Hola! Gracias a los que me dieron su opinión, por los favoritos y demás. Espero que esta segunda parte (y última) también les guste, y que me den sus opiniones al respecto
¡Saludos! Buena semana para todos… que lo disfruten.
Parte II: Final.
Estaba tan nerviosa que comencé a sudar y me inmovilicé. Mis ojos se paralizaron, mi pulso se detuvo. ¿Qué demonios…? ¿Qué era lo que acababa de escuchar…?
A pesar de que estaba totalmente petrificada, saqué fuerzas y me arrastré hasta salir del callejón de la manera más silenciosa que pude, y corrí. Corrí lo más rápido que pude, como nunca antes lo había hecho.
El viento frío me chocaba los ojos y me hacía llorar, mis parpados se irritaron, mi respiración se agitó como nunca antes en mi vida. Pero nada de eso me importó, sólo quería llegar a su casa. Tenía que hacerlo, tenía que hablarle, contarle todo lo que había oído. No podía pensar con claridad.
Entré a toda prisa y torpemente a la tienda, abrí la puerta con una furia y exaltación increíbles. No podía hablar, me faltaba el aire. Jadeaba como un perro, hiperventilaba. No podía recuperar el habla, comenzaba a desesperarme. Tartamudeaba, mi garganta estaba seca.
Él se levantó de la silla del mostrador con rapidez y me miró totalmente perturbado y sorprendido, se acercó a mí pero yo seguía sin poder articular bendita y jodida palabra.
–¿Tú de nuevo…? ¿Qué diablos…? –musitó, sin parar de mirarme con los ojos abiertos
Finalmente mi respiración comenzó a normalizarse.
–Sas… Sasuke –le dije, tartamudeando totalmente nerviosa–, hay algo importante que debo… debo decirte –finalicé, tosiendo.
Él frunció el ceño, no tenía idea de nada. Debía pensar que era una loca, pero no me importaba.
–¿Estás bien? ¿Quieres agua o algo así? –me preguntó, todavía bastante confundido y con una seria expresión en el rostro.
Yo sacudí la cabeza efusivamente.
–¡No! –grité– Escucha, esto es importante. Alguien vendrá a hacerte daño –mis palabras salían solas, no las pensaba demasiado bien. Hablaba demasiado rápido, pero sabía que él me entendía.
–¿De qué estás hablando?
–Tus tíos, tus tíos Madara y Obito…
–A ver, a ver. Espera un poco. ¿Qué es lo que estás tratando de decirme exactamente?
–Sasuke, tus tíos enviarán a alguien a matarte –respondí. Me temblaban las manos.
Él se quedó en silencio un rato, corrió la mirada con las cejas fruncidas todavía y luego de unos minutos volvió a mirarme.
–¿Quién te crees que eres para venir aquí a hablar así? –me preguntó con una tonalidad totalmente distinta. Estaba enfurecido.
–¡Estoy hablando en serio! ¡Quieren que desaparezcas a toda costa!
Sasuke golpeó la pared con la mano, mirándome fijo a los ojos con una mirada siniestra.
–Mis tíos cuidaron de mí cuando mi familia murió. Sé que ellos quieren quedarse a administrar los negocios y por eso quieren que vaya a Harvard… pero jamás harían algo como eso.
Yo no podía creerlo, ¿es que no sospechaba de nada?
–No, espera, lo grabé todo en el celul… –él me interrumpió antes de que pudiera seguir.
–¿Quién te crees que eres? –me preguntó con una frialdad terrible.
–¿Disculpa…?
–Casi ni te conozco, ¿sólo porque entraste aquí una vez y te ayudé a usar un arma crees que somos amigos, o algo por el estilo? –yo me sorprendí bastante cuando lo escuché hablándome de esa manera, no supe qué contestar. Pero pronto un sentimiento de enojo me subió al cuello y no pude soportarlo.
–¡Estoy tratando de ayudarte, esto es importante, puede ser muy serio! –le grité.
Él dibujó una sonrisita sarcástica en sus labios y dejó escapar unas carcajadas de burla.
–Vete de aquí –me pidió, o más bien ordenó, señalándome la puerta. Se dio media vuelta, ignorándome totalmente, y se fue a hacer unas cosas en su computadora. Yo comencé a sudar de la histeria.
–¿¡Acaso no escuchas nada de lo que digo!? ¿¡Por qué vendría a mentirte!? ¡Tus tíos son unos corruptos, quieren entrar en el tráfico de armas, son asesinos, estoy segura de que también hicieron algo con tu familia!
