[Two-Shot]
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(¸.•´ (¸.•` Slєєρlєssиєss `•.¸) `•.¸)
—Edward E. & R. Winry—
Summary: —Winry —bien, al menos ya podía pronunciar la «r». —¿Qué? —Ed, con mucha seriedad tomó la taza y se la llevó a sus labios para beber lo último. Su mirada era intensa. Muy penetrante. —¿Qué haces con mi abrigo?
Advertencias: Ninguna.
Disclaimer:
Fullmetal Alchemist © Hiromu Arakawa
Slєєρlєssиєss © Adilay Himelric
Notas: Muchas gracias a todos aquellos que han podido dejarme comentarios, en serio, sin lectores ¿qué es una escritora? ;) por cierto, he editado un poco el capítulo anterior por si les apetece volver a leerlo.
Y bueno, ahora los dejo leer.
¡Gracias por comentar!
•
—Slєєρlєssиєss—
PARTE
II
UN MES DESPUÉS
…
Winry bajó las escaleras a oscuras, era de madrugada y le había dado sed. Mei estaba profundamente dormida con Xiao Mei en sus piernas por fuera de la colcha por lo que no le fue difícil salir de la cama.
Su nuevo juego de piyama de un pantalón de tela delgada y holgada verde pistache y una blusa de tirantes del mismo color era una extraordinaria bendición para portar el abrigo de Ed. Una vez más. El abrigo la abrazaba con más fuerza pero por desgracia poco a poco la esencia del portador original estaba extinguiéndose para ser reemplazada el olor de su champó.
Al principio, en un momento de locura, pensó en dejar el abrigo entre la ropa de Ed cuando él se fuese con Al y Mei a practicar la alquimia médica, pero después se acobardó cuando pensó que hacer eso era estar muy enfermo. No podía invadir de nuevo el cuarto de Ed y Al de nuevo como si le perteneciera.
Teóricamente sí le pertenecía, pero no se sentiría bien después de cometer su enfermo deseo.
Entonces decidió que ya era hora de regresar el abrigo a su legítimo dueño.
Agobiada bebió agua y dejó que ésta recorriese un largo trayecto hasta su estómago. Después suspiró y se acomodó el abrigo antes de salir de casa y sentarse sobre la mesa que tenían afuera. Puso sus pies sobre una de las sillas, apoyando sus codos sobre sus rodillas.
El viento recorrió su cabellera y piel, el frío era algo serio. Pero eso a Winry no le importó.
Pensó en su abuela de nuevo, en todos aquellos momentos en los que Pinako le decía qué estaba bien o mal, cuando le había enseñado los principios básicos de los automails y cuando le sujetaba la pañoleta roja sobre su cabeza cuando ella tenía problemas con hacerlo.
—¿Qué haces aquí, Winry? —preguntó Ed apoyado en el marco de la puerta, su semblante era serio y su cabello suelto le daba un aspecto un poco mayor. Vestía un piyama negro de dos piezas e iba descalzo, a diferencia de ella que llevaba sus pantuflas de conejo rosas.
—Ed —susurró Winry incorporándose, ¿por qué siempre tenía que atraparla usando su abrigo?—, ¿qué haces tú aquí?
—Viendo que no regresabas —respondió antes de acercarse y quitarle la silla que tenía bajo los pies, una de las pantuflas voló.
—¡Hey!
—Déjalo. —Ed se sentó a su lado y se hizo aquello que todos odiaban: el silencio incómodo.
Al menos para Winry, Ed se veía muy tranquilo.
—¿Y… cómo van con la alquimia médica? —quiso saber Winry en un intento de detener su corazón, el cual a medida que pasaba el tiempo, latía más rápido.
—Vamos bien… sí, bien —dijo Ed con mucha calma—. Hemos regresado los libros que nos prestó Sheska.
—Entiendo —bien, no le iba a decir nada más. Qué reservado se había hecho Ed en ese aspecto.
