CAPÍTULO EDITADO & REVISADO

Sumario: ¿Cómo sería la historia si Hinata hubiera sido la hermana gemela de Shisui Uchiha, hija de un Uchiha y una Uzumaki? ¿Qué pasaría si Naruto e Hinata fueran primos y si Sasuke no fuera el último Uchiha? ¿Qué habría pasado si Hinata, Shisui e Itachi fueran los tres prodigios? El resultado, la Hinata fuerte que la mayoría deseamos.

Las parejas están por definir pero no será un NarutoHinata o HinataHarem (el título podría causar confusión). La historia sigue el curso de Naruto solamente cambia la personalidad de Hinata (más fuerte) y su apellido, Uchiha, con lo que todo eso conlleva. Más adelante aclararé otras cuestiones.

Disclaimer: Naruto no me pertenece.


Capítulo 2 - Un ascenso rápido.

"Dicen que los Uchiha son todos ninjas de élite pero nunca imaginé esto", susurró el instructor de la Academia a su camarada.

Habían pasado 3 meses desde que iniciaron la Academia en Setiembre y ahora Naruto ya había cumplido el año de vida. Los prodigios Uchiha habían caminado tranquilamente por los pasillos de la Academia y, nada más sentarse en sus pupitres, había sonado el timbre. Los demás niños, a pesar de tener la misma edad que Itachi, Shisui e Hinata, hablaban animadamente entre ellos formando escándalo y haciendo chirriar las sillas; moviéndose de arriba abajo y haciendo caso omiso del instructor parado frente la pizarra.

Lo primero que llamó la atención de los dos chunin a cargo de los nuevos ninjas fue la diferencia que había entre los Uchiha y los demás niños. El último Uchiha que había pisado la Academia había sido Obito Uchiha que había muerto hacía casi 2 años atrás en la tercera guerra ninja y, a pesar de haber sido un niño revoltoso y poco callado, el talento Uchiha había estado presente desde el inicio.

Cuantas más semanas pasaban, más se daban cuenta de las diferencias entre niños. Mientras que la mayor parte de la clase se pasaba la hora libre jugando y divirtiéndose, los tres Uchihas tenían la manía de desaparecer totalmente. Fue un par de semanas después que uno de los instructores los encontraron en la biblioteca de Konoha estudiando técnicas médicas y, semanas después cuando no se presentaron en la biblioteca, los encontraron en los jardines interiores del hospital, creando antídotos para las muestras desconocidas de veneno del hospital. Cuando el Hokage citó a los instructores para hablar del progreso de los jóvenes aspirantes a ninja, lo primero que dijo uno de los chunin fue:

"Está claro que los tres Uchiha no necesitan la instrucción de la Academia", empezó asombrado, "pocas semanas al empezar el curso los encontramos en la biblioteca cuando los demás niños estaban jugando en el patio".

"Tres semanas después los encontramos en los jardines del hospital haciendo un antídoto para un veneno desconocido", exclamó otro, "los médicos les dieron unas gotas de muestra, claramente pensando que no serían capaces pero luego reconocieron que habían creado el antídoto que ellos no habían podido descubrir".

El Hokage sacudió la cabeza, exasperado y divertido. Sabía que los tres Uchiha no necesitaban estudiar con los demás genin pero no iba a darles todavía la banda de ninja. Por otro lado, no creía que fuera a retrasar mucho más su ascenso a genin cuando el consejo de ancianos hacía todo en su mano para hacerse con los jóvenes prodigios Uchiha. No obstante, por ley, un año había de pasar en la Academia un novato para hacerse ninja; si superaba las pruebas de genin, claro está. Aunque dudaba que eso fuera un problema.

"¡Es un gran progreso Shisui, Hinata!", exclamó llevándose las manos al pecho Kumida Uchiha, "¡Ahora ya podremos practicar a mayor escala y luego empezaréis el nivel profesional de sellado!"

Ambos niños se miraron y sonrieron orgullosamente. Itachi estaba, de nuevo, entrenando con su padre; los gemelos habían pasado todo el sábado aprendiendo el estadio final del nivel intermedio de fuinjutsu con su madre. Les había hecho un examen complejo y extenso que ambos habían pasado sobradamente cuando decidió que ya estaban preparados para sellar cosas más peligrosas.

"Mañana a primera hora le diré a vuestros instructores de la Academia que no asistiréis a clase durante una semana", dijo emocionada Kumida, por fin tenía algo que hacer. "Viajaremos al país del Viento y ayudaremos al cuarto Kazekage a completar el sello de su hijo que guarda el Shukaku".

Shisui miró sorprendido a su hermana y vio que Hinata tenía la mirada perdida, seguramente recordando el día que el Kyubi escapó de su prisión. Sacudió la cabeza y posó su mano sobre el hombro de su hermana. Hinata le miró y sonrió levemente aunque ahora sus ojos brillaban con expectación. ¡Oh, Itachi moriría de envidia! ¡Una semana sin ir a la ridícula Academia! Shisui sonrió de lado.

"¡Oi, no os creáis que es cosa fácil!", gritó divertida Kumida, dándole un capón a su hijo. "A ver cómo os las arregláis. ¡Há!".

Shisui se cogió la cabeza, adolorido, y miró a su madre que se marchaba dando grandes zancadas. Escuchó como Hinata resoplaba aguantando la risa y le envió una mirada venenosa, su Sharingan activado. Hinata apartó la cabeza, sus hombros moviéndose y se tapó la boca, riendo.

"¡Ya verás, te lo digo!", chilló Shisui, cogiendo el cojín y dándole un golpe en la espalda a su hermana.

"¡Eh, idiota!".

Kumida escuchó el gritó resonar por la casa y sacudió la cabeza cuando vio el rostro de su marido, Akuma, que intentaba contener una sonrisa mordiéndose el interior de la mejilla.

"Te lo juro, han salido a ti", dijo Kumida mientras ignoraba la pelea de almohadas de sus hijos.

Ignoró el "Oi" indignado de su marido y se marchó a hacer el equipaje de Naruto, que pasaría la semana siguiente con Mikoto y Sasuke. Naruto estaba cada vez más grande, ahora ya era capaz de mantenerse de pie y decir monosílabos como "no" o "más", aunque todo con el acento bebé tan adorable. Kumida sentía todavía el peso de la muerte de su hermana y su cuñado, le era imposible comprender que ya no los volvería a ver y que casi, en el intento, había perdido a sus hijos también.

