—Yuratchka, al fin llegas. Estaba preocupado. Has demorado mucho hoy —la voz de su abuelo se presentó de inmediato cuando Yuri abrió la puerta de la casa.

—Oh, lo siento. Me entretuve un poco —contestó Yuri, sacándose su ancho suéter rojo que le tapaban hasta la mitad de los muslos y lo colgó en un perchero junto a la puerta.

—Ve a cambiarte el uniforme y baja a comer —su abuelo llamado Nikolai le sonrió y luego se fue hasta la cocina de la casa.

Yuri lo quedó viendo al avanzar por unos segundos y sonrió. Le encantaba ser recibido por él, con su paternal voz y su mirada filosa, quizás él había heredado eso de su abuelo. El mayor era de mediana estatura y normalmente siempre traía consigo una boina negra, aunque no era necesaria ya que seguía con su cabello firmemente en su cabeza, en la juventud este había sido negro por completo, pero ahora era una extraña mezcla de canas y su color natural. Sin mentir le quedaba a la perfección.

Escuchando como su estómago comenzaba a rugir por lo hambriento que estaba, corrió por las escaleras recibiendo un pequeño regaño de su abuelo por subir tan rápido. Ya en su habitación lo suficientemente grande para él y para sentirse a gusto, se quitó su uniforme escolar y lo terminó esparciendo por la cama. Fue hasta su closet y se quedó viendo que ropa ponerse ahora. Todas sus prendas eran grandes, normalmente dos tallas más de la de él ya que así le gustaba la ropa, y la mayoría eran con un estampado de animal print, ya que amaba ese estilo. No convenciéndose con nada solo se fue hasta la cama hecha por su abuelo, y tomó su pijama que consistía en una polera blanca con una imagen de un león rugiendo en el pecho y unos pantalones de polar negros que abrigaban todo el largo de sus piernas. Con pantuflas puestas y cabello amarrado en una coleta bajó hasta la cocina y al ver todo servido, se sentó rápidamente.

—¿Cuántas veces te he dicho que debes abrigarte? —le llamó la atención el mayor al verlo únicamente con su sudadera.

—Eh… desde que tengo memoria, ya me abrigaré —dijo sabiendo que era una pelea perdida, él jamás podía ganarle a su querido abuelo.

Velozmente fue a buscar una prenda a la sala, donde normalmente había abrigos de él ya que siempre se le olvidaba cobijarse en la casa; por lo cual el mayor siempre mantenía sus prendas a la mano. Ya con un chaleco con cuello de tortuga azul puesto, volvió a la cocina y se sentó junto al mayor. Se le hacía agua la boca, la comida de su abuelo siempre era deliciosa y definitivamente comerla era siempre una de las mejores partes del día.

—Te ves animado, ¿Pasó algo interesante hoy? —preguntó Nikolai, moviendo con gracia su bigote canoso que aún poseía algo de color negro al medio.

—Hum… nada realmente, fue un día normal. Saqué la mejor calificación en ciencias y por la tarde me junte con mi novia la cual cortó conmigo —dijo de lo más natural y se echó una porción grande de carne a la boca.

Nikolai al oírlo lo quedó viendo pensativo. Yuri solo continuó con su cometido de alimentarse.

—¿Terminó contigo? No te preocupes, ya encontraras a la indicada, todavía eres muy joven —le animó el mayor. Esas eran las palabras que siempre decía cuando le contaba que había fallado alguna de sus ex relaciones.

—Sí… Tienes razón —le contestó no queriendo demostrar lo que verdad sentía, ni decirle el motivo verdadero por el cual todas sus parejas lo cortaban. Confiaba mucho en su abuelo, pero pensaba que el problema que pasaba debía ser capaz de enfrentarlo solo, o eso creía hasta que conoció a ese chico en el tren.

Pausó un poco en su movimiento y quedó pensando en lo ocurrido hace apenas una hora atrás. ¿En verdad había sido tan idiota para haber corrido tras él? Además le había preguntado el nombre sin ninguna razón importante… Ahora que estaba más calmado y en un lugar seguro, sintió de golpe la vergüenza y el arrepentimiento sobre su cuerpo. Tenía ganas de meterse bajo las mantas de su cama para no salir jamás. De seguro Otabek pensaba que él era un rarito por haberle dicho eso… ¿Acaso no hubo algo mejor para expresar la primera vez? "Hazme un hombre" ¿Qué mierda significaba eso? ¿Por qué llegaba a ser tan idiota cuando la ansiedad o el nerviosismo se apoderaban de él? Vaya primera impresión que le regaló a Otabek.

