hola mis queridos lectores, lamento mucho la demora, pero por fin el siguiente capitulo, disfrútenlo y no olviden dejar sus preciados reviews.


Malentendidos

Había transcurrido alrededor de dos meses y Agasha no había vuelto a ver a la anciana, eso de alguna manera la desilusiono, puesto que al comprobar la veracidad del elixir que la señora tenia se ilumino en su corazón un poco de esperanza de por fin podría estar junto a la persona que amaba, Albafika, sin que este tuviera miedo de lastimarla o matarla, ahora se entristecía al ver que ese sueño no se podría volver realidad. Sin embargo la muchacha no había perdido el tiempo, en absoluto, ella había pasado las tardes con el santo de oro de piscis recolectando algunas flores en el bosque, ya que ella al estar sola trabajando en la florería le era difícil conseguir nuevo material para vender, además de que algunas semillas que ella había plantado demoraban en crecer por la estación, así que él amablemente y con miedo de que ella le pasara algo la acompañaba en su rutina. Ellos conversaban, compartían y reían en algunos casos, manteniendo la lejanía entre ambos para que él estuviera cómodo y no tratara de alejarse de ella, pero a pesar de esto sus emociones están ligados entre ambos, la confianza alejaba las dudas y un cariño mutuo hacia que esos momentos fueran invaluables, aunque de alguna manera querían esconder estos sentimientos hacia el otro para no romper aquella pequeña relación que tenían, que ironía.

El santuario, los templos y el pueblo de Rodorio estaban en plena construcción, aunque se podía ver algunos escombros que le recordaban a los ataques de los espectros, pero ya no existía el miedo ya, es más, ahora disfrutaban plenamente de la tranquilidad que ahora era palpable. El santo de oro de piscis caminaba tranquilamente por este lugar, sabía que los aldeanos estaban al tanto de su envenenada existencia por lo que estos ya no se acercaban efusivamente, además ellos también sabían de que el caballero dorado acompañaba a Agasha en sus quehaceres, asique para todos ya era bastante común verlo por allí. Al estar cerca de la casa de la muchacha vio como esta salía con una cesta entre sus manos, Albafika tomo de la cesta para que Agasha no tuviera complicaciones para cerrar la puerta de su casa, la joven agradeció el gesto y al terminar salieron juntos del pueblo a lo de siempre.

En el trayecto ambos jóvenes conversaban amenamente…

-Así que te iras a una misión mañana- dijo Agasha.

-sí, me lo ha pedido el patriarca, me dijo que había problemas en Francia y era necesario mi presencia allí-

-ya veo, entonces ¿Cuándo lo podré ver?- esperando la respuesta del joven.

-em… en realidad no lo sé, el viaje es bastante largo, posiblemente una o dos semanas, quizás-

-sí que es mucho tiempo… espero que le vaya bien, Sr. Albafika- dedicándole una sonrisa.

-Gracias, Agasha- devolviéndole la sonrisa- de todas maneras pienso visitarte apenas llegue, ¿te parece bien?-

-¡Sí! Eso me encantaría mucho- sus ojos parecían brillar de alegría y su sonrisa aumento proporcionalmente.

Cuando llegaron al bosque inmediatamente comenzaron a recoger algunas flores que se encontraban por el lugar, de tanto en tanto hablaban sobre alguna que otra cosa para que la tarea no fuera aburrida, en ocasiones descansaban un poco a los pies de un árbol para luego seguir en lo suyo. Al observar el sol se percataron que debían ser las doce de la tarde y quizás más por lo que, Agasha, saco de su cesta de paja unos panes hechos a mano que ella misma había preparado, le extendió uno a Albafika y este con cuidado y con una manta tomo del pan que la joven le estaba ofreciendo teniendo cuidado de no tocarla en absoluto, comieron y disfrutaron del paisaje que se encontraba en frente de ellos, era sin duda un bosque muy hermoso que lo cruzaba un riachuelo por donde se refrescaban los pequeños animales que vivían allí, bastante bello y relajante.

