¡Por fin he podido terminar este fic!
Siento mucho mucho muchísimo todo lo que habéis tenido que esperar, y todo porque yo no tengo nada de confianza en mis habilidades como escritor.

Espero que disfrutéis de la continuación tanto como yo disfruté escribiéndola.


—¿Qué? Ronan, no. Ni de coña.

Ronan conduce con la mirada fija en la carretera pero puede sentir la mirada de Adam sobre él. Parrish deja escapar un suspiro de exasperación y Ronan decide arriesgarse a mirarle de reojo. Adam le mira fijamente, los ojos muy abiertos. Estás loco, se puede leer en ellos, y por alguna razón eso le hace sonreír aún más.

Sabía que ofrecer a Parrish enseñarle a nadar iba a resultar en un no inmediato, así que ha hecho bien recogiéndolo. A Adam no le gusta que le ofrezcan cosas, le gusta obtenerlas por sí mismo. Ronan lo considera estúpido porque en Parrish es ya una obsesión que roza lo enfermizo. No entiende qué intenta probar. No necesitas dejarte la vida en algo para probarte merecedor de ello, ¿no?

Sabe que tiene que ir con tacto en el tema de aprender a nadar. Que tiene que hacerle ver a Adam que no es un capricho de Ronan, sino algo de lo que él puede sacar provecho. Sabe que de lo contrario Parrish se cerrará en banda y no tendrá manera de llegar a él y convencerlo.

—Ronan, eh. Hola —Adam trata de llamar la atención del rapado—. Que no.

Ronan se pasa la lengua por los dientes.

—Será divertido, Parrish.

—¿Será divertido? Oh sí, ja ja. Muy divertido ver cómo me ahogo.

La sonrisa de Ronan desaparece.

—No seas imbécil, Parrish. No quiero matarte. Quiero que aprendas a nadar.

—Mala suerte. No quiero aprender.

—Quieres aprender. Lo que no quieres es que yo te enseñe.

Los labios de Adam forman una pálida y delgada línea y Ronan sabe por la sombra que baila en sus ojos que tiene razón. Pero no vuelve a abrir la boca para protestar. Y no trata de soltar una mentira que ninguno de los dos se creerá, así que Ronan se decide a tomar la palabra.

—No te va a matar ceder por una vez, ¿sabes? Puedes dejar que la gente te eche un cable por una vez en tu vida.

No ha sido un buen paso. Lo sabe en el momento en el que Adam deja de mirarle. Se gira para mirar por la ventana, la sien apoyada contra el cristal, y no contesta. El tenso silencio dura un minuto tras el cual Adam dice:

—Sería capaz de bajarme del coche ahora mismo.

A Ronan se le escapa una risa que es más un graznido como los de Chainsaw que una risa.

—No dudo que lo harías si no supieras de física —Terco, que eres un puto terco—. Pero sabes lo suficiente como para entender por qué eso sería una mala idea. Además, ahora estás siendo cabezón. Ya no tienes razones para negarte porque sabes que las que te quedan me las paso por el culo. Yo no soy Gansey.

Adam hace una mueca y suelta el aire de forma sonora por la nariz.

—No. Tú eres imposible.

—No eres quién para hablar, Parrish —Ronan hace énfasis en el "Parrish", con un tono que hace a Adam apretar los dientes y querer pegarle una colleja y le da ganas de reír al mismo tiempo.

Aprieta los labios para evitar que una sonrisa acuda a ellos y decide creerse que lo consigue. Que Ronan no se da cuenta de cómo le tiemblan las comisuras de los labios. Imbécil, piensa.

Cuando Ronan por fin aparca el BMW cerca de Cabeswater y conduce a un tan confuso como molesto Adam hasta el lago donde tiempo atrás el grupo (y Orla) acabó en su búsqueda de pistas de Glendower, Parrish dirige una mirada de incredulidad hacia su amigo.

—No —dice.

—No qué.

—Que no pienso meterme ahí.

—Oh, lo harás. Créeme que lo harás. Aunque tenga que arrastrarte yo mismo.

Adam tuerce la boca con disgusto y Ronan busca desesperadamente la paciencia que Dios no le ha dado.

—¿Me puedes explicar qué diferencia hay con, yo qué sé, una piscina?

—Una piscina parece un lugar más seguro para alguien que está aprendiendo a nadar, sinceramente.

—En una piscina también te puedes matar.

—Ahora tengo muchas ganas de volver a una, sí.

—Parrish, me cago en la leche.

Adam alza las manos como signo de rendición y suspira. Es impresionante como la ira de Ronan puede luchar con su orgullo y salir vencedora.

—Vale.

Y es entonces, cuando ha aceptado su destino y se acerca a la orilla para contemplar el agua con inquietud y Ronan comienza a quitarse la camiseta, cuando se percata de algo.

—No tengo bañador.

