Aviso: Viñetas sin ningún orden específico. Posible continuación del fic Life Unexpected.
'Cause when you're lost out in this crazy world, you got somewhere to go and get found. Thank God for hometowns, yeah.
Thank God for hometowns - Carrie Underwood.
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Marlene. Sirius. Ophelia.
5 años.
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— ¿Ya llegamos?
—Todavía no, cielo, espera un poco más.
— ¿Pero cuánto falta? Me aburro.
—Lo sé, pero sé un poco más paciente, ¿está bien? Estamos a solo unas cuadras.
— ¿Y eso en tu idioma cuánto es? Porque nos has dicho lo mismo los últimos quince minutos…
—Tú cierra la boca. —Le ordenó Mar, dedicándole una mirada asesina y cambiando el tono dulce que había estado usando con su hija. —Si no te hubieras despertado dos horas después de la hora que te dije, hace años que estaríamos listos.
—Mami, no seas así. —Le pidió Ophelia desde su cómodo puesto en los hombros de su padre. —Papi llegó tarde del trabajo, estaba cansado.
—Ella no entiende esas cosas, peque, como su trabajo es de horario normal perdió toda la compasión. —Suspiró Sirius con una expresión dramática que no impidió que sonriera divertido ante la exasperación de Mar. —Qué bueno que te tengo a ti para que me defiendas…
—Ay, claro, papi. —Sonrió la niña, abrazándose a su cabeza. —Siempre que lo necesites.
—Esto es el colmo. —Soltó Mar, entornando los ojos con irritación y siguiendo con su camino. —Dejen el drama, si no se hubieran quedado hasta quien sabe que hora jugando en el salón no estarías tan cansado.
—Ey, dejamos el juego a la mitad cuando me fui, teníamos que terminarlo.
—Sí, ¿Cómo íbamos a salir hoy si no lo hacíamos? —Le preguntó la niña, mirándola como si aquello fuera evidente.
—Solo sigue caminando. —Le indicó ella a Sirius, sabiendo que no tenía sentido discutir con ellos. —Y distráela para que no se aburra, jueguen a algo.
—A que no nos volvemos una teja, será. —Sugirió el aludido, pasándose una mano por la frente para secarse las gotas de sudor que caían por ésta. — ¿Se te ocurre algo, peque?
— ¡Sí, juguemos yo espío! —Se emocionó Ophelia, levantando la cabeza y mirando a su alrededor con detenimiento. —Umm… Yo espío con mi pequeño ojo, algo… Azul… Con ruedas…
Mar puso los ojos en blanco y, a su pesar, sus comisuras se elevaron en una pequeña sonrisa. Los dejó que siguieran con sus tonterías y volvió a sacar de su bolso el trozo de papel donde había anotado las direcciones de todas las casas que verían ese día, queriendo asegurarse de que iban por el camino correcto.
Ver las cinco que ya había tachado le provocó un retortijón en el estómago.
Ninguno de los lugares que habían visitado ese día había logrado convencerla, eran bonitos en su mayoría y a diferencia de ese último encajaban perfecto con su presupuesto, pero les faltaba algo que, aunque no lograba ponerle nombre, sabía que reconocería apenas lo viera. Y lamentablemente estaba perdiendo las esperanzas de encontrarlo ese día.
Quizás se había hecho muchas ilusiones al pensar que encontrarían la casa perfecta tras solo un día de búsqueda, pero ese vecindario muggle le había dado tan buena espina que no había podido evitarlo. Era muy tranquilo y se acercaba casi por completo al ambiente familiar y normal en el que siempre había querido que Ophi creciera, pero por las circunstancias que les habían tocado había sido imposible. Ese era su momento para empezar a hacer las cosas más o menos bien y no quería echarlo a perder escogiendo una mala casa.
Claro que si ellos se hubieran mostrado más colaboradores todo el proceso se habría hecho mucho más fácil.
—Mami, ya… Me quiero ir. —Se quejó Ophelia al cabo de unos pocos minutos, frunciendo el ceño y sacando el labio inferior. —Estoy cansada, volvamos de una vez.
