OOMMGG!
Juro que no creí que iba a tener reviews…lo juro! Estoy muy feliz, seriusly. Así que para recompensar eso, me pondré las pilas e intentaré continuar esta fail historia.
Dedicado a las awesome chicas que comentaron xD y para las que leyeron, por supuesto.
Por cierto, odiaba a Bélgica. Dejé de hacerlo de un día para el otro, creo que es demasiado bonita como para que me caiga mal.
Basta de charla. ¡Hora de los tiros y persecuciones locas!(muchas pelis de acción, perhaps) =_=U
Long way to our past life
II
Año 2053.
Ciudad de Montreal, Canadá.
Hora: 22:20
Un auto blindado negro, demasiado grande para el joven que lo conducía dentro, recorría las solitarias (y hasta podría decirse…deshabitadas) calles de la gélida ciudad, haciendo caso omiso de los semáforos en cada esquina. El ex Matthew Williams, devenido en un mediocre e inexperto oficial de policía de apellido Buckles, encargado único por dos semanas de la administración y cuidado de todo el Departamento de Seguridad, apretaba el acelerador con fuerza, llevándose por delante varios de los tachos de basura que estaban apostados en la calzada. Sus manos transpiraban miedo e inseguridad, sus labios temblaban ligeramente, pero sus ojos demostraban más determinación de la que solía tener.
Más de la que había tenido aún siendo el representante de Canadá.
Todavía le resonaba en su oído la voz de la belga, pidiendo auxilio y con un dejo en su respiración que denotaba demasiado pánico. Pánico…pánico… ¿de qué? Había visto demasiadas películas en esas tardes melancólicas que pasaba encerrado en la soledad de su despacho. Tal vez Bel exageraba, quizás eran dos idiotas de la policía belga persiguiéndola. O al menos, eso deseaba que fuera en el fondo de su corazón, jamás se había enfrentado a más de dos hombres.
Y mucho menos armados.
Una bocina sonó detrás del canadiense. Un sonido que lo sacó de sus pensamientos y le hizo estremecer. Al parecer, alguien lo estaba siguiendo. Miró por el espejo retrovisor, intentando a la vez no perder el control del volante. Divisó una moto negra, de un tamaño considerable, parecía salida de esas películas de acción que solía ver con Alfred. Quien la conducía llevaba puesto un casco, negro también, al igual que la ropa de cuero que llevaba. A pesar de estar cubierto casi por completo, pudo notar tras los cristales oscuros del casco algunos rasgos del conductor, aunque no lo suficiente como para identificarlo.
Dejó de divagar acerca del tema cuando vio que sacaba de un costado una extraña clase de rifle, apuntando directamente hacia su blindado. Bien, no era la primera vez que le disparaban a ese carro, pero el porte de esa pistola gigante le daba mala espina. Demasiada.
Aceleró y dobló en una esquina de golpe, justo en el mismo instante en que resonaba detrás suyo una explosión. Miró nuevamente por el espejo. Humo. Humo negro que brotaba de unos contenedores de basura. Y de él, surgió el motociclista, con la misma arma en la mano, dirigiéndo el cañón directo hacia él.
No había otra calle para despistar al intruso. Y la esquina siguiente estaba bastante lejos. No tuvo otra opción que apurarse y buscar su revólver en el compartimiento derecho. Nunca había matado a nadie, pero si hoy tenía que hacerlo, lo haría.
Otro estallido sonó y el blindado vibró fuertemente, perdiendo la dirección. Matthew se aferró al volante y giró en sentido contrario, tratando de estabilizarlo.
Miró nuevamente por el retrovisor. El tipo estaba ocupado en cargar nuevamente un cartucho. Aprovechó ese instante y sacó la cabeza por la ventana, pistola en mano.
-¡Oye tú! ¡Deja de disparar, o tendré que matarte! ¿Por qué me persigues? ¡Soy la policía idiota!
Por eso siempre había sido un pésimo agente.
En un instante pudo ver como el conductor sacaba con su otra mano un arma de algún lugar, soltando el manubrio de la moto. Apuntó y disparó en el acto, directo al rostro del canadiense.
-¡Fuck!
Apenas sintió el disparo hizo su cabeza hacia atrás, instintivamente. La bala pasó rozando su mejilla, dejando un rastro de sangre tras de sí.
-Este tipo va en serio…dios mío…¡quiere matarme!