Pasaron las horas y estos tuvieron que marcharse del lugar, ya que Albafika debía de volver al santuario, asique cortésmente se despidió de Agasha y comenzó su caminata hasta donde el templo, la joven se quedó un momento más en el lugar contemplando un poco más del paisaje y luego de unos momentos se marchó de allí, en el camino hasta el pueblo se encontró con alguien familiar.

-Hola Agasha- dijo acercándose hasta la joven.

-Hola Sr. Dohko- dijo haciendo un pequeño gesto.

-¿Cómo has estado?- frotando su cabeza.

-muy bien gracias, ahora voy a la tienda a vender estas flores- mientras mostraba las dichas flores.

-oh! Ya veo, entonces no te demoro más- dijo mientras movía su mano en forma de despedida- visítanos más seguido por el santuario y no solo a Albafika, ¿está bien?-

Sonrojada- claro, hasta luego Sr. Dohko- marchándose del lugar.

En el pueblo de Rodorio la joven estaba caminando por las calles para llegar hasta su casa, paso por algunos edificios que estaba en plena construcción cuando en ello ve a su padre que estaba trasladando algunos escombros, la muchacha entonces le llamo extendiendo su brazo para que la viera, al mismo tiempo que el la observo dejando lo que transportaba donde no sería un estorbo para ir tras de ella.

-hija mía, ¿Cómo te fue?- estando en frente de ella.

-muy bien padre ahora mismo voy a exponerlas fuera de la casa para venderlas- dijo alegremente.

-hija, ¿te parece si mejor vas en busca de algunas cosas por mí? Mientras yo me encargo de las flores, ¿te parece?-

-¡Claro, padre! No hay problema-

-Bien entonces- tomando la cesta que su hija tenía en sus manos- yo llevare esto a casa, tu ve a lo que necesito de esta lista-

La joven al ver la lista que tenía en sus manos se percató de algo- pero, papa esto solo puedo encontrarlo en la aldea vecina que está a una hora de aquí- mirando a su padre.

-lo sé querida, me gustaría ir yo pero recuerda que hoy vienen unos comerciantes a pedir algunas flores para llevarlas a otro país, tu sabes que tenemos flores que solo crecen en ente lugar, ¿podrías hacerlo por mi hija?-

-em… está bien, ¡iré inmediatamente!- mientras se marchaba corriendo.

-¡ten cuidado hija!-

Entonces la joven se encamino hasta la aldea vecina, el trayecto no era nada difícil algo monótono por la larga caminata, ella observo el cielo y se fijó que a lo lejos unas nubes negras se aproximaban, quizás dentro de la tarde o al anochecer comenzaría a llover en Rodorio por lo que agilizo la marcha. Estando cerca del pueblo, Ebzar, tomo la lista y la volvió a leer para así asegurarse de que no olvidaría nada, la tarea fue bastante sencilla, no le tomo más de treinta minutos en realizarla y apenas termino volvió a Rodorio.

El padre de Agasha, por su parte, estaba en casa ordenando las flores que los mercaderes irían a buscar además de acomodar las que su hija había traído del bosque, cuando un sonido tras su espalda le llamo la atención que parecía ser la puerta al abrirse, a pesar de que había mandado a Agasha hacia poco pregunto algo confundido y algo de miedo, "Agasha querida, ¿eres tú?" pero no hubo respuesta alguna, entonces al ver con claridad pudo observar una sombra que se acercaba.

La muchacha había llegado pronto al pueblo y cuando estaba cerca de la casa escucho la multitud que se encontraba allí, murmurando y algunos tapándose el rostro, entonces Agasha se acercó al lugar en donde estaban observando y la escena que la muchacha contemplaba simplemente le detuvo el corazón, en la dirección donde las personas miraban estaba su padre, que se encontraba en el suelo rodeado por un charco carmesí, la joven a penas salió del shock grito su nombre aproximándose rápidamente hasta el lugar, algunos hombres intentaron detenerla, pero comprendieron la situación y dejaron que se acercara, ella como pudo llego hasta donde su papá llamándolo, gritándole, pero este no contestaba, entonces Agasha comprendió que su padre había muerto y la razón, alguien lo había atacado y nadie sabía quién fue.

