N/A:
Hola, nuevamente :)
Aquí les traigo un nuevo capitulo y les adelanto de que este fic sólo tendrá cinco caps por que ya los resumí, sólo me falta escribirlos, xDD Espero que todos se encuentren bien :)
N/A 2:
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DISCLAIMER:
Bleach no me pertenece y el fragmento de canción le pertenece a Adele de su fabulosa canción Turning Tables.
Espero sus reviews!
CAP II
So I won't let you close enough to hurt me
No, I won't ask you, you to just desert me
I can't give you what you think you gave me
Ichigo colocó los ojos en blanco en cuanto Yuzu y su padre comenzaron a montar todo un teatro en la estación de tren. Karin y él se miraron, para luego sonreír y negar la cabeza. Habían cosas que nunca cambiaban. Sus hermanas estaban a punto de ingresar a la universidad y ya no eran aquellas niñitas que él tanto adoraba (y que aun lo hacia) sino que ya eran dos jóvenes mujeres muy diferentes entre si. Karin se había dejado crecer su melena hasta la cintura y aun cuando el maquillaje y todo lo femenino no era lo de ella, él podía observar a simple vista el ligero maquillaje que enmarcaba su rostro.
Yuzu, por su parte, cada día se parecía más a su fallecida madre, a excepción de su color de cabello. Su melena le llegaba a los hombros y le daba un toque de mujer un poco más madura (aunque realmente no lo fuera). —¡Ichi-nee! ¿Cómo sabré si te alimentas de forma adecuada? ¿Quien planchará y lavará tú ropa?— preguntó con aire dramático, halando los brazos de su hermano mayor.
Ichigo suspiró. —Yuzu, no es como sino hubiera vivido solo. Fui a la universidad y estuve casi cuatro años solos y aun estoy vivo, ¿lo recuerdas?— trató de calmarla. Con gran suavidad la tomó por sus hombros y le sonrió. —Relájate, voy a estar bien. Lo prometo— le dijo con gran calma. Ichigo ya sabía como sobrevivir estando solo, había vivido en un pequeño apartamento durante más de cuatro años cuando ingresó a la universidad. Aunque debía admitir que no era lo mismo. Él tenía un apartamento en su misma ciudad y ahora no sería de esa forma... él partiría a Tokyo...
Su padre lo haló con rudeza y lo abrazó de esa forma tan dramática que lo caracterizaba. Ichigo sólo pudo darle un par de palmadas en la espalda, incapaz de decir algo a las palabras de su padre "Masaki estaría muy orgullosa de ti, Ichigo".
Luego de despedirse de sus hermanas y padre, él subió al tren y los observó desde una de las ventanillas. Cuando el tren comenzó a moverse, él se despidió con su mano, observando como Karin se limpiaba las mejillas y a su padre abrazar a sus dos hermanas. Él suspiró, recostándose del asiento y recordándose mentalmente que más le valía llamarles una vez a la semana y escribirles al menos dos veces en el mes.
Cuando llegó a Tokyo, después de un largo y muy incomodo viaje (el pasajero a su lado se había dormido y no había dejado de roncar durante todo el trayecto) Ichigo tomó sus cosas y se dirigió al que sería su nuevo y modesto departamento en la ciudad. Dos semanas antes, él había viajado junto a su padre y había seleccionado el apartamento número 215 en un pequeño edificio en el centro de Tokio. También había conseguido un empleo en una revista a no más de dos cuadras del lugar. Todo estaba listo, sólo necesitaba presentarse a trabajar al día siguiente y así comenzaría formalmente su vida.
A él no le gustaba usar camisas de botones y de mangas largas, tampoco le agradaba utilizar pantalones de vestir, pero si algo le había enseñado su padre y sus profesores en la universidad, era que cuando se refería al trabajo, él debía mostrar genuino interés y vestir de forma correcta. Claro, eso no impedía que él no utilizara dos de los botones de su camisa abiertos (en la parte superior) o que sus mangas fueran enrolladas hasta sus antebrazos. Ese aspecto desalineado era su sello personal.
El edificio donde se encontraba las oficinas de la revista eran inmensos. Habían imágenes de un sinfín de animes y personajes de mangas y videojuegos. Era uno de esos edificios modernos, con televisores hasta en los elevadores. Todo resplandecía de limpieza e inclusive él podía verse reflejado en las lozas de los pisos. Habían decenas de personas caminando de un lado a otro, algunos de ellos (lo supo por que los había visto en revistas) eran famosos mangakas acompañados por sus editores y ayudantes, otros eran animadores de películas y animes... y también habían escritores de guiones sentados en las pequeñas salas de descanso, escribiendo algún guión o algo por el estilo.
