- "¿Milo?" –

El calor de Grecia lo sofocaba. Completamente. Él amaba ese país, y aún más, amaba el Santuario de Athena, era su hogar, su protección.

¡Pero por Zeus que como odiaba el calor asfixiante!

Si bien, la temperatura aminoraba notoriamente en las noches. No podía soportarlo. Había sido echo para el frío, su propio cosmos era hielo y nieve. Por eso el verano, solía ponerlo molesto. Y lo agotaba. Debía mantener su cosmos activo la mayor pare del día para mantenerse frío.

¡Y peor aún!

¡Tenía que soportar a sus compañeros de armas pedirle siempre ser el aire acondicionado del Santuario!

- "¿Qué haces aquí?" –

Por eso agradeció profundamente cuando su Diosa, Athenea, la de los ojos de lechuza, comprendiendo su incomoda situación, aceptó de buena manera, que el caballero Camus de Acuario, se fuera a Siberia durante los meses mas cálidos. Regresando cuando la temperatura bajara lo suficiente o bien, cuando ocurriera una emergencia, llámese Guerra Santa.

- "¿Tu que crees?" –

Camusestaba contento de poder dejar aquel 'infierno' como él le llamaba. Pero había alguien que no estaba del todo de acuerdo. Milo.

El caballero de Escorpio había estado acompañándolo en lo que seria su última tarde en Grecia, al menos, su última tarde de los próximos meses. Aunque Milo no le dijera nada, Camus sabía perfectamente que su compañero estaba molesto por su partida.

Milo era alguien alegre y muy sociable, por eso Camus no podía entender por que el griego se enojaba tanto con él. El caballero de Escorpio siempre podía encontrar a alguien más a quien molestar.

Acuario terminó de empacar, Milo hacía rato que se había quedado callado, sentado al borde de la cama. Camus suspiró y se sentó a su lado, dejando que el silencio se hiciera entre los dos.

- "Eres muy desconsiderado" – Dijo Milo en voz baja. Camus aceptó el reproche y supo que al fin sabría el por que de su molestia -

- "¿Por qué?" – Contestó suavemente y en voz baja, mirando de soslayo a su amigo -

- "Por que te vas, como siempre, y me dejas solo, como siempre" –

- "¿Y eso te molesta?" –

- "¡Si!" – Se levantó y encaró directamente a su compañero que se mantenía impasible – "Desde que te conozco has sido esquivo y lo acepto, frió y lo acepto, indiferente con todos y lo acepto, lo que no acepto es que seas esquivo, frió e indiferente conmigo. Yo que te considero mi mejor amigo" -

Camus no respondió. Miraba fijamente a Milo. En verdad se veía que le dolía su partida. Acuario no podía entender el por que lo consideraba su amigo, mucho menos su 'mejor amigo'. Camus siempre se había dedicado a ser estoico con todos, por eso el griego se le hacía un caso extraño. Escorpio tenia una habilidad extraña en entenderlo que a veces le daba miedo.

Pero Acuario también sabía cuando Milo estaba feliz o triste, cuando decía la verdad y cuando mentía. Camus leyó en los ojos de Escorpión tristeza. Tal vez, y solo tal vez, en verdad a Milo le dolía su partida

- "¿Quieres venir conmigo?" – Preguntó seriamente, recordaba que alguna vez, cuando eran aprendices, Milo le había dicho que él siempre había querido conocer el lugar de entrenamiento de su amigo. Y saber como eran los muros de hielo eterno –

- "Sino fuera por que te estoy reprochando, nunca te habrías dado cuenta y no me lo pedirías ¿Cierto?" – Dio la media vuelta dispuesto a irse – "No, no quiero" –

- "Como quieras, pero si cambias de opinión, sabes donde buscarme" -

Milo abandonó la habitación y el templo. Camus se quedó mirando la puerta durante algunos segundos, hasta que al final suspiró resignado. Así que era eso. Milo creía que él lo apartaba de su vida siempre que podía.

Irónico. Camus siempre había creído que era él una molestia para su 'amigo'. Pero tal parece que se había equivocado. Y terriblemente.

Acuario partió rumbo a Siberia esa misma noche. Usando la velocidad de la luz llegó casi inmediatamente a su destino.

Muchos días pasaron sin novedades, los días que las tormentas de nieve aminoraban, el caballero pasaba la mayor parte del día entrenando. Cuando no, se la pasaba en la cabaña… aburriéndose.

