Los personajes no me pertenecen, son propiedad de la maravillosa Stephenie Meyer. La historia es fruto de mis locuras...


Mi cielo, creo que estas en clase. A que no adivinas que día es hoy, 20 de Junio! Mi vida, feliz, feliz, feliz cumpleaños. Te deseo lo mejor, que tus sueños se hagan realidad

Recuerda la cena en casa de tus padres.

Te quiere,

Bella

Enviar el mensaje, listo. Ahora, a segur con la lista; organizarme, ir al instituto, recoger el vestido, ir por el regalo, ir a casa de los Cullen, celebrar el cumpleaños de Edward… y, por su puesto, llamarlo y enviarle mensajes todo el día; sin pasarme de cansona, claro. ¿Qué me falta? ¿Qué me falta? ¿Qué me falta?... Estoy completamente –o casi completamente- segura de que algo se me esta pasando por alto. Pero, quien se acuerda de cosas pequeñas cuando algo más grande ocupa toda su mente: Edward.

Estaba tan feliz, Edward y yo llevábamos casi seis meses de novios, los cumpliríamos en diez días. Los tenía contados. ¿Cómo no hacerlo? Esto era por mucho lo mejor que me estaba pasando… Aunque claro, solo habíamos estado juntos los últimos tres meses, o casi completamente juntos. Sucede que Edward había estado tres meses en España, profundizando su español, para poder colocar en práctica un proyecto en el que había estado –y aún esta- trabajando. Esos meses no fueron los más agradables, pero tampoco llegan a estar en la categoría de: los peores. Digamos, mejor, que fueron poco menos que horribles…

Empezando por el hecho de que justo iniciaba el ultimo año de instituto, que incluía junto con el currículo y las materias: compañeras nuevas, nuevas materias, más horas de clase, más trabajos y menos tiempo libre –menos cada día-; situaciones que de por sí ya eran algo bastante más que malo, por no decir más. Y teniendo en cuenta todas las responsabilidades y actos sociales que implicaba ese último año… bailes, proyectos, tesis, prácticas… aún no he podido decidir cual de todos es peor, cual es más pasable y cual aborrezco en mayor medida.

Y terminado, como no, por el hecho de tener a tu novio al otro lado del mundo, a miles de quilómetros de distancia. Y no es que esté haya sido el mejor momento para ello –de hecho, no creo que exista un momento correcto para estar lejos de la persona amada-, un momento nada propicio para ponernos a prueba, ¡estábamos empezando!, cómo se les ocurre –a él y al destino, la vida… o lo que sea que decida sobre nosotros-, no había motivo alguno para forzar al amor, no aún, no cuando no se ha expresado totalmente. No éramos fuertes. Ni él, ni yo, ni el amor… y mucho menos la confianza. Claro que hablábamos constantemente y nos enviábamos mensajes y correos, además de hablar por video llamadas, cuando era posible.

Pero, aunque no había motivos claros, hay cosas que hacen que uno desconfié. Cuando unos novios recién comienzan y llegan chismes, el noviazgo no prospera… Si, leo libros de autoayuda. Me había pasado algo aún peor –o eso pensé-, yo escuche, aunque no podría probarlo, que Edward hablaba con una muchacha y bueno… no fue grato escucharlo.

Flashback

Era un día soleado, demasiado caluroso para mi gusto, había estado en clase desde las 8 de la mañana y a penas íbamos por las dos de la tarde; al tiempo le estaba dando por pasar tremendamente lento hoy. A mi pesar, la jornada termina a las siete de la noche… o después, ahora no puedo pensar en eso. Por lo que aún me faltan unas cinco o seis horas antes de poder salir y llamar a mi novio. Edward, esta en España, desde hace dos meses y hasta el próximo, lo extraño mucho y no puedo esperar más, ya había tenido suficiente con la interminable mañana…

A penas comenzó el descansó lo llame.

-Hola, cariño

-Hola, cielo –saludó cortésmente, aunque note que estaba algo raro. No el di importancia-¿Cómo te ha ido?

-Bien, pero no he podido dejar de pensarte, así que no va bien mi nivel de concentración en clase. Te extraño mucho. No puedo esperar más, quiero que regreses.

-Yo tampoco puedo esperar para volver… -su voz no sonó muy convincente.

-Dime que pronto volveré a verte, lo más pronto que sea posible. Necesito que lo digas, dame fuerzas, un beso no vasta para que el tiempo no me arrebate tu existencia…

-¡Quiero que me beses! –me interrumpió la voz de una mujer- ¡lo quiero locamente! I love you… ¡kiss me! Please, please, please…

-¡En español! –tronó un hombre, de forma cariñosa- ya que, ven aquí…

Nunca sabré con certeza si esa voz varonil era la de Edward o no. Sólo sé que comencé a llorar en el preciso instante en que la escuche… lloré, lloré y lloré. No se como, pero farfulle un débil Adiós, te quiero…, pero estoy segura de que lo hice. No pude pensar con claridad –la duda me nublaba totalmente-, no sé que paso con mi celular, con mi vida, con las clases… todo se esfumo de mi mente, tan rápido como puede esfumarse una sonrisa y ser reemplazada por el llanto.

