Disclaimer: Obviamente solo me pertenece la trama, yo solo juego con los personajes que S Meyer creó para nosotros.
Summary: "Hay dos cosas que Bella encontró en Nueva York; su nuevo hogar: la amistad sincera y el amor verdadero. Lo que nunca se imaginó encontrar es que, su mejor amiga y el amor de su vida eran… hermanos. ―Él es increíble, Alice. ―Bella era consciente de que sonaba patética y a punto de desfallecer. Su amiga soltó una carcajada y agregó: ― ¡Oh, mister Increíble! ―Ella es maravillosa ―pensó Edward en voz alta. Sus estúpidos amigos, como él los llamaba, no perdieron tiempo y comenzaron a mofarse. ― ¡Eddie está enamorado de la mujer maravilla!".
Âmes sœurs
Cap. 2: Primer encuentro.
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«Perdona, ¿no tendremos algún amigo en común para que nos pueda presentar?»
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Era domingo y Alice me había dicho que saldría con Jasper, por lo que yo me encontraba sola en casa. Insistió en que fuera con ellos ya que iban a ir al cine y me quería presentar a su novio; tenía ganas de conocerlo seguro que era un chico tan agradable como ella, pero no acepté la invitación por el simple hecho de que a mí no me gustaba hacer mal tercio, ya habría otra oportunidad. Le dije que mejor en otra ocasión, y se despidió no sin antes rodar sus ojos.
Y aquí me encontraba yo, completamente aburrida, odiaba los domingos, nunca me habían gustado. Estuve un buen rato pensando qué hacer hasta que se me prendió el foco; me acordé de la casa hogar que había visto el día anterior cuando Alice y yo íbamos de camino al supermercado.
Mi madre Renée era muy solidaria, por lo que muchas veces la acompañaba a alguna fiesta o subastas de beneficencia de las que organizaban ya fueran los hospitales de la ciudad o alguna casa hogar de las que acostumbrábamos a ir.
Eso era lo que iba a hacer hoy. Iría a conocer el lugar y pediría el permiso necesario a los encargados para que pudiera aportar cosas que necesitaran, después le llamaría a Renée para contarle y ponernos de acuerdo para que iniciáramos con nuestra obra de caridad nuevamente. Estaba segura que le fascinaría la idea, además era un buen pretexto para que estuviéramos constantemente en contacto, y así no la extrañaría tanto. Sí, sin duda era un buen pretexto.
Me cepillé un poco el cabello, tomé mis llaves y salí del edificio. Apenas llevaba dos días en la ciudad, pero no era tan tonta como para perderme, ¿o sí? Paré un taxi y le di el nombre de la casa hogar al conductor; tal vez la conocía y así me ahorraría irle diciendo por dónde darle exactamente. Ok, sí, quizás era un poco tonta. ¡Ouch, Bella! qué feo sonó eso. Tonta no era la palabra, mejor usemos… hmm, desubicada o con problemas de amnesia, sí, la verdad es que no confiaba en mi "buena memoria".
Gracias a todo lo divino y poderoso que existe, el chófer conocía el lugar, ya que me dejó justo en la entrada. Era tal y como lo recordaba. Afuera había un policía, cuando me permitió la entrada, con un poco de indicaciones encontré la dirección del lugar. Una chica tras un escritorio, que supuse era la secretaria, me hizo el favor de anunciar mi visita.
A los pocos minutos salió una mujer que vestía un traje sastre azul marino, era rubia y traía una cola de caballo alta, le calculé unos treinta y cinco años.
―Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle? ―preguntó mientras me inspeccionaba curiosa.
―Buenas tardes, mi nombre es Bella Swan, me gustaría platicar con los encargados y pedirles algún permiso para traer cosas que les hagan falta. Mi madre y yo estaríamos encantadas de poder ayudar.
―Oh, discúlpame, mucho gusto, Bella, yo soy Liza Wells y soy la directora. ―Me tendió la mano cálidamente―. Si quieres te puedo mostrar las instalaciones, mientras te voy contando cómo trabajamos.
―El gusto es mío, señora Wells, y gracias.
Salimos de la oficina, ahora estábamos en lo que parecía un gran patio, había muchos árboles y en casi todo había pasto. Los niños jugaban; algunos corrían y otros estaban en círculo sentados en el verde suelo. Junto a ellos había varias chicas que deduje eran las que los cuidaban; traían casi el mismo uniforme que la directora pero menos formal, esta última me fue explicando la forma en la que funcionaba la institución, las cosas que les hacían falta, me mostró las instalaciones, ―los dormitorios, el comedor, todo― y por último me dirigió nuevamente al patio.
