Capítulo 1
Pasaron los años y Harry seguía sin saber nada sobre sus verdaderos padres. Creció maltratado por la familia que se suponía debía cuidarlo y aprendió a ocultar sus habilidades a una edad muy temprana.
Cuando recibió la carta de Hogwarts a los once años, pensó que había encontrado la explicación a las cosas que podía hacer, pero al entrar al mundo mágico se dio cuenta de que estaba equivocado.
Sí, era un mago, pero no uno normal. Y no solo por la cicatriz en forma de rayo en la frente. Él podía hacer muchas cosas que sus compañeros no.
Harry podía controlar los rayos, las sombras y el agua. Cuando era muy pequeño había descubierto que podía respirar bajo el agua y, si quería, podía entender a todos los animales.
Sus compañeros habían descubierto que sabía hablar pársel en su segundo año y lo habían llamado oscuro. Desde entonces había sido mucho más cuidadoso en ocultar lo que podía hacer.
Su inteligencia y sus habilidades habían sido siempre su mayor secreto y, como era difícil deshacerse de las costumbres, los mantuvo así.
Ni siquiera Ron y Hermione sabían de lo que era capaz y, menos aún, Dumbledore. El anciano había demostrado no ser de confianza cuando lo dejó con los Dursley.
Él sabía que mucha gente que decía ser su amigo y preocuparse por él solo buscaba su fama y su dinero. Lo había descubierto cuando pidió a algunos animales que los vigilaran unos días. Y todo había empezado por los celos de Ron. ¿Qué clase de mejor amigo no te cree cuando le dices que no te has inscrito voluntariamente en un torneo en el que es probable que te maten?
Cuando los animales le contaron que Hermione había estado visitando al director para informarle sobre él y que le habían ofrecido más dinero a Ron por recuperar su amistad, supo que no eran los únicos que le habían traicionado.
Por eso, se había asegurado de hacer algunos amigos y aliados secretos e informarles de la situación para cuando llegara el momento.
Fue así como, después de tanto tiempo, uno de ellos le había advertido sobre la profecía escondida en el departamento de misterios.
Ahora que Voldemort había vuelto, el viejo estúpido quería enviarlo de vuelta con los muggles para que estuviera protegido bajo unas supuestas salas de sangre.
Había pedido a uno de sus aliados que investigara sobre eso y había descubierto que no existían tales salas. Las salas de sangre que se activaban por sacrificios no funcionaban como el director decía.
En realidad ni siquiera existían, puesto que debía haber un sentimiento de amor entre los parientes.
Pero había sido Sirius quien había confirmado sus suposiciones de que el director tenía sus propios planes.
XXXXXXXXXX (Flashback) XXXXXXXXXX
Era la noche de la tercera tarea y al parecer su organismo ya se había deshecho de los efectos de la poción para dormir sin sueños. Por un momento se preguntó por qué siempre le ocurría eso.
Al final de la cama vio algo negro moverse y su mano se disparó a por su varita y sus gafas, pero se calmó al ver que el gran perro negro cambiaba de forma.
― ¿Estás despierto, Harry?
―Sí. Pensaba que te habías ido a hacer eso que Dumbledore te pidió.―respondió incorporándose un poco.
―Sí, bueno, puede esperar hasta la mañana.―dijo encogiéndose de hombros.
― ¿Qué haces aquí, Sirius?―inquirió mientras lo veía colocar un hechizo de silenciamiento sobre ellos y sentarse en una silla junto a la cama.
―Lo primero, asegurarme de que tú estás bien.―dijo con seriedad.―Después de todo es mi deber como padrino, aunque hasta ahora no haya hecho un gran trabajo.
Harry abrió la boca para protestar, pero Sirius levantó la mano para que no lo interrumpiera.
―Lo segundo, es por algo que prometí a tus padres. Ellos me dijeron que, si algo les ocurría, tenía que asegurarme de que llegabas a saberlo cuando estuvieras preparado. No sé si lo estás, Dumbledore cree que no, pero yo sé que no eres un niño y que si no te lo digo ahora es posible que nunca llegues a saberlo, porque estamos en guerra y... bueno, me estoy saliendo del tema.―suspiró.
― ¿Qué es lo que querían que me dijeras?
―Buenos, primero tienes que saber que lo que voy a contarte no cambia nada lo mucho que ellos y yo te queríamos, ¿vale?
