Aun le costaba creer el atrevimiento de aquella hembra, seguían tomados de la mano, lo guiaba por un bosque frondoso, con árboles altos y llenos de vida, de vez en cuando la miraba por el rabillo del ojo, y siempre lucía igual, sin ninguna expresión en su rostro, más que una débil sonrisa en sus labios.
No sabía si debía temer o no, ella era extraña, no parecía fuerte, pero era rápida y había recibido su ataque sin rasguño siquiera, sintió el paso de la muchacha detenerse, miró al frente y vio una casa pequeña, simple, rodeada de un jardín de flores de todos los colores.
-¿esa es tu casa mujer?-preguntó tratando de sonar lo más indiferente posible.
-¿mujer? mmm si, esa es mi casa enano-por un momento creyó que le diría su nombre, esperó paciente y esperanzado, pero no fue así. Sintió como lo jaló hacia la residencia. El aroma a flores, hierbas y tierra, inundó la sensible nariz del niño, no pudo evitar hacer una mueca de desagrado, no estaba acostumbrado a ese tipo de olores.
Una vez dentro, el aroma dulce invadió todo el lugar, no tenía muebles en la entrada, ni cuadros, ni nada. La chica soltó la mano del pequeño príncipe y caminó por su casa.
-ven… debes tener hambre enano-se volteó y le sonrió dulcemente-sígueme a la cocina.
-no me órdenes-gruñó el príncipe, ante su respuesta, la fémina se volteó un poco sorprendida, se acercó a él, y bajó nuevamente hasta su altura, creyó que le pellizcaría otra vez las mejillas, por lo que se puso alerta.
-aquí no eres un príncipe enano-no pudo evitar abrir los ojos sorprendido, ¿Cómo supo que era un príncipe?-eres mi enano y te comportarás como tal ¿bien?
-¡yo no soy tú enano! ¡No soy enano mujer tonta!-ya no podía aguantar el enojo, esa chica lo desesperaba, la conoció hace no más de treinta minutos y ya lo había sacado de quicio ¿Qué se creía esa tipa?
-¿eres más alto que yo?-preguntó con inocencia, ante ello, el niño no pudo vociferar una respuesta, solo soltó unos balbuceos sin sentido-entonces eres enano
-¡pero eso es porque soy menor que tú vieja bruja!-le gritó molesto
-no soy vieja tonto-le dio un golpe en la cabeza, uno suave, pero que de todos modos molestó al pequeñín, antes que protestara, vio como la chica se acercaba a su cola y la desenrollaba de su cintura, se ruborizó al instante-eres mi enano-volvió a repetir, mientras lo miraba a los ojos, no podía identificar que decían sus ojos, tan misteriosos… nunca en su vida había querido leer mentes, pero en ese momento, junto a aquella chica, lo deseaba-que linda colita-musitó mientras se la acariciaba, el ardor de su rostro lo dejó consternado, no podía permitir que ella lo tocara, con un movimiento en seco, sacó su cola de las delicadas manos de la chica.
-no me toques-dijo con furia en su voz-si aprecias tu vida, no vuelvas a hacer eso ¿entendiste vieja bruja?-la hembra en frente de él frunció el ceño e hizo una mueca en sus labios, y en el siguiente segundo, sintió como los dedos de ella apretaban fuerte sus mejillas.
-no vuelvas a llamarme vieja-dijo con sus labios comprimidos, haciendo que su tono de voz sonara infantil, como si hiciera un puchero-y tocaré lo que quiera enano-dijo alegremente, mientras soltaba sus mejillas y lo abrazaba con fuerza, acercándolo a su cuerpo, el niño sorprendido por el contacto, intentó separar el abrazo, pero la chica lo acercó aún más hundiéndolo entre su pecho, sintió su infantil rostro acalorado, sentía la sangre subirle al rostro al sentir los blandos montes entre su rostro-y cada vez que me insultes recibirás un abrazo fuerte y amoroso ¿te gusta la idea?- preguntó mientras separaba el abrazo sin soltar su cuerpo, vio el rostro del pequeño completamente rojo-jajajaja eres adorable-rió mientras lo soltaba y le daba la espalda.
