El flujo del tiempo siempre es cruel. Su velocidad parece ser diferente para cada persona, pero nadie puede cambiarlo. Una cosa que no cambia con el tiempo son los recuerdos de tu juventud.
- Sheik.
-Mikasa-
Apenas y pude dormir en la incómoda cama que me tocó tener, pero no importa mientras tenga la oportunidad de llevar a cabo mi venganza.
Unos golpes en la puerta me levantaron de la cama, y para mi sorpresa frente a mí se encontraba una mujer de coleta y gafas que me miraba con una sonrisa de oreja a oreja. En sus manos sostenía una chaqueta igual a la suya así como un pantalón blanco, una camisa gris y unas botas cafés.
- ¡Hola! Mi nombre es Hanji Zoe, me da mucho gusto conocerte, Mikasa - saludó energéticamente y me entregó la vestimenta en sus manos - El capitán Levi me pidió que te trajera tu nuevo uniforme, y te manda a decir que te espera en su oficina en 15 minutos. Yo te recomiendo que primero te des una ducha, Levi es algo... especial, respecto a la limpieza - me guiñó un ojo antes de continuar - Mucha suerte en tu primer día, ¡que te diviertas con el enano!
Y cerró la puerta sin más, sin dejarme pronunciar palabra siquiera. Suspiré con pesadez y tomé algo de ropa interior para cambiarme después de la ducha, encontrándome con la capa que el capitán me ofreció el día anterior.
Será mejor que se la devuelva.
La doblé con cuidado y la puse entre mi uniforme nuevo, salí de la habitación dirigiéndome al cuarto de baño y por fortuna no me encontré a nadie más en el camino
El cuarto era bastante grande, suficiente como para que en él se pudieran duchar al menos unas 20 personas. Para ser un baño que utilizan los soldados todos los días, estaba bastante limpio y reluciente, lo que me dio la confianza suficiente para ducharme sin problemas.
Ya terminada mi ducha y vestida con mi uniforme, me apresuré hasta la oficina del enano, cruzándome con las miradas curiosas de algunos reclutas que vagaban por el lugar. Decidí ignorarlos.
Cuando por fin me detuve frente a la oficina y se me permitió entrar, un delicioso aroma a comida llamó la atención de mi nariz. El enano estaba sentado frente a su escritorio bebiendo una taza de té, y sobre el escritorio del capitán había una bandeja llena de comida, lo que me hizo avanzar hasta allí con un hambre voraz bastante evidente en mi rostro. Por desgracia, antes de llegar a mi objetivo el capitán habló.
- Llegas tarde, mocosa. Siéntate - dijo con toda la frialdad del mundo.
- No es mi culpa que me avisaran poco tiempo antes que tenía que estar aquí - respondí mientras obedecía y me devolvía el mismo tono frío y seco que él me dió. - Aquí tiene, gracias por evitar que muriera de frío ayer - añadí sintiendo un ligero sonrojo apareciendo en mis mejillas, por lo que desvié la mirada intentando ocultarlo.
Tsk, qué vergonzoso.
El capitán suspiró y dejó la taza de té a un lado, tomó su capa y la guardó en un cajón de su escritorio. Una vez terminó, habló firmemente mirándome a los ojos.
- Te quiero aquí a las 7 de la mañana en punto. Todos los días. Necesito que recojas el correo antes de venirte acá y que te asegures de traerme sólo el que sea para mí, lo demás lo recogerán sus respectivos dueños. ¿Queda claro, Jaeger? - finalizó con la misma expresión dura en su rostro.
A ver cuánto le dura el gusto.
- Sí, señor. - respondí con mi voz lo más neutra posible.
- Bien, te preparé el desayuno. - indicó señalando la bandeja frente a mí. - Come antes de que se enfríe, y cuando termines lavarás los trastes en la cocina.
Yo sólo asentí y llevé un pedazo de omelette a mi boca. Estaba bastante malo.
Manteniendo mi neutralidad lo mejor posible, me aseguré de terminar el desayuno sin quejas y afortunadamente el té negro que hizo me quitó el sabor amargo que el omelette me había dejado.
No vuelvo a comer algo preparado por él.
- Capitán, ¿le parece si también hago el desayuno? - pregunté tratando de evitar sonar muy obvia, y por fortuna lo logré.
- Tsk... está bien, si insistes. - respondió mientras abría el sobre de una carta. - Tenemos 5 minutos antes de irnos, ¿te ha surgido alguna duda que quieras responder?
