Nada, que después de varios días inspirada y sin poder escribir me he decidido a terminarlo, ahora que he completado mi mudanza de cuarto y mi novio está viendo el fútbol xD

Espero que os guste. También espero vuestros reviews (consejos, peticiones, quejas...)

P.D: ilovevocaloid13, you left me the first review but I couldn't answer you by PM, so here' s my "thank you" :)


Aishite

Parte II - Ai Kotoba

El primer trimestre se desenvolvió de forma normal. Miku y Luka se veían todas las mañanas con Len, que salía de casa con la primera hasta encontrarse con la más mayor. El chico ya podía moverse solo por el barrio e instituto, e incluso había hecho amigos en su clase. Las chicas solían verlo cerca de Utatane Piko, Honne Dell, Oliver y SeeU, dos estudiantes de intercambio, y una tal Ruko un año menor, que pecaba de ser muy masculina a veces, incluso dominante, con su grupo de amigos. Les gustaba mucho ver que el chico se había integrado bien y que no dependía siempre de ellas. A veces, cuando se sentaban a comer, él se acercaba con sus nuevos amigos y podía conversar todos. Era raro ver a personas de cursos superiores con alumnos de primero y segundo, pero no les importaba lo más mínimo porque lo pasaban bien. Miku jamás pensó encontrar gente menor que ella con la que pudiese hablar tan fluido, como si esa diferencia de edad no existiese. Era agradable ampliar esos horizontes sociales. A la hora de volver se encontraban los tres y realizaban el camino a casa contando su día en las aulas.

Como aún no habían empezado los exámenes complicados, había veces que Luka acompañaba a los chicos a casa y ayudaba a Miku con sus deberes. Otras tantas veces le pedía a la chica que fuese a su casa, y aprovechaba para sacar el tema "chicos".

-¿Que tal con Len? ¿Algún avance?

-Te repito que Len y yo somos amigos. SOLO amigos.-Se recostó, apoyando las manos en el suelo, por detrás de su espalda, a cada lado de sus piernas. Sintió que las rodillas le dolían de tanto estar así sentada.

-¿Y qué ha sido de esa magia del principio?-Se burló la mayor.

-Bueno, tu ni siquiera le hablas a Gakupo-sensei.-Atacó la menor. Notó como la de pelo rosa se ponía tensa y adquiría un tono facial enrojecido.

-B-bueno, eso es porque estoy molesta...

-¿Porque no te aceptó en sus clases extraescolares de Kendo? Eso no es excusa.-Se burlaba la de pelo aguamarina.

Al despedirse de Luka aquella tarde, en la puerta, vio a Len volver a casa, pero no iba solo. Venía con aquellos que parecían ser sus mejores amigos desde que llegó. Se le veía contento y eso agradó a las dos chicas, que le sonrieron. Luka no tardó mucho en retirarse.

-Buenas tardes, Len-kun. Pasadlo bien.-Se despidió la chica, caminando de espaldas un par de pasos y dirigiendo una reverencia a los recién llegados antes de voltear, para así bajar luego las escaleras.

-Hola, Miku-chan.-Saludó con alegría.

-Hola, Len-kun.-Aún se le hacía raro decirlo, pero le gustaba tener esa confianza con él. Se dirigió a los dos acompañantes de su vecino.-Kaai, Akita.-Saludó. Ellos dos devolvieron el gesto, Nero con la cabeza, Yuki con la mano y una sonrisa.

-Vamos a terminar un ejercicio complicado que a Nero se le da bien resolver.-Comentó él.-Luego veremos una película, por si quieres acercarte...-Comenzó.

-Oh, no. Gracias, pero no quiero que tu madre tenga más trabajo...

-No te preocupes, ella no está en casa. Yo me encargaré de todo.-Prometió.

-Bueno, no es necesario, pero si quieres puedes avisarme antes de que empiece.

-Claro, dame tu teléfono y te mando un mensaje.

-¿Nee?-Se sorprendió.

-Sí, un mensaje instantáneo. ¡No me digas que no tienes esa aplicación!

-Sí, sí, claro que la tengo.-Se apresuró a mostrársela en pantalla, mientras él reía ante el nerviosismo de su vecina.

-Pues venga.-La animó, móvil en mano, para anotar los números.

