Orgullo


"Cuando el amor desenfrenado entra en el corazón, va royendo todos los demás sentimientos; vive a expensas del honor, de la fe y de la palabra dada.".

Alejandro Dumas.


02. Kanda

"He estado pensando un poco en esto..." confeso casi sin aliento, dejándose llevar por la ola de escalofríos que lo abordaban al sentir tan cerca el calor de Lavi, cuerpo contra cuerpo, en fricción desesperada, dulce y culpable; cada uno de sus sentidos se deleitaba con ese perfume de caricias clandestinas que lo saturaba hasta el punto de ahogarse voluntariamente en el.

Lavi no le respondió pero de un momento a otro la habitación se encontró inundada de suspiros y respiraciones agitadas, las manos del pelirrojo recorriendo diligentemente la fina textura de su piel mientras Kanda lo rodeaba con los brazos y lo estrechaba a ratos al grado en que podía contemplar su respiración, escuchando a su propio corazón impulsado, apresurado, por el palpitar del otro; su sangre caliente le quemaba las venas, deslizándose precipitadamente por estrechas calzadas, a caudales tan inusitados que el carmesí se delata, concentrándose en regiones, en una manifestación tan evidente, que la simple visión de ellas provoca un éxtasis mental.

Así que ahí estaba él, Kanda Yuu, sumiso y frágil en los brazos de un hombre que se jactaba de ello. En aquel momento el ajetreo ceso brevemente y las manos de Lavi se concentraron en su rostro enrojecido, tocando delicadamente, apartando con cuidado cada uno de los oscuros cabellos que impidieran la contemplación de semejante perfección; la forma en que el bookman contemplaba, tierna, suspicaz, lo estremecía al punto en que necesitaba suprimir la sensación con un estupido impulso, así que abalanzo su rostro sobre el de él, con impaciencia, buscando el calor compartido de sus labios enlazados como si los suyos no hubieran sido sino hielo hasta juntarse con los de Lavi; apretó los ojos mientras su compañero deslizaba los hilos negros de su cabellera entre sus dedos, presionando con firmeza sus caderas. Y entonces en medio de aquel romántico y arrebatador instante Lavi soltó una carcajada de sorpresa al sentir cuan excitados estaban ambos. El beso de rompió, y Kanda lo miro rencorosamente, un trazo de tinta roja le cubría las mejillas.

"Estas algo impaciente, ¿verdad, Yuu?" le dijo al oído y luego le mordió la oreja juguetonamente, haciendo que el otro soltara un gemido contra su propia voluntad.

"Cállate" gruño, y, dominantemente, aparto con violencia a Lavi de un empujón, haciéndolo aterrizar en la cama con brusquedad. Este rió aun más fuerte; y en cuanto tuvo a Kanda a su alcance lo tomó por la cintura y lo jalo hacía sí, sentándolo sobre él. El muchacho se sonrojo alarmantemente al sentirse tan súbitamente posado sobre el miembro endurecido de su compañero, soltó nuevamente un gemido de excitación y de sorpresa mientras ayudado por su amante comenzaba a desabrocharse la camisa; los labios del pelirrojo se pasearon con impaciencia por sus hombros, dejaron marcas rojas sobre las curvas de su cuello, y aunque por un instante se detuvo y lanzo una fugaz mirada desaprobatoria y preocupada al tatuaje en su pecho, una de sus manos (que hacía ya un rato se paseaba descaradamente por sus muslos) se acerco con cautela, temblorosa, a la entrepierna de Yuu y comenzó a frotar la vivaz erección por encima de la ropa. El japonés quedó estático, con los ojos entrecerrados del placer que le producía este mínimo contacto.

Lavi concentro su mirada en cada rasgo sensualmente resaltado por el entintando carmesí de sus mejillas, en la manera en que las gotas de sudor formaban ríos relucientes que nacían en su frente y se difuminaban gradualmente hasta llegar a sus cejas delgadas, delineadas, enmarcando con descarada perfección ese par de rasgados ojos negros tan profundos que podría ahogarse cada vez que se posaban sobre él con suspicacia, examinando minuciosamente cada extremidad, articulación y músculo que eran capaces de distinguir a través de la ropa. Es probable que Yuu piense que Lavi no se da cuenta de la forma en que lo mira, que no se percata de que para el pelirrojo sentir esas perlas negras recorrerle el cuerpo le causa gratos escalofríos medrosos y una dolorosa excitación.

