Hola gente!bueno ya estoy de vuelta, me he ausentado, lo sé no hace falta que lo repitáis pero es que he tenido mucho trabajo y en alguna ocasión no he pasado por un buen tramo de mi vida personal. Sé que es una escusa asquerosa y mala, pero es lo que hay . Creedme, a mi me pesa mucho más el hecho de no poder escribir porque es verdad que ideas no me faltan ;).

Dejándome de lamentaciones, espero que disfrutéis de este capítulo 2 de Déjà Vu, pasad un buen rato leyendo^^

Ahí va!

Casi todos los personajes del capítulo le pertenecen a idiota de Masashi.

Nomi y Kai Hatake, Yami Uchiha me pertenecen a mí.


Los tres ninjas de la lluvia se dirigían con velocidad hacia Konoha esquivando todo tipo de obstáculos, ya fueran otros shinobis que al final acababan muertos o simples campesinos que iban a trabajar para poder ganarse la vida de alguna manera y así poder alimentar a sus familias, aunque al final también acababan de la misma manera que los otros shinobis.

—Venga, debemos apresurarnos y realizar la misión con éxito —informó uno de ellos mientras saltaba de rama en rama procurando no pegarse un buen golpe ya que aquellas ramificaciones eran demasiado gruesas por culpa de la humedad que había en el ambiente; no hay que olvidar que todavía estaban dentro de la región del agua de modo que las plantas y demás eran demasiado frondosas a causa del agua que tenían en su interior.

—Tienes razón, si no Kabuto-sama va a acabar con nosotros —matizó el segundo de ellos a la vez que esquivaba los obstáculos que se le cruzaban en su camino.

—Debemos cogerla y llevárnosla, no pueden sospechar de nosotros si no…estamos muertos; los de Konoha no pueden saber que Kabuto-sama sigue con vida, no antes de que ocurra lo que tiene que ocurrir —aclaró el tercero a la vez que seguía el paso de sus compañeros de equipo.

….

La mañana amanecía con un sol resplandeciente, los pájaros empezaban a canturrear y la gente de la villa oculta de la hoja comenzaba a abrir las ventanas de sus casas para que la luz iluminara todo el domicilio. Las chimeneas de los restaurantes ya hacía tiempo que estaban funcionando y dejando escapar ese olorcillo a exquisita comida que hipnotizaba a cualquiera que pasara por delante del tenderete.

En la casa de los Hatake no había indicios de gente madrugadora, por lo que se suponía que todavía estaban durmiendo; aun así Scan, el perro guardián de la casa, empezó a ladrar con fuerza reclamando su porción del desayuno y ya de paso despertando a los dueños de la casa, que justo, de la calle en donde vivían, ellos eran los únicos que todavía estaban durmiendo plácidamente; bueno, realmente, eran las dos pelimoradas quienes estaban durmiendo como angelitos. Cuando el peliplata desvió su vista hacia la pelipúrpura pensó, "Durmiendo es tan tierna…pero cuando despierta, ya empiezo a temblar", eso era lo que rondaba por la cabeza del ninja copia, "Mejor que vaya a echarle de comer antes de que Anko despierte por culpa de esos ladridos" se dijo mentalmente Kakashi mientras con flojera se levantaba con cautela y volvía a tapar a su mujer con la sábana.

Éste se puso los zapatos, se dirigió al aseo para lavarse bien la cara y ya de paso se peinó con cuidado, aún así poco le sirvió ya que su cabellera peliplateada volvió a alborotarse como de costumbre. Después salió del aseo y se encaminó hasta la puerta, pero justo cuando iba a salir se dio un golpe con la pata que sujetaba el mueble de la habitación provocando que cierta ojicaramelo dejara escapar un largo suspiro.

—Eso, tú haz más ruido —se quejó la Mitarashi con sarcasmo aún con la voz de media dormida y con los ojos cerrados mientras volteaba hacia su marido, de ese modo evitando que los rayos del sol chocaran contra su rostro.

—Lo siento —se excusó el peliplateado acercándose otra vez hasta la cama con paso tranquilo para después tumbarse levemente sobre ésta de ese modo pudiendo depositar un dulce beso en los labios de su mujer; ella le correspondió con pereza, pero a la vez con gusto.

—Anda, ve y haz callar al perro —ordenó la pelimorada mientras se acurrucaba a la sábana y, hundiendo aún más su cabeza en la almohada, bostezaba perezosamente.

El Hatake, sin más remedio, se encaminó hacia el jardín para cumplir las órdenes de su mujer puesto que no quería una reprimenda de buena mañana. Al salir de su casa pudo observar como Scan se acercaba a él con el periódico en la boca de ese modo haciendo que una sonrisa se dibujara en el rostro, aunque por culpa de su máscara no se pudo apreciar demasiado; acto seguido, Kakashi le brindó unas cuantas caricias al perro para después entregarle la porción adecuada de comida y así dejar que se entretuviera por el jardín con el hueso que anteriormente él le había dado.

Después volvió a entrar en la casa y, otra vez, se encaminó hacia la habitación donde seguramente Anko todavía seguiría en la cama, pero por el pasillo ya pudo ver como su hijo se dirigía hacia el aseo.

—Buenos días, papá —saludó el mini peliplateado alzando sutilmente su brazo a modo de saludo.

—Buenos días —le devolvió sonriente el Hatake cerrando su único ojo visible para después volver a entrar cuidadosamente en la habitación.

