- Capítulo 1: El día que todo empezó -
Me notaba casi sin aliento de tanto correr; normal, ¿a quién se le ocurre ponerse a correr en pleno medio día y con una calor infernal...? A mí, como no. Mi nombre es Raiko Kamui y, para que os hagáis una idea de como soy, os digo: tengo dieciséis años, cabellos de un brilloso castaño miel, ojos azules como un relámpago y una personalidad animada y llena de confianza en mí mismo; no me podría describir mejor.
Corría lo más rápido posible junto a mi fiel e inseparable Riolu, Pokémon con el que compartía una gran amistad. ¿El motivo por el que corría? Os cuento; en mi pueblo natal, Pueblo Ceniza, se celebraba un torneo por la Insignia Corazonada, una insignia que catalogaba al campeón como el más fuerte de todo este, y, como si no fuera poco, yo era el favorito para ganarlo, pero, para mi mala suerte, me había quedado dormido justo el día de la final.
—¡Corre Riolu! —exclamé mientras aceleraba más mi carrera.
Para nuestra suerte, conseguimos llegar justo a tiempo a la pradera donde se celebraba antes de que me dieran por descalificado por no estar presente, pero me cayó una buena reprimenda por parte del jurado que, para ser exacto, era mi padre junto a la enfermera Joy del pueblo y el mismísimo Takerd, el último campeón de la Liga de nuestra región, la región de Zelkova, y, como podéis imaginar, no pensaba perder frente a él... además, el que ganara podría combatir contra él, que emoción.
—Bien, finalistas, colóquense en sus respectivas posiciones. —ordenó el árbitro poniéndose en posición reglamentaria.
Yo me posicioné a la derecha del campo mientra que, Yukimura Fukitero, mi rival de esta final, un chico de ojos ámbar, mi misma edad y cabellos negros como la noche, se posicionaba a la izquierda. El árbitro sacudió el brazo en forma de golpe de kárate dando a saber que, la final, acababa de empezar.
—¡Ve Riolu! —ordené frunciendo el ceño y adoptando una mirada desafiadora mientras mi Pokémon saltaba desde mi lado al terreno de batalla.
—¡Adelante Metang! —exclamó Yukimura lanzando una Pokéball y liberando a un poderoso Metang que se veía con ganas de ganar... pero eso no se lo permitiría.
—¡Riolu, usa Garra Metal! —ordené con una sonrisa postrada en mis labios.
De momento, Riolu hizo brillar sus garras de un tono gris hierro y, como una exhalación se lanzó contra el Metang propiciándole el golpe de lleno, pero a este no pareció afectarle mucho.
—¡Metang, usa Puño Meteoro! —ordenó el de ojos ámbar apuntando a mi Pokémon.
Como una bala, nunca mejor dicho, Metang cargo uno de sus brazos rodeandolo con especies de cometas amarillos brillantes, pero eso no sería suficiente para vencer a mi muy bien preparado Riolu.
—¡Ahora, esquivar y usa Esfera Aural! —grité con una confiada sonrisa.
En menos de dos segundos, Riolu, con una gran destreza, esquivó el Puño Meteoro del Metang de Yukimura y, cargando una pequeña, pero potente, Esfera Aural, impactó con mucha fuerza en la cabeza mandándolo al suelo creando una cortina de humo.
—¡Y para acabar...! —empecé emocionandome más de la cuenta. —¡Usa Onda Vacío!
Todo el público se quedo estupefacto al escuchar tal orden, ya que un Riolu necesita muchísimo entrenamiento para llegar a usar ese gran movimiento.
Riolu dio un mortal hacia atrás y, una vez en el aire, comenzó a brillar de una luz brillante y, moviendo los brazos de dentro hacia fuera, creó una Onda Vacía muy potente que entró en la cortina de humo haciendo que esta se levantara más. Al disiparse, se pudo perfectamente ver a ese Metang totalmente K.O., lo cual me gustó, ya que me dio prácticamente la victoria.
—Genial como siempre Riolu. —dije orgulloso levantando mi pulgar en señal de aprovación.
El pareció también alegrarse, pero no era para menos; acabábamos de ganar la Insignia Corazonada, la cual recibimos de parte del campeón, el cual catalogó la batalla por dominio absoluto de Riolu.
