Chicos 7u7 gracias por sus bellos comentarios. Perdón por tardar en actualizar.
LA CARRETERA
Capítulo 2
Una fuerte palmada en cada mejilla la trajo de regreso después de un rato. El dolor punzante de la cabeza era difícil de ignorar, pero Rukia hizo un esfuerzo para concentrarse en abrir los ojos, encontrándose con aquella luz blanquecina y cegadora del sótano.
Lo primero que notó al tratar de moverse fue que estaba amarrada de pies y manos, pendiendo de un gancho para carne a treinta centímetros del suelo. Se sacudió para tratar de zafarse, pero no lo logró. Aquel nudo era imposible, como hecho por un marinero…o por un loco psicópata como el que tenía enfrente.
Grimmjow sonrió cuando se encontró con la mirada de Rukia. Estaba sentado en la silla y sus pies descansaban sobre la mesa de madera en forma rectangular, sobre la cual no había absolutamente nada. Estaba fumando y sacaba el humo por la nariz y la boca, sosteniendo el cigarrillo entre los dientes. Luego de varias caladas lo tiró al piso y lo apagó. Se acercó a Rukia y le sopló el humo en la cara.
-Bien, ya estás despierta.
Rukia tosió un par de veces pero no respondió, aunque no sabía si lo que la tenía sumida en aquel mutismo era la ira o el miedo que sentía en ese momento. Un escalofrío recorrió su espalda al girar la cabeza y ver nuevamente aquel espacio que la había perturbado en un inicio. El sótano era un lugar grande, que abarcaba al menos la mitad de la base de la casa. En las paredes había algunos estantes con frascos, herramientas y refacciones de autos. En una de las esquinas había una silla de madera con alambres atados al reposabrazos y a las patas, y justo alrededor de ella había una mancha de sangre seca que corría hasta la coladera. El olor era asqueroso y el calor se acumulaba alrededor de sus miembros como una niebla venenosa que no la dejaba respirar ni concentrarse.
Ichigo, que pendía a su lado en las mismas condiciones que ella, levantó la cabeza e hizo una mueca de dolor. Rukia vio con angustia que tenía sangre en la frente, seguramente de un golpe que Grimmjow le había dado para dejarlo fuera de combate.
-¿Estás bien? –susurró Rukia.
Ichigo no respondió. Sus ojos se llenaron de ira cuando reparó en Grimmjow recargado en la mesa. Empezó a forcejear con sus amarres, lo que hizo que sus muñecas y tobillos se enrojecieran.
-Grimmjow, ¿qué demonios es esto?
Grimmjow sonrió de lado por la reacción, ya esperada, de Ichigo. No podía negar que eran una pareja interesante, del tipo que se complementaba. Rukia era la calma, la razón y la prudencia, mientras que Ichigo era impulsivo y violento.
-Déjanos ir en este momento –rugió el pelirrojo-. Esta estúpida broma ya llegó muy lejos.
Sin decirles ni una palabra, Grimmjow se dio la media vuelta y salió del sótano, no sin antes apagar la luz, dejándolos en absoluta oscuridad.
-Rukia, ¿estás bien?
-Sí, ese loco me aventó por las escaleras, pero no tengo nada. ¿Y tú?
-Me golpeó con la maldita llave inglesa. Tengo la cara pegajosa, ¿es sangre?
-¿Qué vamos a hacer?
-No tengo idea, ¿por qué está haciendo esto? ¿Lo hiciste enojar?
-¡No! Bueno, entré y vi el sótano cuando ustedes estaban allá afuera, pero le pedí disculpas.
Ichigo dejó salir un bufido.
-Sí, bueno, en ese momento yo ya estaba inconsciente.
Hubo un minuto de silencio, sólo interrumpido por sus pesadas respiraciones y el sonido del gancho contra el metal cada que Ichigo se movía.
-¿Puedes ver algo? –preguntó Rukia forzando la vista, sin éxito.
-Nada –respondió Ichigo con angustia-. Tal vez quiere dinero.
Rukia soltó una risa amarga.