—Winry, Al y yo estábamos hablando y… —la máscara de tranquilidad se rompió—, en una semana retomaremos nuestro viaje.
La boca de Winry se abrió pero de ella no salió ningún sonido. ¿Se iban…?
—Hace dos días llego una carta de Xing —continuó Ed—, Ling pidió la presencia de Mei en Xing en dos semanas, ella aceptó quedarse una semana más después de que nosotros partamos.
Winry lo meditó, si Mei se quedaba en Rizenbul significaría que Alphonse se iría solo a donde quiera que fuera.
Si algo había visto en los últimos meses desde que Al y Mei habían hecho oficial su relación, era que ellos dos eran como imán y metal, juntos todo el tiempo. Y por lo que había escuchado hace algunos días, Mei deseaba llevar su relación con Al… al siguiente nivel.
»Me gustaría que Al-sama dejara de pensar que puede romperme en cualquier momento cuando me abraza, ¡quiero que me abrace muy fuerte!
»Creo que estoy de acuerdo con Al… podría romperte —Winry se echó a reír.
»No puedo creerlo —suspiró—, si no me abraza con completa confianza ¿cómo puedo esperar que hagamos el amor pronto?
»¡Mei!
»¿Qué? ¿Acaso tú no lo has hecho ya?
»¡No! —Winry dejó la conversación completamente roja. Había escuchado la risa de Mei. Sobre todo cuando al bajar vio a Ed echado sobre el sofá, dormido con las manos bajo su cabeza… de nuevo, sin nada cubriendo su torso.
¡Oh mi Dios!
—Winry… Winry… ¡Winry! —Ed chasqueó los dedos enfrente de la rubia.
—¿Qué? —suspiró parpadeando, regresando a la realidad visualizando los ojos dorados de Ed. Al menos este Ed sí tenía cubierto su torso.
Aunque Winry había visto lo suficiente aquella vez como para memorizar incluso ese provocativo lunar sobre el hueso de la cadera…
¡Oh vamos! ¡Regresa a la realidad!
—¿Te encuentras bien? —preguntó Ed ignorante de la batalla que se desataba entre las Winrys moralistas y las Winrys pervertidas.
Y seguramente se había sonrojado de nuevo.
¡Maldición!
—S-sí, estoy bien —apartó su mirada pero casi no podía hacerlo, bastaba con abrir las piernas un poco para que Ed pudiese traspasar su defensa. Además de que, tomando la distancia de Ed del suyo, con su rodilla bien podía rozar su…
Cohibida abrió un poco más las rodillas alejándolas de una zona peligrosa para ambos.
—Estaré bien —recordó por suerte de lo que estaban hablando, su corazón tomó una segunda velocidad—, y n-no necesito que Mei se quede aquí. Puede ir con Al.
—Winry…
—Creo que ya empezó a darme sueño —se excusó Winry con las mejillas ardiendo, esa mirada no, por favor…
—Winry.
Winry intentó bajarse de la mesa, pero las manos de Ed le impidieron el paso cuando se posaron furiosamente sobre sus piernas, no sus rodillas, sus piernas. Muy cerca… muy cerca de… de…
Menos mal que se había puesto ropa interior limpia de lo contrario posiblemente Winry estaría muy preocupada de que el estímulo presente, fuese un problema ahora.
—Ed —articuló con la garganta casi cerrada—, quítate.
—No he terminado —rezongó Ed.
—Pues termina ya —masculló Winry casi temblando, pero no quería que Ed malinterpretara nada con su comportamiento.
Ed pareció contrariado.
—¿Por qué estás evitándome?
—Yo no te evito.
—Claro que sí.
—¡Qué no! Es solo que invades mi espacio personal.
—Yo no he hecho eso —se defendió. Ofendido.
Bien hecho, Winry.
—¡Lo haces ahora!