Ni siquiera su madre lo había abrazado, en su especie esas muestras de afecto eran mal vistas, denostaban lo débiles que eran, le costaba creer que él, el príncipe de los sayajin, se dejara tratar así por una hembra que recién conocía.
-niñoooooo-gritó la molesta chica
-deja de gritar escandalosa-trató de reponer la calma, vio a la chica salir de una habitación y mirarlo con reproche-decir que eres escandalosa no es un insulto, así que olvida lo que piensas hacer-regañó a la hembra, al ver el rostro sonriente de la chica, se sintió extrañado, hizo un gesto con su mano para que la siguiera.
Entró a un cuarto con una mesa en el centro, la que estaba repleta de comida, se veía delicioso, en el suelo habían dos cojines que supuso usaba la chica para sentarse, sin pensar siquiera si era seguro comer, se sentó junto a la chica y comenzó a devorar sin perder un minuto más.
-sabía que eras comilón-se burló la chica
-¿Por qué creías eso?-preguntó interesado
-eres un monito al fin y al cabo-habló mientras miraba al techo y se echaba una frutilla a la boca
-¡Saiyajin mujer tonta! No soy ningún mono-gritó enfurecido, la chica se giró hacia a él conmocionada por el grito, vio su mejilla abultada por la fruta en su boca, que aún mascaba, la vio acercarse rápidamente, cortando la distancia entre ellos y lo volvió a abrazar fuerte, hundiendo su rostro en su busto nuevamente-no me dejas respirar-balbuceo el pequeño-yaaaaa sueltaaaamee-protestaba con sus mejillas ardiendo
-te soltaré si prometes no llamarme tonta otra vez-dijo calmada la chica
-… bien! Suéltame-gritó el niño, la chica lo soltó al instante.
-es una promesa ¿eh? Si la rompes te daré un beso-el chico se escandalizó al oírla, ¿es que acaso estaba loca?
-estás lo-antes de terminar la chica lo besó fugazmente en la mejilla y volvió a su puesto- ¿y ahora porque?-gruñó nervioso y acalorado por tanta muestra de afecto
-me ibas a decir loca y para la próxima será más largo-sonrió victoriosa
-¿Cuál es tu problema? ¿Por qué tanto toqueteo?-preguntó indignado
-si te gustaran no te molestaría así-confesó la niña-no… la verdad igual te acosaría-terminó diciendo mientras posaba su dedo índice en sus labios, meditando.
Habría preferido estar en un inhóspito planeta, con guerreros, que lo esclavizaran, antes que estar con aquella mujer, se sentía humillado, esa chica hacía lo que quería con él, debía irse, ya no podía pensar en lo indignante que sería llegar a Vegetasei, solo quería marcharse.
-de todas maneras no habrá próxima… ya me iré-dijo entre gruñidos el niño, no pudo ver el triste rostro de la chica en respuesta.
-… ¿tienes que hacer? ¿Por qué no te quedas?-voleó a verla, lucía nerviosa, jugaba con unas frutas.
-no tengo tiempo para estupideces, tengo una misión-dijo mientras se levantaba, dejándola sola.
Salió de esa casa a paso rápido, volvió hasta su nave sin mirar atrás, sin querer pensar en lo que acababa de pasar, abrió la puertecilla de su nave y se introdujo en ella, intentó encenderla pero esta no respondió, no mostraba ninguna señal, lucía como inactiva. Empezó a impacientarse, ¿Qué rayos le pasaba si no estaba dañada?, tenía combustible y los meteoritos no la habían golpeado.
-creo que no te podrás marchar ¿eh?-escuchó la voz de la chica fuera de la nave, salió rápidamente pero no la vio por ningún lado-puedes quedarte en mi casa enano-miró hasta la dirección en donde se escuchaba su voz, la encontró sentada en una rama de un árbol, con una pierna al aire y la otra doblada, su espalda apoyada en el tronco, los ropajes cubrían muy poco de sus muslos.