Ichigo se sentía un tanto intimidado por el ambiente. Si bien era cierto de que él ya había escrito ara revistas e inclusive un guión para un manga, él no dejaba de sentirse pequeño alrededor de todas esas personas tan famosas.
Cuando entró a la oficina del director general, él se sentó en la pequeña sala hasta que su secretaria lo llamó. Él entró al despacho y se sorprendió al ver la maravillosa vista que esta poseía de la ciudad. Imaginó que en las noches la vista debía ser increíble. Ademas, no sólo era la vista lo que lo sorprendía, sino que en las paredes contrarias había un sinfín de imágenes originales y autografiadas de personajes famosísimos en el mundo del entretenimiento y de animación. Inclusive, habían imágenes inéditas de personajes de juegos de videos. "Increíble" fue lo único que pudo decirse mentalmente.
—Ahh, Kurosaki-san, es un gusto verle de nuevo— comentó el director, Yamazaki Kujo, un hombre de unos cincuenta y tantos y de aspecto regordete. Poseía unos lentes de pasta negros que enmarcaban su pálido rostro y que ocultaban sus ojos azules. Su cabello estaba comenzando a dejar de ser negro para convertirse en platinado debido a la excesiva cantidad de canas que poseía. Ichigo hizo una reverencia en forma de saludo.
—Un placer volver a verle, Yamazaki-sama— dijo con seguirdad, sentandose en una de las sillas frente al hombre. Yamazaki sonrió e Ichigo no pudo dejar de encontrar cierto parecido en la sonrisa de este con la de su padre.
El director tomó un manuscrito y lo observó, antes de colocarlo sobre el escritorio. Ichigo tragó seco al ver su manuscrito. Se había tardado meses, en escribirlo y editarlo, sin contar todas las noches de desvelo que tuvo para conseguir ideas. Ese manuscrito era como su hijo primogénito que estaba en medio de una observación y estaba en manos de Yamazaki si sobrevivía o no. —He leído tú manuscrito, Ichigo— comentó, señalando el título en ingles que leía "It's time". —
Tengo que confesar que jamás imagine que tuvieras tanto talento. Pensé que ibas a ser uno de esos escritores de un 'shonen' sangriento, sin historia y con un sinfín de mujeres mostrando sus tetas. Tienes tipo de ese estilo— él rió e Ichigo colocó los ojos en blanco, tratando de evitar el sonrojo que amenazaba con expandirse por sus mejillas. —Sin embargo, tienes un talento nato. Mi hijo, de casualidad, lo leyó y quedó encantado con la idea de las desventuras de dos jóvenes. Tienes un gran estilo, Ichigo y sin duda alguna este será uno de los 'shonen' de esta revista.— Ichigo no pudo evitar sonreír, incapaz de procesar algo. No sabía si gritar de felicidad o salir corriendo a llamar a sus hermanas y comentarle sobre su logro.
¡Demonios! ¡Su escrito estaría en una de las mejores revistas de manga en todo Japón! —No sabe cuan feliz me hace esta noticia, señor— comentó con sinceridad, incapaz de borrar su sonrisa. Yamazaki asintió, con una pequeña sonrisa por igual.
—Pero claro, Kurosaki-san, tenemos que pensar que no eres dibujante y dijiste en las notas del manuscrito que no tienes idea de quien puede encargarse de los bocetos y de los dibujos, ¿cierto?— Ichigo asintió. Él era un asco en lo que a dibujos se refería, por ello necesitaba a un buen dibujante y ambos ser los co-autores del nuevo manga. —Bien, creo que tengo a la persona ideal para ello. Es escritora en otra revista, pero como tiene talento y necesita el dinero, estaba trabajando a tiempo parcial como co-diseñadora de otro manga, pero debido a que este fue suspendido por los bajos niveles de audiencia pues ha quedad desempleada— explicó. Ichigo sintió lastima por la persona, la crisis económica no estaba ayudando del todo a la industria. Yamazaki presionó uno de los botones de su teléfono y le pidió a su secretaria que hiciera pasar a la persona. —Espero que su estilo de dibujo te agrade y podamos empezar este proyecto en cuanto antes. He visto que tienes los diálogos de los primeros seis capítulos, así que sólo faltarían los dibujos y estaríamos promocionando en menos de dos meses— explicó una vez mas, provocando que Ichigo se sintiera extremadamente feliz.