Él se volvió a dar vuelta, esta vez parecía que los ojos se le saldrían de la cabeza. Se acercó velozmente a mí, con los puños cerrados y humo saliéndole de la cabeza, hecho una fiera. Se puso delante de mí, yo lo miraba absorta y todavía con el corazón galopándome a mil por hora. Sentimientos de miedo, furia y preocupación se mezclaban en mi pecho.
Estaba tan cerca que creí que me tomaría del cuello y me lanzaría a la calle sin pensarlo dos veces… pero simplemente se quedó allí, mirándome con esa furia incontenible en sus ojos, respirando por la nariz como un toro enfurecido.
–No vuelvas a hablar de mi familia otra vez, eso fue un accidente… ¿te queda claro? –me amenazó en una oración fulminante. Yo simplemente lo miraba.
–Van a matarte –sentencié luego de un minuto de silencioso y sepulcral cruce de miradas. Él entrecerró sus ojos, parecía pensar… "¿acaso no te das por vencida, no te intimidas?". Yo hice lo posible por no correr la consistencia de mi mirada, a pesar de sentirme absolutamente intimidada.
–¿Por qué no te vas a casa? –me preguntó, sin parar de mirarme– ¿Por qué te interesa tanto hacer esto? ¿Qué quieres de mí?
Tragué saliva ante su repentina pregunta. "¿Por qué te interesa tanto hacer esto?". Suspiré, me armé de valor.
–Me importas –escupí desde lo más profundo de mi corazón.
–¿Por qué?
–¡Porque me gustas!
Mientras el rubor me subía hasta la frente, él comenzó a reír a estruendosas carcajadas burlonas. Yo me sentía la persona más estúpida y menos correspondida del mundo.
–No puedes… no puede ser –decía, retrocediendo, mirándome de arriba abajo. Me sentí tan humillada, no podía creerme lo que estaba pasando. Había imaginado muchas veces un momento similar, y en ninguno de esos momentos él se reía de esa manera.
La impotencia e indignación me subió por la espina dorsal increíblemente rápido. Lo tenía allí, ignorándome, burlándose de mí después de todo lo que había hecho por su bien. Me había arriesgado yo misma… ¿por qué?
Lo que hice un segundo después no fue pensado, no fue meditado. Simplemente me dejé llevar por el impulso del momento… acorté nuestra distancia, no me importó nada. En tres pasos llegué a él, con la mirada fija en sus pupilas oscuras, y… lo abofeteé. Le di vuelta la cara, literalmente. No podía creer lo que estaba haciendo… pero estaba tan enojada con él que no me importó nada.
Lentamente volvió a voltear su dura mirada hacia mí… estaba estático.
–Vete –fulminó en apenas una palabra. Yo lo miré un rato apenas, mientras él volvía a darme la espalda y se iba a hacer su trabajo.
Me sentía impotente y triste por él. Sabía que todo eso debía ser muy difícil de asimilar, desenterrar nuevamente los tormentos del accidente de su familia y que sus tíos fuesen como eran… yo lo entendía, pero… ¿cómo ayudar a alguien que no quería ayuda? Estaba enfadada por su actitud, pero también quería verlo bien. ¿Eso tenía lógica alguna, o sólo estaba loca y era masoquista? Nadie se preocuparía por una persona así.
No encontré sentido alguno, él no quería ni iba a escucharme. Cerré indignada mis puños y me di la vuelta para salir e irme. Quizás lo mejor sería ir a la policía. Tenía la grabación, después todo… aunque él no quisiera escucharla, no me creyera o lo que fuese, la policía sí iba a creerme. Sólo esperaba no llegar demasiado tarde.
Mientras me acercaba a la puerta me preguntaba cuanto tiempo tardaría en venir ese supuesto "ladrón" a hacer su trabajo. Sin embargo, mientras mi mente tenía mil cosas a la vez y me acercaba para jalar el picaporte, un fuerte golpe me tiró hacia atrás y caí en la mitad del local al suelo.
–¿Qué…? –musité, tocándome la cabeza. Me había dolido. Escuché que alguien cerraba la puerta con una brusquedad terrible. El vidrio de la puerta, de no ser blindado, se hubiese roto en mil pedazos.
