Se dirigía a la biblioteca, normalmente iría a cenar o a jugar básquet a la casa de su mejor amigo, pero este le dijo que se adelantara así, que para matar el tiempo decidió ir a leer un rato. Cuando solo le faltaban doscientos metros para llegar a la biblioteca, se encontró con una multitud de chicas en la acera, bloqueando el paso de las personas. Gritaban el nombre de alguien, seguro es un tipo famoso, un actor o un cantante reconocido, pensó el peliceleste, y sin importarle mucho lo que sucediera a su alrededor, decidió aprovechar su falta de presencia y pasar en medio de la multitud de chicas. Mientras se dejaba llevar por la ola de mujeres, accidentalmente chocó con alguien entre la multitud y sin poder ver quién era, se disculpó y trató de continuar su camino, pero la persona con la que chocó le tomó del brazo y lo detuvo. Trató de soltarse pero aquel hombre no lo dejó y lo tomó con más fuerza jalándolo junto a él.

-Lo siento chicas pero se los dije, tengo un compromiso con mi amigo y debemos irnos ya -dijo aquel hombre señalando al peliceleste.- Así que... ¿podrían dejarme ir por hoy ne? -agregó haciendo un puchero-

Las chicas se quejaron y por fin dejaron ir al hombre junto con el peliceleste.
Corrieron a una cafetería lo suficientemente alejada de aquella multitud. Cuando llegaron Kuroko forcejeó un poco para que aquel hombre lo soltara, pero este no lo liberó hasta que...

-¡Suéltame!-gritó el peliceleste, pero al levantar la vista se quedó helado, era tal la belleza de ese hombre frente a él que de sus labios no logró salir palabra alguna, era alto, de cabello rubio y unos hermosos ojos color ámbar con unas pestañas ligeramente largas las cuales le hacían ver más guapo y coqueto de lo que ya era.

-Oh, gomen gomen. -dijo el rubio, mientras se inclinaba ligeramente en señal de disculpa-si no les hubiera inventado de que tenía un compromiso no me hubieran dejado ir.-agregó tratando de explicar-

-Eso lo entiendo, pero pudiste por lo menos haberme soltado y explicado lo que sucedía mientras corríamos. -respondió con una notable expresión de molestia en el rostro. No solía ser muy expresivo, así que cuando se enojaba se le veía un poco aterrador.-

-Enserio lo siento~, no fue mi intención tomarte del brazo y no dejarte ir como si fuera un acosador, es que pensé que huirías y que no me darías tiempo de explicártelo en el camino, por eso no te dejé ir- dijo el rubio, haciendo otro puchero que le hacía ver como un tierno e inofensivo gatito-

Kuroko solo suspiró y no se inmutó a responder, debía admitirlo, le pareció muy tierna la expresión que hizo el rubio pero no quiso darle vueltas al asunto y decidió irse de esa cafetería lo antes posible.
El rubio tomó el suspiro del menor como un "acepto tus disculpas" así que sonrió, detuvo al peliceleste antes de que se fuera y le pidió que se quedara a tomar algo en la cafetería, al principio se negó rotundamente pero el rubio insistió y terminó aceptando para que no le molestara más.

Tomaron asiento en una mesa que se ubicaba junto a la ventana y ordenaron lo que se les apetecía en ese momento, el rubio ordenó un helado de fresa y el peliceleste un batido de vainilla, el cual solía tomar a menudo. Después de que les trajeran su orden, el rubio observó al peliceleste con detenimiento, nunca vio a alguien como el menor, alguien tan... ¿normal? ¿Neutral? … o mejor dicho, ¿interesante? Era la primera vez que veía alguien tan poco expresivo como él, le pareció ¿raro? o quizá ¿lindo? o puede que tan solo sea ¿curiosidad? .Eso es, curiosidad, solo tiene interés en el tipo de expresiones que podría tener el menor, pero... ¿por qué? . En su vida solo había tenido verdadero interés hacia una persona, su primer amor, sus demás relaciones solo eran simples trivialidades, entonces ¿por qué siente tanto interés por ese chico? "Bueno, supongo que lo descubriré si me acerco más a él", pensó y así decidió comenzar a conocerlo. Primero, decidió empezar por lo más sencillo, preguntarle su nombre y de esta manera poder entablar una conversación con él.

-Dime, ¿cómo te llamas? -preguntó con una su típica, pero no menos hermosa sonrisa infantil-

-Kuroko Tetsuya -respondió rápidamente a su pregunta y siguió bebiendo tranquilamente su batido de vainilla- ¿y tú? -agregó, para no ser descortés-

-Kise Ryouta-respondió y le dedicó una sonrisa amigable- Y dime Kuroko-kun, ¿tienes algún hobby?-volvió a preguntar, sacando rápidamente un tema de conversación-

-Supongo que leer-dijo, volviendo a responder rápidamente y de forma cortante-

"Vaya, conocer a este chico no será fácil" -pensó- Es justo como se lo esperaba, ¿se lo esperaba? Bueno, eso no importa ya que no se va a rendir tan fácilmente. Después de todo, él es Kise Ryouta y él no se rinde hasta conseguir lo que quiere.

