Hola~ aquí NekoAle reportándose con el segundo capítulo de esta interesante historia. Espero que les guste el KyouTaku que escribí, me esforcé mucho en el owo.


"As Bajo la Manga"

Todas las miradas eran posadas sobre él, todos en la escuela le miraban con total respeto y fascinación. La delicadeza y la seguridad de su andar, la perfección de todo lo que hacía y decía, la facilidad con la que manejaba a todo el alumnado y a los profesores. E incluso la envidia de ciertas chicas al atraer la atención de los muchachos más de lo que ellas lo hacían.

Para todo el instituto Raimon, Shindou era un modelo de perfección, el muchacho que todos desearían ser, el hijo que todo padre quisiera tener, el novio que todas y todos los alumnos deseaban y el alumno que todos los profesores adoraban y mimaban. Y estaba de más decir que su perfección también se debía a la cantidad de dinero que el joven heredaría. O se suponía que debería heredar.

Lo observó entrar con un paso bastante elegante, sonriéndole a cada persona que le saludaba haciendo que varios de ellos suspiraran y que otros le miraran con cierto recelo.

–No entiendo cómo todos pueden desear ser tú –susurró suavemente mientras chasqueaba la lengua con molestia. Maldita fuera la hora en la que a los viejos de su familia se les había ocurrido de que el idiota de su hermano merecía tener a semejante trofeo. Él llevaba "cortejando" al pianista desde mucho antes que su familia decidiera arruinar la reputación y la fortuna de la poderosa familia del castaño. Shindou era esa manzana prohibida que nadie podía tocar, inalcanzable para cualquiera; y eso era lo que hacía que Kyousuke lo deseara tanto. –Yuuichi no lo merece –comentó en un gruñido, y con paso decidido se acercó hacia el prodigio.

Estampó su mano con bastante fuerza contra el casillero que se encontraba al lado del castaño, provocando que éste pegara un pequeño bote. Apartó la vista del lugar donde guardaba las cosas y la dirigió hacia aquel que había osado a espantarlo. Puso los ojos en blanco.

– ¿Qué tal estás "muñequita"? –le saludó burlonamente haciendo que Shindou frunciera el ceño, realmente frustrado. Ya bastantes problemas tenía, como para que un idiota con demasiada testosterona en vez de cerebro, le fastidiara la vida.

– ¿Qué quieres idiota? –el de ojos ámbar le miró ligeramente sorprendido, pero cambió su semblante a uno de prepotencia total. Takuto enarcó una ceja; ese imbécil estaba intentando coquetear con él nuevamente.

– ¿Qué acaso no puedo saludarte? –Shindou soltó una pequeña carcajada y le dio la espalda, haciendo ondear su cabello con bastante gracia. –Tomaré eso como un no. Pero mira que presumido me resultaste "muñequita".

–Cada vez que me llames así, te ignoraré.

–Tú no puedes ignorarme –el de ojos cafés lo encaró nuevamente, haciendo que la sonrisa de prepotencia del otro se ensanchara.

–Obsérvame –empujó al de piel pálida e inicio su caminar, pero su muñeca fue aprisionada, haciendo que; como efecto rebote; su cuerpo golpeara contra el pecho de Kyousuke. Un par de fuertes brazos lo aprisionaron, apretándolo con algo de fuerza. - ¡¿Qué crees que estás haciendo?! –gritó iracundo, moviéndose desesperadamente para liberarse.

–Shuu~ –colocó su dedo índice en la boca del más bajo, acallando sus quejas, para luego acariciar su labio inferior, con mucha delicadeza. Shindou quedó paralizado, mirando aquellos ojos de color ámbar que tanto volvían loco – ¿Ves como no te puedes resistir a mí? –se fue acercando de forma peligrosa, el otro se sonrojó levemente y cerró sus ojos. Tsurugi rió mentalmente, ya tenía al castaño a su merced. Estaban a escasos centímetros hasta que; un fuerte golpe resonó por todo el pasillo. Tsurugi se llevó inmediatamente la mano a su mejilla, que palpitaba de dolor. El muy insolente de Shindou le había abofeteado. – ¿Qué cara….?

–Deja de jugar conmigo. Tus truquitos de "Casanova" no surgen efecto en mí, ahora si me disculpas, tengo clase de Literatura. –enarcó una ceja en una mueca bastante burlona, cerró su casillero e inició a andar, golpeando levemente el hombro del de piel pálida con el suyo. – No soy como esas zorras fáciles con las que andas Tsurugi. Tú ni siquiera me llegas a los talones.

