Disclaimer: Yes, I'm Joanne and this is my fic. Y ahora sé hablar español :D. Nah, nada de este maravilloso mundo me pertenece, es patrimonio de la humanidad.
Nueva familia, nueva vida. (Alyssa)
Suspiro.
El reloj marcó las once de la noche. Alyssa terminaba de doblar sus camisetas cuando Celeste entró a su habitación.
-¿Necesitas ayuda?
-Tranquila, tengo manos.- dijo en broma.
-Te voy a extrañar.
-Yo también, te quiero.
Se abrazaron. Ese abrazo representaba el cariño que se tenían. Ese abrazo era la despedida.
Alyssa había vivido en esa mansión desde los 2 años, cuando sus padres habían muerto en un accidente de avión. Era tonto que siendo magos estuviesen en un avión, pero a ellos siempre les gustaron los artefactos muggles. Luego de su muerte su custodia paso a manos de su tío. Marcus Hamilton, hermano de su madre.
Una vez llego a la mansión de Pennsylvania, la encargada de criarla fue Celeste, la cocinera. Ella constituía toda la familia que Alyssa jamás había conocido. Su tío jamás se intereso en ella, vivía viajando aunque siempre le mandaba regalos costosos. No podía culparlo. Era un hombre ya mayor que había perdido a su esposa en un accidente. La pérdida de su amada había dejado a un hombre huraño y amargado tras de sí.
Ahora hacia una semana, Marcus había sufrido un infarto, que lo había enviado a los dominios de la muerte.
Alyssa no quería romper a llorar, pero ahora tendría que separarse de Celeste, la persona que siempre la había cuidado y de la mansión que ella consideraba su hogar. Rompió el abrazo, y le seco las lágrimas a su querida amiga.
-¿Me puedes hacer un té? Tengo un poco de hambre.
-De acuerdo, te espero abajo.
Ella solo asintió.
Se paro frente al espejo. Su largo cabello azabache llegaba hasta media espalda, cerca de la cintura. Su piel blanca, con unas imperceptibles pecas justo bajos sus ojos. Frunció el ceño al ver esas feas ojeras bajo sus orbes celestes. Así, ojerosa y con lágrimas que amenazaban con salir en cualquier momento, se sintió vulnerable.
Miro su habitación, ahora casi vacía. Todas sus cosas estaban en cajas. Sintió las lágrimas brotar. Se iba. Ya no recibiría todas las mañanas el chocolate en la cama de Celeste. Ya no iría al colegio con Brad, ni hablaría todo el día con Maya.
Por un momento se sintió libre de llorar, como no había llorado por ese tío que si bien no podía relacionarse con ella, por el dolor que acarreaba consigo mismo, había tratado de hacerla feliz en lo que podía. Lloro como no lo hizo cuando entendió que jamás daría un regalo a su padre, ni tendría una madre que la tratase como princesa. Lloro porque ya no podría pasearse por los viñedos en su escoba. Lloro porque dejaría su habitación, su refugio. Tal vez exageraba, pero para ella ese era su mundo. Su vida. Tenía 11 años, era una niña, pero era todo lo que ella conocía y amaba.
Se seco los ojos con brusquedad. Vio sobre su cómoda la carta que había recibido ayer noche junto a otra que había llegado esa misma mañana.
Se sentó en la cama a releer la primera carta.
Ministerio de Magia Británico.
Ministro: Kingsley Shacklebolt. Orden de Merlín. Segunda Clase.
Señorita Rochester:
El ministerio le da su más sentido pésame por la muerte de su tío.
Aprovechamos para, también, informarle que, dado el fallecimiento de su actual tutor legal, su custodia se le ha sido otorgada a su pariente consanguíneo más cercano: Angelina Johnson Weasley. Se conectara la chimenea de su hogar a la red Flu de Gran Bretaña, para que mañana, 7 de agosto del corriente año, a las 8 am se traslade junto con sus pertenencias a la residencia de la familia Weasley. Se le pide puntualidad para el traslado.
Atte. Hermione Weasley Granger Directora del departamento de aplicación de la Ley Mágica.
Esa carta la había leído nada más llegar. Por eso ya tenía todo listo para partir mañana temprano. Sabía perfectamente adonde iría.
Al parecer sus bisabuelos Joanne y Robert Hamilton habían tenido dos hijos: su abuelo Damián y la hermana de este, Eveline. Damián se había casado y tenido dos hijos: su madre Demetria y su tío Marcus. Luego de tener a sus dos hijos, había mudado a su familia a USA, lejos de su tierra natal. Mientras, Eveline se había casado y tenido una hija: Angelina Johnson.
Cuando era más pequeña, había encontrado viejas fotos de su madre de niña jugando con una chica de piel morena y largas trenzas, mientras un Marcus adolescente las miraba con aburrimiento.