Cuando la chica se lo dictó, él volvió a sonreír y se retiró con sus amigos a su propia casa, dejando a Miku bastante nerviosa por si la llamaba o avisaba y no parecer desesperada. Seguía sin poder evitar que el chico la pusiera nerviosa. Se conocían ya cuatro meses o más y a veces hasta quedaban por las tardes con Luka y Yowane Haku para ir al centro comercial, o dar un paseo si hacía buen tiempo. Sin embargo, le resultaba tan agradable la compañía de Len, que le llamaba la atención tener tanta conexión con alguien del sexo opuesto. Y no es que solo tuviese amigas, aunque en su mayoría prefería tratar con mujeres, era el hecho de que sin motivo alguno, desde que lo vio por primera vez, le pareció totalmente diferente de los otros muchachos. Había tenido algún que otro pretendiente, pero no se había llegado a interesar, y es que ella era muy enamoradiza, pero con famosos y objetos o animales. No había chicos en su instituto o en el vecindario que le llamasen especialmente la atención. Hasta ahora...

Había transcurrido la tarde y no había recibido un solo mensaje del rubio de ojos claros. Quizá no habían resuelto fácilmente el problema de los deberes o se había quedado solo con sus amigos. Salió con la bolsa de basura en la mano para echarla al contenedor y pudo escuchar a sus espaldas como se abría una puerta. Salió entonces Kaai Yuki de casa de Len y él la acompañaba. Miró de reojo hasta bajar los escalones y no pudo más que ver como ella se alejaba en la otra dirección por la calle mientras dejaba caer su bolsa de plástico negra en el contenedor verde. Sintió una punzada de algo, algo muy molesto. Pensó que era similar a la rabia, a la envidia. Conforme miraba a la chica sentía que cuanto más lejos estaba ella, más feliz se sentía, y más la odiaba, sin motivo aparente. ¿Cómo podía ser? Si ella no había hecho nada. No podía quitarle la vista de encima aunque no quería verla ni en pintura por el momento. Bufó y regresó a su apartamento, no queriendo darle más vueltas.

A la mañana siguiente, cuando se encontró con Len en el rellano, lo saludó con cierta frialdad que muy costosamente le salió, porque con él no podía ni quería estar enfadada. Él, por supuesto, no pareció notarlo, y saludó con su habitual buen humor.

-Siento lo de ayer.-Ella lo miró sorprendida.-Al final, la cosa se alargó, y Yuki se marchó porque lo resolvió antes que yo. Nero se quedó un poco más, y cuando volvió mi madre no quise molestarte.

-No te preocupes.-Comentó ella, aliviada de escuchar aquello. El saber que se quedaba a solas con Akita y no con Kaai le había aliviado sin saber a ciencia cierta el motivo.-Estuve leyendo un manga, así que no estuvo mal mi tarde.-Explicó, restándole importancia.

-Te compensaré.-Rió él, poco antes de que se toparan con Megurine Luka. Esta venía acompañada de Yowane Haku, otra amiga de ellas excesivamente tímida, de cabellos blancos y ojos rojizos. Solo intercambiaba palabras con Len cuando iba con Miku o Luka o si lo veía con Honne Dell, y básicamente porque él le hablaba a ella. Haku nunca miraba a Dell a la cara cuando este le preguntaba cualquier cosa. A veces el rubio se preguntaba porqué le hablaba el peliblanco, y es que sus padres eran amigos de toda la vida y se habían criado casi juntos. A pesar de que eran clavados físicamente, no los unía ningún parentesco, y además, eran polos totalmente opuestos.

A lo largo del día, ni una ni otra se encontraron con el rubio, y a fin de cuentas tampoco era tan raro porque cada cual tenía su vida, pero ni siquiera se lo cruzaron en los pasillos, por lo que a la salida comenzaron un interrogatorio.

-¡Calma, calma!-Pidió el chico, riendo algo agobiado.-Ayer no pude resolver ese dichoso ejercicio y me he quedado practicando en los recreos. Incluso si Nero no estaba seguía yo por mi cuenta.-Explicó, con las palmas en alto, pidiendo un poco de cuartelillo.

-Se ve que eres un chico aplicado.-Halagó Luka, tratando de restarle incomodidad al más joven.

-Podrías haberle pedido ayuda a Luka-chan en la hora del almuerzo. Te hubiese costado menos y habrías tenido algo de tiempo para descansar.-Apuntó la mediana de los tres.

-Sí, pero soy muy cabezota, y muchas veces tendré que ver si soy capaz de aplicarme yo solo. Luka no va a estar siempre ahí.-Explicó, en parte a modo de disculpa por no haber pensado que podían preocuparse tanto. Les agradecía esas muestras de cariño propias de ellas, se sentía arropado y querido, además de protegido, en un lugar dónde apenas era el nuevo.

