Just Made To Touch
Notas de la Autora: Un capítulo de una sola escena XD No sabía como acortarla ni cómo complementarla con alguna otra... Así que al final me he decidido a dejarlo así y ya en el siguiente capítulos habrán más personajes por ahí y tal v.v Lo siento pero Squall no sale XD
Rinoa Haatirii: Espero que este segundo capítulo también esté a la altura pues!! Ya ves que parece que sale a buen ritmo XD En fin, aquí Rinoa no hace tantas tonterías pero entra un poco más en el por qué está tan.... liada XD Y bueno, la cosa empezará a ponerse un poco más interesante en el siguiente capítulo o el otro. Si llegados a la parte "seria" te sigues identificando con ella yo me preocuparía XD Y ahora... a leer!
CAPÍTULO II: PERDIDA DURANTE UN INSTANTE.
- ¡Porque los domingos fueron inventados para esto! - gritó aquella bolita de energía y felicidad corriendo playa abajo, y yo no pude evitar hacer el mismo comentario de cada domingo.
- Selphie, no corras... - dije con aquel tono de mujer de 30 años preocupada por el bienestar de aquella pequeña niña de cinco. Sí, es todo una metáfora. Sólo le saco un año al fin y al cabo.
Llegamos a aquel pequeño rincón de la costa de Linar donde las tres solíamos pasar las mañanas de los domingos y mientras yo colocaba mis cosas sobre la arena Selphie ya tenía un pie dentro del agua.
- Como te encuentres un Focarrol no pienso ayudarte esta vez... - dijo Rinoa dándome la espalda, colocando sus cosas unos metros a mi izquierda, dejando que la mochila que Selphie había abandonado tirada en el suelo quedase entre ambas.
Se quitó aquel fino vestido de verano como tantas otras semanas y se dirigió hacia el agua con un paso tranquilo y seguro, y yo me acomodé sobre mi toalla, bajo la sombra de aquella gran palmera, y abrí un libro ante mí.
Pero no podía evitar mirar de tanto en tanto hacia delante, en aquellos tres días Rinoa iba convirtiéndose cada vez en algo más parecido a un zombi, casi me daba miedo que al entrar en contacto con el agua su piel empezase a deshacerse como si realmente estuviese pudriéndose poco a poco.
Una imagen desagradable, lo sé. Pero deberíais haberla visto deambular de un lado para otro como si el medidor de la energía que siempre había irradiado por cada poro de su piel estuviese vacío casi por completo.
Estando allí, en la playa, como habíamos hecho cada domingo de lo que llevábamos de aquel verano, la cosa no parecía haber cambiado mucho. Selphie chapoteaba constantemente a su alrededor, intentando animarla seguramente, mientras ella continuaba en el agua, algo echada hacia atrás, moviendo lentamente los brazos para mantenerse a flote mientras mantenía los ojos cerrados y parecía regañar a la otra muchacha para que dejase de molestarla. Eso parecía, porque desde allí no podía oírlas muy bien.
- Sólo te falta ponerte el pelo tapándote la cara y vestirte de negro... y empezar a escribir poesía sobre la belleza de la muerte y la insignificancia de la vida... - dijo Selphie dando una patada bajo el agua y volviendo a mover una pequeña ola que me mojó la cara.
- Y a ti sólo te falta meterme los dedos en los ojos y en la nariz y serás todo lo molesta que jamás puedas... - le contesté yo intentando escurrir el agua de mi cara con las manos, dándole la espalda por unos instantes.
Cuando me volví a girar hacia ella había una sonrisa en su cara que he de confesar que me asustó por un instante. Sólo un instante, porque antes de poder imaginar lo que significaba se me tiró encima intentando meter un dedo en mi nariz. Aquella chica era así, dale una idea que le parezca estúpida y ni se lo pensará antes de llevarla a cabo.
- ¡Para, Selphie! - le dije intentando quitármela de encima con todas mis ganas, moviéndome como buenamente podía hasta estar unos metros más cerca de la orilla, donde mis pies tocasen el fondo y no corriese peligro de terminar ahogada por culpa de aquella muchacha.
- Así no es divertido venir a la playa... - dijo apartándose finalmente de mí, dejando que su labio inferior sobresaliese un poco al cerrar la boca.
- Estoy cansada, Selph... no tengo ganas de jugar hoy... - dije yo simplemente.