-¿Qué rayos quieres bruja?-preguntó irritado-¿Qué le hiciste a mi nave?-el rostro de la chica no se inmutó, vio su cuerpo caer de lado sin destreza alguna, por un momento se asustó de que le pasara algo, contuvo la respiración cuando la vio caer al suelo, el cuerpo de la chica empezó a arrastrarse por el pasto hasta llegar a metros de distancia a él.
-yo no hice nada-dijo fingiendo inocencia, actuaba como una niña… él era incluso más maduro que ella y tenía solo cinco años, asustado vio que la chica no tenía raspón alguno en su cuerpo, si se arrastraba era porque quería hacerlo, tenía la cabeza hecha un lío, nunca se había sentido tan estresado en su corta vida, esa chica lo iba a terminar matando, de eso estaba seguro.
-¿Cómo llegaste tan rápido?-interrogó, esa chica lo estaba inquietando, era muy misteriosa y no sabía nada de ella, se había mostrado muy amable y gentil ofreciendo su casa y dándole comida, afecto que no pidió ni quería, ¿Qué quería esa mujer?
-venía detrás de ti
-mientes-el rostro de la niña no mostraba ninguna reacción-no estabas siguiéndome.
-¿Cómo lo sabes?-preguntó aún en el suelo
-soy el príncipe de los Saiyajin ¡a mí no me engañas!-gritó con orgullo
-claro claro-respondió sin sorprenderse-puedes quedarte hasta que tu nave se arregle-sonrió
-eres insoportable ¿lo sabías?-la chica le sonrió nuevamente, pero esta vez, sus ojos reflejaban alegría, la vio hermosa, sintió su rostro arder nuevamente, la chica se paró del suelo y sacudió sus ropas.
-igual te gusto-aseguró la mujer, el corazón del niño casi sale de su pecho al escucharla, la miró abriendo los ojos de par en par, carraspeo la garganta.
-¡estás loca!-le gritó-¿Cómo me vas a gustar mujer?-se defendió indignado-¡eres mucho más vieja que yo!-la vio enojarse por lo último-y y y nos acabamos de conocer ¡y no me interesan las hembras!-terminó gritando aún más.
-cuando te gusten… ¿me buscarás?-preguntó inocente, sorprendido el príncipe se volteó de espaldas a ella, para calmarse, inhalaba y exhalaba con rapidez, esa chica lo iba a volver loco, era todo lo que jamás creyó conocer.
-no seas idiota-sintió los brazos de la chica sobre su cuerpo, envolviéndolo al instante, contuvo la respiración e intentó calmar su pequeño cuerpo, no estaba acostumbrado al contacto, y esa mujer lo había tocado más que cualquiera en su corta vida.
-sé que lo harás… me buscarás.
Fin del Flas Back
No la buscó. Cuando empezó a sentir atracción por el género femenino no la buscó, no porque no quisiera, no podía.
Para ese entonces estaba bajo el mando de Freezer, debía acatar todas las órdenes del emperador, no había tiempo para buscarla.
No tenía tiempo para saber de ella, solo podía preguntarse si seguía viva, si estaba donde mismo, si lo reconocería, si se acordaría de él, si seguía pensando que él era suyo… ya no era un niño. A veces se imaginaba viviendo todo aquello pero como un adulto, se sentía desquiciado, pervirtiendo esos bellos recuerdos. Pero le era inevitable, cuantas veces durmió con ella obligado, porque, en ese tiempo que estuvo con ella, siempre debía hacer lo que quería la mujer, era como una especie de tirana, una adorable y escandalosa tirana. Feliz se dejaba gobernar por ella.
En el tiempo que estuvo viviendo con ella, fue como un escape de su realidad, todo lo que una vez se le enseñó, con ella no fue necesario, no peleo, no mato, no gobernó su planeta, estuvo como sirviente de aquella mujer, sí, porque eso consideraba que fue, aquella loca intrépida hembra lo dominó por completo, lo obligaba a acostarse con ella, siempre lo abrazaba, y muchas veces se metió en su bañera.