Gimió nervioso, sujetando el volante y aceleró. Se mordió los labios, la herida ardía y mucho, sentía la sangre bajar hasta su cuello y mancharle el uniforme. Había un cruce más allá, que daba hacia una calle por donde podía cortar camino hacia el hospital. Resopló y apretó los dientes, tratando de acallar el ligero castañeteo que producían. El tic nervioso pasó hacia su ojo izquierdo, y luego se generalizo por todo su cuerpo. Estaba temblando de miedo.
Centró su mirada en el espejo. Otra vez, ese desgraciado apuntándole, al parecer buscando precisión. A pesar de que empezó a mover el auto en zigzag, el maldito parecía que no encontraba dificultad en apuntarle directo a la cabecera del asiento de conductor. Y la visión desapareció cuando el espejo retrovisor voló en miles de cristales frente a sus ojos. Acaso…¿acaso no era un blindado último modelo? ¿Que clase de arma portaba ese? Por poco el proyectil pequeño no le revienta la cabeza, había atravesado el cristal trasero como si nada.
Intentó ubicar su lugar con los dos espejos restantes a sus costados, pero estos también estallaron ante sus ojos. Había perdido por completo la perspectiva posterior, le iba a resultar imposible ahora adivinar la posición de su atacante. ¿Qué hacer?
Lo único que le quedaba hacer era frenar. Y eso hizo.
Percibió un fuerte golpe en la parte de atrás, y luego vio la moto pasar a primer plano. ¿El hijo de puta había adivinado eso y había pasado por encima…sin dañarse?
-¡Shit, stop to hound me!
El canadiense sacó su arma y sacando medio cuerpo por la ventana vació el cartucho en las ruedas de la motocicleta. Fue un buen plan, pues esta perdió velocidad. Sin embargo olvidó que había vuelto a acelerar cuando la vio aparecer delante. Cuando intentó frenar, ya era tarde, el carro se llevó por delante al extraño conductor y a su vehículo, haciéndolo chocar con fuerza contra el pavimento. Solo en ese momento pudo frenar. No había sido intencional, solo…había querido defenderse.
Echó una maldición mientras se asomaba por la ventanilla. Sudaba frío.
-¿O-oye…estás bien…?
Las ruedas de la moto todavía giraban solas. Más allá, el misterioso cazador yacía en el suelo, intentando incorporarse. Tenía el casco en la mano, sin embargo su cabeza estaba cubierta por una especie de capucha ajustada oscura, al igual que gran parte de su rostro. Tenía un gran manchón de sangre en lo poco que se podía alcanzar a ver de su piel. Y unos mechones rubios alcanzaban a escapar de la prisión de tela que los cubría.
-¿Quie-quieres ir al hospital? Voy camino hacia…
-T-tú…maldito…
La voz surgió áspera y fría. El rencor podía traducirse en ella, tanto que Matthew se asustó. No creía tener enemigos personales, nunca había hecho nada para merecer uno.
Lo observó más detenidamente. Tenía uno de los ojos inyectado en sangre, tal vez a causa del golpe. Y el otro dejaba traslucir un celeste profundo, que debería ser brillante pero lucía apagado. Y repleto de odio. Algo familiar tenía, había visto esas pupilas antes, alguna vez en su vida.
-Si tienes algún problema, lo arreglaremos después…t-tú necesitas asistencia méd…
-¡Cállate!
Desenfundó una pistola que tenía oculta en sus ropas y disparó. Otra vez, la bala rozó el rostro del ex-representante de Canadá, esta vez pasó cerca de su sien, haciéndole una herida más profunda aún que la anterior. Matthew se llevó la mano hacia el corte, paralizado. Otra bala pasó cerca de su brazo, y otra dio contra el blindado. El sonido del cartucho vacío se repitió varias veces, antes de que el atacante arrojara el arma contra la pared, impotente. Matt continuaba inmovilizado, perplejo, buscando una explicación en el rostro del rubio. Y dicha explicación llegó, cuando el ojiceleste se cubrió la cara con las manos y luego le gritó con fuerza.
-¡Tú me quitaste a lo único que me quedaba en este mundo!