—Ven acá. —Mar extendió sus brazos hacia ella y Sirius se inclinó para permitirle que la tomara en sus brazos. —Cielo, ya hablamos de esto, tenemos que conseguir una casa en la que vivir…
— ¡Mami, pero ya tenemos una casa! —Chilló ella, afligida. — ¡El tío James y la tía Lily nos dejan vivir en ella! ¿Por qué tenemos que irnos?
—Porque esa es su casa, ¿no quieres que nosotros tengamos nuestra propia casa?
—No.
Mar suspiró con fuerza y aguardó un momento para mantener su paciencia estabilizada. Se volvió hacia Sirius para que interviniera pero él evitaba descaradamente su mirada, no queriendo quedar en el medio de ellas dos porque así de imbécil era.
—Ophi, escúchame. —Le pidió Mar, deteniéndose para verla fijamente, intentando ser firme y dulce como Lily, aunque a ella no le salía tan bien. —Sé que te gusta vivir con tus tíos y que te gusta tu habitación…
— ¡Y la comida de la tía Lily! —Añadió la niña, cruzándose de brazos y bajando la mirada, enfurruñada. —A ustedes todo se les quema.
—Tiene un punto ahí. —Murmuró Sirius, pero volvió a callarse cuando Mar lo fulminó con la mirada.
—Podemos aprender a cocinar mejor, no te preocupes por eso. —Le prometió Mar, aunque no estaba muy segura que pudieran cumplir con eso. —Y que nos mudemos no significa que no verás más a tus tíos o que no los visitaremos, los seguiremos viendo muy seguido.
—No vamos a conseguir una casa tan grande como la de ellos, ¿Dónde guardaré mis juguetes?
—Tendremos mucho espacio en la nueva casa para tus juguetes, nos aseguraremos de eso, ¿verdad, Sirius?
—Sí, pequeña, por supuesto. —Respondió él de inmediato, sonriéndole para tratar de transmitirle entusiasmo, justo como Mar se lo había pedido. —No vas a tener que deshacerte de nada, nos traeremos todo lo que…
—Papi tampoco se quiere mudar. —Lo interrumpió ella, abruptamente.
—Pero claro que quiere…
— ¡No es cierto! ¡Solo dice que sí para que no lo envíes de nuevo a dormir en el sofá!
—Claro que no. —Desmintió Mar, apretando los dientes para no perder la sonrisa. —Sirius, dile que eso no es cierto…
— ¡Papi, no puedes mentir! ¡No nos mentimos entre nosotros! ¡Tenemos un trato!
— ¡Bueno ya, basta las dos! —Se exasperó él, levantando la voz más de lo necesario. — ¡Me están volviendo loco! Escuchen, puede que no nos mudemos, quizás ni siquiera nos guste la próxima casa, seguro será igual de horrible que las otras…
—Las otras no eran horribles.
—Lo eran, Marlene, los tres lo sabemos. —Chasqueó Sirius, ignorando la mala mirada que ella le dedicó. —Pero tal vez esta sí nos guste, Ophelia, no lo sabremos hasta que la veamos, así que dejen de discutir y vamos de una vez que este maldito calor me tiene harto.
—No maldigas. —Le ordenó Marlene con severidad.
— ¡Ya no te hablo! —Le dejó saber la niña a su padre con una expresión indignada. — ¡Quiero caminar! ¡Ustedes son malos!
—Es imposible ganar una con ustedes dos. —Resopló Sirius, mirando divertido como Mar ponía a Ophelia en el piso y esta se apresuraba para caminar delante de ellos. —Déjala y veamos hasta donde llega sola…
—No seas idiota. —Suspiró Mar, algo afligida por la actitud de su hija. — Mejor salgamos de esto de una vez.
Sirius asintió y le hizo una seña con la cabeza para que siguieran caminando, a lo que Mar respondió con una mirada agradecida. Al igual que Ophelia, él tampoco estaba particularmente feliz con la idea de mudarse a otro sitio, y aunque se lo había dejado claro cada vez que podía, había hecho un buen trabajo ocultando sus verdaderos sentimientos de su hija… O lo había intentado al menos, porque a esa niña no se le pasaba nada.
Pero aún así, para Mar era un alivio que al menos delante de la niña la estuviera apoyando en ese asunto, entre ellos se podían arreglar después, siempre lo hacían.
—Bueno, aquí es… Ophelia, compórtate y deja de caminar por favor. —Mar la tomó por el brazo y la jaló hacia ella, haciéndola detenerse cuando el letrero de la compañía de bienes raíces le aviso que habían llegado. — ¿Qué les parece?
