Aquella noche en particular, el frío era muy sobresaliente. Estaban muy cercanos al apogeo del otoño, por lo que no era de extrañar que Lucy comenzara a extrañar ya el calor tan acogedor que había estado obteniendo, momentos atrás, de la fogata que el grupo con el que viajaba habían hecho mientras se reparaban los problemas que la tan dichosa camioneta de Rogue venía dando durante el trayecto. Fogata de la cual Lucy estaba plenamente consciente, se encontraba muy alejada hacía ya varios minutos atrás.
Ella siempre confiaba demasiado en que su chaqueta la mantendría lo suficientemente abrigada en aquellos momentos en que el clima decidiera ser poco cálido. Sin embargo, el frío de aquella neblina de medianoche comenzaba a calarle hasta los huesos. Tanto era el caso, que sentía perfectamente cómo iba perdiendo movilidad en algunas partes de su cuerpo, como bien lo eran sus piernas y los dedos de las manos.
"Bueno, no por nada dijeron que debía traer ropa para un Boston en otoño." Bufó al solo recordarlo. Porque eso, más que parecerle una seria recomendación sobre el clima, sonaba como el nombre de una muy mala película de romance dramático. Género que ella flagrantemente detestaba.
Así que, hasta ese momento a Lucy le quedaba muy claro que lo único que quería, era despejar su mente de toda la mierda que lograba carcomerle las ideas y toda la racionalidad que le quedaba, para luego quedar en blanco. Cual primera capa de nieve cubre el suelo en pleno invierno.
Mas también era consciente que por medio de esa manera, jamás lo conseguiría.
Lucy mantuvo la vista fija en todo el panorama frente ella. Buscando un punto que lograra absorberla por completo. Justo como leyó de Nietzsche alguna vez: quería encontrarse de frente con un abismo para que este terminase por devorársela. Claro, así no iba textualmente la cita, pero esa era la idea que gustaba sacarle a la filosofía que había aprendido de la universidad.
Pero parecía tan lejanamente imposible que, en lugar de impresionarse por el corto pedacito de luna que lograba ver en aquel manto de preciosas estrellas. O simplemente, en el aparente acantilado sin final alguno más que el romper de las olas. Lucy se había visto atraída por el más ínfimo de los detalles: la vista de su aliento escapando entre sus labios. Resultaba... Hipnotizante.
Lo único que ella hacía era suspirar. Llenar de aire sus pulmones, y suspirar largamente a la nada. Claro, además de su cuerpo no dejar de tiritar por el frío gélido de la noche.
Distraídamente, comenzó a crear una hipótesis en la que cierta parte de su alma escapaba tan sigilosa como vertiginosamente de sus labios con cada suspiro que soltaba. En su preconcepción, la imagen resultaba extrañamente fascinante y excéntrica.
Y tan encantada se halló ante ella, que quizá sin notarlo del todo, lo hacía sin cesar. Estableciendo un ritmo incesante. Bien y podía decirse que se había añadido a la lista como una nueva adicción: contemplar el vaho que soltaba en cada una de sus exhalaciones, para luego verle perderse entre la neblina que se arremolinaba metros, y metros, bajo sus pies. En aquel acantilado.
A lo mejor, eso era lo que tanto disfrutaba su padre al pasar tantas horas sentado en la silla de su oficina frente al mismo viejo reloj de la familia. Lucy le recordó. Y le fue imposible plantearse aquella pregunta. ¿Imaginaría él lo fácil que sería terminar con una vida al tener frente a sus ojos montones de aros hechos con las fuertes caladas de sus puros favoritos... desvaneciéndose lentamente?
Cerró lentamente los ojos, rompiendo así aquel hechizo al que se había sometido, y a su mente llegaron más recuerdos de su lamentable pasado.
Un escalofrío le invadió la nuca y viajó hasta su espalda cuando fue consciente del viaje que realizaba. Sabía que debía detenerse, pero a la misma vez, era difícil no permanecer de ese modo. Pero cuando en su mente fue capaz de vislumbrar a su madre, creyó... No. Sintió que todos sus miedos volvían a hacerse palpables.