Abrí mis ojos y miré hacia arriba, era un hombre muy alto, quizás dos cabeza más que Sasuke, de apariencia fornida. Era muy corpulento, musculoso y varonil. Me miraba con una sonrisa desagradable. Había abierto la puerta tan fuertemente que me lanzó a dos o tres metros de distancia.
Tenía puesto un traje negro, estaba todo vestido de negro, hasta los botines. En su cabeza se posaba un gorro gris, tenía puesto un antifaz negro que le cubría desde la nariz hacia arriba y unos guantes oscuros también… y un arma en su mano derecha, un revolver.
Desde atrás se veía que tenía una mochila cubriéndole la espalda. Su expresión era extraña, su piel era morena.
Miré a Sasuke, todavía desde el suelo. Él me miró por un instante de una manera un poco extraña. ¿Preocupado, quizás?
A mí el miedo me recorrió la sangre. Estaba petrificada, ¿qué nos iba a pasar ahora?
Sasuke dirigió su mirada al hombre alto. No se movían ninguno de los dos, creo que ambos estaban a la expectativa de lo que hiciera el otro.
–¿Qué quieres? –le preguntó Sasuke, dándose cuenta del arma en su mano.
–Dame todo lo que tengas en la caja –le respondió el hombre.
Yo no sabía qué hacer, me puse de pie. Procuré hacerlo despacio, no asustarlo. Él volteó su cabeza hacia mí, me miró de manera desagradable y casi hasta pervertida, de arriba abajo.
–Quédate quietita preciosa –me ordenó en un tono amenazante.
Cuando lo oí dirigirse a mí, algo me vino a la cabeza. Antes estaba tan asustada que no lo había escuchado bien o no lo había procesado correctamente… pero ahora pude reconocer su voz.
¡Era él, el asesino que contrataron Madara y Obito!
Miré a Sasuke inmediatamente y él hizo lo mismo conmigo. Traté de hacerle lenguaje de señas, de decirle que no era un simple ladrón. No sabía si me entendía, su cara era extraña.
–¿Qué miras, niño bonito? –el hombre me volvió a mirar, y yo paré las señas de inmediato.
Se dio cuenta de que pasaba algo extraño y caminó a mí con una expresión asesina en el rostro. Cuando llegó me sujetó fuerte de los brazos, inmovilizándome. Intenté forcejear, pero fue inútil. Sabía lo que hacía…
Sasuke hizo el amague de caminar hacia mí, pero el hombre lo detuvo con la mano y una estúpida sonrisa en el rostro. Luego me apuntó a la cabeza con el arma.
–Ya veo… ¿ella es importante para ti…? –Sasuke frunció el ceño y no le contestó.
–Te equivocas, apenas me conoce –me apresuré a contestar yo. Él presionó mis brazos
aún más, haciéndome gemir del dolor.
–¿Acaso te dije que podías hablar, rosita? –me preguntó de manera asquerosa, acercando su cara extremadamente cerca de la mía. Yo la corrí por instinto, pero no pude hacer mucho dado que no me dejaba mover.
–Déjala ir a ella, te daré todo lo que quieras –le dijo Sasuke con firmeza.
–Ya veo… entonces sí te importa, ¿verdad? ¿Por qué…? –el hombre parecía cada vez más siniestro. ¿A qué estaba jugando? Parecía disfrutarlo de la manera más perturbadora posible. Su voz era tan desagradable.
–No quiero ver morir a nadie más en mi vida –le dijo el Uchiha. Estaba tan serio que era imposible no creerle, pero el hombre siniestro se lo tomó a risa y comenzó a reír de manera malévola.
–¿Por qué haces esto si todo lo que quieres es asesinar a Sasuke? –cuando hice esa pregunta, se calló.
Me miró con los ojos tras el antifaz bien abiertos y los labios cerrados.
–¿De qué carajos hablas? –me cuestionó. El sudor me comenzó a salir mucho más veloz que antes. Estaba extremadamente nerviosa… ¿qué carajos estaba haciendo? Podía jalar del gatillo fácilmente y volarme la cabeza.
–Para eso te contrataron Madara y Obito, ¿o no? –volví a cuestionarle yo. Él me miró totalmente impresionado y embroncado al mismo tiempo.
–Tú, maldita niñita… sabía que escondías algo… Tenía un poco de ganas de divertirme contigo después de matar al niño bonito, pero creo que será más fácil si termino contigo ahora –estaba por jalar del gatillo, cuando un grito de dolor lo hizo soltar el arma.