En una de las tantas tormentas, Camus logró percibir un cosmos acercándose rápidamente hacia la cabaña, antes de que el intruso pudiera si quiera tocar la puerta decidió abrirle, su sorpresa era muy grande al ver al custodio de la octava casa cubierto de nieve y muerto de frió hasta los huesos

- "… Creo que eres un idiota. Podías al menos esperar hasta que pasara la tormenta" -– Contestó el francés, dejando pasar a su amigo, ayudándolo con su mochila –

- "¿Y arruinar la sorpresa?" –

- "…Mejor cámbiate de ropa y acércate a la chimenea" -

Milo asintió mostrando cierto orgullo, contento de estar por primera vez en Siberia

- "¿Por qué estas aquí?" – Pregunto Camus, minutos después, ambos sentados frente a la chimenea, Escorpio con una copa de vino, cortesía de Acuario – "¿Hay algún problema en el Santuario?" –

Milo negó con la cabeza

-"¿Qué no puedo cambiar de opinión y venirte a visitar?" –

- "Creí que estabas molesto" –

- "Y lo sigo estando" –

- "¿Entonces?" –

- "¿Entonces que?" – Milo bebió de golpe todo el contenido de su copa – "Eres mi amigo Camus, aunque tu no lo consideres así, y a los amigos se les perdona y se les da segundas oportunidades, no lo eches a perder ¿Quieres?" –

Milo le devolvió la copa y se frotó ambas manos, para extenderlas hacia el fuego. Camus, por su parte, se le quedó viendo fijamente, por alguna extraña razón, la última frase de Milo le había caído en gracia

- "Esta bien, no lo 'echaré a perder' ¿Cuánto tiempo piensas quedarte?" –

- "Hasta que me corras o me muera de frío, lo que suceda primero" – Contestó acomodándose el abrigo que le prestara el francés –

- "Una semana" –

- "¿En una semana me corres o me muero de frió?" – Preguntó Milo curioso –

- "Ambas" – Respondió Camus con una ligera e imperceptible sonrisa. Agradecía esa manera de ser de Milo, con sus tontería siempre lograba ponerlo de buen humor.

El resto de la tormenta se la pasaron platicando, hasta que esta cesó, momento aprovechado por Milo para abandonar la cabaña, completamente abrigado de pies a cabeza, contrastando notoriamente con la ropa ligera de Camus

- "Creo que moriré antes de lo planeado" – Dijo Milo siguiendo a su amigo por la tundra –

- "Si haces eso te perderás del espectáculo" –

- "¿De cual?" –

- "Ya lo verás"

Camus no dijo más y siguió caminando, a ratos más despacio para que el griego le diera alcance, el pobre estaba muerto de frío y aún así no se quejaba demasiado. Un rato después alcanzaron su objetivo, Acuario caminó hasta un precipicio deteniéndose al borde de este.

- "Aquí es" –

- "Ya era hora" – Resopló Milo alcanzándolo. Su sorpresa fue enorme al ver el espectáculo frente a sus ojos –

- "¿Te gusta?" – Preguntó Camus expectante –

- "¿Estas bromeando?" – Milo tenia los ojos completamente abiertos – "Es mucho mejor a lo que alguna vez imaginé" –

Frente a sus ojos, se mostraban los 'Muros de hielo eterno' brillando majestuosos, imponentes y fuertes, soportando cualquier cambio, inquebrantables a la naturaleza misma y destellando haces de luces multicolores, producto de la refracción de los pocos rayos de sol que lograban alcanzarlos.

Milo sonrió. Al fin uno de sus sueños estaba hecho.

Camus también sonrió, pero por motivos diferentes, sin proponérselo por fin había captado que en Milo podía en verdad contar con un fiel y sincero amigo y mejor aún, que en verdad a él le importaba.

Algo que jamás había siquiera pensado que ocurriría.

- "¿Milo?" –

- "¿Si?" – Respondió sin dejar de prestar atención al panorama –

- "Me alegra que te gustara" –

- "Aja" -

- "Y… gracias por venir a visitarme… amigo" –


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- "Honestamente… nada" -

- "¡¿Entonces?!" – Levantó ligeramente el tono de voz – "¿Para que rayos me tienes aquí?" –

- "Por que quiero que me escuches" – Aclaró, dejando a su hermano sin saber que decir, se recargó en el respaldo de la silla, y cruzó su pierna derecha, analizando detenidamente sus palabras – "Saga, en unas horas me iré al Templo Submarino…" –