—¡Bien! —le soltó las piernas al fin, de un salto fue a donde había caído su pantufla y regresó subiendo las escaleras; molesto, se la puso en el pie y entró a la casa azotando la puerta.
El sol comenzó a alumbrar. ¿Cuánto tiempo habían permanecido juntos?
No se supone que las cosas debieran terminar así.
No por supuesto, mientras en los libros románticos, los protagonistas veían el sol juntos y abrazados, en la realidad Winry debía verlo sola sin un Ed sonriéndole amorosamente.
Estúpido corazón. ¿Por qué Ed?
Al mirar el suelo vio sus pantuflas y de reojo, el abrigo, Ed no le preguntó por él.
De pronto le había dado mucho sueño.
…
Edward subió las escaleras golpeando los escalones con los pies con cada paso. Alphonse tallándose los ojos lo recibió al final pero ni uno habló mientras Ed pasaba de largo y se encerraba en su habitación.
—Al… —llamó Mei a un lado. Alphonse la miró y sonrió, se veía tan tierna con esa piyama occidental de dos piezas que le hizo añorar la antigua que solo era un camisón casi transparente.
—Buenos días.
Mei correspondió a la sonrisa.
—¿Es natural que sienta que esos dos son los niños y no nosotros? —preguntó dirigiéndose al baño con su cepillo de dientes al igual que Al.
—Supongo.
—No quiero irme sin antes ayudar a ese par de bobos.
—No. Dejémoslo así.
—¿Pero por qué? —Mei lo miró sorprendida con el cepillo dentro de la boca.
Alphonse se enjuagó y se limpió con una toalla.
—Porque deben hacerlo solos y no acostumbrarse a que alguien más les resuelva sus problemas, nosotros resolvemos los nuestros —la besó en la frente—, que ellos resuelvan los suyos. —Y se marchó a cambiar.
Aunque estaba de acuerdo con Alphonse, Mei decidió hablar con Winry una vez más. Ayer había llegado una nueva carta, Ling la necesitaba mañana urgentemente y Al se había decidido por acompañarla a Xing.
…
Winry se había echado sobre su cama y después de unos minutos, la puerta se abrió dejando pasar a Mei con su panda acurrucada en sus brazos.
—¿Tienes un minuto?
Winry asintió aún echada sobre el colchón bocabajo.
—Winry, Al y yo… tenemos que salir a Xing, hoy por la noche.
¿… Eh?
—El emperador me solicita para mañana por la tarde pero quiero evitarme imprevistos. Ayer llegó su carta. —Soltó a Xiao Mei (quien salió no perdió tiempo para ir a un lado de la cama en la que nadie la molestaría) y se acercó a Winry, la cual había hundido su cara contra las sábanas—. Pero no quiero irme sin antes decirte algo.
—¿Eh? —el sonido fue ahogado por el colchón.
—No quiero verte más así.
Winry separó la cara de su cama para verla con los ojos enrojecidos.
—¿Cómo?
—Asustada.
—¿Asustada? ¿Yo asustada?
—Sé que quedarte sola no es una opción para ti, sé que hay lugares que te recibirían con los brazos abiertos, pero aún así no quieres dejar marchar a Ed.
—¿Qué tiene que ver él?
Mei sonrió pícara.
—¿Acaso ese no es su abrigo? —lo señaló.
—Esto —se asustó tocando la evidencia—, no tiene nada que ver.
—Lo tiene… desde que la abuela… —los ojos de ambas mujeres parecieron haber perdido un poco de brillo—, él estuvo ahí también. ¿Lo recuerdas?
Claro que lo recordaba, había visto a Ed perder la sonrisa rápidamente apenas la movieron y se dieron cuenta de que Pinako tenía los ojos abiertos y opacos. Lo había visto agitar a la abuela y pegar su cabeza contra el rostro de la anciana tratando de buscar respiración. O algún latido. Se incorporó rápidamente y salió en busca de un doctor.