—Ya era hora, pensaba que te habías quedado desayunando en la caseta del perro junto con Scan —bromeó la Mitarashi ya levantada de la cama y dirigiéndose hacia el armario para buscar algo que ponerse puesto que esa noche ambos habían dormido en ropa interior por culpa de la oleada de calor que había hecho. El Hatake simplemente se le acercó por detrás y la rodeó por la cintura de ese modo acerándola hacia él.

—Kakashi, no te pongas tontorrón —comentó ella con paciencia mientras seguía buscando en el armario como podía ya que notó como el ojiazabache empezaba a besar su cuello con ternura y, alguna que otra vez, mordía suavemente su lóbulo.

—No lo hago aposta…mira, cuando quieres tú es porque quieres tú y cuando yo me pongo tontorrón es porque tú haces que me ponga así, conclusión…siempre es tu culpa —aclaró sin rodeos el ninja copia a la vez que seguía haciendo de las suyas, pero esta vez empezando a acariciar en formas circulatorias el abdomen de la chica.

—Kakashi, tienes que ir a trabajar ¿no ves que te van a llamar la atención si llegas tarde? —comentó la pelilila mientras se aguantaba la risa al notar ese cosquilleo por su barriga.

—Siempre llego tarde por todo, qué más da si tardo en ir al trabajo; además, hoy me toca jornada con Yügao —matizó el peliplata a posta para que su mujer se molestara ante ese último comentario…cómo le gustaba verla enfadada.

—Esa penca no sé que se piensa ¿acaso cree que porque lleve la vestimenta de ANBU va a dejar de ser una fresca? Si ya lo dice el refrán "Aunque la zorra se vista de seda, zorra se queda" —dijo la Mitarashi con molestia ocasionando que una carcajada se le escapara a Kakashi mientras que éste la obligaba a voltear hacia él.

—Si solo estaré con ella medio turno, tampoco no es tan grave —comentó el Hatake como si nada sin dejar de besar con ansias la clavícula de ella ocasionando que un suspiro se le escapara al notar esos labios tan traviesos.

—Para nada, solo que a la más mínima esa ya te estará echando los tejos —comentó la ojicaramelo sarcásticamente intentando no dejarse llevar por sus hormonas ya de buena mañana, aunque eso era un tanto difícil.

—No te preocupes por eso… además, sabes que solo tú puedes hacer que pierda la cordura por completo —susurró el peliplata con diablura a la vez que desabrochaba el sujetador de la Mitarashi y empezaba a besar con picardía el contorno de sus generosos pechos ocasionando que un gemido se le escapara al notar como la lengua del Hatake hacía su recorrido.

—Kakashi…ahora no —le susurró la Mitarashi al oído de ese modo obligando al Hatake a parar por lo que estaba haciendo en ese momento; debía entenderlo, ese no era el momento adecuado y por la mirada que le lanzó la pelivioleta, él lo entendió a la perfección por lo que se alejó un par de centímetros de ella.

—Lo siento —se disculpó él cabizbajo mostrando su arrepentimiento por el ataque de lujuria que lo había invadido hacía escasos segundos, no podía dejarse llevar de esa manera.

—No te disculpes por eso, lo único es que ahora no es el momento ideal —le argumentó como pudo la pelimorada posando su dedo índice bajo el mentón del ninja copia de ese modo obligándole a mirarla para después poder besarlo con cariño y amor.

—Perdóname, de verdad —volvió a pedir disculpas el peliplata poniendo cara de cachorrito.

—Estás perdonado —respondió ella dedicándole una amplia sonrisa a la vez que volvía a dirigirse hacia el armario —aun así te agradezco ese interés tan intenso por mí, me hace sentir joven —aclaró la ojicaramelo cogiendo su habitual ropa ninja.

—Pero que tonterías dices, tú todavía eres joven —comentó el peliplata alagando a su mujer a la vez que empezaba a ponerse con parsimonia el uniforme ANBU.

—Sí, claro…por eso hace ya ocho años que voy a comprar al mismo sitio y cada vez que el dependiente me ve, me llama "señora". —matizó la pelimorada sarcásticamente y con paciencia ocasionando que una sonrisa apareciera en el rostro de su marido.

Después de arreglarse y acicalarse, ambos salieron de la habitación para encaminarse hacia la cocina y poder desayunar, pero al salir observaron como la pequeña ojiazabache ya esperaba para poder entrar en el aseo, aun así su rostro reflejaba más que molestia.

— ¡Venga Kai, date prisa! —exclamó la pequeña aporreando con furia la puerta del aseo.

— ¡Espérate que yo me aguanto siempre que tú estás dentro! —se defendió el mini peliplateado desde el otro lado de la puerta.

— ¿Acaso crees que Yukari se fijará más en ti?... ¡Porque yo no! —vociferó la mini pelivioleta molesta sin dejar de aporrear la puerta.

—Por si no lo sabías, ella ya se ha fijado en mi —musitó con orgullo el ojicaramelo saliendo del baño con una media sonrisa dibujada en el rostro.

—Eres más mentiroso que papá cuando me dice que no lee esos libros de colorines —confesó la mini pelipúrpura como si nada y con los brazos cruzados ocasionando que la examinadora de los exámenes chunnin dirigiera una mirada más que asesina al Hatake de ese modo haciendo que el terror de no perder su cabeza lo invadiera en ese momento.

—Ya hablaremos tú y yo —amenazó la Mitarashi con voz y mirada intimidante ocasionando que una pequeña gota de sudor recorriera la frente de su marido.

