Well, well, well. Aquí llegando con un nuevo capítulo de Prisoner.

Realmente no sé que decir de este capítulo, sólo imaginaba la vida en prisión... cuando todo es manejado por mafias. La injusticia que puede haber sólo por el beneficio de unos, la podredumbre que este mundo llama justicia es lo que que quise reflejar en este capitulo.

Por qué Ira, creo que es el sentimiento predominante aquí ya que con la pérdida de la esperanza viene la frustración y con esta la ira... después hablaremos de la venganza.

Como han podido observar el esquema de narración es diferente del original, aun que guarda ciertas relaciones y momentos. Espero que lo disfruten. Si no ya saben los tomatazos en los revs.

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Advertencias: violencia y creo que un poco de lenguaje soez. (Lo de siempre). Si no gustas de leer este género por favor abstenerse.

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Episodio 1

Capital sins - Ira

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Consumida por su fuego a veces me siento.

Fuego que pocos pueden apagar.

El descontrol se esparce por mi cuerpo.

Tal cual veneno y me hace fúrica gritar.

Una estrella muerta brilla iluminando el cielo.

Las paredes se están cerrando y estoy sin aliento
Los días pasan, Dios ayúdame, dame una señal.
Con el pastor de los malditos regreso al final.

Siente como la ira inunda mi cuerpo.

Siente como hace mi alma vibrar.

Por favor no me descuides, tengo ganas de matar.

Tú me forzaste a cambiar.

Tal vez aún no sea tiempo…

Pero tu destino en mis manos va a estar.

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Todo pasó tan rápido desde la madrugada en la que Itachi salvó a Hinata de ser violada. Habían llevado a la morena de tan sólo trece años a muchos lugares desde entonces, ella siempre había tenido mucha vigilancia sin que se enterara del por qué, pensaba, casi aseguraba que era por lo ocurrido aquella madrugada… no era así, sus captores tramaban algo grande, algo que ella jamás hubiese imaginado.

Cuidado con lo que deseas Hinata, pues nunca sabes como terminará.

Ahora después de casi un mes Hinata lo estaba averiguando. Bueno al menos una parte del plan. Sentada al lado del estrado del Juez —casi sin creérselo— oía al fiscal decir: "—Jura hablar con la verdad y nada más que la verdad…"

La mente de la morena se puso en blanco y su boca dejó salir un muy bajo —sí—. No lo entendía pero aquí se encontraba en un juicio, declarando. Ni siquiera sabía si era por ella misma o sólo era una testigo más para resolver algún caso, pero esta incertidumbre duró solamente hasta que la pregunta del abogado llegó a sus oídos y se clavó en Hinata como un puñal.

—¿Dónde estaba la noche de la muerte de su padre? —la voz del abogado era demasiado automática, robotizada, cómo si hubiese memorizado cada palabra de su ya bien elaborado libreto –del cual la morena no tenía ni idea–. Era una trampa perfecta…

—A-a su lado —contestó la muchacha de ojos perlados, apretando sus puños encima de sus rodillas, clavando sus uñas en la carne de las palmas de sus manos. Hubo una conmoción en la sala y la nublada vista de Hinata se aclaró, se detuvo a observar a la gente que estaba en el lugar; dándose cuenta que muchos de ellos lucían una media sonrisa en el rostro, incluyendo a Itachi, "su salvador".

Pensó que eso era lo peor hasta que lo vio, su lasciva sonrisa y sus ojos de serpiente. ¿Qué hace él en Japón?, pensé que papá se había encargado… De las pocas cosas que Hinata sabía de su padre, era su proclamado odio hacia Orochimaru, mejor conocido como: "La Serpiente". Las piezas empezaron a encajar, muchas cosas empezaron a tener sentido en medio del caos que había en su mente.

—¿Mató usted a Hyuuga Hiashi? —continuó la monótona voz del abogado, hablaba de su padre como si se refiriera a una gripe. Ira, angustia, impotencia… desesperación.

—No —respondió Hinata por primera vez más seria que temerosa. Respira Hinata.

—¿Quiere decir que usted no lo asesino? —volvió a preguntar el abogado de plateado cabello, esta vez su mirada había cambiado era penetrante, oscura y ponía a la morena con los nervios a flor de piel. ¿Qué pretende? La respiración de Hinata se agitó. Los ojos rojos del abogado la acosaban.