Mientras que ella se quedó ahí inmóvil. Hasta que los hermanos Elric la ayudaron a moverse para que el doctor y las enfermeras sacaran el cuerpo de la difunta mecánica.
»Basta Winry… déjala ir… no te preocupes… todo va a estar bien —le había susurrado Ed al oído una vez que Alphonse la soltó para ir con Mei y dejar que ella lo consolara también entre sus brazos.
—¿Lo recuerdas, Winry? —preguntó Mei sacándola de sus pensamientos.
Sus brazos la reconfortaron tanto que en ese momento, Winry pensó que si caía, Ed la sostendría tan fuerte contra su pecho que podrían fundirse en uno solo.
—Lo recuerdo —susurró Winry perdida en sus fantasías donde Ed era el protagonista.
Deberías dejar de hablar con Mei. Se burló la voz en su interior. ¿Pero es que quién podría saber lo que pensaba ahora?
—Antes de que se vaya —continuó Mei—, creo que deberías hablar con él.
Sin más que decir, Mei le acarició un poco la cabeza, sonriendo.
Y Winry lo pensó durante todo el día, incluso toda la noche cuando Mei y Alphonse ya se encontraban abordando el tren.
Ed parecía molesto.
—Espero que ese Emperador de pacotilla realmente tenga una emergencia —refunfuñó cruzado de brazos.
—Si hubieses dicho eso en Xing, ten por seguro que ya estarías colgando de tus pulgares —dijo Mei riéndose por la actitud infantil de Ed—. Nos veremos hermano.
Hermano, desde que Alphonse y ella anunciaron su relación, por costumbre de Xing, Mei llamaba a Edward "hermano" y él a su vez…
—Cuídate hermanita —le dijo Ed abrazándole, miró a Alphonse y le dijo—: aquí en un año. Cuídate. Y cuida del duende.
—¡Oye! —Mei le golpeó el brazo, sonriente.
Winry abrazó a Alphonse y Mei antes de desearles suerte y asegurarse de que ambos juraran que se verían en Rizenbul para la próxima navidad. Un regalo sin igual.
El tren se fue dejando un camino de vapor por detrás. Winry se giró y caminó al lado de Ed.
Esta vez el silencio sí era incómodo. Y esta vez Winry no tenía ninguna intención de romperlo.
Con cada paso que daban, Winry sentía que se alejaban de la luz del pueblo y recorrían con una lentitud tortuosa el caminito en dirección a "Automails Rockbell". Winry se moría de frío pero su orgullo le impedía mostrarse débil, no desde su pelea con Ed.
No le iba a dar el gusto de verla temblando.
Llegaron a casa, Winry abrió la puerta pero Ed la cerró de nuevo en la cara de ella.
—¡Auch! ¡Serás salvaje! ¡Eso dolió! —se quejó tapándose la nariz. Se giró hasta Edward quién la miraba serio. Winry le golpeó la cabeza pero él no se movió ningún centímetro.
¿Te ha sorprendido, cierto?
De hecho, sí.
—Ed…
—Lo lamento.
Ehhh… ¿qué?
—No pongas esa cara —dijo Ed sonriendo amargo.
Winry intentó borrar cualquier expresión que tuviese ahora. Pero cualquiera que fuese ésta, se negó a marcharse porque Ed desvió la mirada cuando volvió a enfrentarse al rostro de Winry.
—Sí, dije que lo lamento —dijo como si algo le apretase la garganta.
—Eso es lo que me sorprende… ¿qué lamentas?
Ed alzó los hombros.
—¿Y eso qué quiere decir? —preguntó Winry ya irritada. Puso sus manos en su cintura y se encaró a Edward, éste era más alto que ella ahora por lo que terminó mirándolo hacia arriba… ella… miraba a Edward Elric desde… abajo.
—Nada en especial —le dijo sencillamente.
—Lo sabes —aseguró Winry.