-Eso hombre no quiere dinero. ¿No viste la silla y la sangre en el piso? Está haciendo esto porque está loco.
-Tal vez podamos hablar con él, hacer un trato.
-Ichigo, está loco. Piénsalo bien, no tiene motivos para dañarnos y aun así lo está haciendo. Apostaría mi vida a que tiene instrumentos de tortura guardados en esas cajas.
-Estoy tratando de evaluar nuestras opciones, ¿sí?
-La única opción es escapar.
-¿Y cómo piensas…?
La puerta del sótano volvió a abrirse y ambos se callaron. Grimmjow encendió la luz y volvió a sentarse frente a ellos, en silencio. Luego de unos segundos arrojó un juego de llaves a la mesa. Eran las llaves del auto de Ichigo.
-Ya quedó listo el radiador.
Ichigo abrió los ojos con sorpresa. ¿Quería decir acaso que…?
Grimmjow sonrió de lado como si le hubiera leído el pensamiento y se recargó con los codos en la mesa.
-No, eso no significa que pueden irse. Todavía no me han pagado.
-Mi billetera está en mi bolsillo trasero, toma lo que quieras –exclamó Ichigo.
-No quiero tu dinero.
-¿Qué es lo que quieres entonces? –preguntó Rukia fulminándolo con la mirada.
Grimmjow sonrió y se puso de pie para acercarse a Rukia. Caminó alrededor de ella y pasó su dedo índice por su pierna derecha, causando que la morena se estremeciera por el contacto.
-Grimmjow, escucha, no tienes que hacer esto –suplicó Ichigo al adivinar lo que venía a continuación-. Nos iremos de aquí y nunca más tendrás que volver a vernos. Si hicimos algo que te ofendió…
-No recuerdo cuándo fue la última vez que una chica tan linda terminó aquí –lo interrumpió Grimmjow-. En su mayoría son hombres gordos y sudorosos, gente de paso. Y aunque admito que no soy del tipo "depredador sexual", creo que podría hacer una excepción.
Ichigo se removió nervioso en sus amarres cuando Grimmjow acarició las piernas de Rukia en ascenso, deleitándose con su suavidad y su blancura. La ira se acumuló en su interior poco a poco y al final no pudo contenerse y empezó a insultarlo porque no podía hacer nada más en el estado en el que se encontraba.
-¡Maldito bastardo! ¡Quítale las manos de encima o te voy a matar, asqueroso…!
Ichigo dejó la frase a la mitad al escuchar el motor de un auto. Era poco probable, pero no imposible. Alguna persona que iba de paso, tal vez se había detenido por gasolina, a pedir indicaciones, por algo de la tienda de conveniencia…
-¡Ayuda! –Gritó Rukia de pronto-. ¡Auxilio! ¡Estamos en el sótano!
Grimmjow sonrió y se alejó de Rukia. Volvió a salir del sótano esta vez sin apagar la luz y cerró la puerta. Unos segundos después la música ensordecedora de rock pesado se oía por toda la casa hasta la calle. Los gritos de auxilio de Rukia fueron ahogados, por lo que la persona que se había detenido afuera no podría escucharlos.
-¡Maldición! –Gritó Ichigo para hacerse oír. Empezó a moverse con más insistencia hasta que luego de un minuto logró zafar el gancho del tubo. Cayó con un ruido sordo sobre el piso y se le salió el aire por el golpe. Se incorporó poco a poco y empezó a desatar sus pies.
-¡Date prisa! –Urgió Rukia.
La música se detuvo de pronto y ambos voltearon a ver la puerta, pero ésta no se abrió. Ichigo volteó a su alrededor y sus ojos se detuvieron en una escopeta que estaba hasta arriba de un estante. Corrió a tomarla y se giró justo cuando apareció Grimmjow.
Ichigo le apuntó directamente y Grimmjow se congeló en su lugar. Su mandíbula estaba tensa y sus ojos viajaban de Ichigo a Rukia y viceversa.
-No eres tan rudo ahora, ¿o sí? –se burló el pelirrojo.