—Bien joven Raiko, ¿y ahora? —empezó el campeón Takerd. —¿Podrás luchar igual de bien contra mí?
Los ojos se me iluminaron y el público empezó a aclamarme; no desperdiciaría esta oportunidad por nada del mundo. Así que solo pude decir:
—Que gane el mejor.
Los presentes se prepararon para ver un autentico espectáculo, ya que no siempre se podía ver al mejor del pueblo combatir contra un campeón de liga. Reconocí una voz de entre todo el público y no pude evitar no mirarla; ahí estaba ella... ese cabello rubio como el trigo ondeando al viento... esos ojos azules que para cualquiera serían la última voluntad de ver... y esa cuerpo digno de una diosa servidora de Arceus... joder, como la amaba.
—¡Mucho ánimo Raiko! —exclamó ella desde su asiento con una gran sonrisa.
Ella me había visto ganar y me estaba apoyando para ganar también este combate... no podía defraudarla, pero sabía que vencer al campeón de la liga no sería tarea fácil.
—Adelante Riolu. —le dije a mi inseparable amigo repitiendo la misma entrada que en el anterior combate.
En esos momentos solo contaba con Riolu, el Pokémon que mi padre me regaló por mi décimo cumpleaños y al cual había entrenado para que fuese el más fuerte.
—¡Adelante Electivire! —exclamó Takerd mientras lanzaba una Pokéball al campo materializando a un gigantesco Electivire enfadado y con ganas de luchar.
Esto si que sería difícil, pero no perdía la esperanza. Pude notar que Riolu temblaba ante la gran estatura de el Pokémon de Takerd.
—¡Riolu, no te dejes intimidad por Electivire! —grité con mucha motivación interior.
Riolu pareció hacerme caso y eso dio el comienzo de una feroz batalla entre Lucha y Electricidad en la que se decidiría quién merecía el título de campeón.
—¡Riolu, usa Ataque Óseo! —exclamé señalando con mi mano al Pokémon motor eléctrico.
Riolu colocó sus puños frete de él y, de la nada, un aura creada en los puño de mi amigo se convirtió en un hueso alargado de tono azul, el cual tomo mi Riolu con maestría preparándose para el ataque.
—¡Adelante! —grité mientras mi Riolu echó a correr hacia el Pokémon del campeón.
Riolu era muy rápido, pero tan solo tres golpes recibió Electivire, ya que él también era rápido.
—Mierda. —me quejé al ver la impotencia de mi Pokémon. —¡Usa Ataque Rápido combinado con Ataque Óseo!
Riolu comenzó a moverse más rápido y esta vez si consiguió hacerle daño a Electivire, pero no el suficiente para derrotarlo, ya que este se volvió a levantar como si nada pasase.
—Electivire, usa Rayo. —dijo con una sonrisa Takerd.
Al momento, una gran descarga eléctrica inundó el lugar haciendo que mi Riolu quedara muy dañado, pero aun en pie. Él era muy fuerte, pero no invencible; durante todo el combate, pude ver que dejaba al descubierto la espalda por completo, y esa podría ser la forma de conseguir la victoria.
—¡Riolu, prepara una Esfera Aural y mantenla en la mano! —ordené poniendo en marcha mi plan.
Riolu comenzó a retener una gran cantidad de aura en su mano materializándola en una potente Esfera Aural, pero la dejó mantenida en su mano.
—¿Eh? ¿Qué pretendes? —preguntó Takerd totalmente confundido y sin saber que sucedería.
—¡Riolu, Ataque Rápido! —ordené con una desafiadora sonrisa en mi rostro.
Al momento y con la Esfera Aural en mano, Riolu se lanzó como una exhalación hacia Electivire, algo que hizo que Takerd pensara que atacaría de frente, mas no sería así.
—¡Electivire, usa Demolición! —ordenó.
Al momento, el Pokémon motor hizo iluminar su brazo de un brillante blanco y atacó a Riolu, el cual venía de frente.
—¡Ahora! —dí la señal.
Riolu, con gran majestuosidad, dio un maravilloso giro salto esquivando a Electivire y, con la espalda de Electivire totalmente descubierta; este sería el movimiento final.
—¡Electivire, rápido, usa Rayo! —gritó algo agobiado Takerd.
