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01

''Puedes quedarte con tus recuerdos, no son buenos para mí''


Tal vez todo esto comenzó cuando su relación terminó hace nueve meses atrás o cuando ambos tuvieron la terrible suerte de conseguir una residencia junto al otro y hacer de sus vidas un verdadero infierno porque, ¿Quién en su sano juicio quiere vivir junto a su ex?

Nadie sabe quien inicio esta contienda por joder la vida del otro.

Para algunos de sus amigos es estúpido, para otros es bastante divertido, y a la gran mayoría le importa un carajo las consecuencias o como terminara este asunto. Si existe el drama entre la chica perfecta, hija del abogado más respetado de la ciudad, y del chico rebelde que acaba de alcanzar la fama como estrella de rock, todos estarán en primera fila para verlo.

El asunto estaba muy jodido, y por un demonio, ambos sabían que esto era tan inmaduro y estúpido, pero ninguno podía parar. Llámenlo masoquismo si quieren.

Natsu había dedicado veinticuatro años, la mayor parte de su vida, a la música, lo que él llamaba su verdadero amor. Y lo fue hasta que a los diecinueve una rubia con sus comentarios inteligentes y sarcásticos lo tuvo babeando como un imbécil, hasta darse cuenta que su verdadero amor podría ser ella. Carajo, ella lo volvió loco, aún más con ese carácter firme que ponían sus nervios de punta. Y que hablar de esas discusiones por la más mínima cosa.

Mientras recordara todo lo que le molestaba sobre ella estaría bien y así la olvidaría más rápido. Realmente lo estaba intentando. El problema radicaba en: ¿cómo superas a tu ex, quien creías que era el amor de tu vida y ahora vive en la casa de al lado?

El mundo conspiraba en su contra.

Tal vez esa era la razón por la cual ambos preferían hacer de su vida un infierno, odiarse hasta desaparecer el mínimo sentimiento de afecto que alguna vez se tuvieron, o aun conservan.

Lucy intentó llevar la vida en paz y armonía. De ignorar a Natsu y superar el pasado; pero por supuesto que el tenia que arruinar todo y llevar a una chica (que no era ella) a cenar con sus suegros (ex suegros) dos meses después de que terminaran su relación. Siendo (fingiendo ser) la gran pareja sonriente y amorosa, mientras ella aún comía palomitas de maíz, miraba telenovelas y maldiciendo a los actores con vida perfecta hasta quedarse dormida. Oh, ella estaba celosa. Celosa de esa chica, pero aún más de Natsu por superar su ruptura tan rápido como si cuatro años no hubieran tenido algún significado. Así que si ella estaba viviendo un infierno, él también lo sentiría.

Por otra parte, Natsu veía su rostro deslumbrante salir todas las mañanas y sonreír al atractivo chofer privado que la llevaba todos los días a la firma de abogados en la que laboraba. Todos los malditos días tenía que ver como ese hombre le coqueteaba a Lucy enfrente de sus narices y lo estaba volviendo loco. Sabía que Lucy era atractiva y que podía conseguir a alguien más en un parpadeo, pero el simple pensamiento lo hacía querer golpear una pared, o a ese chofer, o a cualquiera que se atravesara en su camino, porque Lucy se veía alegre y perfecta, mientras él lo único que hacía era escribir canciones tristes y no conseguía inspiración para componer letras que no hicieran llorar a todos en el estudio de grabación. Así que si ella estaba en el paraíso después de la ruptura, llevaría el infierno directo hacia ella.

O hasta sus oídos.

Por cinco horas.

Lucy intentó de todo para poder conciliar el sueño: tomar píldoras para dormir, colocar audífonos e intentar relajarse con música, usar tapones de oídos contra ruido, y nada funcionaba.

Eran las tres de la mañana y lo que sentía por Natsu en este momento era muy parecido al odio. La fiesta tenía que parar.

No prestó atención a las personas bailando en el patio o algunos demasiados ebrios que hicieron del pasto un cómodo camastro, simplemente se dirigió a la puerta. Dio tres golpes y un rostro familiar la atrajo en un abrazo amigable.

— ¡Lucy! — exclamó sonriente y ebrio, bastante ebrio. —, Que bueno que estas aquí, nos estamos divirtiendo mucho — soltó una carcajada — ¿Tu te estás divirtiendo? — preguntó apenas manteniéndose despierto, y de pie.

— Creo que deberías sentarte un momento, Gray — lo guió hasta el sofá y él se dejo caer completamente acabado —, ¿Sabes dónde está Natsu? Necesito hablar con él.

— ¿Van a pelear otra vez? Porque si lo van a hacer llévame contigo, esta fiesta necesita algo de drama.

— Hablo en serio, Gray — lo miró con ojos tristes — Por favor — supo que había ganado cuando lo escucho suspirar. Todos en la banda, los mejores amigos de Natsu, la adoraban.

— Él esta ebrio, muy ebrio, tú lo conoces mejor que nadie y no tenias que preguntarme. Ya sabes dónde está.

Lucy sonrió.

— Lo sé, solo tenias que decir la palabra ebrio.

Gray soltó una carcajada.

— Esta pelea entre ustedes tiene que terminar — admitió —. Patéale el trasero, hermosa. Yo estaré muriendo por aquí. Suerte.

Suerte… Es lo que Natsu necesitaría después de esta fiesta sin sentido en miércoles.

Ebrio era la palabra mágica para saber la ubicación de ese idiota. Solo varios empujones entre la multitud entre la sala bastó para abrir camino y poder ver a su ex novio en la pista de baile.

