2- Visita al Ministerio
Había llegado el 4 de Julio por fin, y Harry ya le había avisado a su tío que alguien lo vendría a buscar, y que regresaría a la tarde, no le gusto mucho la idea de que gente rara que viniera a la casa, que pensarían sus vecinos, además que guardaba la esperanza que no volviera.
Tentado por la emoción de poder aparecerse donde y cuando quiera, el chico durmió poco, a las 6 de la mañana ya se había levantado, siete y media ya estaba en el hall de entrada esperando al Sr. Weasley. Sus tíos miraban para todos lados preocupados por como pudiese llegar el hombre y como si fuera a llamar mucho la atención de los vecinos. A las 8 en punto, en medio de la sala se apareció el padre de su mejor amigo, Petunia ahogó un grito, Vernon refunfuñaba por lo bajo y Duddley simplemente se había ido corriendo a la cocina.
-Hola Harry¡ Como estas? – Pregunto el Sr. Weasley con un tono casi paterno. Imaginaba como debía haber pasado el verano el chico, esas semana encerrado en su cuarto, sufriendo y lamentándose por la muerte del mago más grande de todos, Albus Dumbledore.
-Hola Sr. Weasley¡ Estoy bien, y usted? Como esta la familia?- El chico sabía que estaba preocupado por él, la muerte del director había resultado un golpe duro para todos y una gran victoria para el innombrable. - ¿Como iremos la ministerio?
-Todo bien, todos te mandan saludos, Ron querría venir, pero Molly no lo dejo. Viajaremos por medio de un traslador preparado por el ministerio, es lo más seguro para ti – respondió el hombre.
-Bueno, nos vamos entonces?
-Si claro, adiós Sres Dursley – estos lo miraron con caro de asco- Toca el diario Harry.
Apenas lo toco, sintió esa sensación de un gancho levantándolo, algo acostumbrado, se preparó para aterrizar de pie en el ministerio. Cuando toco el suelo, se balanceo un poco, pero mantuvo el equilibrio. Miro a su alrededor, mucha gente iba de un lado para el otro, casi todos vestían túnicas con el escudo del ministerio, no muy lejos de donde estaban, se encontraba el guardia de seguridad, controlando las varitas de los que pretendían entrar. Se dirigieron hasta ahí, y se pusieron en la cola de magos que esperaba la revisión de sus varitas.
-Asunto que los trae? – pregunto el guardia.
-Soy Arthur Weasley, vengo a mi trabajo, también acompaño al Sr. Harry Potter para rendir su examen de aparición.
Ante la mención del nombre del chico, el guardia miro al chico detalladamente y poso sus ojos sobre la cicatriz.
-Ah señor Potter, puede pasar, lo están esperando.
-Muchas gracias Jack . Ya oíste Harry, vamos que te esperan. –Dijo el Sr. Weasley. –Antes de dirigirte a rendir tu examen, me gustaría decirte algo –se detuvieron un momento- Harry, escúchame bien, se que ya lo sabrás, Rufus Scrimgeour, va a intentar por los medios que crea necesario, controlarte a su favor y sacarte información, ten cuidado.
-Ya lo imaginaba, quédese tranquilo, no me voy a dejar manejar por él, saldré los más rápido posible.
-Entiendo, te dejo aquí, tiene que dirigirte al nivel 6. Suerte en tu examen, y antes de irte avísame como te fue¡ -agrego el Sr. Weasley.
Harry se alejo, dirigiéndose al ascensor mas cercano, en el camino mucha gente se le quedaba viendo, cosa que le molestaba; pero algo inesperado paso, en la cercanía del ascensor, había un grupo de periodistas y fotógrafos esperándolo, y en medio de todos ellos el mismísimo ministro de magia.
Scrimgeour al verlo, se le acerco con paso decidido, tendiéndole la mano y sonriéndole a los periodistas. Harry estaba anonadado, debía haberse imaginado algo así, y ea modo de disgusto no le estrecho la mano. El ministro ante este gesto, se acerco a él y lo agarro por los hombros, sosteniéndolo hacia las cámaras, colocándose detrás. El chico se soltó enseguida.
-Si piensa que pueda comprarme otorgándome la licencia de aparición y el poder de hacer magia sin la mayoría de edad, se equivoca. Ya se lo dije antes, mi lealtad permanece con Dumbledore; y si en vez de aparentar que hace algo apresando a gente inocente, hiciera realmente lo que le corresponde, yo evaluaría la situación. Así que, permiso¡, debo rendir mi examen, si es que todavía puedo... –dijo Harry en un tono frío y seco al ministro, y se dirigió a los ascensores, atravesando la multitud de periodistas que no paraban de sacarle fotos y hacerle preguntas.
