Ya un par de semanas habían pasado desde aquella noche en la que el señor Loud había sentido el miedo absoluto para después ser salvado por un encapuchado misterioso. Ya lo había superado y dejado atrás como una mala anécdota para contar a sus hijas dentro de unos años. Los únicos que sabían sobre esto eran él y Rita pues sabían que contarles a las niñas o a Lincoln mismo sería una mala idea pues seguramente tendrían miedo. Miedo al pueblo en donde habían nacido y donde todas crecieron. Era cierto que Royal Woods era un lugar seguro, pero las pandillas, drogas y delincuencia en general habían afectado hasta los pueblos más pequeños y no era de sorprenderse que Royal Woods, que no era el pueblo más pequeño precisamente, se viera afectado por todo esto. Fue por todo esto que decidieron guardar este secreto entre ellos dos solamente. Lo único a lo que atinaron a decirles a sus hijas fue que tuvieran cuidado en las calles. Esto era algo que les decían siempre, pero ahora tenía mucho más significado. Ahora les costaba más dejar salir a todas en la noche, pero tampoco podían esclavizar a sus hijas pues temían levantar sospechas.

Era un día como cualquiera. Las Loud fueron a las secundaria y primaria respectivamente y los padres a trabajar. Lynn se dirigió a su oficina con total normalidad, sin miedo alguno. Pero, aun después de tanto decirse a si mismo que no temiera, quedaba aquella sensación de que algo no iría bien ese día. Como un presentimiento. Un presentimiento que afectaba tanto a su mente como a su corazón. Pero decidió seguir adelante con su día, esperando lo peor.

Las primeras horas de trabajo pasaron sin problema. No pareciera que fuese a haber algún evento negativo ese día. Esto fue algo que lo tranquilizo profundamente. Llego la una y media de la tarde. Era hora de almorzar. Lynn se preparaba para sacar el tapper donde tenía su comida, pero su jefe lo interrumpió.

-Loud, necesito pedirte un favor de suma importancia-Le dijo su jefe en un tono un tanto alzado y con aires de ser Dios.

-Dígame señor-

-Es el cumpleaños de mi hijo y logre hacer que algunos de los técnicos de la empresa le construyeran una computadora profesional. Necesito que la lleves a mi casa para que mi esposa se la entregue a mi pequeño. Sé que es tu hora de almuerzo, pero te daré una pequeña propina por hacerme este favor y podrás salir temprano hoy. -Dijo con un tono de voz más calmado.

Lynn no necesitaba el dinero pues era capaz de sostener a su numerosa familia, pero unos dólares extra nunca caían mal además de unas horas libres.

-Claro, solo deme la dirección de su casa y lo llevo en mi auto-Dijo Lynn llevándose unos bocados de comida a su boca.

Escribió la dirección en un bloc y se montó en Vanzilla con la mega PC Gamer para el hijo de su jefe.

Tras unos minutos en el trafico estaba a unas cuantas varias cuadras del domicilio. Quiso tomar un atajo, pero como si el destino lo pusiera a él en las peores situaciones, se topó con que la calle por donde quería pasar estaba. Ahora solo quedaba una forma de llegar al domicilio y era pasar por un barrio que se sabía era donde varios criminales se juntaban. Estuvo a instantes de dar media vuelta, inventar cualquier cosa. Pero no. Quiso perder el miedo. Algo raro de él considerando que le tenía miedo a muchas cosas. Presiono el acelerador y paso por aquellas cuadras. A él lo que más miedo le daba era el que su querida vagoneta se detuviera en media calle y vuelva a arrancar. Pero no, para su suerte no fue así. Llego a la casa de su jefe y dejo la PC. Aún tenía que volver a pasar por aquel barrio para volver a su oficina. Paso. Como si el universo le estuviese jugando una broma de mal gusto, como si la ley de Murphy se pusiera en acción, Vanzilla se detuvo. Decidió que lo mejor era moverse rápido. Bajo del automóvil y se puso a empujar con todos los nervios del mundo.