- ¿Te has peleado con Quisty...? - preguntó de repente, poniéndose seria por primera vez desde que vino a buscarme a mi habitación aquella mañana, bien temprano.
- ¡Claro que no! - contesté yo tal vez con demasiado ímpetu - ¿Por qué preguntas eso?
- Porque no le has hablado en todo el camino hasta aquí... - me acusó ella vilmente.
- Tampoco te he hablado a ti... - contesté yo poniéndome a la defensiva – No me pasa nada con ella, estoy un poco así... - dije poniendo cara de fastidio.
- No has hablado con ninguna de las dos por el camino, pero ahora estás hablando conmigo tan tranquilamente, así que el problema tiene que haber sido que te hayas peleado con Quisty o algo... - dijo ella mirándome como si sospechase de mí – ¿No habrá intentado... algo con Squall...?
Yo miré hacia ella y no pude evitar reír ante tal comentario. No había intentado nada con Squall, la verdad es que ante él se mostraba con total indiferencia desde que habíamos vuelto de aquella épica batalla. En caso de que aún sintiese algo hacia él lo ocultaba mucho mejor de lo que jamás habría imaginado.
- ¿Y esa pregunta a qué viene...? - dije yo aún riendo por lo bajo.
- Bueno... a ella le gustaba... - dijo Selphie mirando hacia la playa, donde Quistis continuaba concentrada en su lectura – Ahora las cosas entre tú y él están un poco raras... Tú has dejado de hablarle...
- ¡No he dejado de hablarle! - volví a asegurarle algo molesta.
Realmente no lo había hecho, sólo daba la casualidad de que cuando ella estaba cerca tenía menos ganas de hablar... en general. ¿Nadie se había dado cuenta de que estaba menos conversadora durante todo el día? No estaba de humor, eso es todo.
- ¡Quisty! - gritó de repente moviendo ambos brazos en el aire, intentando llamar la atención de la otra muchacha.
Quistis levantó la mirada hacia nosotras y se quitó las gafas que descansaban sobre su nariz.
- ¡Mira en mi mochila! ¡He traído una pelota de boley! - le dijo haciéndole un gesto para que se la tirase.
Quistis alargó la mano hacia la mochila de Selphie y sacó un balón de color naranja, se acercó un poco hacia la orilla y lo lanzó hacia nosotras. Volvió a girarse en cuanto la pelota tocó las manos de Selphie y dio un par de pasos de nuevo hacia su toalla.
- ¡Espera! - dijo Selphie haciendo que parase y se girase de nuevo – ¡Ven a jugar con nosotras! Entre tres es más divertido – le pidió con aquella odiosa carita de súplica que tan bien sabía usar.
Quistis se quedó a dos pasos del agua, cruzada de brazos, y por un minuto parecía considerar la propuesta de unirse a nosotras. Normalmente éramos Selphie y yo las que no salíamos del agua en todo el rato que estábamos en la playa, Quistis se daba un chapuzón en muy raras ocasiones, sólo si hacía mucho calor o si había terminado el libro que hubiese llevado aquel día.
No he comentado nada sobre su aspecto, ¿lo habéis notado? A vosotros no os puedo engañar, casi no me había parado a mirarla por miedo a descubrirme admirando cómo le quedaba aquel bikini, tampoco me he parado demasiado a explicar por qué hablaba más o menos cuando ella estaba cerca. Era mucho más fácil poner cara de perrito abandonado y fingir que era sólo el asunto de Squall el que me ponía de un humor extraño.
Pero sí, aquel maldito bikini verde oscuro le quedaba realmente bien. La suerte es que la manera en que mi mente hizo aquella observación no dejaba de ser "normal". Yo era una chica que observaba cómo le quedaba la ropa a una amiga según mi punto de vista femenino y sin interés más allá de la admiración estética hacia la moda. Nada más.
Pero le quedaba realmente bien.
Dio ese par de pasos y empezó a entrar en el agua, y Selphie se giró hacia mí con una sonrisa maliciosa. Sólo entonces entendí que debía actuar con cautela, aquella chica estaba convencida de que me pasaba algo con Quistis y mi mayor prioridad era convencerla de lo contrario.
Finalmente me decidí y me metí en el agua estremeciéndome levemente al sentir lo fría que estaba. Nada realmente molesto en un caluroso día de agosto, pero el cambio de caliente a frío era algo que no me resultaba demasiado agradable así de golpe.
