negó ligeramente con la cabeza.
ㅡ¿A qué venías a hablarme? ㅡCuestionó, recordando que no conocía las intenciones de Milo para irla a buscar personalmente a las cabañas, especialmente a ella y sólo a ella, sin la presencia de Shaina. Además, el aura del Escorpión se notaba distante, taciturna y nebulosa y en alguna parte, triste, cosa que no era común en él y que intrigó a Marín. No era que ella y Milo fueran muy unidos, tampoco se eran desconocidos pero el Amazona del Águila no se consideraba estar en la lista de primeras opciones de Milo para buscar ayuda o pedir consejo.
ㅡEs sobre Shaina. ㅡHabló sin rodeos. ㅡCreo que ella ya no está interesada en mí.
El Escorpión se la pensó dos veces antes de hablar sobre todos los detalles, pues sabía perfectamente que la relación de Marín con Aioria era muy estrecha. Y como un mantra personal que había repetido al menos unas cien veces, se recordaba a sí mismo las palabras de Camus sobre darle tiempo al tiempo y buscar una explicación razonable antes de crear cualquier conclusión producto de su propia paranoia.
ㅡY creo que está interesada en alguien más. ㅡFinalizó.
Marín procesó las palabras del Escorpión con cuidado. Luego de unos instantes se hizo a un lado en la entrada, indicándole con aquel gesto que entrara.
ㅡPodemos hablar de esto con calma. ㅡSu voz era clara, pero sonaba consoladora, como si a Milo estuvieran a punto de darle un consejo acogedor y cálido. Entró y se sentó en la mesa donde otrora Marín repartiera las lecciones de teoría al siempre inquieto Santo de Pegaso. Se sentó del otro lado de la mesa, viendo de frente a Milo.
ㅡSé que ustedes dos son buenas amigas. ㅡ Comenzó Milo. ㅡY en dado caso, se son fieles. Así que sólo quisiera saber si mis suposiciones son ciertas. Sólo necesito que me digas si Shaina te ha dicho que ya no le intereso. Es todo.
Marín se sorprendió de no ver ahí al siempre impulsivo y poco razonable Escorpión. La escena frente a ella era un Milo al que de pronto una decena de años se le había caído encima. Su semblante siempre jovial y frívolo había desaparecido por completo.
ㅡShaina no me ha dicho nada al respecto. ㅡFue sincera. ㅡPero creo que las cosas no han marchado bien entre ustedes, independientemente de que haya alguien en medio.
ㅡ¿Cómo lo sabes? ㅡConsultó Milo, alzando las cejas.
ㅡHablas como si estuvieras resignado. Como si supieras que en parte ha sido culpa tuya.
El Escorpión permaneció en silencio durante algunos instantes. No había pensado que la novia de Aioria fuera así de franca y observadora. Aunque luego cayó en cuenta de que cualquiera se hubiera dado cuenta fácilmente que su semblante estaba muy decaído, cualquiera menos él, pues no pensaba en otra cosa que en intentar controlar su inquieto corazón.
ㅡLa vi con alguien. ㅡDijo, zanjando el tema. No quería recordar la distancia que Shaina había impuesto entre ambos desde hacía ya algunas semanas. ㅡSe quitó la máscara frente a esa persona. Y él la abrazó… y luego, una carta, una rosa… ㅡ Silenció.
ㅡ¿Puedo saber quién era él?
Esa era la pregunta que Milo no quería responder. Pero finalmente pensó que Marín tenía derecho de saber, por mucho que la noticia impactara a la Amazona, le dolería más enterarse en boca de otras personas (pues Afrodita le había dejado claro que no sólo él y Camus contemplaron la ya famosa escena de Aioria y Shaina) y todavía Milo se hubiera pasado a pedirle ayuda sin aclararle el asunto, haciéndola ver como una ingenua.
ㅡAlguien impetuoso, odioso, rabioso, idiota, y mi amigo.
ㅡ¿Aioria? ㅡLa respuesta tan pronta de Marín lo dejo sorprendido.
ㅡ¿Cómo supiste?
ㅡDijiste su nombre; alguien impetuoso, odioso, rabioso, idiota y tu amigo. ㅡRepitió Marín. ㅡConfieso que al principio no la capté, pero fue fácil cuando dijiste "rabioso" usas mucho ese adjetivo para molestarlo. Además, usas ese código para pedirle favores. Aioria me lo ha contado. ㅡSe notó un ligero tono divertido en la voz de la Amazona. ㅡComo cuando lo llevaste a un bar y te ligaste a unas chicas, y para guardar las apariencias le dijiste; "quiero un impermeable elástico rojo hecho a costuras equidistantes rectas para importe soportable".
Marín no pudo evitar reír ligeramente ante lo que acababa de decir, y Milo, saliéndose de su sopor rió alegremente con ella. El recuerdo de sus propios juegos de niño le traía una agradable sensación. Sin darse cuenta, aquellas palabras de Marín y su jovialidad le quitaron esa decena de años que cargaba sobre los hombros y el rostro, al menos por un momento.
ㅡCreí que lo que te dije sobre Aioria te ofuscaría. ㅡHabló, con un aura más tranquila. Marín sonrió tras la máscara.