Harry asintió y observó, no sin un poco de temor, cómo sacaba algo que parecía una pulsera de uno de los bolsillos de la raída túnica.
Sirius se la entregó la pulsera y la observó con curiosidad. Era una pulsera de coral azul engarzado en plata con una piedra más grande de color negro en la que estaba grabado su nombre.
― ¿Qué… qué es esto?―preguntó con voz temblorosa.
―Esa es la pulsera que llevabas puesta cuando James y Lily te encontraron en la puerta de su casa.
Harry lo miró conmocionado durante unos minutos, su cerebro incapaz de procesar esa nueva información. ¿Sus padres lo habían encontrado en la puerta de su casa?
―Verás, Harry, ―continuó Sirius mirándolo con nerviosismo al ver que seguía sin decir nada.―James era estéril. Con todo eso de solo casarse entre sangre puras, muchos acababan siendo familia y era lógico que a veces se dieran problemas como este. Por eso, cuando James y Lily te encontraron, decidieron adoptarte.
―Entonces mis padres, quiero decir mis padres biológicos, me abandonaron en la puerta de la casa de mis padres y ellos me adoptaron. ¿Eso es lo que quieres decir?
Harry lo miró con rostro ilegible, solo sus ojos traicionándolo al mostrar el dolor que realmente sentía.
―No estoy seguro de eso, Harry.―dijo cuidadosamente Sirius.
― ¿Qué quieres decir?―con el ceño fruncido.
―Tus padres no quisieron pensarlo demasiado. Te habían tomado mucho cariño y querían que te quedaras con ellos. Yo también, pero no pude evitar darme cuenta de que si te hubieran abandonado, ¿por qué te habrían dejado esa pulsera? No había sido por dinero, sin duda, porque esa pulsera vale casi tanto como una mansión. Los duendes me ofrecieron mucho dinero cuando se la mostré para tratar de averiguar de dónde venía, pero se negaron a decir mucho, solo que la raza que la forjó lleva siglos extinta, que incluso su existencia es considerada un mito.
― ¿Qué raza la forjó?―preguntó sin poder contener su curiosidad.
―No quisieron decírmelo.―suspiró Sirius frustrado.―Pero eso no es lo único que me hizo sospechar. En aquella época, creo que sabes que formábamos parte de un grupo que luchaba contra Voldemort. Se llamaba la Orden del Fénix.
―Ese es el "viejo grupo" que te ha pedido que reúnas, ¿verdad?
Sirius lo miró, suspiró y asintió con la cabeza.
―Eres mucho más listo de lo que te dan el mérito.
Harry se encogió de hombros y le sonrió misteriosamente.
―Bueno, pues Dumbledore era el líder de ese grupo y, por tanto, no era raro que visitara de vez en cuando para hablar de la Orden. Pero ese día, cuando te encontraron, Dumbledore se pasó por casa en una "visita social", creo que dijo.―Sirius suspiró de nuevo.―Él fue el que sugirió a James y a Lily que te adoptaran. Y viendo ahora cómo está manejando tu vida…
―Viendo como está manejando mi vida, crees que él sabía desde el principio que yo estaría allí, porque quizá él mismo tuviera algo que ver con ello.
Al principio Sirius lo miró boquiabierto, parpadeó y se puso serio de nuevo.
―Sí, eso es. Sé que es algo descabellado, pero…
―No es tan descabellado si tenemos en cuanta las cosas que yo ya sé.
Y así, Harry le habló de lo que había descubierto, la gente que lo había traicionado, la información que había recabado y le habló un poco de sus aliados, aunque se negó a dar nombres todavía. Incluso llegó a confiarle sus habilidades, las cuales intrigaron mucho al animago.
Sirius, por su parte, le habló un poco más de James y Lily y le contó un poco sobre su familia, de la que había huido al cumplir dieciséis años.
Cuando acabaron de hablar el sol estaba saliendo y la señora Pomfrey había estado a punto de atraparlos dos veces, pero ambos se sentían mejor.
―Será mejor que me vaya ya. Tienes que dormir un poco.―murmuró Sirius dándole un breve abrazó y sonriendo cuando el chico asintió con un bostezo.―Avísame cuando hayas decidido qué hacer, ¿vale?
Harry volvió a asentir y se acurrucó un poco más en la cama mientras Sirius lo arropaba un poco antes de verlo cambiar de forma y deslizarse fuera de la enfermería.