―Tenemos niños de hasta diez años e incluso recién nacidos.
―No me cabe en la cabeza que puedan existir madres que den en adopción a sus hijos, son demasiado crueles. ―Negué con la cabeza, simplemente no me lo imaginaba.
―Sí, es muy triste, la mayoría de las veces es porque no planean embarazarse, casi siempre son chicas jóvenes. Para ellas siempre hay dos opciones que piensan que son la solución: abandonar al pequeño o… abortar.
En ese momento ya nos encontrábamos en una parte del patio que no había visto aún: el área de juegos. Fijé mi atención en la gran resbaladilla en forma de castillo ―de colores llamativos―, de la cual en la parte de abajo colgaban dos columpios. En el "castillo", en el área plana antes de la resbaladilla estaban varios niños jugando y cerca de ellos un chico estaba parado de perfil, el cual traía a una niña de unos tres años en brazos. Él era alto, y me sorprendió su desordenado cabello color bronce; era muy raro ver a personas con el cabello natural en ese tono. Vestía unos jeans negros y una camisa blanca arremangada hasta los codos y por lo que pude observar tenía un cuerpo perfecto. Era delgado pero aun así se observaban sus bien trabajados músculos; nada exagerados, todo de acuerdo a su anatomía.
¡Qué porte, Dios… qué porte!
Sentía cómo la señora Wells aún me seguía hablando pero yo ya no podía prestarle atención, ese extraño chico que no conocía me tenia deslumbrada, creo que hasta mi cerebro dejó de funcionar; por más que quería darle alguna orden no me hacía caso. Qué incoherencias estoy pensando. ¿Cómo es que le quería dar órdenes, si se suponía que era él quien manejaba todo mi cuerpo? Ver chicos demasiado guapos me afectaba.
Algunos de los niños que estaban con él se reían, parecía que les estuviera contando algo gracioso y él se les unía riendo también.
De pronto se volteó y sus sorprendentes ojos verdes encontraron mi fija mirada. Sentí cómo una sensación que jamás había tenido iba atravesando todo mi cuerpo.
Era increíblemente guapo, de tez blanca pero aun así tenía sus mejillas levemente sonrosadas, y sus labios eran tan besables… Sus comisuras formaban una sonrisa torcida que hizo que me faltara la respiración. A los pocos segundos tuve que buscarla porque si no me desmayaría. Suspiré, Bella, tranquila, decía mi subconsciente, pero es que no todos los días se veían hombres tan guapos por el mundo. Sus facciones eran marcadas pero a la vez suaves pues su semblante era tierno.
No sé por cuánto tiempo me quedé mirándolo como boba pero me percaté de eso cuando él ladeó su cabeza ya que la niña que traía en brazos exigió su atención. Fue ahí cuando me di cuenta de lo que había estado haciendo. Rápidamente sentí cómo la vergüenza se apoderaba de mí, al igual que sentía cómo el rubor llegaba a mis mejillas.
Regresé a ver en otra dirección.
―Bella, ¿pasa algo? ―preguntó la señora Wells.
―Eh… este… no, nada ―intenté darle una sonrisa convincente, sería muy vergonzoso que se diera cuenta que no tenía ni idea de lo que me había estado diciendo hacía unos momentos, y que en su lugar había estado concentrada en aquel chico de ojos verdes y cabello broncíneo que sonreía como un ángel.
―Bueno, como te decía…
Seguimos caminando por las instalaciones y ya no volví a ver a aquel chico. La señora Wells me siguió explicando todo lo referente a la institución, al final le dije que hablaría con mi madre y que pronto regresaría, también aseguré que si no había problemas un día de estos llevaría algunos juguetes para los niños. Se mostró muy complacida con la idea, era muy amable y se veía que tanto ella como los demás estaban muy comprometidos con el trabajo que hacían. El cuidar a tantos niños de diferentes edades y ayudarlos a sentirse queridos era un trabajo difícil y sin duda una gran responsabilidad.