—Venga niños, parad de discutir y vamos a almorzar —comentó el ninja copia cambiando de tema para evitar las continuas miradas asesinas de su mujer.

—Vale —respondieron al unisono los dos pequeños mientras ambos se encaminaban escaleras abajo hacia el comedor.

—Nomi, ¿tú no tenias que ir al lavabo? —inquirió el mini peliplateado extrañado.

—No, ya no quiero ir —respondió con indiferencia la mini pelimorada adelantando el paso hasta llegar al comedor dejando a Kai con un tic en el ojo.

Después de haber desayunado, unos más rápidos que otros, Kai y Nomi llevaron los trastos al fregadero para después volver a subir a su habitación y así poder ponerse su habitual ropa ninja, dejando a Anko y Kakashi desayunando con más tranquilidad; y es que cada mañana los pequeños de la casa discutían por cualquier cosa convirtiendo la paz interior de la casa en un completo alboroto.

—Que descanso… —dijo el Hatake con paciencia a la vez que suspiraba con pesadez.

—Que quieres, son tus hijos —comentó la Mitarashi como si nada para después darle un sorbo al tazón de leche que se había preparado anteriormente.

—Y tuyos también, te recuerdo que Nomi no pasa desapercibida —respondió el peliplata intentando tener la última palabra.

—Perdona, no hablemos de Kai porque es como si tuviera a dos Kakashis en casa —manifestó la ojicaramelo levantándose de la silla y llevando sus cosas también a la cocina, dejando a Kakashi solo en la mesa; aunque no tardó mucho tiempo en levantarse puesto que él también había terminado de desayunar.

— ¿Tú siempre tienes que tener la última palabra? —inquirió el Hatake con frustración pero con alegría de volver a estar solo con su mujer.

— ¡Yo siempre! —exclamó ella con orgullo dedicándole una amplia sonrisa al ojiazabache.

— ¡Papá, mamá…nos vamos al parque, volveremos al mediodía! —vociferaron los pequeños ya en la entrada esperando la contestación afirmativa de ambos progenitores.

— ¡Vale! – gritó la Mitarashi de ese modo dándoles su consentimiento, igualmente era domingo por lo que no tenían que ir con sus respectivos equipos.

— ¿Quién cuida de vosotros? —inquirió el Hatake con el semblante serio preocupándose por sus propios hijos ya que era lo más valioso que podía tener.

— ¡Izumo y Kotetsu! —mencionaron el ojicaramelo y la ojiazabache al unisono dejando a sus padres sin nada que decir ante la contestación de ellos.

— ¡Está bien, tened cuidado! —dijo el peliplata sin más remedio que darle su consentimiento, aunque no tuvo que esperar demasiado para escuchar el portazo de ese modo indicándole que ya se habían esfumado de la casa.

Tanto como el Hatake y la pelimorada se quedaron solos en la casa, y durante un rato reinó el silencio hasta que cierta kunoichi decidió que ya era suficiente.

— Bueno Hatake, ¿a qué hora vas a volver de trabajar? Es para saber si tengo que prepararte algo de cena — inquirió la ojicaramelo observando a su marido y esperando su respuesta un tanto impaciente.

—No sé a qué hora llegaré, no hace falta que me hagas cena. Cuando llegue a casa yo ya me prepararé algo. — le respondió él a la vez que se acercaba a ella y posaba un agradable beso en la mejilla de ella demostrándole su cariño y amor.

Ella no opuso resistencia y se dejó llevar por las diversas sensaciones que ese beso le transmitió, y es que por mucho que quisiera luchar contra el deseo, era incapaz puesto que al fin y al cabo estaba con el hombre que la volvía completamente loca de amor; así que, al ver como la pelimorada se relajaba, el ojiazabache la rodeó por su cintura y empezó a dejar besos mariposa por su cuello ocasionando que un leve suspiro escapara de los labios de la mujer a la que amaba desesperadamente.

— ¿Me amas? — inquirió el Hatake tontamente aunque supiera la respuesta, aun así no se cansaba de preguntar una y otra vez queriendo recibir la misma respuesta acompañada de la voz más adictiva que pudiera haber escuchado, ella simplemente dejó escapar una media sonrisa sabiendo a la perfección lo que él quería escuchar.

—Te odio — bromeó la Mitarashi mordiendo suavemente el lóbulo de él provocando que éste sonriera convencido. Se podía apreciar perfectamente la bella sonrisa del ninja copia ya que no llevaba aquella dichosa máscara la cual Anko Mitarashi odiaba a rabiar.

— ¿Sabes? Si pudiera le pediría el día entero libre a Sasuke, pero entonces me obligaría ir en otra ocasión y, con la mala suerte que tengo…seguro que caería en el día que Kai cumple los años —comentó el peliplata con paciencia y con frustración ocasionando que unas risillas se escaparan de los labios de su mujer, que estaba jugueteando con las hebras color plata de su amor platónico a la vez que succionaba suavemente el cuello de él.

—Deja de quejarte tanto y termina de vestirte — acabó la pelimorada dedicándole una amplia sonrisa y dejando que el Hatake se contagiara por ésta a la vez que posaba un dulce y fugaz beso en la mejilla de él mientras que con decisión se dirigía al salón para ordenarlo un poco, desde que se había vuelto madre de dos hijos estaba empezando a adquirir la manía del orden, aunque tampoco tan exagerado como lo era el Hatake.