Cuando Akuma le contó las hazañas de Shisui e Hinata quedó impresionada. Desde siempre sabía que ambos, e Itachi, eran más inteligentes de lo normal pero nunca se dio cuenta totalmente del talento que tenían escondido. Una de las razones por las que Kumida dejó su trabajo, temporalmente, como embajadora fue por las ansias de poseer el Sharingan de Danzo; eran tales que tenía a anbu de la raíz vigilando a sus hijos y ni siquiera en peligro de muerte habían accedido a ayudar a su Hokage. Kumida no quería pensar que les harían a sus hijos si no salvaban al ninja más importante de la aldea aun pudiendo.

Así fue como utilizó la excusa de cuidar a Naruto para ahuyentar a la raíz, enfrentándose a ellos algunas noches una vez los niños ya habían caído rendidos en sus camas, pidiendo respuestas. A pesar de todo, Kumida lo dejó estar pues sabía que si se interponía demasiado era posible que la borraran del mapa como habían hecho con Minato, que nunca habría dejado que sus sobrinos cayeran en manos de Danzo. Aun así, no tenía la mínima idea de cómo iba a acabar todo, por lo que decidió entrenar con mayor intensidad a sus hijos.

La idea de salir de la aldea por primera vez en meses era, una vez más, otra excusa para proteger tanto a Shisui como Hinata, que además de ser Uchiha, también habían recibido el regalo de los Uzumaki. Un regalo que todavía no se había despertado en Naruto pero que estaba segura que, tarde o temprano, lo haría. Otra de las razones por las cuales Kumida sospechaba de Danzo era la rapidez con la que el consejo de ancianos del Hokage había propuesto la supuesta muerte del hijo del cuarto Hokage y Kushina. Sabía que había podido hacerse con su sobrino solamente porque el Hokage había interferido, usando como defensa leyes ancestrales para que Kumida pudiera quedarse con el bebé aun siendo éste un "peligro" para la aldea que "debe ser controlado y vigilado".

Kumida sabía que tarde o temprano intentarían matarla. Era inevitable, ella retrasaba cuales fueran los planes que tenían los ancianos del consejo; Danzo detrás de ellos. El único remordimiento que tenía era la pérdida que iban a sufrir sus hijos, su sobrino y su esposo. No obstante, Kumida era muy inteligente y tenaz. Nadie iba a ponerle un dedo a su familia si ella podía evitarlo y no iba a darse por vencida. Así pues, habló esa misma noche con su marido, contándole sus preocupaciones y, para su sorpresa, él ya había encontrado una solución. Matrimonio concertado.

"Lo único que tenemos que hacer es escoger un buen partido para Shisui e Hinata y, si podemos, mantenerlos juntos en un país vecino donde el consejo no pueda intervenir", explicó Akuma, sentado en la cama mientras veía como su esposa se quitaba la ropa y se ponía un camisón.

"¿Cómo deberíamos empezar a descartar y decidir lo mejor para ellos?", preguntó Kumida, preocupada.

Akuma se levantó y miró por la ventana de soslayo, los anbu de la raíz esa noche no rondaban la casa Uchiha-Uzumaki, al parecer era el turno de vigilar a Itachi. Se acercó a su mujer y la abrazó, apoyando su barbilla en la cabeza de Kumida.

"El país del Agua está totalmente descartado, como sabrás, intentan aumentar su poder robando y utilizando los dojutsus de otros clanes diferentes a los suyos", dijo Akuma.

"Entonces deberíamos descartar el país del Viento puesto que el mismo Kazekage implantó el Shukaku en su mujer aun estando ella embarazada con la esperanza de aumentar la fuerza militar a través de su propio hijo, Gaara", masculló Kumida, todo el asunto le había indignado en sobremanera al enterarse.

"Eso nos deja con el país del Rayo y el país de la Roca", resumió Akuma. Kumida suspiró.

"El país del Rayo está más distanciado de la influencia con otros países", dijo Kumida, "el tercer Raikage es incontrolable".

Akuma sabía bien qué estaba pensando su esposa. El tercer Raikage era un hombre enormemente fuerte, tozudo y, quieras o no, honrado. No se iba a dejar influenciar por el Hokage y, aun menos todavía, por Danzo. Sus fuerzas militares estaban bastante organizadas y el país era uno de los más impenetrables. Sí, tenía más puntos a su favor que cualquier otro.

"Pero Akuma, ¿tenemos el coraje para hacerle esto a nuestros hijos cuando tú y yo ignoramos a nuestras familias por amor?", preguntó Kumida, lágrimas de impotencia resbalando por sus mejillas.

"Sabes que nunca podría quitarles el derecho a elegir libremente; por muy Uchiha que sea, soy padre antes", dijo mirando al frente, cerró sus ojos y se separó levemente de su mujer. "El contrato debe hacerse pero, la fecha máxima de la boda podemos alargarla a los 21 años de edad".

"¿Quieres decir que hasta que no cumplan 21 años de edad no se casarán?", cuestionó dudosa Kumida. Entonces tuvo una epifanía y sus ojos se abrieron como platos; empezó a sonreír, "¡Solamente tendrán que casarse a los 21 años si no están casados o comprometidos ya!"

Akuma sonrió de forma arrogante. Kumida rio dándole un beso y lanzando sus brazos tras el cuello de su marido. ¡Su esposo también era un genio! Empujó a su esposo a la cama y lanzó las sábanas encima de sus cabezas.

"Tengo sueño", murmuró Shisui sentado en la mesa de la cocina.

Su madre estaba canturreando mientras preparaba el desayuno, tenía el pelo recogido en un abultado moño en su nuca y el flequillo apartado en ambos lados de la sien. Su padre hacía rato que había salido de casa, después de darle un beso a su esposa y de revolverles el cabello a los gemelos, encaminado a la torre del Hokage para su siguiente misión. Ambos jonin parecían más contentos de lo normal, sospechó Hinata, mientras bebía lánguidamente su vaso de zumo.

"Quizá se deba a que el grupo de anbu que nos seguía ayer no estaba", murmuró Shisui en la oreja de su hermana.

Kumida, que había escuchado el susurró, se sonrojó levemente cuando comprendió que sus hijos habían notado su resplandor esa mañana; luego palideció al comprender que ambos niños estaban al tanto del grupo de ninjas que les vigilaba. Se dio la vuelta apresuradamente.

"Ya he pedido permiso al Hokage y he notificado a la Academia de nuestra semana de entrenamiento", cortó Kumida mientras les servía los platos en la mesa, "Partiremos mañana al alba con la esperanza de que podamos llegar en un par de días a Suna".

"¿Qué vamos a hacer?", preguntó Shisui, dejando pasar por alto la falta de sutileza de su madre. Hinata le miró de reojo y ahogó una sonrisa.