A media tarde se encontraba Miku en plena partida cuando vibró su teléfono. Se hallaba cruzada de piernas sobre el sofá biplaza, jugando intensamente en una mazmorra junto a su equipo de guerreros, en pantalón corto de pijama, color cyan con puerros dibujados, y una camiseta de tirantes del mismo color con un único puerro grande en el centro. En lugar de llevar sendas coletas aqua había optado por soltarse el cabello y recogerse dos coletas bajas, que le caían por encima de los hombros hasta el sofá. Al cabo de un rato su teléfono volvió a vibrar y se empezó a poner nerviosa. Luka sabía que si no contestaba rápidamente era porque estaba en plena partida, y no quería que le insistiesen. Una vez más, y terminó por creer que era importante. Pidió pausa a sus compañeros en el cuadro de chat y buscó su móvil entre las cosas que tenía por allí, un cuaderno, dos libros, el mando de la tele...

-¡Te tengo!-Lo encontró en el reposabrazos, enchufado al cargador. Desbloqueó la pantalla y descubrió tres mensajes verdaderamente importantes, entre uno de Luka y dos de un grupo. Eran de un número desconocido.

Hola.

Te dije que te compensaría por lo de ayer.

Ven a mi casa en media hora si quieres :)

No podía ser... ¡Sí, era él! Una foto de Len en un día lluvioso de lo que parecía un barrio de Japón, debía ser de donde venía él, aparecía junto al número desconocido. Al fin le había hablado y la invitaba a ver una película con sus amigos. Tenía que pensar que se pondría, pues cuando se miró se descubrió con un aspecto demasiado casero. Corrió hacia su armario y observó minuciosamente las prendas. No podía arreglarse en exceso, pues sería muy sospechoso, y tampoco podía ir en chándal. Eligió unos pantalones vaqueros de color oscuro, estilo pitillo, y una camiseta gris con una corbata verdosa dibujada. Se decantó por dejarse el pelo suelto, así no parecería que se había esmerado especialmente en su peinado o complementos. Cuando salió por la puerta se terminó de anudar el cordón de una de sus zapatillas y echó la llave, guardándolas después en su bolsillo delantero del pantalón. Caminó hacia la puerta número treinta y siete, la de los Kagamine, y tras coger aire un par de minutos, llamó al timbre aún nerviosa. Escuchó la voz de Kagamine Lily antes de que le abriese.

-... y no olvides guardar la ropa, Len.-Pedía ella antes de volverse hacia su vecina.-¡Oh, Miku-chan! ¿Qué tal? ¿Ocurre algo?-Quiso saber, al verla tan azorada. Ella permaneció con ambas manos delante, cogidas entre sí, y con la cabeza ligeramente gacha.

-N-no es nada, señora Kagamine.-Se explicó.-¿E-está Len?-Preguntó, y en esos instantes el chico apareció en la puerta, junto a la más mayor.

-La he invitado yo, mamá. No te preocupes.-Pidió, y la instó a salir de la casa.-No llegues tarde y no trabajes demasiado.-Se despidió. Ella le sonrió, asintiendo, y dejó pasar a la peliverde, que sintió como el rubio cerraba la puerta tras ella.

-Que bonita.-Alabó ella, mirando la pequeña entradita a doble altura dónde reposaban los zapatos, y un espejo colgaba de la pared, sobre un mueble dónde yacían las llaves de uno de ellos y una lamparita de mesa. Más allá pudo divisar el salón-comedor, con un sofá color crema, una mesa cuadrada de madera y varios cojines de color oscuro. Allí no había nadie más.

-Gracias.-Hizo un gesto con la mano.-Siéntete libre de pasar, siempre que te quites los zapatos.-Pidió con una sonrisa. Ella asintió, emocionada. ¿Se lo había parecido o había procurado que su madre se marchase rápido de la casa?-Estaré en la cocina. ¿Te gustaría tomar un refresco, o algo de comer?-Invitó.

-Algo frío para beber será suficiente, gracias.-Respondió, no queriendo abusar de su hospitalidad.