- Venga, Rinny, aléjate un poco – dijo Selphie empujando a Rinoa para que se quedase entre ella y yo – ¡La quedas!
Rinoa dejó escapar un gruñidito frustrado e intentó quejarse.
- De eso nada, no tengo ganas de estar corriendo detrás de la pelota como una idiota – dijo enfadada.
- Pues no lo hagas, intenta cogerla y ya está – le contestó Selphie tirando la pelota en el aire, hacia mí.
Yo la atrapé y Rinoa se giró hacia mí. Después volvió a girarse hacia Selphie con una expresión que no pude ver y Selphie le devolvió una sonrisa de oreja a oreja y le levantó una ceja. Un gesto sospechoso, ¿le habría contado Rinoa algo?
Justo lo que necesitaba, más rumores sobre mi orientación sexual pululando por el Jardín. Sólo que esta vez seguramente serían más gordos, si Selphie tenía sospechas de algo en unos días lo sabría todo el mundo. Si tenía sospechas seguramente lo sabrían ya.
Sí, había algunos rumores por ahí rondando. Se basaban en el hecho de que no mostrase interés aparente hacia ningún hombre, en que me enfadase bastante cada vez que Irvine intentaba halagarme en público (algo que también molestaba bastante a Selphie), en que la relación más estable que se me conocía había sido con Shu durante mis años de estudiante (como amigas... no mal penséis como hacían el resto de personas de aquel Jardín) y en que no me molestase lo más mínimo que en ese club de fans que me habían montado hubiese más de una chica poniéndome ojitos cuando nos cruzábamos por los pasillos.
La gente es así de morbosa, dales motivos para malpensar y malpensarán.
Pero en este caso era distinto, estamos hablando de una chica que podría haberme acusado de haber intentado tener algún tipo de acercamiento más allá de la amistad hacia ella. Pero tampoco era como para acusarme por ello ¿no? Realmente no había sido para tanto...
Supongo que no es del todo justo, tampoco sabéis qué ocurrió exactamente. ¿Os apetece un pequeño flashback? Muy bien...
Después de haber tenido a Rinoa bastante nerviosa y enfadada el día que tuvo la última conversación sobre lo bonito que era abrirse y confiar en los demás con Squall, Selphie y yo la observamos ir perdiendo brillo y optimismo día tras día. Sin embargo no volvió a contarnos nada.
Una semana atrás más o menos volvieron a discutir, y de nuevo volvimos a encontrarnos Selphie y yo en una de aquellas sesiones de ir de tiendas y darle palmaditas en el hombro mientras ella intentaba (sin conseguirlo demasiado) no lloriquear a la vez que maldecía al amor una y mil veces.
Y dos días después Selphie apareció a las 11 de la noche en mi habitación con un montón de alcohol y ganas de animar a Rinoa de una vez por todas. Me arrastró hasta la habitación de la chica y allí nos dedicamos a beber, contar chistes estilo "¿En qué se parece un hombre a...?" y tonterías así.
La verdad es que fue entretenido, ninguna de las dos intentamos preguntarle nada a Rinoa sobre Squall ni intentamos que saliese el tema de su relación, el plan de Selphie parecía ser quitarle peso y protagonismo a todo aquel asunto y hacer que Rinoa viese la parte "graciosa" de la delgada línea de incompatibilidad que a veces había entre hombres y mujeres. De cualquier manera, pasamos un rato bastante relajado las tres juntas.
Hasta que Selphie empezó a hablar sin vocalizar lo más mínimo. Hacía ya un buen rato que Rinoa y yo habíamos dejado de beber, en mi caso me bastaba con cuatro o cinco chupitos para empezar a enfocar la vista de manera extraña, así que llegados a ese punto solía contenerme. No me gustaba hacer demasiadas idioteces.
Selphie sin embargo no parecía ver ese límite. Continuó bebiendo y diciendo disparates (cosa que no estuvo tan mal, Rinoa y yo nos reímos bastante a su costa), sin embargo en el momento en que intentó ponerse de pie para deleitarnos con una de sus famosas imitaciones de Cid y perdió el equilibro, cayendo sobre la cama de Rinoa y necesitando más que un par de minutos para poder sentarse de nuevo sobre su superficie, decidimos que ya había tenido suficiente.
Llamamos a Irvine y éste vino en contra de su voluntad, regañándole por ser tan irresponsable (Sí, Irvine tenía esos puntos maduros a veces) y luchando para guiarla hasta su habitación (Justo al otro lado de aquel pasillo, al lado de la mía) sin que vomitase, se cayese o gritase demasiado por el camino.