Kyousuke miró indignado como el otro se alejaba a paso elegante, y una sonrisa un tanto traviesa se formó en sus labios. Ah, como deseaba tener a Shindou; eran exactamente esas actitudes las que lo atraían enormemente. Además, él tenía un as bajo la manga, y si lo utilizaba correctamente, Takuto no podría negarse a estar con él.

–Solo espera y verás que eres tú el que no me llega a mí ni a los talones.


Kirino Ranmaru era un joven que detestaba con todo su ser la monotonía, por ello intentaba que todas las horas que desperdiciaba en el Instituto, fueran desperdiciadas correctamente.

Un pequeño jadeo resonó en aquella habitación, haciendo que el adulto que se encontraba sobre su cuerpo cubriera su boca. Tenía demasiado calor, y el uniforme que en estos momentos estaba portando no ayudaba en nada.

–Shuuya-san –jadeó levemente una vez su boca fue descubierta. El moreno sonrió, para luego morder la delicada piel de su cuello, arrancándole un pequeño alarido que bien supo contener. Eso era algo de todos los días. En el quinto período de clases, Ranmaru salía de la clase de geografía, ya que su profesor, Shuuya Goenji, le llamaba para que lo ayudara con "unos asuntos".

Y allí estaban ambos, realizando esos "asuntos" de los que nadie sospechaba. La mano de Goenji bajó con cierta delicadeza el pantalón del uniforme de Ranmaru, y de un brusco movimiento lo dejó apoyado contra el escritorio de su oficina. El pelirosa ahogó una exclamación, aferrándose al filo de la superficie de madera.

–Te deseo, Ranmaru –susurró el adulto de forma sensual y lenta, provocando un escalofrío en la espalda del de ojos cian.

–También te deseo Ishido~ –ese apodo era exclusivo para esos encuentros, le encantaba como sonaba en su boca. Volvió a morder su cuello y Kirino se retorció de placer – ¡Ah!

–Que sonidos tan dulces los que produces. – el sonido de la hebilla del pantalón contra el suelo hizo un fuerte eco. Bajó los calzoncillos del chico hasta la mitad de sus muslos y acarició la entrada con su erección; aún cubierta por su pantalón; haciendo que otro fuerte jadeo saliera del pequeño afeminado. –Eres solo mío – y como si al destino le gustara joderle la vida, el sonido del teléfono móvil del de mechas interrumpió aquel candente encuentro. Kirino soltó un bufido e hizo un infantil puchero, mientras el adulto se alejaba de su cuerpo y tomaba aquel infernal aparato. –Ichirouta~

Shuuya, cariño. ¿Saldrás temprano hoy? –preguntó el otro inocentemente, sin imaginarse el acto que segundos antes realizaba su pareja.

–Sí, hoy salgo a las 2:30. No hay ningún papeleo necesario. –No es que odiara al de hebras azules, es más, lo amaba más que a cualquier otro que hubiera en ese planeta; pero de verdad a veces su llamadas eran demasiado innecesarias, sobre todo en ese justo momento en que Goenji se encontraba en un momento de "relajación ".– ¿Por qué? ¿Necesitas algo?

Bueno, quería saber si no podías recoger a Ranmaru. Ya que están en el mismo lugar. –una sonrisa un tanto pervertida surcó en sus labios, mientras observaba como el menor presente en la habitación gateaba hacia su posición con una sonrisita algo traviesa. Se arrodilló frente a su maestro y acercó su rostro a la erección, que pedía a gritos su atención.

–Me parece una estupenda idea Kaze-Kaze – miró con ternura y deseo las acciones del contrario que con su boca bajaba el cierre de su pantalón. Agradecía eternamente de que en esos momentos su prometido se encontrara en China, por motivos de trabajo, así él podía disfrutar tiempo de calidad con el sobrino de éste, y su amante personal, sin que Kazemaru lo sospechara – ¿Prefieres que yo lo lleve a casa todos los días? Sé que Ranmaru me puede esperar –soltó un suave gruñido al sentir como su miembro era acariciado por la cálida lengua del menor. Exquisito.