Las miradas de los tres se posaron en la propiedad que tenían enfrente y Mar, por su parte, sintió como su corazón daba un salto irregular ante la visión. Había agregado ese lugar a la lista que verían ese día porque se había visto bastante bien en la página del periódico muggle que había revisado, no era la más hogareña ni la más hermosa, mucho menos la más grande, pero a simple vista le gustaba mucho más que las otras que habían visitado.
—Ey, esta no está tan mal. —Exclamó Mar, volteando a mirarlos con entusiasmo. —Es muy bonita, ¿no te gusta, cielo?
—Pues… —Mar sintió un rayito de ilusión ante la mirada perdida con la que Ophelia veía la casa, pero rápidamente desapareció para volver a lucir molesta y fastidiada. —Es muy pequeña.
—Tú igual y no te lo echamos en cara. —La molestó Sirius, pasándole una mano por el cabello, despeinándola, antes de que ella se separara de mala gana. —Bueno, entremos y salgamos de esto de una vez.
— ¿No puedo esperarlos aquí? —Preguntó Ophelia, mirando el lugar de reojo.
—Si prefieres…
—No, claro que no, tienes que entrar con nosotros. —Lo interrumpió Mar, dedicándole una mirada exasperada. Suspiró y le puso una mano en la espalda para empujarla hacia la casa. —Tienes que decirnos si te gusta, vamos…
La escuchó murmurar algo referente a que no iba gustarle nunca, pero la ignoró y de todas formas la obligó a entrar.
La puerta estaba abierta al público, al igual que las otras que habían visitado, por lo que no fue raro encontrar otras familias adentro. Para Mar era mejor esa modalidad, no consideraba que su familia fuera apta para las visitas guiadas, de por sí ya era un reto hacer que se comportaran con los otros visitantes.
—Huele a galletas. —Notó Ophi apenas dieron un par de pasos adentro de la casa. —Quiero una, ¿Dónde están?
—Deben estar en la cocina. —Supuso Mar con una mueca, pensando que si visitaban otra casa que ofreciera galletas Ophelia no iba a querer cenar en la noche. —Vamos primero al piso de arriba a ver las habitaciones y después buscamos una.
—Agh, ¡No me gusta nada este día! —Se quejó Ophelia, chillando y atrayendo la mirada de varias personas que recorrían el lugar, alejándose con sus pasitos enojados pero ruidosos. — ¡No me agradas, eres mandona!
— ¿Qué? ¿Ahora por qué me miras así? —Preguntó Sirius, fingiendo inocencia al notar la mirada asesina que ella le dedicaba. —Yo no he dicho nada.
—Claro, por qué no fue a ti a quien escucho llamándome así. —Soltó Mar, resoplando con ironía y siguiendo a la niña escaleras arriba.
—Mar, hablas como si fuera incapaz de darse cuenta ella sola de lo mandona que eres. —Se desentendió él, encogiéndose de hombros y mirando a su alrededor mientras subía junto a ella. —Es una niña muy sabia y tú eres demasiado evidente, yo no tengo nada que ver.
—Qué novedad. —Resopló ella, entornando los ojos con irritación. —Por una vez asume la influencia que tienes en ella y convéncela de que mudarse es una buena idea, ¿puedes?
— ¿Qué crees que es lo que he estado haciendo? Lo intento, pero es más terca que tú y Lily juntas. —Chasqueó Sirius, obviando convenientemente su papel en ese hecho. —No interesa lo que yo le diga, no quiere otra casa, y francamente…
—No te quiero escuchar, Sirius. —Lo calló ella, ya conociendo de memoria todos sus argumentos, cada uno más ridículo que el otro. —Hablaremos de esto cuando entiendas que no podemos complacerla en todo.
— ¡Eso no es lo que yo pretendo! Solo…
—Está bien, vamos a ver si te entiendo. —Mar se detuvo en la punta de las escaleras y se volteó hacia él con una ceja enarcada. —Como yo lo veo tenemos dos posibilidades: una, que eres un idiota que no quiere terminar de madurar y dejar de vivir con su mejor amigo, y dos, eres un idiota que sí entiende que necesitamos una casa propia pero que tiene una incapacidad crónica para negarle algo a su hija. En cualquiera de los dos casos no me estás ayudando.