Electivire cubrió todo su cuerpo de un luminoso color amarillo que no pudo salir más que hacia el cielo debido que Riolu había impactado la Esfera Aural contra él. Electivire cayó al suelo K.O. acto seguido junto con mi Riolu... había sido... ¿empate?
El árbitro señaló un empate levantando ambos brazos, pero yo aun no me lo creía... había quedado igualado de fuerza junto con el mismísimo campeón de liga Takerd... no me lo creía. Él regresó a su Electivire a su respectiva Pokéball agradeciéndole todo su esfuerzo; yo me acerqué a Riolu y lo tomé en brazos mientras, poco a poco, el despertaba.
—Ha sido increíble la fuerza de tu Riolu. —alagó el campeón mientras se acercaba a mí y me extendía la mano; yo no dude y la estreche con una sonrisa.
El público vitoreó ambos nombres y eso me hizo sentir muy bien; la verdad, era la primera vez que me vitoreaban de esa forma tan emocionada, mas, a mí, solo me importaba un vitoreó... el de mi amiga y vecina Nazuna... ver la alegría en su rostro... fue mi verdadero premio.
Eran la seis de la tarde de ese mismo día y Nazuna y yo nos encontrábamos en el cementerio... visitando a mi madre, la cual murió cuando yo no tenía más que tres años y medio.
—Nazuna... ¿crees que le ha hecho ilusión hecho de que tenga la misma fuerza que el campeón? —pregunté con una nostalgica sonrisa. Ella me miró a los ojos y me sonrió.
—Estoy segura de ello. —contestó volviendo a dirigir su mirada a la tumba de mi madre.
Yo me acerqué con la Insignia Corazonada en mano y la coloqué como ofrenda sobre la tumba. Me sentía feliz de haber logrado todo lo que me había propuesto... me alegraba tener contenta a mi madre en esos momentos.
—Vámonos Raiko. —me pidió Nazuna mientras me agarraba del brazo. Yo sonreí nostalgicamente de nuevo y me encaminé junto a mi amiga a mi casa.
La noche llegó y ambos nos encontrábamos en el porche de mi casa hablando sobre la vida en sí; la verdad, el volver a ver la tumba de mi madre no me gustaba mucho... me hacía querer odiar todo a mi alrededor... pero... no a Nazuna; ella siempre estuvo allí cuando la necesitaba, y eso me ayudó a superarlo.
—Vamos Raiko, anímate. —me decía preocupándose de mí por estar cabizbajo.
—Supongo que sí debería. —contesté sancando una pequeña sonrisa. —Aparte, soy el campeón de la Insignia Corazonada. —dije dirigiendo mi mirada al firmamento.
—Así es como a mí me gusta verte. —dijo apoyando su... cabeza... sobre... mi... hombro.
Me sonrojé de momento al sentir su cálida piel contra mi hombro, ya que, al ser la chica de mis sueños, no podía evitarlo. Lentamente y con algunos nervios, pasé mi mano alrededor de su cuello para aferrarme más a ella; la verdad, me sentí muy bien al hacerlo... esos momentos... serán para siempre los mejores de mi vida, los cuales recordaré.
A la mañana siguiente, me encontraba duramente entrenando contra los árboles de la pradera haciendo que, cada pocos segundos, el árbol se moviese de forma involuntaria debido a los golpes que Riolu acometía contra él.
—¡Riolu, usa Palmeo! —ordené centrado en hacer que Riolu lo hiciera retumbar.
Riolu se movió a la velocidad de la luz y, con mucha potencia, lanzó un potente Palmeo; me sorprendió el poder que usó, ya que fue tan potente que partió el árbol por la mitad.
—Jo...der... —dije boquiabierto de la imagen de Riolu con la mano suspendida en el aire a la vera del árbol y este con una gigantesco boquete en el medio.
Me acerqué para comprobar que hubiera sido realmente el poder del Palmeo, ya que, si así fuera, debería estar con un poco de estado paralizante y, al parecer, así había sido. Al llegar al lugar del hecho, pude notar una pequeña Aguamarina del tamaño de una Pokéball. Riolu parecía asombrado y en sus ojos se notaban, ya que le brillaban de una forma que yo nunca había visto.
—¿Qué es esto? —me pregunté a mismo alzando mi mano para poder cogerla... pero... algo raro pasó.
