La paz reinaba en el mundo digital por aquel entonces, y los digimon vivían en perfecta armonía, sin embargo, sin que nadie se diese cuenta, las nubes negras empezaban a cubrir poco a poco el futuro del mundo digital. Esas nubes aun siguen sobre el cielo que ven algunos digimon, entre los cuales me encuentro. Esas nubes negras no tenían más forma que la de Lucemon, un digimon ángel que fue corrompido por su propio poder. Ese digimon ángel era ahora el líder de los grandes señores demonio, el más poderoso de ellos, el mismo digimon que corrompió a mi señor Seraphimon, el mismo digimon que inició mi descenso a las tinieblas...
Cada vez me resulta más difícil contar esta historia, por su tristeza, su crueldad, por todo lo que implica y todo lo que fue destruido por el simple capricho de unos digimon carentes de corazón. Una lágrima recorre mi pálida mejilla. No me molesté en contenerla. ¿Para qué? ¿Para negar mis sentimientos y perder poco a poco mi identidad? Tal vez mi cuerpo esté corrompido por el poder de la oscuridad, pero no permitiré que eso le pase también a mi alma. Nunca.
Prometí contar mi historia y eso haré.
Todo esto no hubiese ocurrido si mi señor Seraphimon no hubiese dudado de sus amigos, pero a veces el canto de la oscuridad es demasiado irresistible. Mi señora Ophanimon era dulce y cálida, y amaba a todos los digimon por igual, aunque también era un digimon poderoso, consciente de su responsabilidad, la cual cumplía sin ninguna duda. Pero esa calidez enamoró a mi señor Seraphimon, hasta el punto de empezar a sentir un sentimiento inimaginable en un ángel; los celos. Mi señor sentía celos de mi señor Cherubimon, pues la relación de este último con la dama Ophanimon era muy estrecha, llena de sentimientos puros de confianza. Fue a partir de los sentimientos negativos de mi señor por donde Lucemon empezó a conseguir poder, alimentándose de esa tristeza, esos celos, esas dudas, y a veces, esa ira. Cuando Lucemon tuvo el suficiente poder, se presentó ante mi señor Seraphimon, a solas, y empezó a sembrar aun más dudas en su corazón, con la intención de destruir a los tres grandes ángeles desde dentro, con la intención de que se matasen entre ellos. Y lo consiguió. Un día, mi señor terminó con la vida de mi señor Cherubimon. Esto no pasó desapercibido, y mi señor Seraphimon fue desterrado para siempre. El caos se desató en el mundo digital, pero yo seguía en mi mundo de falsa seguridad, formado por mi amor con Angewomon. Sentíamos que juntos nada malo nos podría ocurrir mientras estuviésemos juntos. Por desgracia no fue así, aquello no fue más que el inicio de una pesadilla que sigue hasta hoy en día, una pesadilla que me atormenta a cada instante.
Salgo al patio de mi castillo, bañado por la luz de la luna, para despejar mi mente, cuando oigo una voz.
-Amo, ¿se encuentra bien?- me dice Demidevimon. Ver a ese digimon me llena de pena, pues él era uno de los digimon que se habían visto envueltos en una guerra injusta y cruel, una guerra que no tenía nada que ver con ellos, con nosotros, con nadie.
-Si, tranquilo, solo he salido a dar un pequeño paseo.
-¿Está pensando en el pasado?
Soy incapaz de responder a su pregunta, simplemente le miro, intentando así transmitirle lo que siento. Demidevimon entiende lo que intento decirle son palabras, y se posa en un árbol cercano, y juntos, nos limitamos a mirar el cielo.