-¿Eh? ¿Recordarte? ¿De qué estás hablando?-interrogó él pelirrojo confundido-

Suspiró y por primera vez en su vida, decidió armarse de paciencia y hacer algo para que el pelirrojo lo recordara, contar toda la historia de cómo se conocieron sin duda no serviría con alguien tan cabeza hueca como Kagami, entonces ¿qué?
Se quedó pensativo por unos segundos y se le ocurrió una manera de que el pelirrojo pudiera recordar.
Lo volteó a ver un segundo y lo miró detenidamente unos segundos buscando la manera de decirle "acompáñame a un lugar" sin sonar un tanto estúpido o acosador, ya que para él pelirrojo, él solo era un simple desconocido que estaba tratando de jugarle alguna broma de mal gusto o algo por el estilo.

-Si quieres saber, sígueme.-dijo en un tono serio y ligeramente molesto. Trató de tener paciencia y no ser muy tosco al responder, pero fue imposible, por primera vez en su vida deseó no tener esa horrible personalidad que tanto le identificaba, Kagami se veía enojado pero exitosamente le siguió.-

Salieron de Touou y caminaron en silencio unos veinte minutos hasta llegar a una cancha de básquet cercana a la casa del peliazul en la cual se detuvieron y antes de que Kagami pudiera preguntar algo, Daiki le pidió que le pasara el balón de básquet que tenía el pelirrojo en su mochila. EL menor sacó aquel balón de su mochila e hizo lo que él más alto le dijo, le tiró el balón a Daiki y este lo atajó con facilidad, corrió un poco para tomar impuso y sin mucho esfuerzo encestó el balón en el aro con un increíble tiro sin forma, tomó el balón del suelo y se lo pasó de nuevo al pelirrojo mientras este le observaba en silencio. Quien rompió el silencio incómodo fue el peliazul que se decidió a contarle la razón de por qué estaban ahí, al parecer Taiga ya sabía más o menos la razón ya que a pesar de que se veía confundido estaba recordando gran parte de las cosas.

-Este es el lugar en donde nos conocimos hace ocho años, ¿recuerdas?-dijo y preguntó con seriedad rompiendo totalmente aquel incómodo silencio-

Salió de su casa entusiasmado por que quedó con el chico que conoció el otro día en jugar baloncesto todos los días, la cancha no quedaba lejos de su casa así que podía ir solo sin buscarse ningún problema con sus padres.

Cuando llegó a la cancha se encontró a aquel niño jugando solo, haciendo tiros de tres puntos y clavados desde todos los ángulos, lo cual lo sorprendió muchísimo al pelirrojo el cual solo se quedó mirando como el otro niño hacia aquellos tiros que no lo dejaban lo dejaban de asombrar, pero un golpe en la cabeza que le dio Aomine con el balón fue suficiente para sacarlo de su sorpresa y transe.

-¡AUCH! ¿¡POR QUÉ ME GOLPEAS!? -preguntó el pequeño pelirrojo, casi llorando por el fuerte golpe-

-No grites, además; ¿viniste a ver o a jugar? -dijo tranquilamente metiéndose el dedo meñique en el oído-

-¡A jugar, claro!-respondió sin pensarlo dos veces con una expresión seria y feliz al mismo tiempo-

-Entonces vamos-dijo dedicándole una sonrisa de oreja a oreja y entregándole el balón- pásame el balón, Kagami-agregó mientras corría-

-¡Okay! -contestó y le tiró el balón con todas sus fuerzas-

Como era de esperarse Aomine lo atajó y encestó el balón con un tiro sin forma.

-¡Wow! ¿Cómo hiciste eso? -preguntó anonadado-

-¿Huh? Es un secreto~ -respondió con una sonrisa pícara-

-No es justo, hiciste un tiro igual a ese en nuestro partido de ayer.

-Claro que lo es, jajajaja.

-Lo recuerdo, Daiki -respondió y le regaló una hermosa sonrisa-

Se dirigía a su casa en medio de la lluvia con un paraguas que apenas le protegía del aguacero ya que estaba un poco estropeado debido al uso. Pasados unos quince minutos de caminata, llegó a un parque infantil cercano a su casa y decidió esperar ahí en un lugar techado cerca de los columpios hasta que parara un poco de llover, debido a que el paraguas no aguantó mucho más.