Al llegar a casa me fui directo a mi habitación, estaba un poco aburrida y Alice aún no llegaba. Me acosté en la cama y tomé mi iPod de la mesita de noche, estaba tan concentrada en las canciones que mis dedos se pusieron a tamborilear lentamente en la cama. Al terminar una de las relajantes melodías de Chopin comenzó a sonar Green eyes de Coldplay y no pude evitar pensar en el chico que había visto esta tarde. Sus ojos eran increíblemente verdes, de mirada transparente y profunda… Tal vez él trabajaba en ese lugar, lo más seguro era que sí…
Pero ¿por qué estaba pensando en un chico que ni siquiera conocía? No debería de darle tanta importancia. Sí, era guapísimo, pero no era para tanto. Aunque cuando sus ojos encontraron los míos él me sostuvo la mirada al igual que yo a él. Aunque claro, después él tuvo que voltear porque la niña exigió su atención, pero cuando nos miramos, sentí algo extraño… Buscarle explicación a cosas que no tenían sentido me iban a volver loca.
¡Era una tonta! Ya estaba malinterpretando todo. Eso "extraño" que sentí seguro que solo era vergüenza pura, aunque, honestamente se sentía diferente a la sensación que uno tiene cuando algo le da vergüenza. Hmm… otra vez ya me puse a malinterpretar las cosas, qué patética. Seguramente solo era que pasé a una nueva etapa de "vergüenza", sí, porque el quedarse mirando a un chico así de guapo por no sé cuánto tiempo, como boba, lo vale.
Sí, sí, solo pasé a un nuevo nivel de "vergüenza". Realmente patética.
Este era el resultado de no tener nada que hacer un domingo como hoy. Conforme iniciaban y terminaban las canciones, me iba sumiendo en un profundo sueño al que no me pude resistir.
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Horas después me desperté, tomé mi celular y me fijé en la hora; ya era noche y aún tenía sueño pero antes de volver a la cama me puse mi pijama y salí a ver si Alice ya había regresado. En la sala no estaba así que me acerqué a la puerta de su cuarto y toqué.
―Pasa, está abierto.
La encontré.
Entré a su habitación y me quedé con la boca abierta. Su clóset estaba lleno de ropa colgada en ganchos, era mucha, demasiada ropa, y en su cama había un par de conjuntos más.
―Alice, ¿acaso trajiste todo esto de Chicago? ―La sorpresa estaba impresa en mi voz.
Ella solo me sonrió, mientras regresaba a su clóset en busca de algo.
―Claro, Bella, todo esto es necesario. ¿Acaso tú no has escuchado ese dicho que dice: «Como te ven, te tratan»?
―Eh, no, creo que no lo había escuchado, pero no creo que eso sea verdad.
Alice volteó hacia mí y me tendió una blusa de manga larga color azul marino, con rayas horizontales en un tono azul más bajito.
―Toma, estuve buscando algo que te pudiera gustar y encontré esta blusa. Si no te gusta, puedes escoger algo que te agrade más.
No entendía.
―Hmm, muchas gracias, Alice, es muy bonita, me gusta, pero no entiendo por qué. Yo ya tengo ropa.
Seguro que después de haber visto mi ropa se asustó, y por eso, aparte de querer llevarme de compras, ahora también me la regalaba.
―Bella, mañana es nuestro primer día en la universidad y tenemos que dar una buena impresión ―dijo, mientras aplaudía―. Así que nada de peros, usarás esa blusa mañana, ¡te veras increíble!
―Pero es que no es necesario que me regales ropa.
―Isabella ―dijo, y colocó las manos en su cintura, fingiendo estar enfadada ¿Lo estaba?―, ¿siempre eres así de testaruda?
―Algo.
Me encogí de hombros.
―Por favor, Bella, solo es una blusa. ―Empezó a hacer cara de cachorrito mojado.
Suspiré derrotada. Era solo una blusa, no me podía negar.
―Está bien, Alice, me la pondré mañana.
―¡Sííí! ―soltó una carcajada―. Sabía que aceptarías.
Rodé los ojos, esta chica me iba a volver loca.
―Y qué tal te fue con Jasper ―lancé la pregunta, antes de que se atreviera a darme alguna otra cosa.
― ¡Fue genial! Fuimos al cine y después me llevó a comer. Él es taaan atento.
Al momento de decir eso los ojos se le iluminaron y su sonrisa se hizo aún más grande; se veía que quería mucho a su novio.
― ¿Y cómo estuvo tu día? ―preguntó, situando algunos conjuntos en la cama.
―Pues… ―no terminé, o mejor dicho, no empecé, porque su celular sonó.
―Espera ―me dijo, mientras tomaba el aparato e identificaba el número en la pantalla.
― ¡Hola, Eddie! ―rio a carcajadas―. Sí, sí, ya sé. Sí, estoy bien, ¿Cuando vienes?... hmm, qué mal, pero trata de desocuparte, ¿de acuerdo?