Una canción movida, retumbaba en sus odios mientras parejas se movían al ritmo de la música. Natsu bailaba solo, reclamando la pista como suya. Cualquiera que podría decir que Natsu no sabía moverse, y al menos no lo hacía sin tener un poco de alcohol en su sistema, pero demonios, a cualquiera que lo viera bailar se le caería la mandíbula.

Natsu tenía el encanto, el atractivo, la atención de miradas hambrientas. Sus músculos se marcaban a través de su camisa a causa del sudor que resbalaba por su cuello. Cada movimiento de sus caderas tensaba sus muslos y parecía que en cualquier momento sus jeans se rasgarían y su piel bronceada y musculosa quedaría visible. El erotismo masculino que Natsu desprendía hizo que su boca se secara. El cabello pegándose a su frente, lengua mojando sus labios, ojos brillantes y seductores… Todo volvió a la normalidad cuando alguien golpeo su hombro y en un segundo Natsu había abandonado la pista de baile para ir por una cerveza a la cocina.

Ese era el momento de actuar.

Tocó su brazo tratando de llamar su atención y pudo sentirlo tensar ante el toque, podría jurar que vio alivio y una chispa encenderse al momento de girarse y mirarla.

— Lucy, Lucy… — curvó la esquina de sus labios en una media sonrisa mientras sostenía un shot de tequila en su mano derecha —, Mi hermosa y perfecta Lucy, ¿Al fin te cansaste tu aburrida vida y decidiste unirte a la diversión?

— De lo único que me canse es de tu fiesta y este maldito escándalo.

Natsu dejó que el tequila quemara su garganta viajando hasta el estomago. Tenía que estar más alcoholizado para soportar otra discusión.

— Solías disfrutar este escándalo.

— Si, pues ya no más. ¿Podrías sacar a todos fuera y dejarme dormir?

— ¿Por qué? Todo el mundo se divierte.

— Yo no.

— A ti nada te divierte, Luce — giró los ojos —. Lo único divertido en ti es esta ridícula pijama de conejitos — señaló y rió mientras tomaba un sorbo de su cerveza —. Que por cierto tantos colores están mareándome.

— Mis pijamas ridículas solían gustarte. — defendió la rubia. De nuevo una discusión que no llegaba a nada.

Natsu negó y sonrió.

— Me gustaba quitártelas.

El recuerdo de Natsu sobre ella embriagó su cuerpo y sintió un hormigueo en el vientre, su ex aprovecho su distracción y la tomó de la cintura, acercándola a él y respirando la piel de su cuello, tentando marcarla con sus labios. No habían pasado ni cinco minutos y todo ya se le había ido de las manos.

— ¿Qué haces? — Preguntó Lucy, incapaz de apartarlo —. Estás ebrio.

— Si, bastante.

— Suéltame ahora.

— ¿Estás segura? — mordió delicadamente el hombro de la rubia y sonrió al ver su respuesta. Cada vez que besaba y mordía su piel, Lucy buscaba apoyo en él para no caer derretida al suelo. Habían pasado nueve meses y aun recordaba cada mínima cosa acerca de ella. No es como si lo hubiera olvidado, jamás podría hacerlo. — Amo como tu cuerpo aún me recuerda.

La boca de Natsu quemaba su piel, ardía por cualquier toque, sentirlo más cerca y jamás dejarlo ir, pero el orgullo es como una puta que se llega cuando menos lo esperas y jode absolutamente todo.

Ella acarició los brazos de Natsu, desde sus hombros hasta las manos que yacían sobre su cintura, apartándolos en un segundo y retrocediendo dos pasos de él, sin quitar esa mirada pretenciosa que la caracterizaba cada vez que estaba molesta.

— Dije que la fiesta debe terminar.

Él se inclino para estar a la altura de su rostro, de sus labios, solo a unos pocos centímetros.

— Y yo dije que no.

Lucy miró sus labios y volvió a levantar la mirada hacia sus ojos.

— Te odio.

— No, no lo haces — afirmó él —, Deseas poder hacerlo, pero jamás lo vas a lograr y lo sabes. Eso es lo que odias.

Estaba ebrio y si Lucy no se apartaba de su vista iba a terminar haciendo algo muy estúpido. Que si lo pensaba mejor, no era mala idea. Aunque ya había jodido esto bastante, otra estupidez a causa de su falta de pensar antes de actuar y ella se le resbalaría de las manos como siempre sucedía cada vez que estaban tan cerca, a solo unas palabras de volver a estar como antes. Tal vez si…

— Ya no te amo.

Y esas cuatro palabras saliendo de sus hermosos labios rosas despertaron su mal carácter y lo hicieron surgir en llamas. Esta era la estupidez a la que se refería.

Lucy supo que la había cagado cuando lo vio tensar su mandíbula, y también sabía que jamás debió decir esa estúpida mentira o tal vez correr, pero mierda, Natsu se veía tan atractivo cuando esta estaba molesto.

Se miraron en silencio por un par de segundos y entonces fue cuando Natsu unió sus labios, llevando sus manos hasta el trasero de Lucy, atrayendo la parte baja de su cuerpo y sentirla más cerca, a lo cual ella respondió acariciando su cabello y frotándose contra la erección que crecía en sus pantalones. Y cuando un gemido escapó de sus labios él aprovecho a introducir su lengua y profundizar ese maldito beso que había anhelado desde hace meses.

— ¡Oh, carajo! — esa exclamación los hizo parar y buscar al culpable de la interrupción: Jellal. — Vaya escena que están haciendo aquí.

Fue cuando Lucy reaccionó y miró a su alrededor, la fiesta parecía estar enfocada ahora en ellos, incluso había algunos grabando con sus teléfonos móviles.

Mierda.

Se apartó rápidamente y trato de reponer la cordura. Si esto llegaba a las redes sociales, su trabajo en la firma, su padre, su único futuro… Doble mierda.