El ojiazabache se encaminó hasta su habitación, aquella donde descansaba todas las noches, menos las que estaba fuera de la villa por culpa de una misión, pero cuando estaba en ella junto con su mujer, aquella a la que amaba con locura y con desesperación, era el hombre más afortunado del mundo. El hecho de poder haber formado una espléndida y espectacular familia después de haber pasado una infancia terrible y dolorosa junto con la época en que el joven Sasuke Uchiha dejó el gran equipo 7, aquel que había llegado a ser el mejor de la villa y aquel que tenía los tres jóvenes que aspiraban a ser unos grandes y respetados ninjas; después de haber superado eso y haber ganado la Gran Cuarta Guerra Ninja, la felicidad lo inundaba por dentro, aunque de eso ya hace ocho años.

Se acercó al filo de la cama y se puso el chaleco protector especialmente característico por ser el que usaban los escuadrones ANBU. Aún vagaba por su mente la razón por la cual había vuelto a ser un ANBU especializado en misiones de alto riesgo, y por una parte se arrepentía por no poder estar el tiempo suficiente con su familia, pero antes de dejar una vez más el cargo debía averiguar un par de cosas que eran vitales para el peliplateado. Acto seguido, bajó otra vez a la planta principal donde se encontraba la mujer de ojos acaramelados recogiendo los trastos que habían dejado por el suelo los diablillos de la casa.

—Estos niños, no aprenden — se quejó la Mitarashi mientras ponía todos los juguetes en su respectiva caja aun así, muy en el fondo, no le importaba recoger lo que, unas de las razones más poderosas y valiosas para ella, habían dejado tirado por el suelo.

—Bueno Anko, me voy a trabajar, intentaré llegar lo más pronto posible. — informó el ojiazabache con una pizca de esperanza mientras se acercaba a la pelimorada y posaba un agradable beso en sus labios.

—Adiós, amor —se despidió la pelivioleta devolviéndole el beso, pero evidentemente con una pizca más de pasión seguida de una cálida sonrisa.

—Por cierto…Anko, haz que Nomi entrene lo mejor que pueda, el miércoles son las pruebas y no quiero que las suspenda otra vez. —le comentó el peliplata antes de subirse ya de una vez su habitual máscara, aquella que evitaba que la gente le viera el rostro.

—Kakashi…no empecemos otra vez. —replicó la Mitarashi esta vez poniendo su expresión más seria y volviendo otra vez a recoger los trastos del suelo intentando evitar lo que podría ser una pequeña discusión.

—Anko, lo sabes. Sabes que tiene que entrenar, su equipo está prosperando y ella todavía no ha aprendido a hacer nada. —se defendió el ojiazabache intentando hacerle ver la realidad.

—Eres un obsesionado con esto y, por mucho que te cueste admitirlo, sabes que se las puede apañar ella sola. —respondió la pelivioleta levantándose del suelo y colocando el último juguete en la caja.

—Y no lo pongo en duda, pero tiene que aprender muchas más cosas para que se convierta en una buena kunoichi. —insistía el peliplata intentando controlar su tono de voz, lo menos que quería era discutir con su mujer, pero debía comprender que no todo era tan fácil como ella lo visualizaba.

—La estás subestimando, Kakashi. — la defendió la kunoichi sin tapujos enviándole una mirada más que intimidante con el objetivo de que él se diera cuenta de que la pequeña de la familia Hatake era más que poderosa, eso nunca había que ponerlo en duda.

—Y tú le estás permitiendo que vaya a su bola, que haga lo que le venga en gana. —le echó en cara el ninja copia elevando un poco su tono de voz, haciéndose notar que él tenía la razón en este asunto.

—No digas eso porque sabes que no es verdad. Solo tiene ocho años, es normal que haga cosas como las niñas de su edad…no pretendas que se comporte como tú cuando eras como ella…además, nunca pondría en peligro la vida de nuestra hija. —confesó la Mitarashi sin pensárselo dos veces mientras intentaba no pegarle cuatro gritos a aquel hombre que tanto quería, aunque a veces se le tenía que hablar así para que comprendiera las cosas.

—Si no fuera por ese maldito sello… —empezó a maldecir el Hatake en voz alta mientras apretaba sus puños con fuerza intentando cesar la rabia contenida. —Si no lo hubiera heredado… ¡Si el bastardo de Orochimaru no te lo hubiera puesto!... — exclamó él con cierto tono de enfado y cerrando aun más sus puños para intentar cesar la furia que en ese momento le estaba inundando, aun así esas duras palabras salieron con total libertad de su boca y en seguida el Hatake sabía que lo que había dicho había estado demasiado precipitado y, tal vez, un tanto equivocado, prueba de ello era la expresión de Anko, ésta había cambiado radicalmente y él sabía con total seguridad que eso la había ofendido, quería disculparse rápidamente pero…el daño ya estaba hecho.

— ¿Qué insinúas? — inquirió la pelimorada esta vez ya con el tono de voz mucho más amenazante, aquel que tanto la caracterizaba cuando alguien la sacaba de sus casillas, de ese modo logrando llamar la atención del ojiazabache, aunque todo lo que sentía en ese momento no era enfado, sino culpa y decepción.

—Anko, yo no quería…

— ¿¡Acaso piensas que yo busqué ser sellada! — vociferó sin ningún impedimento la dama de las serpientes dejando salir su lado más agresivo a la vez que se llevaba su mano hasta dicha marca, pero también estaba dejando salir la impotencia que ella sentía al no poder evitar que su hija también tuviera aquella maldición, aquel endemoniado sello que torturaba al poseedor de éste durante toda la vida.