—¿Estas bien, Yuratchka? —la voz de su abuelo interrumpió sus lamentables pensamientos y él asintió de inmediato para llenarse nuevamente la boca con comida.

—Es…toy, been —dijo con la boca llena entorpeciendo su voz. El mayor lo observó severamente pero después soltó una risa.

Ninguno de los dos podía enojarse con el otro.

Cuando terminó de comer y de lavar los platos para que su abuelo descansara, se fue a su habitación y sacó sus cuadernos para hacer la tarea del día siguiente. Hizo todo rápidamente pues le era muy fácil la materia. Al acabar se metió bajo las mantas de la cama y suspiró entremedio de la oscuridad. Todos los hechos del día habían llegado a su mente y la vergüenza nuevamente tocó la puerta de su cuerpo. Aun no podía creer lo idiota que había sido con ese chico que lo hipnotizó con la primera mirada. Regañándose mentalmente muchos minutos por su actitud, se calmó y llegó a la conclusión que ya no importaba pensar más sobre ello; después de todo estaba convencido de que no lo vería nunca más. Aquel chico, Otabek, era de esa clase de personas que solo conoces una vez en la vida y si hechas a perder ese encuentro nunca más llegarías a verlo otra vez, y Yuri había arruinado de manera olímpica aquel mágico como extraño encuentro.

Soltando otro suspiro, Yuri se acomodó en su cama junto a su gato bautizado con el mejor nombre del mundo: Puma Tiger Scorpion, el cual tenía hace ya cuatro años. Cerró los ojos y escuchando el ronroneo de su mascota, se quedó profundamente dormido.

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Al amanecer, Yuri se cayó de la cama ya que se había despertado sobresaltado por culpa de su fuerte alarma. Sobándose su mejilla derecha la cual había golpeado robustamente el piso, alzó su cuerpo para terminar sentado en el suelo y luego apagó su alarma la cual odiaba con toda su alma, pero se contuvo para no lanzarla.

De mal humor se fue a bañar. Al acabar se cubrió su fina cintura con una toalla y con otra se refregó el cabello sacándose el agua que sobraba. Cuando quedó relativamente seco, se fue frente al espejo y lo limpio borrando el vapor blanco. Observó su reflejo, sus ojos ahora por alguna razón que desconocía estaban azules, en su mejilla derecha había un leve moratón por la caída al despertar y se lamentó por eso, sin embargo al ver que no se veía tan mal no le dio mayor importancia. Se lavó los dientes, luego peinó su sedoso y largo cabello para terminar amarrándolo en una coleta sin importarle si esta húmedo o no. Evitando mirar mucho su delgado cuerpo, del cual no se sentía para nada orgulloso ya que parecía más el de una chica que el de un chico, se fue a su habitación para vestirse con su uniforme escolar, camisa blanca, corbata azul junto a su saco y a su pantalón.

Dándose una mirada fugaz en el espejo para ver como había quedado, tomó su mochila con sus cuadernos y libros del día y bajó a desayunar. Su abuelo lo esperaba con una sonrisa, pero al verlo, su semblante cambio de inmediato.

—¿Qué le pasó a tu mejilla?

—Tuve una pelea con mi alarma y terminó por ganarme… caí al suelo —contestó, mirando el desayuno servido. Su estomagó rugió.

—Creo que deberíamos cambiar esa alarma que siempre te despierta sobresaltado.

—Noo… Es divertido, le da emoción a mi vida por la mañana —dijo Yuri sin una pizca de humor, la verdad no le parecía nada mal cambiar esa molesta alarma que ya varias veces le había provocado problemas al despertar.

—Bien, come que se enfriará. También no quiero que llegues tarde a clases —le dijo el mayor y Yuri obedeció de inmediato, no necesitaba más órdenes para devorar aquel sabroso desayuno.

Al salir se puso su ya fiel suéter rojo que le quedaba grande por dos tallas y colgándose su mochila en los hombros salió de casa despidiéndose con voz alta de su abuelo.

Por el camino hasta la estación del tren buscó entre sus cosas su celular y conectó sus audífonos negros para entretenerse un poco en el viaje. Llegó a la estación y pasó su tarjeta de trasporte. Al ingresar al tren contuvo un resoplido de frustración al ver que todo estaba muy lleno, como odiaba el transporte público en la mañana. De forma ágil buscó un lugar donde acomodarse y al lograrlo se sujetó para después subir el volumen de la canción que sonaba: Fade to Black de Metallica.