El apellido Weasley tampoco le resultaba extraño. Había leído varios libros de historia, en su corta edad, como para saber sobre su participación en la Segunda Guerra que vivió Gran Bretaña. Lo que si le llamo la atención fue que compartiera apellido con la funcionaria que había enviado la carta. Se encogió de hombros, por lo que había leído los Weasley era una numerosa e importante familia de Inglaterra.
Suspiro, mientras dejaba la carta sobre su cama y abría la siguiente. Por alguna razón, entre una cosa y otra se había olvidado de leerla.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Directora: Minerva McGonagall (Orden de Merlín, segunda clase. Animaga registrada)
Querida señorita Alyssa Rochester:
Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.
Muy cordialmente,
Filius Flitwick
Subdirector.
Miró un tanto sorprendida la carta. Y triste. Siempre creyó que iría al IMW (instituto Magie und Weisheit) en Canadá; con sus amigos. Después había una lista con todos lo que necesitaría.
Dejó las cartas sobre su cama y salió de su habitación. Bajó por las escaleras hacia el vestíbulo. Todo el lugar tenía una decoración elegante y ostentosa.
Cruzó el vestíbulo, hacia un pasillo, pero en lugar de ir hacia el comedor fue directamente a la cocina. Allí, en la isla, la aguardaba Celeste con una taza de té como a ella le gustaba y unos chocolates.
Celeste era una mujer de unos treinta y algo de años. Su piel de alabastro con pecas en el puente de la nariz. Sus ojos negros como la noche la miraban con ternura. Su cara en forma de corazón era enmarcada por su cabello castaño corto. En el fondo, Alyssa siempre creyó que una buena madre debía parecerse a Celeste.
-¿Ya terminaste de empacar?
-Si-contestó mientras se sentaba.
-Cariño, sabes que si quieres hablar de todo esto…-dijo un tanto dubitativa.
-Ya, Celi estoy bien, no te preocupes.-dijo formando una sonrisa.
-De acuerdo. Dime ¿De quién era la carta de esta mañana? – pregunto más por curiosidad que por otra cosa.
-Era de Hogwarts- dijo con un suspiro.
-Vaya, te felicito, es uno de las mejores escuelas mágicas en el mundo.
-Si, solo que…
-Solo que allí no estará Maya ¿Cierto?
-Exacto.
-¿Ya te despediste de ella?
-Si, hoy después del almuerzo. Y fui a buscar a Brad, pero su madre me dijo que estaba en su abuela y no vuelve hasta el miércoles. Así que le dejé una carta. No me gusta irme sin haberlo visto pero no me queda de otra.
-No te preocupes. Él sabrá entender.
Luego de que charlásemos un rato me fui a dormir. Aunque sabía de antemano que no podría conciliar el sueño en toda la noche.
Eran las 5. Apenas había conciliado el sueño en toda la noche.
Me levante y me vestí. Termine de empacar mis cosas y baje a la cocina. Me tomé mi tiempo para preparar el desayuno. Café con muffins y sumo de naranja. Empecé a comer sin apuros, y al rato se me unió Celeste.
-¿Qué harás ahora que me voy?- le pregunté angustiada.
-En estos años ahorre lo suficiente para poner mi propia boticaria.- dijo con simpleza.- Hey, no te preocupes por mí.- dijo al verme alterada.
-Te extrañare.
-Y yo a ti cariño.
Vi el reloj. 7:45. Casi era la hora.
-¿Me ayudas con mis maletas?
-Por supuesto.
Juntas subimos a buscar mis cosas. Las bajó con un movimiento de varitas. La verdad es que era una excusa para no separarme de ella.
Cuando el reloj dio las 8 me puse frente a la chimenea.
Un minuto, dos… nada.
Tres, diez, quince minutos…
Entonces de la chimenea comenzaron a salir llamas verdes, y de allí salió una mujer, morena con largas trenzas y sonrisa amable.
-Hola, yo soy Angelina Johnson.
-Buen día, yo soy Celeste Beckerly, y ella es Alyssa Rochester.
-¿Ya estás lista Alyssa?
-Sí, solo, espere un segundo.
Sin más, me dirigí a Celeste y la abrace fuerte.
-Te quiero
-Y yo a ti. Ve, mándame una lechuza mañana.
Me acerque tímidamente a… ¿Mi tía? Y le tome la mano. Primero envió mis maletas por la chimenea y luego nos adentramos juntas, hacia mi nuevo hogar.
Gracias a los reviews que recibi (:
una nuava chica, que vivira en la casa weasley. El proximo sera de su llegada y como lo vieron freddie y roxanne.
cariños
Micaela 8)