Sasuke había apuntado a su mano y le había arrojado el cuchillo de la cinta roja y el mango dorado que se me había caído a mí el día anterior. Era lo único que tenía a su alcance en esos momentos, y aprovechó su patético y poco profesional momento de distracción para arrojarlo.
Me di cuenta de que pudo tirárselo a la cabeza, pero escogió lo más seguro para mí y… me salvó la vida.
El hombre cayó al suelo gritando y tomándose la mano derecha, mirando la sangre derramarse. Yo corrí hacia Sasuke, quien con una excelente maniobra saltó desde atrás del mostrador para llegar al otro lado y tomó el arma del hombre en sus manos. Me coloqué a su lado.
–¿Estás bien? –me preguntó sin mirarme, fijando los ojos en aquel asesino. Yo balbuceé que sí, y luego endureció su voz para dirigirse a él–Quédate quieto donde estás –le advirtió–. ¿Mis tíos te enviaron?
Sentí que finalmente había abierto los ojos, pero que a pesar de todo necesitaba escucharlo del contratado mismo.
El hombre permanecía agachado, tomándose la mano. Estaba de espaldas y no podíamos verle los ojos, pero pudimos escuchar risitas burlonas cada vez más fuerte.
Luego, muy lentamente, fue poniéndose de pie. Sasuke no tembló con el revolver ni en un momento. Tenía su cabeza en la mira.
–¿Qué se siente que ni siquiera tus tíos te quieran? Debes ser muy patético para que tengan que mandarte a matar… –le decía, ya de pie.
–O muy inteligente, como para que no encontrasen otra manera de sacárselo de encima –me apresuré a responderle yo con determinación. Él se calló por un momento, y pude sentir la mirada de Sasuke clavarse en mí.
De pronto, a una increíble e inhumana velocidad, deslizó un cuchillo desde debajo de su manga y lo arrojó directo a nosotros con la mano izquierda. La habilidad de ese hombre era increíble, pero como su mano derecha estaba herida, su puntería con la izquierda no era muy buena.
El cuchillo se dirigía a mi brazo, pero Sasuke, quizás por instinto, lástima o lo que fuese, me empujó lejos e impidió que me diera.
Aquella bestia desagradable aprovechó la distracción momentánea y arremetió con velocidad y fuerzas contra Sasuke. Ambos cayeron al suelo y el arma se deslizó de la mano de Sasuke a muchos metros de distancia.
Una lucha potente comenzó a desatarse en el suelo. El asesino le dio un puñetazo a Sasuke en la cara, pero éste se repuso de inmediato y lo atacó también. Dieron vueltas en el suelo, se arrojaban contra las paredes y los estantes. Tiraban todo a su paso, pero ninguno estaba dispuesto a rendirse. Eran bestiales… me sorprendía la habilidad de Sasuke, luchando era tan bueno como el asesino a sueldo.
Yo miraba sin saber bien qué hacer… ¿pero en qué carajos estaba pensando? Era evidente lo que tenía que hacer. Saqué de inmediato, aprovechando que Sasuke lo estaba conteniendo bastante bien, mi celular para llamar a la policía. Con velocidad marqué el número de emergencias y me atendieron de inmediato.
El asesino se dio cuenta de lo que estaba haciendo y quiso arremeter contra mí. Le dio una patada estruendosa a Sasuke en las costillas que lo dejó arrodillado por breves segundos, y corrió a mí, que estaba a unos diez metros de distancia.
Me quedé paralizada un milisegundo cuando vi sus sádicos ojos posarse en mí, tenía la mirada más morbosa y tenebrosa del mundo. Sólo quería matarme, se acercaba a mí con un odio incontenible.
–Maldita mocosa… si no fuese por ti… –bufaba, gruñendo con furor, exhalando aire fuertemente de la nariz como un animal.
–¿Cuál es la emergencia? –me preguntó una voz femenina de repente. Volví a la realidad.
Le contesté, ignoré el hecho de que probablemente estaba a punto de morir. No me inmuté, le di la dirección lo más rápido que pude… lo cual hizo a la bestia enfurecerse incluso más que antes.
–¡Perra! –me gritó, abalanzándose contra mí.
…Pero no pudo.
–Sasuke… –susurré, al verle de cerca la sangre salirle de la nariz, moretones y la ropa rasgada.
Había saltado sobre la espalda del hombre, conteniéndolo con sus musculosos brazos contra su cuello. El asesino intentó sacárselo de encima, se notaba que se estaba ahogando.
