4 de octubre, 2001. Chile
De milagro me quedé dormida en el avión. Gracias Merlin, necesitaba dormir. No quería llegar con tan mal aspecto a Chile. Quizá qué hubieran pensado los Morris de mí. Además cuando llegué, eran más o menos las 8 de la mañana, e iba a tener todo el día por delante.
Al llegar, reconocí de inmediato mi equipaje, y busqué la salida. El aeropuerto es pequeño y ordenado, fue muy fácil hallarla.
Detrás de una ventana de vidrio, había un letrero con mi nombre hecho de cartulina celeste y escrito con crayones, tenía dibujos de caras felices, globos y confeti. Había sido hecho por una niña pequeña ¡era adorable! Bajo el letrero, había una pareja de edad mediana: una mujer delgada con el cabello castaño, liso hasta la altura de la barbilla, de tez clara y rasgos finos, un rostro casi gatuno. El hombre que la acompañaba, alto y robusto, llevaba el cabello muy corto. Cargaba una pequeña de unos 8 años en un brazo, un poco adormilada, elevando con su otro brazo el cartel. Me llamó la atención al llegar que todos vestían ropa muggle. No como los magos de Inglaterra, que se disfrazan de muggles, sino que era evidente que es la ropa que ocupan todos los días.
Sus nombres son Claire y Albert, y la pequeña, Mellisa. En total son 5 en la familia. Claire es enfermera. Albert, ingeniero. Ellos tienen 3 hijas (todas mujeres) Las chicas aún están en la escuela. Físicamente, son casi calcadas a su madre (son muy bellas, me siento un poco disminuida a su alrededor) con la única diferencia de tener el cabello ondulado, como su padre (quien me confesó que lo mantiene corto para que no se noten sus rizos).
Mellisa es la menor (ella estaba en el aeropuerto), luego está Isabelle de 13, y Grace de 17. Todos me recibieron con los brazos abiertos en su casa, y si bien no fueron al aeropuerto, las niñas mayores nos esperaban con el desayuno listo en casa. Pudimos comenzar a charlar y conocernos mejor de inmediato.
Claire y Albert son magos: nacieron en Inglaterra, crecieron allá, y en su juventud vinieron a esconderse a Chile. Los perseguía el Innombrable, quería convencerlos para que formaran parte de sus mortífagos. Los Morris no aceptaron. Lo más probable es que fueran torturados, o les hubieran hecho el maleficio imperius, o simplemente los hubieran matado. Escapar fue su opción, y la respeto. No me hubiera gustado que hubieran corrido la misma suerte que muchos otros. De solo pensarlo me da escalofríos.
Las niñas me explicaban que es muy difícil estudiar algo relacionado con magia en Chile, ya que la población de magos es de exactamente 33 (sumándome a mí misma) y no hay una escuela como Hogwarts. La más cercana está en Brasil, y es solo de adivinación: como los brujos charlatanes que ven la suerte, por lo que Claire y Albert no quisieron enviarlas allí. Las niñas asisten a una escuela muggle. Tampoco hay campo laboral para trabajar en magia, por lo que sus padres se ven obligados a trabajar igual que muggles, aunque se encuentran felices: encontraron su vocación en las carreras muggle que estudiaron.
Las niñas hablan perfecto inglés, y también perfecto español. En casa se habla inglés, fuera de la puerta, español. Es un alivio para mí, pues solo hablo inglés. Sus padres quisieron regalarles esa lengua como nativa, dicen que es muy útil en los estudios universitarios.