Los movimientos tan imperceptibles de Kanda posado más allá de su regazo se tornaron de un momento a otro desesperados; abrazándolo, besándolo, amándolo casi con locura... como si la poca distancia que separaba sus cuerpos fuese a matarlo.

Sin poder resistirlo más, tomo a Lavi por los hombros y lo recostó con violencia en la cama, termino de sacarse la camisa, y entonces... permaneció ahí sin saber qué hacer, mirando al pelirrojo con lo que parecía una mezcla de confusión y enojo. El otro volvió a reír.

"No sabes cómo continuar, ¿cierto?" se burlo; a veces Yuu, tras esa mascara de soberbia, era tan ingenuo que incluso resultaba tierno.

El japonés gruño claramente ofendido por la aclaración, se puso de pie en un solo movimiento y dio media vuelta indignado, agitando con gracia sus cabellos en dirección contraria a las manecillas del reloj. Lavi en lugar de preocuparse por lo que parecía un intento de marcharse por parte de su amante, volvió a reír por lo bajo, cosa que solo logro enfurecerlo más.

"No es como si quisiera continuar" mintió, tratando de poner todo su orgullo en esta frase; se inclino graciosamente, casi con reverencia, para recoger su camisa.

Entonces fue invadido, tomado por la cintura y sintiendo el endurecido miembro de su amante frotarse contra su trasero, mientras las manos de este mismo se ocupaban una en su pezón derecho y otra tomando completamente su erección, acariciando la punta con el pulgar.

"No es como si pudiéramos detenernos, de todas formas" suspiro en su oído el pelirrojo.

En lo que llamaríamos "un incomprensible intento por conservar su gastada dignidad", Yuu ahogo un gemido, percibiendo la respiración agitada de Lavi en su oreja, nombrando la monosílaba de su nombre un sinfín de veces. Él comenzó a mecerse y a frotarse contra el más insistentemente como queriendo atravesar la ropa, como deseando, anhelando, adentrarse en su cuerpo, hacer de él su hogar y nunca más dejarlo.

Sin darse cuenta, avanzaron en un vals de pequeños pasos al compás de sus bocas abiertas rogando por aire hasta la pared junto a la puerta, donde Kanda recargo sus antebrazos y escondió entre ellos su rostro enrojecido; tenía los ojos abiertos a duras penas y el escarlata de sus mejillas contrastaba con su piel como sangre sobre la nieve.

El ritmo se volvió más rápido, más violento, más sublime y excitante, la luz de una única vela encendida en la habitación reflejaba sus sombras unidas en el muro; Lavi estrechó con más fuerza el pene de Kanda, buscando robarle un suspiro, extrañando su voz como si no la hubiera escuchado en un millón de años. Y así lo logro, el joven dejó a un lado su estupido orgullo y se entrego por completo a la pasión, apoyo una de sus mejillas contra la pared, viendo de reojo a Lavi, Lavi con la mirada fija en él.

Y ese fue el catalizador.

"¡Lavi!" gimió sin reserva algunas veces; el pelirrojo sentía el miembro que frotaba sacudirse levemente y la respiración de Kanda debajo de él se apresuraba tanto que temió que le daría un ataque; se acerco más a él, presionando con impaciencia sus cuerpos y regalándole al oído palabras apasionadas en un lenguaje desconocido entretejidas con el nombre del objeto de su adoración, al tiempo que su anatomía misma se electrificaba y sentía que en las venas en lugar de sangre tenía fuego.

Y el éxtasis de ambos se desbordo a gotas, luego a caudales; sintieron como si algo en su interior se rompiese mientras todo a su alrededor se esfumaba y los sonidos desaparecían quedando solamente ellos dos, elevados, alcanzando un nirvana indescriptible, hasta que ambos quedaron vacíos, ardiendo y sin fuerzas.

Permanecieron abrazados un largo rato; Lavi frotaba su nariz contra el suave cabello de Kanda, besando ese dulce olor a flores de loto.

. . .