Por algún motivo me teletransporté a una vasta planicie gris... no había nada... ni signos de vida, ni algún indicio de civilización... solo una abrumadora y envolvente sensación de soledad... pero no estaba solo; al otro lado de la planicie se encontraba un ente totalmente blanco rodeado de por una tenebrosa aura negra, el cual solo tenía una boca demoníaca, explico; colmillos afilados como cuchillos y dientes normales también puntiagudos... tenía miedo.
—Te preguntaras el por qué estas aquí, ¿verdad? —preguntó el misterioso ente. Yo asentí y él sonrió de manera macabra. —Entonces también te preguntaras donde está tu brazo, ¿verdad?
Abrí los ojos como platos al sentir de un segundo a otro un dolor muy crítico y el causante de este era mi brazo... ahora no estaba. Me alarmé al ver que donde estaba mi brazo, ahora no había nada, tan solo una gran cantidad de sangre.
—¡¿Qué?! ¡¿Dónde está mi brazo?! —pregunté muy nervioso y asustado.
Durante varios segundos estuve retorciéndose de dolor en el suelo, ese dolor era insoportable, pero, pasado un tiempo, me acostumbre a este.
—¿Piensas estar así todo el día? —escuché decir a la criatura demoníaca.
Al preguntar eso, dirigí mi mirada hacia él y pude apreciar con horror como este sostenía con una de sus manos mi brazo derecho... ¿pero qué coño estaba pasando?
—Escúchame estúpido mocoso, si quieres recuperar tu brazo, has de reunir las siete piezas sagradas... las gemas de Arceus. —explicó la criatura mientras adoptaba una mirada más seria.
—¿Las gemas de Arceus? —pregunté sintiendo menos miedo que antes.
—Si. —comenzó a explicar el ente. —En este mundo, Arceus dejó siete minerales extraños como el que viste hace poco; esas gemas hacen que los Pokémon obtengan ataques y habilidades no propias de su especie. —dijo mientras moviendo continuamente las manos.
—¿Pero qué es lo que hacen esas gemas? —pregunté con valentía. El ente sonrió.
—Esas gemas son las llaves que abren la Puerta Milenaria... la puerta que conduce al mundo de la oscuridad. —dijo mientras que, a su espalda, aparecía un gran portón de unos siete metros decorada con la imagen de Arceus y con diez ranuras en forma de Pokéball.
Yo me quedé asombrado ante tal escena, era increíble que unas simples gemas a simple vista pudieran abrir la puerta que conectaba este mundo con el de la oscuridad... pero, en eso, una duda saltó a mi cabeza.
—Pero, ¿por qué querría yo abrir la puerta al mundo de la oscuridad? —pregunté tomando todo como si fuera una pesadilla.
—Porque en su interior se encuentra el Entrenador Diabólico.
Nada más escuchar esas palabras, mis ojos se abrieron como platos... había escuchado más veces ese término. Se decía que fue el primero y el único entrenador capaz de controlar a su antojo a Darkrai; muchos pensaréis que eso lo pueden hacer muchos, pero no os dais cuenta que el Darkrai que ellos capturan no son más que simples imitaciones... el verdadero Darkrai... es muy diferente a la copia.
—Por tu cara, creo que sabes cual es el peligro que eso acarrea. —dijo el ente tomando un rostro serio. Yo asentí con iniciativa. —Escuchame Raiko. —¿cómo sabía mi nombre? —Un grupo de oscuras personas planea conseguir también esas gemas y usarlas para liberar a ese entrenador... y Arceus me ha pedido que tú te encargues de detenerlos... es por eso que has podido ver la pieza.
—Un momento... ¿Arceus quiere que yo detenga a esas personas? —pregunté sorprendido. Él asintió con una orgullosa sonrisa.
—A partir de ahora, las piezas se revelaran a los ojos humanos, así que tendrás que darte prisa y conseguirlas antes de que nadie se te adelante. —dijo el servidor de Arceus mientras la puerta desaparecía junto a él.
Abrí los ojos lentamente encontrándome en una habitación de hospital con el torso vendado sin el brazo derecho... me lo suponía... no había sido una pesadilla. Noté algo en mi mano izquierda, algo como... una gema; ahí estaba la aguamarina en mi mano; pensaba que estaba solo, pero me equivoqué de nuevo... a mi lado, durmiendo sentado sobre un sillón, a mi pequeño Riolu.