XXXXXXXXXX (Fin del flashback) XXXXXXXXXX
Ahora Harry se dirigía a la lechucería en busca de la lechuza de Luna, que ella le había ofrecido, ya que llamaría menos la atención.
Iba a enviar una carta al ministerio bajo la cláusula del secreto del departamento de misterios para que se le diera una fecha en la que pudiera oír la profecía que hablaba de él y Voldemort.
Cuando hubo acabado, salió del castillo bajo la capa invisible de su padre y se adentró en el bosque prohibido, como hacía cada vez que necesitaba un poco de tranquilidad.
Encontró el claro en el que solía quedarse y se sentó sobre un tronco caído. Era una de las zonas inusualmente verdes del bosque y sabía que no tardaría en llegar algún animal que quisiera hablar un poco.
Mientras sacaba su bloc de dibujo pensó en todos los seres con los que había hablado allí.
Algunos centauros se habían acercado a él y había descubierto que eran una agradable compañía, si dejabas de lado su tendencia a hablar con acertijos. Y había aprendido mucho para su clase de astronomía.
También se había hecho amigo de una runespoor que vivía en un agujero cerca del claro, un ciervo que a veces pasaba por allí y un kappa que vivía en un río cercano y al que había ofrecido hacerle un encantamiento de permanencia en el agua de su coronilla siempre y cuando se comprometiera a no atacar a humanos ni a sus amigos.
Fawkes también le había hecho compañía algunas veces y Harry había descubierto que el fénix estaba en realidad unido a Hogwarts desde los tiempos de los fundadores y no a Dumbledore.
Incluso había llegado a hacerle algunas visitas a Fluffy, a quien Hagrid mantenía atado en una parte alejada del bosque y a quien al parecer le gustaba jugar a que le lanzaran la pelota.
En su bloc tenía dibujos de todos esos seres y otros del castillo, de las dos primeras pruebas del torneo y de personas a las que conocía.
Tenía un dibujo de Hermione en la biblioteca, Ron jugando al ajedrez, los gemelos en un partido de quidditch bateando las bludgers, Neville con el boggart-Snape, Luna con sus pendientes de rábano leyendo el Quisquilloso del revés, Malfoy mirando con aire de superioridad a sus dos gorilas, Sirius escapando sobre Buckbeak, Hagrid cuidando de Norberto, el profesor Lupin en el tren, Cedric bailando con Cho…
También habían escenas de su vida que no le gustaba recordar, como su vida con los Dursley o cada vez que había estado a punto de morir.
También había unos dibujos que no entendía. A veces eran escenas que veía en sus sueños y que reconocía, pero no sabía por qué. Después de todo, él nunca había estado cerca del mar, ni en un palacio de cristal.
Pero esas imágenes seguían apareciendo. Sobre todo el palacio. Un enorme palacio que parecía descansar sobre las mismas nubes, con columnas doradas y un montón de gente con rostros alegres.
Harry suspiró y miró el dibujo que estaba pintando actualmente: el espejo de Oesed en su primer año.
Decidiendo que había pintado suficiente por ese día, guardó de nuevo el bloc y sacó un libro de runas.
Aunque cuando se dio cuenta de que ya no importaba si sacaba mejores notas que Dudley había sido demasiado tarde para cambiar las clases que había elegido, no había importado demasiado.
Había estudiado aritmancia y runas antiguas por su cuenta a escondidas y, aunque la aritmancia no era lo que mejor se le daba no le había ido mal. Pero lo más sorprendente fue lo bien que dominaba las runas. Especialmente las griegas.
Había sido eso lo que lo había llevado a interesarse por la mitología griega y había llegado a colarse en la sección restringida para hacerse una copia de algunos libros sobre runas. La verdad era que le había resultado fascinante.
XXXXXXXX
Hades se acercó a grandes pasos a la fuente que había junto a la pared de la sala y contactó con su hermano Zeus lo más rápido que pudo.
― ¿Qué es lo que quieres, Hades?
―Necesito que me dejes entrar en el Olimpo.
― ¿Por qué debería hacerlo?
―Se trata de Harry.
Esa simple frase le concedería la entrada instantáneamente y Hades lo sabía. El rostro de Zeus pasó de impasible a ansioso y se levantó de un salto.
―Ven inmediatamente. Yo llamaré a los demás.
―Está bien. Llevaré a Nico.
