¡Buenas a todos!

¡Quiero agradecerles a miara makisan, Corsaria, DraculaN666 y a Darknes lady master (Sí, sí, había curitas en la limusina. Uno tiene que estar prevenido¿viste?) por sus reviews!

Recuerden que los personajes son propiedad de Rumiko-sensei exceptuando por Shizuka y Hoshiko que fueron creadas por mí.


El ángel que deseaba venganza

Capítulo II

Rin, sentada en una cama, iba cambiando los canales del televisor. Al ver que no había nada interesante en éste, lo apagó, dejó el control a un lado y se acostó. En ese momento le pareció oír que alguien entraba al departamento.

Sigilosamente, se dirigió hasta el living-comedor y vio como Shizuka dejaba su cartera sobre una mesa e iba a la cocina, pero antes de ir allí vio la figura de Rin que quería pasar desapercibida.

- ¿Qué hacés acá? – preguntó Shizuka con las manos en sus caderas.

- Tuve un pequeño accidente, se me rompieron las medias y vine a casa con la intención de ponerme otras, pero me quedé dormida – respondió Rin algo avergonzada.

- Ah, excelente excusa para faltar al colegio. ¡A la nena se le rompieron las medias!

- No te burles.

- Esta bien. Lo hecho, hecho está. Ahora vení y ayudame a preparar el almuerzo.

La adolescente acompañó a la mujer a la cocina y cuando se acercó más a ella, los ojos verdes de Shizuka pudieron ver la curita que tenía en una de sus rodillas. Subió su mirada y se encontró con la de Rin.

- ¿Qué te pasó ahí?

- Me lastimé¿qué no se ve?

- ¿Te limpiaste bien la herida?

- Me la limpiaron bien – corrigió Rin sonriendo.

- ¿Te la limpiaron?¿Quién? – preguntó Shizuka alzando una ceja.

- No lo vas a poder creer – hizo una pausa y vio que su compañera esperaba una respuesta –. El hijo mayor de Nishino Kiba ¡Nishino Kiba!

- ¡No¿En serio?¡No te lo puedo creer! – se asombró Shizuka tapándose la boca - ¿Es tan lindo como dicen los rumores?

- Sí, es muy lindo – concordó Rin con aquellos comentarios.

- ¡Ay, qué suerte que tenés!¡Ahora me vas a contar todo! – habló emocionada mientras agarraba a la muchacha de la mano y la llevaba consigo a la cocina.

Luego de que prepararon un simple plato de fideos con verduras salteadas, las dos se sentaron a comer y como siempre, Shizuka puso el noticiero del mediodía. Justo estaban hablando acerca del fallecido Nishino Kiba. Uno de los conductores del noticiero dijo que pondría una entrevista hecha hacía dos meses al famoso empresario para recordarlo.

- Nishino-san¿no le interesaría tener una campaña política para presentarse como presidente? Usted es muy popular con la gente, estoy seguro que tendría mucho éxito– preguntó un joven periodista de cabello castaño y ojos azules oscuros. Tenía un mechón de pelo colgando detrás de la nuca y en una de sus orejas se podían ver dos argollas doradas.

- No, la verdad no – sonrió un hombre maduro, con pocas arrugas en el rostro y que tenía el mismo color de pelo y ojos que sus hijos -. Yo creo que llegar a esos niveles de poder te corrompen. Yo prefiero seguir siendo un empresario que cuando puede, hace alguna donación a gente que lo necesita.

- Entiendo. Bueno y con la siguiente pregunta…

Shizuka estaba con una sonrisa llena de vida mientras miraba la televisión y cada tanto suspiraba y se preguntaba por qué un hombre tan generoso como él tuvo que haber muerto. Rin también miraba atenta la imagen frente a ella y sus ojos estaban fijos en los del empresario. Padre e hijo tenían los mismos ojos ambarinos, sin embargo, los del joven que se cruzó esa mañana eran más fríos, pero envolventes. Tan envolventes eran, que Rin recordó haber querido permanecer contemplándolos.


En una oficina bastante espaciosa, Sesshoumaru estaba sentado detrás de un amplió escritorio con una pila de papeles a un lado. Él los hojeaba sin mucho interés y los ponía al otro lado formándose así otra pila. En eso, una mujer entró a la habitación.

- Nishino-san, venía para recordarle que hoy a la noche tiene una reunión con el contador de la empresa.

Sesshoumaru asintió sin siquiera levantar la vista de los papeles. La mujer hizo una reverencia y estaba por retirarse.

- Ah, Kagura.

- ¿Sí?

- Llamame Sesshoumaru. Cuando me llaman Nishino-san me siento mi papá, y eso no me agrada mucho.