En ese tiempo solo se escandalizó por lo molesta que le resultaba, le quitaba su privacidad, con los días que pasaron, terminó por resignarse, no tenía caso pelear con ella, siempre ganaba. La vio desnuda en reiteradas ocasiones, era una chica desinhibida, mostraba su cuerpo como si fuera lo más normal, lo ponía incomodo, todas sus actitudes lo ponían sumamente incomodo, era una hembra tan diferente a todo lo que él conocía y conoció. La recordaba siempre, cada cierto tiempo soñaba con ella, con ese tiempo.
Odiaba soñar con ella, despertar y no verla ahí lo hacía sentir solo. A veces se sentía como un loco al pensar en ella, porque… ni siquiera podía comprobar que eso fuera cierto.
Tenía sueños y recuerdos, pero a veces se cuestionaba si eran reales, si no los había inventado, porque estaba eso… los hechos.
Vivió con ella meses… no supo exactamente cuántos, cuando le dijo que debía irse, ella le sonrió y le dijo que se cuidara, pero que no volviera.
Aunque eso le deprimió, ignoro ese sentimiento por completo, y ella lo dejó marcharse con una sonrisa en su rostro. Cuando salió de la atmosfera, y se dirigió a su planeta natal, creyó que lo castigarían, que incluso le quitarían su título, pero no fue así, ¿Por qué le quitarían su título por desaparecer cuatro días?...
Era eso lo que le hacía pensar que todo fue mentira, una ilusión, un sueño, algo que su mente inventó. Solo desapareció cuatro días… el tiempo de viaje de ida y vuelta. Pero su mente y recuerdos le decían que estuvo meses en ese planeta, con esa mujer.
Dejó de pensar en ella por lo mismo, los hechos hablaban por si solos, no podía debatirlos, se sentía un loco pensando en ello. Recordando algo que no pasó, soñando con alguien que no existió.
Sintiéndose acompañado por un recuerdo falso. Sin embargo, estaba ahí, su mente distorsionada insistía en recordarla, insistía en sacarla a colación cada vez que estaba solo.
Se volvió enfermizo recordarla cuando ya era un hombre, sus memorias hacían reaccionar su cuerpo, creyó vivir con ese fantasma siendo un niño, acordarse siendo un hombre, hacía las cosas muy diferentes, antes terminaba pensando si ello había sido real, después, cuando su sexualidad había despertado, se sentía un enfermo mental recurriendo a ella para su propio placer. Inventándose escenas con él siendo adulto.
Sentía que perdía la cordura, ¿quién iba a pensar que el príncipe de los Saiyajin estaba obsesionado con una mujer imaginaria?, se reía de sí mismo ante sus pensamientos, después de maldecirse, de culparse, de aborrecerse, se burlaba. La situación ya parecía broma.
Jamás habló de ella con nadie, intentó investigar muchas veces sobre su planeta, pero no existía. Ni en los registros de su antiguo planeta, ni en los de Freezer. Las coordenadas que ingresó aquella vez no arrojaban a ningún planeta. Esos números los había aprendido de memoria. Jamás los olvidaría, como todo lo que se trataba de ella.
Aunque toda la evidencia corroboraba que estaba loco, no dejaba de creer que era real, y no creía tener nada para convencerse, para decirse así mismo que no lo había inventado. Que ella era real, que ella lo quiso. Que ella lo cuidó.
Estaba detestando la idea de tener vacaciones, sin nada que hacer tendría más tiempo para sentirse miserable. Eso no era sano, había dicho a sus soldados Saiyajin que saldría, pero ¿A dónde iría? No tenía donde ir… ¿o sí?
Podía averiguarlo… ahora tenía tiempo, ahora podía verificar si ese planeta existía, si ella existió, si ella… si ella todavía estaba ahí.
No lo pensó más y dio aviso al encargado de las naves que tomaría una y saldría, como el emperador había dado permiso a los Saiyas para salir a relajarse, no le pusieron problema alguno.
Ingresó las coordenadas y esperó paciente para ver qué información arrojaba, después de unos minutos, comprobó que en unos tres días llegaría a su destino, sonrió triunfante, en caso de que no existiera, se demoraría otros tres días en volver y así, no tendría mayores inconvenientes en OIC.
Programó el control de hibernación para que lo despertara cuarenta minutos antes de llegar, cerró los ojos y se dejó dormir por el gas somnífero.
