Te dolía el rechazo y tus lágrimas mirando aquellas fotos de tu querido rubio te dolía aún más. Sabías que lo innegable tenía que suceder, de alguna u otra forma tenía que suceder.

Rechazada por Adrien Agreste.

Te preguntabas si así se sentía Chat Noir, tan miserable como tú, pequeña mariquita.

Los copos de nieve comenzaron a caer y el frío acompaño a París aquella noche. Te disponías a dormir, pero no sabías la grata sorpresa que te esperaba en tu ventana.

-My princess~- reconociste esa voz, ¿pero cómo no hacerlo? No hace mucho la culpa te estaba molestando.

-gato tonto, no debes salir con este clima-.

Tú sabías que nueve de cada diez gatos detestaban el frío, pero sabías que felino amigo era especial. Especial por compartir un poco de felicidad contigo.


Marinette, Marinette, Marinette... te estabas acostumbrando a sus visitas inesperadas a mitad de la noche. Su compañía te hacía sentir inexplicablemente feliz, sabía que tú corazón no debía latir de aquella manera, sabías que no debías caer a aquel abismo desconocido. Porque tenías miedo de volverte a enamorar. Tú sabías que nueve de cada diez gatos eran traicioneros, pero tu querido felino era distinto, totalmente distinto. Era tan fiel que te daba rabia contigo misma, lo estabas volviendo a enamorar, ¿lo harías sufrir de la misma manera otra vez? No querías y tampoco pensabas hacerlo, porque sabías que Chat Noir era el correcto.


¿Era normal odiar una contraparte tuya? Al parecer no. Por más que tu kwami te dijera que eras ambas, muy en el fondo sabías que era una vil mentira. Y te tenías envidia a ti misma, porque tus ojos no querían ver que Chat Noir si te miraba a ti, a la chica que aspiraba ser una diseñadora y no la súper heroína.

No podías desaparecer de un día para otro, pero LadyBug sí. Si ella no estuviera, quizás serías más feliz. Pero cometiste un error, porque estabas colocando a prueba a un corazón que recién estaba recuperándose. Era cruel, bastante cruel.

Tú sabías que nueve de cada diez gatos se morían sin su dueña. No obstante, no deseabas que aquel chico se preocupara por ella, sino que por ti.

-Quizás necesita tiempo- le dijiste, al verlo tan meditabundo, sin sus chistes horribles.

-Créeme que el tiempo no se recupera My princess- te mencionó, antes de que rompiera tu corazón, se marchó, la prefirió a ella antes que a ti.


Te encerraste en tu habitación, comenzaste a ser la misma Marinette que fue rechazada por Adrien Agreste, pero no sabías porque este dolor era peor, te consumía por completo, sentías como tu vida se esfumaba con cada lágrima derramada. Sin embargo era comprensible, ser rechazada dos veces en un corto tiempo era un golpe bajo.

Pero mi querida azabache, déjame decirte que también eres culpable, porque te tienes miedo a ti misma. Sabías que nueve de cada diez gatos tenía una gran visión, pero aquel gatito era ciego, ciego por no ver el daño que te estaba causando, que les estaba causando.

Y te volvías a tapar tus oídos, el constante golpe en tu ventana te perturba. Tu corazón te dice que abras la ventana, pero el cerebro y la razón te decían otra cosa.

-Marinette, por favor, déjame pasar- lo escuchaste decir. Cerraste tus ojos más fuerte.

-Vete, Chat- que se fuera antes de que te arrepintieras.

-No, hasta que me expliques que te sucede-

-Ladybug, eso es lo que sucede- dijiste con un odio profundo a ese nombre. Pero odiaste más que él se fuera sin más.


Antes pensabas en las horribles clases, en las pruebas que te hacían sufrir, en lo terrible que era encontrarse con Adrien, lo único que te daba ánimos para asistir era tus amigos, tus compañeros. Bueno, excepto Chloé.

Al llegar, viste como cierto pelirrojo se encontraba dibujando con una dedicación impresionante. Él al verte acercarte se sonrojo, al mismo tono de su cabello.

-Me gusta mucho tu dibujo- lo halagabas tal como se lo debía.

-¡Ma-Marinette... gracias!- te gritó de manera avergonzada. Provocando una verdadera sonrisa dentro de tus tormentos. Sin embargo sentías una mirada llena de odio, pensando que se trataba de Chloé.

-Amigo, deja de matar con la mirada al pobre Nathanael- escuchaste decir a Nino.

Tus ojos se abrieron ante la sorpresa de escuchar que se trataba de Adrien ¿qué le sucedía? Sabías que los gatos eran demasiado territoriales, pero él no era aquel felino. Y tu corazón volvía recordar a Chat Noir.


Eras demasiado cruel pequeña Marinette, lo hacías sufrir, pero tampoco querías que se rindiera. ¿Quién te entiende? El pobre felino vino tantas veces como tú lo habías rechazado. Después de un tiempo te hiciste la idea que ambos no debían estar juntos, quizás el destino les deparaba una vida separados. Pero... lo amabas tanto, que podrías ser mil veces la egoísta.

Tu sabías que los gatos detestaban los dulces, pero el felino era tan especial y sabías que el vendría siempre en busca de tu compañía. Cuando tu corazón se ablandara, la ventana se abriría.


París necesitaba a LadyBug, así que sin más remedio decidiste volver. Pero te sentías extraña, Chat Noir ni siquiera se dignó a preguntar el porqué de tu ausencia. No obstante, el alivio llegó a tu cuerpo, al parecer ese gusto falso por aquella muchacha que no era se había ido. Quizás, tal vez debías volver hablar con él.

Lo amabas demasiado como para dejarlo ir. Sin embargo Marinette, el tiempo crea distancias irreparables, terminando de matar lo que alguna vez pudo haber existido entre los dos. El destino cruel de los amantes irónicos.


Lo había perdido, sinceramente lo habías perdido. Todo se había acabado, pero no era tu culpa Marinette.

Tu estado anímico iba de mal en peor y en receso estallaste en llanto, sentías como cada parte de tu corazón se quebraba y Adrien estaba ahí para consolarte.

Chat Noir al parecer ya no te amaba más y te sentías totalmente culpable. Querías volver a tenerlo entre tus brazos y decirle que lo amarías por siempre, porque se había dado cuenta que amaba a la chica tras la máscara. Tu sabías que nueve de cada diez gatos sienten el peligro, pero ese gato no ve el peligro de sus vidas, que si ambos no están juntos no son nada, que si son separados terminarán matándose. Triste y cruel destino de los héroes como ustedes.


Un akuma atacaba de nuevo y tú sin reparar en la presencia de cierto felino, decidiste transformarte. Aunque fue un tanto extraño toda la situación. Peleabas bajo la lluvia contra el enemigo, sola, sin él ¿en dónde estará Chat Noir? Fue algo que te cuestionaste, pero aún no tenías respuesta.

-Miraculous Ladybug- dijiste al finalizar la batalla. Cansada y totalmente herida. Dime Marinette ¿qué harías si la persona que amas se te va de las manos?

Un mal presentimiento se posó en tu corazón, el mal sabor de la boca. Las cosas malas llegan en un día determinado y que mejor día que tu cumpleaños.

-Gatito...- la sorpresa del destino se encontraba ahí, en ese callejón.


Muajajja, ¿quién pensó que este fic estaba terminado? No señores, no aún.