Si, ¿venderán sarcófagos que estén a su altura?
- Me intriga su apellido, capitán. - comenté evitando que la emoción se apoderara de mí. - Los Ackerman son una raza que está casi extinta, ¿no es así? ¿Conoce a más? - pregunté casi sin aliento.
El capitán entrecerró los ojos y levantó un brazo colocándolo sobre el escritorio mostrando un vendaje que le envolvía la muñeca, lo que aceleró mi corazón del nerviosismo. Lo más discreta que pude, jalé un poco la manga de mi chaqueta para cubrirme
- Muchos me han preguntado algo como eso, y a todos les he dado la misma respuesta y tú no eres la excepción. No hablo de mi familia, ni de mi pasado. ¿Queda claro? - el tono de su voz se tornó tan frío que podría jurar que me causó un escalofrío.
¿Por qué no habla de ellos? ¿Teme que los demás sepan el monstruo que es?
Pude notar que en sus ojos se reflejaba la tristeza, y yo sabía que seguramente era culpa lo que sentía al pensar en ellos
Ya veremos, hablarás tarde o temprano, maldito
- Sí, capitán - respondí casi imperceptiblemente.
- Bien, ahora vamos a una reunión. Mañana recibiremos nuevos reclutas y seguramente querrán que me encargue de ellos. - exclamó con cansancio, como si no le agradara para nada esa tarea. - Pero antes, a lavar esos trastes
Asentí y me levanté de mi asiento casi al mismo tiempo que él. Se adelantó hasta la puerta y la abrió esperando a que yo saliera. Recogí la bandeja acomodando todo y caminé hacia él manteniendo mi semblante serio.
Una vez fuera, nos topamos una vez más con la mujer sonriente llamada Hanji.
- ¡Oh! Qué bien, han salido. Erwin los está esperando. - exclamó con la misma energía de hace rato - Levi, ¿puedo hablar contigo un momento? - preguntó con una sonrisa pícara que me hizo fruncir el ceño - ¿A solas? - añadió mirándome con una sonrisa divertida.
Suspiré con pesadez y les di la espalda alejándome de ellos, al menos hasta que la voz del enano me hizo detenerme.
- Espérame en la cocina, te alcanzo en unos minutos.
Y sin más me dirigí hasta la cocina, donde me dediqué a la ardua labor de lavar trastes. Mi atención se vio dirigida hasta un cuchillo solitario entre los trastes limpios y la tentación de tomarlo pudo conmigo
Tsk. Primero necesito respuestas.
-Levi-
La loca cuatro ojos me atacó con un interrogatorio que estoy seguro formuló en cuanto le mencioné a la mocosa. No estaba de humor para soportar sus burlas, ni tampoco para soportarla a ella en sí.
- El amargado y frío Levi Ackerman ablandó su corazón y le ha dado asilo a una hermosa jovencita. ¿Será que por fin quiere sentar cabeza? - canturreó la loca dando vueltas alrededor mío.
- Al diablo, cuatro ojos. Sólo le di un empleo. - respondí con fastidio.
- Uy, está bien, pero mira que hay chicas aquí a las que les gustaría ser tu asistente personal. - continuó guiñándome un ojo.
Yo en cambio rodé los míos y seguí mi camino a paso veloz, no quería llegar tarde a la reunión.
Con Hanji detrás, llegué hasta la cocina y me asomé casi con sigilo; la mocosa estaba parada viendo hacia el horizonte por la ventana.
No me había dado cuenta antes, pero tenía un perfil bastante... prometedor.
Tsk, menos mal que la loca cuatro ojos no escucha lo que mi mente dice.
Al parecer no notó nuestra presencia por estar sumergida en sus pensamientos, y Hanji me dio un codazo en el brazo que me hizo mirarla asesinamente. Me devolvió la vista con la misma picardía de antes, y en respuesta sólo rodé los ojos.
Mikasa pareció sentir que era observada, porque volteó de pronto a vernos.
Espera... ¿Está llorando?
Definitivamente lloraba, porque de inmediato limpió sus ojos dándonos la espalda y una vez que se sintió lista para enfrentarnos volvió a mirarnos, sin rastro de las lágrimas que hacía pocos segundos la inundaban.
- ¿Nos vamos? - preguntó con su voz serena, como si nada.
Asentí y miré a Hanji indicándole así que se hiciera a un lado. La cuatro ojos obedeció y partimos los tres hasta la sala de reuniones, sin pronunciar palabra.