— ¿Luce?

Miró a Natsu. Por supuesto, esto es lo que él quería, lo que siempre quiso. Su fin como aburrida abogada.

— Esta es la razón por la que todo se fue al carajo. Nunca vas a cambiar.

— ¿Y qué mierda significa eso? — Reclamó él — No necesito un maldito escándalo que termine con mi carrera, tu padre puede hacer ese trabajo perfectamente.

— Chicos, chicos…— intentó Jellal.

— No metas a mi familia en esto, Dragneel — amenazó furiosa.

— No necesito hacerlo, tu lo hiciste — defendió — Los dejaste entrar en nuestra relación, preferiste escucharlos a ellos y dejarme a un lado como si no valiera nada.

— Solo quieren lo mejor para mí.

— Y yo no estoy en su lista. Ni siquiera en la tuya.

Lucy quiso llorar y supo que era hora de marcharse. Venir no fue una buena idea. Ahora todo estaba grabado por las cámaras y ya no había marcha atrás. Otro drama más.

— Si, tal vez fue mi culpa por querer algo bueno para mí — admitió ella —, Pero lo que era bueno para mí, no lo era para ti, ¿cierto? — él contuvo el aliento ante la acusación —. Buenas noches, Natsu.

Enojo, actuar sin pensar y alcohol eran la combinación perfecta para sus acciones estúpidas. Después de arruinarlo todo hace nueve meses se prometió cambiar eso en él, pero seguía siendo el mismo imbécil de siempre.

Las palabras de Lucy fueron como una bofetada.

Se pasó las manos por el rostro y suspiró.

— Eso fue intenso. ¿Estás bien? — Preguntó Jellal.

No.

— Si. Saca a estas personas de aquí, ¿quieres?

— Por supuesto — dijo —, ¿Seguro que estas bien? Hay una chica que quiere conocerte y tal vez…

— Solo quiero dormir — interrumpió —.Y a todo el mundo fuera — fue su última palabra antes de desaparecer por las escaleras.

Jellal observó a su amigo desaparecer hasta que Gajeel apareció a su lado.

— Déjame adivinar: rechazó la ofrenda que teníamos para él en su intento de ser virgen otra vez.

— No seas imbécil — Jellal suprimió una carcajada — Y si, lo hizo.

— Mierda, ¿hace cuanto que no se acuesta con alguien? Y digo alguien porque no importa el género, la necesidad llama, bro — bromeó — Por eso esta tan malhumorado todo el tiempo.

— Desde que Lucy lo dejó no lo he visto con nadie más. La ruptura lo arruinó.

— ¡Nos arruinó a todos! — Exclamó Gajeel — ¿Recuerdas esa semana post ruptura en la que todos tuvimos que ver el maratón de Sex and the City? Porque yo sí.

Jellal soltó una carcajada. — Como olvidarlo — admitió —. Solo espero que esta mierda acabe pronto y vuelvan de nuevo.

— No lo sé, amigo, Natsu la cagó bastante.

— Y también lo hizo, Lucy. Ambos necesitan hablar, pero su maldito orgullo no se los permite. Y mientras sigan así, tendremos que soportar todo este drama.

— A mi me encanta el drama.

— ¿Y a quien no? — Jellal rió — Hablando de drama, tenemos que buscar a Gray. No queremos fotos de su trasero por la red de nuevo.

En diez minutos la casa estuvo vacía y la tranquilidad volvió. Aún así, Natsu no pudo dormir. Tratar de arruinarse la vida molestándose el uno al otro era solo una patética excusa para conseguir odiarse, y no culpaba a Lucy si realmente lo conseguía. Él realmente le había arruinado la vida y eso nunca le permitiría conciliar el sueño de nuevo.

»X«

Eran las nueve de la mañana cuando vio a Lucy salir a toda prisa y abordar el transporte que la llevaba a la oficina. Se veía agotada y esas ojeras bajo sus ojos cafés le hicieron perder el apetito por la culpa que lo embargaba. Los dos eran unos inmaduros que no podían entablar una conversación sin salir peor de lo que ya estaban.

Ah, y como odiaba a ese estúpido chofer.

Se dejo caer sobre la cama y encendió la televisión, evitando a toda costa los canales de chismes que seguramente ya estaban hablando de él. Al menos, él solo tenía que ignorar a toda esa bola de víboras, pero Lucy era quien se llevaba la peor parte, especialmente si el gran y respetado Sr. Heartilia se enteraba de esto.

Afectar la vida de Lucy de cualquier modo lo hacía querer vomitar, era como un golpe en el estomago. Siempre quiso lo mejor para ella. Arruinar su futuro… Jamás quiso hacerlo y se odiaba cada día por ello.

Se disculpó incontables veces, pero el daño ya estaba hecho. Sin embargo, ella jamás se disculpó, y aun peor, continuó con el maldito trato que comenzó todo esto. Eso lo hería aun más.

Estaba hecho una mierda.

El amor era una porquería y ya no quería sentir nada más. Y así fue como nació una nueva canción: Lovesick Fool. Otra maldita canción que jamás podría cantar en concierto sin llorar como un idiota.

Como cualquier día, se quedaría en cama como un tonto enfermo de amor hasta el atardecer y ver a Lucy llegar de su trabajo desde la ventana. Realmente era patético.

»X«

Lucy odiaba a este chofer.

No solo le bastaba tener una foto de Natsu en el espejo retrovisor, cada día que su mal humor era evidente. El tonto tenía la decencia de reproducir la canción que Natsu compuso días después de su ruptura y lanzó a la radio, siendo un hit total. Another me era la canción que menos quería escuchar en este momento. Y el chofer parecía disfrutar su tortura. Si no fuera una canción dedicada a ella, podría haber dicho que era buena, muy buena de hecho. Pero no lo era. Punto.