Cuando se descalzó y apartó sus zapatillas cogió las que Len le había indicado, unas para invitados, que descansaban a su lado, y se adentró en la casa, observando lo poco que lograba ver del pasillo y el resquicio del arco de la cocina. Escuchó al chico buscar algún vaso y abrir la nevera. Se quedó sentada en el sofá, con las piernas muy juntas y las manos sobre las rodillas, observando las vacías paredes. Quizá no les gustaban demasiado las fotografías. La pared frente al sofá, dónde se ubicaba el mueble del televisor y un par de armaritos con puerta de cristal y demás decoraciones, era del mismo color que los cojines a sus lados, marrón oscuro, mientras que el mueble era de color crema claro. El resto de paredes eran de ese color, menos por los paneles que iban de la mitad de estas al suelo, que eran de madera. El muchacho no tardó en aparecer con un vaso de zumo para ella y un refresco para él. Se dejó caer a su lado, con despreocupación, y los brazos sobre el respaldo del tresillo. La miró sonriente y ella le devolvió la sonrisa, confusa y nerviosa.

-Todas las veces que hemos almorzado juntos te he visto tomar zumos, así que me he decantado por uno de los sabores que sé que tomas.-Explicó.

-Muchas gracias, Len-kun.

Era tan agradable que alguien se fijara tanto en lo que hacías o dejabas que hacer para tener esos detalles que ella solo pudo sentirse cómoda y cuidada. Hacía tiempo que no se sentía tan arropada, porque sus padres viajaban tanto que no había nadie velando así por ella como cuando era más niña. Len, sin embargo, era capaz de eso conociéndola apenas cinco meses, sin obligación alguna. ¿Podía ser que él fuese el causante de que Miku se enamorase por primera vez en la vida? Sacudió ligeramente la cabeza para alejar ese pensamiento, dejándose simplemente llevar por lo especial que se sentía cerca de él sin saber el porqué.

-Y, ¿esto es lo que haces en tu tiempo libre?

-¿El qué?

-Sentarte y mirar a la nada.-Bromeó él.

-No, por Dios. Si he terminado de estudiar leo un libro, o veo la tele.-Explicó.-En caso de estar muy estresada juego a un juego online dónde tengo un grupo de amigos virtuales y completamos misiones...-El sonido de una campanilla la interrumpió. Era el timbre.

-Suena genial. Ahora me cuentas.-Pidió mientras se levantaba.-Disculpa.-Se excusó. Ella se limitó a asentir.

-¡Hola! ¿Qué tal? ¡Bienvenidos!-Saludó, y ella no pudo evitar mirar hacia la puerta de entrada, con sorpresa. Allí estaban Nero y Yuki, además de Dell. ¿Cómo podía haber pensado que la invitaría a ella sola? ¡Qué tonta!

Todos fueron entrando al salón de la casa, seguidos de Len, y saludaron a la chica con la mano y una sonrisa o un gesto de cabeza.

-Puede que ya os conozcáis, pero ella es mi vecina, Hatsune Miku. Y ellos son Akita Nero-dijo, mientras señalaba a cada cual respectivamente- Honne Dell, y Kaai Yuki.

Al llegar a esta última Miku sintió un desprecio similar al que había tenido el día anterior, pero ella seguía sonriéndole, como si nada. Miku sabía que no tenía motivos para odiarla, y por lo tanto no podía pretender que ella supiese de ese odio infundado. Por supuesto que, como persona madura, se centró en apartar esos sentimientos y pasar una agradable velada entre amigos. Entre amigos y Len. Suspiró. Pudo ver al chico ir y venir por cosas de la cocina y no tuvo el valor suficiente para hablarle y ofrecer su ayuda ante tanta gente, porque conociendo ella lo que sentía por él, pensó que otros podían notarlo. En ese instante fue Yuki quien se levantó y se ofreció a ayudar al anfitrión, quien le pidió amablemente que esperase, pero insistió y lo acompañó en uno de sus viajes a la cocina. Ninguno de los dos chicos restantes dijo nada, ni siquiera entre ellos conversaban, así que la espera silenciosa se le hizo eterna a la joven, poniendo la oreja para saber qué ocurría en esa cocina.

-Ya estamos aquí.-Anunció Len, siendo el más contento, y con diferencia, de la sala.-En compensación por lo de ayer, y puesto que hoy es viernes, podemos ver una peli para relajarnos.-Propuso, dando una palmada para mostrar su entusiasmo.

-¿Puede ser de terror?-Preguntó Dell, que se sentaba junto a Miku, y esto no dejaba muchas posibilidades a que Len se quedase junto a ella.

-Hay señoritas.-Se burló Nero, jugando con su consola portátil, como venía haciendo desde que había entrado por la puerta.

-Oye, que a mi no me da miedo el gore ni nada de eso.-Explicó la pequeña de coletas oscuras.

-Bueno, bueno.-Calmó Len.-Podemos votar.-Miró a Miku, que no parecía muy contenta con la película de terror.

