Pues aquí llega el capitulo II. Gracias por su apoyo y espero que los disfruten. La verdad, me ha sorprendido mucho la buena recepción del fic, me ha dado mucha ilusión. ¡Arigato!
Hinata se despertó como cualquier otro día: tarde. En otra vida debió de tener insomnios esporádicos ya que necesitaba muchas horas de sueño para ser persona. Se estiró perezosamente y acarició a su despertador- su perro Kiba (Sí, usaba a su perro de despertador. Todo el mundo sabe que los perros ienen un reloj interno infalible. Un.)- distraídamente. Abrió los ojos alarmada al ver la posición del Sol ¡Llegaba tarde! Corriendo como una loca, hizo rápidamente sus tareas domesticas dejando a su paso algún que otro desperfecto. No iba a llegar a la cita con la casamentera.
Para atajar se subió a lomos de su caballo, Neji. Era el caballo más rápido de toda la ciudad. De pura raza, de color café con brillos rojizos bajo el Sol y el sello Hyuga en la frente. Tenía un carácter difícil, no aceptaba que lo montara nadie más que Hinata y en ocasiones su padre. Aunque esas ocasiones cada vez fueron más reducidas, debido a las lesiones de guerra de Hiashi y a la edad. A lomos del magnifico corcel, Hinata llegó ligeramente tarde donde Kurenai Yuhii, la patrona de su casa, junto con Tsunade, su abuela materna, la esperaban
Contuvo una mueca al ver sus caras exasperadas y se preparó mentalmente para la tortura que era prepararse para ver a la vieja Utanate. La bañaron, peinaron, maquillaron, vistieron…Estuvieron dos horas puliéndola a fondo para parecer lo más apetecible posible. Su piel pálida ahora era completamente nívea y perfecta. Sus grandes ojos perlados fueron resaltados en negro y sus labios gruesos y llenos estaban coloreados en rojo. Le pusieron un kimono elaborado que contrastaba con su piel. Cuando Hinata se miró en el espejo no le gustó lo que vio.
Había una chica hermosa, con un brillo casi etéreo en ella y una inocencia en su mirada que cautivaba nada más verla. Tenía aspecto frágil, de mujer de porcelana. Incapaz de enfrentarse a la realidad y encerraba siempre en una bonita jaula de cristal donde, a pesar de que la podías ver, ella no veía lo que la rodeaba. Era un objeto más del que presumir. Algo que poseer, inferior, menospreciable. Inútil.
Inmediatamente Hinata apartó la vista de su reflejo, asustándose de la cantidad de resentimiento que la llenó al pensar en si misma como inútil. La aterrorizó la familiaridad del adjetivo. Como si la hubiera acompañado toda su vida, a pesar de no recordarlo.
Acompañada de sus dos hadas madrinas, Hinata partió hacia donde residía la anciana Hotaru Utanate. Por el camino su abuela Tsunade, que tenía un montón de obsesiones poco saludables, como lo era apostar y beber, sacó un pequeño grillo de su bolsa y se lo ofreció a su nieta, diciéndole que era un grillo de la suerte que la había ayudado a ganar dinero en numerosas ocasiones
Hinata lo recibió con una gota en la nuca. Tsunade era famosa por perder siempre que apostaba. Pero no dijo nada puesto que no quería herir los sentimientos de su abuelita. Sin embargo uno no llega a esa edad sin acumular un par de trucos bajo la manga y Tsunade detectó su escepticismo. Con una sonrisa que gritaba travesura- hay algunas cosas que nunca se vuelven viejas- se dispuso a demostrar que, en efecto, el bichito daba buena suerte
Cogió a un joven que pasaba por ahí cerca y con palabras dulces y sonrisas diabólicas consiguió su objetivo. El chico- que no pasaba los catorce años- tenía una venda sobre los ojos y el susodicho grillo en la mano y estaba cruzando a paso tortuga la ajetreada calle de Chikan, una de las ciudades más famosas de todo Hentai por su activo comercio (Monopolizado por los Hyuga, como no). Hinata se temió lo peor.
Un carro de caballos le saltó, el chaval se agachó justo a tiempo para atarse un zapato; una barricada de toneles calló a sus pies y milagrosamente no le golpearon; una caravana- llena de cerdos enormes para vender- volcó y los cerdos liberados corrieron en estampida de tal forma que llevaron al niño sobre sus lomos al otro lado de la calle sin un mísero rasguño.