- Como usted diga – sonrió la mujer de ojos escarlata y se fue de allí.

El hombre, cansado de revisar documentos, se puso de pie y miró por el gran ventanal como atardecía en la ciudad de Tokio, imponente ante sus ojos ambarinos. Desde donde estaba él, el último piso de un edificio de veinticinco, podía observar el lugar donde esa mañana se había encontrado a la bella colegiala de ojos chocolate y una sonrisa un tanto aniñada que le daba un toque especial, haciendo que ella no pareciera de este mundo. ¿Cuántos años podría tener? Quince, dieciséis y de allí no pasaba. ¿Qué hacía él pensando en una niña como esa? Sesshoumaru ya tenía veintisiete años, le llevaba más de diez años. Sin embargo, una imagen de ella tapándose su cuerpo desnudo se le apareció en la mente. Movió su cabeza de un lado a otro para sacarse ese pensamiento morboso y decidió volver a su trabajo.


El sol de la mañana entraba por las ventanas del restaurante Kirara. Una mujer estaba limpiando una mesa cuando escuchó que la puerta se abrió.

- Perdón, pero no abrimos hasta las doce del mediodía – habló en un tono gentil la joven de cabellos castaños y lacios.

- Pero a tu querida amiga de la secundaria sí le abrís¿verdad?

- ¡Kagome! – exclamó Sango yéndole a abrazar -. ¿Cuándo volviste de Inglaterra?

- Mmm, veamos… hace dos días.

- ¡Malvada!¡No me avisaste!

- Pero te vine a visitar a tu restaurante – sonrió la mujer tomando asiento en la mesa que acaba de limpiar Sango – ¿Qué me contás de tu vida? Hace mucho que no hablamos. Estoy segura que el año que no estuve debiste haber conocido a algún hombre – le guiñó el ojo.

- Error. Durante el año que estuviste afuera me sentí más sola que un perro abandonado – suspiró Sango bajando la cabeza

- ¿Tan mal?¿Siempre tengo que ser yo la que te arregle las citas? – preguntó ladeando la cabeza.

- No sé…

- Bueno¡Ánimos!¡Ya va a llegar ese hombre que te quite el aliento! – río Kagome - ¡Pero qué poética que estoy!

- Espero que ese hombre no se tarde mucho – volvió a suspirar Sango.

En eso, alguien abrió abruptamente la puerta del restaurante, era un hombre joven que parecía muy agitado.

- Necesito el baño.

- Señor, el baño es para clientes, yo…

- ¡Por favor hermosa dama, necesito usar su baño! Y no me digas señor, me siento viejo así – hablaba algo desesperado Miroku.

- Está bien. Al fondo a la derecha.

El joven se dirigió enseguida hacia donde la mujer le había indicado. Kagome y Sango se quedaron contemplando el camino por donde fue y parpadeaban una y otra vez.

- Extraño.

- No cabe dudas.

- Ah, muchas gracias – soltó el joven apareciendo ante las mujeres con una expresión satisfecha.

- Yo te vi en alguna parte¿dónde? – se preguntaba Sango al ver más detenidamente al joven enfrente de ella.

- Seguramente hace dos meses porque fue mi primera aparición en televisión haciéndole una entrevista a Nishino Kiba – sonrió Miroku.

- Con razón me parecías conocido. ¿Sos periodista? – el hombre asintió ante la pregunta -. Debés haberte sentido muy bien después de hablar con él.

- Y, es Nishino Kiba, no fue un simple empresario – respondió Miroku acercándose a Sango –Esta es mi tarjeta, preciosa. Por cierto¿cuál es tu nombre?

- Sango – contestó tímidamente.

- Bueno, hasta alguna vez – se despidió Miroku desapareciendo del restaurante.

- Mi estimada Sango, hoy sí que es tu día de suerte – habló Kagome mientras miraba hacia la puerta del local - . Hace un rato me decías que estabas más sola que un perro abandonado¡y ahora tenés un pretendiente!

- No sé. Es decir, me pareció atractivo. Pero también medio mujeriego.

- Ay, es tu imaginación.

- Puede ser…


Inuyasha subió a la limusina y enseguida partió hacia su hogar. Dentro del vehículo el hombre bostezó y se refregó las manos por la cara. Había sido el primer día que fue a la empresa y no podía creer a todas las reuniones a las que tuvo que ir, y eso que entre su hermano y él se repartían las actividades.

- Ah, quiero vacaciones… - deseó el joven y miró a través de la ventana.