¿Quitar? ¿Eso significaba...matar? Él nunca había matado a nadie, tal vez el tipo lo confundía con otra persona. Instantáneamente se le vino a la mente las rencillas que solía tener con Cuba a causa de su parecido con Estados Unidos. Tal vez ese sujeto… ¿buscaba a su hermano? ¿A Alfred? Entonces… ¿Alfred había matado a alguien? No entendía nada. Podría habérselo preguntado, pero si lo hacía revelaría que era el hermano del americano, es decir, Matthew Williams. Y le habían hecho jurar guardar el secreto. No fuera a terminar él también como Bélgica…
Oh por dios… ¡Bélgica! ¡La había olvidado por completo!
Volvió al volante, dejando al sujeto en el pavimento, sobre un pequeño charco de sangre. No podía distraerse con un desconocido que encima lo confundía con su hermano. Bélgica estaba en problemas, en serios problemas. Corría peligro su vida, había olvidado que ya no eran países, sino humanos. Un simple disparo en el cuerpo no sanaba con rapidez como antes. Podía desangrarla. Y matarla.
Aceleró, después de lanzarle al motociclista uno de los botiquines que llevaba dentro del blindado.
-Te has equivocado de persona, yo jamás haría algo así. Cuídate, y ya no me sigas, o tendré que matarte, y esta vez va en serio.
Arrancó y se perdió por las calles de Montreal.
oOoOoOo
No le quedaba otra opción. Tenía que salir de ese sitio, o la terminarían encontrando. Le dolía cada una de sus heridas. Era la primera vez que experimentaba el dolor de esa manera. No eran ya golpes de guerras, o de conflictos internacionales. Eran en carne propia, dirigidos a ella, hechos por personas de carne y hueso que no dudaban en dispararle a pesar que desde que había bajado del avión en Ottawa venía suplicándoles una tregua. Eran perros de caza, no conocían el descanso, hacía 48 horas que estaba despierta, corriendo, huyendo, escapando de sus propios asesinos.
Se acurrucó más en su rincón, dándose calor con sus brazos. Sujetó con fuerza la pistola ensangrentada que tenía en sus manos. Sólo le quedaba una bala. Una sola, para enfrentarse a diez de esos monstruos humanos sin corazón. Se la había arrebatado a uno de los que habían ido a por ella en el aeropuerto. En esos dos días había tenido el coraje para enfrentarles un par de veces, y había logrado deshacerse de uno, asfixiándolo con sus propias manos. Tenía miedo, jamás había quitado una vida, y mucho menos había imaginado que tendría que ser de esa forma tan macabra. Las lágrimas bajaban por sus ojos.
Antonio. Lovino… Cuanto los extrañaba.
-Hermano… - susurró cerrando los ojos. Tenía que estar alerta para detectar el momento exacto para su escape, pero se sentía ya desfallecida. Además, en el trayecto se había visto obligada a deshacerse de parte de su ropa para despistar a sus perseguidores, y ahora solo vestía una camisa en su parte superior, con unos pantalones. Se estaba congelando.
Y Canadá que no venía…
La oscuridad la invadió cuando cerró sus párpados por completo. En su mente aparecían unos viejos recuerdos con Holanda, unas tardes de verano de baldazos de agua con Antonio y Lovino…las peleas con su hermano sobre todo. Siempre le molestaba que intentara que todos fumaran esa basura. Que en su país estuviese legalizada no significaba que en los otros también. Y esos tulipanes que le enviaba al canadiense cuando llegaba su cumpleaños…se suponía que debía recibir regalos, no ofrecerlos. Pero conocía lo mucho que había tenido que ver el americano con su independencia. Así que lo aceptaba.
-Señorita. Despierte. Hasta aquí llega su aventura.
Bélgica abrió los ojos, asustada, aterrada. Veloz como la luz elevó las manos que sostenían el arma y disparó al rostro del hombre que apuntaba esa intimidante ametralladora a su cuerpo. Disparó, pero los nervios hicieron que fallara. La bala impactó contra un tarro de metal que estaba contra la pared. Retrocedió unos centímetros, pero era en vano, detrás de ella estaba la pared. De esa sí que no iba a escapar.
-P-por favor. Llévenme a la cárcel…donde sea, pero no me maten…por favor…por favor…
Las lágrimas comenzaron a bajar por sus sonrojadas mejillas. Sintió el cañón del arma tocar su frente y hacerle levantar la cabeza. Incrementó más su llanto. Estaba desesperada. No podía terminar su vida así, en el sótano de un hospital viejo, cazada y asesinada como si fuera un animal. Ella era una nación. Que le hubiesen obligado a renunciar a dicho cargo no quitaba que ella siguiese llevando en su piel y en su corazón la historia de su país.