Tsunade, con aire de suficiencia, cruzó la calle ignorando los destrozos que había causado su magnifico plan y, ante la asombrada mirada de Hinata, le quitó el grillo de las manos al joven. Éste, sin percatarse de lo que ocurría a su alrededor, siguió caminando hasta chocar con la pared, provocando una reacción en cadena en la que el balcón se derrumbaba sobre él, volcado los puestos de comida, que también le cayeron encima, y desequilibrando a un comerciante con una colmena de abejas en camino de extraer su miel para despues comerciar con ella. Como podéis adivinar las abejas también se dirigieron al ya no tan afortunado sujeto
Tsunade, imperturbada ente la situación metió la jaula con grillo incluido entre los ropajes de su nieta y se despidió con un alegre
-Su nombre es Shino
Kurenai, más acostumbrada a las excentricidades de Tsunade, llevó a rastras a la joven Hyuga hasta depositarla en la cola de espera de la casamentera. Con una sonrisa amable se despidió de la joven.
Hinata se quedó ahí, en la cola para que a vieja Utanate planeara su futuro, con la boca abierta ligeramente y los ojos como platos
Y hubiera seguido así, si no fuera por un hermoso- porque no había otra palabra para describirlo- hombre de pelo plateado y ojos de distinto color le sujetar la barbilla y con suavidad se la cerrara, añadiendo
-Ya sé que mi presencia suele causar asombro en las damas más impresionables, -Su tono era bajo, seguro, sexy- pero por favor cierra esa pequeña y adorable boquita que tienes o me veré obligado a cerrártela con un beso
Esta era la primera vez que un hombre tonteaba con Hinata, nadie se atrevía a hacerlo en el complejo Hyuga por la presencia de su padre y en su condición de mujer apenas salía de casa, por ello era normal que Hinata se sonrojara de un fuerte color magenta- afortunadamente opacado por la cantidad de pintura de su cara- y comenzara a balbucear incoherentemente unos segundos.
Luego frunció el ceño con indignación ¡Qué presuntuoso era ese hombre! ¡Y egocéntrico! ¡Y arrogante! Vale que fuera irresistible físicamente, pero no iba a caer rendida a sus pies por ello. Aunque, a juzgar por las miradas asesinas que le estaban mandando el resto de chicas en la cola, ella sería la única que se quedaba de pie.
-Ah- añadió frotando suavemente con sus dedos su ceño fruncido como para disiparlo- En una cara como la tuya sólo tendría que haber sonrisas.- Hinata entrecerró los ojos en furia silenciosa, tragándose su vergüenza y dejando sólo indignación- y no queremos que nos salgan línea de expresión, ¿ne?
-A-anno…-Dijo con timidez maldiciendo su condición natural, parecía que le estaba revoloteando como el resto, presa del hechizo de ese hipnotizante ojo y rojo y ahogada en el pozo sin fondo que era el otro ¡Maldita sea él y su atractivo que la hacía pensar en tales términos!- ¿Y s-si todas mis s-sonrisas fueran falsas?- Preguntó con esa vocecilla inocente y musical que tenía
Kakashi se quedó mirando a la joven con los ojos más hermosos que había visto nunca fijamente. No se había esperado esa respuesta. Algo como "s-si es a ti a q-quien veo no p-puedo más que s-sonreir" o "S-si es lo que le agrada s-sonreiré p-para ti" Un momento, ¿por qué tartamudeaba en sus pensamientos? Vale que fuera adorable en cierta manera, pero a Kakashi nunca le había atraído lo adorable antes. Él era más de fieras tigresas y salvajes mujercitas.
Y luego retaba -sí, retaba, una mujer cuestionando y ridiculizando las palabras de un hombre, de un guerrero- lo que era un inocente cumplido sin ningún deseo de seguirle el juego, simplemente porque estaba en desacuerdo. Y actualmente hacía que pensara una respuesta cuando para él las mujeres son casi una segunda naturaleza…Era extraña.
En el buen sentido.
-Entonces es mejor sonreír que llorar.- Dijo simplemente dada por terminada la conversación. Hinata se quedó un momento dirigiendo sus palabras y luego
-Y…¿y si es mejor llorar? –Preguntó, más al aire que Kakashi- ¿S-ser tu mismo q-que vivir en una f-farsa?- Kakashi se detuvo pero no volteó la cabeza.