Las niñas estaban expectantes con mi venida, pues la única petición de Albert al venir y alojarme en su casa, fue que trajera el máximo de libros de Hogwarts posible. Eso para mí fue la máxima tentación, y por supuesto traje mi biblioteca completa, arrimada en una caja de zapatos adaptada para ser más grande por dentro, y para que pesara tanto como una pluma. Melissa comparaba la caja con el bolso de Mary Poppins, mientras Isabelle se preguntaba si podría reparar su stereo con magia, y Grace leía los títulos de los libros, emocionada. Todas me pedían a cada momento que hiciera algún "truco", y quedaban bastante impresionadas. Las mayores poseen varitas, pero no saben como ocuparlas. Claire y Albert tienen la esperanza de que les enseñe un poco más de lo que ellas son: brujas. Quieren que comprendan lo que pueden hacer y lograr con su magia, que sean conscientes del potencial que llevan en sí mismas, y de la responsabilidad que tienen al ser brujas. Ellos no han podido enseñarles magia a las niñas, y les entiendo: con los años todos olvidamos cómo se hacían los hechizos teóricamente, yo los hago casi inconscientemente. Por suerte, durante el año en que estuve de regreso en Hogwarts, a veces iba a ayudar a la profesora Mc Gonagall con el primer año. Recordé varios puntos importantes para enseñar, por ejemplo, el famoso Wingardium Leviosa, Lumos, o Alohomora. Por supuesto, también tengo el apoyo de mis queridos libros. Los he ocupado tanto, pero están bien cuidados.
Así fue que, desde que llegué a Chile, fui nombrada nuevamente profesora, algo que sé hacer especialmente bien. Albert me pagará por las clases, y si me va bien, también otros padres magos me pedirán que les haga clases a sus hijos. ¡Es genial! Con solo poner los pies en Chile, conseguí un trabajo que amo, y que promete ser muy divertido.
Pasamos el día recorriendo un mall: muggle, por supuesto. No era tan grande, pero sí había bastante variedad. Me interesaba saber un poco más sobre el país. La gente se veía bastante normal, a veces callada, los jóvenes hablando y riendo fuerte, una que otra persona discutiendo. La mayoría de las personas estaba bastante abrigada, pero en Inglaterra estamos más acostumbrados al frío que los chilenos, yo me veía desabrigada a su lado. Además allá estábamos en otoño, así que había una temperatura algo parecida.
Lo que me impactó, fue la forma en que reaccionaron los chilenos frente al 11 de septiembre, y lo ocurrido en las torres gemelas. En Inglaterra nos asustamos, sí, y lo sentimos muy de cerca. A pesar de que Chile está al otro lado del mundo, aquí también se sintió muy profundamente. No hay día en que no se mencione en las noticias el 11-S. Me sorprendió que aquí también haya habido una alerta, y que enviaron un grupo de aviones de combate a sobrevolar el país. Nosotros ni nos enteramos de eso. Con suerte sabemos donde está Chile, pero parecen tener relaciones diplomáticas muy buenas y cercanas con Estados Unidos.
Al llegar a casa, preparé yo misma la comida como agradecimiento. Usando magia, por supuesto. Las niñas estaban muy divertidas de cómo usaba la varita para cocinar. Para prender el fuego de la cocina, o dejar algo revolviéndose por sí mismo con una cuchara. La especialidad de Claire es el aseo, la reparación de objetos, la organización de archivos, y la curación de enfermos (como buena enfermera). Las pociones también se le dan muy bien, pero aquí en Chile es muy raro encontrar los ingredientes necesarios. La especialidad de Albert en cambio es el encantamiento de objetos. Le encantaría usar magia en los objetos que crea con su ingeniería, pero podría ser muy peligroso para los muggles. Albert me recordó mucho al padre de Ron, y me dio nostalgia.
Así que las niñas estuvieron muy divertidas gracias a mi show, pensado para motivarlas a estudiar, y a la vez para que conocieran usos domésticos de la magia. Claro, en algunas ocasiones utilicé métodos algo... innecesarios. Es mejor prender el fuego de la cocina con un fósforo, o botón si la cocina lo tiene… pero es entretenido hacerlo con la varita.
Al caer la noche, tuve que ir en busca de mi frasquito de fuego blanco. Aproveché de confesar mi pánico a la oscuridad, frente a todos, por si algo llegara a ocurrir. Me dio mucha vergüenza, pero lo hice. Era absolutamente necesario.
- Hermione ¿de verdad te sientes bien? ¿No quieres consultar con más especialistas? Tengo muchos doctores conocidos que estarían encantados de ayudarte. - Claire tenía un aire muy serio y preocupado, quizá ese era el rostro que tenía cuando trabajaba.
- Estoy bien Claire, de verdad.