Se abrazó a las piernas del integrante del cuerpo de persecución belga, suplicando. Jamás se había humillado tanto, pero tenía que entender que la diplomacia era algo que ya no existiría más en su vida. Para el resto del mundo, ella era una simple mujer. Una mujer que se vio arrojada contra la pared de una patada en el estómago. Comenzó a toser, ahogándose con la sangre y con el llanto. Sentía un dolor punzante en un costado, seguramente por una costilla rota, o dos. Llevó sus manos hacia su vientre, presionándolo para mitigar el malestar.
Era en vano. No había misericordia para aquellos que violaban esa maldita cláusula. Al parecer, le había llegado la hora. Después de vivir tantos años…siglos…iba a perecer bajo la mirada de un compatriota. Si tenía que morir, lo haría con la frente en alto. Como Bélgica. Como un país.
Levantó la cabeza y miró a su asesino a los ojos, destilando en ellos un odio y un resentimiento indefinibles.
Sintió el "clic" del seguro, el sonido que precede al disparo y cerró los ojos.
Y la detonación resonó, perforando sus oídos con el estallido. E instantáneamente, sintió como su rostro se bañaba de algo tibio, que llenaba sus mejillas, sus labios, bajaba por su cuello y por su pecho, mojando la camisa que llevaba puesta.
Era extraño. Pensó que le dolería.
Abrió los ojos, sorprendiéndose de que aún podía hacerlo. Llevó sus manos a su cara, y luego las observó. Estaban empapadas y rojas. Miró al frente, temblando.
El cuerpo del oficial estaba en la misma posición de antes, casi sin cabeza. Y detrás de él, todavía con la mano estirada y con la pistola humeante apuntando hacia donde debería estar dicha cabeza, un chico vestido de un azul oscuro, rubio, con los ojos violetas llenos de lágrimas que caían por sus carrillos, dos lesiones profundas en un costado del rostro y un cabello enrulado desafiando la gravedad. Tenía las manos temblorosas, el traje salpicado con sangre, y una expresión de desesperación y locura en cada uno de sus rasgos.
El cadáver del cazador se desplomó sobre la falda de la belga, dejando ver a Matthew por completo. Este cayó de rodillas delante de ella, soltando el arma.
-Los maté, Bel.
Bélgica parpadeó. No se recuperaba todavía del shock que le producía estar viva todavía. Y ver el cuerpo desmochado sobre su regazo, desangrándose, y al canadiense delante de ella hacía que su corazón estuviese a punto de derrumbarse en un paro cardíaco.
-Matt…
-Los maté a todos. A todos.
Sólo pudo atinar a quitarse el despojo humano de encima y estirarse para rodear su cuello y abrazarlo. El canadiense la imitó, descargando un largo llanto en el cuello de la belga, humedeciendo sus bucles rubios. La chica llevó sus manos hasta el cabello del americano, acariciándolo.
-Ya pasó. Ya pasó, Matt.
Continuaron llorando un largo rato, en medio de esa habitación donde yacía el cuerpo del soldado belga, y en cuyo piso estaban plasmadas las pisadas rojas que partían desde las botas del canadiense hasta el cuarto contiguo, escaleras arriba, en el cual estaban repartidos nueve cadáveres uniformados, todos caídos bajo las silenciosas balas del ex Matthew Williams.
oOoOoOo
-Esta roto. Mierda.
El sujeto arrojó el casco a un costado, quebrándolo contra la pared de un callejón. Le había costado incorporarse, y mucho más aún levantar su moto y ponerla en marcha. A él siempre le habían encantado esas motos, con mucha potencia, mucha velocidad, y bastante resistentes a los golpes. Solo que parecía que pesaban toneladas.
Le traía recuerdos. Recuerdos de carreras en las calles de Nueva York, acompañado por alguien que no recordaba con exactitud, pero que al parecer había sido una persona muy cercana a él. Y que había muerto, asesinado por ese maldito oficial canadiense, o al menos eso le habían dicho. A causa de ese endemoniado accidente que había sufrido, no recordaba absolutamente nada de su vida pasada. Nada. Sólo sabía que era un agente encubierto de los Estados Unidos. Y nada más. Y con eso le bastaba para su trabajo.
Pateó con furia el botiquín que yacía a un lado del pavimento.
-No necesito la ayuda de ese bastardo. Puedo solo. Como siempre.