Sus ojos se llenaron más y más de lágrimas, que con firmeza y sin dudas rodaban por sus mejillas, un nudo en su garganta no le dejaba respirar y su corazón parecía que hubiera perdido el pulso, "no, por favor" decía "no me dejes sola, no me dejes como mi madre, por favor" mientras cerraba los ojos y se aferraba al cuerpo inerte de su padre, sabía que no era culpa de él, pero la tristeza era tan grande que no le dejaba pensar con claridad, algunas personas trataron de calmarla, aunque esto no surtía ningún efecto, sin embargo una mujer la trajo hasta ella y le dio apoyo, esta no era cualquier mujer, era Selinsa la aprendiz de caballero de tauro, ellas se habían hecho amigas en algunas caminatas que hacia Agasha en el santuario y esta le había ayudado en algunos favores, ahora ella le ayudaría en su dolor, le abrazo y dejo que la joven de cabellos castaños se desahogara todo lo que quería.

Algunos hombres ayudaron a mover el cuerpo del padre de Agasha hasta el cementerio destinado para las personas que no eran caballeros, ya que estos tienen su propio cementerio, detrás de ellos caminaba una triste joven y junto a ella Selinsa seguidas de muchas personas que conocían al hombre, ya que él era una persona bastante amable que ayudaba en lo que más podía y trabajaba honradamente al igual que su hija. Agasha miraba fijamente al frente preguntándose si todo esto era real, si no era una pesadilla o algo parecido, al menos ella quería creer eso.

La joven de cabellos castaños observo como enterraban el cuerpo de su padre y al finalizar todos los demás se fueron, exceptuando las dos jóvenes quienes se quedaron por más tiempo, Selinsa no sabía que palabras usar ya que ella también era huérfana y comprendía lo que Agasha sentía en ese momento pero eran en condiciones y sentimientos distintos por lo que decir algo inapropiado podría ser peor para su amiga. Las nubes comenzaron hacerse presente, como si estos también estuvieran triste dejaron caer sobre ellas gotas de agua primero de manera pausada y poco a poco más fuerte hasta cubrir todo con ellas, entonces Selinsa cuidadosamente atrajo a Agasha para que la acompañara hasta su casa, para así cubrirse de la lluvia, Agasha dejándose llevar por su amiga se fue junto a ella.

Estando en el hogar de la joven aprendiz esta le dio a su compañera unas prendas para que se pudiera cambiar su ropa mojada por algo más seco mientras ella preparaba algo de té, así ellas podrían entrar en calor. Por su parte Agasha solo se mantenía allí, mirando a la nada su corazón parecía partirse en dos o quizás en más partes, recordaba como su madre había muerto también, solo que esa vez su padre había sido quien vio a su mamá en ese estado, la niña solo pudo escuchar a su padre gritar desconsoladamente mientras que a ella le tapaban los ojos y la sacaban del lugar, ahora era su turno de pasar por ese tormento sin saber quién había sido el responsable de la muerte de su padre.

La joven aprendiz de tauro al ver a la pobre joven de cabellera café decidió buscar unas hierbas que funcionaban como relajante, tomo una manta para protegerse de la lluvia, mientras avisaba a Agasha de su partida y, procurando de que ella estaría bien, salió de su casa en busca de las dichas hierbas. Sin embargo no muy lejos una presencia familiar para la joven de ojos verdes se venía acercando hasta estar frente de la ventana y llamando su atención le indico que la siguiera. La muchacha muy a su pesar, pero al mismo tiempo sorprendida por volverla a ver, fue directamente donde se encontraba, entonces la anciana se percató que Agasha se aproximaba hasta ella, tomo su mano y la condujo al camino donde estarían más a solas. Por su parte Selinsa venia de vuelta cuando al entrar a la casa observo que su amiga ya no estaba, se asustó por su ausencia y comenzó a revisar todo el lugar para darse cuenta que efectivamente la muchacha se había ido, salió de su hogar gritando el nombre de Agasha, y con miedo a que le ocurriera algo fue directamente a la única persona que podría confiar, su maestro Aldebarán.