Se había enamorado de ese olor la primera vez que inundo sus sentidos en los baños compartidos tres años atrás, mientras una figura parecida a la de un soberbio Dios enfurecido se elevaba de entre los pliegues del agua, que le escurría a cascadas por la piel (¡y cuantas veces había deseado ser una de esas cascadas!) y se exprimía el cabello. Quedo embelesado, con la boca así abierta, y la cubeta en la que llevaba sus artículos de limpieza personal se escabullo de debajo de su brazo aterrizando con un golpe sordo; pero no podía apartar los ojos de aquella divina figura. Kanda volteo, alarmado por el estruendo, y lo miro con enojo a través de esas perlas negras.

Lavi aun recuerda tierna, incluso amorosamente, las palabras que Yuu le dedico en el que fuera, probablemente, el momento más crucial de su existencia:

"¿Que miras, imbécil?"

. . .

"Mentí diciendo que pensé que había entrado al baño de mujeres" relato con una carcajada, recostado entre los suaves dobleces de las sabanas y estrechando a Yuu contra su pecho, no sin recibir un poco de renuencia por parte de este.

"En verdad quise darte un puñetazo," aclaro arrogantemente, "pero la cara de tonto con la que me mirabas me hizo compadecerme. Pensé que tenías alguna especie de retraso mental"

Y al decir esto recibió un pellizco ofendido por parte del pelirrojo.

"¡Vuelve a hacer eso y te mato!" exclamo el japonés.

"Ya lo hiciste" respondió Lavi, con una sonrisa sinvergüenza asomándose por sus labios, claramente refiriéndose a otra cosa. Yuu se sonrojo.

Hubo un lapso de relajante silencio y entonces Kanda pregunto, tratando se parecer desinteresado.

"¿En serio pensaste todo eso la primera vez que me viste?"

Lavi rió.

"Sí", contesto y le beso la frente. "Y aun sigo pensándolo cada vez que apareces."

. . .

Al dejar la habitación la madrugada siguiente, sigilosamente vigilando que nadie lo viese, Kanda se notaba aliviado.

Una parte de él se sentía agradecido de que Lavi no hubiese querido llegar más lejos la noche anterior porque, aunque le costara admitirlo, aun no estaba preparado para algo así; la idea de que un hombre le...

Sacudió la cabeza entonces, sonrojándose, avergonzado de actuar como una damisela entregando su virginidad.

Si se ponía a caminar sobre sus propios pasos tratando de volver para encontrar la razón por la que este tipo de encuentros seguían ocurriendo tan aleatoriamente, se perdía de inmediato puesto que sus huellas quedaban revueltas con las de Lavi; al final de todo acababa llegando a la penosa conclusión de que estaba enfermo, de que el bookman era su fiebre, y que esto lo enloquecía. Lo ponía fuera de sí estar lejos de él y a la vez se desquiciaba cuando lo tenía cerca y no podía controlarse, sintiendo lava abrasando su cuerpo a través de esos conductos escarlata que lo recorrían, palpitando, estrechando sus músculos y paralizándolos con placer indecible.

Pues bien camino tambaleándose ligeramente y rascándose la cabeza; si alguien lo hubiera visto en ese momento lo hubiese encontrado encantador: Kanda, con los ojos entrecerrados de sueño, bostezando, su cabello enmarañado como los pétalos de un diente de león, y caminando espasmódicamente por el corredor agarrándose a ratos de las paredes.

Todo parecía indicar, aunque él no lo notara, la certeza que tenía en lo que estaba sintiendo pues en él no se turbaba ningún tumulto interno u arrepentimiento.

Si, podemos decir con toda seguridad que Kanda Yuu no es un hombre que se retracte de lo que una vez ha sentido.

Tal vez sea arrogante, engreído, y, la mayor parte de las veces, un completo cretino insensible y sin tacto; sin embargo su orgullo radica en que siempre esta seguro de lo que tiene en su interior, sabe qué sentimientos se esconden en sus rincones, anhelantes de salir. Conoce sus bienes y sus males, su luz y sus sombras. Y los encuentra peligrosamente contrastantes con los de Lavi.

Exactamente. Hay que concluir, aunque él nunca lo admitirá, que Kanda Yuu esta enamorado de Bookman Jr. como nunca antes había amado a alguien.