—Y-yo no maté a mi padre —tartamudeó contra él, mientras sus manos temblaban de rabia y nervios. ¿Por qué me está pasando esto a mí? Una lágrima rodó por las mejillas y bajó la vista dejando que su azulada y corta cabellera ocultara su rostro.

*…*

Después de dos horas de preguntas en las que muchas veces Hinata quiso que alguien matara a ese abogado de peinado ridículo hacia atrás y otras tantas que la mataran a ella, el jurado fue a deliberar.

Salieron de la sala y todo el tiempo desde entonces Itachi la mantuvo junto a él, la morocha observaba como su cajetilla de cigarros se iba vaciando. Con su mirada en el rostro de él dejó que sus pensamientos vagaran, hasta que se dio cuenta que Itachi se veía mucho mayor de esa forma, nada parecido al chico de 19 años que realmente era. El moreno regresó a verla dejando que la oscuridad de sus ojos se robara la luz de los de ella.

—Todo saldrá bien —dijo Itachi pasando sus dedos por el cabello de la morena… Esto es tan raro, él… nunca… ¿qué?... y de repente una voz en la cabeza de Hinata susurró la realidad. Ella lo había sabido desde siempre, había intentado convencerse que eran sólo suposiciones o su imaginación; pero esta vez era demasiado claro; sus palabras y esa innecesaria caricia… Itachi estaba mintiendo. Hinata bajó la mirada y dejó sus lágrimas salir. Contando para calmarse uno, dos, tres… respiración descontrolada, miedo. ¿En quién puedo confiar realmente?

Uno, dos, tres… resignación, impotencia. Mi hermana. Claridad. La morocha limpió su rostro bruscamente y regresó a verlo. —Sé que es mentira Itachi-kun —balbuceó y el moreno le dedicó una mirada que llevaba un atisbo de asombro—. ¿Qué va a pasarme?

La pregunta quedó en el aire pues los llamaron. El juez iba a dar el veredicto.

Se levantaron de las gradas en las que habían estado sentados y la morena sujetó con temor la mano de Itachi, pero él no devolvió el gesto; poco a poco Hinata perdía cada gota de la esperanza que le restaba, su mente iba asimilando lo sola y perdida que estaba; todo esto mientras su mano resbalaba de la del moreno con sangre Uchiha.

La justicia está podrida…

—Hinata Hyuuga, usted ha sido encontrada culpable en el cargo de asesinato en segundo grado y es sentenciada a diez años de prisión, sin derecho a fianza—. Las palabras del juez sólo reafirmaron los ya perdidos sentimientos de seguridad y esperanza que albergó Hinata alguna vez.

Un policía esposó las manos de Hinata y otro se unió a ellos mientras caminaban hacia la salida del lugar. Un hombre de rubia cabellera se acercó a la morena. —Sé valiente —pronunció el desconocido; Hinata quiso observar con claridad su rostro más lo único que obtuvo fue la espalda de un hombre que nunca había visto, fijo la vista en ella hasta que se confundió con el gentío.

Como si el cielo estuviese en sintonía con el corazón de Hinata un rayo lo dividió por la mitad, el rugir de un trueno se oyó justo cuando la morena ponía un pie fuera del lugar. Una torrencial lluvia cayó en segundos, muchos de los periodistas corrieron a cubrir los equipos pero pudo escuchar en algunos el macabro nombre con el que se llamaba al asesinato de su familia: "Luna Sangrienta"

Segundos después uno de los policías empujaba el cuerpo de la morena dentro de la patrulla sosteniendo y agachando la cabeza de Hinata. Cayendo dentro de esta la chica de ojos perlas se preguntó cómo en tan poco tiempo habían podido sucederle tantas cosas malas, se preguntó por qué todas las personas en las que creyó y confió la abandonaban, por qué el mundo se volcaba contra ella, se preguntó si había sido una mala persona. Hinata había perdido su familia y su libertad en menos de un mes. Fuiste cobarde. Se recriminó.

El cuerpo de la morena temblaba involuntariamente, se había acurrucado en una esquina de la patrulla con la mirada perdida en el paisaje que ofrecía el cristal. Las lágrimas surcaron el rostro de la morena. Eres débil. La voz de su padre resonó en su mente, pero su padre ya no estaba aquí. La ropa mojada de Hinata se pegaba a su cuerpo, llenándola de frío y traspasándolo hasta su alma. —Eres bastante llorona para ser la niña que asesinó a su familia —dijo la policía que se sentaba en el asiento del copiloto con tono mordaz.