Ronan le mira largamente, pero no dice nada. Adam apoya su peso en una pierna y luego en la otra, inquieto bajo la mirada de su amigo. El rapado rompe el contacto visual para llevar a cabo la ardua tarea de desabrocharse el cinturón.

—¿Y?

—No me voy a bañar vestido.

—No tienes que hacerlo.

—¡No me voy a bañar desnudo!

Ronan termina de desvestirse. Con solo la ropa interior puesta, entra al agua. Se adentra hasta que el agua le llega a la mitad del muslo y entonces se tira directamente y bucea un poco antes de volver a salir a la superficie. Adam sabe que no le queda más remedio que hacer lo mismo.

Suspira y se apresura porque no duda que Ronan cumplirá su amenaza de arrastrarlo él mismo si no se da prisa.

Y puede que Adam se distraiga un poco observando tinta negra sobre piel pálida y reflejos de agua bailando sobre un torso desnudo y por eso le cueste más de lo normal desabrochar el botón del pantalón. Y puede que Ronan se quede mirando las manos de Adam más de lo que debe cuando éste está distraído. Y puede que ambos se hayan dado cuenta de cómo el otro le mira a estas alturas. Puede.

Cuando Adam por fin entra en el agua, un escalofrío le recorre todo el cuerpo. Está helada. A Ronan eso no le importa. Le hace gestos a Adam para que se acerque y cuando está a su altura, el agua les llega a ambos por arriba de la cintura.

—Nos quedaremos en esta zona. No iremos más adentro porque me costará más ayudarte si me cubre más.

Adam asiente. Realmente nunca ha dado ninguna clase de natación así que carece de nociones que le confirmen que Ronan tiene razón.

Decide confiar en él porque no le queda otra y porque no hay nada en los ojos del rapado que indique que está en peligro.

Ronan resulta ser un maestro duro y poco paciente, pero eso no le extraña a nadie.

Le enseña a respirar antes que nada e insiste en que no le enseñará nada más hasta que haga bien "esas putas apneas, Parrish".

Le enseña flotación y le echa agua a la cara mientras flota boca arriba hasta que Adam deja de asustarse, revolverse y aferrarse con ambas manos a la mano con la que Ronan sujeta su nuca cada vez que lo hace.

Llega un punto en el que ambos por fin están lo suficientemente relajados como para que Ronan retire la mano que sujeta la nuca de Adam y éste flota durante un minuto por su cuenta, los ojos cerrados, una sonrisa de satisfacción que le ilumina el rostro y una mirada azul sobre su piel, tan intensa que le quema, incluso si no puede verla.

Solo esa parte les lleva dos horas y cuando terminan Ronan por fin intenta enseñarle a nadar de verdad.

Es un desastre.

Ronan no deja de soltar improperios y maldiciones y de frotarse la cara con la mano en un signo de exasperación.

Adam desea dejar de escucharle porque es insufrible, pero Ronan está en el lado de su oído bueno y tiene que tragarse todos sus "Que no separes tanto las piernas, Parrish", "Levanta el estómago. No. El estómago. Parrish, ¿eres tonto? El estó- ¡Ugh!", "Pero qué haces con el brazo. No hagas el molinillo. Así no es como se nada. ¡Que no hagas el molinillo!" y "Los dedos juntos. Que no los separes. Juntos".

Al final ambos se dan cuenta de que la cosa no funciona y Ronan trata de ser más paciente con él.

Esto es por Adam, se recuerda a sí mismo. Llena sus pulmones de aire y suspira de forma sonora.

La atmósfera cambia.

Ronan empieza a moverse más despacio a su alrededor y a hacer menos gestos bruscos. La tensión en sus hombros desaparece gradualmente y su voz se suaviza. Se permite poner las manos sobre Adam para ayudarle a mantener una buena postura.

Adam puede sentir el contacto perfectamente a pesar de que Ronan trata de mantenerlo lo más ligero posible y retira las manos rápidamente siempre que cree que Adam ya no lo necesita. No quiere pasarse de listo. No quiere molestar a Adam.

Una mano en el estómago. Ligera. Ligera. Le empuja hacia arriba y desaparece.

Una mano en su muslo derecho. Ligera. Ligera. Le junta las piernas y desaparece.

Una mano que sujeta su muñeca. Ligera. Ligera. Le arrastra la mano sobre el agua y desaparece.

Ronan Lynch. Todo bordes y espinas. Todo negro y rojo. Todo malas decisiones y combinaciones explosivas. Y todo manos cuidadosas y masculinas. Todo toques gentiles y una paciencia casi imposible en alguien como él. Y lecciones de natación que terminan siendo un acto íntimo. Casi indecente.

Pasan cinco horas y media en el agua.

Adam es ahora un nadador medio decente. Ronan dice que nada como un perro pero Adam ve el brillo de orgullo en sus ojos.

La noche se ha cernido sobre ellos y ahora que han salido del agua, ambos tienen frío. Adam mira sus boxers mojados con disgusto y se queja de tener que ponerse los pantalones sobre ellos.