"El Kazekage y su consejo selló el Ichibi, también llamado Shukaku, en el estómago de su mujer cuando esta estaba embarazada con la esperanza que su hijo al nacer tuviera cierto control sobre el bijuu", explicó la pelirroja, sentándose en la mesa y sirviéndose un vaso de té.

"Su experimento no debió salir muy bien, por lo visto", dijo Hinata comiendo un poco de arroz.

"No, para nada", negó con la cabeza su madre, "Es más, Karura, la esposa del Kazekage, murió pocas horas después del parto".

"Entonces, ¿el Shukaku ha sido sellado dentro del bebé?", preguntó con interés Shisui.

"No, el sello que le mantiene contenido es el sello inicial", sus hijos dejaron de comer y alzaron una ceja. "No hay nadie tan expertos como nosotros en sellados, haríais bien en acostumbraros a situaciones como esta".

Kumida calló y siguió comiendo, pensando en su visita al Hokage. Desde luego él sabía más de lo que Danzo y el consejo quería creer, a juzgar por la mirada que le había dado al entregarle los permisos para partir y la carta para el Kazekage. Kumida no había abierto la carta y no pensaba hacerlo hasta salir del país del Fuego, donde la jurisdicción de Danzo habría acabado. No obstante, no era tan ingenua como para pensar que no se adentrarían tras de ellos en el país del Viento.

Sabía que el Kazekage seguía órdenes de un consejo muy parecido al de Konoha y eso la inquietaba, sin embargo, sus hijos debían estar preparados y sabía que no tenía tiempo para sentir remordimientos por la escasa infancia de los gemelos mientras éstos supieran defenderse. Aun así, se juró a si misma que antes de su muerte tanto Shisui como Hinata iban a ser maestros de fuinjutsu.

"Vamos, terminad el desayuno que iremos a preparar las maletas y luego iremos a llevar a Naruto con Mikoto", dijo Kumida, terminándose la comida.

Subió las escaleras una vez acabó de limpiar los cubiertos y los tazones que había utilizado y se dirigió a una habitación en el ala este que habían convertido en una armería. Nada más entrar, en la pared frontal, había una serie de estanterías con baúles en la parte izquierda. Unas etiquetas, "kunai", "shuriken", "füma shuriken", "senbon", "cuerdas de alambre", "espada de chacra", entre otras. En la parte derecha espadas, dagas y katanas colgaban de la pared sujetas por unos clavos, también había un par de guadañas y látigos.

Hinata y Shisui lavaron rápidamente sus platos y subieron corriendo las escaleras. Su madre ya había preparado dos bolsas porta armas e iba a acabar con la tercera bolsa. Shisui miró con intensidad la pared de armas y decidió llevarse un par de espadas de chacra. Hinata, por otro lado, estaba hipnotizada por el brillo de la hoja de una katana plateada con el mango negro y bordados rojos.

"Podéis cogerlas, aseguraos que podáis cargar con las armas según vuestro uniforme", dijo Kumida poniendo una mano en las cabezas de sus hijos, "Vamos, dejad las armas junto vuestra bolsa porta armas y vamos a hacer la mochila".

Shisui cogió un par de espadas de chacra y las puso al lado de su bolsa, justo como había hecho Hinata con la katana y un tantö, típico de la raíz anbu. Kumida se acercó a la pared derecha y sacó de una estantería un par de sacos de dormir, cogió las mochilas que Hinata le tendía y apretó el rollo bajo el culo de la maleta con unas correas. Shisui regresó a la armería con dos pantalones negros piratas bien doblados y con un par de recambios de ropa interior, además de dos jerséis tres cuartos negros de cuello alto y suelto, típico en el vestuario masculino Uchiha.

Hinata caminó pensativa y abrió las puertas del armario empotrado que era lo suficientemente grande como para caminar dentro de él y guardar la ropa de dos personas. Sacó un par de pantalones idénticos a los de su hermano gemelo y dos jerséis negros de mangas largas con el cuello alto y apretado. Buscó en el cajón de la ropa interior y sacó las vendas que Shisui había olvidado coger.

"Parece que con esto ya estamos, ahora tenemos que buscar hacer un botiquín para cada uno de nosotros y luego cogeremos los pergaminos de sellado pertinentes", suspiró Kumida, "La comida debe hacerse siempre antes de partir para que no se malogre, así que cuando nos levantemos eso será lo último que hagamos".

Shisui miró de reojo a Hinata y vio que esta miraba intensamente las armas que reposaban en la mesa al lado de sus bolsas porta armas. Su madre ya estaba preparando el primer botiquín así que Shisui se acercó al cajón de los venenos que había actualizado hace poco con su hermana y sacó un pequeño bote de color magenta oscuro, el vidrio tenía una etiqueta con un número 56 en rojo.

En la casa Uzumaki-Uchiha había un sistema para los venenos y sus antídotos, cada veneno tenía un número en rojo y su antídoto tenía el mismo número pero en verde. Cada veneno estaba registrado en la libreta de sustancias venenosas, donde había una explicación detallada de los efectos, la duración, y de los componentes tanto del veneno como del antídoto. El número 56 era el veneno que los hermanos e Itachi habían estado usando en las horas de patio de la Academia y del cual habían descubierto su primer antídoto por si solos, sin ayuda de sus instructores.

"¿Qué pensáis hacer con eso?", preguntó una voz a sus espaldas.

Kumida había observado en silencio como Shisui sacaba un vial de veneno de un baúl de la pared izquierda y como Hinata cogía una piedra de diamante para afilar la katana y una de las espadas de chacra. Ambos niños se giraron para mirarla y luego se observaron de reojo.

"Vamos a utilizar el veneno que estudiamos hace poco en el hospital", contestó Shisui mientras cogía un pañuelo de algodón y un cuentagotas.

Hinata ya había empezado a afilar su katana sin darle más importancia al asunto. Kumida se llevó las manos a las caderas, cerró los ojos y suspiró al mismo tiempo que sacudía la cabeza. Ya había olvidado completamente sus pensamientos sobre preparar a sus hijos e ignorar la preocupación por su precaria infancia. Cogió la espada de chacra de las manos de Shisui y empezó a afilar el arma de su hijo, quien le miraba sin decir nada. Observó cómo Hinata la miraba de reojo detrás de su flequillo y sonrió.

"No tengo duda alguna que seréis grandes shinobi dentro de muy poco", exclamó orgullosa Kumida.

Los gemelos sonrieron y continuaron preparándose. Mañana era el gran día.

"No me puedo creer que nos haya despertado tan temprano", se quejó Shisui mientras corría por el bosque al lado de su hermana.

"¿No estabas emocionado por este entrenamiento?", preguntó retóricamente Hinata, haciendo caso omiso de su hermano.