El tipo, con Sasuke aún prendido de su espalda y cuello, retrocedió rápido y desesperado hacia atrás para dar la espalda de Sasuke contra la pared y sacárselo de encima.
Lo estaba acribillando, y el Uchiha se negaba a soltarlo. Daba una y otra vez golpes potentes contra aquella pared, y Sasuke dejaba escapar gemidos de dolor… pero no lo soltaba. Yo comencé a desesperarme, si seguía así lo acabaría por asesinar.
Pensé rápido… estábamos en un lugar plagado de armas, algo debía poder hacer. Dirigí mi mirada instintivamente a la caja donde Sasuke había tirado el arma que usé el día anterior, y corrí a ella. Estaba bajo el mostrador, y retiré la primera que vi.
La tomé, me puse en posición… me alejé. Ellos estaban ahí. No podía fallar, era ahora o nunca. Sasuke estaba en peligro, ese hombre lo estaba hiriendo de gravedad… yo era la única que podía hacer algo.
Me temblaban las manos, me sentía nerviosa e insegura. ¿Podría darle? ¿Qué pasaba si fallaba?
Pero luego recordé la mirada de Sasuke. No su frialdad ni su risa sarcástica, sino su sonrisa, su voz. Sus manos sobre mis hombros, su amabilidad oculta tras una capa de frialdad, ofreciéndome un vaso de agua, preguntándome si estaba bien… protegiéndome del asesino cuando quiso atacarme.
Mis manos dejaron de temblar. La valentía, el coraje y la firmeza se me subieron al pecho. Miré con fijeza el objetivo, lo coloqué en la mira. Respiré por última vez…
"Tienes que dejar que el arma y tú sean una sola…", aquellas palabras resonaron en mí como si fuesen las únicas que importaban en esos momentos.
…Y jalé del gatillo.
El grito ahogado de ese maldito hombre hizo eco en todo el local. Cayó al suelo, no estaba muerto… pero le había dado justo en el pecho.
Sasuke cayó a su lado y yo corrí a él. Le di mi hombro para que se sostuviera, y pudo levantarse. Tosió sangre y se sostuvo el lado izquierdo del abdomen con la mano. Estaba mal, pero vivo. Eso era lo que importaba.
El antifaz del tipo se había caído al suelo cuando le di el tiro, y pudimos ver su expresión soberbia y penosa mirarnos desde el suelo. Su rostro era varonil y de rasgos fuertes, pero estaba mucho más demacrado que el de Sasuke. De hecho uno de sus ojos estaba cerrado y casi negro. Escupía mucha sangre.
Sasuke se arrodilló a su lado, y yo lo hice con él, todavía sosteniéndolo.
El hombre lo miró con una sonrisa arrogante y abrió la boca para hablar, casi tartamudeando.
–No creí que este trabajo me costara tanto… –le dijo–. Tu hermano fue fácil… aunque claro, estaba postrado en una cama. No podía defenderse como tú…
Los ojos de Sasuke se abrieron totalmente. Lucía sorprendido, perplejo, dolido y absolutamente enojado por lo que escuchaba. Yo podía sentir su tristeza clavarse en mi corazón… podía sentir su indignación, pero tan sólo en una mínima porción a lo que él la sentía. No podía siquiera imaginar lo que debía sentir en esos momentos…
–¿¡Mataste a mi hermano en el hospital también!?
Él volvió a escupir sangre. No le quedaba mucho y Sasuke comenzaba a desesperarse. Lo tomó de la camisa y lo levantó levemente desde el suelo. Lo miraba fijo a los ojos, sin siquiera parpadear. El asesino no desdibujaba su sonrisa a pesar de la situación en la que estaba.
–¿¡También te contrataron para provocar el accidente!? ¡Respóndeme!
–No… a eso lo hicieron ellos para quedarse con el negocio… y terminar de consolidar el tráfico de armas que venían preparando… pero luego se enteraron que tú y tu hermano sobrevivieron, y me contrataron a mí para sacar a tu hermano del medio… porque corrían rumores que los implicaban y necesitaban alguien que supiera bien lo que hacía… –la voz del asesino se oía cada vez más apagada.
Lo último que dijo me recordó al comentario de mi madre sobre los "rumores".
–¿¡Por qué estoy vivo entonces!? ¿¡Por qué no me mataste en el hospital!? –la bronca que sentía Sasuke era increíble. Incluso se deslizaban lágrimas de sus ojos… Yo lo miraba en silencio. No había nada que decir.