—Yo no lo hice —balbuceó Hinata mirando a la oficial directamente a los ojos, esta la fulminó con la mirada logrando que la morena se encogiera en su asiento. Aquí no hay nadie que te proteja, deja de ser idiota. Con esos pensamientos Hinata apoyó su cabeza en el respaldo del asiento y volvió a perder su mirada en el cristal de la ventana. Había dejado de llover. Sintiendo como las fuerzas y las ganas de luchar se le iban, quiso cerrar los ojos pero fue en ese preciso instante cuando la vio. —Hanabi.

La patrulla se había detenido a causa de un semáforo, y su hermana se encontraba cruzando la calle con su vista fija en Hinata, su mano en su corazón estaba hecha puño. Era la señal de ambas desde que eran niñas. Hinata imitó a su gemela y ella dejó ver al menos una media sonrisa en su rostro lívido. Hanabi terminó de cruzar la calle y entró a un auto, la morena vio a Kurenai también subir. Lo había logrado, su hermana estaba a salvo… una chispa se encendió en los ojos de la chica de ojos perla. Esperanza.

*…*

Siente el dolor, oye tus huesos crujir.

Levántate, se valiente.

No me jodas, yo hago lo que quiero.

Aunque este maldito cuerpo está muriendo.

Mi alma habla, dentro de este pozo estoy cayendo.

Escúchame está soy yo… Hinata.

Tenía la vista nublada por los golpes, no sabía cuan hinchados estaban mis ojos pero de lo que estaba segura era que estaban tanto que apenas podía abrirlos, me dolía todo el cuerpo, tal vez tendría una o dos costillas rotas pero esperaba que no fuera así, veía a duras penas mis manos sucias y ensangrentadas debido a la sangre que había tosido hace unos instantes. Acurrucada al fondo de ese pozo llamado celda, me iba quedando dormida, tratando de hacer el menor movimiento posible ya que los moretones en mi cuerpo, hacían que el dolor de cada uno fuese como una aguja traspasándome la piel y eran miles.

Mientras iba cerrando los ojos recordaba las palabras de mi padre. Eres débil, no mereces ser una Hyuuga, Hanabi es mucho más fuerte que tú, eres una deshonra… —. Él tenía razón era débil, entonces porque mierda había muerto dejándome abandonada… Yo era débil.

Antes de sucumbir en el mundo de las pesadillas pensó en lo mucho que a su padre le hubiese gustado una hija que honrara el apellido y lo decidió. Yo me haría fuerte, haría que mi padre estuviera orgulloso de mí, aunque no estuviese para verlo. Entonces la ira me inunda y pierdo el control. Grito.

Esto sólo fue un pedazo de mí…

*…*

El tiempo pasa, lento, como una babosa retorciéndose debido a la sal. Lento, el tiempo pasa…

Los gritos de Hinata inundaban la habitación. Uno con cada golpe que recibía su cuerpo. —Chillas como una perra —dijo una mujer tomando a Hinata por el rostro con una mano para que la viera; la soltó con fuerza haciendo que cayera estrepitosamente contra el suelo, golpeándose la cabeza con una de las patas de la mesa. La mujer de roja cabellera soltó una risotada mientras deleitaba su vista en el trabajo que hacía. La ropa de Hinata estaba empapada tanto de agua como de sangre. Su propia sangre.

La oficial se le acercó y Hinata tal cual ratón retrocedió su cuerpo tembloroso tratando de alejarse de la mujer que la torturaba. —No huyas pequeña perra, te convertiré en un puta —articuló la mujer hacia Hinata. Perra es lo único que sabes decir. Fueron los pensamientos de Hinata, cuántas veces la habían golpeado ya, cuántos días, por cuántas semanas.

La mujer hizo girar el tolete en sus manos, tomó a la morena del cabello y le rasgó el pantalón; alistándola para lo que venía.

Hinata intentó luchar en vano, su cuerpo ya no le respondía; la cantidad de golpes que había recibido la tenían casi inconsciente. Sintió como caía pesadamente encima de una mesa de metal y lo siguiente fue el frío metal del tolete entre sus piernas, paseándose por sus labios vaginales. Lloró, suplicó mentalmente. Dios por favor ayuda. Hinata no quería ser violada, no quería ni imaginarse cómo se sentiría el frío adentrándose en su cuerpo, —preferiría morir —la voz de la morena fue un murmullo.