Scrimgeour se quedo sorprendido, y congelado como si alguien le hubiera echado un maleficio, no reacciono hasta que vio al chico entrando al elevador. Corriendo, se dirigió al mismo lugar, entrando antes que las puertas se cerraran.
-Veo que sigues con la misma actitud Potter. Sabes que esto te puede costar caro- dijo el ministro en tono frío también y amenazador.
-Y usted trae un montón de periodistas sopencos, para que le cuenten a la gente el "magnifico trabajo que usted hace y el apoyo incondicional que recibe de niño que vivió" –respondió el ojiverde irónicamente.- Si no quiere concederme el permiso para rendir el examen de aparición, o poder realizar magia sin la mayoría de edad, esta bien. Pero le advierto esto, se ganara todo mi desprecio, y nunca podrá contar conmigo, me gustaría saber que diría la gente si yo les dijera que no estoy de acuerdo con las acciones del ministerio- Dijo con tono seco y duro.- Además que podrías perder su última "esperanza" si soy atacado por Voldemort o sus mortífagos y no puedo defenderme.
-Mejor hablemos esta en privado y más tranquilos –pidió el ministro ante la actitud demostrada por el chico, no quería perderlo y menos que pusiera a los magos en contra. Se dirigieron a su oficina.
-Le dejo en claro que no voy a permitir que ustedes me controlen como una marioneta, si quiere mi apoyo, gáneselo, pero haciendo las cosas como se deben. No intente comprarme, libere a aquellos que fueron encarcelados injustamente, no se meta en Hogwarts, y tampoco con los asuntos que Dumbledore hacía conmigo, esa es una cuestión mía y de el. De acuerdo a sus acciones y a los resultados, podríamos llegar a llevarnos mejor¡ -añadió Harry sin inmutarse ni cambiar su expresión.
Ante estas palabras, Scrimgeour se quedó sin habla, no sabía como reaccionar. Esas no eran peticiones ni absurdas, ni de un niño, ante el estaba un joven maduro, que ha madurado a la fuerza en poco tiempo, que sabe lo que quiere y no se deja intimidar ni dominar. Tubo que pensarlo bien antes de hablar, era claro que no podía jugar con él, más si era la única esperanza del mundo mágico desde la muerte del director. Sabía que no estaba haciendo las cosas como se debía, y estaba repitiendo los mismos errores que Fudge, pero no lograba avanzar, no tenía pistas, no lograba capturar ningún mortífago, todas las acciones no resultaban. Pensó unos momentos más.
-Sabes Harry –lo llamo por su nombre, cosa que el chico le llamo la atención-, viéndote hablar así, me doy cuenta que no estoy ante un niño, has madurado extraordinariamente, has pasado por cosas terribles y eso te ha hecho madurar y ver las cosas de otro modo. Ahora veo por que Dumbledore confiaba en ti, es admirable el respeto que le tienes.
-Mire Sr. Ministro, yo no soy marioneta de nadie, si quiere contar conmigo, va a ser en la medida que usted empiece a hacer las cosas correctamente, pero no quiero que ande alardeando mi apoyo a los periodistas ni a nadie, todavía no es tiempo, tengo muchas cosas que hacer para lograr terminar esta guerra, y poco tiempo. No quiero que me haga seguir, necesito moverme con libertad, si usted quiere acabar con Voldemort, deberá confiar en mí, nadie sabe esto más que yo. Con el tiempo, y si las cosas cambian y mejoran, tendrá mi apoyo y mi ayuda, y espero contar con la suya, y algunas cosas sabrá. Pero tiempo al tiempo.
-Esta bien Harry, respetaré lo que me pides. Confío en ti, el mundo mágico depende de ti, sabes que puedes contar con mi ayuda y la del ministerio siempre que lo desees.
-Gracias Sr. Ministro. Si cuento con su apoyo, me gustaría pedirle tres cosas, la primera necesito que se me permita realizar magia, aún siendo menor de edad, es necesario que me prepare en conjuros, maldiciones y contra maldiciones por cualquier inconveniente; la segunda necesito acceso a los archivos del ministerio, todo lo relacionado a Tom Riddle o mejor conocido como Voldemort, y también información de los fundadores de Hogwarts, le pido no me haga preguntas, a su tiempo lo sabrá, esto es muy importante si quiere triunfar; y por último, es mi deseo y creo que también hubiera sido el deseo de Dumbledore, que Hogwarts permaneciera abierto, intente lo posible por que se cumple, y que el colegio tenga la mayor seguridad posible.
