Porque me desconciertas. Y eso es bueno.


Y dice así:

—No tenías otra opción, Danny.

Steve sabe que Danny no lo está escuchando, o más bien que lo está ignorando deliberadamente, negándose a darle atención a sus intentos de consuelo. Sus ojos se pierden en los borrones de luces que se cuelan por la ventana del Camaro.

Rachel le había dado una llamada, sonando mucho más triste de lo que Steve había esperado, cuando le dijo que Danny había pasado por la casa para ver a Grace y que no se veía muy bien.

Aunque no tiene todas las piezas del rompecabezas, Steve sabe lo que pasó: Danny encontró a Matt. Y los resultados son tan buenos como podría haber esperado.

Quizá en el futuro Danny podrá hallar consuelo en el hecho que Matthew Williams está preso y no se borró del mapa, pero Steve no cree que ese alivio llegará pronto.

—¿Quieres contarme lo que pasó cuando lo encontraste?

Hace unos meses no le habría preguntado, pero Danny ha tomado el hábito de compartir cosas con él y Steve no niega la curiosidad que lo absorbe. Se siente aumentada desde que empezaron... bueno, la relación que tienen ahora. Si bien Steve no es bueno para compartir cosas, saber que es un esfuerzo consciente para Danny el hacerlo lo hace más... fácil. Se ha prometido intentarlo también.

Pero eso tendrá que esperar ahora.

—¿Qué quieres que te cuente, Steve? —pregunta, sin alejar los ojos del paisaje y la noche—. ¿Qué mi hermano estuvo a punto de salirse con la suya? ¿Qué la única razón por la que lo pude detener es porque soy parte de Five-0 y decir tu nombre es casi milagroso?

El «¿Qué fallé?» permanece tácito entre ellos pero Steve puede reconocer la retórica en el tono. Danny tiende a sentirse responsable por la gente a su alrededor, especialmente por los que considera de los suyos, y en ese punto radica su preocupación excesiva hacia las cosas que pueden salir mal.

Muchas cosas ya salieron mal.

Steve se pregunta si es una espiral sin fin o si él puede ayudar a Danny a ver que no tiene que cargar con todo solo. Y ese pensamiento, tan sorpresivo con es para él, no se siente foráneo cuando tiene que ver con Danny.

Steve se hace responsable de los suyos.

—Puedes empezar diciéndome que pasó después que saliste del hotel.

—Después de que le mentiste a los federales querrás decir.

Steve parpadea en la nota estrangulada detrás de las palabras. Hace una ola con su brazo con la esperanza que Danny continúe sin que él tenga que intervenir.

El silencio se prolonga durante un instante infinito.

—Estaba a punto de subir al avión cuando llegué —dice Danny cuando la quietud está a punto de tornarse insoportable. Suena un poco hueco todavía.

Steve está tentado a detener el auto en la siguiente parada, arrastrar a Danny a sus brazos y alejar cualquier pensamiento oscuro. Pero ellos suelen hablar y discutir abiertamente en el Camaro, como si de un refugio se tratase. Quizá sea porque ambos están prisioneros en el interior, literalmente no pueden huir del otro en ese espacio confinado. No hay otros oídos que puedan escuchar.

No se detiene en ninguna parada.

—No esperaba que ataras los cabos sueltos tan pronto —comenta. Quisiera poder cambiar unas cuantas palabras con Matthew Williams pero desde que está en custodia del FBI, Steve sabe que Danny y él deberán permanecer lejos.

Es pura suerte que no los persigan por obstrucción de la justicia.

—No sé que estaba esperando, Steve. No sé que estaba pensando él- no sé por que...

Danny hace un gesto de frustración, como si no entendiese lo que pasaba por la cabeza de su hermano en realidad.

Steve puede simpatizar.

La situación con Mary no ha sido nunca tan extrema, pero su hermana se metía en problemas a menudo cuando Steve estaba de permiso para visitarla para hacer su estadía corta.