En ese momento la puerta se abrió —la morena no podía creerlo —y una mujer de cabello rubio y corto se hizo presente. —¿Qué demonios crees que haces? —gruñó hacia la pelirroja sosteniéndola del cuello de la camisa—. Esa niña es Hinata Hyuuga si ella pierde su virginidad, si tiene una enfermedad o le sucede algo grave. Nos matan. ¡Escuchaste!, ¿qué harías si el Uchiha viene mañana y la encuentra así? Fuuka, más te vale que cuides de esa chiquilla o te aseguro que Itachi hará que veas que hay demasiadas cosas que son mucho peores que la muerte.

La rubia terminó de hablar y tomó a Hinata de la mesa rodeando su cuerpo por la cintura y la llevó a su celda. Una rubia de larga melena y una chica de cabello rosa la observaron. Hinata pudo ver que ellas también estaban golpeadas pero también observó que sus moretones no eran recientes.

—Límpienla —ladró la oficial tirando a Hinata prácticamente dentro de su celda. Las chicas la miraron temerosas y asintieron dispuestas a ayudar a su compañera. No la conocían pero la habían visto siempre golpeada, muchas veces tanto que ni siquiera podía comer.

—P-por f-favor no me t-toquen. Me cof-duele demasiado cof —la morena habló escupiendo sangre contra el suelo. Las chicas se miraron y sólo con ello supieron que debían ayudarla.

—Déjanos cambiarte —susurró la rubia empezando a desvestir con mucho cuidado a Hinata—. Por cierto soy Ino y ella es Sakura.

—¡Oh Dios mío! —Sakura se ahogó al ver las costillas de Hinata. En un instante corrió hacia la puerta de su celda y empezó a golpearla con fuerza, una guardia llegó ante el ruido gritando que se calmara.

—¿Qué sucede? —ladró la oficial mirando a Sakura con rabia.

—Por favor debe ayudarla —rogó la chica de ojos esmeraldas quitándose de la puerta y dejando ver a Hinata, quien yacía sólo con su bikini desmayada en el suelo en los brazos de Ino, quien trataba desesperadamente de reanimarla. Una de las costillas de la morena casi se le salía de la piel y los hematomas eran demasiado grandes.

La oficial gritó una orden y preguntó cómo la morena había terminado así. Ino había explicado que la habían dejado así en su celda y les habían pedido que la limpiaran. Una camilla llegó y gracias a las cámaras de seguridad que confirmaban la versión de las chicas, ellas no fueron castigadas.

*…*

Hinata despertó rodeada de cables, en una habitación blanca. Esperó encontrarse con una enfermera o un doctor pero lo que menos esperó fue ver a Itachi dormido sobre sus mantas a su lado, se veía muy cansado. La morena movió su mano y el moreno despertó. —H-hola —trató Hinata pero su garganta estaba muy seca.

El moreno apretó suavemente la mano de Hinata. —Al fin despiertas…

Hinata lo miró extrañada —¿por qué dices eso? —balbuceó con la voz ronca.

—Has estado aquí por tres meses —respondió el moreno a su interrogante y entonces entró la doctora, era una rubia alta de grandes senos…

Las voces se volvieron ecos mientras Hinata pensaba: un año de prisión, ya ha pasado un año.

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Utiliza tu libertad para elegir sabiamente decían…

El problema es que no tengo libertad, ni soy sabia

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Espero que les haya gustado el capítulo. Y a las fans del ItaHina como yo pues... no podía faltar jajaja!, esa escena me motivó mucho. También vemos ya a otro personajes más permanentes como Sakura e Ino, en los próximos capítulos hablaré más de ellas.

El hombre rubio ya se pueden imaginar quién es... cha, cha, chaann!, yo en lo personal lo amo.

Preguntas, dudas, comentarios, sugerencias... ya saben en los revs.

A Anto amor este capitulo va dedicado para tí, sobretodo el ItaHina.

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Gracias, muchas gracias a todos por sus rews.

A Blacklady, tuviste el primer lugar me sentí emocionada de leerte. Espero haber aclarado tus dudas.

A Yei, reina que haría sin ti, dónde quedaría mi imaginación pervertida y tóxica.

A Anto, muchas veces te lo he dicho, casi siempre siento que escribo este fic para ti, gracias por leerlo.

A Yuki, esperando que este capítulo también sea de tu agrado.

A kds, espero que cuando deje de ser interesante te tomes la molestia de decirmelo, serás un comentario bienvenido.

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Nos vemos la próxima. Lex.