-Ichigo, dispárale para que podamos irnos –dijo Rukia en un susurro.
Grimmjow empezó a bajar los escalones lentamente, Ichigo retrocedió un paso pero no bajó el arma.
-No te acerques más –sentenció.
Sus palabras fueron ignoradas. Grimmjow se quedó al pie de las escaleras con una expresión indescifrable, como esperando que el pelirrojo hiciera su siguiente movimiento. A decir verdad, parecía aburrido.
-Dispara –repitió Rukia con un hilo de voz.
Ichigo jaló el gatillo y se oyó un chasquido. La recámara estaba vacía.
-¿Alguna otra brillante idea? –preguntó Grimmjow.
Ichigo corrió hacia Grimmjow para derribarlo pero éste fue más rápido y sacó un cuchillo que llevaba a la espalda, metido entre el cinturón y la playera. Sin pensarlo dos veces se lo arrojó al pie izquierdo con tal habilidad y fuerza que le perforó el zapato. Ichigo cayó al suelo en una agonía insoportable; gritó de dolor y se agarró la pierna.
-¡Ichigo! ¡No! ¡Ichigo! –gritó Rukia.
Grimmjow se acercó a Ichigo y le dio dos golpes en la cara que bastaron para aturdirlo. Arrastró su cuerpo al lado de Rukia y volvió a atarle las manos, no sin antes forcejear con él. Rukia vio la fuerza que tenía cuando los músculos de sus brazos se tensaron y levantaron a Ichigo sin mucho esfuerzo para volver a colgarlo en el tubo. Tomó el cuchillo por el mango y lo retorció sin piedad.
Ichigo gritó de dolor y su cuerpo se estremeció. Rukia se movía sin poder zafarse del gancho, ciega de impotencia por no poder hacer algo para ayudarlo. Finalmente Grimmjow sacó el cuchillo de un tirón y lo arrojó a la mesa. El tenis se manchó de sangre y empezó a gotear, no tardaría demasiado en formar un charco debajo, lo cual hablaba de la gravedad del asunto. Ichigo estaba pálido y una capa de sudor cubría su rostro y su cuello, también respiraba agitadamente.
Grimmjow se quedó de pie observándolo, como pensando si debería hacer algo al respecto. Acto seguido se acercó a uno de los estantes que había a su alrededor. Abrió una caja de metal y empezó a sacar algunas herramientas entre las que figuraban algunas pinzas de distintos tamaños, una sierra y un martillo. Puso todo sobre la mesa y volteó a ver a Rukia antes de acercarse nuevamente.
-¿Qué debería hacer, Rukia? ¿Le corto el pie, le cauterizo la herida o la suturo? Te pregunto a ti porque tu novio está agonizando de dolor y no parece que vaya a responder.
-¿Qué importa? De todas formas nos vas a matar –escupió Rukia con odio.
-Todavía no.
Grimmjow se acercó a otro estante y tomó un botiquín de primeros auxilios que arrojó a los pies de Rukia. Sujetó el gancho que la mantenía suspendida y con una mano lo desmontó del tubo. Rukia cayó al piso y se incorporó lentamente.
Grimmjow se agachó a su lado y le quitó la soga de las manos y de los pies, retrocedió unos pasos y se sentó en la mesa.
-Cura su herida –ordenó.
Rukia tomó el botiquín con manos temblorosas, sabiendo que cada segundo que dejaba pasar, Ichigo iba perdiendo más sangre. Se arrodilló a sus pies y le quitó el tenis con todo el cuidado que fue capaz. Sacó el alcohol para desinfectar la herida, lo cual sólo empeoró el dolor.
Grimmjow se levantó y tomó un fuete que había colgado en un clavo. Tomó el cuchillo de la mesa y rasgó la playera de Ichigo para descubrir su espalda. Rukia se quedó inmóvil.
-Vamos a hacer esto más interesante –exclamó Grimmjow-. Cada tres segundos voy a golpearlo en la espalda hasta que termines de suturar su herida, eso agilizará un poco las cosas.