La pequeña Mel se acercó y tomó mi mano, consolándome - Herms… no te asustes, no pasa nada, si quieres puedo quedarme contigo en la noche, o prestarte mi lucecita de noche, o a mi Teddy. – Mel en casa siempre lleva a su Teddy, su oso de peluche.
- Pero Mel, tú necesitas a tu Teddy, y yo tengo mi fuego que no se apaga. ¿Lo ves?
Isabelle se acercó y tomó el frasquito - ¿En verdad no se apaga? No se siente caliente, es como si hubiera una luz adentro que se mueve. ¡Es muy lindo!
- Herms, no te preocupes, nosotros cuidaremos de ti si necesitas cualquier cosa, aquí nosotros seremos tu familia, te lo prometemos. - Grace me miró con una mirada muy sincera, tranquilizadora. Me llegó profundo al corazón. Albert sonrió y asintió, apoyando lo dicho por Grace.
- Lo único que les voy a pedir, es que me recuerden llevar mi frasquito de luz, es todo. - dije un poco titubeante. Siempre me cuesta pedir ayuda, malvado orgullo Granger.
- ¡Yo me encargo de eso! - dijo Isabelle.
- ¡No! ¡Yo quiero! - dijo Mel.
- A ver, niñas. Todas se van a encargar de eso, si no se acuerda una, lo recordará la otra. - así lo dijo Albert, y fue como una sentencia final. Las chicas son muy obedientes.
Lo que me pesa de la fobia es que es algo incomprensible, pero que se entiende que luego de pasar por tantas cosas horribles, el miedo escape de una forma irracional: tan ilógica que me da vergüenza. Siempre soy tan razonable, que me atemorizaba que las niñas pensaran mal de mí por esto. Me encantó que me ofrecieran su apoyo, me sentí más segura… más en casa, como con Luna y Ginny.
Esta noche, mi primera noche en Chile, me siento extraña en mi nueva habitación. Me dio tristeza. Si Ron y Harry estuvieran aquí, ellos serían los encargados de recordarme que tengo que llevar mi luz. Sino, las chicas. Y todos están tan lejos…
Me dio tristeza que Harry y Ron se alejaran de mí. Comprendo que se han ido a estudiar para ser aurores, pero soy su amiga, y en algún momento dejaron de comunicarse conmigo… estaba tan acostumbrada a contar con ellos para casi todo (menos las cosas femeninas, claro) mis preocupaciones, todo lo confiaba en ellos. ¿Los habré agobiado mucho? ¿Será que pensaron que ya lo de mi fobia era mucho, y que ya no podrían ayudarme más? Durante el año que estuve en Hogwarts, por más que les escribiera cartas, no las respondían. Recién un mes después decían "oh, lo siento, estábamos en entrenamiento y nos acabamos de dar cuenta de que teníamos una carta tuya". Pero un conocido de Luna también estaba en la academia, en el mismo año que los chicos, y escribía 3 veces por semana. ¿No es muy extraño? ¿O será que mis amigos son despistados y nunca me dí cuenta de eso?
Siento que la gente me deja atrás. Esa es mi sensación. Ginny y Luna estuvieron siempre a mi lado, incluso me fueron a dejar al aeropuerto. Pero Harry y Ron no fueron, y eso que estaban libres, aún no entraban a la academia. Fueron también los padres de Ginny, Neville y su abuela, y algunos miembros de la orden del Fénix. Pero ¿Por qué mis mejores amigos no fueron? ¿Por qué se alejan de mí?
Este pensamiento quedó rondando en mi mente de una forma casi enfermiza. Sé que no le puedo dar solución a esa pregunta ahora, sería mejor que la dejara para otro día, pero volvía a mi mente aunque pensara en perros y gatos pequeños saltando en una pradera, como si fuera un fantasma que se me aparece una y otra vez, molestándome incesantemente. Bueno, siempre pienso en perros y gatos para dormir, ese pensamiento me tranquiliza (es un consejo que me enseñó mi padre). ¡Siempre me sirve! Pero hoy fue imposible. Por eso preferí escribirlo, a ver si es que ahora sí puedo dormir en paz. Me prometo a mí misma escribir mañana a Inglaterra, es necesario para mi salud mental.
Voy a dormir… buenas noches.
