La Saga de Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer.

Seis meses

Resumen:

Su vida cambió radicalmente, cuando un niño de 6 años, apareció en su puerta con una mochila, una sonrisa, y despreocupadamente solo. No era un secreto que odiaba a los niños, pero ¿Cómo hacerse cargo de uno durante seis largos meses?

ExB


Mi vida, un caos

- ¿Quién eres? - pregunté extrañada.

No obtuve respuesta.

- ¿Dónde esta tu madre?

No obtuve respuesta.

- ¿Qué haces aquí?

Me estaba comenzando a cansar del silencio del niño.

- ¿Te has perdido? - pregunté, apretando con fuerza el pomo de la puerta.

- Me llamo Will... - titubeó un poco antes de contestar -. Sim. No tengo madre. Estoy aquí por tí. Y no, no me he perdido - respondió con sobrada suficiencia.

- ¿C-Cómo que estás aquí por mí? - pregunté confusa.

Él solo se encogió de hombros y agregó:

- Me han enviado aquí. Eres como mi nueva tutora legal, por así decirlo - ¿De dónde había salido este mocoso? Pero, entonces, repetí su frase en mi cabeza, y el aire me empezó a faltar.

- ¿T-Tutora legal? - pregunté, respirando con dificultad.

- Supongo que te llamará para comunicártelo - dijo, al tiempo que, con su pequeña mano, cogía la maleta y entraba a mi casa, sin mi consentimiento.

Cerré la puerta y le seguí con mi mirada atonita. Abrí la boca un par de veces, sin resultado alguno, mientras, aquel pequeño monstruito se sentaba en mi sofá, con su maleta y chaqueta, bien colocadas, a su lado. Su mirada viajaba por mi casa, observándola. Tardé más de lo previsto en recomponerme y acercarme a él con grandes zancadas.

- ¿Qué se supone que haces? - pregunté entre dientes, algo irritada.

- Estar en tu casa - comentó con simpleza -. El baño, por favor - dijo terriblemente amable.

- La segunda puerta a la izquierda - señalé el pasillo, donde se hallaban las puertas. Sonrió y se dirigió, educadamente, al baño.

Me golpeé mentalmente, al haberle, practicamente, aceptado vivir en mi casa, y encima, enseñarle el baño, educadamente. Yo odiaba a los niños, siempre tan molestos, y con sus tonterías. Les odiaba. En ese momento comenzó a sonar la melodia de mi móvil, y fui a por él.

- ¿Sí? - pregunté, al momento en que la puerta del baño se abría, y salía aquel pequeño monstruo.

- Bella. No te enfades - abrí los ojos desmesuradamente, y mi garganta se secó -. Como veo que estás sorprendida, te digo la noticia y la aceptarás si o si. Will, vivirá contigo durante seis meses más o menos, sé que no te gustan los niños, pero, por favor, compórtate - mi voz aún no hacía acto de presencia -. No lo des a asuntos sociales o alguna cosa así. Al menos cuídale durante el tiempo en que yo este de viaje, por favor. Espero que puedas perdornarme por esto. Un beso, cuídate. Bella - colgó con un pequeño suspiro.

Mi móvil aún estaba enganchado en mi oreja, con mi vista fija en la pared amarilla clara, mientras sus palabras se repetían una y otra vez en mi mente, debería hacerme cargo de aquel niño, cuando yo los odiaba. Dejé caer mi mano, junto al móvil, en mi regazo. Miré a Will, y miles de dudas se acoplaban en mi mente, sin tener, respuesta alguna.

- No te voy a contestar ninguna respuesta, por el momento - dijo, casi sabiendo la pregunta que iba a formularle en ese instante. Su sabiduría me estaba comenzando a cansar.

- Oye... - él me miró, indeciso -. Tu... ¿Te duchas solo? - pregunté no queriendo saber la respuesta. A sabiendas por la mirada que me mandó, entendí que necesitaba algo de ayuda.

Me rescosté lentamente en el sofá, ante la mirada expectativa de Will, debía tranquilizarme un poco, y ordenar mis puntos, primero de todo tenía que llamar a Alice y pedir ayuda, y preguntarle si podría quedarse con él, aunque fuese cuando yo trabaj-

Me levanté de golpe, causándole un pequeño susto a Will, el cual poco me importó.

- ¡Llego tarde al trabajo! - el ocupa que tenía en casa metido, suspiro cansado, al verme entrar corriendo a mi cuarto, y vestirme con cualquier prenda.

Una vez estuve lista, cogí el móvil, y tecleteé el número de Alice, desesperadamente.