Ante todos estos planteos, Scrimgeour, no sabía como responder, ni como actuar, tenía miles de preguntas, pero el chico ya le había dicho que no las hiciese.
-Harry, no voy a presionarte, no te puedo asegurar mucho, con respecto a los de los archivos creo que no tendrás problemas, referente al colegio, no solamente yo tomo la decisión, tiene que tomarla el consejo también, pero haré lo posible, y respecto a los de utilizar magia siendo menor de edad, se que estas en peligro, pero no entiendo muy bien para que, pero estas autorizado.
-Gracias sr. Ministro por intentar cumplir con mis peticiones, eso empieza a hablar bien de usted, con respecto a lo último, solo le puedo decir que me debo entrenar en caso que Voldemort o sus mortífagos quieran atacarme, necesito mejorar y si es posible aprender hechizos mas avanzados.
-Puedes contar con la ayuda de los aurors para entrenarte, pero ¿Por qué el innombrable te atacaría?, han corrido mucho rumores desde el episodio en la sala de las profecías hace más de un año, ¿tiene algo que ver?
-Únicamente le puedo decir que sí, no están tan equivocados, más no le puedo decir, y por favor nadie más debe enterarse sobre esta conversación. –respondió el chico.
-Así será. Sabes que cuentas con mi apoyo y haré todo lo que este a mi alcance con lo que me pediste.
-Gracias, esto es de absoluta reserva. Ahora si no le molesta, debo rendir mi examen. Salió de ahí despidiéndose del ministro y se dirigió al sexto nivel, tenía mucho que pensar, sabía que había hablado de más, peor por ahora no tenía otra alternativa. Mientras, Scrimgeour, pensaba en todo lo hablado, por más que resultara extraño, tendría que confiar en el chico.
Después de quince minutos de haber entrado a la sala de pruebas, salió con una credencial en mano, la cuál le permitía aparecerse. Los examinadores lo miraban con intriga, pero no le hicieron el examen fácil.
Antes de partir del ministerio, se dirigió a la nueva oficina del Sr. Weasley para contarle lo sucedido con el ministro y de paso mostrarle su credencial. Obviamente no le contó todo lo que habló, se guardo algunos puntos, puesto que nadie más debía saber sobre ello.
-Harry, ¿estás seguro que puedes confiar en él?, puede ser un engaño, puede buscar usarte, ¿hará lo que pediste? – preguntaba preocupado el hombre.
-Quédese tranquilo. No hable de más, y él sabe que no le convienen estar en mi contra. Con el tiempo se verá como actúa. –Respondió Harry- Ahora que tengo la licencia puedo aparecerme donde quiera, pero tendré cuidado; –añadió ante la cara que puso el Sr. Weasley- no cometeré ninguna imprudencia, ni me podré en riesgo –agregó sabiendo que no iba a poder ser así, la búsqueda de los horrocrux no sería fácil.
-Espero que sea así, con los tiempos como están, debes cuidarte mucho, ya sabes que Molly y yo te queremos como a un hijo más y por eso nos preocupamos.
-Lo sé, estén tranquilos, no haré nada que me ponga en peligro.
-Por lo que veo has estado entrenando, tu cuerpo estas mucho más desarrollado y marcado, ya perdiste ese aspecto de chico, hasta tienes un poco de barba –acotó el hombre- es bueno que te mantengas ocupado y no decaigas, Albus así lo hubiera querido. Además estarás en mejores condiciones para una batalla.
-Ese es mi objetivo, prepararme para lo que pueda ocurrir, y al mismo tiempo descargo un poco de ira y frustración. Aunque también me sirve con las chicas –agregó como para distender el ambiente, aunque luego se arrepintió de haberlo dicho.
-Ahora que dices eso, tenemos que hablar. –dijo el sr. Weasley en tono serio-
-No puede saberlo, ¿se lo habrán contado? ¿Qué sabe? ¿Cómo se entero?, pensaba Harry mentalmente
-Se que este tema no es de tu agrado, pero se trata de mi hija, y no estoy de acuerdo con la dedición que tomaste –habló Arthur
-No se a que se refiere- respondió el chico nervioso
-Sabes perfectamente de que hablo. Ginny ha sufrido todo el verano en silencio, no habla, no come, nada; ¡al principio pensamos que era por la muerte de Dumbledore, pero cada vez era peor, lloraba por las noches y cuando creía que nadie la veía u oía, siempre estaba con los ojos rojos, le preguntábamos que le pasaba, pero no quería decir nada. Ron también la notaba muy mal, y una noche habló con ella y bueno, Molly y yo escuchamos parte de la conversación, y bue.. eras el tema principal..