Ambos desaparecieron y, al cabo de un minuto en que continuamos riendo, recordando la manera en que Selphie había llamado "mami" a Irvine nada más verlo entrar en la habitación, yo me levanté del suelo dispuesta a retirarme a mi propio dormitorio.
"Gracias..." dijo ella justo cuando me giré hacia la puerta.
Y yo simplemente me volví de nuevo hacia ella y le dediqué una cálida sonrisa. "De nada... cualquier cosa que necesites..." fue lo que le contesté.
Y ella también sonrió y dijo algo sobre cómo había dejado de reír con tantas ganas desde que habían empezado las discusiones con Squall.
De verdad que no pretendía que hablase de él, pero para mi sorpresa la muchacha lo hizo sonriendo, sin perder los nervios ni enfadarse por recordarlo.
Yo me senté a su lado, sobre la cama, mientras ella empezaba a enumerar sus teorías de por qué aquella relación no podría haber funcionado, y para mi sorpresa coincidía bastante con todo lo que yo había ido viendo venir desde hacía tiempo.
La chica hablaba con media sonrisa y un aire tranquilo, como aquel que empieza a entender que no merece la pena luchar por una causa perdida, porque la meta por la que luchabas ha dejado de existir del todo.
Durante todo aquel rato yo simplemente la oí, mirándola en silencio, y cuando me miró con aquella sonrisa sentí que era mi momento de poner una mano sobre su hombro y decirle "todo pasará... es sólo cuestión de tiempo..."
Y en lugar de aquello me encontré besándola.
Selphie seguía sonriendo y Quistis estaba detrás de mí, esperando con aquel balón entre las manos. Negarme a jugar con ellas sería permitir que Selphie viese que realmente pasaba algo con ella. Y hacerlo era tener que acercarme a ella e intentar quitarle aquella pelota.
Me giré hacia Quistis y ésta continuaba esperando de pie, con el agua llegándole hasta el ombligo, sólo mojada hasta un palmo por encima de ese punto. Me acerqué a ella a un paso algo perezoso y con cara de estar haciendo aquello en contra de mi voluntad, pero la muchacha tuvo el detalle de lanzar el balón hacia Selphie antes de que llegase a acercarme del todo.
Aquella estúpida bola pasó sobre mi cabeza y yo me giré para ver cómo aterrizaba en las manos de Selphie.
- ¡Ponle ganas, mujer! - me gritó saltando un par de veces.
Fruncí el ceño y me moví esta vez hacia ella, aún al mismo paso aburrido, justo cuando estaba a un paso de ella y levanté ambos brazos intentando evitar que la pudiese lanzar por encima de mí Selphie saltó hacia atrás y la lanzó más alta aún, aterrizando un par de metros más lejos de Quistis y más cerca de mí.
Si cogía la pelota dejaría de estar en el centro y no tendría que hacer la idiota, así que si me tomaba aquello en serio terminaría antes.
Sabía que a Quistis no le gustaba tener que mojarse de sopetón y que si avanzaba hacia la pelota el agua le llegaría casi hasta el pecho, así que si me daba prisa llegaría a atraparla antes que ella.
Di un par de zancadas ayudándome con los brazos y corrí hacia el balón, pero Quistis hizo el mismo gesto cogiendo aire rápidamente al sentir el agua subiendo más allá de su estómago.
Yo me paré en cuanto vi que había cogido el balón, y ella extendió un brazo ante mí, intentando evitar que me acercase más.
- Ni se te ocurra salpicar... - me advirtió con cara de asustada.
Que me dijese aquello me hizo sentir un poco mejor, al principio había parecido que había movido aquel brazo de manera instintiva para evitar que me acercase demasiado a ella. Era la primera que intentaba mantenerme un poco apartada de ella, pero la idea de que ella lo intentase también me hizo sentir mal por un momento.
Seguramente como se sentiría ella misma viendo que me comportaba de manera fría hacia su persona desde hacía tres días.
La verdad es que no estaba siendo justa y en aquel momento me di cuenta de que tal vez estaba exagerando.
Quistis volvió a tirar el balón y esta vez, cuando me tiré hacia Selphie ésta no me dejó acercarme tanto.
- ¡No la cogerás nunca, lentorra! - me gritó con una sonrisa radiante.