Me sentiría más tranquilo si lo hicieras. No quisiera que a Ran le ocurra algo malo mientras toma el metro o camina solo por la calle. –vaya ingenuo que era Ichirouta, pensó Shuuya, mientras intentaba retener los jadeos que querían salir de su boca. Y es que el chiquillo de cabellos rosa era verdaderamente un experto en el arte de la felación.

–Ah….Cálmate…Ranmaru está en muy buenas manos. –Echó la cabeza ligeramente hacia atrás intentando nuevamente contenerse. Tomó del cabello a Kirino y tironeo levemente de él. Quería que acelerara. Ranmaru tan solo soltó un jadeo juguetón e ignoró vilmente la petición, haciendo que sus movimientos fueran cada vez más lentos. Shuuya se estaba frustrando. La boca de Kirino lo estaba volviendo loco. Jamás había deseado tanto que su prometido colgara –Ra….Ichirouta –se corrigió rápidamente – ¿Quieres que te llame luego? Es que… justo ahora tengo una…reunión.

¿De verdad? –escuchó el tono decepcionado de Kazemaru y por un momento se sintió culpable de estar engañándolo de esa manera tan ruin. Una fuerte mordida en su miembro, que le hizo soltar un gritillo de placer, le sacó esos pensamientos. – ¿Estás bien?

– Ah…sí, es solo que me golpeé –se excusó rápidamente. Lanzo una mirada recriminatoria al menor; quien tan solo aceleró sus movimientos.

Bueno, en ese caso te llamo luego. Te amo

–También te amo Ichirouta. Suerte en tu viaje. – y sin decir nada más cortó la llamada, mientras una correntada eléctrica le recorría toda la espalda, haciendo que soltara un gruñido.

Kirino apenas y tragó aquella semilla, había sido demasiado repentino. Tosió un poco y se relamió los labios una vez hubo tragado absolutamente todo. Se sentó sobre las piernas de su amante y preguntó juguetonamente:

– ¿Era mi tío?

–Tú sabes que sí –con ternura revolvió sus cabellos. –hoy regresarás a casa conmigo, no vayas a tomar el tren.

–Está bien… –volvieron a unir sus bocas con bastante pasión. "Pobre, inocente e iluso Kazemaru" volvió a pensar el pelicrema mientras apretaba los glúteos de Ranmaru.


Ryuuji había dado por perdido el empleo como secretario del señor Kira, su gran boca se había encargado de arruinar aquel trabajo perfecto.

Pero parecía que el Ser Divino que se encontraba en el cielo o en algún lugar no lo odiaba tanto, y esa misma mañana había recibido una llamada confirmando que el empelo era suyo y solamente suyo. Casi escupió el café que tomaba.

A una velocidad impresionante, se había cambiado y se había apresurado a dirigirse a las instalaciones Kira, donde su nuevo empleo aguardaba por él. Entró cautelosamente y encontró a la misma mujer que lo había recibido días atrás. Ella al verlo le sonrió amablemente y con un simple gesto le indicó que la siguiera. Midorikawa no dudó ni dos segundos en acatar la orden y se encaminó hacia donde la mujer le indicaba.

–Es un gusto tenerlo nuevamente aquí Midorikawa –le dijo la amable mujer mientras lo llevaba hacia el último piso de aquel edificio. Ryuuji sonrió tímidamente.

–La verdad es que fue una verdadera sorpresa el recibir su llamada, jamás lo imaginé.

–Mi hermano ha considerado que usted tiene las capacidades necesarias para cumplir con este trabajo. De verdad esperamos que cumpla con lo que le pedimos –ahora sí que se sentía presionado.

–No los defraudaré. –Las puertas del elevador se abrieron, haciendo que el corazón del peli verde diera un vuelco. Estaba verdaderamente nervioso. –Estoy listo. –se intentó dar apoyo a sí mismo.

La puerta de la oficina, en la que trabajaría ahora de lunes a viernes, fue abierta, mostrándole al joven apuesto de cabellos rojizos que había conocido días atrás, sonriendo de forma… ¿amable? Entró cauteloso, y su nuevo jefe le indicó que se acercara.

–Ryuuji-kun, es un gusto tenerte aquí. De verdad que esperaba que llegaras con muchas ansias. –Le tomó de la mano e hizo que se adentraran en aquella oficina tan espaciosa. Se sentía algo aturdido, jamás había visto tantas cosas lujosas encerradas en un solo espacio. –Éste–señaló un gran escritorio de color caoba, con una computadora marca HP descansando sobre ella y una silla de cuero negro que se veía verdaderamente cómoda –será tu lugar de trabajo. Aquí harás todo lo que yo te diga. –el de ojos ónix asintió a todo lo que el de piel pálida decía. –Por allá está mi oficina, si necesitas algo sabrás donde buscarme –dirigió su vista hacia donde Hiroto había señalado, observando una amplia puerta que se encontraba al fondo.