-¿Y si la farsa es lo único que te queda?- Inquirió con suavidad, queriendo escuchar lo que respondía, porque él mismo se repetía una y otra vez la cuestión. Porque Kakashi era una farsa, un galán que escondía a un niño perdido y dolido que buscaba el cariño de un padre que prefirió quitarse la vida antes de asumir las consecuencias de su deshonra. Un adolescente rebelde que escondía el anhelo de una familia ante un hombre rubio benevolente. Un chico que buscaba amigos pero se ocultaba bajo una mascara de indiferencia que no dejaba que un chico alegre y torpe destapara. Alguien que siempre llegaba tarde-siempre tarde- para salvar a quienes quería.
La chica tardaba mucho en contestar, por lo que Kakashi Hatake siguió su camino. Dejando a Hinata curiosa y llena de preguntas rodeada de un montón de mujeres celosas y desesperadas. Pero ella, siendo distraída y estando ensimismada en sus cavilaciones no se dio cuenta de ello
Por suerte, o por Shino, la casamentera eligió ese momento para llamarla a su examen. E Hinata, hecha un manojo de nervios, la siguió al interior de la casa intentando por todos los medios posibles ser grácil y elegante.
Se tropezó tres veces con su lujoso kimono.
Cogió aire e intentó calmar sus nervios. Entró. Y tuvo que hacer acopio de todo su valor para enfrentarse a la vieja Hotaru, en toda su arrugada gloria.
Era tan temible como decían
Expresión severa que no permitía tonterías, ojos afilados que detectaban cada error que cometías, un moño apretado que recogía todos los cabellos grises de la anciana, arrugas en las arrugas que hablaban de un ceño siempre fruncido. Bueno, pensó Hinata con una involuntaria sonrisa, parece ser que el hombre de pelo plata tenía razón, si era así como se iba a quedar si fruncía el ceño era mejor no hacerlo. Tuvo que contener una risita tonta ante lo ridículo de la situación.
-¿Eres Hinata Hyuga?- Preguntó con voz firme, seria, autoritaria. Exigente
-H-hai- Consiguió articular la joven, poniéndose más ansiosa por su tartamudeo. La vieja Utanate comenzó a examinarla exhaustivamente mientras comentaba aspectos negativos de lo que veía
-Supongo que la cara es aceptable, ojos medianamente particulares, nariz pequeña, labios carnosos…Pero el color de pelo… ¿azul? Habrase visto…y luego esas manos no son manos de señorita ¡y ese cuerpo! Tiene las caderas anchas para dar a luz a fuertes hijos pero los pechos están desproporcionados ¡Es horrible! Eso me reduce mucho las posibilidades… ¡Por si no hubiera bastante encima tartamudea! Desde luego este va a ser un trabajo exigente
Con cada comentario que hacía Hinata se encogía más y más en si misma hasta que Hotaru la espetó "¡Espalda recta niña! ¿O es acaso que esos pechos tuyos no te dejan sentarte correctamente? ¡Horrible!"
-Bien, supongo que tu aspecto es pasable… ¿Qué tal se te dan las tareas de una mujer? Sirve el té.-La ordenó. A Hinata le temblaban las manos por la presión. La ceremonia del té es una de las más importantes en una dama de Hentai, pero Hinata era algo torpe y nuca conseguía que le saliera perfecta. A medio camino de terminar la joven se relajó, todavía no había hecho nada mal, ¿no?- Pasable- Aprobó la vieja Utanate- ¿Qué tal complaces a un hombre? Sexualmente claro ¿Has tenido entrenamiento?
Hinata abrió los ojos con alarma ¿¡Satisfacer a un hombre!? Se puso roja fluorescente y en un impulso nervioso derramó la tetera- llena de agua hirviendo- sobre la celestina Hotaru, causando que esta aullara del dolor
-¡Niña estúpida! ¿Qué es lo que has hecho?- La gritaba mientras que Hinata se disculpaba compulsivamente e intentaba abanicarla para aliviarle el dolor. Shino, que había conseguido liberarse de su jaula, voló hasta posarse justo entre los ojos de la vieja Utanate. Que tenía fobia a los bichos.