-Yo voto por ver Tran.-Levantó la mano el rubio de ojos ámbar, sin apartar los ojos de su PSP.

-¡Yo quiero ver Cannibal!-Saltó Honne Dell, con tal de llevar la contraria. Kaai Yuki levantó la mano al instante, tratando de respaldar esta opción y así demostrar que no era una miedosa.

-¿Y tu, Hatsune-san?-Preguntó el primero, viendo de reojo que la mayor no se había manifestado una sola vez.

-¿N-nee? ¿Yo? Bueno... La idea de ver Tran me gusta, porque no conozco la película y he oído que es buena...-Comenzó.

-¡No hay más que hablar!-Saltó el de pelo rubio oscuro, soltando definitivamente la consola y dando un salto para enfrentarse, a las buenas, con Dell.

-Len es el anfitrión, y hay un claro empate, deberíamos pensar en él.-Los frenó la chica del vestido rojo.-Len, por favor, ¿podrías desempatar?-Pidió con amabilidad.

Miku le lanzó al joven una mirada de súplica sin darse apenas cuenta. Él no pareció percibir ese gesto, pero se dirigió a los demás con amabilidad, sintiendo toda la responsabilidad sobre él.

-Veamos. Me gustan las dos opciones, pero yo quiero que estéis todos contentos. ¿Qué os parece si vemos las dos?-Preguntó.

-No te mojas, ¿eh?-Retó uno de los chicos. Hubo un pequeño revuelo, en el que Len se defendía como podía, pero ella solo pensaba en el alivio que suponía poder ponerse una peli y luego salir a casa por "cualquier cosa" y no tener que pasar un mal rato.

-Vale, pero vemos primero la de miedo.-Pidió Yuki, cogiéndose al brazo de Len para que cediese.

-No, Yuki-chan.

-¡Creí que tu también querías verla, Dell!-Riñó la menor.

-Sí, pero no da el suficiente miedo siendo tan de día. Así, quien no quiera verla o no se atreva, puede marcharse antes de ponerla.

De todas maneras, no pensaba quedarse a verla, así que respiró tranquila. De repente un gato saltó a su lado.

-¡Anda! Hola, bonito.-Saludó ella, acariciando su cabeza.

-Esa es Momo, mi gata.-Contó, acercándose a la chica que sobaba al gato.-Se llama así por el color de su pelaje.-Explicó, mirando al anaranjado animal. Ella sonrió y continuó mimándolo, hasta que decidió marcharse a incordiar a Dell, que se sentaba en el suelo junto a Yuki, que estaba entre él y el cojín vacío de Len. Al lado de Miku solo estaba Nero, guardando un espacio grande porque no era muy cercano.

Len regresó y ocupó su lugar, trayendo consigo palomitas y patatas fritas. Las dejó sobre la mesa de madera que había frente al sofá y con el mando apuntó al televisor.

-¿Podéis bajar las persianas, por favor?-Pidió, y Miku y Dell se levantaron.-Puedes sentarte en el sofá, Yuki.-Recordó.

-Por ahora estoy más cómoda aquí.-Respondió.

-Entonces me sentaré yo al lado de Hatsune-san.-Dijo el de pelo blanco, ocupando el hueco.

-¿Te sientes guay por estar al lado de una chica mayor?

-Pobre chica...-Murmuró el otro rubio, y Len y los otros se echaron a reír ante el comentario. El anfitrión miró a la peliverde para saber si estaba verdaderamente cómoda en presencia de sus amigos y al verla reír con ellos se despreocupó. Empezó la película, mientras Dell seguía quejándose del otro.

-Cálmate, Dell-kun,-ella puso una mano sobre su hombro- tu compañía es de lo más agradable.

No consiguió bajar el sonrojo del otro, si no aumentarlo. Y en él se notaba una barbaridad por el contraste de colores claros de su pelo y piel con el rojo de sus mejillas. La chica solo pudo aguantar la risa al verlo asentir bastante serio y relajarse. Len no perdía detalle, y sonrió pícaramente al ver al chico frío comportarse así ante su vecina, solo por ser mayor que ellos y una de las más guapas del instituto. Dell decía que Miku era más bonita que Haku cada vez que alguien la veía con la chica y se sorprendían al descubrir que en el instituto había una chica tan llamativa y que pasaba tan desapercibida. Ruko decía que de mayor prefería ser como Luka, porque tenía grandes oppai y una elegancia sin igual. Piko, sin embargo, se sentía intimidado por la distinción de la mayor, así que se fascinaba con la cercanía de ella y de Miku, pero Len le había oído decir alguna que otra vez, que Haku era su amor platónico, porque ni se atrevía a mirarla si estaba cerca.