"Hm".

"Vamos, vamos, solo llevamos 3 horas corriendo", rio Kumida al frente, "¿Dos de los prodigios Uchiha ya están cansados? Haremos un pequeño descanso dentro de una hora".

Hinata y Shisui intercambiaron miradas entrecerradas y aumentaron el paso, dejando a su madre atrás. Kumida rio de nuevo y aceleró. Por lo visto hoy no habría descanso. Las horas fueron pasando.

"¡Pararemos aquí!", gritó a sus hijos que iban frente a ella.

Se había hecho de noche y no habían parado más que 5 minutos para beber agua. No obstante, ya estaban a medio día de Suna y, visto la obstinación de sus hijos de hacerle tragar sus palabras, dudaba que pudiera dormir más de un par de horas esa noche. Y así fue, una vez cenaron y se refrescaron, los gemelos utilizaron los dos únicos sacos de dormir y dejaron a su madre hacer el primer turno de dos horas. Sacudió la cabeza; aun así, no iba a rendirse a sus hijos. Un brillo travieso apareció en sus ojos.

"Mamá está tramando algo", susurró Hinata a su hermano, el bello de sus brazos de punta.

"Hm, mañana deberemos darle otra lección", respondió inaudiblemente Shisui.

Ambos asintieron y cerraron los ojos, rindiéndose al sueño. Kumida miró a sus hijos y observó su reloj, ya habían pasado las 2 horas que habían acordado. Ahora les tocaba a ellos vigilar. Por un momento dudó sobre si hacer un clon para vigilar a sus hijos mientras ella dormía pero luego se dio cuenta que, si sus hijos podían detectar a un grupo de anbu, seguramente detectarían a un clon de su madre. Así que negó en sus pensamientos y despertó a sus hijos.

"Dormiré un par de horas y luego nos pondremos en camino", informó una vez ya estaban conscientes.

Shisui asintió y ocupó el antiguo lugar de su madre mientras Hinata recogía uno de los dos sacos. Kumida suspiró y se durmió rápidamente.

"Quizá deberíamos observar los alrededores con el Sharingan por si mamá no ha detectado algo", murmuró Hinata.

Shisui asintió y activó su técnica ocular, mostrando un aspa. Miró las cercanías más próximas y no vio nada, sin embargo, cuando caminó de vuelta al tronco caído en el que había estado sentado, observó un residuo de chacra entre los árboles en la lejanía. Siguió caminando sin pararse a ver y miró a su hermana que le observaba con ojos violeta oscuro penetrantes. Le indicó con la mirada que algo iba mal y luego se sentó a su lado, entablando una conversación sobre el entrenamiento que habían tenido ayer con Itachi. El descubrimiento tendría que esperar unas horas.

"Mama", llamó Shisui una vez entraron en pleno desierto y no había más árboles para cubrirlos. Kumida le miró de reojo, "ayer usé mi Sharingan en el turno de noche".

Kumida entrecerró los ojos, pensativa. Así que la raíz les había estado siguiendo, de otra manera Shisui no habría visto nada con su Sharingan. Repentinamente se acordó de la carta que guardaba en un bolsillo interno de su chaleco de verde. Había hecho bien en esperar, después de todo.

"Eran anbu de la raíz", respondió Kumida, sabiendo que solo retrasaría lo inevitable de lo contrario.

"Los mismos anbu que nos vigilaban desde el ataque del Kyubi", anunció Hinata, "¿Por qué nos han seguido si en el país del Viento les está prohibido entrar sin autorización del Hokage?"

"No sé qué esperaban ver en nuestro viaje pero no lo han conseguido", dijo Kumida, "lo que es obvio es que Danzo, el líder de la raíz, está muy pendiente de vuestros progresos".

"¿Quiere reclutarnos?", preguntó dubitativo Shisui.

"Ahora no puede reclutaros ya que todavía estáis bajo la protección del clan Uchiha y, por consiguiente, del clan Uzumaki", explicó Kushina, "pero no me extrañaría que en un futuro próximo se os acercara uno de ellos".

Hinata corrió con la mente a mil por hora. Sacudió su cabeza e intentó concentrarse en su misión. Llevaban 4 horas corriendo y solo habían parado para beber una vez. Sabía que hasta el mediodía no llegarían a Suna así que todavía no era el momento para pensar en la raíz, en Danzo y en todo los problemas que eso conllevaba. Miró a Shisui y vio que tenía el ceño fruncido, seguramente hastiado por el seguimiento al que estaban siendo sometidos, quizá en mayor manera que Itachi.

Kumida suspiró apartándose las hebras sueltas de su coleta de la cara. Sabía que dentro de poco deberían hacer una última parada para descansar y leer la carta del Hokage antes de entrar en la villa de la Arena. Habían batido un record en cuanto a tiempo, ni siquiera habían tardado dos días en llegar a Suna, calculando que llegaran al mediodía. Esperaba que el Kazekage no se lo tomara a mal. De cualquier manera, eso les daba más tiempo para entrenar en un ambiente diferente al del país del Fuego. Sonrió.

"Chicos, descansaremos media hora y luego iremos directamente a Suna", se abanicó Kumida al llegar al oasis más grande del desierto.

Ambos niños asintieron apartándose los cabellos sudados de la frente y se aproximaron al agua, a la sombra de una gran palmera. Hinata cogió el agua entre sus palmas, ahuecándolas, y se mojó el rostro. Miró a su hermano y vio que éste había metido la cabeza directamente en el agua.

"¡Shisui!", gritó Kumida al ver a su hijo.

"¿Qué?", Kumida alzó las manos y rodó los ojos, tirando la toalla y se sacó una carta del bolsillo.

Hinata continuó mojando su cuello y la nuca, aun así, pudo ver que la carta no tenía ningún sello pero supuso que sería del Hokage. Shisui sacudió la cabeza y se apartó el flequillo de los ojos.

"¿Una carta del Hokage?", preguntó Shisui. Hinata cerró la mano y le dio un capón, "¡Oi!"

"¡Idiota!", exclamó Hinata, sus ojos entrecerrados y las aletas de su nariz abiertas del enfado.

Kumida se tapó la boca con una mano pero finalmente acabó riendo. Dejó la carta leída en la mochila temporalmente y se tumbó al lado de sus hijos. Suspiró de cansancio y despejó la mente de cualquier pensamiento.

"¡Kumida!", exclamó el cuarto Kazekage cuando los vio entrar por la puerta, "No os esperábamos hasta dentro de un día y medio".

"Bueno, Kazekage, eso debe ser culpa mía", se sonrojó adorablemente Kumida mientras reía. "Sin querer reté a mis hijos nada más salir de Konoha".