Su mirada no estaba atenta a nada en particular, hasta que pasó por un hospital y le pareció ver a Kagome. Ordenó detener el vehículo y bajó la ventanilla haciendo que un viento frío entrara. Sin embargo, no le prestó atención al frío que sintió ya que la mujer que vio efectivamente era Kagome.

- ¡Inuyasha!¿Qué hacés por acá?

- Nada, volvía a mi casa y pasé de casualidad. ¿Trabajás en este hospital? – preguntó mientras le abría la puerta invitándole a entrar.

- Gracias. Sí, trabajo acá. Hoy fue mi primer día – respondió Kagome mientras se acomodaba el saco negro.

- Hoy fue mi primer día en la empresa y ya estoy muy cansado – se quejó él echando su cabeza contra el respaldo del asiento.

- Que vago que sos – río ella.

- Lo decís porque no estás en mi lugar – dijo Inuyasha girando un poco su rostro para poder ver a su amiga - ¿Qué te parece si hoy te venís a cenar a mi casa? La invitamos a Sango también.

- Buena idea. Hace mucho que no voy a tu casa. ¿Te acordás cuando me perdí?

- Es grande, pero tampoco tan grande. Sólo a una tonta como vos le pudo ocurrir eso.

- Ah, sin duda lo que más extrañé de vos fueron tus halagos – comentó mirándolo de reojo y con una ceja levantada

- Hay cosas que nunca cambian – sonrió con los dientes.

- Ya lo sé – contestó Kagome apoyando su mano protegida por un guante en la de él -. Siempre tuviste la costumbre de andar los días de más frío sin guantes. Puedo sentir que tus manos están heladas.

- Es algo de la familia. Sesshoumaru tampoco lo hace.

Kagome corrió la mano de la de él y se sacó su guante. Inuyasha miraba cada movimiento que hacía y pudo ver que finalmente, ella volvió a apoyar su mano desnuda contra la de él. Estaba sumamente cálida y debido a eso, cuando Kagome la apoyó se sobresaltó un poco por la diferencia de temperatura, pero luego la dejó allí y le sonrió.


Naraku observaba unos documentos donde decía el nivel en que crecieron las ventas de su empresa. Luego, tomó otro documento que decía el crecimiento de Youkai´s Corporation. Siempre la empresa de su peor enemigo, en ese momento muerto, lo superaba en el nivel de ventas. Naraku apretó sus dientes con ira.

- Hasta muerto me hacés rabiar, Kiba – murmuró para sí.

- Onigumo-san, no se preocupe tanto. Estoy seguro que su empresa va a ser más ingresos este año. Sólo hay que invertir más capital – comentó Byakuya mientras miraba con su rostro pasivo al dueño de Miasma´s Corporation.

- Byakuya, por favor. Vos sabés que con eso sólo no va a alcanzar – dijo con desganó echándose en la silla para atrás.

- Perdón, señor. Sólo quería ayudarlo. ¿Qué es lo que planea hacer? Creo que la oportunidad de hundir esa empresa es ahora porque Kiba ya no está más en este mundo.

- Perfecto, los dos pensamos lo mismo.

- Yo estoy dispuesto a hacer lo que sea por usted.

- ¿Lo que sea? Byakuya, sin duda sos mi mejor asistente. Todavía tengo que pensar bien cual puede ser mi primer paso, pero ni bien tenga una idea, te la voy a decir.

- De acuerdo. Me retiro¿No desea nada más?

- Sí, me podés traer el lunes próximo la lista de algunas candidatas que te parezcan que puedan ser mis secretarias. Necesito una – habló Naraku mientras encendía un cigarrillo.

- Como no. Este fin de semanas las busco y el lunes directamente vamos a hacer las entrevistas.

- Así me gusta. Siempre tan eficaz – sonrió maliciosamente.


Rin caminaba entre la muchedumbre en busca de algún local de ropa que le gustara. Estaba tan concentrada en encontrar uno que se llevó por delante a alguien y al chocarse contra esa persona la muchacha casi cayó al suelo, pero no lo hizo ya que una mano la sostuvo por su brazo.

- ¡Pero si es usted, Nishino-san! – sonrió ella y luego le agradeció por no dejarla caer.

- Vos…

- ¿No me recuerda? – hizo un puchero con la boca – Y es lógico¿cómo alguien como usted se va a acordar de mí?

- Vos sos la chica que se lastimó la rodilla – soltó el hombre sin emoción.

- ¡Sí!¡Qué bueno que se acordó! – exclamó Rin alzando las manos para el cielo - ¿Cómo le está yendo con el negocio de su padre?

- Bien… - contestó Sesshoumaru percatándose de lo abierta que era la adolescente frente a él.

