Capítulo 2: El Campamento Everfree y las Shadowbolts, parte 1
Sunset se había dormido consciente de lo que tocaba hacer la mañana siguiente, y fue como si hubiera programado su reloj biológico para despertarse a las ocho. Se sentó en la cama unos minutos, recapitulando los hechos de la noche anterior. No podía creer que hubiese una chica con su misma apariencia y nombre. Era tan… de novela de misterio. No sabía si era peor enterarse de su existencia por un tercero (que alguna vez fue muy cercano) o por ella misma. La casualidad, el destino, o lo que fuese, había querido ponerlas en locaciones lejanas, de esta forma se evitarían equívocos entre personas que ellas conocieran en común. Lo que ella no entendía eran las razones y los motivos de la impostora, a menos que fuera su doppelganger o "doble malvada". Pero si ese fuera el caso no estaría rodeada de aquel buen grupo de chicas, o bien…
La joven de cabellos pelifuego sacudió la cabeza, para quitarse esas ideas supersticiosas y poco racionales. Estaba segura de que había una explicación lógica para todo eso. Se desperezó y procedió a comenzar su rutina matinal. Envió un par de mensajes a Stargazer por Magebook, pidiéndole que la llamase si podía, y luego preparó el desayuno. Cuando estaba por ir a llamar a Moondancer, ésta apareció en la cocina con un aspecto como si la hubiese atacado un huracán.
–¿Qué hora es…? ¿Por qué no me despertaste? – preguntó entre bostezos.
–Te vi muy cansada ayer – respondió Sunset, mientras echaba el café en dos tazas sin levantar la mirada –, por eso no quise molestarte. Tenemos un largo día por delante, y necesitaremos prepararnos…
–¿Y cuándo te levantaste? Ni siquiera te oí.
–Supongo que estaba tan concentrada en lo de mi "doble" que no podía pensar en otra cosa. Pero no me siento cansada, sino llena de energía. Tengo pensado lo que quiero hacer…
–Bueno, bueno, – la interrumpió la chica pelirroja – aguanta que me "pongo civilizada" y lo hablamos en el desayuno.
Moondancer tenía divertidos eufemismos para sus acciones cotidianas. Mientras ella pasaba por el cuarto y después por el baño, el teléfono de Sunset empezó a sonar. Era Stargazer.
–Aquí Sunset.
–Buenos días, Sunset. Es increíble que después del favor que te hice ni siquiera me des un "Buenos días" como corresponde – se quejó el joven, tenía la voz ronca y un tono soñoliento –. Pero bueno, ya te conozco. Y supongo que me pediste que te llame para que te diga todo lo que sé de tu "hermana gemela", y que te proporcione información para ubicarla, ¿me equivoco?
–No, no te equivocas. Es más: voy a necesitar tu ayuda.
–¡Ajá! ¿Puedo preguntar para qué, específicamente? – preguntó Stargazer con voz de triunfo.
–¿Dónde la conociste?
–En una especie de "concierto de beneficencia" para un campamento en el medio de un profundo bosque, en peligro de quiebra y de que las tierras sean adquiridas por un magnate para construir un hotel, o centro comercial, o algo así. La verdad, esas chicas sí que son desinteresadas, accedieron a dar un concierto gratuito. Y fue… bastante bueno, a decir verdad. Además, por aquí se hablaba de algo llamado "la leyenda del Everfree", pero no me interesó escuchar mucho, me pareció la típica historia de folclore supersticioso de los lugareños. Ya sabes, el campo es grande, y la ignorancia también…
–Creo que he oído hablar del Everfree… – Sunset meditó un momento – Dicen que tiene unos paisajes de ensueño, y el Campamento que dices debe estar al borde del río Hoofson, que corre por el valle del mismo nombre, así lo llaman algunos. No está muy lejos de aquí. ¿Dices que esa chica tiene una banda? ¿Sabes a dónde irán luego?