Se quitó la capucha negra, dejando al aire libre su cabello rubio y su pequeño mechón rebelde. Tomó aire un instante, antes de colocarse de nuevo la tela que ocultaba su rostro. Suspiró y sacó del bolsillo un pequeño transmisor.
-Agente especial 535, John Evans, reportándose desde Montreal, a las 2253 horas. Misión fallida. Espero nuevas órdenes. Cambio.
El silencio detrás de la línea indicaba que había cierta molestia por la noticia. Esperó unos minutos, hasta que una frecuencia en altavoz le respondió.
-¿Qué fue lo que sucedió?
-El oficial Buckles esta mejor entrenado de lo que creíamos. Me llevó por delante con su blindado. Lucía apurado. Mi sentido común me indica que fue a por la chica. Cambio.
-Te dije que tuvieras cuidado. ¿Cómo te encuentras?
-Costilla fisurada, hematoma ocular, tres dedos dislocados. Golpes en más de la mitad de mi cuerpo. Corte profundo en un costado y pérdida importante de sangre. Estado de salud a un 45%. Todavía puedo perseguirlo de nuevo. Cambio.
Nuevo silencio. Se percibieron unos murmullos detrás de línea, y luego, la voz.
-Abandona, vuelve a Washington. Enviaremos al otro para que termine tu trabajo, estoy seguro de que se alegrará de encontrarse activo nuevamente.
-¿Agente especial 123? No me subestime, creo que a pesar de su antigüedad puedo hacerlo mejor. Usted ya lo conoce, su actitud ególatra siempre termina echando todo a perder. Cambio.
-Pero tú estas en pésimo estado. Regresa, necesito que te recuperes porque viajarás a España los próximos días. Necesito que confirmes un deceso allí, y que traslades un cadáver.
-Entendido. En unas horas estaré llegando a la base, a la espera de nuevas órdenes. Cambio.
-Estaremos esperándote en el puerto. No demores.
-Entendido. Aquí, John Evans, agente especial 535, Desde Montreal, a las 2300 horas, reportándose al comandante Alfred Jones. Estado: en camino. Cambio y fuera.
Volvió a ubicar el transmisor en su bolsillo, subió a la moto con dificultad y arrancó, sin olvidarse antes de cubrirse bien el rostro. Había nacido con un extraño parecido al representante de Estados Unidos, quien también era su jefe, y por lo tanto estaba obligado a ocultar dicha fisonomía. Su compañero le insinuaba que tal vez eran gemelos, ya que hasta tenían la misma edad. Pero a John eso no le importaba. Su única meta en la vida era su deber y lealtad a su patria, porque muy en el fondo se sentía como un héroe. Y su segunda meta era matar a ese desgraciado que había acabado con la vida de esa persona que tanto quería pero que todavía no llegaba a recordar ni su nombre, ni su cara.
Tenía pensada la historia, pero mientras la escribía noté que había un enorme error de trama, así que fue duro tener que rescribir varias partes.
Decidí subirle un poquito el rating al fic, no daba que le pusiera K y un tipo que le vuelan la cabeza de un balazo, sangre por todos lados y eso.
Sigo creyendo que es un fic sin futuro, porque no se como terminarlo, de cómo que tengo pensado mas o menos el capítulo siguiente. Tengo en sí una estructura armada que con cada día que pasa y no la anoto en un papel se va desmoronando.
En fin, más allá de que esto sea una historia así…re fumada xD, tiene en sí una pequeña base realista (MUY pequeña) la que explicaré más adelante…si es que esto progresa, y si es que mi cerebro logra continuarla.
Por cierto, lo que Matt dice por ahí es algo así como… "deja de perseguirme" aunque hound también es acosar.
No hubo ninguna alusión a la supuesta pareja, bueno, sí, una oración. Por el momento, la dejo de lado, no creo necesaria ponerla ahora. Aclaro también que no inventé ningún personaje nuevo…solo nombres ^-^. Lamento si el fic sigue siendo algo engorroso. Intentaré aclararlo algún día xD
Hoy me voy de vacaciones, por una semanita, hay unas chicas a las que les debo fics. Estan todos a medio hacer, algunos ya casi por terminar, otros no. Cuando vuelva, seguiré escribiendo. Aeris BL, otaku-girl-4ever, Miku Shii Chan si leen esto...paciencia xD
YumiYumm Kazahaya, chibisiam y Reiga-chan…gracias por los reviews~, las amo.
Reviews = escritora (¿?) happy.