—Digamos que es una disculpa por adelantado. —Ed sonrió travieso. Como si algo terrible estuviese esperándola.
—¿Qué es?
—Nada —la evadió para entrar a la casa, riéndose.
Lo intentó, pero Winry no lo pudo detener ya que el muy pillo corrió demasiado rápido hasta su habitación cerrando su puerta a cal y canto.
Horas después, por más que Winry le había gritado a Edward para que bajase a comer, el rubio no le contestó, por lo que Winry comió sin él; cosa muy molesta porque a ella no le gustaba comer sola. Lavó los platos y se fue a su habitación con pasos pesados.
Al entrar a su cuarto sintió la ausencia de Mei y su panda. Ambas siempre estaban jugando acostadas en su cama cuando Winry llegaba a dormir después de estar tanto tiempo en el taller. Alphonse siempre se encontraba con Ed cuando Mei no estaba con él.
Una verdadera pena notar hasta ahora que en pocas ocasiones había tenido la posibilidad de hablar con Al. Se sintió aún peor cuando se dio cuenta que el día en el que había decidido estar más tiempo con sus mejores amigos, su abuela la había dejado.
Solo esperaba que en navidades, Alphonse y ella pudiesen charlar como en los viejos tiempos.
Se puso su piyama y buscó entre su ropa el abrigo de Ed; no lo encontró.
—¿Pero qué…? —rebuscó entre su ropa, dentro del armario, debajo de la cama, entre las sábanas…
¿Acaso lo había dejado en la sala…? Bajo con mucho cuidado cuando pasó por la habitación de Ed.
No quería imaginarse lo que él le diría si Winry le contaba que había perdido su valiosa posesión.
»¿Qué perdiste… qué? —dentro de su cabeza, habitaba un Ed molesto e indignado—, ¡sabía que no debía confiarte algo tan valioso! ¡Torpe!
¡Debía encontrar ese abrigo!
Lanzó varios cojines, por poco lanzó incluso las sillas y la mesa, utilizó cuanta luz pudo encender, incluso en sus manos ya estaba una lámpara cuya luz se movía por todos lados; sin encontrar nada Winry pasó a la cocina, abrió la lacena, el horno, y más tarde bajó a su taller…
Fue difícil porque estaba hasta el tope de cosas, a esas alturas ya no le importó el ruido que hacía al mover y lanzar herramientas… no encontró el abrigo pero sí recuperó un suéter que creyó muerto hace algunos años (¡años!), un zapato cuyo par ahora estaba en la basura, y un calcetín pequeño color rosa… era de ella cuando era niña.
Lo sostuvo antes de guardarlo cuidadosamente entre una libreta (donde apuntaba sus descubrimientos y notas sobre automails) encima de su mesa donde también habían varias partes mecánicas y tornillos.
¿Acaso se lo había llevado Alphonse por error? No es posible, Alphonse respetaba lo que no era suyo, sobre todo cuando se trataba de su hermano mayor.
¿Había caído entre la ropa de Mei y se lo había llevado consigo? Increíblemente dudoso. Mei era muy cuidadosa con su ropa (era muy fina) y Winry dudaba mucho que Mei quisiera llevarse algo de Ed (además de que eso molestaría a Alphonse).
Ya no le quedaban lugares por buscar y con ésta ya era cuarta vez que bostezaba. Tenía mucho sueño.
Se talló los ojos y se rindió. Pero a pesar de que se acostó y puso sus sábanas encima, no pudo pegar los ojos y dormir. ¿Qué diablos pasaba ahora?
No puedes dormir sin… él.
Dios tuviese piedad de ella porque lo que esa voz dijo era verdad, necesitaba del abrigo de Ed… ¡maldición!
Frustrada se levantó y salió de la casa buscando por última vez; bajó las escaletas y piso con los pies desnudos el húmedo pasto. Su última preocupación era que algún animal la picase.