Flash Back
Ya estaba harto de esa mujer, no lo dejaba solo nunca y para variar, siempre molestándolo o tocándolo, estaba hastiado.
A pesar del tiempo que vivían juntos, no preguntó su nombre, aunque moría de ganas, siempre intentó mantener su estampa de príncipe orgulloso, por lo poco que pudo analizar de la chica, era astuta, no se le escapaba detalle alguno, sentía que jugaba con él, con su mente.
Jamás vio algún otro ser viviente, eso lo perturbaba, nunca la vio cocinar, sin embargo siempre había comida suficiente para ambos, preparada y servida, la muchacha no hacía nada productivo durante el día, todos los días eran así, peleas porque lo dejara en paz, que no lo tocara, insultos por parte de él, y cariños por parte de ella.
Nunca más volvió a ver esa faceta fría, siempre estaba alegre, y los días en ese planeta eran iguales a ella, cálidos y tranquilos, siempre soleado y agradable.
Ella se dedicaba a jugar con cualquier cosa, era como convivir con una niña de cuatro años, o eso creía, nunca vio a otro niño que no sea saiyajin, pero sabía que la crianza era diferente, ellos se comportaban como guerreros, no como niños, ella… ella se comportaba como una niña, pero no lo era, su cuerpo no era de una niña, pero ella actuaba como tal, perseguía bichos, saltaba piedras, a veces le pedía que jugaran juntos, cosa que él se negaba rotundamente. La veía imaginar situaciones riesgosas, como que la perseguía un monstruo, o que caminaba por una cuerda floja, situaciones infantiles.
Él no sabía nada de ella, en cambio, ella parecía saber todo de él, sabía que era el heredero de Vegetasei, ya sabía su edad y porque estaba ahí. Pero él, no sabía en qué planeta estaba, no sabía cómo se llamaba, que edad tenía, que hacía ahí, quien era o que era, porque su especie no la conocía, porque no habían registros de ese lugar, porque estaba sola en ese planeta… no sabía nada de ella. Y eso lo fastidiaba.
Ella jamás hablaba de ella, solo vivía el día a día, y su día a día se enfocaba en sacarlo de quicio, incluso en las noches… siempre se colaba en su cama, primero eran peleas por ello, pero no sacaba nada, ella se salía con la suya todo el tiempo, se resignó a compartir su espacio incluso por las noches, lo buscaba y lo abrazaba y dormía junto a él toda la noche, después, con el tiempo, él también respondía esos abrazos, pero solo una vez que ella se dormía, le costaba admitir que le empezaban a agradar esos contactos.
Intentó negar que se sentía cómodo con ella, decidió que eso no podía seguir así, debía irse y una noche se lo dijo a ella.
El rostro de la chica le reflejó una sonrisa, pero sus ojos se veían tristes. Esa noche se acostaron en silencio, sin peleas, ni nada… un ruido por la madrugada lo hizo despertar, era agua, agua que caía, estaba lloviendo, en todo el tiempo que estuvo en ese lugar, jamás llovió, y ahora llovía a cantaros. No lo podía creer, por primera vez variaba el clima, sintió a la chica moverse entre las cobijas, daba pequeños saltos y se encogía a ratos.
Se rió mentalmente pensando que le temía a las tormentas, hasta que la escuchó quejarse. Estaba llorando, lloraba en silencio. Quiso preguntarle qué le pasaba, pero su orgullo no se lo permitió.
Se sentía mal, jamás la vio triste, y ahora parecía que ella y el planeta lo estaban, no dejaban de llorar. Se acercó a su cuerpo y la abrazó por detrás, apretó fuerte su agarre cuando la chica dejó de llorar, ella se volteó y lo abrazó.
Se quedaron así, ambos abrazados y despiertos, le acarició el cabello consolándola, hasta que se durmió.
Al día siguiente estaba nublado y con niebla, caminaron en silencio hasta llegar a la nave del chico.
Abrió la puerta y esta vez sí respondió el aparato, se encendió y comprobó que todo estaba en orden. Salió un momento para despedirse de la chica, la vio de pie, con esas ropas extrañas que cambiaba todos los días, de todos los colores y con diferentes diseños, con mangas anchas y largas, que no servían para luchar, solo eran estorbosas.