–A ver, no estoy muy seguro. No sé si son una banda realmente oficial. Vinieron con un grupo de estudiantes de secundaria, ya que el Campamento Everfree está destinado a ellos, deben estar alojadas allí todavía, y por lo que escuché, partirán esta tarde para Canterlot City.
–¿Canterlot City?
–Exacto.
Sunset buscó rápidamente en el mapa de bolsillo que tenía sobre la heladera, ya que a veces Moondancer y ella lo consultaban cuando querían ir de viaje algún fin de semana. Ubicó primero Equustrópolis, su ciudad, luego pasó por el centro del Valle del Hoofson hasta encontrar Canterlot City.
–Ya lo tengo, es bastante al sur. ¿Dónde estás?
–Sentado a la mesa, disfrutando un exquisito desayuno.
–Eso no me importa – replicó Sunset con brusquedad –, quiero saber en qué sitio.
–¡Qué poco te preocupas de mi bienestar! En fin, estoy en un hotel, en una ciudad de paso, al sur del bosque Everfree. Hmm… – Stargazer hizo una pausa – ya sé: quieres que las siga.
–Siempre tan intuitivo, Ster. Sí, iba a pedirte eso mismo. Quiero que me proporciones información de todas las rutas que utilicen…
–¿Y no se supone que ahora existen los mapas y los GPS? ¿Por qué tengo que hacer yo algo que bien puedes hacer tú?
–Escucha, no te estoy obligando a nada. Pero estamos hablando de un posible caso de robo de identidad, y necesito reunir todas las pruebas posibles. Yo saldré de viaje esta tarde, y cuento con que me envíes algún dato que me sirva de guía. Sería una ayuda inmensa para mí.
–Entiendo. Tienes suerte de que no tengo compromisos y de que estoy viajando por mero placer. Además, me tienta conocer el sur, no he llegado tan lejos en los viajes que hice con mis padres hace años. Sería casi como un viaje en el tiempo.
–Listo, entonces. Nos hablamos luego, Ster.
–Oh, bien… pasa un buen día, Sunset – antes de cortar, Stargazer agregó de repente –. Y… cuídate mucho, por favor.
La comunicación se cortó antes de que Sunset decidiera devolverle el cumplido. Se sintió un poco mal por eso, en el fondo aún lo quería, aunque lo negara. En ese momento volvió Moondancer del baño, estaba peinada, se había cambiado de ropa y se veía mucho menos somnolienta. No pareció notar que su compañera estaba algo triste, pero le preguntó con quién hablaba, y ella le contó sobre lo que había hablado con Ster-G.
Pese a sus dudas respecto al viaje y las consecuencias que podría traer, la perspectiva de poder salir un poco del aire del campus y conocer nuevos sitios seducía mucho a la joven. Generalmente Sun-mer era muy buena compañera de viaje, y una de las dos siempre se acordaba de llevar un cuaderno a modo de bitácora; dejaban espacios en las hojas que después llenaban con fotos. Hasta habían pensado publicar sus diarios (con alguno que otro cambio) en forma de crónica de viajes, con la editorial de Everton. El dinero para los gastos no era problema para ellas, usualmente lo era el tiempo.
Mientras terminaban de desayunar, escucharon las noticias en la radio, con la esperanza de oír algo sobre el Campamento Everfree o cualquier tema de interés. Moonz revisó sus redes en su tablet, y se tomó un tiempo para fijarse en Magebook si Sci-Twi había publicado algo relevante. Encontró que había una foto grupal con sus amigas, en lo que aparentemente parecía una tienda de campaña. Probablemente estuvieran empacando sus cosas.
Durante el día se efectuaron los preparativos para el viaje, que por diversas razones se suspendió hasta la tarde del lunes. No podían irse así sin más del campus, sino que debían realizar un pequeño trámite burocrático indicando a dónde iban y por cuánto tiempo. Por suerte, pudieron solucionarlo en la mañana, y después del almuerzo ya iban camino de la terminal de autobuses. Habían pasado la tarde del domingo trazando su itinerario y revisando todas las opciones de transporte, precios y horarios. Su travesía iniciaba a las 15:00 horas, en un bus que las llevaría a Greentown, un pueblo cercano al Campamento Everfree, y la ruta ofrecía la oportunidad de contemplar hermosas vistas del Valle de Hoofson.