Pasaron unos largos e interminables minutos donde el tren paraba en estaciones, en un instante, donde Yuri miraba por la ventana, se fijó en el nombre de la estación y su rostro se sonrojó demasiado, estaban en la estación de ayer donde se había bajado y habló con Otabek. Pensó esperanzadamente que podría volver a verlo, sin embargo al ver que las puertas del tren se cerraban sus esperanzas se difuminaron y de inmediato se dijo mentalmente que era un gran idiota por pensar aquello, ya debía olvidarlo, jamás iba a encontrase nuevamente con él… ya a estas alturas dudaba si aquel encuentro con ese chico fue real, había sido tan extraño todo que pensó que era mejor olvidarlo y a hacer como si nunca hubiera pasado nada.

Al llegar a su escuela se fue de inmediato a su salón, había llegado a buena hora por lo que caminó tranquilo por los pasillos. Tenía los audífonos a un fuerte volumen que no se preocupó por mirar o escuchar a los otros alumnos cerca de él. Entrando a su aula, se sentó en el segundo puesto de la fila del medio, aquel puesto designado por el maestro a cargo que le impedía dormir en clases, por él se sentaría en la parte trasera para poder descansar en algunos momentos, pero para su mala suerte siempre, desde pequeño le tocaba ir adelante.

Jugando en su móvil un juego de estrategia para hacer tiempo, Yuri se fijó que algunas de sus compañeras que estaban a unos metros a su derecha lo observaban y susurraban entre ellas con sonrisas molestas. Yuri sabía que el rumor de su rompimiento con su ex se había esparcido por el colegio y eso no lo asombró para nada, pues su ex era una chica popular y por su parte él de cierta forma también era conocido por todos, por eso no se sorprendió de lo que sucedía. Lo que sí le molestó y siempre le molestaba era que hablaran de él a sus espaldas. Eso no se lo aguantaba a nadie.

—Si tienen algo que decir de mí, ¿Por qué mejor no se acercan y me lo dicen cara a cara? —soltó con un tono seco que hizo temblar a las chicas, las cuales se pusieron pálidas y con cara de miedo se fueron de lugar—… Malditas molestias —chasqueó su lengua, para volver a sentarse nuevamente en lo que hacía.

Yuri Plisetsky jamás dejaba que lo pasaran a llevar, pero a pesar de su fuerte personalidad no lograba que lo dejaran de molestar debido a su apariencia. Desde pequeño había tenido que soportar las burlas de todos y de los coqueteos descarados de parte de muchas personas puesto que lo confundían con una chica. Debido a eso desarrolló una personalidad difícil de llevar, muy fuerte y caprichosa con los demás. Insultaba a todo ser que no le agradaba o le faltaba el respeto y por eso había ganado mala fama en su escuela actual como las pasadas. La gente que solo lo conocía superficialmente se alejaba de él por temor a su actitud, sin embargo, en la realidad Yuri por dentro era todo lo contrario. Siempre bajaba la guardia con las personas que quería o le interesaban, en otras palabras mostraba su verdadero ser con gente que valía la pena según su criterio; pero al parecer su criterio era una mierda como al igual que su vida amorosa, pues siempre que quería confiar en alguna chica para llevar una relación, todo se iba a la mierda cuando lo cortaban por su apariencia. Ya estaba harto de todo. El único que se salvaba de su odio era su amado abuelo junto a su adorado gato… todos los demás en la Tierra le valían una mierda.

Ya sintiéndose cansado a pesar de ser tan temprano, dejó de lado su móvil y apoyó su cabeza en la mesa aunque a los segundos tuvo que apartarse de inmediato al sentir dolor en su mejilla derecha, en la cual tenía su moratón que se hizo al despertar. Bufó molesto y aburrido, no quería salir ser salón ya que las clases comenzarían pronto y además no deseaba que ojos inquisidores cayeran sobre él debido a los nuevos rumores de su fallida relación. Realmente no pretendía hacer nada.

Cuando las horas de estudios llegaron a su fin, Yuri salió de su salón muy rápidamente. Había tenido un mal día debido a su mal humor, por lo que no se juntó con nadie y pasó el día en solitario torturándose con sus pensamientos pesimistas de sí mismo. Al llegar a la puerta del gran establecimiento se puso sus audífonos y caminado pensó en qué hacer, normalmente al salir de la escuela pasaba tiempo con su novia, o mejor dicho con su ex novia, pero ahora como estaba solo y no quería juntarse con sus compañeros que siempre solían ir a hacer algo divertido al terminar las clases, decidió ir en solitario a la tienda de videojuegos del centro. Iría a ver si había algo nuevo para su consola, y quizás se pasaría a comer algún helado para calmar un poco su inquieto y enojado ser.