— ¿Qué no existe una posibilidad en la que no me consideres un idiota? —Se indignó él, sin necesidad, ya que ella lo conocía demasiado para saber cuál de las dos era la respuesta correcta. —Y claro que te estoy ayudando, ya está molesta conmigo por esto, ¿Qué quieres que me odie?
— ¿Cómo me está odiando a mí en este momento? Sí, creo que sería lo más justo. —Confesó Mar, mirando las puertas frente a ella y tratando de descifrar a cual había entrado Ophelia. —Sirius, es normal que no quiera mudarse, pero no podemos acceder a eso porque no podemos vivir con James y Lily para toda la vida.
— ¿Pero por qué no? Ellos no tienen problema…
—Ya sé que no, la del problema soy yo que quiere tener una maldita casa propia como todos los adultos de su edad.
—Ey, no conocemos a todos los adultos de nuestra edad…
—Sirius.
—Ya sé, ya sé. —Le cortó él, suspirando con cansancio y pasándose una mano por el rostro. —No te digo que vivamos con ellos toda la vida, solo que pongamos la búsqueda en espera hasta que ella deje de detestar la idea y a nosotros por eso.
—No podemos organizar nuestras vidas en función a los caprichos de Ophelia, Sirius. —Explicó ella, exasperada ante su total incapacidad para entender ese detalle. —Debemos hacerlo pensando en lo que es mejor para ella y mudarnos lo es.
— ¿Y consideras que estresarla sea lo mejor?
— ¡Tiene cinco años! ¡¿Qué tan estresada puede…?!
— ¡Mami! ¡Papi! —La voz de Ophelia interrumpió el grito que había estado por soltar. Venía de la puerta en el medio del pasillo, por donde se asomó su carita sonriente. — ¡Vengan a ver esta habitación! ¡Es genial!
Mar y Sirius no la obedecieron de inmediato, primero se miraron perplejos ante su repentino y brusco cambio de ánimo, tratando de ver si el otro podía explicar cómo estaba mostrando emoción por primera vez en todo el día.
Por supuesto, ninguno tenía idea, así que la siguieron para tratar de averiguarlo.
— ¡Miren lo bonita que es! —Exclamó la niña, parada a mitad de la vacía habitación principal con una sonrisa encantada. — ¡Y tan grande!
—Sí, mucho. —Alcanzó a decir Mar, cautelosa, tratando de no emocionarse por su repentina aceptación. — Entonces... ¿Sí te gusta?
— ¡Me encanta! —Respondió ella, tomándolos de la mano para llevarlos hacia el ventanal que se situaba en una esquina del lugar. — ¡Miren que balcón tan bonito! ¡Es como el de las princesas! —Señaló Ophelia, demasiado emocionada para enfadarse cuando sus padres la jalaron para impedirle salir al balcón. — ¡Y esa puerta de allá! ¡Es un clóset enorme, casi como el de casa! ¡Si vivimos aquí y esta es mi habitación cabrían todos mis juguetes!
—Peque, si vivimos aquí esta no sería tu…
—Por supuesto que sí, mi cielo. —Lo interrumpió Mar atropelladamente, sonriéndole a su hija, dispuesta a decir lo que fuera para mantenerla con ese ánimo. —Todos los que tengas y los que te regalemos después, ¿no te lo dijimos hace rato?
—Y aquí irá mi peinadora y por allá estará mi cama… —Siguió diciendo Ophelia, diseñando su habitación a su antojo. — ¡Y podemos pintar todo de rosa y…!
—Bueno, eso lo discutiremos después. —Zanjó ella, haciendo que Sirius soltara una carcajada. —Veamos el resto del lugar, ¿está bien? Seguro que hay muchas más cosas que te gustaran.
—Y que podrá pintar de rosa. —Se burló Sirius entre risas, inclinándose para tomar a Ophelia en sus brazos y subirla a su hombro. —Vengan, vamos a ver que habitación minúscula pretende cedernos su majestad.
—Papi, ya te he dicho que las majestades son los reyes, yo soy alteza. —Le explicó la niña, olvidando su enfado anterior para volver a aferrarse a su cabello, cosa que él pasó por alto fácilmente. —Y tendrán la habitación de al lado, cerca para que yo pueda ir cuando quiera.