Lo ultimo que recuerdo es que mi mejor amiga me abrazaba e intentaba consolarme, luego solo hubo llanto, lagrimas, tristeza, dudas, soledad, vacio…

Fin Flashback

Llanto, llanto, llanto y… más llanto. Recuerdo que ese día llore hasta bien entrada la noche. Fue patético. No por el hecho de llorar, si no por el motivo de ello. Aunque, claro, si hubiese esperado unos minutos más puede que no llorara en lo absoluto, incluso pude haberme reído, es una buena teoría. Excelente, de hecho. Pero no espere, simplemente no lo hice. No tuve elección, yo no decidía en ese momento, no en ese preciso instante. O sí, tal vez si, pero no me percate de ello. Sólo me di cuenta de la agonía que sentía. Mi mente me jugo una malla pasada –un retazo de conversación y comenzó a imaginar de mil maneras, cada una peor a la anterior, la escena que estaría protagonizando mi novio y cualquier otra tía, allá donde yo no podía saber que pasaba realmente.

¿Celos? ¿Inseguridad? Lo primero no me gusta admitirlo, pero lo más probable es que sí, que yo tuviera celos en ese momento. Lo otro… sólo se que no tenia como estar segura, ni remotamente… o, para ser simples y francos a la vez, no quería estarlo. No quería ser segura. Necesitaba convencerme de que era insegura, quería y pretendía a toda costa –y lo lograba, a fuerza de tirones y dolores, pero lo hacia- , pensar que sin Edward no podía ser feliz… Y quien sabe! Puede que fuera cierto; hay tantas posibilidades de que si como de que no.

Pero bueno, de los errores se aprende; con las debilidades uno se fortalece; de las cenizas se surge… etcétera, etcétera, etcétera. Mucha palabrería, sacada de demasiados libros de autoayuda, escritos por gente que la necesitaba tanto que escribió paginas y paginas inspiradas en sus propias pesadillas personales… libros que amé, que me ayudaron y que dicen y decían toda la verdad. Aunque la verdad que encontré en ellos también pude haberla hallado en mi misma, sólo que me es más fácil leer un trozo de papel sobre lo que otro ha descubierto de si mismo; que buscar en mi interior, devanándome los sesos, para obtener el mismo resultado.

Si, ¡que viva la comodidad!

Así como en aquel momento era más cómodo llorar que escuchar… o no, mejor no pensar en ello.

Edward, mi caballero de la brillante armadura, intentó por todos los medios que encontró y de la forma más insistente de la que fue capaz, explicarme las cosas y aclarar el mal entendido. Yo, terca como una mula, estuve una semana –o más-, sin leer su correspondencia, ni virtual, ni material. Simplemente, el orgullo tenía luz verde para hacer con mi vida y mi relación lo que a él le pareciera mejor…

Y, a decir verdad, si por mi hubiera sido, nunca habría leído ningún mensaje suyo; o no en el momento oportuno, claro. Fue Alice, esa maravillosa enana, la que se tomo el atrevimiento de leer todos y cada uno –uno a uno, subrayando lo que creía que me haría reaccionar-, de los mensajes, cartas, tarjetas… todo lo que Edward había enviado luego del dichoso infortunio. Ahora –y sólo ahora-, puedo agradecerle a esa entrometida por haber hecho eso.

Para resumir un poco la historia: soy una completa IDIOTA, en mayúscula si cabe. En serio. Aquella voz no era la de Edward, era la de Emmet, el novio de Rosalie, dos amigos que había hecho allá. Resulta que por casualidad –y de casualidades está llena la vida-, ella estaba hablando, o más bien bromeando, con su novio en ese momento y justo cuando yo había llamado a Edward ellos pasaron por el lado de él. Y estaba nervioso por una bobada: no me había llamado esa mañana y temía que estuviera enojada con él… yo ni me acordaba de haber acordado eso. Pues bien, fue un gran lio solo por una pequeña, casi minúscula, estupidez.

Así que, dejando de lado mi estupidez, debería irme al colegio. La lista del orden del día de hoy es sagrada. Tengo que seguirla punto por punto, aunque, conociéndome, no sé si lo logré… Espero que si, me demore mucho haciéndola y revisándola para que no faltará nada…

¡Mierda! ¡Mierda y más mierda! Yo sabía que había pasado algo por alto, o mejor dicho, que no había hecho algo: las tareas…


Algo corto, lo sé... Prometo que los próximos serán más largos y mejores.

Espero que sean capaces (yo sé que si) de entender quien esta hablando, no es que me guste mucho especificarlo... Pronto subiré la portada, estén pendientes. Haré todo lo posible por subir cada semana un capitulo, si una semana no me reporto, lo más probable es que en la siguiente suba dos capítulos juntos.

Solo les pido una cosa: tenganme paciencia.

Nos leemos!

Besos :*