Mientras tanto en las doce casas, horas antes, algunos de los caballeros dorados se estaban preparando para sus respectivas misiones, entre ellos se encontraba Albafika de piscis que, a diferencia de algunos otros compañeros, ya tenia avanzado gran parte del equipaje, estaba por terminar lo último cuando una voz irritante lo saco de su labor.

-hola rosita, ¿Qué tal?- decía mientras se acercaba al santo de piscis.

-no me llames así, Manigoldo- gruño- estoy bien ¿y tú?, ¿Qué hacer por aquí?-

-¿yo?, vengo a ver a mi buen amigo, después de todo últimamente estas pasando mucho tiempo con la niña de las flores, ¿Cómo se llamaba?... ¡Ah! Si…Agasha- decía con burla.

-Eso no te importa- mientras seguía en lo suyo.

-Ya no te pongas así… ¿Qué te parece salir con nosotros y tomar algo?-

-¿Eres idiota? Sabes que mi existencia es muy venenosa, podría lastimar a alguien- decía algo enojado- no gracias, no pienso arriesgar a nadie-

-Oh… ¡Vamos! No seas así, sabes que yo puedo soportar perfectamente tu veneno, y no necesariamente dije que saldríamos del santuario, podemos tomar unas copas aquí sin problemas, sin involucrar a nadie más, además… después de renacer ¿No te parece que merecemos celebrar que tenemos una segunda oportunidad?-

-Aun así, no creo que debería…- dijo dudando.

-Oh… por favor, ¡Hasta Asmita va a ir!- menciono, lo que era verdad y muy difícil de creer, pero cierto.

-¿Enserio? ¿Asmita?- recalcaba el pisciano muy sorprendido.

-No fue fácil, pero al final acepto… y tú también deberías- mirándolo fijamente- ¿vendrás?-

Luego de meditarlo por un momento- está bien… pero estaré alejado del resto-

-¡Esa es la actitud! En la casa de cáncer en media hora, no tardes mucho que va a llover- decía mientras apuntaba al cielo y se fue.

Albafika no estaba muy seguro de su decisión, pero ya era muy tarde para arrepentirse, asique termino de empacar y decidió tomar un baño antes de partir a la casa de cáncer, al pasar por algunos pilares, cerca de su jardín de rosas pudo observar el cielo y vio como unas nubes negras se formaban lejos de allí, Manigoldo tenía razón, al parecer va a llover y siguió caminando. Cuando ya se encontraba listo se fue hasta donde se encontraban los demás, al llegar pudo observar a sus compañeros, unos alegres de verlo por allí, algunos sorprendidos y otros simplemente no les importaba, estaban todos reunidos para la ocasión, sin mencionar que es la primera vez que todos estaban juntos que no fuese por la guerra santa o por órdenes de Atenea.

El pisciano se sentó un poco más alejado del resto al igual que Asmita y Degel, todos se encontraban sin sus armaduras, después de todo venían a disfrutar un poco de compañía y unos buenos tragos antes de mañana donde algunos, con suerte, saldrían de misiones más tranquilos. El caballero de cáncer entonces, además por ser el anfitrión, dio comienzo a la pequeña celebración de sus segundas vidas, esperando que esta fuera un poco mejor a la que tuvieron, repartieron los tragos, brindaron por ellos y por Atenea, y disfrutaron del Alcohol. Rieron, compartieron y hablaron, algunos más que otros, pero fue un grato momento entre compañeros. Para cuando ya era más de noche la gran mayoría se había ido, mientras la lluvia caía torrencialmente, entre los que estaban se encontraba: Dohko, Shion, Manigoldo, Aldebarán y Albafika.