—Bueno, pero eso tendrá que ser luego de que mami y yo estrenemos nuestro cuarto.
— ¿Y eso cómo se hace?
—Vayamos a ver el piso de abajo. —Se metió ella, desviando su atención y fulminando a Sirius con la mirada, aunque esto no impidió que se siguiera riendo de lo lindo. —Así buscamos una galleta y nos aseguramos de que Lily tenga un buen sitio para cocinar.
A Ophelia el resto de la casa no le interesó demasiado, estaba muy ocupada parloteando sobre todas las cosas que llevaría y los cambios que le haría a su habitación. Aunque al principio Mar se había sentido feliz por su entusiasmo, luego empezó a mortificarse. Ya la niña había dado casi por sentado que ese sería su nuevo hogar y temía lo que pasaría si las cosas se complicaban. No solo el lugar se salía de su presupuesto, no quedaba tan cerca del centro de la ciudad como ella hubiera querido y, lo que era peor, el resto de las familias parecían igual de interesados en comprarla.
Lo peor de todo, era que mientras más fue conociendo la propiedad más empezó a gustarle, no solo por lo encantada que Ophi lucía por todo, a diferencia de Sirius, a Mar genuinamente le gustaba el lugar. No quería hacerse ilusiones, pero era imposible para ella no imaginar sus vidas en esa casa, a su hija creciendo ahí.
Y todo terminó de complicarse cuando salieron al jardín.
—Mami… ¿Eso es una piscina? —Le preguntó Ophelia, atónita, mirando entre su madre y la alberca con los ojos brillando de ilusión. — ¿Lo es, verdad?
—Eso parece. —Asintió Mar, mordiéndose el labio con mortificación. —Pero no te acerques mucho, no sabemos si…
— ¡Esta es la mejor casa del mundo! —Chilló la niña extasiada, abrazándose a su madre con toda la fuerza de sus pequeños brazos. — ¡Gracias, mami, por comprarla! ¡Vamos a ser muy felices aquí! ¡Te quiero mucho!
— ¿Qué? Cielo, aún no…
— ¿Podemos poner un tobogán? ¡Así sería mucho más divertido! —La ignoró la pequeña, alejándose para dar saltos por el amplio jardín. — ¡Y una caja de arena para jugar a la playa y hacer castillos!
—Ophi, no… Ophelia, te dije que no fueras para…
—Mar, supéralo, no te está prestando atención. —Se burló Sirius, mirando a su hija con una enorme sonrisa. —Ya quita esa cara, ¿no querías que se entusiasmara con la idea?
—Pues sí, pero… ¡Pero ahora está demasiado entusiasmada! —Se desesperó Mar, no sabiendo si reír o llorar al ver como Ophelia recorría todo el lugar. —Ni siquiera sabemos si vamos a quedarnos con esta…
— ¿Cómo que no? —Se extrañó él, haciéndola voltear los ojos hacia el cielo. —Ya ella se enamoró, ¿Qué más necesitas?
—Dudo que ese sea el único requisito para comprar una casa, Sirius. —Señaló ella, dedicándole una mirada significativa. —Hay muchas cosas que tomar en cuenta, no sabemos si esta es nuestra mejor opción, el precio no…
—Bah, eso se resuelve, no te preocupes. —Desestimó él, sin ser perturbado en lo absoluto por ese detalle crucial. —El dinero es lo de menos, lo sabes.
—No podemos escoger un sitio en nuestra primera salida, quizás haya otro que…
— ¿Quieres dejar de poner peros ridículos?
— ¿Quieres por favor tomarte esto en serio? —Le pidió Mar, tratando de no dejarse llevar irracionalmente por él, como siempre hacía. —¿No crees que deberíamos al menos sentarnos a discutir esto? Como la gente normal.
— ¿Y desde cuando nosotros somos gente normal? —Sirius se echó a reír y le puso una mano en la cintura para atraerla hacia él. —Sabes que te encanta esta casa tanto como a ella… Bueno, no tanto, creo que va a darle un infarto de la felicidad.
—No es que no me guste, pero... ¿Ves esa gente de allá? A ellos seguro también les gusta y es muy probable que…
El resto de la oración murió en su boca, la cual se vio bruscamente silenciada cuando Sirius pegó sus labios a los de ella, robándole un beso rápido pero lo suficientemente intenso para dejarla turbada cuando se separó.