- Venga, cógelo, venga - murmuraba, al tiempo que me ponía las botas, torpemente.

- Hola, soy Alice, en este momento no puedo ponerme, quizá este de compras o intentando que Bella cambie su look, si necesitas algo, ya sabes, despues del piii, puedes dejar tu mensaje, pero no abuséis. Gracias - ahora entendía porque siempre me cogía el móvil, sin dejarme escuchar su contestador automático.

- ¡Diablos! Siempre que te necesito nunca estás - metí mi móvil, en mi bolso y miré a Will, el cual me miraba raro.

- ¿Vamos algún sitio? - preguntó, poniéndose la chaqueta. Ese niño, extrañamente, me caía mal.

- Yo al trabajo, tu...

- Contigo, no puedes dejar a un niño pequeño solo en casa. Podría contaminarse o incluso caerse por el balcón - apreté los dientes, e intenté calmarme.

- De acuerdo. Ven conmigo - estúpido mocoso, con respuestas para todo.

.

.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

.

.

Will reía escandalosamente a mi lado. Cada vez odiaba más a los niños, jamás en mi vida tendría un hijo. Caminé echa una furia, por esa calle atestada de gente, con la risa musical de mi acompañante, y su tirón de chaqueta que me daba, cada vez que aumentaba el paso.

- Para de reírte - dije, incómodamente molesta.

Volvió a reírse, pero, esta vez, con más calma.

- Es gracioso, que justamente, hoy, el día que llegas tarde, se te estropeé el día - comentó con una sonrisa burlona, en sus labios. ¿Cómo un niño de seis años, podría hablar así?

- Mi día se a estropeado cuando te he visto - murmuré entre dientes, sin que el lo oyera.

- Tengo hambre - dijo, cuando pasábamos por en frente de una panadería.

- No hay tiempo - comenté, cuando dejé de sentir el agarre en mi chaqueta. Me giré, molesta, ¿Ahora por qué se paraba?

Y, entonces, me di cuenta, que odiaba a los niños, a más no poder. Will, fruncía los labios, con las cejas ligeramente juntas, sus mejillas rojas, con los ojos totalmente inundados en agua.

- Yo... yo... - lágrimas comenzaron a viajarle por sus mejillas, libremente -. ¡Yo quiero comer! - el llanto de aquel petardo, hizo que varias personas se voltaran a vernos, y me mandaran miradas reprobatorias.

Me acerqué a trompicones a Will, y me agaché hasta llegar a su altura.

- ¿Quieres parar de llorar? - musité, enfadada.

- Pues cómprame algo de comer - dijo, dándome a entender, que su llanto era mentira. Encima de savio, ¡Buen actor!

- ¿Te han dicho alguna vez que eres un monstruo mentiroso? - pregunté con el cñeo fruncido.

- La verdad es que no. Nadie sabe que miento, tu eres la única, siéntete orgullosa - iba a cometer un asesinato, e iba a ser a ese niño.

- No es algo para sentirse orgullosa - se encogió de hombros, y volvió a soltar lágrimas de cocodrilo.

- O me compras algo, o llegarás tarde al trabajo. Tu misma.

¡Diablos! Lo había olvidado a donde me dirigía. Me interné, con Will, a la panadería y le compré un croaissant. Minutos después, volvíamos a dirigirnos a mi agencia, con el propósito de llegar sin ningún inconveniente. Pero, el camino, con aquel monstruito, se me hacía realmente largo, sobretodo, porque lo llenaba de ironías, sabidurías, y risas. Y, todo, a mi costa.

- Entonces, ¿De qué trabajas? - y no podía ignorarle, sino, haría su escena, y eso me haría perder mucho más tiempo.

- En una agencia, soy directora general - comenté, queriendo, por primera vez, llegar a mi agencia.

- ¿Y te gusta? - me encogí de hombros.

- No esta mal. ¿Y tu? ¿No vas al colegio? - realmente, no me importaba, pero, me extrañaba que no fuera a la escuela, estando en pleno febrero.

- Voy a un escuela especial - presumió -. Soy demasiado listo.

- Esta bien, niño intelectual - me burlé, divisando a lo lejos mi agencia. Mi adorada y querida agencia, a la cual, por cierto, llegaba tarde.

Una vez llegamos, vi como Pili, la recepcionista, se acercaba a mi corriendo, con ese brillo en sus ojos, el cual, significaba, que algún cotilleo daba rienda suelta a la agencia. A mi poco me importaban esos comentarios -sobretodo porque en algunos, estaba yo-, aunque últimamente habían parado de haber cotilleos, según Pili, había muerto la chispa de la agencia, pero, en ese momento, pareció volver.