-No me esperaba que te quedarías hasta el final, Albafika- dijo Shion con una sonrisa.

-A mí más me sorprende verte por aquí- dijo Dohko.

-para ser sincero tampoco lo esperaba- menciono Albafika antes de dar otro trago.

En ese momento, irrumpiendo en la casa del caballero de cáncer, apareció la aprendiz de Aldebarán, este preocupado por la aparición de la muchacha le pregunto que sucedía, a lo que ella le explica todo lo que pudo sobre su amiga y que esta, se había ido y no podía encontrarla. Albafika, sorprendido por lo mencionado por la muchacha, se levanta rápidamente de su lugar y parte inmediatamente a buscar a la joven, llevado por el impulso de sus preocupaciones más el alto contenido de alcohol en su organismo fue tan rápido que podía en busca de Agasha.

En lo más profundo del bosque, la peli castaña se encontraba con la anciana, esta le ofrecía por segunda vez beber del elixir que le haría sus sueños realidad, algo que a la joven quería por sobre manera, pero en esos momentos no se encontraba en óptimas condiciones, la pérdida de su padre había sido un gran golpe a su pecho, mas no sabía cómo acercarse a su amado sin que este le rechazase, tenía miedo, mucho miedo. La mujer de blancos cabellos al ver la expresión de la muchachita le dio una opción, "bebe un sorbo de él, uno pequeño, y te aseguro que serás inmune por un día a su venenosa existencia, ahora tienes más tiempo, no lo malgastes" dijo mientras le extendía de la dorada copa hasta ella, Agasha lo observo por un momento y muy lentamente acerco su mano a la copa, miro su contenido y lo aproximo a su boca, tomo de el con cuidado y se lo extendió nuevamente a su dueña, la anciana complacida se marchó.

Agasha se quedó en el bosque, observaba como la lluvia caía más y más, se acobijo bajo de un árbol y tomando sus rodillas escondió su cabeza entre ellas, sollozando recordaba lo sucedido ese día y lo sola que sería volver a su casa, trato de respirar un poco y al levantar la cabeza se encontró con la única persona que pensó que jamás vería. Albafika la miraba de pies a cabeza mientras trataba de recuperar el aliento, se veía fatal, estaba pálida, sus ojos estaban hinchados por tanto llorar, las lágrimas todavía caían sobre sus mejillas, pero luego se fijó como sus ropas se apegaban a su piel dejando nada a la imaginación, eso le incremento un poco su sonrojo, aparte de lo que le producía el alcohol. Agasha también observaba detenidamente al caballero de piscis, no se esperaba que el la encontrara y menos vestido sin su armadura, se veía más atractivo de esa manera sobre todo cuando se percató que se le notaba sus bien formados músculos, eso le ocasionó que su corazón palpitara con más fuerza.

-¿Cómo me encontraste?- pregunto Agasha.

-No lo sé, solo corrí hasta acá cuando me dijeron que te fuiste- dijo algo avergonzado de la que estaba pensando anteriormente- estaba preocupado-

-¿Enserio?- no es como si no le creyera, pero era muy difícil que el mostrara tan abiertamente sus sentimientos.

-Enserio- susurro mientras más se acercaba a la joven.

Albafika no sabía porque, pero por primera vez quería estar tan cerca de alguien, verla tan débil y frágil le hacían sentir que debía protegerla, cuidarla lo más que podía, llevársela a cualquier lugar para alejarla de la oscuridad, para que no se sintiera como él se sintió durante mucho tiempo, solo. Se acomodó a su altura, por alguna razón sintió calor, a pesar de que la lluvia era fría, la miro directamente a los ojos y acomodo lentamente los brazos alrededor se su cuerpo mojado, atrayéndolo hasta el, ¿En que estaba pensando para no darse cuenta que podía envenenarla? En nada, sencillamente él no estaba pensado, se dejó llevar por el instinto. La abrazo con más fuerza y ella solo se acomodó en el cuerpo de él, pensó que la regañaría o que se enojaría con ella, pero no, estaban abrazándose en medio de la lluvia.