Si durante la película había alguna escena graciosa o sorprendente y podían comentarla, Yuki solía zarandearlo del brazo y reírse, algo que hacía que los otros también rieran ante el entusiasmo, menos la mayor del grupo. El rubio de cabello más claro se limitaba a zarandearla a ella si algo le hacía gracia a él, antes de que ella pudiera hacer nada. Cuando terminó comentaron lo bien hechos que estaban los efectos especiales o repetían alguna frase interesante o divertida.

-Si vamos a ver otra tendréis que quedaros a cenar.-Propuso el chico.-Puede que no tenga gran cosa para ofreceros, pero creo que será suficiente para todos.-Se disculpó.

-No te preocupes, Len. Como si no quieres ni darnos de comer.-Rió el de pelo blanco.

-Yo no quiero suponer una carga para la casa.-Empezó Miku.- Tu madre estará al caer y yo tengo cosas que hacer...

-¡Oh, vamos! ¡Vives dos puertas más allá!-Se quejó Nero, haciendo inservible la excusa.-Además, así te puedes quedar ayudando y nosotros nos vamos a casita.-Bromeó.

-No te preocupes, Miku-chan.-Respondió Len, obviando a Nero y sus bromas. Ella sonrió aliviada, y al hacer el amago de levantarse la interrumpió con una frase más, helándole la sangre.-Mi madre volverá tarde hoy, así que puedes quedarte el tiempo que sea necesario.-La tranquilizó.

-Sí, así podemos reírnos de ella cuando se asuste con la película.-Chinchó Dell, dándole un codazo a su amigo dependiente de la consola. Este, sin alzar la vista, le rebatió.

-Así podrás abrazarla y conseguir tocar a una chica.-Comentó, de camino a la cocina con los demás.

Iniciaron una nueva discusión mientras Yuki no podía parar de reír. Entre esas risotadas Len cruzó su mirada con la de Miku, que fue cesando su risa y solo lo observó sonriendo. Él hizo un gesto con la cabeza para saber si estaba bien y ella asintió seguidamente.

-Entonces Cannibal, ¿no?-Insistió Dell, frotándose las manos, cambiando así de tema con Nero. La cara de la chica volvió a cambiar a una de inseguridad y nerviosismo. Len arqueó una ceja, y ella negó con la cabeza para restarle importancia, sonriendo forzosamente.

Cuando todos los demás salieron Len los siguió y cerró la puerta tras ellos, quedándose a solas un momento con su invitada, que se veía muy preocupada. Se acercó a ella, que lo seguía con la mirada, y se apoyó en la encimera, para mirarla a la cara y no perder detalle de su expresión, para saber si le ocultaba algo.

-Cuéntame. ¿Qué pasa?

-N-nada...-Solo el temblor de su voz la delataba. Él seguía arqueando la ceja.

-¿Len?-Se escuchó al otro lado de la puerta.

-¡Ahora salimos!

-Se ha encerrado a solas con ella, Dell. Te la va a quitar...-Pudo oír, mientras la voz se alejaba de la puerta. Solo rió sacudiendo la cabeza con los ojos cerrados.

-¿No estás a gusto? ¿No lo estás pasando bien?-Preguntó, mostrándole su preocupación.

-No es eso, es...-Suspiró y cogió aire, para atreverse a soltarlo todo, como si hubiese atrapado las palabras y fuese a soltarlas de forma involuntaria.-Me dan miedo las pelis de terror.-Confesó, sin atreverse a mirarlo a la cara.

-¿Sólo es eso?-Empezó a reír, y ella se relajó un poco, más molesta ahora por eso que por su insistencia.-Si lo hubieses dicho antes podía haberte dejado ir.

-Aún estás a tiempo.-Se esperanzó ella, feliz.

-Pero ya te he hecho la cena.-Canturreó él. Ella hizo un puchero.-Procura no mirar mucho, y si no puedes dormir te dejo llamarme por teléfono para darme la lata.-Se burló. Ella hinchó las carrillos con inocencia, algo avergonzada, pero más calmada.-De verdad que lo siento, si lo hubiese sabido te podrías haber escapado fácilmente.

-No es nada. Solo déjame un cojín a mano para taparme la cara.-Pidió soltando una risa nerviosa, y Len abrió la puerta para que pudiesen salir con los demás.

-¡Venga, que se hace tarde!-Se quejó Yuki.

-No sé si será buena idea comer mientras vemos esto...-Apuntó el rubio de la coleta, anfitrión de la cena.