Yo me giré hacia Quistis y vi que sonreía hacia mí, seguramente entretenida con la expresión de mosqueo que debía empezar a aparecer en mi rostro. Si cogía la pelota no tendría por qué continuar allí en medio haciendo la idiota, y si mostraba algún tipo de gesto amistoso hacia Quistis ella no se sentiría mal y Selphie se quitaría esa estúpida idea de que estaba enfadada con ella.
Así que me acerqué a Quistis, y justo cuando ella empezó a levantar los brazos para tirar la pelota otra vez hacia Selphie empecé a empujar el agua con ambos brazos hacia ella, haciendo que se mojase del todo.
Quistis dejó escapar un leve y agudo grito de sorpresa y la pelota se le escapó de las manos cayendo justo frente a mí.
- ¿No iba a cogerla nunca? - dije sosteniéndole ante mí y girándome hacia Selphie con una sonrisa triunfante – Te toca ponerte en medio...
Quistis me miraba completamente empapada, con la boca aún entreabierta y una expresión entre incrédula y molesta. Pasé a su lado con una sonrisa autosuficiente y altiva y los ojos cerrados, y ella se colocó entre Selphie y yo.
Pero la muchacha parecía un poco más astuta y vengativa de lo que yo había esperado.
Tiré la pelota hacia Selphie, y sólo entonces Quistis hizo el intento de tirarse a toda velocidad contra ella, pero no era esa su intención.
Nada más verla acercarse Selphie no agarró la pelota, directamente la golpeó en el aire para que volviese hacia mí antes de que Quistis se le tirase encima. Pero antes incluso de que Selphie hubiese terminado de golpear la pelota Quistis se tiró hacia mí, sumergiéndose en el agua de cabeza, y cuando agarré la pelota con ambas manos y miré frente a mí no sabía donde estaba.
No lo supe hasta que noté cómo una mano agarraba uno de mis tobillos y tiraba de mí haciendo que terminase hundida bajo el agua.
Durante unos segundos luché por salir a la superficie, antreabriendo un ojo mientras un leve grito sorprendido salía de mi garganta en una nube de pequeñas burbujas, y bajo el agua pude distinguir durante un instante la figura de Quistis, que se movió ágilmente sobre mí.
Un segundo, pero bajo el agua todo pasa a cámara lenta.
La borrosa imagen de su sonrisa estaba a meros centímetros de mi cara, y me mantenía sujeta bajo el agua con una mano sobre mi hombro y la otra rodeando mi cintura.
Una sonrisa y se movió rápidamente hacia arriba. La mano que había tras mi espalda se movió acariciando de manera sinuosa mi cintura y me empujó levemente con la otra sobre el hombro, haciendo que mi cuerpo se hundiese un poco más y tomando ella impulso para salir a la superficie.
Al cabo de unos instantes yo hice lo mismo y salí cogiendo una gran bocanada de aire. Quistis estaba detrás mía, sujetando la pelota felizmente bajo uno de sus brazos, y movió el otro en un gesto despreocupado, indicándome que debía volver de nuevo al centro de aquella escena.
Y yo la miraba completamente seria como una idiota, con el agua resbalando de mi pelo y chorreando por mi cara, mientras cogía aire de manera rápida y nerviosa. Qué gesto más estúpido e insignificante había sido aquel, pero había tenido el mismo efecto que aquel maldito beso.
Y yo pretendía no darle importancia.
¡Dejad de pensar que estoy loca! No sabéis como fue aquel beso ¿vale?
Imaginad que por primera vez en vuestra vida sentís un beso. Por primera vez.
Lo siento si decir algo así es dejar los besos de Squall como algo sin importancia, realmente no era así del todo. Los gestos físicos que Squall y yo habíamos compartido habían sido maravillosos, pero desde aquella noche en mi habitación, después de la dichosa fiesta de chicas de Selphie era como si ninguno hubiese sido del todo real.
Yo había pasado aquellas dos o tres horas que ambas me regalaron de buen humor por primera vez desde hacía días. La verdad es que fue realmente divertido, y en ese momento no había más que agradecimiento en mí. Selphie se fue y yo empecé a hablar con Quistis con sinceridad.
Yo misma me sorprendí, no hubo un sólo insulto hacia Squall ni un sólo puchero ante todo lo que ocurría con él. Empezaba a entender que las cosas habían salido así, simplemente, y que por poco que me gustase no me quedaba más opción que asumirlo y actuar en consecuencia.