–Porque ellos dijeron que… no era… –el asesino volvió a escupir sangre. Cerró sus ojos un segundo, pero Sasuke lo sacudió fuertemente para despertarlo.
–¿¡Que no era qué!?
Volvió a abrir sus ojos, pero muy levemente. Lo miró… esta vez no había sonrisa en sus labios.
–…no era necesario matar a un inútil… –musitó apenas en un hilo de voz, y calló para siempre. Cerró sus ojos, y Sasuke se quedó mirando su cadáver totalmente paralizado… estaba tildado, con la mirada perdida.
Yo no sabía bien qué hacer. Había crecido con una mentira… una terrible mentira.
Toqué su hombro con suavidad y lo acaricié… no supe qué más hacer. No había palabras para consolarlo, ni tampoco creí que las escucharía.
Volteó con lentitud su cabeza a la mía. Simplemente me miró, y aunque no me dijo nada pude entender lo que sentía… Dolor. Mucho dolor.
En ese momento se escucharon las sirenas de la policía y las de la ambulancia. Ingresaron apuntando a toda prisa, pero bajaron las armas cuando se dieron cuenta de que ya nos habíamos encargado del problema.
Los oficiales nos preguntaron si estábamos bien, pero se dieron cuenta antes de que contestáramos que Sasuke estaba bastante mal herido. Marcaron un perímetro alrededor del cadáver para hacer las investigaciones correspondientes mientras esperaban que los paramédicos prepararan la camilla. Sasuke seguía sin hablar.
Un detective se sentó a nuestro lado con un cuaderno y un lápiz en la mano.
–Con que esta es la famosa tienda Uchiha de armas… Díganme, ¿los dos estuvieron y presenciaron todo el acto? –nos preguntó.
Era un hombre adulto, de unos cuarenta y cinco años, ni gordo ni delgado, de traje y anteojos, de estatura mediana y encorvada.
Sasuke miraba hacia el frente, tildado. Tuve que contestarle yo.
–Si… Sasuke pudo con él… yo le disparé mientras lo contenía… –yo suspiré y observé a Sasuke un segundo. Luego volví a mirar al detective y saqué mi celular del bolsillo.
Presioné el botón y las voces comenzaron a escucharse. Le estaba enseñando la grabación de la conversación entre Obito, Madara y el asesino.
El hombre quedó un poco pasmado ante lo que oía, y Sasuke no pudo evitar deslizar su mirada al celular también. Pude observarlo cerrar sus puños con una impotencia increíble.
Sorpresivamente, en ese momento, se escucharon las voces de dos personas muy reconocidas ingresar al local… No podía creer lo hipócritas que eran.
–¿Qué pasó aquí? ¿Estás bien, Sasuke? –preguntaba Obito, con una preocupación fingida.
–No puede ser… –vi susurrar a Madara con indignación, observando que su plan había fallado y que el asesino estaba muerto.
Sasuke los miró a ambos instantáneamente. No le importó nada… ni su herida, ni los policías. Se puso de pie, cerró sus puños, y su rostro se desfiguró hasta convertirse en el de un asesino.
Yo intenté detenerlo, pero no pude. Corrió a ellos, que lo miraban sorprendidos y estáticos.
–¡Oficiales, deténganlo! –exclamó el detective.
Dos oficiales grandes se abalanzaron a Sasuke y lo contuvieron. Estaba totalmente sacado de quicio; fue necesaria la intervención de tres más para detenerlo.
En su mente sólo una palabra era reconocible: Venganza.
–¡Bastardos! ¡Hijos de puta! –les gritaba fuertemente, sin mirar a nadie más que a ellos.
–¿Qué está pasando? –preguntó Madara, haciéndose el desentendido.
El detective se puso de pie y se acercó a ellos totalmente serio. Yo hice lo mismo.
–Madara Uchiha y Obito Uchiha –les dijo sin mucho miramiento–, quedan ustedes arrestados por homicidio, tráfico de armas y quién sabe qué más.
–¿Disculpa? –preguntó Obito, sudando un poco.
Yo le saqué mi celular al detective y puse en marcha la grabación. Los miraba a ambos con el ceño fruncido. Los detestaba.
–Maldita chiquilla… –me proliferó el Uchiha mayor, mirándome con odio a medida que transcurría la grabación de su conversación ilícita.
–Detective… el asesino también nos dijo que ellos provocaron el accidente de los Uchiha, y que mandaron a matar a Itachi.