—Siempre puedes ir en plan comando —le dice Ronan. Y lo dice muy en serio.

—¿Acaso tú vas a hacerlo?

Ronan no le contesta. Solo se quita los calzoncillos, coge sus pantalones y se los pone.

La madre que lo parió.

A Adam le arden las orejas cuando hace lo mismo.

En el camino de vuelta reina el silencio en el BMW. Y no es un silencio cómodo. Hay labios mordidos, pensamientos que ninguno de los dos convierte en palabras dichas en voz alta y dedos inquietos haciendo percusión sobre la pernera del pantalón.

No vuelven al lago hasta dos semanas después.

Ronan espera que Adam haya perdido práctica o no recuerde las cosas muy bien, pero el muy mamón sigue siendo bastante decente y para el final del día ya puede competir contra Ronan.

Lynch no sabe si vocalizar su admiración o hacerle una ahogadilla. Decide que hacerle una ahogadilla a alguien que acaba de aprender a nadar no es muy decente.

Es Adam quien se la hace a él.

—Esto es la guerra —declara Lynch cuando deja de toser.

Por alguna razón, sus escapadas al lago se vuelven casi rutina.

Van todas las semanas y nunca le dicen nada a nadie. Noah lo sabe, pero Noah lo sabe todo. Gansey frunce el ceño cada vez que Ronan coge las llaves del BMW sin decir a dónde va, pero nunca dice nada. A Blue directamente es que le importa una mierda.

Pasan horas chapoteando como críos, retándose el uno al otro y jugando a algo que parece inocente pero que a ambos les parece infinitamente más peligroso que hacer ahogadillas.

Aunque ninguno de los dos llamaría "jugar" a manos que permanecen en la piel del otro más de lo estrictamente necesario, miradas que vienen acompañadas de mejillas rosas y sonrisas que no han compartido con nadie más.

Ronan siempre ha sido demasiado serio con esto como para creer que está jugando.

Adam dejó de creer que estaba jugando a nada hace meses.

Un día en que van al lago por la mañana en lugar de por la tarde, Ronan se quita toda la ropa antes de entrar al agua. Toda.

Adam traga saliva antes de preguntar:

—Lynch, ¿se puede saber qué haces?

—¿Nunca has querido hacer esto? Yo sí. Quiero saber qué se siente.

Y sin más se tira al agua.

A Adam le come la curiosidad, el espíritu aventurero adolescente y esas ganas de hacer algo estúpido tan fuertes que te queman el estómago. Se quita la ropa. Toda. Y sin más se tira al agua.

Pasan tanto tiempo en el agua que se les arrugan los dedos y se les ponen los labios morados. Cuando Adam empieza a tiritar, Ronan le empuja hacia la orilla con una mano insistente.

—Para fuera, Parrish, que te me vas a quedar momia.

Adam se enrosca en la toalla nada más salir pero Ronan se tira al sol cerca de la orilla, los pies todavía dentro del agua. Adam no se atreve a mirarlo.

Pasan alrededor de media hora tirados al sol como lagartijas hasta que Ronan se sienta, se echa algo de agua en los hombros y el cuello para refrescarse y va a sentarse más cerca de Adam, que ya tiene tanto calor que se ha deshecho de la toalla.

Están tan pegados que la pierna de Ronan roza su pierna. Ninguno de los dos dice nada.

La mano izquierda de Ronan busca la cintura de Adam y Adam le deja. Ninguno de los dos dice nada.

La mirada de Ronan busca la de Adam y ambos se miran a los ojos durante al menos un minuto. Y se dicen tanto.

Ronan le besa. Le besa con cuidado. Le besa y le hace una pregunta mientras lo hace. Porque no quiere dar nada por hecho. Porque quiere saber si esto está permitido, si es posible, si no está soñando.

Y Adam le besa de vuelta. Le besa con cuidado. Le besa y con ello contesta a todas las preguntas de Ronan. Porque sí, está permitido. Sí, es posible. No, no está soñando. Ninguno de los dos está soñando.

Esto es suyo, de los dos. Y ambos tienen derecho a tenerlo, porque ya se han negado suficientes cosas a lo largo de su vida.

Se separan. Y sonríen. Y ninguno de los dos dice nada porque ya se lo han dicho todo.

A la semana siguiente Ronan y Adam no van solos al lago. Les acompañan Gansey, Blue y Noah.

Gansey parece sorprendido de que Adam sepa nadar, pero mira a Ronan, sonríe y no dice nada. Blue se hace la ofendida porque le parece increíble que nadie le haya informado de esto. De todo esto. Ronan se ríe y su "enfado" se apaga como una vela en un día de viento. Noah está feliz. Noah nunca había estado tan feliz.

Ronan tampoco había estado nunca tan feliz. Y por eso sonríe como nunca. El estómago dolorido de reír y la mano de Adam en la suya.


Larga vida al Pynch.