Estaba a nada de lanzarse del auto. Los doscientos cincuenta y ocho mensajes en el grupo de chat con sus amigas aclararon cualquier duda de que todo el asunto en la fiesta estaba en internet. Y su padre debía saberlo ya. Así que lanzarse del auto no era mala idea.

Al entrar a la firma todas las miradas y susurros mientras llegaba a su oficina no se hicieron esperar. Estaba tan cansada de todo esto.
Podría conseguir un departamento lejos de Natsu, pero eso significaría que él había ganado y no le iba a otorgar una victoria tan fácil.

Después de la enorme escena propagada por las redes sociales la noche anterior no tenía ni siquiera que pensarlo, ya sabía que tenía que dirigirse a la oficina de su padre para un largo sermón que recitaba de memoria.

— Han pasado meses, Lucy Heartfilia, ¿y no puedes dejar de estar detrás de ese…— miró a su alrededor, como si buscara encontrar en el aire la palabra correcta para dirigirse a Natsu — ese patético músico? La reputación de nuestra familia es más importante que la fama de ese bueno para nada — la rubia evitó girar los ojos y repitió las palabras de su padre sin que pudiera verla — Hiciste bien en dejarlo, no tenias futuro con él. La música no es un empleo…

Y su voz fue haciéndose un eco al fondo. Ella apoyó su barbilla sobre la palma de su mano tratando de lucir lo menos desinteresada posible al escuchar de nuevo el mismo monologo cada vez que el nombre de Natsu era mencionado, lo cual era muy a menudo. Él estaba en la cumbre de su carrera y ver su nombre en cualquier lugar hacia mas difícil poder evitar este tipo de discusiones con su padre.

Y así pasaron quince minutos hasta que por fin cambió el rumbo de la conversación.

— ¿Estas escuchándome?

— Por su puesto, papá. ¿No lo hago siempre?

— Mmh — la miró indeciso por un momento y después continuó —. Espero que esto no se vuelva a repetir. Recuerda que…

— Nuestras acciones afectan la reputación de la firma — repitió ella —. Trataré de evitar que no vuelva a suceder, ¿mejor?

— Me alegra que quede claro. — afirmó —. Puedes irte, cariño. — dio un pequeño beso sobre su frente y sonrió — Sabes que quiero lo mejor para ti.

— Lo sé— sonrió ella — Saluda a mamá de mi parte.

Dejó salir un largo suspiro al salir de la oficina y se dedicó a distraer su mente en todo el papeleo que estaba sobre su escritorio. Sería otro largo y duro día de trabajo. La única relación que parecía funcionar perfectamente en su vida. Y era un poco triste.

Era la misma rutina cada día. Despertar, discutir con Natsu, trabajar hasta el cansancio, gimnasio, dormir.

Fue ahí en donde recordó que no se había divertido en mucho tiempo. Nueve meses para ser exactos. Se lo merecía. Si Natsu lo hacía cada noche, ¿Por qué no podia hacerlo ella?

Una sonrisa cubrió su rostro mientras pulsaba el chat que parecía tener telarañas. Sus únicos mensajes que recibía eran de sus mejores amigas y su madre preguntando si estaba bien.

Bueno, claramente su vida social no lo estaba. Más si el único plan al llegar a casa era Netflix y comida rápida.

Lucy

Alguien necesita una noche fuera bailando hasta morir?

Juvia

Acaso estas invitándome a salir por la noche?
Quien eres y que le hiciste a mi mejor amiga?

Levy

AL FIN!

Erza
Cuenten conmigo xo

Lucy

Tomaré eso como un si

Unos mensajes más de respuesta y el plan estaba hecho. Esta iba a ser una noche divertida después de mucho tiempo, y Natsu no iba a arruinarlo. Ni siquiera pensaría en él. Sería su noche y de nadie más.

El tiempo después de eso pasó rápido. Su turnó termino y se dirigió al apartamento de Erza. Era la mejor opción, ya que si regresaba a casa, Natsu sabría que tenía otros planes y trataría de arruinarlos a toda costa, ya fuera con una discusión sin sentido que la dejaría sin energía.

Entre risas y charlas con sus amigas comenzó a recordar lo mucho que extrañaba esto. Aunque a decir verdad la ponía un poco nerviosa. Durante cuatro años de relación con Natsu, jamás había salido sin él a cualquier fiesta o evento social, y comenzó a dudar por un momento. Las chicas parecían estar entusiasmadas, tratando de elegir un vestido que acentuara perfectamente a su cuerpo y cada curva, que según ellas, volvería loco a cualquier chico y sería la más sexy de la noche. Y realmente ese no era su plan.

Solo era una noche de chicas, bailando y riendo como solían hacerlo siempre. Solo que esta vez no estaría Natsu cuidándola desde la distancia, deleitado por su sensualidad al bailar, vigilando que nadie se acercara a ella y dejar en claro a cualquier imbécil a quien pertenecía… O eso era antes.

Su pecho dolió ante el recuerdo. ¿Acaso era muy pronto para salir de fiesta de nuevo? De repente todo comenzaba a parecer una mala idea. Tal vez si regresaba a casa…

— No — escuchó la voz de Levy —. Se lo que estas pensando y no vas a retractarte. Es nuestra noche, lo prometiste

— Lo sé, pero…

— Solo olvídalo, por esta noche — dijo Juvia —. Si él puede hacerlo, tu también. Ya te arruinó bastante, aleja a Natsu de tu mente y diviértete.

— Sabes que es cierto, Lucy. — habló Erza esta vez —. Lo necesitas.

Si, lo necesitaba. Su mente imploraba por una distracción que no fuera más papelería.