-Que sí, ya verás...-Animó Dell, quitándole importancia a todo y deseoso de poner la película.

Todos volvían a estar en la misma posición de antes, excepto Dell, que estaba en el extremo opuesto a Miku del sofá, y Nero, que estaba entre ambos. La chica permanecía junto a la ventana, por si tenía que huir. Cuando el film dio inicio, la de cabellos sueltos se agarró con las uñas a un cojín, y este permaneció por debajo de sus ojos todo el tiempo, para poder cubrirlos si alguna escena contenía mucha sangre. En uno de los trozos dónde podía escuchar gritos, y sabía que estaban despedazando a alguien, cubrió su cara entera, ya sin importarle que la tomasen por una miedica, y pudo sentir como Nero se levantaba del sofá. Ahora se sentía más desprotegida, y de repente...

-¡AAAAH!

Len detuvo lo película y miró hacia Miku, con Yuki agarrada a él por el sobresalto. Nero había saltado prácticamente sobre la chica, y la había asustado poniendo las manos sobre sus hombros y dando un grito seco. Miku ocultó su cara para secar en el mullido objeto las lágrimas que se le habían escapado.

-¡Nero! ¡Te has pasado!-El rubio volvió a sentarse, entre risas, coreadas por Dell.

-Perdona, Hatsune-san. Lo peor de temer a una película de terror es que eres el objetivo de las bromas de quienes las disfrutan.-Dijo, tratando de quitarle ese miedo irracional a lo irreal. Ella soltó un quejido ahogado contra su fiel compañero de color marrón chocolate que apoyaba en sus rodillas, inclinada hacia delante.

Len volvió a poner el play y observó como la chica no se recomponía en unos minutos. Le hizo un gesto con la cabeza al otro rubio, con el ceño fruncido, y este, sin rechistar, se levantó del sofá, y la chica se encogió ligeramente pensando que volverían a asustarla, sin embargo nadie se volvió a sentar allí en un rato, ni a asustarla.

-¿Está bien?-Escuchó por lo bajo la voz de Nero.-Yo no quería asustarla tanto, solo quitarle un poco el miedo...

Sintió que alguien volvía a sentarse y una mano se apoyó en su espalda. La voz de su vecino le hizo despegar los ojos del cojín, que tenía dos marcas de gotas algo secas.

-¿Mejor?-Ella vio el reflejo de la luz de la tele en su cara y supo que le sonreía y levantó la vista por completo.-Nero no ha querido que te pusieras mal.-Lo disculpó, y ella pudo ver como el otro la miraba de reojo, preocupado, así que asintió ante Len.

Ella se desprendió de las zapatillas prestadas y se encogió sobre su asiento, mientras que el rubio se inclinó hacia ella y la protegía con un brazo. Ella permanecía abrazada a su cojín, pero podía mirar la pantalla sin ocultarse.

-Mira, solo es pintura roja y un elenco de muy buenos actores. No hay que tener miedo.-Ella volvió a asentir e incluso pudo sonreír. Cuando la película terminó mantuvo la postura y él tampoco se movió, hasta que Yuki habló.

-Yo tengo que irme ya, o mis padres se enfadaran.-Explicó mirando su reloj de muñeca.

-Será mejor que te acompañemos.-Propuso el rubio de pelo más corto, estirándose antes de levantarse.

-¿Lo habéis pasado bien?-Preguntó Len, separándose de Miku en una hora y media. Ella se quedó en el sitio, siguiéndolos con la mirada.

-Si, hay que repetir.-Respondió Dell, caminando ya hacia la entrada, donde su compañera se ponía los zapatos. Él la imitó. Nero se acercó a Miku mientras el rubio acompañaba a los otros dos.

-Lo lamento de verdad, Hatsune-san. Solo era una broma.

-Es igual, ha sido más el susto que otra cosa.-Dijo y rió, sacándole una risa al chico. No podía quejarse, pues había estado junto a su vecino todo el tiempo, así que prácticamente, le debía una.

Los tres amigos salieron de la casa, despidiéndose de ambos chicos con la mano. El dueño de la casa cerró la puerta y se acercó a su última invitada, que ya había bajado los pies al suelo. Volvió a sentarse junto a ella que lo observó con expresión cansada. El sueño se apoderaba de sus ojos aqua. Él sonrió ante la ternura de su expresión y le apartó un mechón de pelo de la cara.

-Miku-chan, ¿tienes sueño?-Preguntó, sin poder creer que en los dos minutos que se había despedido de sus amigos se quedase amodorrada, y aguantó la risa.