–Muy bien, Moonz – dijo Sunset una vez que abordaron el bus y ocuparon sus lugares, aunque Moondancer había decidido sentarse al lado de la ventanilla –, no olvides para qué salimos de viaje. Trata de no llenar la memoria de la cámara hasta que lleguemos a Greentown. Y evita publicar nada alusivo a lo que estamos haciendo.
La emoción de Moondancer disminuyó un poco. Pero ella ya la conocía, y sabía que Sun-mer era mucho más reservada con respecto a publicar todo lo que hacía en sus redes sociales. Especialmente con la empresa que se tenían entre manos. Eso le recordó algo muy importante. Aquella mañana temprano, había llamado a su madre para contarle (aunque a medias verdades) de su escapada, para evitar cualquier tipo de problema, pero no sabía si Sun-mer había hecho lo mismo. Así que, en vez de hacer comentarios respecto de lo que ella le había advertido, preguntó:
–¿Les hablaste a tus padres sobre esto?
–No, con las prisas… se me olvidó.
–Hum, ¿temes que no les caiga bien el saber que alguien se ha robado tu identidad? ¿O crees que saben algo y tratarán de ocultártelo?
–La verdad, no sé ni cómo decirles lo que pasa. Por eso quiero tener pruebas primero, para que no duden de mí.
–Está bien, pero algún día tendrás que contarles. Yo siempre pongo al corriente de todo a mi madre, así sea si voy a la tienda de la esquina. Entonces la policía tendrá un punto de partida si me secuestran.
La conversación murió allí mientras el colectivo se ponía en marcha. Sun-mer se puso a meditar sobre ese tema mientras Moonz observaba por la ventanilla, la estación alejándose entre los edificios. No habían tenido novedades de Ster-G, tal vez se hallaba de viaje o había hecho alguna parada. Tenía su número y a veces sucumbía a la tentación de escribirle solamente para saber qué era de su vida, pero el ex de su amiga daba respuestas muy breves y a secas. O directamente la dejaba en visto.
El paisaje urbano se fue transformando, pasando de las casas y locales comerciales a establecimientos industriales o de faenas diversas, y más tarde a campos bien cercados, que contenían cultivos o ganado vacuno pastando apaciblemente. Pronto, en el horizonte se divisaba la silueta verde del Bosque Everfree y sus puntiagudos pinos, y las orillas del río Hoofson, que corría desde el oeste hacia el centro, separando al valle de la región de Equustrópolis. Una vez que cruzaran el puente, uno de los más largos del estado, entrarían al territorio del Valle de Hoofson.
Aquella tarde hacía un día espléndido como para tomar fotografías de los parajes bañados de sol, y daban ganas de parar allí y quedarse por el resto del día. Era lamentable que sólo lo pudieran apreciar desde la ventanilla de un autobús en movimiento. Moondancer se había criado en un apartamento de un quinto piso, su infancia y su adolescencia se desarrollaron en entornos muy urbanos, y todo lo que fuera de más allá de la ciudad, todo lugar donde hubiera más de tres árboles juntos, hierba, flores, agua corriendo en un lecho de rocas, animales de varias especies yendo y viniendo por sus hábitats, como se veía en esos documentales de la televisión, le producía tal fascinación que tenía la sensación de haber sido llevada a otro planeta. En cambio, Sunset Shimmer había conocido junto a su familia mucha naturaleza verano tras verano. Ni bien salía del colegio el último día de clases, ya tenía las maletas listas en su casa para partir. A veces sólo deseaba pasar un verano tranquilo, tener tiempo libre para dedicarse a otras cosas, ir a la piscina pública para encontrarse con alguna que otra amiga, o simplemente no hacer nada.
Estaba adormilándose cuando Moonz vio pasar un cartel que indicaba la proximidad de Greentown. Se había perdido entre los recuerdos de sus veranos de la infancia, y por un instante había olvidado todo lo demás. Al acercarse a la ventanilla, vio que salían de la autopista y tomaban una ruta lateral.