Y así se dejo convencer, sin dejar de sentirse un poco inquieta al respecto.

Sus amigas entendían perfectamente lo que sucedía. Una relación de cuatro años no es algo que superaría tan pronto. Natsu no era una persona que olvidaría fácilmente, especialmente a alguien que fue tan importante para ella, quien fue su mejor amigo, además de su amante. Y por eso su insidia dolía más.

Se maldijo mentalmente. Tenía que dejar de pensar en todo lo relacionado con Natsu. Se sentía tan estúpida. Nueve meses y aún podía sentir esas mariposas en el estomago cada vez que lo miraba, aunque fuera a lo lejos; todo cuando a él parecía estar perfecto. Era una gran tonta que debía superar a su ex, y no era una opción. Tenía que obligarse a hacerlo.

Asintió para sí misma y se prometió alejar cualquier pensamiento o recuerdo que pudiera matar su estado de ánimo.

El camino hacia el club fue rápido, coreando y bailando canciones de moda para motivar a la noche a ser más divertida. El acceso al club también fue rápido. Luces parpadeantes y el fuerte sonido de la música zumbó en sus oídos. Las chicas se miraron entre si y lanzaron un grito de emoción sin dejar de sonreír. No se molestaron en elegir alguna mesa, para que molestarse si el plan era bailar toda la noche. Era más fácil dirigirse hasta la barra, pedir algún cocktail y seguir bailando al ritmo de la música.

Lucy pudo sentir algunas miradas pero ignoró a cualquiera que intento acercarse, así como se prometió no aceptar ninguna invitación de baile o alguna bebida. Era noche de chicas y, honestamente, ella no estaba en este lugar para conseguir algo más de diversión que con sus mejores amigas.

Todo iba excelente hasta que su sexto cocktail se convirtió en otra bebida cuyo nombre era completamente desconocido. Su cuerpo rogaba detenerse, todo comenzaba dar vueltas y sabía que tenía que detenerse o esta noche iba a convertirse en un error que le dejaría un remordimiento enorme y una horrible jaqueca al día siguiente. Pero todo siempre sale mal cuando intentas mentirte a ti mismo que todo está bien y no estás de alguna forma muriendo por dentro.

Un corazón roto y el alcohol siempre serán una mala combinación.

Su mente se volvió un torbellino de recuerdos, sentimientos encontrados, manos acariciando su cuerpo tratando de mantener el ritmo y voces que le pedían detenerse. Pero ella no quería. No cuando su pecho se quemaba y no podía distinguir si era por el tequila o la voz de Natsu que resonaba en todo lugar. Quiso reír a la ironía. El destino jamás le permitiría un momento de paz. Al menos un segundo.

Lock me up estremeció en las paredes del lugar junto con los aullidos de la multitud cantando a todo pulmón. ¿Cómo olvidar a Natsu cuando su banda estaba en la cúspide de la fama y estaba prácticamente en cada rincón?

Enciérrame y mantén este momento

Se perdió en la letra de la canción

No hay ninguna forma,

Debía haber algo que pudiera hacer; borrar esa sonrisa, el delicado roce de sus dedos sobre las mejillas sonrojadas de ella, el brillo en sus ojos cada vez que la miraba…

Nunca me liberaré

Sus ojos ardían en lágrimas que se resistía a derramar. Solo quería detener este pesar en su pecho. Ella realmente de dejó vencer esta vez y desahogar todo lo que guardó durante meses. Abrió las puertas y escapó de esa tortura que ella misma se había puesto. Se rindió y perdió el juego. Era hora de irse a casa.

Enciérrame

»X«

La luz del día molestaba en sus ojos aun sin abrirlos, y justo ahí, prometió no volver a tomar una gota de alcohol en su vida. Aunque probablemente esa era una gran mentira. El dolor de cabeza no era tan horrible como había esperado, aunque las nauseas hicieron que su cuerpo reaccionara e intentara ponerse de pie muy rápido, arrepintiéndose inmediatamente de tal acción. El mareo fue al instante y decidió mantenerse sentada sobre la cama hasta que pudiera sentirse capaz de ir hacia el baño por su propia cuenta.

Fue entonces cuando la puerta se abrió y dejo ver a la persona que menos esperaba en ese momento:

— Natsu

Él reaccionó al escuchar su nombre y ambos entrelazaron sus miradas por lo que pareció ser un largo minuto, hasta que Lucy bajó la mirada.

— Veo que ya despertaste.

— ¿Qué haces aquí?

Natsu dejó lo que parecía ser un almuerzo improvisado sobre una de las mesas de luz a un costado de la cama.

— ¿Qué parece para ti?

Lucy hundió los hombros, aun sin dirigirle la mirada. — No lo sé, tú dime.

Él suspiro y tomó asiento a su lado.

— De acuerdo, tú me llamaste a las cuatro de la maldita madrugada completamente alcoholizada, junto a un tipo siendo muy amigable tomándote de la cintura. — Comentó— Y si Lucy, estoy furioso.

Lucy pudo sentir el calor subir a sus mejillas. Se aclaró la garganta antes de responder: — No deberías. Es asunto mío, Natsu, debiste simplemente ignorarlo.

— Si, bueno, cuando tú ex de quien todavía estas jodidamente enamorado te llama en un estado de ebriedad, no lo ignora — hizo una pausa para tomar a Lucy delicadamente de la barbilla — ¿Por favor, podrías mirarme mientras trato de razonar un momento contigo? — Esperó por su respuesta y ella asintió, no confiando en sus propias palabras, en sus sentidos —. Por lo tanto, hermosa, si es asunto mío.