- Estoy segura que usted y su hermano van a llevar perfectamente la empresa – hablaba muy entusiasmada y mirándolo con un brillo en sus ojos.

- Sí...

- ¿Qué hacía por acá? – preguntó Rin mientras parpadeaba y mostraba una gran sonrisa.

Sesshoumaru se la quedó observando. Esa sonrisa tan dulce, tan aniñada que resaltaba sus rasgos juveniles en su rostro lleno de vida. Esa adolescente frente a él era bellísima. Maldecía el hecho de que fuera invierno ya que por los buzos, sacos y tapados que se usaban en esa época uno no podía admirar el cuerpo de otra persona y Sesshoumaru creía que esa muchacha frente a él debía tener uno muy esbelto. Era una corazonada que tenía.

- ¿Señor?¿Hola? – preguntaba Rin moviendo una mano de un lado a otro frente al rostro del hombre.

- ¿Por qué te interesa saber que hacía acá? – preguntó luego de volver a la tierra.

- No sé. Será que quiero conocerlo más. Es que en nuestro primer encuentro me agradó bastante y me gustaría saber más de usted.

- Ya sabés que soy el hijo de…

- Exactamente – lo interrumpió – Es lo único que sé y me parece que eso no hace a una persona. Yo quiero, cuando alguien me pregunté si conocí a alguien interesante, hablar sobre usted como una persona independiente a su papá.

Lo que esa niña, como pensaba Sesshoumaru, acaba de decirle le llegó al corazón. En su rostro no se mostró una expresión emotiva ni nada por el estilo, pero algo lo movilizó.

- Simplemente pasaba por acá. Tenía ganas de caminar – respondió sin mirarla a los ojos - ¿Cómo te llamás? – el hombre no podía creer lo que acaba de preguntar. ¡Era una niña de secundaria!

- Rin, Suzuki Rin – respondió ella con una voz sumamente agradable -. Espero que nos volvamos a ver. Claro, si a usted le interesa – sonreía ella.

Sesshoumaru estaba totalmente embelesado con esa niña que parecía un ser celestial. Tenía una belleza aniñada, inocente, pero esa inocencia la hacía seductora. Él no podía poner en palabras la descripción de Rin, simplemente no podía.

- Sí - y con eso dicho comenzó a caminar.

- ¡Espero que nos volvamos a encontrar, Nishino-san! – exclamó con su dulce voz y luego río.

Cuando la voz alcanzó el oído de Sesshoumaru una sensación en su cerebro se produjo que luego se trasmitió a todo su cuerpo. Había algo que lo volvía loco en esa chica. Lujuria, eso sentía. Pero era una niña para él, estaría mal aprovecharse de una dulce niña como aquella.


Sentadas en una mesa baja, había dos mujeres de cabellos oscuros tomando un té. Una de ellas se veía bastante perturbada.

- Kikyo¿qué te pasa?

- Nada – respondió secamente.

- Kikyo, yo sé que algo te pasa – insistió Kagome.

- Me enteré que ayer hubo una pequeña reunión en la casa de Inuyasha. Fueron vos y Sango.

- Sí, pero no entiendo…

- ¿Qué cosa no entendés? – preguntó Kikyo elevando su tono de voz –. Me dejaron de lado.

- Lo que pasa es que Inuyasha y vos cortaron hace poco y creo que él pensó que lo mejor era no verse por un tiempo. Lo hizo porque pensó que era lo mejor para los dos – trataba de explicar la joven mujer mirando a su hermana gemela con ojos preocupados.

- Que me pregunte antes de actuar – habló ella con enojo, poniéndose de pie y dejando a Kagome sola en la habitación.

Kikyo cerró bruscamente la puerta de su cuarto. Se sentó en el escritorio frente a la computadora y fue directamente a los mails para chequear si tenía alguna oferta de trabajo. Ella había mandado su currículo a dos o tres empresas para trabajar como secretaria. Vaya sorpresa la de Kikyo cuando se encontró con una oferta de la mismísima Miasma´s Corporation ¿Qué es lo que iba a hacer?

Continuará...


Y ahí terminó el capítulo... perdón si parece medio lento el fic, pero les prometo que se van a sorprender cuando ya este más avanzada la historia, o por lo menos eso espero.

Por cierto, por ahí tarde en actualizar el próximo capítulo. Lo que pasa es que tengo tres parciales (los primeros parciales universitarios de mi corta vida), así que estoy bastante ocupada estudiando, mejor dicho tratando de estudiar, que por cierto me cuesta mucho sentarme... jeje.

¡Espero sus reviews!

Se despide, ♥Alice Hoshino♥