La puerta se abrió. —Buenos días, Yamazaki-sama— saludó una voz femenina y bastante conocida para Ichigo, quien no dudo en voltearse a ver a la chica. —¿K-kurosaki-kun?— preguntó Orihime, incapaz de moverse.
—¿Inoue?— cuestionó Ichigo, incapaz de quitarle la vista de encima. Orihime estaba un poco más delgada de lo usual, sus ojos grises no tenían el mismo brillo que tanto le caracterizaba, sino que tenía un par de ojeras (no muy visibles) debajo de sus ojos. Se veía un poco mayor para su edad, aunque eso no quitaba su hermosura natural. Su cabello naranja estaba amarrado en una coleta desalineada, y su camisa a cuadros estaba abierta, mostrando una camisa blanca en el interior.
—Ahh, ¿se conocen? ¡Mucho mejor! Verás, Orihime-chan, Kurosaki-san es el autor de un nuevo manga y necesita de una persona con buena calidad de dibujo y como no conoce a nadie, le explique que tú eres muy buena en ello. ¿Te parecería unirte a nuestro nuevo proyecto?— preguntó sonriente Yamazaki. Orihime se quedó en silencio durante unos segundos, evaluando la situación.
Ella realmente no deseaba trabajar con Ichigo, eso sólo le traería más a su ya bastante destrozado corazón, pero necesitaba con urgencia el dinero. Debía un mes en el cuido de Daisuke y sino pagaba, corría el riesgo de que Daisuke no fuera cuidado allí y eso complicaría su ya bastante complicada existencia. Orihime sabía los beneficios de ser una co-autora, tendría dinero y si el manga era exitoso, eso representaba muchos beneficios para su carrera.
Miró a Kurosaki por unos instantes y luego a Yamazaki. —Si Kurosaki-kun no tiene problemas, yo tampoco los tengo— comentó, sentándose a un lado del shinigami sustituto. Yamazaki miró a Ichigo, en busca de alguna negación o de protesta.
—No tengo problemas, Yammazaki-sama. Conozco la calidad de los trabajos de Inoue y se que lo hará muy bien— comentó con sinceridad, observando con el rabillo del ojo la incomodidad de Inoue.
Yamazaki se colocó de pie, satisfecho. —Excelente. Entonces creo que daremos paso a este nuevo proyecto y esperemos que sea exitoso. Me encantaría que continuaran reuniéndose y hablando de este nuevo proyecto.— luego de un par de comentarios de parte de ambos, se despidieron de Yamazaki y salieron de la oficina.
El silencio incomodo entre los dos era tan evidente que inclusive la secretaria e había preguntando mentalmente como diablos iba a funcionar ese equipo si sus dos principales autores se mostraban tan incómodos Los dos caminaron juntos hasta el elevador, aun sin decirse ni una sola palabra o mirarse. —Lo lamento— dijo Ichigo, rompiendo el silencio por primera vez y volteándose hacia ella. —Yo no debí haberte rechazado de aquella manera y lo lamento...
—¡No! Cierra la boca, ¿quieres?— le gritó Orihime, por primera vez en la vida y provocando que él se quedara sorprendido. —No lo lamentes, no te disculpes, por que eso solamente sirve para dañarme más. Tú no tienes que vivir lamentándote eso es sólo para mi, Kurosaki Ichigo— comentó en un tono agridulce. Las puertas del elevador se abriero e Ichigo las cerró, provocando que las personas que estaban esperando se quejaran.
Él sólo pensar en que ella estaba desempleada y que ni siquiera había culminado la universidad lo hacían sentir culpable. —No, escúchame Inoue, yo tengo la culpa de que...
—¿La culpa de qué? ¡Tú no sabes nada, Kurosaki-kun! Y definitivamente no tienes la culpa, todo lo que me ocurre es por mis propias decisiones. Sino te has dado cuenta aun, soy una mujer y afronto mis decisiones y mis responsabilidades. Ya no soy aquella chica que conociste y que necesitaba que la protegieran por todo. Quítate de tú mente la culpabilidad por que mi vida sea un total desastre, por que no es tú maldito problema— le gritó una vez más, quitandole de las manos el manuscrito y abriendo las puertas del elevador. —En cuanto tenga los primeros bocetos, te los haré llegar— comentó, antes de que las puertas se cerraran con él en el interior.