-No, por favor…
-Y lo mejor de todo es que tú vas a contar conmigo. ¿Hecho?
-Grimmjow, por favor…
-Comenzamos. Quiero oírte contar.
Rukia ahogó un sollozo y se apresuró a ensartar el hilo en la aguja para comenzar la sutura.
-Uno –susurró, las manos le temblaban incontrolablemente.
-Dos –dijo Grimmjow.
Rukia cerró los ojos.
-Tres…
El primer golpe hizo que Ichigo se sacudiera y gimiera de dolor. Rukia enterró la aguja en la carne y la volvió a sacar.
-Uno –repitió Grimmjow jugando con el fuete entre los dedos.
-Dos –dijo Rukia jalando el hilo empapado en sangre.
-Tres –el golpe llegó al mismo tiempo que el número. Ichigo gritó de dolor y volvió a retorcerse.
Rukia dejó la delicadeza a un lado y empezó a coser la herida de manera irregular. Se dedicaba a jalar el hilo y a enterrar la aguja con el único fin de unir la carne separada y hacer que la herida dejara de sangrar.
-No te escucho –demandó Grimmjow.
-Uno –exclamó Rukia en automático.
-Dos.
-Tres.
Grimmjow descargó otro golpe en la espalda de Ichigo.
-De nuevo.
Rukia cortó el hilo y empezó a ponerle la venda alrededor del pie. Era lo más que podía hacer por él en ese momento.
-¡Uno! –gritó Grimmjow.
-Dos…
-¡Tres!
-¡Terminé! –exclamó Rukia.
Grimmjow se detuvo antes de golpear a Ichigo y sonrió.
-Bien, eso fue impresionante. Admito que hubiera sido más rápido y efectivo cauterizar la herida, pero entonces ¿dónde quedaba la diversión?
Rukia no respondió. Trataba de controlar el temblor en su cuerpo y de deshacer el nudo en la garganta. Grimmjow se agachó a su lado para volver a amarrarla, y por fortuna para la morena, no vio la hoja de afeitar que se guardó en la mano, la cual había tomado del botiquín de primeros auxilios. Se dejó amarrar y colgar nuevamente, su mirada perdida en el suelo.
El cuerpo de Ichigo colgaba inerte a su lado, se había desmayado de dolor. Rukia no podía ver las heridas de su espalda, pero esperaba que no fueran muy graves. Grimmjow recogió las cosas del suelo y las acomodó en el estante antes de sentarse en la silla nuevamente. Rukia observaba sus movimientos con una mezcla de odio y pavor. ¿Cuántas veces había hecho lo mismo? Algo le decía que no eran los primeros en quedar varados en esa estación de servicio, y si no lo detenían tampoco serían los últimos.
-Supuse que sería demasiado para él –dijo Grimmjow señalando a Ichigo con la cabeza-. Pero tú estuviste muy bien, se nota que sabes trabajar bajo presión –subió los pies a la mesa y se recargó en el respaldo de la silla, sacando un cigarrillo en el acto-. ¿Fumas?
Rukia no respondió. Estaba concentrada en transmitirle todo su odio con la mirada para que supiera que nunca lo perdonaría por lo que les había hecho, y que lo haría pagar de cualquier forma. Grimmjow sopló el humo hacia arriba y lo contempló mientras se deshacía en el aire.
-Si sigues viéndome de esa forma me temo que no podré contenerme –al ver que no hubo respuesta volteó a ver a Rukia y levantó una ceja-. ¿Te comió la lengua el gato?
-¿Por qué no te vas al infierno?
Grimmjow dejó salir una carcajada que le heló la sangre a Rukia.
-Esa es mi chica –dijo al levantarse, luego se dirigió a las escaleras y le lanzó una última mirada por encima del hombro-. No me extrañes demasiado. Volveré.
Grimmjow apagó la luz y salió del sótano.