A veces las memorias del pasado envuelven su encéfalo cuan nieblas aromáticas, como salidas del polvo que brota cuando una púa toca el shamisen, y casi puede percibir los cerezos cayendo a su alrededor al recordar aquella borrosa escena. Tenía apenas diez años, y su hermoso Japón relucía como una piedra preciosa bajo la superficie del agua, esperando ser recogida por algún afortunado pescador; lamentablemente ya había pescadores que habían puesto sus ojos en ella. Los extranjeros comenzaban a llegar y a querer hacer suyo todo lo que encontraban a su paso. Por suerte, el norte aun no era alcanzado por esto, y el pequeño Yuu podía entonces ocupar su fértil mente en otros asuntos, aparte de enorgullecer a su familia con esas habilidades que cultivaron desde su nacimiento.

La vio un par de veces recogiendo flores por los campos con pétalos rosados revueltos en su largo cabello azabache; tenía los ojos más llenos de vida que hubiesen podido existir. Tendría unos quince años, su complexión era fina y su andar sumamente delicado, deslizándose sigilosamente entre los campos dorados del otoño. Su nombre era Renko, según oyó decir a los adultos una vez.

Sin embargo, un día desapareció sin dejar rastro; y alrededor de un año después supo que había sido vendida como prostituta en una isla olvidada de la mano de Dios, que su madre se había suicidado y que su padre estaba hasta el cuello de deudas.

Y ese había sido el único amor de Kanda en sus 18 años de vida.

Pero ahora entiende un poco más y ha decido que no dejara que nadie se lleve a Lavi a un isla, que el lugar de él esta a su lado, y que si se marcha perderá esa pizca de esperanza que aún tenía en la humanidad, incluso después de haber visto todas las crueldades que en este mundo existen y los monstruos que lo habitan.

Porque a final de cuentas tiene algo por lo cual pelear. Deseaba no involucrarse pero desde la muerte de Daisya se lo ha tomado personal. Esas personas, unas estupidas, otras escandalosas y el resto simplemente molesto, se han convertido ahora en una compañía indispensable; es posible que en el fondo de sí él este considerando volverse un poco más abierto, pasar con ellos algo de tiempo, e incluso anteponer su bienestar al propio.

Así pues, con estos pensamientos tan extraños, llego a su habitación mientras el alba se asomaba por los largos mosaicos multicolor que adornaban el techo, proporcionando en el piso un espectáculo de belleza que él no había notado hasta entonces; claro que en aquel momento cualquier cosa le hubiera parecido hermosa puesto que, aunque aparentara lo contrario, marchaba con los pies ligeros que tienen los hombres necios luego de descubrirse enamorados.

Abrió la puerta dispuesto a dormirse un par de horas más, y al poner un pie dentro del cuarto escucho el crujir de una hoja de papel; debajo de él se hallaba lo que parecía una carta doblada, escrita tan apresuradamente que los excesos de tinta traspasaban la hoja y se asomaban por el reverso. La tomo, preguntándose si Lavi había sido intempestivamente rápido y llegó a la habitación antes que él solo para dejarle alguna nota o poema cursi.

Pero al desplegar el susodicho objeto encontró sólo letras confusas entre las que alcanzo a distinguir la amarga frase de:

"Tu y Lavi son mis amigos pero la situación en que se encuentran no es correcta. Tal vez deberia decirselo a Komui"

Arrugo el papel y lo tiro a la basura dispuesto a creer que había sido todo una alucinación; sus pies ya no se sentían ligeros sino que cargaba unos zapatos de plomo. Cerró la puerta, se dejo caer pesadamente en la cama, bocarriba en la oscuridad, mirando en dirección hacía el cesto de basura.

No pudo volver a dormir y en cuanto estuvo a tiempo se dirigió al comedor para almorzar.

Esos trazos desesperados de tinta lo atormentaban, y lo peor, era que sabía quién los había escrito.

. . .

N O T A S .

Y, a final de cuentas, decidí no poner a Allen como un villano tan malvado.

¿O si?

Aun me queda un capitulo para decidir. Una aclaración: Esta es la segunda versión del capitulo. La primera me molesto que mi beta-reader estupida bitch no me dijera mis errores y solo se dedicara a disfrutar de la pornografia que contenia, sin embargo, ya los corregí. Aunque no se nota mucho.

Y, como meros comentarios, si nos ponemos a hablar de la línea temporal de esta historia, podríamos ubicarla en algún tiempo desocupado después de volver el Arca de Noé, en los siglos pasados la palabra "kill" (matar, morir) se utilizaba para describir el orgasmo y "fly" (volar, flotar) para insinuar el sexo.

R&R, my lovers.