Así que entre gritos, muebles lanzados con furia y esquivados con pavor, acusaciones exageradas y más de una disculpa, Hinata salió corriendo de la casa de la casamentera, con Shino entre sus manos. Las demás chicas la miraron primero sorprendidas, luego con lástima y finalmente con asco ante el bichejo ese que apresaba entre sus manos.
Hinata, llena de congoja porque era una vergüenza para su familia, cosa que en algún punto de su vida se había creído implantado en su mente sin razón aparente, deambuló por las calles de Chikan sin fijarse por donde iba. Desafortunadamente, había acabado en el distrito rojo.
-Ey, ¿eres nueva?-Balbuceó un hombre con el aliento infectado en alcohol y acercándose con cara pervertida- Nuca te había visto por aquí preciosa… ¿Te apetece una noche que no olvidarás nunca?
Hinata, asustada por lo que el hombre estaba sugiriendo intentó alejarse de él. Acabó chocándose con otro hombre más grande, más borracho y más sucio que la agarró con manos sudorosas y llenas de suciedad. La joven intentó liberarse y salir corriendo, pero el agarre del desconocido era firme. Con lágrimas de desesperación a punto de escaparse Hinata se dio cuenta de que no la iba a dejar ir.
Se lo pidió con voz temblorosa, suplicó que la dejara marcharse, comenzaba a hiperventilar. Estaba a punto de ponerse a atacar como un animal acorralado cuando el hombre la soltó. Hinata, todavía atemorizada pero agradecida- de alguna desesperada manera- de que la halla dejado ir giró su rostro.
No esperaba encontrarse al pervertido en el suelo con una contusión en la cabeza y al desconocido de antes sobre él con la expresión seria y ¿era eso reproche?
-¿Qué haces aquí?- La interrogó serio. Parecía enfadado.- ¿Sabes que pasa a la gente como tú en esta zona?- Hinata, con los ojos muy abiertos- que ya parecía ser costumbre- negó. No sabía donde estaba.- Este es el distrito rojo
Hyuga ahogó un grito de asombro. ¿El distrito rojo? ¿Habría geishas? Más curiosa que horrorizada se puso a buscarlas a su alrededor. Las famosas geishas, con su gracia natural y elegancia entrenada. Con sus bailes elaborados y sus lindas palabras. A Kakashi le apareció una gota en la nuca ante la joven ¿Le decía que estaba en el distrito rojo y ella, una noble de alta alcurnia, se ponía a mirar a su alrededor? Sacudió la cabeza, ignorando deliberadamente el cómo sabía que la joven era noble.
-¿Qué estas buscando?- La espetó, irritado con su comportamiento descuidado
-Las geishas- contestó distraídamente, sin notar que no había tartamudeado- ¿Cree que si les pido me tocaran el Shamisen?
-…
-O el shakuhachi me da igual- Seguía diciendo más para si misma que para el hombre frente a ella. El mismo hombre que era por primera vez en su vida ignorado por una mujer.
-…No hacen eso por diversión y a desconocidos ¿sabes?- Acabó contestando causando que Hinata diera un salto de la sorpresa. ¿Se había olvidado de mí? Pensó Kakashi Pues sí que es despistada
-P-p-pe-pero- Buscó una razón Hinata ¡Era una cosa completamente diferente al tradicional clan Hyuga y a su rectitud! Era un arte: danza, música, narraciones…¡Todo lo que no le estaba permitido hacer en su casa! Aparte de actuar como un hombre, montar a caballo correctamente (y no montar de lado de tal forma que sólo puedes ir al paso), aprender las artes marciales Hyuga, hablar cuando no es debido, quedarse dormida en cualquier sitio y a cualquier hora que no fuese la establecida, reírse sin taparse la boca, correr, saltar, …
-Además esta zona es peligrosa para jóvenes como tú- Añadió severamente-cualquiera puede pensar que eres…algo que no eres y no estaré allí para salvarte
-Hai, arigato- Contestó con la cabeza gacha como una niña regañada por su padre. Kakashi suspiró, era demasiado inocente y adorable para su propio bien. - ¡Pero usted suele venir aquí!- Le acusó con su dedo. Kakashi alzó una ceja ¿-le iba a reprochar sus visitas al Distrito?- ¡Me puede infiltrar para ver los Okiyas!