-Yo-o no era mi intención hacerla sufrir, pero…
-Ya se que no la quieres hacer sufrir, pero si realmente la amas, no puedes dejarla ir, en estos tiempos todo el mundo está en peligro, y no porque solo este cerca de ti, ella esta en más peligro. Albus estaría contento de ver el amor que se tienen ustedes dos.
-Es que usted no entiende, a mi lado estaría en mayor peligro, más si Voldemort se enterara sobre lo nuestro. El me persigue, y quiere destruirme a toda costa, va a buscar la forma de llegar a mí, debilitarme, hacerme sufrir, y no quiero que le haga nada a Ginny. Hay cosas que ni usted, ni ella saben, tampoco se si lograré sobrevivir a esta guerra, ni se le podré dar la vida que ella espera. No puedo permitirme tenerla cerca, por más que sea lo que más deseo en este mundo.
-Harry, se que hay cosas que no sabemos, se que esta relacionado a la profecía del ministerio, Albus nunca nos dijo el contenido, pero algo suponemos, y esto también a que por que sobreviviste hace 16 años, pero no te puedes aislar del mundo, no dejarte rodear por los que te quieres, si tanto la amas, como ella te ama, podrás luchas contra todo. Es mi hija y la quiero mucho para ponerla en peligro, pero se que te ama y te acompañaría al mismo infierno si es necesario y nadie la detendría.
-Lo pensaré Sr. Weasley, pero no creo que pueda cambiar de opinión, al menos no por ahora, ella es todo para mí, jamás permitiría, ni me perdonaría si le pasase algo. –el hombre se quedo admirando al chico, realmente era profundo el amor que demostraba por su hija. –Bueno ya me voy, ya que me puedo aparecer no lo molesto más.
-Bueno Harry, piensa en lo que te dije, no me gustaría ver sufrir a ambos, cuídate y no te metas en problemas.
-Que pasa que yo nos busco los problemas, ellos me buscan a mí, soy como un imán –ante esta frase ambos rieron.
Se despidieron amablemente, Harry mando saludos a los Weasley, y se dirigió al hall de entrada. Lo que más temía ocurrió, al salir del elevador los periodistas todavía estaban esperándolo, todos lo rodearon, acribillándolo con preguntas y fotos, se escabulló rápidamente y se desapareció apenas pudo, apareciéndose en el callejón Diagón.
Había logrado lo que quería con el ministro, y ahora que podía utilizar magia, necesitaba avanzar más, por eso se apareció ahí, necesitaba comprar un par de cosas. Primero fue a Gringots, retiró una buena cantidad de dinero y de ahí se dispuso a recorrer el callejón, decidió comprar un baúl nuevo más grande y con varios compartimientos, le llamó la atención uno parecido al que tenía el falso Moody, pero este contenía un cuarto en su interior. En el emporio de la lechuza, le compró comida y golosinas a Hedwig, y en otro tienda compró elementos para pociones y algunas pociones curativas, revitalizantes y demás.
También necesitaba comprar libros, mayormente de defensa contra las artes oscuras, algunos de encantamientos, hechizos avanzados y pociones. Recorrió toda la librería, pensó que si Ron estuviera con él, lo hubiera comparado con Hermione; pero en una estantería alejada y medio oculta, sintió una atracción extraña, sentía una fuerza como que lo llamaba, algo lo atraía. Ocultos entre libros y capas de polvo encontró un libro de lomo bordo titulado "Magia antigua: magia pura que viene del corazón", tenía entendido que ese tipo de magia era muy poderosa y poco común, después de todo fue gracias a esta magia que realizó su madre al sacrificarse que sobrevivió a la maldición asesina. Encontró un libro más de este tipo, no esperaba encontrar ese tipo de libros ahí, compró ambos, aunque el librero le costó vendérselos, al final se los entregó con varias advertencias.
También fue a la tienda de Madame Markins, donde compró una túnica color verde botella, el cuál le quedaba muy bien, algunas camisas, jeans, remeras y ropa de mago; en otro tienda compró un regalo para los novios.
Como todavía tenía tiempo, se dirigió a la tienda de los gemelos Weasley, uno de los pocos locales que seguía abierto en el callejón. A pesar de que por la calle había poca gente, el local estaba abarrotado de personal, principalmente chicos; detrás del mostrador pudo divisar dos cabelleras pelirrojas.