Rukia dejó salir el aire de golpe cuando escuchó el cerrojo de la puerta. No podía ver absolutamente nada, pero la respiración de Ichigo le hizo saber que estaba vivo, aunque todavía inconsciente. Y lo siguiente que tenía que hacer era salir de ahí y llevar a Ichigo a un hospital.
Rukia creía que había sido un movimiento arriesgado el apoderarse de la hoja de afeitar, pero bien había valido la pena porque Grimmjow no se había dado cuenta y por lo tanto se trataba de una ventaja significativa. Empezó a cortar la soga no sin algo de esfuerzo y luego cayó al suelo sobre sus pies. Se quedó agachada y aguzó el oído para ver si escuchaba pasos en la cocina que le dijeran que a Grimmjow estaba cerca, pero el silencio era casi sepulcral. Procedió a quitarse la soga de los pies y luego palpó en la oscuridad para encontrar a Ichigo. Se paró de puntillas y empezó a cortar la soga que lo tenía suspendido.
-Te sacaré de aquí –susurró Rukia muy cerca de su oído-, no hagas ruido.
Por fin cortó la soga y el cuerpo de Ichigo cayó al suelo de espaldas, lo que lo hizo lanzar un grito de dolor por las heridas que le había hecho Grimmjow. Rukia le tapó la boca con ambas manos, pidiéndole disculpas desde lo más profundo de su ser por no poder ser más cuidadosa. Le quitó la soga y con su brazo sobre los hombros lo ayudó a incorporarse. El joven estaba tan débil que apenas si podía sostenerse, pero el verdadero problema sería caminar…y correr. Rukia extendió la mano libre y alcanzó la mesa.
-Apóyate aquí –le dijo.
-Rukia...
-No –exclamó Rukia terminantemente, adivinando lo que el pelirrojo estaba pensando-. No pienso irme sin ti.
-Yo lo detendré mientras tú escapas, entonces...
-Ichigo, no voy a dejarte.
Ichigo guardó silencio. Era inútil discutir, no lograría convencerla. No quería quedarse, eso ni de broma, pero se sentía culpable por ser una carga para Rukia y por disminuir considerablemente sus probabilidades de sobrevivir.
-Escucha, tenemos el factor sorpresa. Me voy a esconder detrás de la escalera y cuando Grimmjow baje lo voy a golpear con algo para dejarlo inconsciente, luego…
-No. Es muy arriesgado. Yo lo golpearé mientras tú escapas. Tienes que conseguir ayuda…
-¿No me escuchaste la primera vez? Dije que no me iré sin ti. Voy a salvar tu trasero. No te estoy pidiendo permiso –el tono de voz de Rukia era tan autoritario que a Ichigo no le quedó más remedio que aceptar-. Ahora espera aquí mientras busco algo para golpear a Grimmjow.
-¿Puedes ver algo?
-No, pero no quiero prender la luz.
Rukia se acercó a los estantes con las manos extendidas al frente para no tropezar. Grimmjow tenía una variedad de herramientas allí adentro, así que debía haber algo que le sirviera para dejarlo fuera de combate. Trató de rehacer en su mente la imagen del sótano, pero no recordaba muy bien en dónde estaban las cosas. Encontró algo alargado y pesado, parecía una palanca; quería agarrar algo más letal como un mazo o un martillo, pero no estaba en posición de ser exigente. Grimmjow podría entrar en cualquier momento. Regresó con Ichigo y lo ayudó a acercarse a la escalera para ocultarse. Se quedó de pie a su lado con el fierro en las manos, luchando contra el ligero temblor de sus piernas, contra los latidos en su pecho y el reflejo del vómito.
Los minutos que prosiguieron se le hicieron eternos. Su mente le jugaba sucio, lo cual no hacía más que aumentar su nerviosismo. Estaba a punto de decirle a Ichigo que idearan otro plan cuando la puerta se abrió y el débil haz de luz que se colaba de la cocina iluminó una parte del sótano.
Rukia se quedó muy quieta mientras Grimmjow bajaba los peldaños, lentamente, tomándose su tiempo, haciendo la espera más insoportable, y cuando la luz se encendió corrió hacia él y le dio en la parte posterior de la cabeza con todas sus fuerzas. No pudo noquearlo ni derribarlo, sólo logró que se tambaleara un poco hacia adelante.