-Podría- Concedió Kakashi con una mano sobre la barbilla. Parecía estar considerándolo. Hinata se permitió sonreír en triunfo- Pero no lo haré-contestó con una sonrisa que hacía que sus ojos se curvaran como dos cucharas. La sonrisa de Hinata se disipó rápidamente en un puchero- ¿Dónde vives?
-Anno…p-pues- Y el tartamudeo volvía con toda su fuerza- y-yo vivo en…¿p-por qué quiere saberlo?- Preguntó algo temerosa
-Ah, ya sabes, lo habitual- Contestó vagamente Kakashi. Al ver la confusión de Hinata no pudo resistirse a gastarla una inocente broma- robar tus pertenencias, matar a tu familia y planearlo de tal forma que quedes tú como la culpable y yo como el héroe que herede la fortuna
-No te dejaré- Le escupió Hinata con una mirada que helaba la sangre. Se dio la vuelta furiosa y comenzó a alejarse
-Era una broma…-Admitió, sorprendido por la reacción de la joven. Así que la pequeña conejita tenia garras.
-¡EEP!- Saltó y se puso colorada- Anno…y-yo ¿t-también b-bromeaba?- Mintió penosamente
-¿Sabes que?- Le dijo con sus ojitos curvados- No te creo nada- La pobre Hinata fue absorvida en una nube de su propia depresión- ahora dime donde vives que te pierdes de seguro
-¡N-no e-es cierto!
-¿Entonces que hacías en el distrito rojo?
-…P-paseaba- contestó bajito
-¿Cómo?- La había oído perfectamente, pero molestar a esa mujer era algo que le encantaba. Tenía las reacciones más divertidas que había visto en su vida
-P-paseaba- Dijo un poco más alto
-Paseabas. Claro. En el distrito rojo. Lógico. ¿Cómo no me di cuenta antes?- Preguntó en tono melodramático
-A-a lo mejor p-porque es i-i-idio…tonto- Murmuró para ella, cambiando el adjetivo en el último momento ¡No podía decir palabras tan malsonantes!
-¿Idiotonto?- La inquirió con su cara a escasos centímetros de la suya- Vaya- Silbó con falsa admiración- Nunca le había oído antes.- Hinata, más roja que una fresa madura balbuceó incoherentemente por lo cercano de sus rostros.
-¡KYAA!- gritó mientras golpeaba su cabeza con su frente. Kakashi salió despedido hacia atrás por la fuerza del impacto, masajeándose la zona afectada- E-etto…¡Gomen-nasai!- Se disculpó y se fue corriendo
Kakashi se quedó en el suelo con una mano en la frente, aturdido con lo que acababa de pasar. Sentado en medio de a calle del Distrito Rojo.
-Oye guapo- Escuchó una sugerente voz a sus espaldas, se giró y la vio. Sakura Haruno, la geisha más popular de todo su Okiya, incluso puede que de la ciudad. -¿Necesitas ayuda? Pero cuidado con lo que pides, que tal vez me cobre una recompensa - Sonrió con suficiencia, sabía que estaba enamorada de él, todas lo estaban siempre. Y por muy hermosa y exótica que fuera Sakura Haruno, no era distinta del resto
-Bueno si sólo es tal vez…quizás tenga que esperar que Ino me ayude- Era un golpe bajo y Kakashi lo sabía, Ino era su mayor competencia. Su ex -mejor amiga y rival. – Estoy segura que ella sabrá como…ah, asistirme satisfactoriamente
-Ah, ¿pero el gran guerrero Hatake Kakashi se conforma con algo "satisfactorio"?- Contraatacó, o eso creía, porque Kakashi la tenía justo donde quería. Sakura se acerco a él aprovechando que estaba agarrando su mano para levantarse le susurró en el oído sensualmente- Yo puedo hacer que pierdas el Norte.
-Espero que no, ya sabes que me pierdo en el Camino de la Vida demasiadas veces como para que sea saludable- La contestó con falsa indiferencia. Sakura apretó los dientes con fuerza, pero no dejó de sonreír- Sin embargo…me arriesgaré sólo porque eres tú- finalizó con un guiño seductor. La sonrisa triunfal de Sakura y sus ojos nublados por el deseo significaban que Kakashi disfrutaría de otra noche de pasión antes de salir a la guerra.
Y por alguna extraña razón el pelo rosa de Sakura se le antojaba azul medianoche y sus ojos verdes brillaron plateados durante toda la noche.