—¿Y que pasó?

Danny le lanza una mirada por un momento pero cuando Steve se gira para encontrar sus ojos, ya están alejándose de nuevo.

—Me dijo que tenía dos opciones —dice Danny y su voz suena tan distante que Steve apreta las manos en el volante para resistir el impulso de golpear algo. Odia cuando Danny suena así—. Me dijo que debía disparar o decir adiós.

Oh.

—Estuve a punto de dejarlo ir, ¿sabes? Me quedé allí como un idiota mientras se subía al avión. Sólo fue después- después hice la llamada.

Steve sabe a qué llamada se refiere. La gobernadora había tenido que interferir para cuando los del FBI quisieron jurisdicción en el caso y decidieron que Steve y Danny eran un peligro para la investigación. El avión de Matthew se había detenido justo después de despegar y quizá por eso nada había pasado a mayores en la justicia.

Pero Danny tuvo que dejar que su hermano sea arrestado.

Y había ido a buscar a Rachel y no a Steve cuando todo pasó.

Y no lo había llamado desde que salió del hotel —y eso dolía— por lo que Steve tuvo que ir reuniendo las piezas para empezar a entender lo que había pasado.

Antes de saber qué le pasaba por la cabeza a Matthew, él realmente preferiría entender cómo funciona la mente de Daniel Williams.

—Mi departamento estaba en la salida anterior.

—¿Qué?

Danny todavía no lo estaba mirando. El sonido de su voz sonó como un trueno.

—Mi apartamento.

—¿Quieres ir a tu apartamento?

Danny había pasado las últimas dos semanas prácticamente viviendo en su casa. Desde que habían empezado... lo que sea que tenían —Steve realmente debería pensar en definirlo— habían empezado a pasar más tiempo juntos. Pensó que había sido una forma de compensar la lejanía primera pero también... también pensó-

—Me gustaría mucho ir a mi apartamento, sí, gracias por preguntar. Y como te dije, era en la salida anterior. Así que puedes, ya sabes, dar la vuelta y dejarme allí.

No le gusta como suena eso, pero no está con ánimos de discutir con Danny por el momento. Si eso es lo que él está buscando, especialmente.

Hace un giro y trata de no molestarse al ver cómo Danny se relaja en su asiento.

Ninguno de los dos vuelve a hablar hasta que llegan a la puerta del apartamento. No es un lugar que a Steve le guste en demasía pero también supone que está sesgado. Le gustaría tener a Danny con él todo el tiempo en su casa y, mira eso, no es algo que haya contemplado seriamente a nivel consciente hasta el momento.

Danny probablemente se reiría si supiera lo que está pensando.

—Gracias por traerme, compañero—le dice, ajeno a todo, como está siempre cuando se trata de las epifanías de Steve.

—¿No me vas a invitar a tomar un café? —pregunta. No hay forma de que Danny lo deje atrás y, en señal elocuente, apaga el motor para salir con él.

—Es más de medianoche.

Danny parece pensar que eso es una objeción. La puerta del auto se cierra con finalidad en la noche.

—Me gusta el café de medianoche.

—Eso, mi amigo, es una mentira descarada. A esta hora estás durmiendo como un koala.

Es un intento vano de pretender normalidad que deja claro que Danny no está dispuesto a estirar el tiempo juntos. Pero Steve no lo está dejando solo esa noche.

—Eso está totalmente... Nunca me verás dormir 22 horas al día, Danny. Eso no es saludable.

Si Danny se refiere a la costumbre inconciente de Steve de atraparlo con sus brazos y no dejarlo ir, bueno-bueno ese es otro punto.

—¿Duermen-? Olvídalo. Ha sido un día largo, Steve. No hagamos esto.

—Tengo un bolso con una muda de ropa. No voy a ninguna parte.

Danny lo mira por primera vez en lo que se siente una eternidad, y sus ojos parecen embrujados. Steve quiere tocarlo tanto que duele.