El detective sacudió la cabeza indignado.
–Arréstenlos –ordenó simplemente, y dos oficiales vinieron a ponerles las esposas y a llevárselos.
Ambos me dedicaron una mirada de odio por un instante mientras se los llevaban a la patrulla, y luego le sonrieron con soberbia y maldad a Sasuke, que estaba incontrolable.
Los paramédicos llegaron con la camilla y tuvieron que inyectarle un sedante para que se desmayara y calmara. Yo me acerqué a él preocupada y con dolor… no podía imaginar su sufrimiento. ¿Cómo se recompondría de algo así?
Mientras los paramédicos lo llevaban a la ambulancia, yo caminaba a su lado tomándole la mano. Comenzaron a subirlo mientras uno me revisaba velozmente a mí, comprobando que no tenía nada.
–¿Quieres ir con él? –me preguntó uno de ellos. Yo asentí, y estaba a punto de subir… de no ser por el grito escandaloso de mi madre.
–¡Sakura, Sakura! –gritaba desde mitad de la avenida, corriendo entre lágrimas a mí.
Llegó y me abrazó con fuerzas, y yo devolví el abrazo. La ambulancia se fue antes de que pudiera darme vuelta de nuevo.
–¿¡Estás bien!? ¿¡No te pasó nada!? –me preguntaba, acariciándome la cabeza.
–Ya, mamá… estoy bien, no pasó nada… todo estará bien.
–Vamos a casa, quiero que me cuentes todo lo que pasó –me imploró entre lágrimas, llevándome de la mano. No tuve otra opción que caminar con ella… mirando hacia atrás cómo se alejaba cada vez más aquella ambulancia.
Al otro día fui al hospital a verlo, pero me dijeron que ya le habían dado de alta. Al parecer sus heridas no eran tan graves como creían, y dejaron que se fuera a casa.
Luego fui a su casa, pero nadie me contestaba. Los días pasaban y no tenía noticias de él. El local no abría, nadie me decía nada.
Ino intentaba consolarme a veces, diciéndome que quizás estaba ocupado o que estaba arreglando lo que rompió el asesino en el local… pero yo sabía que algo le pasaba, y temía que se hubiera ido… sin dejar rastros.
Las semanas transcurrían sin noticia alguna… Un enorme y extraño vacío se abría paso cada vez de manera más evidente en mi alma.
Un día, mientras caminaba por el centro en busca de una librería que tenía un libro que yo necesitaba, me pareció verlo de espaldas.
Al principio me di media vuelta para seguir mi camino, creí que estaba imaginando cosas… pero luego me pudo más que yo el sentimiento de volver a verlo; la esperanza.
Volví a darme vuelta y caminé en su dirección. Su cabello, su estatura, su espalda. Era tan parecido que debía estar soñando.
Y cuando creía que estaba acosando sin sentido a un inocente, cuando decidí que estaba volviéndome loca y que debía volver a casa, lo vi de perfil. Cruzó la calle… lo vi.
¡Era él!
El corazón comenzó a latirme fuerte. Corrí sin mirar a nadie, chocándome a todo mundo. Le grité, pero no me oyó con los ruidos de los autos tocándome bocina para que me apartara.
Ingresó en un lugar, y siguiéndolo me di cuenta una vez dentro dónde estaba: El aeropuerto.
Corriendo a él, ya más de cerca, me percaté de que llevaba una valija consigo.
–¡Sasuke! –grité en medio del aeropuerto, sudando como un puerco, jadeando como un perro.
Él se dio vuelta al instante y me miró con los labios entreabiertos.
–¿Sakura? –lo vi musitar, parado en seco allí. Todo el mundo me miraba, pero no me importó.
Llegué a él y tarde un par de minutos en recuperar el aliento.
–¿Qué haces aquí? –me preguntó, todavía confundido.
–¿Dónde estabas? ¿Qué te pasó? –le pregunté aturdida y más confundida que él.
Él frunció el ceño y corrió la mirada por un par de segundos. Aún percibía el dolor en sus ojos.
–No estoy viviendo más allí. Me fui a un hotel luego del hospital –me respondió.
–Pero… ¿por qué? ¿A dónde vas ahora?
Él tardó en contestar. Me observaba con seriedad, pero a la vez con un brillo extraño en la mirada.