—Esta casa es nuestra. —Le aseguró él con una determinación y firmeza que le aflojó las rodillas. Sonrió con sugerencia y le dedicó un guiño. —Ya le puse el ojo a todos los sitios que tenemos que estrenar.
—Eres un…
— ¡Papi, mira! ¡En este árbol podemos construir una casita como en las películas!
Sirius subió las cejas con ironía y la soltó para alejarse de ella y dirigirse a donde su hija lo estaba esperando con una de las más grandes sonrisas que Mar la había visto esbozar en su corta vida.
Suspiró con fuerza y se pasó las manos por el cabello mientras trataba de no dejarse llevar por todos los sentimientos que la envolvían cada vez que los veía así. No quería hacerlo porque cada vez que pasaba le entraban ganas de dárselos todo, de hacerlos felices como se había prometido cada noche de desesperación en la que había llegado a pensar que nunca volverían a estar juntos, en todos los días oscuros que había vivido temiendo que Ophelia no tuviera junto a ellos la vida normal y feliz que se merecían.
Había veces en las que deseaba poder olvidar todos los infiernos que habían atravesado y vencido para poder estar ahí; pero había otras, como esa, en las que se aferraba a ellos para encontrar la fuerza y la determinación para entregarlo todo por la vida que quería para ellos.
— ¡Mami! ¡Mira, lo que encontré! —Exclamó Ophelia, sacándola de sus pensamientos. Mar posó la mirada en ella y sintió que su corazón se expandía cuando la miró tomar del suelo lo que parecía ser un gato blanco, muy pequeño incluso en sus brazos. — ¡Es muy linda! ¿Nos la podemos quedar?
— ¿Qué? ¡Claro que no! —Saltó Sirius de inmediato, mirándolas con una expresión de asco. — ¡Ophelia, pon eso donde lo encontraste! ¡Está sucio y es asqueroso!
Mar se echó a reír y puso los ojos en blanco antes de caminar hacia ellos, con una idea fija que nadie iba a sacar de su mente.
Sirius tenía razón. Esa casa era suya.
¡Hola, mis amores!
Los saludo otra vez en un período de tiempo bastante corto, debo admitir que estoy muy orgullosa. Sé que quizás les sorprenda verme por aquí y además subiendo una historia que técnicamente es la continuación de LU, el cual aún no termino. Déjenme explicar a que viene esto.
No sé si recuerdan cuando subí la viñeta del Tres de Noviembre por el cumpleaños de Sirius que les dije que posiblemente estaría subiendo más historias así, contando lo que posiblemente sean las vidas de los personajes una vez se terminé LU, pues finalmente me animé y decidí continuar ese proyecto. Aquí veremos a todos los personajes, pero específicamente leeremos como continuó el Blackinnon en sus ridículos intentos por criar a Ophelia, como habrán leído en la descripción y en el título, esto es básicamente sobre ella. Digo "posible continuación" porque el fic principal no está ni cerca de terminar, así que puede sufrir algunas modificaciones que tal vez no encajen con lo que vaya escribiendo aquí, pero como en general ya tengo una idea de todo no debería ser un problema muy grande. Quizás haya uno que otro spoiler, ya veremos.
Como dije arriba, esto no tendrá un orden específico. Tengo muchas ideas sobre lo que es la vida de Ophelia así que iremos saltando por lo que se me ocurra, esto significa que aunque en esta tiene 5 años en la próxima que suba puede tener 10 o 17, depende mi humor básicamente. Para que se ubiquen colocaré, en lugar de un título, los años que tiene Ophi en la viñeta y los personajes que aparecen en ella. Esto tampoco será un fic regular, iré subiendo apenas las tenga listas, no puedo comprometerme a una por semana en estos momentos caóticos de mi vida.
Y creo que eso es todo, no tengo más que decirles. Por favor déjenme saber que les parece esta idea, si les gusta, les emociona o creen que mejor me dedico solo a lo que tengo y dejo de inventar tonterías. ¡Me interesan sus opiniones! Así que me las pueden dejar en la cajita de abajo.
¡Muchas gracias por leerme! Un beso, nos leemos en LU(L)