El santo de oro sintió como el cuerpo de la muchacha temblaba y lo fría que estaba, asique tomándola en brazos la llevo a un lugar cercano para que entrara mejor en calor, recordó que no muy lejos de allí se encontraba un molino abandonado, de manera que salió lo más rápido que podía sin lastimar a Agasha hasta allí. Cuando llegaron la deposito lentamente en el suelo de madera y buscando una manta, la más limpia que había, la envolvió con ella tierna y torpemente. La joven se sentía en un sueño, tan surrealista, sobre todo cuando el caballero dorado de piscis la habría abrazado de esa manera tan tierna y protectora, ¡El esquivo y solitario Albafika la había abrazado y cargado sin quejarse de su sangre envenenada!, eso era algo muy difícil de creer. El pisciano se sentó al lado de ella, quería saber que se encontraba bien, encendió una vela para ver mejor en ese viejo molino, observo detenidamente a Agasha otra vez, se le podía apreciar un pequeño sonrojo en sus mejillas lo que considero bastante lindo, su cabello se le pegaba en su cuello, y sus ojos brillaban a la tenue brillo de la vela. Albafika se sentía acalorado, la encontraba bella en todos los sentidos, tan perfecta que, sin pensar, la atrajo hacia él.

El ambiente afuera era frio y húmedo, pero en ese molino se podía sentir el calor, Agasha observo los ojos azul profundo de Albafika y el a su vez veía los verdes castaños de ella, sin detenerse y sin pensar. Ella acerco su cara a la de él, este no le importo su cercanía, y sus labios se encontraron por primera vez. "suave" pensaron, moviéndolos al compás del otro, dejando escapar pequeños suspiros, se alejaron un poco para poder respirar y nuevamente juntaros sus bocas, no querían detenerse, se sentían en la gloria y sus cuerpos sentían la electricidad de sus emociones agitadas, lentamente él paso su mano por su pequeña cintura tratando de sentirla más cerca, ella deposito sus brazos alrededor de su cuello, para profundizar el beso. Poco a poco Albafika empujaba a Agasha para que estuvieran totalmente en el suelo estando él en sima de ella, el beso comenzó a aumentar la velocidad, el pisciano instintivamente dejo una de sus manos en la cintura de la muchacha mientras que con la otra viajaba por el cuerpo de esta, la joven se dejaba llevar por él, sabía que esto era lo que más deseaba, pero no estaba pensando en las consecuencias y menos en el sabor a alcohol que tenía su portador.

El peli celeste se separó un poco de los labios de ella, y la miro fijamente por unos momentos mientras bajaba un poco hasta llegar a su cuello donde lentamente depositaba pequeños besos, Agasha estaba extasiada por las sensaciones que Albafika le hacía sentir y la parte más íntima de ella comenzaba a dar indicios de ello. La mano más traviesa del joven pisciano se dejó reposar e unos de los pequeños senos de la muchacha lo que ella reacciono a un pequeños suspiro, a él le encantaba y a ella también. Las cosas siguieron avanzando, poco a poco el fuego da la pasión gobernaban sus cuerpos, nadie quería detenerse, nadie pensaba en el peligro, solo se dejaban llevar por la danza del amor. Por la situación en la que se encontraban solo se dejaron un poco al descubierto sus partes más íntimas, entonces él observando sus ojos busco la aprobación de la joven y ella se lo permitió, fundiéndose en uno solo.