–Dos kilómetros para Greentown. – anunció Moonz – ¡Qué rápido se ha pasado!
–Ciertamente. Parece como si hace quince minutos hubiéramos dejado la estación… Bien, hay que repasar lo que haremos allí. Por lo que pude averiguar, hay un servicio de encomiendas que va hacia el Campamento a llevarle provisiones cada semana, los días martes. Deberíamos ir allá a preguntar si pueden llevarnos… y cuál sería el costo.
–¿Y qué haremos si no quieren llevarnos?
–Conseguiremos a alguien.
Cuando bajaron del autobús, en la modesta estación de Greentown, las dos chicas divisaron enseguida el establecimiento de encomiendas del que Sun-mer había hablado. Las atendió una amable mujer, de complexión robusta, cabello corto y modales simples, que aceptó llevarlas y traerlas a condición de un precio relativamente bajo, tras muchas explicaciones de que ellas eran reporteras y querían escribir un artículo sobre el campamento para darle publicidad en Equustrópolis. La señora pareció convencerse cuando Sun-mer y Moonz le mostraron sus credenciales del Everton Gazzette, una publicación periódica que quincenalmente publicaba noticias y artículos más que nada referidos a Everton (aunque esto lo omitieron, por supuesto).
–Saldré mañana a las cinco. Conozco a Daisy y estoy segura de que le encantará la propuesta, ella y su hermano Timber Spruce viven allí desde pequeños, su familia ha tenido el cuidado del Campamento Everfree por tres generaciones – relató la mujer, emocionada – Les dejaré mi dirección para que me envíen una copia de su periódico cuando salga el artículo, ¿qué les parece?
Las chicas asintieron, y antes de despedirse le preguntaron por un buen hospedaje. Ella les recomendó la posada de una prima suya, y les recomendó que le dijeran que iban de parte suya. Dicha posada no estaba muy lejos. A tres cuadras, se encontraron con la plaza principal, y allí nomás vieron la posada, un bonito edificio de estilo antiguo, de dos pisos y pintado de blanco, con un cartel de madera que tenía pintado muy artísticamente el nombre. La posadera, visiblemente más joven que la mujer del servicio de encomiendas, era realmente encantadora. El interior estaba revestido de madera, y manejaba un refinado concepto de estética de ambiente pueblerino. Moondancer insistió en que se tomaran una foto en la barra, trabajada de modo totalmente artesanal.
Aquella noche, Ster-G envió un mensaje adjuntando una foto de la escuela secundaria de Canterlot City, diciendo que ya estaba en la ciudad y que por ahora no tenía mayores novedades. Comentó que a primera vista parecían chicas totalmente normales, aunque podía sentir algo distinto en ellas. Sun-mer le preguntó qué era, pero él no supo decirle qué con exactitud. Necesitaba observarlas un poco más, y de ser posible, entablar conversación, a lo que Sun-mer respondió de manera contundente que tuviera cuidado y que no cometiera alguna estupidez que lo delatase, y Ster-G se desconectó de repente. Moonz se dio cuenta de que lo había ofendido, y así se lo dijo a su compañera, pero la joven pelifuego no le dio mucha importancia.
Al día siguiente, muy temprano, una camioneta cargada con provisiones y dos pasajeras a bordo abandonó Greentown por una carretera de ripio. El amanecer estaba próximo, y el cielo iba adquiriendo un tono púrpura. Parecía estar más oscuro por la cerrazón de los pinos, altos y tupidos, pero eso le daba cierto atractivo al paisaje en vez de un aire fantasmagórico.
El Campamento Everfree no tenía una entrada muy suntuosa. Todo el establecimiento estaba a tono con el bosque, y rápidamente podía tomarse como un lugar ideal para vacacionar. Carpas organizadas por colores, un merendero, sitios para sentarse… Moonz, que había ido medio dormida en el viaje hasta allí, tuvo un arranque de lucidez, y ya quería recorrerse todo el complejo.