Ichigo se recostó del elevador y observó las puertas. ¿Qué demonios había pasado? ¿Donde estaba aquella chica dulce y amigable que todos conocían? Claro, él merecía eso y mucho más por haberla rechazado aquella vez y haber sido el causante de que ella lo abandonara todo hace tres años atrás. Él había culminado sus estudios sintiéndose como un bastardo. Orihime Inoue tenía más derecho que él a tener una graduación y un diploma... y él, de cierta forma, había destruido esas oportunidades. Ella era (o había sido) una chica inocente y frágil; cuando él la rechazó había destruido a esa chica. Él no pudo dejar de sentirse culpable de todo lo que estaba ocurriendo. Ella necesitaba dinero, estaba desempleada y no tenía de otra que trabajar junto a él, la persona que más daño le había hecho.
"¡Mierda!"
—Mira mami— gritó Daisuke desde lo alto de uno de los juegos del parque. Orihime estaba sentada en una de las bancas, leyendo el manuscrito de Ichigo y trazando uno de otro boceto de los personajes protagonistas. De hecho, era un excelente manuscrito. Ella sabía que él era un gran escritor por que tenía esa habilidad de colocar sus sentimientos en el papel... a ella sus colegas le decían que era buena dibujando los sentimientos de los personajes en cada una de sus facciones...
Ella sonrió hacia donde estaba Daisuke. —Eres muy valiente, Dai-kun— comentó, provocando que su pequeño sonriera ampliamente y que un pequeño sonrojo se extendiera por sus mejillas. Ella continúo leyendo el manuscrito hasta que se sintió exhausta y le pidió a su pequeño hijo que regresaran a casa.
Mientras caminaban por la calle, Orihime no dejaba de decirse mentalmente que quizás había sido demasiado dura con él. Ichigo no tenía la culpa de todo lo que le había pasado, sino que ella era la única responsable de esa vida tan miserable (a excepción de Daisuke, que era su única alegría) que llevaba. Él tampoco tenía la culpa de que ella se sintiera desesperada por no tener el suficiente dinero como para pagar el cuido de su hijo o de poder comprarle nuevos juguetes o ropa. Daike lo gastaba todo con sus amantes y en el pago de la renta y otras cosas, así que ella no tenía ayuda alguna de él. Ella estaba sola y se sentía desesperada.
Entró junto a u hijo a un pequeño restaurante a un par de cuadras de su casa. Sentó a Daisuke en la silla para niños (aun no alcanzaba la mesa) y se sentó a un lado de él y pidió dos platos de sopa de fideos. Tenía que recordarle a Daike que debía comprar leche y demás víveres que se habían acabado. —Mami, mira— Orihime miró a Daisuke y este sonreía. —Él se parece a tú dibujo— señaló a un hombre que estaba en la mesa contraría.
—Daisuke, ¿que te he dicho de señalar a las personas?— preguntó, antes de mirar hacia la mesa y encontrar la cabellera naranja de Ichigo. Ella se volteó y trató de ocultarse tras de su hijo, rogándole a Kami que él no la viera, pero fue en vano. Antes de que la mesera llegara a pedir la orden, Ichigo la miró.
Fue un momento bastante incomodo entre los dos, por que él no sabía que hacer debido a lo que había pasado horas antes y ella se sentía demasiado avergonzada. Orihime sonrió levemente y le saludó con su mano, y él, sintiéndose aliviado, le devolvió la sonrisa y él saludo, antes de fruncir el ceño al ver a Daisuke.
Ichigo se acercó a ella y antes de que pudiera decir algo, ella le interrumpió. —Lamento lo de esta mañana, Kurosaki-kun. No he tenido una semana muy buena y creo que explote con quien no debía. Lo lamento— murmuró con cansancio.
—No tienes nada de que disculparte, Inoue. Merezco eso y más— comentó antes de dirigirse a Daisuke. Orihime se sonrojó y le hizo un ademan para que tomara asiento. —Gracias—
Daisuke le sonrió a Ichigo, antes de saludarle con sus dos manitos. —Ohayo— saludo tal y como le habían enseñado en su cuido. Ichigo no pudo evitar sonreír y tomarle una de las manos en señal de saludo.
—Ohayo— le saludó. Orihime suspiró, imaginándose el como hubiera sido si Ichigo hubiera sido el padre de Daisuke...