Aún tenía fresco en la memoria el mal recuerdo de ella antes de morir.
Y no había sido malo precisamente por el hecho de haber sobrepasado la pérdida. Sino por las palabras más extrañas que Lucy había logrado entender de su madre moribunda.
Una punzada de dolor físico, la hizo encerrar su herida ya vendada, entre su mano. El corte en su brazo izquierdo era muy reciente todavía. Pero aún podía recordar la sensación de la sangre correr y deslizarse por la piel no desgarrada de su brazo mientras la alfombra que tanto adoraba su madre era manchada por la sangre de su única hija.
Las lágrimas se asomaron sin permiso alguno bajo sus párpados. Se creyó incapaz de poder volver con el grupo que había dejado atrás. Odiaba admitirlo, pero siempre era evidente para todos cuando ella se soltaba a llorar. Odiaba las marcas tan notables que se grababan bajo sus ojos cuando las lágrimas brotaban, aún por poco tiempo. Odiaba los temblores que asaltaban a su delgado cuerpo. Pero odiaba aún más el que alguien la pillara por sorpresa en medio de su patética situación.
Fue precisamente el sonido de unas pisadas quebrando las hojas y las ramas del bosque que tenia tras de sí, lo que la asustó y le advirtió para abstenerse a gritar de pura frustración nuevamente.
Entre sus planes al alejarse de aquel grupo no estaba que alguno de ellos, ni siquiera Sting que era su novio, le siguiera o le buscara tan pronto. Por lo que, al escuchar aquel ruido Lucy inmediata y, quizá solo un poco bruscamente volteó su mirada para poder identificar a la persona que, al parecer, no podía caracterizarse por ser lo suficientemente silencioso.
Fue muy sencillo reconocer a quién por años, había sido su pelirroja amiga: Erza Scarlet. Además, no podía negar que el ver a Erza dentro de un enorme abrigo de ¿peluche blanco?, era completamente divertido.
"¿Te fijas aún ahora en eso?"
Desde que Lucy recordaba, Erza siempre había tenido la apariencia correcta para ocupar el apodo que, los chicos de su mismo grupo, tan apropiadamente le habían clavado. Pero algo en la mirada de Erza le irritó inmediatamente. Era psicóloga, no una pobre imbécil.
"Te tiene lástima."
—¿Está todo bien, Lucy? En realidad, no había estado esperando ninguna clase de compañía. Estaba completamente convencida de que todos sobre entenderían el hecho de que deseaba estar sola, porque incluso su novio lo había hecho sin ningún problema aparente.
Ella incluso, bien y pudo haber asegurado que la llamarían, o que como menos, la buscarían hasta que la camioneta funcionase de maravilla y se vieran en la obligación en llamarla de vuelta. Hasta que todos estuvieran listos para continuar con aquel viaje, al que aún en ese instante, no sabía por qué ella había aceptado unirse.
—Claro que sí, Erza. ¿Por qué debería no estarlo? Su tono era notoriamente cortante. Detalle que, por alguna razón, ni ella entendió del todo de sí misma en ese momento. Simplemente se sentía molesta. Quizá porque no habían podido darle ni siquiera un respiro para ella sola.
"No. Su mirada es de lástima."
—¿A qué se supone que has venido hasta acá?
Incluso la pelirroja se sorprendía de la actitud tan pesimista tomada por su amiga. Si bien era cierto que llevaban mucho tiempo sin verse o comunicarse, Erza podía notar que durante la última y dichosa visita que Lucy había hecho a su familia, algo había cambiado drásticamente en ella. Quiso atribuírselo a la reciente pérdida. Pero había algo en ello que no terminaba de convencerla.
—Lucy... Yo solo-
—¿Es que ya está la camioneta? Si es así, iré en un momento. Lucy la cortó de un modo tan pesado que ya comenzaba a cansar a la pelirroja. Ella era simplemente así.
