La luna brillaba en lo más alto del cielo cuando la tripulación llegó a Santa Aldana. A su pesar, por lo maravillosa que se mostraba la noche, no bajaron del barco, demasiados quehaceres en su interior para poder disfrutar de la belleza isleña.
Cuando ya la madrugada estaba en su alza, fue cuando los marineros terminaron el trabajo que casi acaba con ellos en la Perla, pero sin desanimarse, ni muchísimo menos, saquearon las bodegas de las pocas existencias de ron que quedaban y se lanzaron a las calles a festejar su llegada a la isla. Todos excepto uno… extrañamente, el capitán Sparrow permaneció pacientemente en su camarote sin moverse de allí. Escribía lentamente sobre un pergamino antiguo, cuando Gibs entró en su recamara sin llamar siquiera, ganándose una mirada de soslayo del pirata:
"Vamos capitán, hemos terminado las faenas, únase a la fiesta con los muchachos".
"No Gibs, no, estoy esperando a alguien"
Y a pesar de que el hombre pidió y suplico su compañía, no saco al capitán nada más que esa frase.
Hacía un par de horas que los muchachos se habían marchado cuando una figura encapuchada atravesó sin dilación el puerto camino a la Perla. Sin detenerse siquiera, como si conociera el barco de toda la vida, subió la escalerilla que conducía a cubierta y recorrió los metros que llevaban a la puerta del camarote del capitán…allí por primera vez, vaciló, alzó la mano como si fuera a llamar a la puerta, para después acercarla al picaporte… fue entonces cuando el capitán Sparrow abrió la puerta dándose de bruces con la figura que cayó al suelo.
"Querido amigo, cada vez que te veo estás más torpe"
"Sí, Jack, sí, será que tus enseñanzas no me sirvieron de mucho"
"Ven aquí, Turner, y hablemos…" dijo cerrando la puerta tras de sí "cual es ese negocio del que tenías que hablarme?".