Ella le sonreía, pero sus ojos estaban melancólicos.
-cuídate príncipe enano-le sonrió, el niño no mostró expresión alguna, su cuerpo no respondía, no quería irse, pero su mente lo obligaba a entrar en razón-promete que te cuidarás-hablo calmada
-que promesa más absurda-se burló, ella se acercó y agachó a su altura, besó su frente y le acarició la mejilla-¿nunca dejarás de ser tan fastidiosa?
-jamás-le sonrió-cuídate…. Y no vuelvas-musitó despacio, el chico se sintió confundido, se separó de ella y caminó sin voltear a verla, se subió a su nave y partió. No quiso verla. Antes de que su nave saliera de la atmosfera, vio como unas gotas de agua la golpeaban, volvía a llover…. Quizás había empezado el invierno en ese extraño planeta.
Cerró sus ojos y se entregó al sueño inducido.
Fin del Flash Back
Abrió sus ojos lentamente, el gas para despertarlo estaba esparcido por toda la minúscula nave, miró por la ventana y comprobó que no había nada, pero que en el panel salía que estaba por aterrizar.
No sabía si aquello era bueno o malo, la primera vez fue así. Sintió su cuerpo ansioso, estaba nervioso de verla otra vez. Quería convencerse de que sería así. Que ella estaría ahí…
¿Cómo estaría ahora? Tendría unos 37 años aproximadamente, ¿ahora si se dejaría llamar vieja? No pudo evitar sonreír ante eso.
¿Y si estaba casada y tenía hijos?... esa idea se coló en su pecho y la inquietud lo invadió.
Debía calmarse, no podía esperar que ella estuviera ahí para él, la principal idea de ir a ese lugar, era comprobar que no estaba loco. Si ese planeta existía, podía asegurarse que todo lo que vivió cuando tenía cinco años fue real. Pero no podía negar que esperaba encontrarla sola, en esos doce años había crecido un profundo deseo por ella, y su orgullo de hombre, insistía en dar un paso más allá con esa misteriosa mujer.
La esférica nave inició el aterrizaje y esta vez no quiso perderse segundo alguno, estuvo atento al ingresar en la atmosfera de aquel extraño planeta, pero lo que vio lo dejó extrañado. Había una profunda capa de nubes negras, de tormenta pudo deducir, llovía con intensidad, cuando la nave tocó tierra firme, salió rápidamente.
El ambiente lucía abandonado, no era como lo que recordaba, se sentía satisfecho por comprobar que sí existía ese planeta, pero era totalmente diferente, estaba atravesando un profundo invierno, los árboles se veían sin hojas y escuálidos, sin vida, el agua caía torrencialmente, mojando su escultural cuerpo y empapando su cabello, que a pesar de todo lucía en su lugar, desafiando la ley de gravedad.
Encendió su scouter y nuevamente no registró ningún poder de pelea ni ser viviente. Elevó su ki y voló a suficiente altura para observar con detalle el lugar en que se encontraba.
Recorrió un par de minutos, observando, intentando buscar alguna señal de vida, algún signo de que ella estaba ahí. Pudo reconocer la pradera en que antes estaba la casa de ella.
Pero, ahora no había nada. Era como si nunca hubiera existido una casa en ese terreno. Cerró sus puños con fuerza, no podía entender, si el planeta existía ¿Por qué ella no? Quizás se había ido…
Dio la vuelta lentamente, pretendiendo alejarse paulatinamente, se sentía abrumado, más confuso que antes, miraba el suelo mojado con pesar, eso no era lo que él quería encontrar, siempre tuvo presente que podía hallar cualquier cosa, pero no quería asumirlo, no quería asumir que no la volvería a ver.
-te dije que no volvieras enano-detuvo el paso al instante, su corazón latió con fuerza, era su voz… volteó lentamente, temiendo que aquello fuera producto de su imaginación, la lluvia caía torrencialmente le dificultaba la vista, al darse la vuelta, ahí estaba ella.
Pero quedó más sorprendido aún.