Movió la lámpara por todos lados alrededor de la casa. No había nada.
Entonces algo le pasó por la cabeza: ¿debería preguntarle a Ed?
El Edward-malvado de su cabeza regresó con fuerza.
»Maldición Winry, ¡estoy seguro de que si no tuvieses el cabello pegado a tu cabeza, lo perderías también! ¡No sé qué diablos tengas que hacer! ¡Quiero mi abrigo de regreso! ¡Sabía que no debí confiar en ti! —y siempre terminaba así.
"No debí confiar en ti". ¿Alguna vez Ed le diría eso?
Winry se sentó en la mesa de nuevo, rendida. Ya había que aceptarlo, perdió lo que Ed le había prestado. ¡Tenía que devolvérselo!
—¿Winry…?
Rockbell se giró rápidamente solo para encontrar a Ed en piyama (si una camiseta blanca y un pantalón pescador negro podrían considerarse una) y descalzo, tallándose los ojos.
—¿Qué estás haciendo aquí?
«Haciendo costumbre el vernos aquí en las madrugadas» se tragó esa respuesta y contestó mordaz—: ¿acaso no debería?
—No, claro que no —bostezó—, pero dudo que sea sano. Creo que deberías dormir.
Winry tragó saliva torciendo la boca y esquivando la mirada de Edward.
—¿Winry?
Tenía que decirlo…
Vamos, tú puedes…
Si tardas… más se enfadará…
—Ed…
—¿Sí? —habló un tanto dudoso.
Vamos, ya lo tienes…
—Yo… —juntó sus manos mirando sus pies, los cuales ya habían empezado a moverse de enfrente atrás—, no puedo dormir.
…
Si tan solo no hubiese bajado su mirada, Winry tal vez habría visto la mueca de espanto y culpa de Ed.
Ya se dio cuenta, dijo la mente de Ed con mucho miedo. Pero ¿por qué miedo? El abrigo después de todo era suyo y… bueno, prácticamente él decidió qué hacer con él como cualquier dueño haría con sus pertenencias materiales…
¿Qué había pasado? Simple.
Hace unas horas cuando se aseguró de que Winry estuviese trabajando en su taller, y Al y Mei estaban juntos en el pueblo para poder ir por algunos recuerditos antes de partir a Xing, Ed se tomó la libertad de entrar a la alcoba de Winry, tratando de no ver absolutamente nada más allá de lo necesario.
Perdió la concentración cuando halló unas bragas azules en el suelo y tropezó intentando alejarse de ellas lo más posible, ¿de quién eran? Por el tamaño juró que eran de Winry… eso de cierto modo le calmó, no quería imaginarse lo que le haría Alphonse si se enterase que se había atrevido a ver la ropa interior de su novia… considerando que Al tenía una extensa imaginación (fuerza y habilidad destructiva) y aún era alquimista… pues… mejor no imaginarlo…
Usó de toda su fuerza mental para no volver a mirar las bragas… ¡pero es qué…!
Ejem… regresando al asunto… básicamente Ed tomó su abrigo de encima de la cama y se dio su tiempo para reconocerlo puesto que no lo había visto en varios días.
La textura era la misma, el peso igualmente era el mismo, pero al acercarse a él pudo detectar el perfume de Winry… bueno, no sabía si era realmente un perfume ya que en Central había estado cerca de muchas mujeres y ninguna tenía un olor tan sutil como Winry. Todas tenían olores curiosos y florales (incluso la Teniente Riza poseía un olor muy llamativo y propio de ella) pero ninguno como el de Winry.
Pero no estaba ahí para oler la esencia de Winry (o al menos eso se dijo cuando se encontró oliendo su propio abrigo más de lo permitido según las estadísticas de salud mental), simplemente se lo puso y disfrutó de la sensación de portarlo nuevamente, se sintió él de nuevo.