—Anko, yo…

— ¡Maldita sea, Kakashi!...no me puedo creer que tú me hayas dicho eso…—prosiguió la ojicaramelo sintiéndose resentida por las palabras que el ninja copia había dejado escapar de su boca.

Se sentía como si la hubieran partido en miles de pedazos, ella sabía que dejó al sannin más depredador por propia voluntad, aún así éste la dejó marcada durante el resto de su existencia. No podía evitar que los recuerdos más siniestros y agonizantes hicieran aparición en su mente, intentaba recordar que era lo que ella había hecho durante su estancia junto con Orochimaru y que era lo que él había hecho con ella, pero muy a su pesar no todos los recuerdos estaban del todo claros…no recordaba algunos de sus seguramente agresivos y peligrosos actos. Después de abandonar a Orochimaru, también recordaba que cuando llegó otra vez a Konoha, la encerraron durante un par de meses en la cárcel para extraerle información como a un preso más y después, al salir de ese antro de locos, la gente la despreciaba por haber pertenecido al bando del sannin y por haber hecho cosas de asesinos. Le costó esfuerzo y sacrificio ganarse otra vez la confianza del pueblo y volver a recuperar la confianza de los que en un pasado habían sido sus mejores amigos; aún así, en el día de hoy todavía hay gente que teme su presencia y que la evita de vez en cuando.

La mente de Kakashi sabía que no había hecho bien en decir lo que en escasos minutos se le había escapado de la boca ya que en ese preciso instante estaba viendo como la Mitarashi no paraba de mirarle con un poco de rencor en sus acaramelados ojos. Se podía palpar la tensión en el ambiente por lo que ambos necesitaban un momento de reflexión, aunque el Hatake no quería dejar las cosas como estaban así que con calma en su cuerpo y en su paso fue acercándose lentamente hacia la pelipúrpura con la intención de disculparse sinceramente, pero al dirigir su cálida mano hacia la mejilla de la mujer a la que amaba por encima de todas las cosas, ésta de una leve aunque decisiva manotada evitó el contacto de ella con el de él.

—No… no hace falta que hagas ni digas nada más—fue lo único que articuló la ojicaramelo bastante decepcionada por el comportamiento tan egoísta de él antes de salir de la estancia con enfado, dejando a un peliplateado bastante sorprendido y a la vez dolido por la situación que se le acababa de presentar.

Después de ese rechazo tan atormentador, lo único que se le ocurrió al ninja copia fue irse a trabajar, sería mejor no discutir más y dejar que las cosas se calmaran un poco antes de volver a hablar con ella, por lo que éste se dirigió sin perder un minuto más hacia la puerta de la casa y así poder ocuparse de sus obligaciones como ANBU. …

A las afueras de Konoha donde se respiraba un relajado ambiente, sin ruido ni alboroto, se encontraba aquel en que un día fue un peligroso y renegado shinobi. Éste se despedía de su querida familia deseándoles un buen día mientras que posaba un dulce beso sobre la mejilla de cada uno de los integrantes, aunque cuando llegó el turno de su mujer no pudo evitar darle un fugaz beso en sus labios, demostrándole lo mucho que la quería a pesar de que no estuviera tanto tiempo con ella y sus hijos.

—Te amo —le susurró la pelirosa con cariño mientras ésta le devolvía el beso, fue uno rápido pero cargado de todo lo que ambos sentían, él simplemente le dedico una leve sonrisa.

— ¡Adiós, papi! — se despidió la pequeña Yami Uchiha alzando su mano con gracia a la vez que le sonreía ampliamente.

Después de esa bonita escena, cada uno volvió a sus ocupaciones o simplemente a hacer algo para distraerse puesto que era domingo, y normalmente los domingos era para disfrutar de la familia. Pero siempre existen excepciones, y una de ellas era la del líder de los ANBUs que en esos instantes se dirigía con habilidad y rapidez hacia los laboratorios de Konoha para averiguar cuál era la razón por la que el campesino había muerto, sin saber muy bien con qué o quién era lo que le había causado la muerte.

El tramo se le hizo corto puesto que le estaba dando vueltas a lo mismo una y otra vez, no sabía con certeza el porqué de la muerte, pero por lo que le había informado el nuevo integrante del escuadrón AMBU, ese caso parecía algo extraño y curioso, y eso al ojiazabache le llamaba mucho la atención. No había habido muchos casos extraños en los últimos meses, pero desde hacía poco se habían escuchado rumores sobre la desaparición de varios campesinos de aldeas cercanas a Konoha. Por nada del mundo iba a permitir que algo le ocurriera a alguno de su familia, ni a sus adorables hijos ni a su encantadora mujer; si tenía que involucrarse en el caso, no lo dudaría ni un momento… no hay que olvidar que el pelinegro era el líder del nuevo clan Uchiha.

—Buenos días, señor Uchiha. Ya le estábamos esperando. — informó uno de los ANBU que le estaban esperando ya con cierta impaciencia.