No es la primera vez que le pasa.

—Steve...

—No te estoy dejando solo. Si no quieres hablar conmigo, está bien. Podemos sentarnos en rincones diferentes, ignorarnos toda la noche.

—Tal vez quiero estar solo.

Y ese el punto. Danny no quiere estar solo y menos aún cuando lo dice en voz alta. Aún puede recordar su voz de hace tanto, cuando la incertidumbre por la custodia de Grace los había encontrado en un barco, y lo roto que sonaba.

«Estaría solo en esta isla.»

Ha trabajado duro en demostrarle que no, que no está solo. Y maldita sea si lo va a dejar así.

—Realmente no quieres.

—¿Y tú sabes lo que quiero? —Hay un relámpago de irritación en la cara de Danny, un desafío resplandeciente en sus ojos, y Steve le da la bienvenida.

La ira es real. La ira es buena cuando se trata de Danny.

—¿Lo que quieres? Eso es fácil. Probablemente lo que más quieras en este momento es empezar la semana otra vez. Creer que tu hermano vino de visita por algo más mundano, como porque te extrañaba o extrañaba a Grace. Porque llevas un año aquí en la isla. Probablemente quieras olvidar lo que descubriste y volver atrás hasta un momento que era mejor para los dos.

La cara de Danny queda en blanco, totalmente vacía, y eso solo podría hacer que Steve odiase un poco más a Matthew Williams de lo que pensaba unos momentos atrás. Da un paso más cerca, titubeante todavía, y lo toma como una victoria cuando no lo hace retroceder. Todavía no sabe si será bienvenido del todo.

Danny lo desconcierta más veces de las que no.

—¿Cómo-?

Estira su mano y esconde la sonrisa de triunfo cuando encuentra la palma de su mano, fría a pesar del calor, con los dedos y traza círculos invisibles sobre sus nudillos. La luz de la calle baña el rostro de Danny en contrastes y sus ojos se ven tan oscuros como el fondo del océano.

—¿Cómo piensas que me sentí cuando supe que mi padre había estado engañandome toda la vida sobre lo que pasó con mi madre? —le pregunta. Sabe como se siente la traición de la sangre—. Lo único que te pido es que me dejes acompañarte, Danno. Es lo que siempre me dices, ¿no? Cuando pierdo la cabeza sobre eso.

Danny no le responde por un largo momento. Suspira, finalmente derrotado, y da un paso hacia adelante, apoyando su frente contra el hombro de Steven. La tensión del día sigue en la línea de su espalda. Le abraza los hombros con su mano libre y, pese a que no sea la posición ideal, es un alivio quedarse tan cerca.

—No quiero estar solo.

—Estoy aquí. No tienes que estar solo.

—Dices eso mucho.

—Porque nunca me prestas atención cuando te hablo. Si te dije que estaba contigo, me refería a esto también. No quiero ver solo las partes buenas.

Danny parpadea. Se aleja un poco para poder mirarlo a la cara y Steve encuentra algo más que pesar en su expresión.

—Te das cuenta que eso suena como a un voto matrimonial, ¿verdad? —pregunta y hay un vestigio de humor en sus palabras—. No te olvides que yo hice eso una vez.

—¿Eso quiere decir que la próxima vez que nos pregunten cuánto llevamos casados voy a poder dar una fecha?

Danny se ríe, sonando un poco más dueño de sí mismo, un poco menos abatido.

—Me gustaría estar presente cuando respondas esa pregunta.

Se relaja un poco más cuando Steve se toma un momento para abrazarlo con propiedad. Danny suspira profundamente, vacila como si quisiera decir algo, pero al final no dice nada.

—¿Puedo quedarme entonces, Danny?

—Mi cama no es tan cómoda como la tuya.

—Es cierto —Apoya los labios en su sien mientras le responde—. Podemos volver a mi casa.

—Sí... pero quedémonos un rato más así.

—Está bien, Danno.