Yo estaba sentada en la cama con las piernas cruzadas, viendo la blusa que me había regalado mientras escuchaba sus carcajadas. Debían de estarle contando algo muy gracioso, no pude evitar sonreír, la risa de Alice era contagiosa.
―Síp, ya tengo compañera de departamento. ―Me dio una mirada, sonriendo abiertamente―. ¿Qué? ¡Por supuesto que vamos a ir de compras!, ¿cómo adivinaste? ―Volvió a reír―. Me conoces muy bien, hermanito.
Alice me había estado hablando antes de su hermano, se notaba que se llevaban muy bien y que él la conocía a la perfección. Decidí irme a mi cuarto para darle más privacidad y que pudiera hablar.
Dejé la blusa en la cama y me puse a rebuscar unos jeans para tener mi atuendo listo para el día siguiente, ya que, según "la señorita moda", tenía que dar una buena impresión, pero eso nunca me había preocupado tanto y no lo iba a empezar a hacer ahora.
Estaba en busca de mis jeans cuando me acordé de algo. ¡Era domingo!... aún no le había llamado a mis padres para avisarles que estaba bien. Rápidamente tomé mi celular y llamé a mi antigua casa.
El teléfono timbró dos veces, pronto alguien contestó.
― ¿Diga?
Esa era la voz de Renée.
―Hola, mamá.
― ¡Cariño! ¿Ya es domingo y hasta ahora te dignas a llamar? ―intentó darle un tono enfadado a su voz, pero yo la conocía bastante bien como para no darme cuenta.
―Lo siento, desde que llegué he estado haciendo algunas cosas. ―Me mordí el labio nerviosamente, no quería decirle que en realidad se me había olvidado.
―Qué rápido te olvidaste de nosotros, Bella…
―Lo siento, lo siento, lo siento. No fue mi intención.
―Es broma. ―Pude escuchar su suave risa a través del teléfono―. Charlie estaba un poco preocupado de que no nos hubieras llamado aún, pero lo tranquilicé, yo sé que seguro tenías cosas que hacer.
Mi madre siempre era tan comprensiva, por eso nos llevábamos tan bien.
―Mamá, adivina qué ―intenté cambiar un poquito de tema.
― ¡CONOCISTE A UN CHICO!
Mi madre soltó un grito que hizo que me despegara la bocina de la oreja.
― ¡NOO!
Bueno, sí, pero no le iba a decir. Además, no tenía importancia, porque ella dijo "conocer", y no, no lo "conocí". De hecho, no sabía ni cómo se llamaba. No sabía ni quién era.
― ¿Entonces? ―preguntó desilusionada.
Le empecé a contar todos los detalles sobre la casa hogar a la que había ido, excepto uno que incluía a un dios griego. Renée se puso contenta y también se apuntó a la buena causa, dijo que me mandaría dinero extra para que yo comprara las cosas que la señora Wells me había dicho que les hacían falta. También le platiqué sobre Alice y la idea de "mi nuevo guardarropa", a lo cual ella respondió con una fuerte carcajada. Mi madre era un tanto alocada como Alice y se alegró de que tuviera una amiga que se "preocupara" por mí, aunque yo diría más bien por mi ropa. Le pedí que saludara a Charlie de mi parte y que le dijera que se tranquilizara, que yo estaba bien.
Al terminar la llamada tomé los primeros pantalones que encontré, mi blusa y también una chaqueta de mezclilla, los puse en un pequeño sofá que estaba en una esquina del cuarto, apagué la luz y nuevamente me entregué a los brazos de Morfeo.
Nunca me imaginé que el inicio de semana sería tan memorable… y no solo por el hecho de que entraba a la universidad.
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Gracias a mi beta Ariana por ayudarme a mejor este capitulo :)
Y por supuesto gracias, gracias, gracias, por sus Reviews, alertas y por ponerme en su lista de favoritos, no sé como agradecérselos, yo que pensé que ni siquiera un review iba a encontrar, jajaja, en serio que no lo podía creer cuando vi los 12, fue un buen comienzo.
Desde hoy les digo que no se por qué rayos comencé la historia de esta manera, me imagino que el "encuentro" no era precisamente como ustedes lo esperaban, pero prometo que en el siguiente Cap. la "acción" comienza, no van a poder ver separados a Edward & Bella, en lo que resta del fic, jajaja, los van a ver hasta en la sopa ;)
Espero haya sido de su agrado, nos leemos en el siguiente.