—Él es Kurosaki-kun, Dai-kun. Y este pequeño es Daisuke-kun, Kurosaki-kun. Mi hijo— explicó Orihime, provocando que Ichigo la observara sorprendido. ¿Su hijo? ¿Estaba casada? ¿Qué diablos había pasado? Como si hubiera sido capaz de leer su mente, Orihime añadió —Es una larga y muy complicada historia, Kurosaki-kun—
Él asintió. —Entiendo— murmuró, sin quitarle la vista de sus ojos grises. Orihime se veía tan cansada, tan inconforme con su vida... eso le provocó cierto dolor en su pecho. Él le había prometido en su adolescencia que él la protegería... él no había sido capaz de eso. No sólo por lo sucedido en Hueco Mundo, sino por que ni siquiera había sido capaz de ayudarla en su vida.
En cuanto ordenaron la comida (la mesera le regaló a Daisuke un pequeño libro para pintar), los dos se pusieron a platicar sobre el trabajo. —Es un buen manuscrito, Kurosaki-kun. He comenzado a leerlo y tracé un par de bocetos— comentó Orihime, sacando de su bolsa sus libros de apuntes y entregandoselos a Kurosaki. —Falta pintarles y darle un par de detalles— añadió, observando como Ichigo miraba con detenimiento los dibujos.
—Son estupendos, Inoue. Captaste bastante bien la idea— Ichigo le devolvió el libro de apuntes, complacido con lo que había visto. —Si los dibujos van a ser tan buenos como esos, estoy seguro de que tendremos éxito.— explicó con seguridad en su voz. Orihime sonrió de lado.
—La historia es muy buena, Kurosaki-kun, no entiendo como no debería tener éxito.— El teléfono móvil de Orihime sonó y ella lo buscó en su bolsa, leyendo el identificador de llamadas. Daike. — Discúlpame unos segundos, vendré rápido— comentó, levantándose del asiento y saliendo a las afueras del negocio. Ichigo observó durante un par de segundos el como Orihime discutía por el móvil y como negaba su cabeza o cerraba sus puños. Se volteó y se encontró a Daisuke mirando la imagen a las afueras del local. El pequeño había dejado de colorear los dibujos y se veía como si de un momento a otro iba a comenzar a llorar.
—Oye, Daisuke— le llamó en voz amigable. El pequeño dejó de mirar a su mamá y lo miró. —Eres un buen dibujante. Tienes estilo igual que tú mamá.— Daisuke sonrió. —¿Cuantos años tienes?— preguntó con una pequeña subió sus deditos y le mostró tres de ellos.
¿Tres años? Curioso, había comenzado Ichigo mentalmente, hacían tres años atrás que ellos habían estado estudiando juntos. Orihime entró una vez más al restaurante, con sus mejillas rojas de coraje. —¡Mami! A Kurosaki-kun le gustan mis dibujos— Inoue se sentó y le sonrió a su hijo, incapaz de mirar a los ojos a Ichigo.
—¿Todo bien?— preguntó el shinigami sustituto, observándola detenidamente. Ella respiró hondo, antes de asentir. No, esa era la realidad, nada estaba bien. Todo estaba mal, todo era un desastre. Daike no sólo la había llamado para decirle que se iría del apartamento por que ya no le interesaba nada, sino que la había amenazado con quitarle su hijo en la corte. Él estaba interesado en quitarle la patria de potestad de Daisuke para siempre. ¿Qué diablos iba ella a hacer? No sólo debía preocuparse con conseguir dinero para pagar la renta y todo lo demás sino que tenía que pagar el cuido de Daisuke y conseguir un abogado. A ella no le interesaba en lo más mínimo si Daike se iba o no, lo único que le interesaba era su hijo y ella sabía que Daisuke no iba a estar seguro con su padre.
—Si, sólo lo usual— comentó. Ella no tenía por que decirle de sus problemas a Kurosaki, ella era bastante mayor como para salir de ellos sola. Ella había madurado y tendría que pensar en la noche cual sería su plan. Tendría que ajustar sus cuentas, buscar un empleo secundario y tratar de conseguir un nuevo apartamento más económico y pequeño. También tendría que desasearse de cuentas innecesarias, tales como el cable (la televisión), la internet y quizás alguna que otra tarjeta de crédito.
Cuando la mesera trajo la comida, ella continúo hablando con Kurosaki acerca de sus proyectos. Al final, cuando habían culminado, ella se despidió y se echó a los hombros a un dormido Daisuke, antes de comenzar su camino a su casa. Ya tendría tiempo de pensar...
Close enough to start a war
All that I have is on the floor
God only knows what we're fighting for
All that I say, you always say more