Y entonces la voz de Natsu se fue alejando hasta volverse un eco. Ella parpadeó varias veces para poder enfocar su mente, su vista, algo que no fuera Natsu y esa sensualidad que desprendía cada vez que estaba molesto. Carajo, aun debía estar ebria o el alcohol en la sangre estaba jugando con sus hormonas. Además, había pasado tanto tiempo desde que su cuerpo había estado en contacto con otro. Nueve meses para ser exactos, y Natsu estaba justo ahí, frente a ella.

Fue ahí cuando Natsu hizo una pausa y decidió prestar más atención a lo que ocurría. Y entonces entendió. Lucy mordiendo su labio inferior, mejillas sonrojadas y apretando sus piernas sin dejar de mirarlo, cada detalle como si quiera devorarlo de un solo bocado. Quiso sonreír, pero decidió probar su punto antes, para estar más seguro. Así que decidió humedecer sus labios, pasando la lengua delicadamente y siguió la mirada de ella, desenfocada con ese brillo de lujuria en sus ojos y ella ni siquiera había notado que había parado de hablar.

— ¿Estas excitada?

Lucy contuvo el aliento y mantuvo los ojos bien abiertos, sus mejillas sonrojándose aun más y bajando la mirada nuevamente. De repente demasiado tímida para mantener el contacto visual.

La situación era absurda. Él todavía estaba furioso y ella pensaba en sexo. Excelente. ¿Ahora como iba a lidiar con Lucy en esa condición?
Pero, oh dios, ella se veía tan linda sonrojada.

— Esto es ridículo, Luce. No puedes estar pensando en sexo cuando estoy tratando de ser el adulto de los dos, y eso es aun más ridículo.

— ¿No lo quieres…? — preguntó ella, acercándose lentamente hacia él —. Ha pasado tanto tiempo, Natsu. Te deseo, quiero…

— No me hagas esto, Luce. — imploró él. Él se pasó las manos por el rostro y miró a cualquier lugar menos a ella. Si lo hacía iba a joderla en grande, y ya estaba tentado. Su dulce voz mezclada con lujuria era como tener el paraíso en el infierno. — No he estado con nadie desde que tu y yo… No puedo hacer esto. No si solo significa que te tendré una vez y volverás a dejarme.

— Pero estoy aquí — susurró ella, con su aliento rozando los labios de él. — Mírame — él la miró, contempló su belleza nuevamente de cerca — Tómame.

Todo estaba mal. Ambos lo sabían y aun así no pararon, no pensaron en las consecuencias que esto traería después.
El choque de sus labios fue brusco, sin vacilación o cuidado en la presencia de sus dientes. Lucy dejó que Natsu tomara el control del beso, permitiendo que su lengua devorara y explorara la boca de Lucy. Tal y como si se tratara de un néctar adictivo del cual no saciaba su apetito. Fue desesperado y pasional por el tiempo perdido. El leve sabor del alcohol aun puede percibirse en el intercambio de su saliva, y aunque Lucy ya se encuentra sobria, en ese momento se sentía ebria de nuevo. Mareada entre las caricias y toques delicados que despertaban a su cuerpo.

Cada prenda que abandonaba sus cuerpos los adentraba a un viaje peligroso y sin retorno. Natsu y las buenas decisiones nunca iban juntas en una oración. Un resultado que guiaba a ambos a nada bueno.

Había pasado tiempo desde la última vez que estuvieron juntos y, aun así, Lucy pudo sentir como su boca se secaba al ver el abdomen definido de Natsu de nuevo, siendo atrapada entre sus brazos musculosos y su cuerpo desnudo.
Las manos de Natsu se enfocaron en sacar la ultima prenda que los separaba del verdadero placer, dejándola expuesta ante el adonis que era él.
Ella no perdió el tiempo y abrió sus piernas para Natsu, posicionándose él en el medio y acariciando su intimidad con su erección.

Lucy sacó un condón de los cajones, de los que no usaba desde hace meses. Natsu no preguntó. No iba dejarse cegar por los celos y perder la oportunidad de disfrutar este momento, aunque su corazón rogara por misericordia y detuviera este encuentro que al terminar lo dejaría hecho pedazos.

Pero él sabía que se merecía la miseria, y entonces ignoró la realidad y se dejó llevar por la tormenta que era Lucy.

Cada caricia, cada beso, cada roce, enviaba descargas de placer al cuerpo de Lucy, gimiendo por tener a Natsu dentro de ella. Y él pareció al fin ceder a sus suplicas, introduciendo un dedo dentro de su sexo húmedo y lubricado. Lucy soltó un gemido.

No pasó mucho tiempo hasta que el cuerpo de ella comenzó a relajarse y para que Natsu introdujera otro dedo más, masajeando su punto de placer hasta tenerla gritando por su nombre.
Lucy retorcía sus pies en placer. Era un poco irritante no poder encontrar alivio, aun más con su ex disfrutando escuchar sus suplicas por alcanzar el orgasmo. Aun así, era bueno volver a sentir el calor humano de nuevo, especialmente si era de Natsu. De pronto todo: el calor en su vientre, debajo de su piel, en su pecho fue demasiado para soportar.

— N-Natsu… Estoy lista… Por fav-ah— dejó escapar un gritó de placer cuando él se introdujo en el apretado espacio entre sus piernas.

Lucy trató de relajarse y ajustarse de nuevo al intruso en su cuerpo, para después asentir y darle la señal a Natsu que necesitaba para continuar y moverse. Ambos gimieron al unísono.

— Mierda, Luce…

Natsu se detuvo un segundo y retiró su erección, para volver a penetrarla con más fuerza. Lucy contuvo el aliento y se sostuvo de sus hombros ante la repentina brutalidad, dejando caer su cabeza sobre la almohada, perdida ante el gozo de sus entrañas.