–Ya veo…. ¿Algo más que deba saber, jefe? –preguntó procurando sonar bastante cordial. Kira negó levemente, pero pareció arrepentirse. Una sonrisa juguetona se asomó en sus blanquecinos labios.

–Algo más… ¿podrías vestirte como una sexy secretaria todos los días? De verdad que me motivarías en el trabajo –comentó con tono juguetón.

Un tic nervioso atacó la ceja izquierda del moreno, si así de indecente era su jefe en el primer día, no quería saber cómo sería luego.


–Kichiro Shindou –le dijo a modo de saludo el señor Tsurugi. El de cortos cabellos castaños soltó un bufido. Maldita fuera la hora en la que tuvo que recorrer a sus peores enemigos para mejorar su economía y no caer en bancarrota; sin saber que había sido éste quien lo había llevado a la ruina – Te propongo un trato para que te brinde el apoyo de mi empresa.

– ¿Qué diantres quieres Ryunosuke? –preguntó con molestia. Sabía que el otro no sería tan generoso. Todo aquel teatro debía tener una trampa. –Déjate de ir por las ramas y dime de una vez por todas qué quieres a cambio de ayudar a mi familia.

Una sonrisa bastante macabra se formó en la boca del de cabellos azules.

–Tu hijo… Takuto. Tu adoración y tu orgullo. Él es lo que pido a cambio. –El castaño dio un puñetazo al escritorio. Estaba a punto de objetar, más que indignado, por aquella indecorosa petición, pero el otro lo calló con un solo movimiento con su dedo índice. –No estás en posición de negarte, y si lo haces –acercó su rostro al del señor Shindou y le tomó de su impecable camisa– hare que tú y tu familia queden en la calle.

A Kichiro no le quedó de otra más que rendirse y aceptar, vendiendo prácticamente a su pequeño retoño a una familia de depravados. No tenía ni la menor idea que estaba sucumbiendo ante el capricho de esa familia, que tan solo quería tener a su primogénito bajo su poder, para controlar a su sabor y antojo una de las empresas más poderosas de todo Japón; las Empresas Shindou.

–Para asegurarme de que cumplas, deberás firmar este contrato –extendió la hoja frente al otro, quien pareció haber olvidado toda regla de un buen negociante: Leer las letras chicas del contrato. Sin leer ni nada, firmó aquel papel que firmaría la sentencia de su primer y único hijo.–Excelente. Ahora retírate basura, antes que me arrepienta.

El dueño de la fortuna Shindou salió de la habitación más que humillado. Ryunosuke sonrió nuevamente, leyendo las letras chicas y en negrilla del contrato.

"El Joven correspondiente al nombre: Shindou Takuto, será exclusivamente el esclavo sexual del próximo heredero de la familia Tsurugi, sin la posibilidad que los progenitores del muchacho antes mencionado, aleguen ante el oficio que se le está poniendo."

Que ilusos habían resultado ser, lo lograron todo tan fácilmente que hasta daba mucha risa. Pero él quería que todo fuera más divertido. Tomó su móvil y llamó a los que ya estaban esperando sus órdenes.

–Ya ha firmado, pueden traer al pequeño ángel –y sin más cortó aquella llamada.

La jornada educativa había sido verdaderamente agotadora. Jamás en toda su vida había deseado tanto que las clases de piano de aquella tarde fueran canceladas.

Al verse en una situación económica familiar bastante desfavorable, Takuto había solicitado a su progenitor que no siguiera pagando a su chofer para que lo fuera a recoger al Instituto. Vaya error.

Caminaba por aquellas solitarias calles que debía atravesar antes de llegar a su hermoso hogar. Suspiró resignado, aquel día había sido especialmente estresante: demasiada tarea, todos le pedían que se postulara para el puesto de presidente estudiantil, un concierto que se aproximaba con el club de música; pero sobre todo eso estaba un factor, un factor que le molestaba mucho más que una molesta piedra en el zapato. Y ese factor tenía nombre y apellido: Tsurugi Kyousuke.