Sasuke solo se limitó a asentir con la cabeza y, con paso vacilante e intimidante, fue acercándose con decisión hacia las puertas del laboratorio de la villa. Pasados un par de pasillos, en el primer subterráneo, se encontraba la sala donde en ese momento guardaban el cadáver del campesino asesinado. Entraron en la estancia, ésta estaba completamente iluminada gracias a unas potentes bombillas de cristal, en medio se encontraba la camilla con el muerto encima y rodeado de varios científicos que supuestamente lo habrían estado examinando toda la noche; era irrelevante, aún así el Uchiha se fijó en las muchas estanterías llenas de cachivaches y libros que él no comprendía pegadas justo en el rodapié de la pared.

—Aquí está lo que usted estaba esperando. — prosiguió uno de los cuantos científicos que se encontraban en la fría estancia, esperando a que el Uchiha se decidiera a dar los pasos hacia la camilla, él no dudó ni un segundo y cuidadosamente se posicionó en frente de ésta.

Todos creían que el joven se sorprendería y se alejaría levemente de la mesa donde se encargaban de examinar, aunque todos olvidaban que Sasuke ya estaba más que acostumbrado a ver a cadáveres, tanto recientes como en estado de putrefacción; el Uchiha se lo quedó mirando pensativo: la ropa estaba intacta solo que con un poco de polvo y tierra, supuestamente a causa de la tierra labrada anteriormente, brazos y piernas también parecían que no estaban dañadas ni con heridas, su rostro estaba ensangrentado más por la zona del cuello…el cuello…¡¿el cuello?.

—Denme unos guantes — pidió con educación el ojiazabache sin dejar de observar con detenimiento el cuello del cadáver, aunque no se podía apreciar los detalles del todo bien puesto que la sangre seca y espesa impedía que él pudiera fijarse.

—Señor, me temo que esto…

—Dame unos guantes. —insistió el pelirebelde.

—Pero nosotros no podemos…

—No lo voy a repetir más, dame unos guantes. —ordenó esta vez con frialdad el Uchiha mientras desviaba su profunda y oscura mirada hacia el responsable de la sala, haciendo que él le diera unos guantes de látex. Algunas veces había que ordenarles y dejar sacar el lado más intimidante para que ellos hicieran caso; los científicos eran muy suyos y normalmente no dejaban que nadie tocara su trabajo, éste lo entendía perfectamente, pero el hecho de que él mismo pudiera fijarse más en los detalles hacía que sus hipótesis pudieran aclararse mucho mejor.

Al tener los guantes puestos, posó su mano derecha en la barbilla del cadáver y la inclinó levemente hacia su izquierda, aunque no tuvo que tirar mucho puesto que la cabeza del muerto se dejó caer en la camilla dejando ver a plena luz de bombilla cuatro irreconocibles marcas dibujadas en el cuello. Éstas eran redondas y profundas, llegando sin ningún problema hasta la yugular y ocasionando que la muerte fuera rápida y fácil para el asesino, seguramente éste hubiera atacado por la espalda…típica de un cobarde. Exactamente eran cuatro mordeduras las que estaban incrustadas en el cuello de ese pobre campesino, la causa de la muerte todavía no se sabía, aun así el pelirebelde ya estaba conformado con el hecho de haber podido observar con atención al cadáver.

—A parte de la mordedura ¿habéis encontrado algo sospechoso? — inquirió sin rodeos el Uchiha mientras tiraba los guantes a la basura y salía de la sala.

—Lo siento, el asesino no ha dejado ni rastro. —informó el científico responsable desviando su mirada hacia el suelo, en señal de frustración.

—Bueno, seguid examinándolo; yo informaré de todo al Hokage. —sentenció el poseedor del Sharingan eterno antes de salir con parsimonia del edificio, dejando a los orgullosos de los científicos con su trabajito, que a partir de ahora no sería poco.

….

Eran cerca de la una del mediodía y la pequeña de los Hatake, junto con Izumo y Kotetsu, todavía no habían llegado al parque, básicamente porque la niña se entretenía con lo primero que encontraba y los encargados de cuidarla esa mañana no podían negar nada a la réplica de Anko Mitarashi.

— ¡Nomi! Estate quieta por un momento — decía ya sin fuerzas humanas uno de los encargados de las pruebas chunnin mientras perseguía a la pelimorada con intención de obligarla a que se estuviera quieta y no correteara por la zona que, sin quererlo, estaba justo en la parcela nº44 del Bosque de la Muerte.

— ¡A Kai le habéis dejado ir solo! ¿Por qué a mí no, eh? —inquirió la ojiazabache frenando en seco y observando con curiosidad e impaciencia a Izumo.

—Porque él es un niño responsable, a diferencia de ti… ¡qué eres un terremoto! — exclamó el shinobi cogiendo a la niña por la cintura y cargándola bajo su brazo mientras éste sonreía al ver la mueca dibujada en el gracioso rostro de ella.

— ¡Eres un pedo!— se defendió la minipelimorada mientras pataleaba para intentar zafarse del agarre del ninja.

—Y tú una caprichosa — le devolvió él mientras observaba con gozo como la niña intentaba liberarse, ante eso Kotetsu también se unió al jueguecillo y empezó a hacerle cosquillas en las axilas de ese modo haciendo que sonoras carcajadas escaparan de la boca de la Hatake.

— ¡Eso es…jugar sucio! — exclamó la ojiazabache entre risas mientras juntaba sus brazos contra las costillas para evitar que Kotetsu le hiciera más cosquillas.

—Venga, vamos ya de una vez al parque que como tu madre se entere que estamos aquí… —empezó a comentar Izumo pero al imaginarse su posible futuro decidió olvidar el comentario, evidentemente que quería conservar su integridad física, todavía tenía mucha vida por delante, no quería que la dama de las serpientes se encargara de él.

