¡Hola! Cumplo con mi promesa, acá la segunda parte de la historia. Espero que les guste.
Este fic sigue siendo dedicado a KibumiWong que me inspira escribir cosas cursis. :B
Disclaimer: Ninugun personaje me pertenece, ni el titulo. Solo amo mucho a Poe.
Si le hubieran preguntado a Diaval ¿Cómo terminaría su sábado? Sin duda no hubiera respondido, sentados en el parque con la mujer que admiraba ya hace varios meses.
Y sí, puede que muchos no crean en el amor a primera vista, pero la primera vez que Diaval vio a Maléfica, cayó rendido ante ella. Es como si sintiera que se conocieran de otra vida, era tan extraño, tan ficticio, pero a la vez tan real.
En un comienzo decidió pasar completamente desapercibido, solo la admiraba de lejos, creyendo que sería un sentimiento pasajero.
Por un mes trató de no ir al café "El Paramo". Pero de nada sirvió, ya que cuando volvió siguió igual, o peor.
Corría con la suerte, o mala suerte, de que siempre iba cuando el café estaba lleno, o había más baristas con ella.
Fueron seis largos meses de dulce tortura entre el deseo y la negación.
Hasta ese sábado que cambio todo. Diaval disfrutaba de los sábados a la mañana en el café, era tranquilo, nunca había gente, solo ese barista, Maléfica dijo que se llamaba Steffan, era raro, nunca hablaban. Él solo iba, pedía su café, leía un poco y luego se retiraba.
Pero al llegar esa mañana y verla sola, fue una oportunidad que no pudo desperdiciar. Tal vez fue un poco agresivo al hablarle, pero era su manera de ser y no podía darse el lujo de arriesgarse a algo sin tantear el terreno. Así no era él.
Calculo cada palabra y cada reacción de ella.
Luego de aceptar su invitación, a las 15 en punto se encontraba fuera del café, recostado en la pared esperándola.
Se llevaron café del local y fueron caminando al parque. De a poco las palabras hostiles de ella fueron remplazadas por un sentimientos de interés, hasta parecía lo más normal del mundo hablar con ella. De nuevo esa sensación de conocerse hace tiempo volvió a invadirlo.
- Entonces, ¿estudias Arqueología? – Cuestionó el de pelo azabache.
- Sí, auque solo deseo especializarme en Egiptología. Las civilizaciones antiguas son tan fascinantes, y los egipcios tenían una cultura muy avanzada y rica en conocimientos – Continuo hablando Maléfica, con sus ojos brillando de emoción.
Diaval la miró fascinada, por la pasión que ponía en cada palabra que escapaba de sus labios. Su interés hacía la muchacha amentaba cada minuto que pasaba a su lado.
- ¿Y tu? ¿Qué estudias?
El moreno salio de su sopor, y se puso a jugar con el vaso de café vacío que se encontraba entre sus manos.
-Mmm... Adivina.
-No tienes cara de ratón de biblioteca…
La carcajada de Diaval invadió en el aire, acompañando las palabras de Maléfica.
- Déjame terminar… – Bufó la pelicastaña. – Supongo que después de escuchar tu análisis de Poe, me arriesgo a que estudias Letras. ¿Acerté?
El muchacho la miró a los ojos, con una sonrisa estampada en sus labios – Vaya, no pensé que lo sacarías tan fácil.
- Me subestimas – Dijo Maléfica, ignorando las mariposas en su estómago, generadas por esa sonrisa.
- Jamás lo haría.
La muchacha tosió, intentando cubrir su rostro. ¿Acaso estaba ruborizada? Pensó Diaval, sintiendo una pizca de emoción por el efecto que causaban sus palabras en la muchacha a su lado.
- Y bien, cuéntame más sobre ti.
- Pregunta, yo respondo – Dijo la chica, con sus mejillas teñidas de carmín.
- ¿Familia?
- Vivo sola desde que me vine a estudiar.
- ¿Tienes buena relación con ellos?
-Sí, no mucha de hecho, pero los visito para las fiestas – Su mirada se fijo en lo dedos de Diaval que seguían jugando con el vaso.
- ¿Amigos? ¿Hobbies? Nunca te he visto en las fiestas del campus.
- No me agradan las fiestas, soy más solitaria.
Diaval dudo por un momento, pero todo este cuestionario tenía una finalidad, no iba a desperdiciar la oportunidad.
-… ¿Pareja?
Maléfica dirigió sus ojos ámbar a los del chico, para desviarlos al instante. El muchacho notó un dejo de amargura en su mirada ¿Tocó un tema delicado? Se maldijo por lo bajo.
- … No.
Suspiro algo satisfecho por el nuevo dato, pero no dejó pasar por alto su tono de decepción.
- ¿Algo no correspondido, tal vez?
Pensó que había ido un poco lejos con la pregunta, traspasado su espacio personal, y que había arruinado la burbuja de perfección que momentos antes los unía.
Soltó un suspiro de alivio, cuando la escuchó responder.
- Algo así. Es…es complicado.
No perdía nada seguir insistiendo ¿No?
-¿Quieres contarme?
Maléfica empezó a jugar con uno de sus mechones, parecía como un tic nervioso. Pero aun así, siguió hablando.
- Se podría decir. Él… creo que él lo sabe, pero no le interesa. Igual, ya me di por vencida con ese tema.
- Debe ser un verdadero idiota si no sabe apreciar tu belleza.
Escupió esas palabras, sin medir las consecuencias. Se sentía sumamente indignado como alguien podía ser tan estupido en no poder ver lo perfecta que era.
La chica sonrío ante tal sinceridad.
- No me conoces tanto, Diaval.
- Creo que sé lo suficiente como para afirmar mi postura.
Sus palabras eran firmes.
-Dices cosas muy cursis, para ser un poco arrogante – Le picó Maléfica, tratando de disipar el rubor que había vuelto a monopolizar su rostro.
- Soy un poeta del alma – Dijo en tonó de broma.
Esta vez, la carcajada de la chica fue la que invadió el ambiente, haciendo que el pecho de Diaval se infle fascinado por su risa. Debía controlarse. Maléfica lo estaba volviendo loco.
- Ahora te toca. ¿Familia? ¿Amigos?... ¿Pareja? – La última pregunta la alargo, y aunque trató de que suene sin interés, fue todo lo contrario.
Diaval sonrió – Al igual que tu, vivo solo, mis padres viven en otra ciudad y viajo de vez en cuando a verlos. Amigos, son más compañeros de estudios que otra cosa – La miró al pronunciar las ultimas palabras – Y por el momento, no. No tengo pareja… Soy más, como un ave libre.
Maléfica lo miró perdiéndose por segunda vez en sus orbes negros, y luego sonrío – Ah ¿sí?... Yo diría que eres más como un cuervo.
Diaval la miró descolocada, hasta entender la referencia. Río por lo bajo y se puso serio al instante – "Nevermore" – Citó en tono lúgubre, haciendo que ambos estallaran en risas.
La tarde continuo, con más anécdotas, más carcajadas y algún rubor salvaje tiñendo el rostro de ambos. Sentados bajo la sombra de un árbol, la tarde de ese sábado fue testigo del lazo que se formó entre estos dos individuos, que el destino permitió su unión.
FIN.
Me gustaría saber que les pareció, y espero que haya sido de su agrado. :)