—¡Raiko! —escuché de la nada.
Al instante, la puerta se abrió de golpe dejando ver a una muy preocupada Nazuna junto a un preocupado chico rubio de ojos azules... Sky, el hermano de Nazuna.
Nazuna corrió hacia mí y me abrazó fuertemente... otra vez me sonrojé exageradamente. Un dato; Sky sabía perfectamente que a mí me gustaba su hermana y le gustaba la idea de tenerme como familia, ya que ambos habíamos sido compañero en la escuela de combate Pokémon, así que nos llevábamos muy bien... eramos como hermanos.
—Menos mal que estas bien, de lo contrario yo... yo... —no pudo decir más cuando comenzó a llorar. Yo sonreí nostalgicamente y, después de soltar la aguamarina en la mesita que había al lado de mi cama, le empecé a acariciar el pelo con mi único brazo disponible.
Pasado un rato, les conté lo sucedido; al principio no me creyeron, ya que la historia era difícil de creer, pero cuando les enseñé la aguamarina, conseguí que me creyeran.
—Nazuna... —pronuncié para ganarme su atención. —Necesito que me pongas un implante metálico en el brazo derecho. —pedí con una mirada decisiva.
Otro dato; la familia al completo de Nazuna y Sky se dedicaban a la instalación de implantes metalicos por la perdida de miembros durante un suceso de cualquier tipo, así que me parecía apropiado pedírselo a ella.
Ella se quedó callada durante unos segundos para luego asentir.
—Está bien Raiko... pero con una condición. —requirió Nazuna. —Si quieres que te ponga ese implante, as de dejarme ir contigo. —Pidió con una tierna mirada.
Yo sabía que sería una dura travesía, así que, si surgía una complicación con el implante, necesitaría de la ayuda de mi amiga... acepté. Ella sonrió y yo solo la miré sonriendo con generosidad. Una nueva aventura empezaría cuando me lograra acostumbrar al implante que pronto tendría.
Pasaron dos duras semanas de rehabilitación para poder acostumbrarme a los movimientos del implante; la verdad, el acero de este pesaba mucho, pero eso no fue un problema. Pasaron los días y yo ya estaba acostumbrado totalmente al peso del implante, así que me puse a preparar mis cosas para salir del que, hasta entonces, fue mi pueblo natal.
El camino sería duro y muy complicado, pero yo sabía que contaba con la ayuda de Arceus, ya que fue él quien me encomendó esta misión. Antes de bajar las escaleras, pude fijarme en la foto que había sobre mi mesita de noche... la foto que mi madre se tomó conmigo días antes de su muerte.
—¡Raiko! ¡¿Estás listo?! —escuché desde el piso de abajo a Nazuna.
—¡Ya voy! —contesté de la misma manera mientras cogía mi bandolera y volvía a colocaba la foto sobre la mesita de nuevo y tomando rumbo al piso de abajo.
Nazuna y yo estábamos a punto de salir de mi casa, cuando me padre me paró con una Pokéball en mano.
—Espera hijo. —dijo mientras me entregaba la Pokéball en mano. —Esto es para tí.
Miré en su interior y pude ver un pequeño Eevee en su interior; este se veía muy feliz de verme y era como si me conociera de toda la vida. Un gran mundo de recuerdos llegaron a mi mente y recordé que vi a ese Eevee en un día de tormenta cuando no tenía más que dos años. Lo vi cuando volvía junto con Sky a casa vagando solo bajo la lluvia, así que decidimos llevarnoslo a casa y cuidarlo hasta que la tormenta pasara... que recuerdos; también recordé que mi madre nos pilló cuando la tormenta pasó y nos dijo que lo sacaría y lo llevaría a su hábitat... ahora veo que lo capturó para mí.
Unas débiles lágrimas salieron de mis ojos al acordarme de tan bellos recuerdos. Eevee compartía muy buenos recuerdos junto a mi madre, así que lo liberé y lo abracé con fuerte y él parecía disfrutar.
—Tú madre me lo dio antes de morir y me dijo que te lo diera el día que decidieras empezar una aventura a través de la región. —comentó mi padre con una nostalgica sonrisa.