A la mañana siguiente los dos jóvenes se encontraban en el suelo del molino acobijados por la manta que Albafika le había proporcionado a Agasha, estaban cerca del uno al otro, pero no llegaban a tocarse, fue entonces que pesadamente se incorpora el santo de piscis, con un dolor de muerte en su cabeza y un extraño dolor en su cuello, suponiendo que se deba a la dureza del suelo, abrió los ojos muy difícilmente por la claridad que entraba al viejo molino, no recordaba nada, excepto cuando estaba buscando a su amiga Agasha, cuando vio el lugar se encontró con ella muy cerca de el por lo que con miedo se alejó de ella, ¿Qué había pasado? No tenía ni la mayor idea, por su desgracias y la de la pobre Agasha, el joven santo de oro no recordaba nada, se miró sus ropas y vio que no le faltaba nada, aunque estaban algo desaliñado, talvez por estar buscando a la joven y luego simplemente dormir en el piso. Miro la luz y se percató de que era muy tarde, debía despertar a la joven pero su misión era muy importante, por lo que opto por dejarle un mensaje junto a ella diciéndole que lo esperaba antes de partir a misión, mientras él iba a su casa a cambiarse y buscar sus cosa, podría ser malo para la joven muchacha, pero no encontraba una mejor solución, talvez se equivocaba.

Luego de unos cuantos minutos, Agasha comenzaba a incorporarse poco a poco, la luz alumbraba totalmente su cuerpo que se encontraba cubierto por las mantas, estaba completamente feliz al saber que el hombre que más amaba aquella noche le había correspondido, cuando paso su mirada donde se suponía que se encontraba su amor, no había nadie en su lugar, entonces la joven se incorporó rápidamente solo para encontrarse sola en aquel viejo molino, su corazón por un momento se detuvo, parecía que todo lo que había ocurrido anoche hubiera sido un sueño, pero no, ella sabía que fue real que nada de eso fue un sueño, observo de nuevo en dirección en donde debió estar Albafika, para encontrarse una nota en su lugar, En el campo de flores, te espero. Albafika.

Entonces Agasha se levanta rápidamente, sin antes de revisar que sus ropas estuvieran en su lugar, tal y como lo recordaba haberlo hecho después de ese encuentro tan apasionado con el caballero dorado de piscis, corrió a su encuentro con él. Al llegar pudo observar al hombre mirando preocupado a una dirección distinta de donde se encontraba ella, la joven tenía una un mal presentimiento, pero aun así se acercó al joven caballero, camino lo más despacio hasta a él, cuando ya estaba lo suficientemente cerca lo observo detenidamente y hablo.

-Sr. Albafika… - dijo Agasha casi como un susurro.

-Agasha, hola… -observo a la muchacha detenidamente, se veía mal, talvez por lo de su padre, el quería estar un momento más con ella, pero debía ir a la misión- no creo poder estar cerca de ti más- dijo de forma serena.

-¿Qué?- Agasha no lo podía creer, después de lo que ocurrió anoche, ¿él quiere que ella este lejos?

A Albafika noto el desconcierto en su cara, debía estar molesta por lo de esta mañana-Talvez no fue de la mejor forma, pero créeme que digo que es lo mejor para nosotros- hablaba lentamente, para que ella pudiera entenderlo, sin que se enojara con él.

-no entiendo…- ¿acaso todo lo que hizo fue mentira? Sin dudas le faltaba el aliento, estaba en shock.

Albafika se le hacía tarde por lo que debía ser rápido, para así poder irse- Esto es el adiós, Agasha-

Y antes que Agasha pudiera decir algo, el joven caballero de piscis se fue en otra dirección lo más rápido que podía para llegar a su misión, pero eso era algo que la joven no había recordado, y todo lo que escuchaba era que él la había utilizado y que lo único que quería de ella es que estuviera lejos, de sus ojos rodaron gruesas lágrimas, y se sintió morir. Por primera vez seria obediente, si la quería lejos, entonces ella lo cumpliría.

Continuara...