El Kazekage dejó escapar una minúscula sonrisa pensando que tal cosa era probable, tratándose de Kumida. Observó a los dos niños, uno a cada lado de su madre, con el cabello oscuro y tez blanca presente en todos los Uchiha. El niño, Shisui, si mal no recordaba, tenía los ojos negros de su padre, enmarcados por una línea negra que le hacía verse más exótico. Su rostro era estoico y sus ojos miraban los suyos sin miedo, sin vacilación.

La niña, Hinata, tenía la misma altura que su hermano gemelo y el mismo cabello negro aunque el suyo era liso y no ondulado y corto como el de él. Sus ojos eran violetas como los de su madre pero un tono más oscuros debido a su sangre Uchiha, rodeados de largas pestañas negras. Sus labios eran carnosos y de color rojo claro, dándole una apariencia angelical. Su mirada, igual que la de su hermano, estaba fija en sus ojos verdes mientras la observaba. Sabía que ambos estaban haciendo lo mismo.

No obstante, no tardó en notar las espadas de chacra que colgaban de las caderas de Shisui y la katana que se asomaba detrás del cabello de Hinata. A pesar de ello, ninguno de los dos llevaba banda ninja; si no iba errado, ambos niños no debían tener ni los 8 años. Sin poder evitarlo comparó a los dos niños con sus propios hijos, Temari, de 3 años, y Kankuro, de 2 años. No había duda que ambos Uchiha eran prodigios de Konoha.

"Kazekage", dijeron al unísono los gemelos, hicieron una reverencia y se incorporaron de nuevo, el rostro una máscara perfeccionada.

El cuarto sonrió, asombrado y algo decepcionado por no tener dichos genios en su propia aldea. Hizo una seña a su asistente y se levantó de su sillón, dejando la oficina a manos del joven Baki. Con un ademán, hizo pasar a Kumida primero y dirigió a todos al salón familiar, donde muchas veces antes había charlado con la embajadora del país del Fuego.

"Espero que no lleguemos en mal momento", pronunció con firmeza Kumida.

"No, para nada, ahora mismo Temari y Kankuro están durmiendo así que tenemos el salón disponible", abrió una puerta y mostró la habitación pintada con sutiles tonos color arena y con cortinas y detalles rojos.

Se sentó en uno de los sofás color caoba e indicó que se sentaran frente a él. Los niños dejaron pasar primero a su madre y luego se sentaron los últimos. Observaron al Kazekage callados y miraron discretamente alrededor; puertas, ventanas, cuadros,… La cuarta sombra del viento vestía el típico traje blanco aunque sin sombrero y con las ropas abiertas, mostrando unos pantalones y una camisa negra con el pecho abierto que dejaba ver una tela de rejilla. Su cabello rojo parecía mecerse en todas direcciones y sus ojos verde oscuro con tonos marrones tenían un brillo calculador.

"Bien, podéis empezar explicando los procedimientos del sellado", inició el Kazekage, "luego, mientras se prepara y se sirve la comida, podréis acomodaros y refrescaros".

"Gracias", Kumida y los niños hicieron una pequeña reverencia con la cabeza, "Como ya sabe mis hijos están aquí conmigo para entrenar las técnicas de mí clan que les he estado enseñando durante casi 2 años y medio, así que me gustaría que ellos explicaran el proceso, con su permiso".

El Kazekage asintió con la cabeza y Shisui intercambio una mirada con su hermana.

"Según el informe que hemos recibido de nuestra madre sobre el sellado del Ichibi en una mujer embarazada, hemos podido deducir que el sello, en realidad, pende de un hilo", empezó Shisui. "Para ser exactos, es posible que los que han estado en contacto con el contenedor del bijuu hayan presenciado fenómenos relacionados con el precario estado del sello".

"¿Por qué el sello durante el embarazo fracasó?", preguntó Toshio Sabaku.

"El sello no fracasó durante el embarazo, por muy débil que fuera el sello, éste aguantó hasta el parto, que es cuando el sello se rompió", explicó Hinata, que recordaba muy bien el parto de su tía Kushina. "La energía que normalmente está destinada al sello es mayor o menor dependiendo de si el sello es más fuerte o no, es decir, en este caso el sello era débil por lo que la energía de la madre durante el parto se dividió en dos: el parto en sí y soportar el peso del sello".

"Esa fue la razón por la que murió Karura", murmuró el Kazekage, con los ojos desenfocados.

"Sí, no tenía suficiente fuerza como para seguir con vida", dijo Shisui, sabiendo que era mejor no dejar alargar el silencio del cuarto. "No obstante, el sello se transfirió con éxito al recipiente pero, como hemos dicho nada más empezar la explicación, es un sello débil".

"Seguramente han notado sucesos que podrían ser extraños relacionados con Gaara", continuó Hinata. Observó cómo Toshio asentía, seguramente recordando algo. "El sello ya está hecho así que no podemos deshacerlo y volverlo a hacer ya que Gaara es muy joven para soportarlo, incluso si fuera un adulto sería muy arriesgado; a menos que quiera que el bijuu cambie de persona".

El Kazekage negó con la cabeza, "Karura murió por culpa de ese bijuu, no puedo dejar que su sacrificio sea en vano".

Shisui casi no pudo evitar fruncir el ceño al escuchar la aberración en las palabras del Kazekage, ¿quién podía hacer una cosa así, para empezar? A su propia mujer e hijo. Y ahora que le estaban dando una salida para que Gaara no tuviera que cargar con el Shukaku se negaba a dejar que otra persona o un recipiente contuvieran al bijuu. No lo podía creer. De cualquier manera, siguió escuchando las palabras de su hermana.

"Entonces no podremos romper el sello y crear uno mejor ya que el bijuu saldría inevitablemente", expuso Hinata, intentando obviar las palabras del Kazekage y mantenerse profesional. "Lo que sí que podemos hacer es reconstruir el sello de manera que aguante perfectamente durante 5 años pero habrá que ir renovándolo o se debilitará, después de todo, el sello no es el de tetragrama, el sello más resistente".

"¿Reconstruir el sello le daría 5 años de control a Gaara sobre el Shukaku?", preguntó él.

Miró a los niños que tenían el rostro en blanco, no sabía si sus palabras les habían afectado pero no iba a dejar que el Shukaku saliera de su control. Si el sello no se podía crear de nuevo lo mínimo que podía hacer era entrenar durante el mayor período de tiempo a Gaara para que controlara al bijuu. Gaara había estado bajo el cuidado de Yashamaru, el hermano de Karura, pero si era necesario podía hacerlo residir con un instructor exclusivo hasta que fuera capaz de utilizar a Shukaku. Lo que no estaba dispuesto a permitir era que la operación fuera un fracaso completo.