–Maldito vago –susurró suavemente. Cerró sus hermosos orbes y tiró la cabeza levemente hacía atrás, hasta que, por estar distraído, topó con el cuerpo de alguien más –Lo lamento mucho –se disculpo rápidamente apenado, viendo que un hombre bastante fornido, lo miraba con una sonrisa algo macabra, provocándole un escalofrío.

–No te preocupes, Takuto. –Shindou le miró ligeramente confundido. ¿Cómo sabía ese hombre su nombre? Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando un pañuelo, colocado sobre su boca y nariz, le impidió hablar y un brazo le rodeó la cintura, aprisionándolo. Intentó gritar, pero le fue imposible hacerlo.

Poco a poco todo se volvió oscuro, hasta que cayó en un profundo sueño. Ahora Shindou Takuto desearía que su chofer le hubiera recogido aquella tarde.

Caminaba, algo irritado, por las afueras del gran edificio en donde se llevaría a cabo aquel evento que culminaría el mandato de los viejos de su familia. ¿Por qué carajo habían escogido a Yuuichi para que se quedara con Takuto? No era justo. Él lo merecía mucho más.

Golpeó con bastante fuerza uno de los muros del recinto, y crujió los dientes. Debía calmarse. Aquella noche les demostraría a sus padres y a los malditos ancianos, que él, Kyousuke Tsurugi, que no estaba de acuerdo con esa absurda decisión.

La solución a todos sus problemas se asomó por la esquina, haciendo que todo su mal humor desapareciera rápidamente. Ah, bendito fuera el bastardo de Minamisawa Atsushi.

–Te has tardado. –le reprochó con voz grave, haciendo que el de cabellos morados alzara los hombros despreocupado.

–Encima de que te estoy haciendo un maldito favor. –atusó su flequillo, de esa forma tan característica que tenía, arrancando un suspiro molesto de Tsurugi.

–Te recuerdo que ese favor no me estás saliendo gratis, idiota. –gruñó, Atsushi tan solo rió con egocentrismo y le extendió un sobre a Kyousuke. – ¿Está todo?

–Claro que está todo. ¿Crees que yo te timaría, amigo? –ante esa respuesta, tan común en su viejo amigo, Kyousuke no pudo evitar soltar una risotada irónica. – ¿Qué?

– ¿Quieres que te cuente cuántas veces me has timado, imbécil? –Minamisawa tan solo rodó los ojos. El de ojos ámbar tomó el sobre, abriéndolo y contando la cantidad de dinero que se encontraba dentro de éste.

–Son €400,000, por amor al cielo. ¡No desconfíes! –Tsurugi enarcó una ceja y terminó su cuenta.

–Es exacto…Felicidades –le comentó, mientras le extendía unas llaves –Eres el nuevo dueño de un Lamborghini murciélago. Siéntete dichoso.

–Insisto, quería el Jaguar.

–Deja de quejarte, o no te doy nada. –el peli morado suspiró resignado, y extendió su mano.

–No sé para qué carajos querías tremenda cifra de dinero. Mi padre casi se fue de espaldas cuando le comenté el precio en el que me estabas vendiendo tu carro, pero aun así accedió. –negó levemente y volvió a mover su flequillo. –De cualquier modo, fue un placer hace negocios contigo, Tsurugi.

–El placer ha sido todo mío –estrechó la mano que su amigo le ofrecía, sonriendo con malicia. Aquella cantidad de dinero, le ayudaría a cumplir su cometido.

El frío en el ambiente hizo que abriera levemente los ojos. No podía ver nada claro, todo era borroso. Se sentía verdaderamente acalorado, pero tenía frío. Era una sensación bastante confusa.

Intentó mover sus manos, pero no lo logró, ya que estaban esposadas, por lo que podía sentir, arriba de su cabeza, haciendo un fuerte sonido cada vez que movía sus muñecas. Intentó agudizar aún más sus sentidos; pero le fue algo imposible, se sentía algo adormilado y mareado. Quiso gritar, pero su boca era cubierta por algo redondo; que le obligaba a mantener la boca abierta.

"Mierda" pensó el castaño comenzando a mover desesperadamente su cuerpo.

Sus tobillos también se encontraban encadenados, obligándolo a estar sentado. No tenía puesta su ropa. Tan solo sentía cómo su torso era cubierto por pequeñas tiras, que tan solo le cubrían una pequeña parte del pecho y otra en el vientre, lo demás estaba descubierto. Por suerte su parte baja estaba cubierta por una pequeña pantaloneta, que iniciaba en su cadera y acababa en la mitad de su glúteo.