Grimmjow, enfurecido por el golpe, se giró hacia Rukia y tomó el fierro con las manos, que se negaba a soltarlo.
-¡Ichigo, corre! –Gritó la morena.
Pero Ichigo tampoco pensaba irse sin Rukia. Se lanzó sobre Grimmjow y lo derribó, lo cual derivó en una lucha en la cual ninguno de los dos tenía mucha ventaja. Sí, tenían el factor sorpresa y eran dos contra uno, pero Ichigo estaba lastimado del pie y la fuerza de Rukia no se comparaba a la de Grimmjow. Forcejearon por la herramienta entre golpes y patadas hasta que Rukia logró darle en la sien. Ichigo lo sujetó del cuello con ambas manos y presionó con todas sus fuerzas hasta que Grimmjow dejó de moverse.
Rukia se alejó unos pasos y se recargó en la escalera, respirando agitadamente y tratando de acompasar sus latidos.
-Tenemos que salir de aquí –susurró Ichigo.
-¿Está…muerto?
Ichigo negó con la cabeza sin saber qué responder y se puso de pie. Rukia se acercó a él y pasó su brazo por encima de sus hombros para ayudarlo a caminar. Era vital comprobar si realmente estaban a salvo, pero la respuesta no lograría satisfacerlos en lo absoluto. Si resultaba que Grimmjow estaba vivo, entonces la pesadilla no había terminado para ellos y para nadie, pero si estaba muerto, los convertía en asesinos.
-Vámonos de aquí –repitió Ichigo caminando hacia las escaleras.
Rukia le lanzó a Grimmjow una última mirada antes de abandonar el sótano. Cuando salieron de la casa ya estaba anocheciendo. La carretera estaba tan desierta como al principio, ni un auto, ni un alma. Estaban solos. El auto estaba estacionado en el mismo lugar, justo detrás del Impala.
-¿Tienes las llaves? –preguntó Ichigo.
-No, ¿tú? Estaban en…la mesa del sótano –respondió Rukia recordando que Grimmjow las había arrojado sobre la mesa antes de sentarse, cuando creyeron ingenuamente que iba a dejarlos ir. Ninguno de los dos podía culparse por no tomarlas, pues la situación era bastante crítica con el psicópata que estaba tratando de matarlos.
-Voy por ellas.
Rukia lo detuvo antes de que diera un paso.
-Será más rápido si voy yo.
-Ni hablar, Grimmjow podría…
Pero Rukia no alcanzó a oír el resto porque ya estaba corriendo de vuelta hacia el sótano. Ichigo maldijo por lo bajo y se acercó cojeando a la puerta de la entrada. El corazón le latía a mil por hora, no podía dejar de pensar un montón de desenlaces en los que Rukia…
Sacudió la cabeza para alejar esas ideas de su mente. Rukia tomaría las llaves y regresaría en cualquier momento, no debía tardarse ni siquiera dos minutos.
Rukia bajó los peldaños lo más rápido que pudo y prácticamente corrió hasta la mesa, por poco tropezando con el fierro que estaba en el suelo y por la poca luz que llegaba de la cocina. Tomó las llaves y entonces un escalofrío bajó por su espalda al darse cuenta de lo que había ocurrido. El cuerpo de Grimmjow no estaba tirado en donde lo habían dejado.
Se giró lentamente hacia las escaleras y ahogó un grito cuando el cuchillo se enterró en su vientre. El dolor de sentir la piel perforada y la sangre manando a chorros de la herida fue demasiado para soportar. Sus ojos se encontraron con los de Grimmjow por unos segundos, como preguntándole por qué estaba haciendo todo aquello. Soltó el aire de golpe y cayó al suelo entre espasmos y temblores, sin poder gritar para advertirle a Ichigo que tenía que irse, sin poder maldecir a Grimmjow por lo que había hecho, sin poder hacer absolutamente nada mientras la vida abandonaba su cuerpo.