Los tres se encaminaron hacia el parque pero, no pasó de dar dos pasos e unos peligrosos y amenazantes kunais se dirigieron a toda velocidad hacia Izumo y Kotetsu, con un desconocido objetivo. Les pillaron desprevenidos pero ambos los esquivaron con facilidad, Nomi dejó de sonreír y, consiguiendo liberarse del agarre de Izumo, fue capaz de poner firmemente los pies sobre la tierra. Izumo y Kotetsu se pusieron en posición de defensa, cubriendo de derecha a izquierda la seguridad de la pelimorada. Nadie dijo nada y, sorprendentemente, aparecieron de la nada tres shinobis sin identificación conocida, éstos se limitaron a observar la situación que, raramente, les pareció graciosa.

—Vaya, vaya…que tenemos aquí. —empezó a hablar uno de los ninjas mientras sonreía malévolamente consiguiendo que tanto Izumo como Kotetsu se concentraran aún más.

— ¡¿Quiénes sois?— inquirieron al unisono los dos shinobis de la villa oculta de la hoja intentando no perder los papeles en esa imprevista y posiblemente peligrosa situación.

—No te importa…Ey, Ren ¿ella es la niña? —inquirió el ninja de en medio desviando su intimidante mirada hacia la pelimorada, que estaba cubriéndose con un kunai.

—No lo sé, tendremos que comprobarlo, ¿no? — sentenció él con frialdad mientras empezaba a desenvainar su espada y con decisión empezaba a correr a toda velocidad hacia su objetivo.

— ¡Nomi, atenta! — vociferó Kotetsu con nerviosismo, pero de repente los otros dos shinobis se le aparecieron a ambos costados, uno para cada uno.

Ambos no pudieron evitar hacer chocar sus kunais contra las afiladas espadas de los otros dos ninjas, llevándolos un poco alejados de la niña y así poder protegerla. Aun así el enemigo no se rendía ya que consiguió atrapar a Kotetsu con hilo de ese modo llamando la atención de Izumo; no iba a permitir que atacaran a su compañero por lo que sin quererlo se olvidó por unos instantes de la pequeña de los Hatake y, sin dudarlo, fue a socorrer a su compañero del alma.

— ¡Ya eres mía! — vociferó el otro shinobi que se dirigía con sed de sangre hacia la pelipúrpura ocasionando que ella se pusiera en guardia, ante ese grito Izumo no pudo evitar desviar su mirada hacia la pequeña por lo que éste se desconcentró, no podía estar atento de todo así que por ese pequeño descuido uno de los ninjas enemigos consiguió herirle en la pierna, dejándole clavada su horrible espada, como por acto reflejo éste dejó escapar un horripilante y desgarrador grito de dolor.

Su oído no pudo evitar escuchar el grito de Izumo a la vez que sus orbes color azabache detectaron en seguida por donde podía atacarle puesto que el ninja era zurdo. Su compañero estaba herido y Kotetsu estaba atrapado en hilo venenoso por lo que ella estaba sola ante tres ninjas enemigos de los cuales desconocía la razón de su ataque. Ésta dio dos pasos hacia atrás y justo cuando el enemigo se disponía a atacarle, ella saltó por encima y por suerte consiguió atestarle una fuerte patada en la cabeza mientras que la pelimorada se daba impulso y le lanzaba el kunai que tenía en su mano, consiguiendo que el ninja se enojara con el repentino ataque de la chiquilla.

—Vaya, para ser una mocosa eres bastante…como lo diría…impertinente. — insultó con orgullo el enemigo a la pelimorada mientras recogía su espada del suelo y volvía a observar con superioridad a la ojiazabache.

—Y tu para ser un grandullón eres…como lo diría… un zopenco — se defendió la pelipúrpura mientras reía con vanidad junto con una malévola media sonrisa, de ese modo consiguiendo enfadar aún más al ninja enemigo.

Éste simplemente volvió a atacar pero esta vez, sin que ella se lo esperara, hizo dos clones de agua y, despistándola por escasos segundos, el original la atrapó del cuello consiguiendo lanzarla por los aires. En ese preciso instante el pañuelo que llevaba puesto la pequeña de los Hatake quedó en manos del enemigo y justo cuando ella descendió hasta caer de pié en el suelo, el ninja consiguió ver con rapidez un poco de dibujo del sello dibujado en la blanquecina piel del cuello de la pelipúrpura; acto seguido ella volteó para no darle la espalda al enemigo, aunque esta vez no disponía de artilugios para la pelea. El ninja simplemente sonrió para sus adentros al ver parte del sello, aunque tanto Izumo como Kotetsu consiguieron ver a través de su piel, y enseguida se les apareció el porqué del ataque de esos malditos ninjas.

—No puede ser… — se dijo Kotetsu mientras observaba sorprendido la situación, a la vez que intentaba zafarse del hilo, pero el veneno ya estaba haciendo efecto y aparte de eso, uno de los ninjas que lo tenía atrapado le atestó un duro golpe en el estómago consiguiendo de esa manera que el shinobi cayera de rodillas contra el suelo.

— ¡Nomi!... corre…vamos, ¡Corre! — le llamó la atención Izumo con apenas fuerzas para hablar puesto que la pierna estaba sangrando y además, el hecho de perder tanta sangre hacía que se mareara levemente, ocasionando que viera borrosa la peligrosa escena.