—No, no es por eso por lo que he venido.
—Vale, pues... Sea lo que sea, no me interesa por ahora. Así que hazme un favor, y déjame sola.
El ambiente entre ambas comenzaba a volverse tan tenso, que bien y podría cortarse con un cortaúñas. Y Erza creía entender ahora que cuando Sting la había llamado pidiendo alguna clase de fuerte distracción, no lo pedía por los viejos tiempos. Sino como siempre, por Lucy. Algo realmente serio había sucedido.
—¿Se puede saber qué mierda es lo que sucede contigo?
—¡Nada! Sólo. Déjame. Sola. Las pausas que hacía Lucy denotaban que su propósito al decir aquello era para calmarse a sí misma, quería desquitarse de una u otra manera por todo lo que sentía. Y sabía que Erza no tenía la culpa de nada, y que no merecía en absoluto aquel trato que le estaba dando. Pero, aún así, no podía evitar seguir actuando como lo hacía.
—Está claro que tienes algo, ¡joder!
—¡Que no es nada!
—¡¿Acaso he sido yo?! ¿He hecho algo que te tenga mal?
—NO. Esto no tiene nada que ver contigo. Los gritos aumentaban entre ellas, y era lógico pensar que fueran lo bastante audibles para cualquiera dentro del bosque. Mas Lucy aún le daba la espalda a Erza, tratando a lo mejor así, de no tambalear con sus palabras o su estado mental.
—¿Ha sido algo que ha hecho Sting?
Aquella pregunta, tomó por clara sorpresa a Lucy. Y es que solo imaginarse una idea como esa, parecía ridícula. En especial cuando la realidad era que ella era quien lo dañaba al hacerlo estar a su lado.
—¿Qué? ¡No, claro que no!
—¿Los chicos? Erza realmente se esforzaba por luchar y desenterrar el por qué detrás de las cosas, pero no podría aguantar por siempre lo que parecían ser los berrinches de la rubia que ella tenía como amiga.
—¡Ya te he dicho que no! ¡Así que para con tu estúpido interrogatorio de una vez por todas, Erza! Para con esto, ¿quieres? La paciencia de Lucy había llegado al límite de que al fin se había decidido voltear. Y para bien de Erza, había decidido afrontarla cara a cara. Mas esta al verla directamente a los ojos, se sorprendió.
La Lucy que Erza creía que conocía, jamás la hubiera enfrentado como la que ahora tenía enfrente, de hecho, lo hacía. Esta era claramente otra chica. ¿Qué diablos había sucedido hace dos semanas?
—¿Entonces quién?
—¡Nolo sé, joder! Las lágrimas llegaron sin que ella misma lo esperara. Era tanta la frustración que tenía acumulada dentro de sí, que no lograba entender el por qué de su reacción. —Tan solo creo que soy yo... yo misma.
"Lamentable."
En ese momento, parecía como si Lucy nunca fuera a detenerse y ahora para Erza, la chica frente a ella parecía una tan indefensa e inestable, que resultaba difícil para la pelirroja reconocerla.
"Eres lamentable, Lucy. Lamentable."
Resultaba simplemente imposible para Lucy no odiarse por sentirse un ser tan patético, porque se había prometido en el pasado que jamás demostraría su cobardía y debilidad a nadie. Ni siquiera deseaba volver a tener que contar con Sting como respaldo para ello. Y aunque desde que había salido de aquel infierno de hogar, había jurado con sangre no mostrarse débil ante nadie. Ahí estaba ella, siendo incapaz de controlarse. Siendo incapaz de engañar a Erza.
Siendo incapaz de siquiera engañarse a sí misma.
Avergonzada, tan solo dejó caer su peso abajo. Lucy se abrazó a sí misma y lloró, ahogando sus sollozos y cubriéndose los ojos. Saber que justo ahora tenía el mismo reflejo que el de su madre cuando perdía el control de sus medicamentos, resultó un hecho tan despreciable para ella, que ahora sus razones para acabar con toda esa farsa, incrementaron. ¿Cómo resultaba sencillo para otros hacerlo?