Habían pasado más de dos minutos y todavía no había señales de Rukia. ¿Por qué se había entretenido? ¿Acaso...?
Ichigo entró nuevamente a la casa y se encaminó a la cocina cojeando y apoyándose en la pared para no caerse. Todo estaba en silencio, en calma, lo cual no servía mucho para tranquilizarlo. Se asomó a la escalera del sótano y no percibió ningún movimiento.
-¿Rukia? –la llamó en voz baja con las tripas hechas nudo. No hubo respuesta-. Rukia –repitió con voz temblorosa.
Bajó los peldaños lentamente, luchando contra el dolor del pie y contra las imágenes pesimistas que se empezaban a formar en su cabeza. Llegó hasta abajo y lo primero que notó fue que el cuerpo de Grimmjow no estaba, pero lo ignoró casi de inmediato al ver a Rukia tirada en el suelo.
-¡Rukia! ¡Rukia!
Ichigo cayó de rodillas junto a ella y la sacudió del hombro, entonces reparó en la grotesca y sangrante herida de su abdomen. Apretó con ambas manos para que la sangre dejara de salir, sus manos temblaban incontrolablemente, el aire parecía escapársele de los pulmones. Tenía que salir de ahí y llevar a Rukia a un hospital para que la atendieran.
Pero el cuerpo de Rukia estaba inmóvil. Los ojos cerrados, el rostro pálido formando una mueca de dolor que nunca podría sacarse de su mente. Ichigo la abrazó contra su pecho y trató de calmarse, en vano.
Grimmjow.
Él era el culpable, y tenía que pagar por lo que había hecho. Ichigo dejó el cuerpo de Rukia con suavidad en el suelo y se levantó apoyándose en la rodilla izquierda. Se giró para ir a buscar a ese malnacido y matarlo de una vez por todas, pero no alcanzó a dar ni un paso cuando sintió que algo filoso lo cortaba en el cuello, tan veloz como un rayo. Se llevó ambas manos a la garganta para tratar de detener la hemorragia y sus ojos se abrieron desmesurados cuando Grimmjow salió de las sombras todavía con el cuchillo en la mano, el mismo que le había lanzado al pie y seguramente el mismo que había usado para matar a Rukia.
Ichigo quiso decir algo, pero no pudo. Su cuerpo se estremeció y finalmente cayó de rodillas y después boca abajo. Convulsionó un par de veces antes de quedarse inmóvil.
Grimmjow suspiró al ver la sangre corriendo hacia la coladera. Hubiera sido más divertido prolongar el juego y la diversión, pero en cambio tuvo que actuar precipitadamente y matarlos a ambos. Había sido un error subestimarlos, sobre todo a Rukia, quien se había zafado de sus amarres con la hoja de afeitar que tomó del botiquín. Tenía que admitir que aquellos dos le habían dado una buena pelea, y de no haber sido porque olvidaron las llaves de su auto seguramente se habrían escapado, lo cual lo metería en un grave aprieto si lograban contactar a las autoridades. Grimmjow no podría lidiar con una investigación, había demasiados huesos enterrados en su patio trasero; desenterrarlos todos y quemarlos le llevaría un buen tiempo.
Pero no, afortunadamente pudo encargarse de los inconvenientes y salir victorioso, una vez más.
Grimmjow volteó el cuerpo de Ichigo con el pie derecho y contempló la sangre manando de su cuello como una fuente, manchando su playera hecha trizas y formando un charco debajo de su cuerpo. Siempre era lo mismo, terminaba haciendo un desastre que después tenía que limpiar, lo cual era una verdadera molestia.
-La próxima vez seré más cuidadoso –se dijo.
FIN
Ah, qué cosas, siempre termino haciendo de Grimmjow un psicópata pervertido. Creo que esta vez sí tuve que matar a los protas, si se salvaban iba a ser demasiado conveniente y aburrido xD.
Sorry not sorry.
Eso fue todo n.n dejen su review si les gustó, y si no también.
¡Hasta la próxima!