-Hola Fred. Hola George¡
-HARRY ¡-dijeron los dos asombrados al mismo tiempo.
-¿Qué haces aquí? Es peligroso para ti salir a cualquier lado, sobre todo en un lugar lleno de magos. ¿Por qué no estás con tus tíos y como llegaste?- preguntó Fred preocupado, mostrando una seriedad que no de había visto en el.
-OH vamos chicos¡ ustedes me vienen con eso a mí. Jamás pensé que ustedes dos se pusieran responsables. Vine por que tenía que comprar un par de cosas, estuve en el ministerio y me concedieron la licencia de aparición, además de poder llegar a hacer magia en algún problema- espetó el ojiverde
-Genial¡ ya puedes hacer magia y parecerte¡ pero sabes que igual es peligroso –acotó George.
-Pero, bueno, que te trae por aquí? Interesado en comprar algunas bromas para tu primo? –preguntó chistoso Fred.
-Vine a verlos, y sí, de paso a comprar algunas cosas, pero no bromas, sino algunos artículos especiales de la parte trasera.
-Con que era eso, el "elegido" necesita de nuestros productos –habló Fred en tono burlón- puedes tomar lo que quieres, este negocio es tuyo también.
-Tiene algún producto nuevo? –preguntó Harry
Hemos traído algunas novedades; en este estante puedes encontrar objetos especiales para engañar al enemigo, o emprender una huída. Esto es un falsicmage –agarró un objeto de una estantería-, crea una imagen tuya muy real, e imita y dice todo lo que tu haces en el mismo momento dentro de una distancia de 30m de tu posición, es fabuloso. Estos, como te acordarás, son polvos de oscuridad, pero perfeccionados, solo deja ciego a los enemigos.
-Me acuerdo muy bien de ellos, tienen que cuidar a quienes se lo venden, Malfoy ya los uso en nuestra contra, y no queremos que más mortífagos lo hagan.
-Si lo sabemos, y nos arrepentimos mucho por eso. Esta mini esfera que ves puede dejar ciego a todos los que se encuentren en un perímetro de 15m y vean la luz que emana de ella, tienes 5 segundo para cubrirte luego de activarla, es muy potente, a algunos magos no muy fuertes puede paralizarlos, te da unos 30 segundos de efecto.
-Genial¡ Capas y guantes escudo les queda? –preguntó el ojiverde.
-Nos quedan algunas, son las mas exigidos, pero para ti los que necesites.
-Gracias George, me voy a llevar dos pares de guantes y tres capas escudo, una buena cantidad de polvo de oscuridad, tres falsicmage y cuatro de las esferas que enceguecen y paralizan.
-Bueno¡ parece que te estuvieras preparando para enfrentarte contra todos los mortífagos. –río Fred, pero ante la expresión sombría de Harry se cayó- Agarra lo que necesitas, conociéndote seguro que te metes en problemas, y no se te ocurra pagar.
Bajo la amaneza de no pagar, salió de la trastienda y se despidió de los gemelos, también se llevo un par de bromas para hacerle a su primo. Una vez que salió de la tienda, metió todo en su baúl y luego lo encogió como para que entrara en uno de sus bolsillos. Se quiso aparecer en su cuarto, pero algo le impidió, y fue a para a un par de cuadras de la casa de sus tíos, había chocado contra alguna especie de escudo.
Cuando estaba llegando a la casa, tres hombres de la orden del fénix le detuvieron el paso, entre ellos ojoloco.
-Harry¡ donde diablos estabas? Se supone que del ministerio vendrías para acá directo. Y por que vienes caminando? Todos estaban preocupados y buscándote. Como te desapareces así¡ -exclamó Moody.
-Lo siento, pero tenía que comprar un par de cosas en el Callejón Diagón, además ya puedo hacer magia para defenderme, se cuidarme. Y con respecto a los de venir caminando, es porque no me pude aparecer en mi cuarto –respondió el chico.
-Nos olvidamos de informarte del escudo anti-aparición. Pero igual es una total imprudencia que te estés paseando por ahí solo, por más que puedas hacer magia. Que se te cruzó por la cabeza? Más en el Callejón Diagón que puede haber todo tipo de magos. Ahora ve y métete en la casa y NO salgas, yo le voy a avisar a los demás que estas bien –ordenó ojoloco.
-Lo siento, no quise preocuparlos; pero ya no soy un niño que lo pueden dejar encerrado y que espera que siempre lo protejan, me cansé de eso. Se que se preocupan por mí y me cuidan, peor muchas veces no se si es por ser el niño que vivió o simplemente Harry –soltó enojado y se marcho de ahí.