La mirada intensa de él sobre ella, tan afectuosa, como si fuera lo más hermoso del jodido universo, fue la que la guió directamente al éxtasis.

Natsu continuó unos minutos más, mientras ella dejó escapar suspiros por la sensibilidad, hasta que por fin pudo sentir el cuerpo de él llegar al orgasmo, mordiendo su hombro en el proceso por la intensidad.

Después de eso, lo único que se escuchó fueron sus respiraciones, y los delicados besos que dejó Natsu por todo su cuerpo. Podrían haberse quedado así, entre los brazos de ambos, hasta que el teléfono móvil de Natsu no paro se sonar insistente.

Él debía estar en una reunión desde hace una hora y obviamente estaba retrasado.

Odiaba tener que dejarla, pero los nuevos productores para el nuevo álbum eran un dolor en el trasero.

La falta de adrenalina hizo que Lucy se sintiera fatigada, completamente exhausta. Pudo contemplar a Natsu vestirse con apuro, mientras ella luchaba por mantener sus ojos abiertos y sus pensamientos en orden.

— Cuando vuelva, hablaremos sobre esto ¿cierto? — preguntó él —. ¿Vamos a estar bien de nuevo? — Ella no respondió, cerró los ojos y asintió.

Antes de irse la miró dormida sobre la cama una última vez, con una inquietud recorriendo su pecho. Durante todo el camino hacia el estudio se trató de convencer que estarían y trató de calmar ese mal presentimiento e ignorar el laberinto de dudas en su cerebro que tenían por nombre Lucy Heartfilia.

»X«

Pasó una semana y ella aun no tenía las agallas de volver a pisar un pie en su casa, especialmente cuando sabía que ahí estaría Natsu, esperando por una respuesta o intentando enmendar las cosas. Tampoco había revisado su teléfono celular, temerosa por encontrar mensajes y llamadas perdidas de él.

Fue solo un momento de debilidad. Es de lo que ella se trata de convencer. Algo que nunca debió suceder. Ellos dos no deberían estar juntos de nuevo, no había razón por la cual siquiera pensar que existía una posibilidad de volver.

Sus padres tampoco cuestionaron su decisión de no volver a su propia casa. Para su padre era mejor, ya que estaría alejada de Natsu y eso era lo mejor para ella.

La familia Heartfilia se encontraba comiendo y charlando durante la cena, normalmente del trabajo o problemas en la oficina. Fue ahí cuando su padre al fin soltó la bomba que había mantenido en secreto.

— … Así que mantendrás un noviazgo con el hijo de nuestro socio Hayazi para mantener a la firma más activa en cuanto a clientes.

La rubia estaba en shock.

— ¿Qué?

— He dicho que tendrás un noviazgo con…

— Oh, te escuché perfectamente la primera vez, papá. Mi pregunta es: ¿Qué te hizo pensar que estaba bien aceptar algo así para mí?

— Para nosotros, hija — corrigió — Además es falso. Solo será por un año.

— Es una broma, ¿cierto?

— ¿Te parece que estoy bromeando, Lucy?

Increíble. No podía creer lo que sus oídos habían escuchado.

— Esto es ridículo. ¿Qué te hace pensar que aceptaré?

— Aquí no hay nada que pensar y lo sabes. Lo harás de todas formas porque no tienes otra opción.

Ella realmente lo sabía. Sin la firma de abogados de la que era parte, gracias a su padre, ella tenía un buen empleo. Sin eso, no tenía nada. Eso también gracias a Natsu.

— Se supone que debes apoyarme, no chantajearme. — dijo con lagrimas en los ojos. Estaba furiosa, agotada de todo a su alrededor, de su situación con Natsu —. ¿No quieres lo mejor para mí?

— Esto es lo mejor para ti, hija. Para nuestro futuro en la línea de abogados decentes.

Ella negó con la cabeza y apartó su comida. Ya había perdido el apetito por completo.

— Lo que yo piense da igual. Siempre alguien debe decidir todo por mí, ¿no es así? Mi opinión nunca te importa — dijo antes de retirarse a su habitación — ¿Aunque sabes qué? En eso eres igual a Natsu.

El portazo de la puerta de su habitación fue el manifiesto de que no estaría disponible para escuchar palabrerías con las cuales ella no estaría de acuerdo. Al fin sacó su teléfono móvil de su bolso, el cual se encontraba con la batería completamente muerta. Se dejo caer sobre la cama y esperó porque su móvil reviviera de nuevo. El objeto vibraba y sonaba, recuperando cada mensaje y llamada recibida en los últimos días. Ella respondió algunos de sus amigas y decidió ignorar los de Natsu por un momento. No estaba lista para afrontar lo que había sucedido entre los dos. Volver o intentar reparar su relación era prácticamente imposible. Recuperar la confianza en Natsu era algo que no estaba segura si volvería a permitir que ocurriera. Aunque aun tuviera sentimientos por él, si no confiaba en su persona o acciones, ¿para qué molestarse en salir lastimada de nuevo?

Y ahora el tema con su padre. Todo sería más fácil si se quedaba encerrada en su habitación e ignorar su exterior.

Después leyó un mensaje de Gray:

- Se que no quieres hablar del tema, pero al menos responde sus mjs. Todo este asunto lo está matando, Lucy. No sabemos qué hacer con él :(

- Si no quieres volver a saber nada de Natsu por favor que él lo sepa también.

Lucy no respondió y al fin tomo el valor para leer los de Natsu.

- Regrese a tu casa y parece que no hay nadie. Sigues en la oficina?

- Cuando termine tu turno por favor llámame, no quiero dejar las cosas sin revolver. Lo que pasó hoy… Llámame, Luce.