Riko tiene razón, ya va siendo hora de que compre un nuevo paraguas-dijo pensando para sí mismo contemplando el paisaje. Mientras lo hacía, divisó a alguien que se sentó en uno de los columpios bajo la lluvia.-

Un hombre alto, probablemente de unos dos metros o más, con cabellos morados y ojos ligeramente cerrados, él sólo conocía una persona así la cual no le agradaba mucho. ¿Qué hace ahí? pensó, se veía algo ¿deprimido? ¿Por qué? La curiosidad invadió su mente en ese momento así que pensó en acercarse, pero vio algo que lo dejó sorprendido, el pelimorado estaba llorando. El más alto a pesar de siempre tener una actitud infantil nunca fue del tipo de persona que llorara, eso enserio lo tenía totalmente asombrado. Se acercó a él, ya no era solo mera curiosidad, ahora se acercaba a Murasakibara porque no pudo soportarlo más, esa soledad, ese dolor, esa melancolía, ese sufrimiento. En realidad nunca pudo hacerlo, ni cuando fueron niños pudo aguantar verlo llorar. Nunca supo el porqué, pero siempre hizo lo mismo, inconscientemente, sin importar que estuvieran peleados o se odiaran la acción era la misma, él castaño siempre lo abrazaría sin importar qué, y así fue, Kiyoshi abrazó, al pelimorado sentado en aquellos columpios y acercó con delicadeza la cabeza de este para que la acorrucara en su pecho mientras lloraba.

Murasakibara estaba tan desconcertado, al principio se resistió pero escuchó al menor decir "todo está bien, no te preocupes" así que sin querer terminó confiando en él, como cuando como cuando eran niños, terminó dejándose llevar y lloró sin contenerse hasta llegar al desahogo total.

Después de que el pelimorado se desahogó, Kiyoshi lo llevó a su casa, al principio se negó como siempre lo hacía, pero el castaño le ofreció dulces y aceptó sin pensarlo una vez más. Cuando llegaron a la casa del castaño, el mayor observó la casa y se percató que no había cambiado mucho, era una casa pequeña, con las paredes pintadas de color crema, una cocina-comedor pequeña, una sala no más grande que la cocina y un baño, los muebles y todas las demás cosas seguían en el mismo lugar.

-Mmm~ Parece que nada ha cambiado, sigue tan solitario como siempre~-dijo el mayor con su tono infantil de siempre-

-¿Uh? ¿Te refieres a la casa? Supongo que sí-respondió el castaño mientras se secaba el cabello con una toalla y miraba con nostalgia una de las fotos de la pared.-

-Todavía no lo has superado ¿verdad? -dijo el pelimorado poniéndose serio-

-¿Por qué no tomas un baño mientras voy a comprar algo de comida y dulces? -respondió evadiendo inmediatamente la pregunta del más alto.-

Trató de salir lo más rápido posible pero el mayor lo tomó del brazo y lo acorraló contra la pared, cuando Murasakibara se ponía serio o se molestaba enserio era aterrador, casi nunca perdía y menos en conseguir lo que quiere.

-¿Por qué quieres saberlo?-preguntó él menor, no era algo que le incumbiera al pelimorado así que ¿por qué insistía tanto en saber?-

-Por qué me molesta -respondió haciendo un puchero-

-¿Hah? ¿Por qué? -preguntó confundido-

-Mm~ No lo sé~-respondió regresando a su tono infantil de siempre-

-Suspiró, se relajó y decidió contarle, después de todo si no lo hacía, él mayor volvería a insistir- Te lo contaré solo si me cuentas por qué estabas llorando esta tarde -dijo el castaño, le pereció un trato justo-

Respondió con un "ok~" y se dirigió al baño a tomar una ducha, Kiyoshi se sorprendió un poco por la respuesta del pelimorado nunca pensó que estaría de acuerdo tan rápido sin siquiera pensarlo un momento, pero no le dio más vueltas al asunto y se dirigió al supermercado a comprar comida, dulces y pensar un poco sobre qué tipo de conversación tendrían él y Murasakibara.

Al regresar a la casa, se encontró con él pelimorado acostado en el sofá durmiendo semidesnudo. Decidió no hacerle mucho caso, después de todo la ropa del más alto estaba empapada por la lluvia y todavía no se había secado .
Colocó los dulces en la mesita de centro de la sala y se dirigió a la cocina a preparar algo con los ingredientes que había comprado, decidió hacer karê-raitsu ya que era un plato sencillo y como a Murasakibara no le gustaban mucho las verduras podría separarlas fácilmente, puso a hervir agua en una olla y después fue a la sala a esperar que esta hirviera. Se acomodó en uno de los sillones y contempló por un rato el rostro del pelimorado dormido, "se ve tan inofensivo y lindo" pensó y se sonrojó un poco por pensar algo tan vergonzoso como eso.

-Mm~ Aka-chin~

-¿Ah?-volteó a verlo un poco asustado por que pensó que se había despertado, pero se dio cuenta de que estaba hablando dormido. Mientras lo miraba, volvió a decir el mismo nombre y comenzó a llorar. ¿Qué clase de pesadilla estaba teniendo?-

-¿Murasakibara?-dijo esta vez para tratarlo de despertar, pero lo único que hacía era llorar y pronunciar "Aka-chin" una y otra vez-

-¡Lo siento, Aka-chin~!