Junto a Riolu y Eevee, sería difícil fracasar en mi misión... teniendo en cuenta de que no fracasaría, las posibilidades se incrementaban en números masivos... y eso me gustaba.
Junto a Nazuna, nos despedimos de mi padre y pusimos rumbo a Ciudad Central, ciudad donde las noticias volaban. En las afueras de Pueblo Ceniza, ambos dimos una última ojeada al que, por muchos años, había sido nuestro pueblo y nuestro hogar.
—Raiko, ¿por qué haces todo esto? —preguntó Nazuna antes de comenzar la caminata por la ruta que conectaba Pueblo Ceniza con Ciudad del Sur, lugar que tenía otra conexión con Ciudad Central.
—Supongo que porque no voy a permitir que Arceus juegue así conmigo. —mentí.
Mentí descaradamente... La verdadera razón de por qué quería hacer esto, es porque me apasionaba la lectura. Pensareis que es una tontería, pero no lo es. Según los libros que yo leía, contaba la historia del Entrenador Diabólico; conocía toda su historia.
La historia contaba sobre un entrenador solitario y frío que odiaba a todo el mundo... y también su existencia en este mundo. En uno de sus viajes, se encontró con Darkrai... el autentico... y lo capturó sin mucha dificultad. Al ver el potencial destructivo de Darkrai, comenzó a atacar con este todo el mundo Pokémon; es por eso que Arceus bajó de los cielos y lo encerró tras la Puerta Milenaria, en el reino de la oscuridad. En este, el entrenador consiguió convertirse en el soberano de ese mundo dando a construir el Castillo de la Taciturnidad; un castillo donde no puede haber luz alguna. Contaba la leyenda que todo aquel que entre al mundo de la oscuridad, es matado por el autentico Darkrai... o por el entrenador, ya que este por pasar los años allí terminó siendo como un demonio.
La verdad, me aterraba el hecho de que un entrenador tan tenebroso se escondiera tras la puerta que debía permanecer sellada... pero, por suerte, mi trabajo no era derrotarle... sino impedir que lo liberaran; sería una dura tarea, pero no imposible... ya que...
—Es la primera vez que nos vamos de viaje juntos, ¿no crees? —me preguntó Nazuna despertándome de mis pensamientos y de mi reflexión interna... pero... ¿cómo había dicho?
—Si... supongo... —dije algo nervioso.
—Eso me gusta. —afirmo con una tierna sonrisa.
Mi sonrojo crecía más y más mientras caminabamos juntos hacia Ciudad del Sur; sabía perfectamente que, contra más tiempo estuviera con ella... más me enamoraría de ella.
Por el camino combatí contra varios Mareeps y algún que otro Pidove para lograr que Eevee se acostumbrara a las batallas y, la verdad, no se le daba nada mal.
—¡Eevee, usa Ataque Rápido! —escuché a mis espaldas.
Tanto Eevee como yo nos giramos para saber que pasaba, ya que la voz la reconocí inmediatamente, la de Nazuna, la cual estaba luchando contra un Mareep... ¿con la ayuda de un Eevee? Este parecía diferente al mío... podría ser un Eevee hembra... conociendo a Nazuna, seguro lo era.
—No me dijiste nada de que tenías un Eevee. —dije con una sincera sonrisa y llevándome las manos a la cintura.
—Supongo que no se ha dado la ocasión. —contestó ella con una gran sonrisa.
Para mí, el tiempo en ese instante se paró... solo podía ver la amplia y hermosa sonrisa de Nazuna... su felicidad para mí no tenía límites... me encantaba verla sonreir. El tiempo volvió en sí y ambos, después de regresar a nuestros Eevees, nos encaminamos rumbo a Ciudad del Sur, ciudad donde comenzaban los nuevos horizontes... ciudad llena de ilusiones... ciudad llena de esperanzas... ciudad por la que luchar por el destino.
—Oye Raiko. —mencionó de la nada Nazuna.
—¿Qué pasa Nazuna? —pregunté dirigiendo mi mirada hacia ella.
—¿Alguna vez...? ¿Alguna vez has besado a alguien?