–Lamento todo lo que tuviste que pasar por mi culpa. Debí creerte cuando me lo dijiste. Estaba cegado, y luego me di cuenta de que toda mi vida viví una mentira. Me voy a Harvard. No quiero vivir más en la ciudad donde se derrumbó mi existencia y todo lo que creía real –finalizó. Yo me quedé perpleja. Todo estaba ocurriendo demasiado rápido.
–No… no tienes que lamentar nada, arriesgaste tu vida para protegerme ese día –le respondí yo, mirándolo un poco perturbada por su ida– Pero… pero el juicio a tus tíos, ¿no vas a quedarte ni siquiera por eso? –le pregunté absorta.
–Vendré a dar mi testimonio cuando sea necesario, eso es todo. Ellos merecen más que la cárcel, Sakura –me respondió con un poco impotencia en la voz.
Yo sacudí mi cabeza.
–No, Sasuke. Sé que les deseas la peor de las muertes, pero ellos están a manos de la justicia ahora. No hay nada que puedas hacer, no hay nada…
–Lo sé, por eso me voy –me interrumpió. Luego me miró un momento, sus ojos estaban extraños…–. Cuídate, debo irme.
Se dio media vuelta, y comenzó a caminar. Me dejó allí, como… un perro.
–¡Espera! –exclamé con la voz quebradiza.
Él volteó la cabeza, todavía de espaldas, y me habló.
–Gracias por todo, Sakura. Agradezco lo que has sentido por mí todos estos años. Pero no puedo quedarme aquí –respondió simplemente, y siguió caminando.
Yo sentía un vacío adueñarse de mi pecho mientras observaba cada paso que daba hacia delante sin mirar atrás. Algo en mí despertó de repente y me subió al pecho, me golpeó y me hizo reaccionar.
Me armé de valor, y entre lágrimas que se escapaban sin mi consentimiento, corrí a él con una velocidad no vista antes en mí. Fue un impulso, instinto, lo que fuese… pero fue el amor que le tenía dese niña lo que me movió a hacerlo.
Lo tomé del brazo ni bien llegué y se dio vuelta al momento, con una expresión visiblemente perpleja ante los sucesos… pero nada me importó.
Me prendí de su cuello sin dudarlo y uní con furia mis labios contra los de él, sin darle tiempo a pensar a nada… sin pensar yo siquiera en lo que estaba haciendo.
Él mantuvo sus ojos abiertos, totalmente sorprendido. Yo los cerré al instante mientras saboreaba sus finos labios.
Luego de cinco segundos sentí que sus brazos me rodeaban la cintura, y me prendí más fuerte de él aún. Nos dejamos llevar por el momento. Sabíamos que todos nos miraban, pero parecía que en ese momento sólo existíamos nosotros.
Podía sentir el calor de su lengua jugar con la mía y el roce de su cálida y pálida piel chocarse con la mía. Lo amaba… simplemente lo amaba…
Finalmente separamos nuestros labios con lentitud, y nos miramos mutuamente sin estar muy lejos el uno del otro.
–No te vayas. No puedes seguir huyendo de tu pasado –le susurré mirándolo fijo a los ojos, de manera determinante.
–No tengo nada que ofrecerte, estoy vacío –me contestó él.
–No estás vacío… me tienes a mí. Siempre me tuviste a mí –le dije, y varias lágrimas se escaparon de mis ojos.
Él se quedó mirándome un rato en silencio… parecía intentar entenderme, entender el porqué de mi amor, el porqué de todo lo que sentía por él a pesar de la manera en que me había tratado en el pasado. Y la realidad era que ni yo lo sabía… simplemente lo sentía, veía en él más de lo que los demás podían ver… y sentía en él más que ese calculador y frío comerciante de armas.
…Lo entendía, y en cierta medida él a mí. Me completaba. Yo podía ofrecerle lo que le faltaba… y él podía darme a mí lo que me faltaba.
Nos complementábamos de una manera extraña e ilógica, entendible sólo para aquellos que hubiesen amado de manera similar.
Me secó con suavidad y ternura las lágrimas, y por primera vez en todo ese tiempo, lo vi sonreír sinceramente.
No hizo falta que dijera nada… simplemente me abrazó con fuerzas y dejó descansar su cabeza en mi hombro.
En ese momento supe que me había correspondido… y que iba a quedarse.
No sabía qué seguía, no tenía idea de qué podía pasar. Sólo estaba segura de una cosa:
Él podía contar conmigo, y yo con él. Ahora la existencia de ninguno de los dos estaba vacía…