"Entonces os daré hasta esta noche para que lo preparéis todo, más tarde os llevaré a ver a Gaara por si necesitáis revisar el sello", dijo poniéndose de pie. "En una hora comeremos, espero que vuestra visita sea confortable".

Los tres Uchiha se levantaron e hicieron una reverencia, sin decir palabra. Kumida estaba muy orgullosa de cómo sus hijos habían conducido la charla y de la muestra tan amplía de conocimiento que habían mostrado. Por otro lado, no pudo evitar notar el cambio en el Kazekage desde la última vez que lo había visto junto a Karura. Se había equivocado sellando el Ichibi dentro de su mujer embarazada, provocando indirectamente su muerte, y ahora estaba resentido con su propio hijo. Kumida sabía que la situación no mejoraría, solo esperaba que el cuarto Kazekage superara la muerte de su esposa y recapacitara.

Ambos niños se mantuvieron en silencio mientras repasaban la conversación mentalmente. Entraron en sus habitaciones y dejaron las cosas en la mesa.

"Será mejor que os duchéis y os cambiéis de ropa", dijo Kumida, sin su brillo habitual, "esta tarde conoceréis a Gaara, si no me equivoco ya debe tener 2 años".

Hinata sacó un recambio de ropa y caminó desorientada hacia la puerta que esperaba fuera el baño. Era obvio que el Kazekage estaba dolido pero no podía evitar sentir compasión por su hijo al que, según lo que podía intuir, no tenía en muy alta estima. De pronto se le ocurrió comprarle un regalo en la aldea con la esperanza de subir un poco los ánimos. Asintió satisfecha e hizo correr el agua.

"¡Aw! ¿No es una monada?", preguntó sin hacerles mucho caso Kumida a sus hijos.

Estaba hablando de un niño pelirrojo de proporciones diminutas, con unas cejas finísimas que casi pasaban desapercibidas y unos ojos verdes aguamarina enmarcados por un contorno negro. Su nariz era recta y pequeña y sus labios eran rosados y parecían estar permanentemente en forma de puchero. Vestía con pantalones cortos marrones y una camiseta de color gris claro, además, llevaba un pañuelo blanco rodeándole el cuello y tapando parte de su cara. En sus pies llevaba unas pequeñas sandalias negras. En la consciencia de Hinata resonó una voz muy parecida a la de su madre, diciendo "¡Awww!", no obstante, se contuvo. Shisui le sonrió con descaro por el rabillo del ojo, seguramente sabiendo qué le pasaba por la cabeza.

"Mira Gaara", le dijo Yashamaru a su sobrino, forzando su voz a mostrar alegría, "han venido unos niños a verte".

Gaara se dio la vuelta y miró primero a Kumida, en silencio, luego miró a Shisui ladeando ligeramente la cabeza y, por último, observó a Hinata. Un pequeño sonrojo le subió a las mejillas haciéndole aún más adorable. Hinata sonrió levemente y se acercó al bebé, extendiendo la mano.

"Hola Gaara", dijo suavemente apretando la mano que le tendía el pequeño, "mi nombre es Hinata".

Gaara bajó la cabeza y el pañuelo terminó cubriéndole hasta los ojos. Hinata no pudo ocultar una risa y abrió los brazos en los que Gaara, rápidamente, se abalanzó. Hinata le revolvió los cabellos y observó cómo su madre se agachaba a su lado, murmurando felizmente. Shisui se sentó al lado de su hermana, que ahora estaba de piernas cruzadas en el suelo, y sonrió cuando Gaara le miró de reojo, su rostro escondido en el cuello de Hinata.

"Hola", murmuró Gaara.

"¿Podemos mirar tú barriga un momento, Gaara?", preguntó Kumida, acariciándole el cabello. "Te prometo que no te haremos daño".

Gaara asintió y se levantó la camiseta, dejando ver su estómago blanco. Shisui hizo un par de sellos y sus las yemas de sus dedos brillaron de un color aguamarina. Posó suavemente los dedos en el estómago del jinchuriki y todos observaron cómo unas marcas negras aparecían alrededor de su ombligo. En el centro, un kanji decía "Cerrado" y, siguiendo un patrón N – S – E – O, otros kanjis narraban "Sello". Shisui apretó levemente de nuevo la zona y el dibujo desapareció.

"¡Ya está!", exclamó Hinata, abriendo de nuevo sus brazos, "Ya sé, ¿por qué no vamos a dar un paseo por la aldea, Gaara?".

Gaara no contestó; se apretó más a la niña y los tres extranjeros miraron a Yashamaru. Éste asintió levemente con la cabeza pero todos sabían que no estaba muy conforme con salir de casa del Kazekage.

"Iré a informar al Kazekage, vosotros podéis esperar en la puerta", dijo él, mientras se levantaba y salía al pasillo, perdido en sus pensamientos.

Los tres de Konoha observaron al tío de Gaara moverse rápidamente, como abrumado por la presencia de su sobrino. Hinata entrecerró los ojos, dudando si se debía a resentimiento por la pérdida de su hermana a causa del Kazekage o porque Gaara le recordaba amargamente que su vida había sido intercambiada por la de Karura. Escuchó débilmente como su madre intentaba hacer que Gaara se sintiera más cómodo en su presencia y miró de reojo a Shisui, que esta vez fruncía el ceño libremente.

Por su parte, Shisui se sentía cada vez más frustrado con la aldea de la Arena. Incluso el Kazekage era un completo idiota, matando sin querer a su propia esposa por el simple hecho de tener más poder; quizá dejándose influenciar por los ancianos del consejo, hecho que tampoco inspiraba mucha confianza. Sabía que su madre se estaba replanteando si conocía realmente al Kazekage como creía o si había cambiado radicalmente desde que selló al bijuu en su esposa e inició una serie de consecuencias funestas. Hinata se había encariñado con el niño así que Shisui dudaba que no quisiera intentar solventar la situación de alguna manera, razón que implicaba una salida a la aldea, por lo visto.

"Muy bien, el Kazekage los verá esta noche a la cena", dijo Yashamaru, minutos después que el grupo estuviera esperando en la entrada.

"¡Mira Gaara!", exclamó Hinata, señalando con más entusiasmo de lo habitual un escaparate.

En su mano llevaba al niño pelirrojo, que nada más salir de la mansión se había cogido a su brazo como si una tabla de salvación se tratase. Gaara miró la colección de osos de peluche que se encaramaban detrás del cristal con ilusión. Era la primera vez que alguien era tan amable con él; a pesar de su corta edad de vida, sabía que no era querido en su propia casa.