Erwin ya nos esperaba impaciente, y la reunión se llevó a cabo justo cuando tomamos nuestros lugares con los demás reclutas
Qué fastidio, el mismo discurso de siempre con las mismas personas de siempre. A excepción de Mikasa, claro...
La mocosa que no apartó la vista de mí desde que la reunión comenzó. A decir verdad, me sentí un poco incómodo, y se lo hice saber mirándola casi con fuego saliendo de mis ojos.
Ella simplemente me sonrió y apartó la vista hacia el comandante.
¿Qué fue eso?
- ... Por lo que sugiero que el capitán Levi sea quien entrene a los nuevos reclutas, teniendo él habilidades que hacen honor a su título como ''el soldado más fuerte de la humanidad''. ¿Estás de acuerdo, Levi? – me preguntó Erwin desde su lugar frente a mí, sabiendo perfectamente que muy a mi pesar mi respuesta sería positiva.
- Tsk... Espero que esos mocosos buenos para nada sepan obedecer órdenes. – pronuncié con molestia, y como siempre, Erwin rió por lo bajo.
- Está decidido entonces. – sin decir más, el comandante se levantó y lo siguieron los demás.
Pensé que sería libre para irme, pero Erwin se aproximó de pronto hacia mí.
O más bien, hacia Mikasa.
- Mucho gusto, novata. Mi nombre es Erwin Smith, comandante de la Legión de Reconocimiento. – dijo extendiendo su mano hacia ella, quien le devolvió el saludo.
- El gusto es mío, comandante – respondió con una amplia sonrisa que no le había visto antes. – soy Mikasa Jaeger, el capitán Levi fue muy amable al aceptarme en la Legión. – continuó mirando hacia mí, lo que me hizo notar que su sonrisa era bastante forzada.
- Sí que lo fue, no es normal en él aceptar a una persona así como así, debes haberlo impresionado mucho. – añadió Erwin guiñándole un ojo.
Tsk... sigo aquí, par de imbéciles...
- Es un honor trabajar para el hombre más fuerte de la humanidad, estoy muy agradecida. – la mocosa se inclinó un poco en modo de reverencia hacia mí y yo sólo levanté una ceja, sintiéndome extraño, demasiado alabado para mi gusto.
- Bien, Levi, creo que encontraste a alguien confiable. Te felicito – dijo Erwin dándome unas palmaditas en el hombro.
- Tsk... vámonos ya. – ordené a la mocosa y sin esperarla salí de ese lugar que comenzaba a asfixiarme.
Escuché unos pasos detrás de mí y deduje que sería la mocosa, pero antes de poder seguir mi camino, unas grandes manos me detuvieron de los hombros y me giraron para ver a la persona detrás de mí.
- Erwin, qué mier... - sin dejarme pronunciar nada más, el comandante cubrió mi boca con su mano mirándome con severidad.
- Levi, escucha con atención. Ten mucho cuidado con lo que haces. – murmuró tan bajo que apenas pude escucharlo. – Si confías en Mikasa, no tengo inconveniente en que la aceptes en la Legión, pero si no... Necesito que me lo digas ahora.
Su preocupado rostro terminó contagiándome, pero si de algo estaba seguro, era que no podía arrepentirme de mi decisión.
- Erwin, confío en ella. Tranquilízate, a veces eres demasiado precavido. – rodé mis ojos mostrando mi fastidio cuando de pronto sentí una fuerte migraña, maldita sea.
- Nunca se es demasiado precavido, Levi – murmuró con su voz grave. – Pero si estás seguro... está bien, confiaré en ti.
- Gracias. Ahora si me disculpas, debo ir con ella para indicarle unos trabajos que debe realizar – finalicé con el saludo de la legión y le di la espalda, ahora si continuando mi camino lo más rápido que pude, frotándome la frente con mi mano tratando de soportar el dolor.
-Mikasa-
El comandante me ordenó acomodar unas cosas antes de irme de la sala de reuniones, y siendo él un rango mayor, debía obedecerlo. Seguramente el capitán se molestaría y me daría un sermón por llegar tarde a su oficina, pero honestamente me importa muy poco.
Veremos cuánto tiempo más es capaz de darme órdenes.
Salí del lugar y me apresuré hasta la oficina del enano. Por suerte, los pasillos estaban vacíos una vez más y me evité las miradas curiosas de los reclutas. Tenía que acostumbrarme a ello, después de todo soy una extraña que fue aceptada por el frío y amargado capitán Levi Ackerman.