–Bueno, chicas – anunció la señora del transporte –, estaré aquí un par de horas pero no más, debo volver y encargarme de otros envíos. Por si algún casual necesitan quedarse más tiempo, yo puedo volver esta tarde a recogerlas. Creo que no se van a aburrir aquí…
–Está bien, le avisaremos si hay algún cambio de planes – dijo Sun-mer, y cuando la mujer se hubo alejado, agregó dirigiéndose a Moonz –. No nos entretendremos mucho, Moonz, el lugar es bonito pero no estamos aquí de paseo.
La pelirroja con bandas lila puso cara de perrito suplicante, ya que dos horas no serían suficientes para explorar los alrededores. Pero Sunset se mantenía inflexible, pues no quería perder tiempo en su búsqueda.
–Prometo no sacar muchas fotografías, ¡por favor, por favor, por favor!
–Ah… de acuerdo – accedió Sun-mer, dándose cuenta de que perdían más tiempo con esa escena. Entonces, se le ocurrió algo –. Mira, yo iré a investigar un poco, y tú puedes explorar por aquí. A lo mejor alguna de esas chicas se dejó algo, o puedes encontrarte con alguien que te pueda dar más información, ¿vale?
–¡Me parece espectacular! ¡Muchas gracias, Sun-mer! – y dicho esto, Moonz abrazó a su compañera, quien agradeció que no hubiera nadie merodeando allí para verlas. Las muestras de cariño la abochornaban.
–Bien, andando.
Sun-mer y Moonz se separaron, tomando direcciones distintas.
Cuando hubo localizado la oficina de dirección, la joven de cabellos de fuego golpeó antes de entrar, y fue recibida por una melodiosa y agradable voz. Dentro, detrás del escritorio, la encargada del campamento se levantó sonriente. Llevaba una vincha de margaritas en su cabello color fucsia, una blusa amarilla y unas bermudas de color celeste.
–Buenos días, mi nombre es Gloriosa Daisy y… ¡oh, cielos! – Daisy soltó un chillido. Su expresión cambió de alegre a preocupada en un santiamén, lo que desconcertó a la recién llegada. –¿Qué te pasó? ¿Hubo un accidente…? ¿Dónde están las demás?
Aquellas preguntas no tenían sentido para Sun-mer, que la miraba sin comprender nada mientras Gloriosa corría hacia ella y la atosigaba con preguntas. Hasta que entendió que la había tomado por su doble.
–Oiga, escuche, creo que está confundida…
–Pero… ¿cómo? ¿No eres Sunset Shimmer, de la escuela de Canterlot City? ¿No eres quien ayudó a salvar el campamento?
–No... no, nunca he oído hablar de Sunset Shimmer –. mintió Sun-mer –Yo me llamo Sunrise, y vengo de Equustrópolis.
La cara de Gloriosa se iluminó como si hubiera recibido una revelación increíble.
–¡Oh, quizá eres su hermana gemela! ¿De verdad no has oído hablar de Sunset? Ella es idéntica a ti, aunque… – Daisy se fijó en la frente de "Sunrise" – no tiene un lunar en la frente. Qué lástima que no viniste hace dos días, habrías podido encontrarla, se habría puesto muy feliz de conocerte, estoy segura. ¡Hasta puede ser que tengas poderes mágicos como ella!
–¿Que tenga QUÉ? – preguntó Sun-mer bruscamente, frunciendo el ceño. Esto chocó un poco a Daisy, que se quedó congelada por unos segundos – Mire… es una casualidad enterarme de lo que me dice, porque yo… había venido aquí para saber sobre el Campamento y escribir un artículo sobre el mismo.
–¿Eso significa… que eres periodista?
Sun-mer admitía que no tenía mucho aspecto de periodista, pero si las dos pueblerinas se lo creyeron, ¿por qué no se lo iba a creer esa chica de pelo adornado con flores? Se moría de ganas de decirle la verdad, pero había preferido mantener su mentira, por precaución.