- Isabella, Isabella - dijo, bajito, al tiempo en que reparaba con la mirada a Will -. ¿Y quién es este niño tan guapo? - preguntó, agachándose, a la altura de Will. El cual, se sonrojó y se acercó más a mí, por inercia. Al parecer, al monstruito, su debilidad eran los elogios.

- ¿Sucede algo, Pili? - la recepcionista, elevó su cuerpo y me miró directamente a los ojos.

- Ahí un trabajador nuevo - susurró cerca de mi oreja -. Y es muy guapo - se sonrojó al decir la última palabra, seguramente, recordando el rostro del muchacho.

- Seguro que es un guapo incompetente.

- Pero, al menos, nos alegrara la vista cada día - dijo revisando la agencia con su mirada, parándose en cada hombre, los cuales, todos, eran algo feos.

- Prefiero a los feos listos, que a los guapos y chulos incompetentes - susurré, pellizcándome el puente de la nariz con mis dos dedos.

Pili dio un respingo, cuando volvió su vista a mí, seguramente, recordándose de algo.

- El jefe quiere verle - dijo, y soltó una risa, al ver mi cara de estupefacción.

- Dime que no me va a despedir - dije echa un antojo de nervios. Ella negó con la cabeza y me sonrió.

- No te va a despedir, solo me ha dicho, que cuando llegues que te dirigijas a su despacho. El jefe ya da por sentado que llegarás tarde - asentí, con una pequeña sonrisa. Al parecer, todos me conocían, como la directora general, que el día que llega temprano, es porque ha habido un cambio de hora.

- Por cierto, Pili, te pudes quedar con Will - ella asintió, cogiendo las pequeñas manos de Will, y llevándoselo consigo.

- Tranquila, Bella. Cuidare de él - el monstruito me miró enfadado, al darse cuenta, de que a Pili lo que más le encantaban era los niños. Le dediqué una sonrisa, y le guiñé un ojo, antes de perderme por los pasillos de la empresa.

Piqué antes de entrar, recibiendo, desde a dentro, un "adelante". Entré, cerrando la puerta tras de mí, dando un pequeño salto, al encontrarme a mi jefe a escasos pasos de mí.

- ¡Oh, Bella! - exclamó sorprendido -. ¿Qué haces aquí?

- Bueno, usted le ha dicho a Pili que venga cuando llegase - su ceño se frunció y temí lo peor -. Lo siento por llegar tarde, no volverá a pasar. Lo prometo.

- Sabes que nunca te despidiré. Solo me he sorprendido - le miré extrañada -. Verás, he contratado a un nuevo trabajador que... - el sonido de la puerta le cortó, y una sonrisa nerviosa se formó en sus labios, mirando la puerta y luego a mí. Aquí había gatio encerrado -. Adelante - se dirigió a mí, y me mandó una mirada de suplica.

La puerta se abrió a mis espaldas, y en ese momento, el jefe me obligó a voltearme. Retení el aire en mis pulmones, con los ojos abiertos, y mi mente en blanco, incapaz de pensar en nada.

- Bella, él será, tu nuevo ayudante, como veo que vas algo estresada, decidí ponerte un ayudante, y eso no significa que te eche, tu seguirás tu horario como siempre, pero con ayuda... - mi mirada viajó de mi jefe, al chico que había delante de mí -. Oh, que despiste por mi parte. Bella el es...

- Edward Cullen - su voz aterciopelada olvidada, entró en mi cabeza, e hizo que miles de mariposas volaran por mi estómago, y mi corazón latiera fuertemente en mi pecho. Estiró su mano, con esperanzas en sus ojos de ser aceptada.

- Isabella Swan - contesté, por inercia. Acepté su mano, y una extraña y familiar corriente eléctrica, recorrió todo mi cuerpo, haciéndome sentir pequeña y estúpida.

Definitivamente, mi vida, era un caos.


Espero que os haya gustado el segundo capítulo. Leí en algún review que el niño era hijo de Edward, pero no, Edward no tiene ningún hijo, y no esta emparentado con él. En el próximo capítulo, veréis las cosas algo más claras.

Agradezco a todas las personas que me dejaron un review, y agregaron su historia a favoritos y alarmas.

Y sin nada más que decir, me voy a estudiar un rato xD.

Nos leemos en el próximo cap.

Cuidenseee.!

Marinilla14