ㅡEstoy segura que debió ser un malentendido. Todo tiene una respuesta y una solución. ㅡSe levantó de su silla y miró al Escorpión. ㅡNo es de sabios el poner en duda la lealtad de otros sin antes tener pruebas. Somos humanos y somos tan complejos que cada acción que realizamos es el resultado de acciones, razones y pensamientos previos. Para juzgar a otros debemos conocer los hechos que se arrastran tras la acción que tanta polémica crea. Pienso que esa es la más grande lección que los trece años bajo el mando de Saga nos ha enseñado. ㅡY ahí estaba, una voz tan sosegada y consoladora que Milo no pudo evitar sentirse ya más tranquilo. ㅡ¿Por qué no vamos y hablamos los cuatro?
ㅡTienes razón, Marín. ㅡSe levantó de su asiento y le sonrió. ㅡAhora veo porqué Aioria siempre está tan tranquilo a tu lado. Piensas todo con detenimiento.
Marín parpadeó un par de veces ante ese comentario. No dijo nada y salió de la cabaña con Milo siguiéndole los pasos. Ambos se adentraron en Las Doce Casas. No tenían idea de donde podrían estar Aioria o Shaina, y Milo le había aclarado a Marín que cuando él había bajado desde Acuario para buscar a Shaina, Aioria no estaba en su casa. Sin embargo, Marín optó empezando a buscarlos en Leo, pues sabía que Aioria no abandonaba su puesto durante mucho tiempo.
En su ascenso hacía a Leo pudieron sentir los cosmos de ambos en la quinta casa. Milo frunció el ceño ante esto, y Marín simplemente continuó caminando. Ambos entraron, pero la estancia principal estaba vacía. Se dirigieron a la cocina. Los escucharon hablar animadamente y Milo, sin darse cuenta había disminuido su cosmos para que no fuera percibido, Marín le consultó por esa acción y Milo le pidió que hiciera lo mismo. Se quedaron a las afueras de la cocina, solo escuchando.
ㅡToma, es té de tila. Te hará bien. ㅡSe oyó la voz del León, seguida por un "Gracias" de Shaina. ㅡ¿Qué piensas hacer con Milo?
ㅡNo lo sé… ㅡLa voz de la Amazona sonaba amarga. ㅡNi si quiera sé que estoy haciendo con él. Fue un error, no debí aceptar ser su novia… Yo no debí… ㅡY no pudo continuar.
Tanto Milo como Marín ampliaron la mirada. La Amazona del Águila dio unos pasos, dispuesta a entrar en la cocina y encarar el asunto, puesto que detestaba estar ahí escuchándolos sin permiso previo, y sólo implantándose la duda ella misma. No obstante Milo la detuvo colocando un brazo frente a ella y con el rostro negó. Marín pudo notar que la mirada de Milo escondía dolor y con ella le suplicaba que no avanzara. Verlo en ese estado la desarmó. Retrocedió y se quedó en su lugar.
ㅡPero por ahora no quiero pensar en ello. ㅡSentenció Shaina. Aioria asintió, no queriendo incomodarla más con el asunto. ㅡ¿Cuándo volverá Marín?
ㅡEn una semana. ㅡRespondió el León.
ㅡ¿Y cómo crees que se tome todo este asunto? ㅡAnte la pregunta de Shaina se escuchó un suspiro por parte de Aioria.
ㅡNo lo sé… pero temo que pueda lastimarla. De cualquier manera, confío en ella y sé que es fuerte.
ㅡTienes razón. ㅡLa voz de Shaina sonó ya más tranquila. ㅡElla sabrá entender y asimilar todo.
El corazón de Marín, sin proponérselo, latió con fuerza. Se repitió así misma que no debía crear ideas vanas y apretó los ojos con fuerza. Cuando los abrió, posó su mirada en Milo, temerosa de la reacción del Escorpión. Lo contemplo enhiesto, con un semblante sereno, pero no así sus manos que se habían formado en puños que se apretaban tan fieramente que le hacían temblar hasta los brazos. Por un momento la Amazona del Águila temió que este se fuera contra Aioria e iniciaran una pelea de los mil días, pero nada de eso sucedió. Milo sólo dio la vuelta y se dirigió a la salida. Marín, asqueada por haber prestado oídos a una conversación que no era suya, lo siguió. Sin embargo, no podía negar que ahora también sentía que algo en su corazón se rompía.
Continuará…
NDA: No saben lo mucho que lamento la tardanza en la que actualizo este fic; especialmente considerando sus lindos comentarios instándome a continuarla, pero por distintas cosas que no tiene caso mencionar aquí, simplemente continuarla se me hizo complicado, pero he decidido traerla a la luz de regreso por petición de beauty4ever quien, a pesar del tiempo, siguió esperando por el fic, así que a manera de agradecimiento aquí un nuevo capítulo. Prometo que el próximo no tardará en salir. Al principio quería que fuera sólo humor y romance pero mi vena sádica pedía drama, mucho drama xD Así que espero les haya gustado este cap. Y de nuevo, muchísimas gracias por sus hermosos comentarios.
Inat.