La pequeña pelimorada sabía que si seguía peleando no iba a resistir demasiado, su sensei todavía debía enseñarle muchas cosas y con solo sus jutsus caseros no podría derrotar a esos bastardos, pero por contrapartida no quería abandonar ni a Izumo ni a Kotetsu; ambos estaban malheridos y estaba muy mal eso de dejar a los compañeros abandonados para salvar una vida propia, o al menos eso era lo que su padre le había enseñado. La niña estaba dudosa, no sabía qué hacer, un lío mental la estaba invadiendo por dentro pero no podía evitar escuchar las ordenes que Izumo le estaba dando, quería que corriera, que escapara de allí, que se pusiera a salvo… ¿qué debía hacer?, no podía dudar por más tiempo puesto que ese malnacido empezó a caminar hacia ella con paso vacilante y con la espada en su mano.

Por inconsciencia, Nomi retrocedió unos cuantos pasos hacia atrás, pero de cada vez el egoísmo la estaba poseyendo, no quería que le pasara lo mismo que a Izumo y Kotetsu, no quería morir todavía... pensó un par de segundos, todavía estaba dubitativa y eso a Izumo le estaba matando, esa niña era pequeña y no podía pelear ante tal asesino, además no soportaría ver a Anko si algo le pasaba a su hija, y eso por no hablar del ninja copia…todo estaba hecho un lío y el tiempo se estaba acabando.

— ¡Nomi, corre! — exclamó ya con todas sus fuerzas el shinobi herido de una pierna con el objetivo de que esa niña le hiciera caso solo por esa maldita vez.

Aquel desesperado grito fue la gota que colmó el vaso, así que sin pensarlo dos veces la pequeña de la familia Hatake echo a correr hacia dentro del bosque con todas sus fuerzas, si bien era cierto el hecho de adentrarse en el bosque era que tal vez podría encontrar a su madre, y así ésta podría protegerla de tan peligrosos ninjas…aunque no debía confiar tanto en sus supersticiones.

—Jefe ¿qué hacemos? — inquirió uno de los enemigos alejándose de Kotetsu, que ya estaba tumbado en el suelo a causa del veneno.

—Es ella, no hay duda…esta es nuestra oportunidad de llevársela al amo — sentenció el líder del grupo mientras hacía una señal al otro ninja que se encontraba vigilando a Izumo. Los tres empezaron a correr también hacia el Bosque de la Muerte con el objetivo de capturar a la pelimorada y así poder conseguir su prometida recompensa.

Las cosas se estaban poniendo feas para la pequeña de la familia Hatake y lo peor de todo es que en ese momento solo tenía la esperanza de encontrar a su madre en el amplio y denso bosque, pero de lo que no se acordaba era que en el Bosque de la Muerte existen todo tipo de criaturas, de las más pequeñas e inofensivas hasta las más grandes y peligrosas…o viceversa. Lo único que podía hacer era correr y correr, pero algo en su interior le decía que debía pelear.

La pequeña pensó escasos segundos y ya estaba harta de escapar, no podía permitirse el lujo de evitar los problemas toda su vida, aunque eso le supusiera la muerte…al fin y al cabo ella tenía sangre de kunoichi y eso era lo que realmente quería ser, quería proteger la villa de cualquier peligro, no podía permitir que el enemigo acampara a sus anchas mientras que ella se comportaba de manera egoísta; en ese preciso instante la estaban persiguiendo, realmente desconocía la razón por lo que lo hacían, pero de una cosa estaba convencida…ya fue suficiente en el momento en que una media sonrisa apareció dibujada en el hermoso rostro de la ojiazabache…realmente ya iba siendo hora de demostrar lo que valía una auténtica Hatake Mitarashi.

Continuará…

Hola a todos/as, siento haberme ausentado tanto pero el hecho de haber empezado el instituto me trae de cabeza; solo me envían deberes, exámenes, ¡Deberes! Y más ¡Exámenes!

De verdad os pido disculpas, aunque lo importante es que he terminado este capítulo, ¿no? ;) Os agradecería de todo corazón que me dijerais que tal os ha parecido, si ha estado bien o mal, si retocaríais o matizaríais algo, de verdad, mejorar en la escritura es algo que me importa, y mucho. Por cierto, también se admiten reviews jejej u.u

Bueno, me gustaría decirle algo a alguien:

Natsumi Anko este capítulo te lo dedico a ti, primeramente porque mi objetivo era ofrecerte algo para tu cumpleaños que fue el 28 de Noviembre :p aunque no creas que esto ha terminado^^, ¡Pochi tiene muchas más sorpresas para ti!…no te las he podido dar para tu cumple, pero espero de todo corazón que lleguen para Navidad jajajaj!

Otra cosa Tsumi…me acabo de leer tu perfil y ¡Demonios! ¡¿Qué es eso que vas a dejar F.F? ¡May day, may day! ¡Pochi tiene un problema! No…no…no nos puedes hacer esto No puedes hacerle esto a Pochi, que voy a hacer yo sin leer tus historias ¡Dime! (Pochi se acerca a la pantalla como poseída por el diablo) Bueno, si lo dejas ¬¬(que espero que no sea por mucho tiempo) que sepas que yo igualmente te apoyaré en lo que sea ^^. No hay que olvidar que eres una KakaAnkquera de mucho cuidado;-).

Bueno, creo que ya no tengo que decir nada más así que…¡Cuidaos mucho!

Pochi se despide desde donde está enviando un abrazo muy fuerte a todos/as^^.