Y había avanzado una cuadra y media. Se tomó un pequeño descanso. En aquella calle tan desolada, tan vacía, silenciosa, uno podía fácilmente el sonido que hacia el corazón. Él sabía que había algo muy cerca de él. Algo que trataba de evitar escuchar, pero no podía. No era muy lejos de donde provenían aquellos quejidos de dolor, aquellos sonidos de golpes. Esos ruidos a lo sumo venían de una o dos cuadras. Lynn se armó de valor, y prefirió ir a ver si podía ayudar a alguien antes que saber que dejo morir a alguien a quien pudo haber ayudado. Se detuvo a pensar en qué dirección venían aquellos ruidos. Tomo su izquierda. Cada vez se hacían más fuertes. Con cada paso que daba su corazón latía mas rápido. Llego a lo que parecía ser el patio trasero de un hogar, pero en vez de estar tras la casa, estaba al lado. Una casa deprimente, casi que en ruinas. El césped seco y lo que parecía alguna vez fue un árbol. Se asomó de reojo a ver que estaba pasando pues llego a escuchar el sonido del metal chocando con otro. Vio lo que menos se hubiese esperado. Cuatro hombres, unos peleando contra tres, o al menos eso pudo deducir pues 3 atacaban a uno solamente. Su corazón casi se detuvo pues pudo notar una constante. Los cuatro hombres llevaban una capucha y pareciera que estuviesen peleando con unas cuchillas que les salían de las muñecas. Para más dolor de estómago, el hombre que se defendía de los otros 3, era él. El mismo que lo salvo aquella noche. Lo reconoció no tanto por su ropa pues estaba manchada en sangre. Lo reconoció porque por una milésima de segundo se vieron a los ojos. Era el. Tenía que ser él. Estaba siendo atacado por aquellos hombres, pero él no podía hacer nada para ayudar pues sabía muy bien que no sería más que una molestia y en vez de ayudar solo perjudicaría. Solo podía quedarse ahí, observando. El encapuchado que le salvo la vida a pesar de estar bastante mal herido peleaba como un guerrero. Ahora a la luz del día pudo distinguir su rostro un poco más y podía ver la sangre que le brotaba del labio. Tras unos instantes de pelea, logro matar a uno de sus atacantes. Vio cómo su cuerpo cayó al suelo como si de un fiambre se trataba. Este cuerpo estaba mucho más ensangrentado que su salvador. Le empezó a sangrar del cuello pues fue donde le clavo su cuchillo. Solo quedaban dos y se notaba como todos estaban cansados. Los 3 se movían con una gran agilidad, tanto al defenderse como al atacar. Casi como se de una película se tratará. Lynn lograba distinguir un nombre, uno que los dos atacantes le decían al que le salvo aquella noche. Ismael. Ahora sabía que aquel que le salvo la vida aquella noche se llamaba Ismael. Los dos atacantes se separaron por un momento de Ismael, se vieron a los ojos mutuamente y asintieron. Sacaron un par de pistolas con silenciador. Ismael no pareció impórtale, pero Lynn no podía ver aquello sin hacer algo. Era claro que Ismael estaba mal herido. No tanto como los otros dos, pero si lo suficiente como para no poder aguantar mucho más. Talvez los atacantes sabían que no podían ganarle con ataques cuerpo a cuerpo. Talvez estaban demasiado cansados para seguir luchando y por eso decidieron usar armas de fuego. Lynn no podía ver aquello sin hacer nada. Su instinto fue el tomar una piedra y arrojarla a alguno de los tipos para causar algún tipo de distracción. Su mala puntería y falta de agilidad física solo logro que la piedra cayera a los pies de los pistoleros. Ambos se dieron la vuelta para ver qué era lo que pasaba. En el instante en el que vieron a Lynn le apuntaron. Otra vez en aquella situación. El solo cerro los ojos esperando a que pase lo mejor. Solo oyo otro cuerpo cayendo al suelo, un disparo y como si una navaja penetrara carne. Al abrir los ojos vio a Ismael todavía encapuchado y a ambos hombres en el suelo. Tras unos segundos de intercambiar miradas Ismael soltó un grito de dolor. Cayo al suelo agarrándose la pierna y Lynn fue a ver qué fue lo que paso. Aquel disparo había impactado la pierna y estaba perdiendo mucha sangre.

-Vete, esta no es tu guerra-Solo pudo decir el asesino que yacía en el suelo.

-No puedo dejarte aquí, debo llevarte a un hospital. Llamare una ambulancia. - Exclamo Lynn con una voz de mucha preocupación.

-Déjame morir, pero no me lleves a un hospital. Sera peor. Pase lo que pase, no hospitales-Fue lo único que pudo decir antes de caer inconsciente en el piso.

Lynn no podía dejarlo tirado como si fuera un perro. Ni siquiera un animal merecía ser dejado en aquellas condiciones. Sin decir nada logro sostener al hombre en sus hombros y llevarlo a Vanzilla. Vio detrás suyo y vio una mochila tirada en el piso. Dejo al hombre desangrándose en el auto y fue por aquella mochila. Como si el universo hubiese planeado todo, la vagoneta encendió a la primera y arranco sin problema. Con voz nerviosa llamo a Rita para preguntar si Lisa ya había vuelto de su exposición en la universidad. Rita le afirmo que ya había vuelto hace un rato.

-Rita, dile a Lisa que se prepare. Vamos a necesitar de su asistencia médica. – Colgó la llamada y solo tenía en mente, llegar a casa.