"¿Por qué no compramos uno y hacemos que nos cosan nuestros nombres?", preguntó la niña, intentando contagiarle algo de alegría.

Gaara batalló consigo mismo y finalmente conquistó el sentimiento de duda e inseguridad que le inspiraba contar con extraños. Sonrió y sintió sus mejillas calentarse cuando Hinata le devolvió el gesto. La campanilla de la tienda repicó unos segundos cuando empujaron la puerta de entrada, Kumida paseó la mirada por las paredes y vio un sinfín de peluches de todo tipo de animales, colores y tamaños.

"¿Qué te parece ese, Gaara?", señaló hacia un camello de color arena con motivos rojos en la espalda. Gaara dudo un momento pero negó tímidamente con la cabeza.

"¿Y este?", preguntó Shisui, mostrándole un zorro fénec de color blanco y ojos marrones.

Hinata alzó una ceja mientras veía como sus dos familiares atosigaban al niño con animales cada vez más estrambóticos, como un lagarto rojo con ojos amarillo neón y con las garras verdes. Suspiró rodando los ojos y se acercó a la vitrina, donde había visto como los ojos verdes aguamarina de Gaara se posaban al pasar por la calle. Cogió el oso de color beige grisáceo y lo mostró al pequeño. De repente se sonrojó y se escondió en la tela de sus pantalones. Hinata aprovechó el momento para lanzar una media sonrisa arrogante a su hermano, gozando del tic en su ojo derecho.

"Con cada peluche viene un lazo, se puede escoger el color, y podemos bordar un nombre", dijo una vez detrás del mostrador. Era el dependiente.

"¿Qué te parece, Gaara, cogemos un lazo para nuestros nombres?", preguntó Hinata. El niño asintió y ambos se acercaron a mirar la caja que había sacado el dependiente.

La tela era la misma, de textura suave y brillante, pero los colores eran todos distintos. Una diminuta mano apareció de la nada y señaló un color lavanda que, curiosamente, pensó Kumida, se parecía a los ojos de su hija. Shisui rodó los ojos y se puso las manos detrás de la cabeza, girando el rostro para bostezar. Esperaba enterarse de una vez por todas qué le había escrito el Tercero a su madre en esa dichosa carta secreta. Suspiró y volvió a bostezar, intentando hacer ver que no había notado una presencia siguiéndoles desde la salida de la mansión del Kazekage.

"No puedo creer que nos siguieran durante toda la tarde de forma tan obvia", dijo Hinata, frunciendo el ceño sentada en la tapa del váter.

"Creo que los estás sobreestimando", respondió su gemelo, enjuagando su boca con agua y escupiendo la pasta de dientes.

No había duda en que estaban siendo vigilados muy de cerca, sobre todo porque apenas tenían 7 años y, a pesar de ser prodigios, eran privilegiados con una información valiosa que bien podía hundir al Kazekage. Shisui tenía la, certera, sospecha que Yashamaru era, en parte, además de su guía su vigilante. Su presencia era fácil de distinguir con los ojos de los gemelos. No obstante, Hinata se preguntaba si en realidad le apetecía seguir tales órdenes de su cuñado, a juzgar por su aura de incertidumbre.

La niña de ojos lavandas jugó con una hebra de su camisa mientras su hermano se refrescaba para la pesada noche que les esperaba. Gaara, nada más llegar, había sido llevado con unos ninja médico que le habían hecho un último chequeo; había cenado algo más de lo normal a insistencia de Kumida y luego había sido duchado y cambiado de ropa. Lo que no había notado el pequeño era que su comida estaba mezclada con unos potentes somníferos que aseguraban que durmiera durante, al menos, un día entero.

Todos los demás cenaron mientras Gaara empezaba a dormir y se prepararon para urdir de nuevo el sello del Ichibi. Kumida acarició los cabellos color fuego del pequeño mientras contemplaba con la mirada perdida el oso atrapado entre los endebles brazos del niño. Su lazo violáceo tenía unas letras negras bordadas que rezaban "GS & HU", en cada brazo del lazo. Sabía que a su hija Hinata el pelirrojo le había caído en gracia, aún más que Naruto, su propio primo, quizá por el hecho que éste último tenía una familia de verdad cuando Gaara, aunque la tenía, parecía estar siempre solo.

Esperaba que los 5 años de ventaja que le iban a dar sirvieran para que Gaara encontrara algún amigo, aunque dudaba que fuera así si su padre y el consejo de ancianos no hacían nada por protegerlo, demasiado cegados con el fracaso de la muerte de Karura. Kumida sintió de nuevo el peso de la carta del Hokage, que todavía llevaba guardada encima; pronto los gemelos se harían con ella, lo suficientemente inteligentes como para no preguntarle en voz alta en un lugar desconocido y, quizá, enemigo. Ya no sabía qué pensar del Cuarto Kazekage.

"Bien, podemos empezar cuando queráis", dijo una voz en la puerta.

El cabello rojo cortado corto del líder de la aldea fue lo primero que vio Kumida, seguido de un par de cabezas de pelo negro, de estatura mucho más baja. Al fin ya estaban todos presentes. Shisui miró de reojo a su hermana y luego observó al Kazekage, que conversaba suavemente con su cuñado. Notó varias presencias rodeando la habitación y por un momento se preguntó si era por la seguridad de todos o por saber las técnicas de sellado que no habían tenido oportunidad de usar.

"Las técnicas empleadas por la villa de la Arena han fallado parcialmente en el sellado del bijuu, cuando llegue la hora tened en cuenta que todos ellos querrán saber cómo y cuál es nuestra técnica para apropiarse de ésta", dijo Kumida, sentada en el centro del estudio que habitualmente usaban para estudiar fuinjutsu. "Dicho esto, la próxima lección es el llamado sellado silencioso. Como ya sabéis, para utilizar una técnica se necesitan varias cosas: chacra, saber cómo moldearlo, los sellos y el nombre de la técnica".

"No obstante, el nombre de la técnica no es necesario decirlo simplemente alude al hecho que nuestro cuerpo recuerda, casi automáticamente con su debida práctica, cómo moldear el chacra al decir el nombre. Aun así, eso es peligroso ya que alerta a los demás qué jutsu vamos a usar, dándoles ventaja. Para contrarrestarlo, os enseñaré el sellado al estilo Uzumaki, es decir, sellado en silencio. Así es como nadie ha podido copiar el fuinjutsu de nuestro clan; y si, por cualquier razón, supieran del nombre y los sellos de la técnica, sería imposible de llevar a cabo debido a que solo funcionan con chacra Uzumaki".