Y cuando la miré Quistis seguía sentada a mi lado, mirándome en silencio, con media sonrisa en los labios.
Nunca había hablado tan sinceramente con ella, y la verdad es que nunca me había parado a verla como una amiga tan cercana. Nos llevábamos bien y poco más. Era distinta a Selphie, supongo que por eso nunca había tenido un papel tan llamativo como ella.
Selphie era más parecida a mí pero a un nivel completamente distinto. Era una fuerza irresistible capaz de arrastrar a cualquiera hacia donde ella quisiese. Selphie era la amiga imposible de odiar. Quistis por otro lado era la parte serena de aquel trío amistoso que se mantenía en silencio mientras oía pacientemente.
Por eso supongo que podía hablar con ella tan fácilmente, sin sentirme juzgada ni presionada, y por eso supongo que hasta ese momento no me había parado a hacerlo. Quistis era la amiga que nunca te odiaría.
Hubiese esperado cualquier cosa de ella, cualquier consejo, cualquier opinión. Tal vez un gesto compasivo como una sonrisa cálida y nada más. Pero en lugar de todo aquello hizo la única cosa que no esperaba. Besarme.
Se movió hacia mí, cerrando aquel par de palmos que nos separaban en un movimiento y con una velocidad tranquila y segura, y sus labios tocaron los míos como si aquel fuese el gesto más natural del mundo.
Demasiada naturalidad, eso es lo que hubo en el primer instante, por eso mismo creo que no tuve la opción de apartarme de ella.
Y no sabría deciros cuanto tiempo estuvimos así, sus labios sobre los míos, moviéndose de forma sutil y suave mientras mis ojos se iban cerrando poco a poco sin que me diese cuenta. Por un instante me perdí por completo.
No sabía dónde estábamos, ni siquiera terminaba de entender quien era esa persona que me estaba besando ni quien era yo misma.
Por un instante parecía que ambas habíamos dejado de existir.
Hasta que se separó de mí, mirando hacia mi boca, murmuró un "buenas noches" que no sonó más que a un débil susurro y salió de mi habitación.
Bien podría haber sido todo un sueño.
No había sido necesario acercarme tanto a ella bajo el agua ni colocarme sobre su cuerpo. Habría bastado con tirar de su tobillo hasta que perdiese el equilibrio y salir yo a la superficie para agarrar la pelota. Pero casi no pude evitar hacerlo.
¿Eran otra vez un montón de circunstancias que me habían empujado a acercarme un poco más de lo estrictamente necesario? Tal vez sólo intentaba que viese que podíamos llevarnos como siempre sin que un gesto tan simple como que mi mano estuviese rozando su cintura significase realmente nada.
En cualquier caso, si esa había sido mi intención al moverme hacia ella bajo el agua, no había funcionado demasiado.
La cara de Rinoa volvía a estar completamente roja y continuaba mirándome como si su cabeza estuviese en otra parte.
- ¿Ves...? - dijo Selphie acercándose a Rinoa – Aunque la cojas terminarás llevándola otra vez. Eres malísima...
Rinoa no contestó nada, así que Selphie le colocó ambas manos sobre los hombros y sólo entonces dio un pequeño saltito y se giró hacia ella.
- ¡No pienso llevarla otra vez! - gritó por fin, al parecer consciente de nuevo de dónde estaba y quién era.
- Pues te ha tocado... - dijo Selphie apartándose de ella y haciéndome un gesto para que le pasara la pelota una vez más.
- ¡De eso ni hablar! - dijo mirándome con el ceño fruncido, y se comenzó a alejar de ambas volviendo hacia las toallas.
Selphie nadó hasta estar a mi lado y me miró con una ceja levantada.
- ¿Tú te has peleado con ella...? - me preguntó de repente.
Que dudase de algo así era algo bueno, significaba que Rinoa no le había contado nada de lo que había ocurrido.
- No... - contesté fingiendo a la perfección naturalidad en aquella respuesta.
Ella sin embargo se limitó a mirarla con cara de sospecha mientras Rinoa agarraba su toalla y empezaba a secarse el pelo.
- Está rarísima... - comentó mientras se dejaba caer una vez más hacia atrás y daba un par de brazadas, moviéndose en el agua hacia la parte donde cubría un poco más.
Tenía razón empezaba a estar más rara de lo que incluso yo hubiese esperado.