Su abrigo de antaño le había regresado parte del alquimista que solía ser, ese chico talentoso había regresado al juego (o al menos, una parte de él). Pero no debía ilusionarse, su alquimia era nula; pero al menos aún conservaba su inteligencia y su habilidad para pelear.
Pero el chico que alguna vez llamaron "Alquimista de Acero" se había ido.
Ahora solo era Edward Elric.
Un chico normal.
Y ese abrigo era la prueba de eso.
Era la prueba de que… ya no necesitaba esa prenda…
Ya…
No…
La…
—Necesito… —susurró perdido en su molestia repentina (ya no podría utilizar jamás la alquimia). No culpaba a Alphonse, de ningún modo (solo tal vez por ser un idiota al intentar intercambiar su vida por la mano de Ed)… después de todo la vida de Alphonse lo valía, eso y más, e incluso su propia alma.
Después de todo fue su propia estupidez lo que había causado todo eso en un principio, fue su propio intento desesperado de recuperar lo perdido, y había arrastrado a su hermano menor al infierno; a la tortura continua de hacerle saber que él nunca podría saborear ni dormir… o sentir.
Ed aún se culpaba por eso, por hacerle pasar a su hermano hambruna y desolación, por quitarle el calor con el que nadie tenía derecho a meterse. Y aunque Alphonse dijese que no le culpaba por eso, Ed sabía la verdad, el dolor en los ojos de su hermanito al tocar el tema del pasado y su armadura. Su cuerpo temporal. No era nada grato indagar en esos detalles.
»Sabes que todo fue tu culpa —se dijo una vez en el espejo cuando intentó nuevamente hacer alquimia sin efecto alguno.
Pero reconocerlo no hacía que doliese menos.
Sin importarle que Winry le viese, Ed salió disparado de la casa en dirección a las ruinas de su antiguo hogar; y ahí inició la masacre.
Con sus propias manos destajó el abrigo, las mangas primero, después el resto, pedazo por pedazo, todo comenzó a caer simultáneamente al suelo donde aún ya hacían las cenizas de un hogar quebrado.
Arrojó con furia los últimos dos pedazos y se dejó caer de rodillas al suelo con la respiración agitada, su pantalón oscuro se llenó de hollín; pero todo eso a Ed no pudo haberle importado menos. Se levantó y sin nada más en qué pensar se fue a su cuarto. Pero al entrar se percató de que en una hora irían a dejar a Alphonse y Mei (vio las maletas de Al a un lado de su cama).
Alphonse y él ya habían hablado lo suficiente en los últimos días por lo que al despedirse no se dijeron más de lo necesario; Ed le pidió que se cuidase y no hiciera cosas estúpidas (como darle a la enana un hijo porque podría perdérsele) y Al en respuesta (azorado y con muchas ganas de regresarle la ofensa) le dijo que procurara no dejar que la llave mecánica de Winry le destruyera las pocas neuronas que le quedaban. Pero a final de cuentas, hubo un abrazo fraternal por parte de ambos, Ed abrazó a Mei y le revolvió un poco su cabello antes de dejar que ella le sacará la lengua debido a que había escuchado eso de no dejarla tener un hijo, aún.
Ambos partieron con dirección a Central y de ahí partirían a Xing en el nuevo tren que cruzaba el desierto entero, la construcción de dicho tren y las vías fue ardua, pero con los 2 países en paz y con tratados de comercio y turismo en pleno funcionamiento, un tren que podía pasar de un país a otro parecía ser necesario.
Entonces a Ed le cayó una bomba de tiempo; sin que nadie lo notase, Ed había visto a Winry pasearse con su abrigo varias noches, siempre para beber agua o leche para irse a dormir después.
Ella aún lo necesitaba; pero lo que ese abrigo representaba para él… simplemente no podía soportarlo.
»Lo lamento.
Y ahora verla ahí… seguramente ella pensaba que lo había perdido. Que era su culpa y (conociéndolo) que él iba a reclamarle por el abrigo.