-N-no...-Mintió ella, bastante mal, porque la acompañaba un bostezo mal disimulado.

-Tenemos que repetir la velada, ¿eh?-La picó, pinchando con un dedo sus costillas. Esto hizo que se encogiera en el sitio, con una sonrisa en los labios, y su pelo suelto volvió a ponerse por delante de su cara, o al menos, varios mechones.

-No, prefiero que me avises si hay comedia o romance.-Pidió, alzando un dedo para que no siguiera picándola, a modo de aviso, sin dejar de reír.

-Si una peli de miedo no da miedo no es divertido. Tu eres quien mejor lo ha pasado. Aunque eso sea contradictorio.-Explicó.

-No quiero que vuelva a repetirse.

-Te ha encantado.

-No.

-Sí. Y encima te quejarás de mis cuidados especiales.-Le reprochó, en broma.

Ella, sin embargo, se sonrojó y trató de disimular que había sido su momento preferido del día. Miró a otro punto y ocultó sus colores.

-No te he dejado disfrutar nada con tus amigos, te he tenido recluido.

-No, yo he ido por iniciativa propia. Además, lo mejor de estas películas es que una chica se te abrace cuando tiene miedo.-Atacó, pinchándola una vez más. Eso no mejoraba el color de sus mejillas, así que hinchó los mofletes para que pensase que era de aguantar el aire en su interior. Él rió.

-No es justo. Tenía a Honne-kun.

-Y a él le hubiese encantado.-Le recordó, pero en lugar de hacerla cambiar de idea le dio argumentos.

-¿Y?

-No, nada...

-¿A ti no?-Preguntó, ya más despierta.

-No especialmente...-Respondió. Ella le pegó con delicadeza y él se defendió entre risas.-Vale, vale. Es algo por lo que muchos me envidiarían, pero es que soy tu amigo. No te veo capaz de agarrarte a un desconocido estando yo, o Luka. Incluso estando Mikuo.

-¡Mikuo es mi primo!

-Y sé que le tienes algo de tirria.

-Si, puede ser un incordio.-Rieron. Aunque le tenía cariño al chico, ambos sabían que era conocido por andar siempre molestándola ante otros, y muchos lo envidiaban por tener la suerte de poder contactar con ella con esa seguridad.-Va siendo hora de que me vaya también.-Dijo, levantándose.-Pero antes te ayudo a limpiar.-Añadió.-Y sin discutir.-Lo calló, cuando vio que iba a replicarle.

Cuando terminó de ayudar al chico salió fuera de la casa. Allí se despidió del rubio, que miró el reloj.

-Son las diez y media. Mi madre no tardará en llegar.

-Está bien. Dale recuerdos de mi parte.-Pidió la chica. Él asintió y se quedó en la puerta hasta que ella llegó a la puerta número treinta y nueve, la suya.-Oyasumi nasai.-Se despidió al entrar.

-Oyasumi.-Respondió él, y cerró después de que ella lo hiciera.

Miku volvió a enfundarse el pijama y suspiró al tumbarse en la cama. Tenía muchísimos mensajes, pero no los contestaría ahora. Había pasado muchas horas con Len, y además había tenido un trato con ella que, aunque sabía que no iba más allá de la amistad que le tenía, le resultaba adorable. El chico debía ser así con todos sus amigos cercanos, pero no podía evitar que su corazón latiese más rápido cuando él era así con ella. Cuando la veía por las mañanas y le daba los buenos días, o le preguntaba si había dormido bien. Cuando le preguntaba qué había comido si la veía en la tarde o cuando le ayudaba a hacer la compra si tenía un rato libre y coincidían. Muchas veces el chico solo se ofrecía a ayudarla y ella contestaba con un "baka", por preocuparse tanto por ella, aunque amaba esos gestos por su parte.

Antes de dormirse pensó en todas las cosas que le gustaría hacer con él a diario, más de las que ya hacía de normal, y en todo lo que le gustaría decirle. Deseaba tener una excusa para hablar con él durante horas por mensaje instantáneo, verse a solas porque sí, y que él sintiera lo mismo. Quería dedicarle mil palabras de amor.

Con su último suspiro cansado se reconoció para sus adentros que se estaba enamorando de verdad de Kagamine Len.


Espero que hasta ahora os guste y que pueda seguir por el buen camino esta historia, que me gustaría mucho completar bien este proyecto.

No voy a extenderme mucho porque no tengo nada más que decir.

¡Gracias por vuestro tiempo!