–Sí, es que oímos sobre los impresionantes paisajes de su establecimiento y pensamos que sería una interesante opción para los estudiantes de las escuelas secundarias de Equustrópolis, ya que últimamente los destinos más elegidos para viajes escolares están un poco… em, "saturados".
Al oír eso, Gloriosa puso cara de encantada y se recuperó de la impresión anterior. La perspectiva de tener publicidad gratuita en una gran ciudad la emocionaba tanto o más que la ayuda que las Rainbooms se habían dedicado a prestarle tan desinteresadamente. De esa forma, salvaría el legado de su familia y se quitaría a Filthy Rich de encima de una vez por todas. Enseguida le ofreció a la "periodista" un asiento cómodo y un poco de agua, dispuesta a servirle en lo que fuese. A las claras se veía que poseía la personalidad animosa necesaria para dirigir un sitio recreativo para adolescentes, incluso demasiado animosa para todo. Hasta pareció que se había olvidado del parecido de Sun-mer con aquella chica de cabellos de fuego que tenía poderes especiales como sus amigas.
–¡Es un gran honor para mí tenerla aquí, señorita Sunrise! Con gusto le diré todo lo que desee saber del Campamento Everfree, y de todo el bosque, si quiere. Estamos atravesando una difícil situación económica en este momento, y nos vendría muy bien una mano. Espero que se sienta aquí como en su casa, y si tenemos tiempo, le mostraré todo lo que hay aquí para ofrecer.
–Gracias. Para mí también es un honor estar aquí, y desde ya agradezco su ayuda. – sonrió Sun-mer, sacando una libreta y un bolígrafo. En realidad no le apetecía mucho escuchar toda la historia de ese lugar, pero era muy necesario para llegar a su verdadero objetivo. Pensó que luego podría darle sus notas a Moonz, que estaría encantada de leerlas. Y, ¿por qué no?, tal vez le dedicaran al Everfree un espacio en las columnas del Everton Gazette después de todo.
Gloriosa esbozó una sonrisa radiante y comenzó su relato: –Bueno, todo comenzó hace muchos años…
Tomando notas muy resumidas acerca de cómo habían llegado allí sus parientes, el supuesto encuentro (que Sun-mer descartó totalmente como relato verídico y lo apuntó como "leyenda") con Gaia Everfree y su inexplicable retirada, la construcción y fundación del Campamento, y las sucesivas generaciones de estudiantes que vinieron a pasar allí sus vacaciones, dejando incontables anécdotas de buenos momentos. No era tan tedioso como algunas clases en Everton, pero en algunas partes, la "reportera" tuvo que disimular el poco interés que le producía lo que escuchaba.
Cuando llegaron a la actualidad, hablando sobre el grupo que recientemente había visitado el campamento, y que se hubo marchado dos días antes, Sun-mer se enderezó en la silla y estuvo atenta a todo lo que Gloriosa tenía para contar de "las Rainbooms" y su curso. Especialmente si se trataba de la impostora "con poderes mágicos".
–Creo que fue la semana más estresante y extraña que he tenido en mi vida… pero lo que más me apena fue enloquecer y utilizar esos cristales… – a este punto, la encargada se encogió en su asiento y su expresión se ensombreció, como si al recordar que había caído presa de un poder desconocido y que había pretendido usarlo contra otros, se esfumara toda su alegría.
–¿Cristales?
"Ah, bien… ya empezaron las rarezas. Vamos a escuchar qué locuras tiene para decirme" pensó Sun-mer. Ella se imaginaba cosas muy distintas de las que Daisy podía relatar: había sustancias que eran llamadas "cristales", cuyo consumo producía efectos de lo más variados en el consumidor. No creía de plano en ningún fenómeno de índole mágica.
–Sí, no me enorgullezco de haberlos utilizado, pero estaba desesperada. – respondió Gloriosa, con voz triste.
Sun-mer entrecerró los ojos, mas no hizo ningún comentario.