—Winry —le dijo haciéndola saltar del susto—. Dije que lo lamento.
Rockbell miró a Ed tratando de descifrar lo que el ex alquimista le estaba diciendo con esas palabras que poco decían; o tal vez decían mucho solo que ella no podía entenderlo al 100%.
»Lo siento…
—Ed —musitó Winry insegura si su sospecha era cierta—. ¿Acaso tú… tomaste el…?
—Lo destruí —dijo rápidamente—. Lo siento.
Dentro de Winry se formaron emociones que ella no le deseaba a nadie, sorpresa, alivio, molestia, enojo, frustración y miedo. Todo al mismo tiempo y provocado por la misma persona, por el mismo objeto.
Aunque quiso saber el por qué Ed había hecho algo semejante, Winry no se atrevió a preguntarle, de hecho, simplemente acarició la coronilla de Ed y se bajó de la mesa con intenciones de irse a su habitación. Para saber si aún podía dormir ahora que sabía que su único medio al mundo de los sueños se había roto.
Ed la tomó de la muñeca antes de que pudiese irse.
Y ahí se quedaron hasta que Winry sintió que estaba cansándose de estar parada. Cosa extraña ya que como mecánica estaba acostumbrada a permanecer de pie por mucho tiempo.
Aunque no como una estatua.
Sí eso era verdad.
—Ed… ¿ya me soltarás?
El muchacho la soltó como si hacerlo le costase bastante; casi el alma. Y tal vez fue porque Ed se veía demasiado abatido como para hablar, o porque las propias emociones que corrían por el interior de Winry se incrementaron al sentir el frío después de ser sostenida por él, pero Winry le abrazó.
Sus brazos rodearon (o al menos lo intentaron) casi todo el cuerpo de Ed. Él aunque sorprendido, no se movió en absoluto, no habló y dejó que la calidez de la chica lo invadiera como quisiera.
—Vamos, te haré un café —le dijo Winry tomándole esta vez, ella la mano a él. Guiándolo a la casa.
—No podrás dormir —le recordó Ed con cierta culpa en su voz.
—Ya lo sé. Por eso dije que te haría a ti un café —dijo Winry tratando de sonar divertida, aunque en el fondo aún no se recuperaba de dicha pérdida.
—Bien —contestó Ed resignado.
Y ya en el interior de la casa, y al beber el café que su amiga le había preparado, Ed al ver a Winry limpiando la cocina, decidió que deseaba estar a su lado siempre, para poder abrazarla como Dios mandaba. Para poder protegerla al fin.
Lo intentaría, ya estaba dicho, antes de irse, le preguntaría a Winry Rockbell lo que desde hace tiempo quiso saber con ansias.
¿Eres capaz de darme la mitad de tu vida si yo estoy dispuesto a darte la mitad de la mía?
Por primera vez en su vida, Ed esperó que la equivalencia de intercambio fuese efectiva y le ayudase en algo.
Winry al mirarlo por encima del hombro, le sonrió.
Ed se despejó de toda duda entonces. Valdría la pena intentarlo. Y tal vez solo así, él reemplazase el abrigo para velar los sueños de Winry por lo que les quedase a ambos de vida.
FIN
Jajaja por si se lo preguntaban, sí, amé mucho la "confesión" de Edward y la contestación de Winry. Creo que ahora me siento un poco mal por haber tenido que matar a la abuela (hasta yo la apreció T_T) ¡no me linchen, por favor!
Muchas gracias a todos los que, con sus comentarios, hicieron posible el broche de oro final de éste pequeño fic. Espero que les haya gustado y si es posible, déjenme más deliciosos reviews.
¡Las amo, chicas y chicos (si hay alguno XD)!
Y de nuevo, no olviden darle un vistazo al foro "La Puerta de la Verdad". Hay actividades, tópicos random ¡y mucho más!
Ya nos leeremos después.
JA NE! ;)