"Lamentable" La voz dentro de ella, no dejaba de recordarle la realidad, y eso solo lograba mortificarla aún más.
Erza seguía en shock, y es que no entendía nada de lo que estaba pasando frente ella. La extraña y risueña amiga que atesoraba en sus memorias había cambiado tanto en aquel transcurso de tiempo en el que se habían tenido que separarse, que ahora le parecía alguien irreconocible.
Probablemente.
Lo único a lo que se vio motivada a hacer, fue a agacharse y abrazarla. Sentía una gigantesca necesidad de hacerlo, y Lucy entre su mar de lágrimas, veía con sorpresa también a la pelirroja.
Aquel era uno de esos momentos en los que las palabras sencillamente sobraban, y tan solo les bastaba con lo que había a su alrededor.
Silencio y agradable quietud.
"Igual de lamentable que tu madre..."
—Lucy, sabes que... para lo que me necesites... ahí estaré, ¿vale? Erza siempre deseaba apoyar a su amiga aún si no entendiese lo que sucedía. Tan solo quería mostrarle que tendría su apoyo. Y cuando parecía que esta por fin, diría algo respecto a su última tragedia...
—¡Hey, chicas!
Lucy reaccionó rápidamente, y secó sus horrorosos lagrimones, y se apartó de Erza. Y es que ella nunca solía mostrar ese lado tan negativo en ella, ya antes había cometido ese error, y lo había pagado con creces. Por lo que no quería que el resto viera su tan lamentable estado.
—¿Qué diablos se supone que hacen acá? Preguntó una Levy un tanto cabreada, mientras caminaba hasta ellas con su ocasional abrigo de lana. El frío no daba tregua para nadie.
—Hemos estado buscándolas un buen rato, ¿saben?
Al ver que Lucy aún seguía tan renuente a contestar, Erza decidió tomar la siguiente palabra. —Tan solo estábamos... Conversando. ¿Es que ahora hay algo de malo en ello?
Erza notó lo que la rubia no quería, así que supuso que sería bueno olvidar lo de hacía unos momentos atrás. Por lo que su aura se transformó en una de Cállense idiotas.
—Claro. Aquel tono de voz era inconfundible, pues al parecer Levy era otra de las que quería o le importaba poco enfrentar a la pelirroja ahora. Bueno, eso siempre que estuviera lo suficientemente molesta con Lucy; enorme detalle que nadie lograba comprender a cabalidad, considerando que en un pasado no tan lejano, ambas habían sido como uña y carne al ser las estudiantes y compañeras de la mayor investigación esotérica de la historia.
Claro, no tanto como aquello, pero lo parecía considerando las muchas y nuevas reformas que habían logrado en sus años de universidad.—Nosotros aguantando un jodido frío porque ambas se ponen platicadoras. Menuda mierda la que nos sueltas, Erza.
—Ya cálmate, Levy. No te pongas en ese plan justo en este momento. Agregó su novio Gajeel, quien apareció justo detrás de ella.
—Tú solo debías decirle que la camioneta estaba lista y punto, Erza. El silencio volvió a reinar en aquella situación, y esta vez, fue uno de esos que sobrepasan el límite de una obvia incomodidad. —Eso fue lo que acordamos, ¿recuerdas?
Lucy nunca supuso mal al creer que nadie se interesaría en ella a no ser que fuera en ese momento por la camioneta. ¿Por qué había dudado tanto? "Es porque eres igual de lamentable que ella." Ahora hubiera sido genial ver sus reacciones. ¿Angustia? ¿Desesperación? ¿Lástima? O incluso ¿asco?
"Claro que no. No le importas a nadie."
—Vale. La chica se levantó. Sacudió su ropa y levantó la cara muy en alto. Casi como si un momento de debilidad, nunca le hubiera afectado, o eso siempre terminaba aparentando.