–Parece que el pequeño ángel ha despertado~ –escuchó que canturrearon, y algunas risas resonaron en el lugar. Shindou gimoteó un poco. –Vamos a comenzar con el espectáculo de esta noche. Tenemos como mayor tesoro a este pequeño niño. Y vale mucho más; pues nadie ha tocado ese delicado cuerpo, nunca…

Las risotadas, bastante pervertidas, resonaron por todo el lugar. Yuuichi miró con bastante deseo a su nueva prenda. El plan estaba en que; montarían todo ese teatro para humillar aún más a la familia del desdichado muchacho, que estaba siendo subastado.

Se veía verdaderamente exquisito con ese diminuto traje, que tan solo cubría sus pezones, su ombligo y sus partes nobles; además esas alas de ángel que tenía y la mordaza en la boca le hacían ver indefenso. Se relamió los labios.

–Comencemos con €10,000. –ofreció el presentador.

–20,000.

–30,000.

–70,000- comentó Yuuichi con total seguridad. Sabía que esa era la oferta final. Shindou sería suyo.

–200,000 –todos voltearon a ver al que había ofrecido semejante cantidad. Yuuichi casi se ahogó con el vino que en ese instante estaba tomando.

– ¿Alguien más? –preguntó el anfitrión de esa vil actividad. Al no recibir respuesta alzó los hombros levemente y gritó con seguridad –vendido al joven de cabellos azules.

El señor Tsurugi volteó inmediatamente a ver hacia el comprador del que, se suponía, que sería el esclavo de su hijo mayor; y casi sufrió un infarto al ver cómo su hijo menor se acercaba hacia el anfitrión y pagaba la "mercancía".

– ¡Kyousuke! –gritó Yuuichi indignado. – ¿Qué cojones crees que estás haciendo?

Tsurugi tan solo miró con prepotencia a su hermano y tomó una correa que le fue entregada.

–Ves lo que se siente perder, her-ma-ni-to~ –comentó con burla. Yuuichi gritó indignado y su padre le lanzó una mirada desaprobatoria a Kyousuke.

– Tsurugi, ¿qué diantres haces? Obedece y entrega al ángel.

–No quiero. Por una vez en su vida, dejen que yo tome el control de las cosas.

Shindou fue desencadenado, a lo que soltó un pequeño quejido. Intentó ponerse de pie, pero se sentía demasiado débil como para hacerlo, sus piernas no respondían. Sintió cómo un collar era colocado en su cuello y luego algo, que no supo identificar, fue encadenado a éste.

Tsurugi sonrió cuando Takuto le fue entregado. Se veía realmente aturdido.

– ¿Es virgen? –preguntó con burla.

–Claro que lo es. Puedes probarlo si deseas –comentó con total indiferencia el hombre.

Kyousuke jaló al castaño de la correa, arrastrándolo hasta que quedó cerca de su posición, lo tomó del cabello y lo obligó a levantarse.

–Hola muñequita~ –saludó con burla, mientras movía un poco el pantaloncillo que Takuto portaba, descubriendo su entrada. El pianista se asustó. Ese no podía ser Tsurugi, no podía…. –así que, nunca nadie te ha estrenado… Voy a ser el primero –susurró con cinismo. Dio la espalda al público, cubriendo a Shindou con su cuerpo, para que nadie observara lo que iba a hacer en esos momentos.

Con la yema de su dedo índice, acarició levemente la virginal entrada del delicado muchacho, haciendo que éste soltara un jadeo, que fue ahogado en la mordaza. Sonrió nuevamente y poco a poco introdujo su dedo en aquel estrecho orificio, a lo que en respuesta provocó que el muchacho arqueara su espalda y abriera los ojos totalmente, sollozando.

–Mira~ sí eres virgen –con fuerza terminó la pequeña penetración, haciendo que el cuerpo entre sus brazos se removiera de dolor. –Esta noche la disfrutaré verdaderamente… Muñequita~


En lo personal, me siento bastante nerviosa por estar colaborando en un proyecto de tal calibre; por ello espero que les agrade el capi~. Muchos besos y espero algún comentario, ya sea de felicitación o de crítica o lo que deseen, si? Ya que~ hasta el próximo capítulo!