En la tienda de videojuegos encontró un juego de aventura que le llamó mucho la atención, quizás tenía un precio algo alto, pero no quería esperarse unos meses para que bajara y así comprarlo, le había intrigado tanto que necesitaba llegar a casa a probarlo, por eso lo pagó y salió del lugar con una leve sonrisa. Sentía que las cosas iban mejorando un poco. Como se había prometido así mismo fue hasta la tienda de helados y compró uno de chocolate con crema en cono.

Caminando entre la gente mirando las cosas que se vendían en las vitrinas de la tiendas, Yuri decidió volver a casa de inmediato cuando se comiera el helado, ya no tenía mucho que hacer en ese lugar y para ser sinceros andar por esos sectores sin compañía era de cierta forma aburrido. Cuando ya llevaba la mitad del helado consumido sintió su móvil sonar en su bolsillo, algo incómodo por contestar parado y temiendo que el helado se desparramara en el suelo, prefirió ir a unos de los asientos del lugar y dejó su compra reciente en la banca acolchada junto a su mochila para descansar un poco su espalda. Contestó la llamada resultando que era su abuelo avisándole que no estaría en casa cuando él llegara ya que asistiría a una de las juntas de bingo y juego de cartas que tenía con sus amistades una vez por semana. Yuri pensando que su abuelo tenía más vida social que él mismo le dijo que no se preocupara y que fuera tranquilo, después de todo a él le tocaba hacer la cena esta noche.

Cortando la llamada guardó su móvil y tomó su mochila para dirigirse a la estación de tren, ya se había entretenido demasiado y comenzaba a hacer frío. Tratando de comer lo que le quedaba de helado sin que se le llegara a congelar el cerebro, Yuri sintió como alguien por detrás lo tiraba de su ropa deteniendo sus pasos. Al girar con el ceño fruncido pensando que se trataría de cualquier idiota que iba a molestarlo, tensó su mano que sostenía el helado y se preparó para lo que viniera.

—Oye —una voz conocida sonó en sus oídos para luego reconocer a la persona que estaba impidiendo su andar. Sintió que todo su ser se congeló al ver esos ojos inexpresivos que tomaron sorpresa cuando analizaron su rostro— ¿Tú? —dijo el moreno con leve tono de sorpresa.

En ese instante el nerviosismo se apoderó de él y desconectó su cerebro. Presa del pánico por ver a quien juraba que no vería nunca más en su vida, y por recordar lo acontecido el día anterior, Yuri de un movimiento rápido impactó lo que le quedaba de helado en el rostro de Otabek. El moreno al tener la crema en su cara lo soltó y sus cejas tras el helado desparramado en su piel canela se fruncieron.

Oh mierda, oh mierda… ¡Oh santísima mierda! ¿Qué estupidez había hecho?

—Eh… Yo —masculló Yuri, sin poder continuar pues su garganta se apretó a más no poder.

Sin ser capaz de pensar en nada, absolutamente en nada, Yuri se mordió el labio inferior y muy asustado por lo que fuera a ocurrir se dio la vuelta y echó a correr como alma que lo persigue el diablo. Escuchó que Otabek lo llamaba a la distancia con voz enojada, pero ni aun así se detuvo, solamente siguió corriendo sin pararse ni preocuparse de empujar a los demás.

Cuando llegó a la estación de tren pasó su tarjeta rápidamente y para su suerte había un tren parado que parecía estar esperarlo sólo a él, ya que cuando entró las puertas se cerraron de inmediato.

Al sentirse un poco más seguro en el transporte se apoyó en las paredes del tren y trató de tranquilizar su agitada respiración por la retirada tan rápida y larga que dio. En el momento que logró recuperar el aire, se secó la traspiración de su frente y se quitó su suéter rojo ya que sentía que moría derretido por el calor de su cuerpo. Ya más relajado ignoró las miradas curiosas de los demás pasajeros sobre su persona y pensó sobre lo recién ocurrido.

No entendía que había hecho…. ¿Por qué actuó de esa manera? ¿Por qué había arrojado su helado en el rostro de Otabek? ¿Acaso era un gran idiota cuando entraba en pánico?

Dándose un fuerte cabezazo contra la pared Yuri aguantó un grito que quería escapar de su garganta. No podía creer lo malditamente estúpido que había sido. La vida le daba otra oportunidad de ver nuevamente a aquel hombre que ya veía como un ejemplo de masculinidad y él como estúpido volvía a arruinar todo.

Sinceramente este era uno de los peores días de su vida. Deseaba morirse.

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