–Estaba desesperada porque temía perder todo por lo que mi familia había luchado, para que se convirtiera en un vulgar hotel… No podía aceptarlo, no podía, y al no hallar otro método… encontré esos cristales en la cueva, me apoderé de algunos, pensando que podía venderlos, y descubrí que eran mágicos… podía controlar las plantas, la naturaleza... – de pronto sacudió la cabeza – Sé que es una locura, y que le costará creerme. Por favor, no ponga eso en su artículo, sólo se lo cuento porque… me siento muy apenada, y necesitaba hablarlo con alguien. Esas chicas me salvaron, a mí y a todos. No sé si fue coincidencia o destino que vinieran aquí, pero de todos modos estoy muy agradecida con ellas. Si no hubieran estado ahí para evitar que yo perdiera el control…
–Temo que no entiendo. ¿Qué pasó exactamente?
La dura mirada aguamarina le transmitió a Daisy la sensación de que Sunrise no le creía nada. Así y todo, trató de explicárselo lo más claro que pudo, pues aunque estaba segura de que su transformación en Gaia Everfree no aparecería en el artículo (y hasta podía suponer que ya no habría artículo), tenía la necesidad de aclararlo. Por su lado, Sun-mer intentaba parecer crédula, amable, y utilizar tontas palabras reconfortantes. Aunque luchaba interiormente con su escepticismo, y no dejaba de pensar que todo ese asunto de los cristales, el espíritu del bosque y los supuestos "poderes mágicos" de dichos cristales no eran más que un relato fantasioso que escondía una verdad muy diferente, la instaba a seguir.
–Es todo lo que puedo decirle. No sé de dónde pueden haber venido esos cristales, porque no estaban en la cueva antes. Sólo sé que daban una sensación de poder increíble, yo sólo quería proteger… – decía Gloriosa, secándose las lágrimas con un pañuelo.
Fue interrumpida por unos golpes en la puerta. Entonces, se apresuró a limpiarse la cara y a volver a adoptar su personalidad afable y entusiasta.
–Bueno, tengo trabajo… – se disculpó – Espero no haberle quitado demasiado tiempo, tal vez quieras darte una vuelta por el campamento. Hoy recibiremos a un nuevo grupo de alumnos, y está invitada a quedarse con nosotros, si quiere, así podrá observar todo lo que hacemos aquí.
–Muchas gracias, señorita Daisy – dijo Sun-mer, levantándose de la silla mientras guardaba sus cosas –. Y no se preocupe, no hablaré de… los "accidentes"... de la semana pasada cuando escriba mi artículo. Todos cometemos errores, al fin y al cabo.
Dicho, esto, la pelifuego se dirigió a la puerta, y Gloriosa tenía una mirada de gratitud cuando se despidió de ella al abrir. Afuera, esperaban dos mujeres. Una era la conductora de la camioneta que debía llevar a Sun-mer y a Moonz de vuelta a Greentown. La otra era algo más joven, de porte delicado, piel rosa y cabello a tres colores.
–¡Bienvenida, directora Cadence! – saludó Gloriosa – Es una alegría saber que ya han llegado…
–Muchacha… – la señora de las encomiendas detuvo a Sun-mer – Tal vez me demore un poco más de la cuenta, así que si quieres recorrer el predio con tu amiga, aprovechen…
–¿Ha visto a mi compañera Moondancer?
–Ah… creo que sí, estaba charlando con Timber, por allá. – Señaló la mujer, hacia donde había un montón de leña. Y, en efecto, la chica de pelo rojo y piel pálida se hallaba conversando con un muchacho de pelo verde y aspecto de patán, al menos para Sun-mer.
–Muchas gracias. Nos vemos luego.
Y sin prestar atención al autobús que descargaba alumnos a un lado, echó a caminar a grandes zancadas. Estaba satisfecha, en cierta forma, a pesar de que no estaba convencida de todo lo que Gloriosa Daisy le había contado.
-.-.-.-
He aquí el segundo capítulo de este fic. Como se me fue un poco la extensión, lo dividiré en dos partes.
Muchas gracias a CSR Stories por ayudarme en la revisión del capítulo. Pasen por su perfil, que tiene muy buenos fanfics ;)