Llegué a la oficina y entré sin siquiera avisar, y grande fue mi sorpresa al encontrarme al capitán tumbado en el suelo.
Maldito... si vas a morirte, será en mis manos.
De inmediato me arrodillé junto a él y chequé su pulso, que seguía latente. Suspiré aliviada y revisé su pálido rostro con cuidado, buscando algún indicio de lo que pudo pasar. Acomodé su cabeza bajo un cojín del sillón y casi volé por un vaso de agua. Justo en el momento que sus labios tocaron el vaso, el capitán abrió los ojos algo desorientado.
- ¿Capitán? ¿Se encuentra bien? ¿Puede escucharme? – solté una pregunta tras otra, casi podría decirse que me mostré preocupada.
- Tsk... maldición. – respondió con voz débil, tratando de ponerse en pie.
- ¿Qué le pasó, capitán? – insistí.
Él miró a su alrededor y llevó una mano a su frente para frotarla. Yo esperé pacientemente a que respondiera y lo sostuve con mis brazos para evitar que volviera a caer.
- Sólo me mareé un poco, suele pasarme con todo el cúmulo de estrés. – respondió con un susurro.
- ¿Estrés? ¿Sabe lo que es bueno contra el estrés? – lo llevé hasta el sillón para que pudiera sentarse – Un masaje.
- Tsk... mocosa, no dejo que nadie me toque... - reclamó intentando empujarme en vano.
- No sea terco y déjese consentir – respondí rodando los ojos.
Al parecer, mis palabras surtieron efecto, porque se giró dándome la espalda y con cuidado se fue quitando la chaqueta.
Esto es demasiado fácil.
Con la chaqueta ya a un lado, llevé mis manos hasta sus... fornidos hombros, iniciando con el masaje. En verdad estaba muy tenso, y con solo tocarlo se retorcía por lo tenso que estaba
- Capitán, relájese. – ordené empezando a impacientarme.
- Tsk... - fue lo único que recibí como respuesta.
Sintiendo sus hombros un poco más relajados, me vi en la libertad de llevar una de mis manos hacia la parte trasera de mi pantalón, donde guardé el pequeño cuchillo que me encontré unas horas antes en la cocina. Lo observé fijamente por unos segundos y a mi mente llegaron esas simples palabras que cambiaron mi vida para siempre.
Todo sea por Levi Ackerman.
Cerré los ojos envolviéndome en recuerdos del pasado
Mi antiguo hogar.
La sonrisa de mamá y papá.
La llegada de esos hombres irrumpiendo en nuestro hogar.
Los gritos de papá pidiéndonos que huyamos.
Las lágrimas de mamá al ver el cuerpo ensangrentado de papá.
Esos hombres golpeando a mamá hasta la muerte.
Todo sea por Levi Ackerman, dijeron ellos.
Abrí los ojos de golpe volviendo a la realidad, y lágrimas incontables se resbalaron por mis mejillas de forma tan silenciosa que el capitán Levi ni siquiera notó la lucha que tenía conmigo misma
La mano que sostenía el cuchillo temblaba de forma descontrolada, y lo apretaba tanto que terminé haciéndome daño.
Levi entonces pareció notar que algo extraño debía estar pasando, porque la mano que le hacía el masaje empezó a apretarle el hombro de tal forma que podía lastimarlo también.
- ¿Mikasa? – preguntó de pronto aún dándome la espalda. - ¿Todo bien?
Rápidamente guardé el cuchillo de nuevo y proseguí con el masaje, incapaz de pronunciar nada.
Aún no. Necesito respuestas, necesito saber porqué.
Las lágrimas continuaron saliendo sin parar, y sin previo aviso, el capitán se giró hacia mí y no pude ocultar mi rostro.
Maldición...
Rápidamente limpié mis lágrimas y cubrí mi rostro con mis manos. Odié que pudiera ver esa debilidad en mí. Y de nuevo, sin avisar, sentí una gran y fuerte mano sobre mi nuca, arrastrando mi rostro hacia un lugar que me pareció bastante cálido y confortante, su pecho. Al parecer, notó que no tenía a dónde huir para ocultar mis lágrimas, y su acto de compasión fue ocultarme entre sus brazos.
Sin contenerme más, dejé salir todo mi dolor en forma de llanto sobre su pecho. Quería golpearlo, hacerle daño, pero a la vez me sentía mucho más tranquila con él protegiéndome de esa manera.
Te odio, Levi Ackerman. Y pagarás por hacerme esto.