- Piensas volver esta noche a casa? Voy a esperarte el tiempo que tenga que hacerlo. Por favor responde.

- Luce?

- He intentado llamarte y tampoco respondes, también estas ignorando mis llamadas?

- Te he vuelto a llamar y me indica que esta fuera de servicio, eso significa que has apagado tu teléfono o te quedaste sin carga. Cualquiera de los dos por favor devuelve mis llamadas, Luce. No quiero que esto se quede así, podemos resolverlo. Te amo.

- Han pasado tres días y es bastante obvio que no quieres hablar del tema o conmigo. Solo quería volver a estar como antes, sabes? Sé que piensas que es imposible y lo que yo te hice fue una estupidez y no hay día el cual no me arrepienta, pero quiero enmendar las cosas. Eres lo más importante en mi vida, por favor, solo dame otra oportunidad.

- Cuatro días y reviso las notificaciones esperando que al menos una sea tuya. Así es como terminará todo de nuevo?

- Creo que ya debería de haber aprendido la lección. No te molestaré más. El domingo habrá un evento en el centro de la ciudad y mi banda se presentará. Te escribí una canción de nuevo y me gustaría que estuvieras ahí para escucharla. Sé que no tengo el derecho de pedirte nada, pero harías eso por mi?

- Te amo

Lucy miró el techo por casi media hora. El evento era hoy y aun estaba a tiempo. Sin embargo, se encontraba indecisa sobre qué hacer. Así que se coloco sus audífonos y escuchó el primer hit y canción que Natsu le dedicó años atrás: Angel With A Shotgun. Su melodiosa voz siempre la tranquilizaba y, en esta ocasión, le dio el empujón que necesitaba para al fin tomar una decisión. No la más importante, pero si la que interesaba en el momento.

Bajó las escaleras con rapidez y miró a su alrededor. La casa de sus padres era enorme y posiblemente ellos se encontraban ya en su habitación o solamente su madre, y su padre trabajando en más casos legales en su oficina privada. Si ella salía no se darían cuenta, ni tampoco quería dar explicaciones.
Tomó las llaves de uno de los autos de su padre y se apresuró a llegar al festival en la gran feria que se organizaba cada año en la ciudad. La banda de Natsu sería posiblemente la ultima en presentarse debido a su popularidad en la actualidad.

El estacionamiento estaba saturado por lo que tuvo que aparcar el auto a unas calles del lugar. Cuando por fin pudo entrar, la banda ya estaba a mitad de su presentación.

Lucy pudo apreciar a Natsu desde lo lejos, a través las pantallas, cantando y saltando por todo el escenario. La emoción que desprendía en el concierto la hizo sonreír. El escenario era el lugar el cual él había nacido para estar de pie. De repente, comenzó una de sus canciones favoritas: Living Louder, la cual era también una de las canciones favoritas de la banda, ya que fue la primera que compusieron juntos cuando al fin firmaron su primer contrato para un álbum de estudio. Una punzada de remordimiento golpeó su pecho pero decidió ignorarlo. No era el momento.

''Nadie vive para siempre, pero seremos recordados por lo que hacemos ahora''

Esa canción erizaba su piel, por lo que también decidió cantar a todo pulmón cada palabra. Todos a su alrededor estaban sumergidos en la pasión de la música, el grito eufórico de los fans era infinito. Así continuo hasta que llego el final del concierto.

La ultima canción.

Su canción.

En su discurso, Natsu mencionó que era algo nuevo y que dedicaba a la persona más importante y el amor de su vida.

Endlessly

El primer sonido y voz que resonó a través de las bocinas llegó directamente a ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas y los recuerdos junto a él la abrumaron.

''Hay una calle abajo, donde venden anillos de plástico a un cuarto la pieza. Sé que es barato, no como el oro de tus sueños, pero espero que lo sigas usando''

Ella lo hacía. Toco el diminuto artefacto que colgaba alrededor de su cuello convertido en collar. Fue el primer obsequio que él le dio, y el recuerdo más dulce en su memoria. Ambos eran jóvenes y llenos de promesas de un futuro juntos.

''La tinta puede manchar mi piel, y mis jeans pueden estar gastados. No soy perfecto, pero juro que soy perfecto para ti''

La canción era hermosa y ella sonrió entre lágrimas. Lloró por ellos, por su pasado, por su futuro. Lucy no podía hacer esto, no de nuevo.

¿Cómo recuperar la confianza? ¿Cómo sanar después de todo el dolor que se habían causado mutualmente?
Natsu estaba dispuesto a hacerlo, aunque no fuera un trabajo fácil. Él era el valiente de los dos, dispuesto a sobreponerse frente a cualquier obstáculo. Lucy era quien se ocultaba. No podía hacerlo. No era una opción.

A unos cuantos pasos estaba Natsu esperándola con los brazos abiertos, listo para resolver todos los problemas y jamás dejarla ir de nuevo. Lucy… Ella decidió dar la vuelta y no dar ninguna explicación.

Simplemente huyo. Se alejó de él sin al menos dejarlo decir unas últimas palabras.

Solo se fue, esperando que todo esto quedara atrás y al fin sacar a Natsu de su corazón. Porque él no era bueno para ella, y no desperdiciaría su tiempo de nuevo con una persona que había arruinado la mejor oportunidad de su vida de manera tan egoísta.

Lucy lloró durante todo el camino de regreso a casa de sus padres, y Natsu… Él se quedo esperando por una respuesta sobre un escenario vacío.


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Canciones mencionadas:

Lovesick fool
Another me
Lock me up
Angel With A Shotgun
Living Louder
Endlessly

Todas pertenecen a The cab.

Symphony Soldier es el álbum de la mayoría de estas canciones y es uno de mis favoritos. Se los recomiendo !

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