...¿Qué? ¿"Besado a alguien"? La verdad no, pero no tiene nada de malo eso... ¿no? Pero a todo esto, ¿por qué me lo pregunta a mí? Muchas preguntas bombardeaban mi cabeza mientras ella buscaba una respuesta de mí, pero ni yo mismo sabía qué decirle; si le decía que si, mentiría a mi mejor amiga, y si le decía que no, a lo mejor se reía de mí... y eso no lo podría aguantar; pero... yo conocía muy bien a Nazuna, y sabía que ella no era así.
—La verdad... no. —contesté mientras me llevaba la mano a la nuca y desviaba mi ruborizado rostro.
Ella pareció suspirar, pero no sabía de que... sus palabras lo aclararon todo.
—Menos mal... pensé que sería la única.
¿"La única"? ¿Eso quería decir que ella tampoco había besado a nadie? Que alivio... porque el solo imaginarme a ella besando a otro chico, me dan ganas de matar a ese sujeto.
Ella se agarró de mi implante con una sincera sonrisa... otra vez me sonrojé. El ser tímido, para mí, tenía el inconveniente de no poder decirle a Nazuna lo que yo siempre sentí por ella... pero yo se que eso algún día se acabará; se que pronto podré confesarle mi amor a la chica por la que vivo... espera un segundo; ¿por qué me ha preguntado eso?
—¿A qué viene preguntarme esto Nazuna? —pregunté sintiendo curiosidad. Ella sonrió tiernamente.
—Solo ha sido... curiosidad. —respondió calmada y con sus mejillas un poco teñidas de rojo.
La tarde iba venciendo y las estrellas se iban postrando en el cielo; a lo lejos, podíamos ver las luces de Ciudad del Sur. Sus luces eran intensas y un tanto cálidas a simple vista, y ambos esperábamos que también lo fueran realmente, ya que estando en pleno otoño, las noches eran muy frías.
—Mira Nazuna, allí está Ciudad del Sur. —avisé tras avistarla a lo lejos.
—Si, la veo, estamos muy cerca. —contestó entusiasmada la rubia.
Quise empezar a correr, pero... ella me agarró de la mano impidiendome el poder seguir avanzando. Ya os podeís imaginar la escena; ella sujetandome la mano con una sonrisa en boca y su mirabaclavada en el cielo y yo mirandola extrañado y algo ruborizado.
—¿Qué pasa Nazuna? —pregunté intrigado.
—Mira al cielo. —contestó dirigiendo su mirada a este. Yo hice lo mismo.
Ante nosotros, un hermoso cielo plagado de estrellas y una gigantesca luna llena, simplemente era... muy hermoso. Pero más lo hacía el hecho de que Nazuna aun no había soltado mi mano. Ambos sonreimos, se podría decir que al mismo tiempo, al contemplar casi todas las constelaciones; pudimos ver la osa mayor, la osa menor, Géminis y muchas más. Me gustaba esta gran vista... me hacía ser... insignificante comparado con el resto del planeta.
—Raiko, ¿te gusta estar conmigo? —preguntó de la nada Nazuna. Yo volví a verla y me sonrojé, esta vez, solo un poco.
—Bu-Bueno yo... —mis palabras de mi boca no podían salir y me ponía cada vez más nervioso. Ella comenzó a reir tiernamente; y sí, ella lo hacía todo tiernamente... me gustaba un poco por eso.
—Si te sirve de algo. —comenzó abrazandome de repente. —Amí me gusta muchísimo estar contigo. —dijo mientras mi sonrojo crecía más y más.
Esa respuesta me hizo muy feliz, pero no tanto como si me hubiera dicho que me quería. Yo lentamente la rodeé con mis brazos mientras le susurraba al oído:
—A mí también me gusta mucho estar contigo.
Ella sonrió más ampliamente al escuchar esa afirmación y eso me alegró el día. El que una chica diga que le gusta estar contigo, puede, solo puede, significar que le gustas hasta cierto grado, pero, si os digo la verdad, nunca había escuchado el termino "muchísimo"... será un grado superior al mucho.
Ya despegados, pero todavía con la mano tomada, nos encaminamos a Ciudad del Sur, la cual estaba a unos escasos metros, pero... al entrar en esta pudimos apreciar una batalla entre dos Rangers contra dos misteriosos hombres vestidos con túnicas negras y blancas... al parecer, los Rangers estaban empezando a retroceder.
