Capítulo 2.- La Nueva Tierra
Markland - América del Norte.
Baja Edad Media.
La lámpara de aceite reflejaba débilmente el fuego del faro y una de las trompetas avisaba al Jolly Roger de que estaba llegando a tierra firme. La intensa niebla dificultaba la maniobra de zarpar en el puerto de Markland pero la dilatada experiencia del capitán Jones ayudó a ejecutarla en unos pocos minutos.
Todos los tripulantes se enfundaron en sus gruesas capas de pieles. Aquella era una de las noches más gélidas que habían conocido. El barco procedía del Norte de Europa pero aquello ya era el polo. Emma Swan fue la primera en pisar el suelo. Miró hacia arriba y no pudo ver nada: la espesa niebla y la intensa oscuridad impedían el paso de cualquier luz.
"Capitán Jones, ¿seguro que esto es Markland?" Era el primer viaje de la rubia y las dudas le asaltaban.
"Completamente. A unas pocas cuadras, empezaremos a ver las luces de la aldea. ¡Vamos, muchachos!"
Los hombres cargaron con la mercancía que traían del Norte para abastecer a sus compatriotas de Markland. Capitán Jones estaba en lo cierto: en apenas veinte minutos, llegaron a la aldea. Las pálidas luces procedentes de las casas de piedra iluminaban débilmente la pequeña villa. La rubia se preguntó si todo el invierno iba a ser así. Se colocó el capuchón cuando comenzaron a caer los primeros copos de nieve de la noche y se detuvo junto a los demás hombres. Capitán Jones carraspeó.
"Hombres, hoy nos alojaremos en la posada. Mañana cuando salga el sol, nos reuniremos con Graham y nos indicará cuáles serán nuestras nuevas casas. Os alojaréis con vuestras mujeres y vuestros hijos. ¡Haremos de esta villa un lugar próspero que perdure durante décadas!"
La rubia tenía claro que ella no se iba a alojar en la posada. Desvió su mirada hacia una de las casas y sonrió al recordar las pocas cartas que se habían enviado. Se dirigió al Capitán Jones y le pidió permiso para poder marcharse.
Subió los dos escalones de piedra y llamó al portalón de madera. Una mujer morena apareció ante sus ojos. Emma esbozó una amplia sonrisa. "Hola". Su susurro apenas fue audible. La mujer la tomó de la mano y la llevó dentro de la pétrea cabaña.
El fuego iluminaba sus rostros. Emma retiró su capa, colocándola cuidadosamente sobre la silla de madera y se abalanzó a los brazos de su madre. Hacía años que no había recibido una carta de ella y aquello la preocupaba. Mary Margaret había sido una de las cinco familias que llegaron en la primera expedición de los hombres del Norte.
"Mamá… Te he echado mucho de menos."
Su familia la dejó al cargo de la familia Jones con la esperanza de que tuviera una infancia lejos de toda aquella penuria.
"Mi pequeña… ¡Qué mayor estás!"
Emma se sentó en la mesa de madera de álamo y su madre le sirvió una jarra de alcohol para que entrara en calor. Se alegró al saber que su hija por fin iba a vivir en Markland. Podría tener un par de manos más que la ayudaran ahora que la edad estaba comenzando a hacer mella en su cuerpo.
La rubia se moría de ganas de saberlo todo sobre aquel pueblo. Estaba excitada de comenzar una aventura nueva y de poder explorar nuevas tierras pero también tenía mucho miedo. Se bebió el alcohol de un trago y miró el rostro de su madre.
"¿Cómo están los Mills, mamá? La última carta no fue muy esperanzadora. Y hace ya unos años de aquello."
"Su padre murió… Cora cogió a Zelena y a Regina y se las llevó con ella a vivir al bosque. Nunca más volvieron a Markland."
"¿No fuisteis a buscarlos?" Emma recordaba con muchísimo cariño a Zelena. Habían pasado tardes juntas enteras correteando por los callejones, jugando cerca de los fiordos y quería recuperar esa relación.
"Tu padre iba de vez en cuando para abastecerles con los alimentos que nos traían del Norte." Contestó su madre algo nerviosa. La rubia decidió dejar el tema de conversación; ya habría tiempo de indagar.
"Creo que iré a dormir, madre. El viaje ha sido durísimo y estoy muy cansada… ¿Quieres que mañana te ayude a hacer algo?"
"No te preocupes. Te vendrá bien coger el caballo e ir a explorar la Nueva Tierra. Tu padre regresará en la tarde y te explicará el trabajo que tenemos pendiente."
Emma se despojó de sus ropas y se acostó en el lecho. Decidió que iba a ir a buscar a la familia Mills al día siguiente. Quería asegurarse de que estuvieran bien y de volver a ver a Zelena.