—Siento haberlos retrasado con mis salidas de adolescente rebelde, podemos continuar con la magnífica idea de Levy de ir por ahí como caza fantasmas. ¿No creen, chicos? Entre esas dos, tanto Levy como Lucy, las miradas eran tan desafiantes, que resultaba obvio el hecho de que las asperezas del pasado, aún continuaban vivas en el presente.
Una enorme incomodidad invadió el ambiente entre todos al escuchar las palabras de la rubia.
—Gray-sama, ¡mire la vista de este lugar! Dijo Juvia ignorando la discusión que acababa de ocurrir, mientras señalaba aquel panorama que habían ignorado todos, y que estaba frente a ellos. Y es que Juvia siempre sabía como cambiar de tema en medio de situaciones tensas como las de ese momento. Aún cuando siempre arrastrase a Gray para eso.
—Oh, tienes razón, Juvia. Es realmente espectacular.
Todos se preocupaban de que el ambiente empeorase más de lo que ya lo estaba, y quizás haber distraído a ese par había sido lo mejor. Las cosas habían cambiado durante aquel largo lapso de tiempo, y era más que evidente.
El vaivén de las olas rompiendo contra las rocas, y siendo iluminadas por el pequeño trozo de luna de la noche, eran espectaculares. La vista del lugar, les transmitía a todos una clase de sentimiento distinto. Y Lucy al verlo nuevamente, suspiraba como si fuese lo último que pudiese hacer. "Asco."
Eso imaginaba que sentirían todos cuando la vieran a ella, o al menos a su cadáver, cuando estuviera ente las enormes rocas mojadas por el mar.
Sting, quien no había soltado una sola palabra antes, se acercó hasta a estar al lado de Lucy. La encerró fuerte y tiernamente entre sus brazos, y apoyó su cabeza en el hombro de su ahora novia. —De seguro tuviste que soportar algo de frío mientras charlaban, cariño. Deja que te abrace un poco, ¿sí? No quiero que te enfermes ahora. A él le encantaba tanto estar con ella.
Había anhelado tanto estar en una situación como esa, que deseaba con fuerzas que el tiempo se quedara tal y como estaba. Sabía que amaba a Lucy con alguna clase de extraña locura, pero eso no importaba. Lo único que ahora importaba para él en ese justo momento, es que él tenía la oportunidad de estar a su lado. Eso importaba para él, y mucho.
Mas Lucy, a pesar de estar entre los fuertes y acogedores brazos del chico a quien creía amar, se sentía como si nuevamente su llama se apagase lentamente.
Muy lentamente.
Todos los chicos iban de regreso a la camioneta, y al llegar los esperaban un Rogue serio y una Yukino bastante friolenta.
—¿Dónde estaban? La camioneta está lista hace buen rato. Les recordó la peliplateada, mientras el pelinegro apagaba lo que había quedado de la fogata que habían hecho mientras esperaban.
—Si, es sólo que nos hemos quedado viendo la vista increíble del acantilado de este lugar. Se la han perdido por completo. Dijo bastante animada Juvia, quien llegaba muy abrazada del brazo de Gray.
—Bueno, será para otro día. Ahora mismo siento cómo que me congelo. Algunos rieron por el comentario, ya que el frío sí que era notorio para todos.
Guardaron todas sus cosas y luego de unos minutos estaban todos a bordo y listos dentro de la camioneta nuevamente. Se acomodaron y continuaron con su marcha.
Aquella mansión a la que al parecer se dirigirían antes de llegar al lugar en el que se hospedarían, quedaba como a 30 minutos desde el lugar que estaban. Que era una zona muy boscosa de Boston al parecer, y a 10 minutos del lugar al que se mudarían.
Era la salida perfecta para ellos. Y ahora, debían prepararse mentalmente para lo que creían que les esperaba.
Mas Lucy, solo tenía la mirada perdida entre los árboles que indicaban el camino. Por alguna razón tenía un mal presentimiento de todo aquello. Pero justo en ese instante, poco le importaba, ella solo deseaba cerrar los ojos y descansar.
Y así hizo.