Hinata sacudió la cabeza mentalmente, dejando de lado sus recuerdos. Asintió con la mirada a su hermano y luego se acomodó al lado del jinchuriki. Su madre ya le había levantado la camisa del pijama y había hecho aparecer los símbolos del sello. Acorralaron al pequeño entre sus cuerpos y, poniendo las dos manos creando una forma triangular, cerraron los ojos y dejaron fluir su chacra.

El Kazekage miró con envidia como bailaba chacra turquesa de los cuerpos de sus invitados. Suprimió un golpe de irritación al ver que la técnica era cerca de imposible de ser copiada y dirigió una mirada sutil a sus anbu, escondidos en la oscuridad de la noche. ¿Los habrían descubierto? Sacudió mentalmente la cabeza e intentó recapacitar la situación. De cualquier manera, pensó con más calma, Gaara ahora tendría 5 años para entrenar y él 5 años para hacerse con las técnicas de sellado que lograrían controlar a su hijo y, por consiguiente, al demonio dentro de él. Lo primero que pensaba mandar a hacer a sus anbu era investigar la aldea natal de Kumida.

Mientras tanto, Kumida seguía sumida en la imagen mental de un sello con débiles cadenas formándose alrededor de una tinaja quebradiza de arena; la jaula del Shukaku. El chacra que sentía emanar de sus hijos estaba reparando la tinaja con cuidado, a la vez que su chacra reforzaba las cadenas que sujetaban la jaula. Parecía que solo habían pasado 5 minutos desde que empezaron el proceso pero, a juzgar por su deficiencia progresiva de chacra, sabía que al menos un par de horas ya habían gastado.

Hinata sentía una ansiedad dentro de sí, sabía que era provocada por la muerte de su tía Kushina en una situación muy similar a la que estaba experimentando ahora. Era irónico que la pusiera nerviosa el sellado cuando su familia había nacido para ello. No, pensó, no la ponía nerviosa el fuinjutsu, todavía no había superado las circunstancias de la muerte de su tía. Dejó sus pensamientos de lado y observó de nuevo el trabajo que estaban haciendo en Gaara.

La tinaja ya estaba reparada y las cadenas refulgían de un color plateado brillante. Shisui había centrado su atención en los kanjis que rodeaban el contenedor del bijuu, ahora escritos nuevamente y más fuertes que nunca. Juntaron los tres su fuerza y unos barrotes aparecieron en la oscuridad, dejando la tinaja adentro completamente rodeada salvo por los orificios donde salían las cadenas de chacra que, más tarde, volverían a estar conectadas de nuevo a Gaara. Solo faltaba esperar y seguir traspasando chacra…

"Lo único que se debe hacer respecto a Gaara es vigilar si durante las dos próximas semanas el sello funciona como es debido; las siguientes 36 horas son vitales para ver si se ha realizado de manera correcta", dijo Kumida, una vez que habían acabado el sellado.

El Kazekage asintió, "Ya teníamos previsto que os quedarais una semana así que no hay problema".

Hinata y Shisui ya se habían puesto el pijama, a la espera que volviera su madre de hablar con el Kage. El sellado había sido un éxito y los gemelos se sentían orgullosos de su primer trabajo importante fuera del estudio de su casa. Shisui miró a su hermana acostarse en la cama y supo que estaba al corriente de los vigilantes nocturnos que tenían en el balcón. Era obvio que hasta que no salieran de la aldea de la Arena no iban a poder leer la carta del Hokage sin que se enteraran el Kazekage y, mucho menos, iban a entrenar su Sharingan delante de sus rivales. Sentía que estaban perdiendo el tiempo en el país del Viento.

"Bueno, chicos", dijo Kumida cuando se despidió de Toshio y entró en la habitación de los gemelos, "partiremos de Sunagakure pasado mañana después del medio día".

"Contando que todo vaya bien con Gaara", dijo Hinata.

"En principio todo fue perfectamente, así que no deberíamos preocuparnos mucho", contestó Shisui, antes de sumirse en un sueño profundo.

"Eso espero", dijo Kumida, suspirando.

Se ajustó la coleta en lo alto de su cabeza, el pelo rojo brillando bajo el sol del desierto. Observó a Shisui, que llevaba una camisa blanca grisácea de manga corta con cuello alto pero amplio, la cremallera central subida hasta su barbilla; sus brazos estaban cubiertos de vendas blancas. Hinata vestía una especie de camisa blanca similar a un kimono que llegaba hasta las caderas y era atado en la espalda por un obi grueso de color lavanda. Ambos llevaban pantalones piratas negros que se ceñían debajo de las rodillas y llevaban las piernas vendadas hasta el talón, metidas en sandalias negras.

"Bien, listos para partir", dijo Kumida, hizo una reverencia al Kazekage al mismo tiempo que sus hijos y empezaron a correr.

Lo primero que vio fue el símbolo del clan Uchiha grabado en la nuca de las camisas de sus hijos. Suspiró y aumentó el ritmo. Llevaban corriendo horas, Shisui hizo caso omiso de la gota de sudor que resbalaba por su sien y miró a su hermana. Levantó una ceja cuando ella entrecerró los ojos. Así que también se había dado cuenta. Aunque la última vez que habían viajado a la Arena eran muy jóvenes, los gemelos Uchihas no eran prodigios por nada; la orientación era otra de las habilidades de su repertorio y Shisui estaba seguro que el camino por el cual estaban corriendo no era precisamente el de vuelta a la aldea.

Kumida notó un aumento de chacra a sus espaldas y sonrió para sí misma. Solo hacía 5 minutos que se habían desviado de su camino pero los gemelos ya se habían dado cuenta. Se preguntaba quién de los dos había activado el Sharingan. No obstante, ambos eran suficientemente inteligentes como para no preguntar en voz alta. Sabía que ellos solos se darían cuenta que el camino a seguir no era hacia Konoha, sino hacia Uzushiogakure.

"¡Niños!", exclamó una voz en las puertas de la aldea.

El abuelo materno de los gemelos esperaba en la entrada de Uzushiogakure, sus puertas de metal y madera estaban abiertas de par en par y la muralla de piedra gris rodeaba todo cuanto podían ver. Su abuelo llevaba el cabello suelo con las hebras frontales atadas detrás de su cabeza, evitando que su pelo moreno, cada vez más blanco, se le metiera en los ojos. Vestía con una típica yukata azul que le llevaba a los tobillos, donde podían verse unas sandalias ninja. De su espalda colgaba cruzada una katana.

"Os estábamos esperando", dijo poniendo una mano en los hombros de sus nietos, sus ojos violeta sonrientes. Hinata y Shisui solo pudieron devolverle el gesto.


R&R.